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Heterosexual, Infidelidad

Nadie debe saberlo.

Una infidelidad producto del alcohol, las hormonas y un momento inoportuno..
Pamela está casada, tiene 34 años, de los cuales, 9 de muy feliz matrimonio.

Pame ama a su esposo, con toda su alma, la apoya en todo, es gracias a él que ella pudo crecer su negocio de pastelería,  gracias a él sus padres tienen dónde vivir, su hermano terminó la carrera, ella ha podido desenvolverse como persona gracias a todo el respaldo de su esposo, pero hay algo que opaca esa felicidad, lo único que le falta para decir que se siente realizada es concebir, algo que lleva poco más de un año intentando con su esposo.

Mes a mes lo intentan, tratamientos de fertilidad para ambos, pasar unos días de abstinencia para que se acumule el valioso semen, todas las poses que internet dice que incrementan la posibilidad de quedar en cinta, todo, absolutamente todo excepto la inseminación artificial.

Ella llora por las noches cada vez que no lo logran su esposo tiene 38 años, sano, un cuerpo medianamente atlético, buen conteo de espermas, no es que ella tenga problemas, simplemente no ha pasado.

Se achaca la responsabilidad, si no hubiese sido tan codiciosa, si en lugar de enfocarse en su negocio y ayudar a su familia se hubiese embarazado cuando tenía 26 o 28 en lugar de trabajar hasta que casi le explota el vientre, si tan solo, tal vez.

Lo peor es que su esposo está tranquilo, no quiere agobiarla, es comprensivo, cariñoso y le da palabras de aliento, la mima, hasta la invita a tomarse unas vacaciones ella sola para relajarse.

Eso lo hace peor, Pamela se siente más culpable, no se merece a tan buen hombre que no hace nada que no sea apoyarla como una verdadera pareja.

Ella siempre se niega a alejarse de su esposo, familia y negocio, por eso, su marido le compró un viaje a unas cabañas de lujo en la sierra de Jalisco.

Cuando le entregó los boletos, reservación e itinerario Pamela lo abrazó con fuerza llorando de «agradecimiento» que en realidad era culpa.

En el camino Pamela piensa en que tal vez este viaje le haga bien, relajarse en una cabaña, saliendo a caminar, disfrutar en la tina de hidromasaje, estará en las cabañas los primeros días de fertilidad pero volverá a casa en su día más fértil lista para hacer el amor con su esposo.

Los primeros días fueron como lo que se esperaba, relajación, masajes, paseos, comida, un poco de alcohol muy moderado, de a poquito se va poniendo cachonda por la cercanía de la ovulación.

En la última noche a Pamela se le pasaron un poco las copas, suficiente para estar más ligera y desinhibirse.

Gime con las piernas abiertas frente al hidrojet, pellizca sus pezones, muerde sus labios, desea llegar a casa para montar a su esposo hasta que se venga dentro de ella, tiene esperanza, está convencida que está será la buena.

Sumida en su placer y pensamientos no augura lo que está a punto de pasar, un hombre de 22 años muy bien parecido va camino a su cabaña, el chico es nuevo y confunde los nombres de las cabañas.

El timbre de la cabaña sacó del trance a Pamela que irritada, tomada, caliente y desnuda sale a ver quién diablos la interrumpió.

Al abrir la puerta muestra su cuerpo de mujer, pechos firmes, pezones erectos, sonrojada por el flujo sanguíneo, mojada en su piel y entrepierna, cabello suelto y enredado.

P: ¿Qué se te ofrece?
H: B-bu-buenas noches señorita, s-servicio a la habitación – dijo el hombre nervioso e intimidado por la gloriosa desnudez de Pamela –
P: Yo no pedí nada.
H: Oh, yo, quizá me confundí, los nombres de las cabañas, aún no, aún no me los sé.

El hombre estaba nervioso, preocupado, necesita este trabajo para pagar la universidad, si ella se queja, estará despedido.

H: Por favor señorita, lo siento mucho, por favor, haga la vista gorda, necesito, necesito este trabajo, sin el no podré pagar la universidad, por favor, se lo suplico, no me reporte.

Pamela se siente conmovida por el chico, como ya lo mencioné, es bien parecido, pero no esa belleza masculina, tiene un rostro dulce y tierno, piensa en su esposo y los esfuerzos que hizo para llegar a dónde están, el chico hace su esfuerzo y quizá sea el alcohol, pero su cabeza alcoholizada habla sin pensar.

P: Bueno, estaba en medio de algo muy importante, si vienes y me ayudas a terminarlo, nadie tiene que saber de esto.
H: Este… Está bien, pero, no puedo tardar mucho, debo regresar en máximo 30 minutos -Dijo el hombre nervioso, está acostumbrado a que las mujeres se le insinúan, pero nunca acepta sus avances, más qué nada por inseguridad-
P: Ja ja ja, no me vas a durar ni 10 minutos.

Desnudo y a 4 sobre el cuerpo de la mujer el joven hombre come la empapada vagina de Pamela, no es tan hábil como su esposo que tiene años de experiencia y conoce bien todos sus puntos, pero está tan caliente que es suficiente.

La razón de la inseguridad del chico son sus 12 centímetros de pene, no es tan grueso tampoco, afortunadamente para él el esposo de Pamela no es una bestia allá abajo, 15 centímetros y un poco más grueso que él.

Pamela tiene el juicio nublado por el deseo, las hormonas y el alcohol piensa en cómo va a cabalgar a su esposo al regresar a casa, pero este pequeño joven va a ser su entremés.

Sin preámbulo o juegos previos Pamela desnuda al chico con avidez cuidando de no dañar su uniforme, no necesita besos o caricias, quiere su verga ya. Cómo era de esperarse en alguien con poca experiencia el hombre joven se dejó llevar, nervioso pero excitado, su pene reacciona cautivado por los senos que bailan libres al compás de su dueña.

Pamela, completamente fuera de sí, en celo y alcoholizada tiró al chico al suelo con el pene parado, bajo como leona a beber un poco de agua por el mero gusto de chupar un pene.

Rápida pero muy placentera, así fue la felación, años de mamarle la verga a su esposo la llevaron a pulir su técnica para la felación, después de todo, le encanta tener el miembro de su esposo en la boca 3 a 4 veces por semana de las cuales mínimo una vez se corre en su boca bebiendo gustosa el esperma de su esposo no sin antes jugarlo en su boca.

El chico disfruta de la lengua de su madura amante, claro que lo disfruta, tiene sus ventajas tener un pene promedio, le cabe todo en la boca, recorre la longitud del falo con un masaje experto, succiona y hasta muerte en el momento y lugar correcto.

Con una masajea las peludas pelotas, como a ella le gustan, le caben perfecto entre sus dedos deleitando con su mágico tacto de chef repostera, manos suaves, tibias y delicadas.

La otra mano libre recorre peligrosamente el camino de los testículos al ano, juguetea con la entrada que sorprendente no huele mal.

Que delicia de mamada, la mejor de su corta vida, la saliva alcoholizada escurre mojando su entrepierna, subido en el cielo el chico respira y aguanta para no acabar, no es que no quiera, es que si no queda contenta lo pueden reportar.

Saciada, la leona madura se prepara para montar al joven macho, acomodó su vagina a la altura del firme pene, juega con el glande por la empapada abertura, sobre todo con el clítoris, eso lo hace su esposo para volverla loca, elevar el deseo y que le pida a gritos que se la meta.

Imitando a su macho oficial frota el rojo cipote en su inflamado botón, el efecto no es el mismo pero es similar, suficiente para ponerla más cachonda de lo que está. Bajando la pelvis el pene invade el casado en sagrado matrimonio conducto vaginal, facilito se fue hasta el fondo, la medida es perfecta, al menos alcanza a tocar todos los puntos exactos.

Hambrienta agita su pelvis con lujuria, esa misma que comparte con su esposo cuando se pasan de copas, va y viene rozando su interior estimulando, acercando su cuerpo al orgasmo pausado de manera abrupta.

Pamela gime como cuando gime con su esposo, insulta al chico como lo hace con su esposo, pellizca sus pezones como lo haría su esposo, pero ante su ausencia es ella quien se toma el trabajo en sus propias manos.

El chico sujeta las caderas de la dama, es inexperto pero está comportándose a la altura, como todo un caballero blandiendo su espada firme para la dama alargando su clímax.

La hembra dejó el balanceo para iniciar la cabalgata, su esposo sabría que está cerca de un orgasmo y la rodearía con fuerza para ser él quien embiste furioso, controlando la situación, dominando a la hembra que tomó por esposa.

Agitada por el esfuerzo y el placer Pamela piensa en su hombre, en lo bien que la conoce, en como toma el control de la situación y la hace su perra, insultos incluídos.

El chico gruñe entre el inmenso placer y el dolor de los fuertes golpes de cadera, la tiene sujeta de la cintura sin saber qué hacer.

Pensando en su hombre, Pamela acelera el ritmo presa de la lujuria, no le importa si le hace daño al joven, ella quiere acabar lo antes posible.

No hay remordimiento, culpa, arrepentimiento o ningún sentimiento negativo, es solo un arranque de lujuria que pasará una vez en su vida y lo dejará ir.

No hay amor, es sexo salvaje, animal, desenfrenado, ese que suele tener con su esposo una vez cada 30 y 40 días, dónde encerrados en su habitación berrea de placer transformada en la más sucia de las putas, pero eso sí, lleno de amor.

Su corazón no late como siempre, su cuerpo no se siente como siempre, es como comerse un pastel gourmet de supermercado, es bueno, pero nunca será como un pastel de pastelería.

Ezequiel, maldito hijo de puta ¿Porque me mandaste aquí? ¡Necesito tu verga para saciarme, tu fuerza para controlarme, tu amor para sentirme plena y tu semen para embarazarme!

Esas fueron las palabras que salieron con gritos del ronco pecho de Pamela, bastante más guturales y desordenadas.

Mientras grita el clímax se acerca, no hay pasado 10 minutos y Pamela ya está al borde, unos salvajes embistes más y ¡Jackpot! Un orgasmo bastante decente la inunda embriagando su ya borracho cuerpo.

Tirada en el piso Pamela respira agitada, sonríe con los ojos cerrados mientras el chico se cambia a toda prisa, pero antes de que se pueda ir, la mujer se incorporó para decirle al chico que si él no habla, ella no hablará.

Consciente del problema del joven firmó el ticket de servicio y pidió se cargará a su cuenta, agradecido por la generosa propina se retiró a toda prisa de la cabaña dejando a la hembra satisfecha, lo suficiente para aguantar a ver a su esposo y sacarse las ganas bien.

Esa noche la mujer comió como desesperada, el alcohol, el sexo y las hormonas le abrieron el apetito. La orden incluía una botella de vino tinto que no dudo en tomarse agrandando su embriaguez.

Por la mañana hay un poco de resaca, nada que analgésicos, agua y fruta no mitiguen, pero antes de pedir room service Pamela siente su entrepierna pegajosa, horrorizada ve rastros inequívocos de semen, semilla masculina que emana de lo más profundo de su vagina.

¿En qué momento? La mujer recapitula la noche anterior, todos los sentidos que ayer no existían le llegan de golpe, le fue infiel a su esposo con un chico, se lleva las manos a la boca, lágrimas caen de sus ojos, tuvo sexo sin protección, se vinieron adentro de ella, no es el día más fértil pero existe la posibilidad.

Presa del pánico corrió al baño a lavar su interior con la esperanza de corregir el error, no puede usar pastilla anticonceptiva, lavado con espermicida, pastillas o cualquier otro método que interfiera con la posibilidad de quedar embarazada.

Rota, se mira en el espejo sabiendo que lo que hizo no tiene nombre ni perdón, culpa, eso es lo único que siente, piensa en cómo va a reaccionar su esposo cuando se entere, le va a romper el corazón, su familia adora a su esposo, valoran mucho la lealtad, sus padres y hermano la van a odiar, le van a dar la espalda.

Han pasado 2 horas y Pamela sigue en la ducha, faltan 2 horas para el check out, no ha desayunado, no ha hecho las maletas, su vida está en ruinas o lo estará cuando hable con su esposo.

Tiene flashazos de la noche anterior, lo único que recuerda bien es el grito que dió antes del orgasmo, pequeños fragmentos emocionales de la noche anterior se van armando dentro de ella.

«Nadie tiene que saberlo»

Esa frase tiene doble significado, nadie se tiene que enterar y ¿Por qué tendrían que enterarse?

El deseo de seguir a lado de su esposo, la posibilidad de que no quede embarazada, la probabilidad de éxito de su esposo al tener todo ese esperma acumulado y listo para ser depositado en el día más fértil.

Con esos ingredientes Pamela prepara un pastel cargado de traición, orgullo, vanidad e hipocresía que buscan redención.

«Solo tengo que hacer el amor con mi esposo, si quedo embarazada, no dudará de la paternidad, si no hablo, nadie lo sabrá, puedo seguir siendo felíz, mi esposo puede y se merece seguir siendo feliz… Pamela Reséndiz De Aguilar, a partir de ahora, vas a ser la mujer más devota, entregada, abnegada, dulce, cariñosa y atenta del planeta, tienes el compromiso de pagarle a tu esposo está falta, con crecer, el resto de tu vida.»

Acto seguido se hizo las iniciales de su esposo usando un grafilador en la zona de la pelvis.

GA (Guadalupe Aguilar)

En 30 minutos todo quedó limpio y organizado, arrastrando su pequeña maleta se dirige al lobby para hacer check out.

El recepcionista prepara la cuenta solo para descubrir que la señora tiene una extensión.

Confundida, Pamela intentó marcarle a su esposo para preguntarle pero no pudo sacar su celular

«Hola hermosa»

Su esposo estaba en el lobby, la había estado observando esperando ese momento para sorprenderla.

Pamela ya se había convencido con sus palabras, besa a su esposo apasionadamente, puede sentir su entrepierna firme, listo para llenarle la vulva de esperma.

Empapada, apurada y muy feliz Pamela firmó todo para regresar a la habitación con su esposo.

La pareja se revuelca en la cama desnudos explorando sus cuerpos, van calentando motores, pero mueren de hambre.

Esperando el room service Pamela complace a su esposo usando su boca, no es mucha la diferencia pero cuando la tienes en frente, firme, caliente, llena de venas es cuando notas la gran diferencia que hacen unos centímetros.

Mientras sopesa los pesados testículos del hombre el timbre de la cabaña sonó.

Está vez fue una mujer más o menos de su edad, sirvió los alimentos y se retiró dejando a la pareja comer y comerse.

El sexo fue todo lo que Pamela recordaba, mucho mejor que el sexo con el chico, más intenso, más romántico.

Su esposo venía urgido, fue corto pero efectivo, hacer el amor para ellos es un acto de unión físico y espiritual, llenar el útero con su esperma la cúspide de la entrega, sobre todo en este día.

3 años han pasado, su hijo crece sano, felíz, tiene parecido con el lado de la familia de Pamela que busca desesperada algún rasgo de su esposo.

Nadie pregunta, nadie cuestiona, no obstante, hay noches en que se despierta empapada en sudor, temblando y preocupada pensando en esas historias donde el hijo se enferma, necesita algo del cuerpo de los padres y se ahí, en ese momento tan crítico, que se descubre la verdad.

Pamela hace al amor con su esposo en la misma cabaña en la que hace 4 le fue infiel a su esposo y concibió a su hijo, lejos de ese lugar, triturado y mojado, al fondo del cesto de la basura de desechos orgánicos se esconde el resultado de una prueba de paternidad.

99,99% de probabilidad de que su esposo sea el padre.

Aliviada con la noticia, Pamela se entrega a su esposo que desde hace 4 años la nota más cariñosa, servicial, atenta, entregada, complaciente y feliz.

El hombre lo atribuye a que se siente realizada sin saber que todos los días se observa en el espejo y repite en su mente.

«Pamela Reséndiz De Aguilar, hoy vas a ser la mujer más devota, entregada, abnegada, dulce, cariñosa y atenta del planeta, tienes el compromiso de pagarle a tu esposo esa falta, con creces, por el resto de tu vida, nadie tiene que saberlo».

 

7 Lecturas/18 abril, 2026/0 Comentarios/por RelatistaDan
Etiquetas: hermano, hijo, infidelidad, infiel, madura, padre, sexo, vacaciones
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