Pérez y Pérez
Es posible que se casen los primos hermanos y surjan hijos con apellido doble. Claro que exagerarían si a su hijo le llaman Pepe Pepe..
Cuando estaba por cumplir los 30 años, ya me andaba por tener un hijo, sentía que se me iba a pasar el tiempo. Yo no tenía novio, aunque sí tres amantes; lo malo era que mis amantes estaban casados.
En el medio tradicional en el cual me he educado es de familia religiosa, muy católica. Si una mujer no se ha casado al llegar a los 30 años, se le considera solterona. Sin embargo, en el medio profesional en que me desenvolvía, ese aspecto no es tan costumbrista y se toleran las relaciones sexuales casuales, las que se dan por simple calentura y deseo.
Tuve algunos pretendientes, obviamente después de haberlos probado satisfactoriamente, pero no eran católicos o, si fueron bautizados, no llevaban a cabo el ritual religioso y eso no lo toleraban mis padres. Incluso, una de mis hermanas, al no darles mis padres la anuencia para casarse porque los padres del novio se habían cambiado de religión, los tórtolos decidieron fugarse.
Aunque yo sí quería tener una familia, estaba dispuesta a embarazarme de alguno de mis amantes, me daba lo mismo quién de los tres u otro espontáneo que pasara a la cama (aunque sí tenía preferencia por uno). El plan era bajar el perfil e intensidad de mis actividades una vez que estuviera segura del embarazo. “Perderme” durante un año, a partir del tercer mes y retornar a mi vida social con un hijo, del cual no sabrían quién fue el padre.
Afortunadamente, antes de iniciar con mis actividades planeadas para coger sin protección dos veces a la semana con los machos de uso para quedar encinta, tuve una propuesta de matrimonio de un primo hermano que vive en Los Ángeles. Yo no lo tenía como una opción, pero él sí. Total, nos conocimos íntimamente, a los seis meses nos casamos y trabajamos diariamente, durante más de un mes, en el embarazo que sí logramos satisfactoriamente.
En el círculo social en que me muevo, es importante casarse y que los hijos tengan el respaldo de un padre. Son abundantes los casos donde obligan al novio a la boda, una vez que la novia queda embarazada. Esto se da por presión de ambas familias, así que no puede uno escaparse.
Claro, también hay casos donde la carga que porta la novia no pertenece al novio, pero si ya “jugaban al amor”, el galán no va a pensar que el no es el padre. En mi familia materna, donde hay mucho incesto, en varias ocasiones el padre es el hermano o el primo de la novia, con quien ella ya ha cogido esporádicamente desde que eran niños; pero el novio con quien ella ya ha tenido sexo frecuentemente, es el único individuo probable ante los ojos de todos y se tiene que convenir la boda. Los hijos así concebidos, llevan dos apellidos distintos, aunque de sangre deberían llevar dos apellidos iguales.
En pocos casos el novio se da a la fuga cuando la novia queda preñada. Es más, estos productos son la mayoría de los hijos sin padre. Los hijos así concebidos deberían llevar dos apellidos distintos; aunque llevan dos apellidos iguales porque el padre, o el hermano mayor, se hace responsable para que la sociedad no discrimine al hijo por no tener padre.
Si bien, la mayoría de los hijos del matrimonio llevan los apellidos correctos, no son pocos los casos donde hay una incongruencia de la que nadie está consciente, salvo la madre, quien sí es capaz de sospecharlo (a veces también el padre biológico lo sospecha). Pero ella calla para que no se altere la tranquilidad de la familia.
Hay casos donde la cantidad de hijos bastardos excede a la de los hijos normales. Pero el extremo de esta situación nos lo contó mi amiga Tita quien tuvo una tía muy coscolina y dos o tres veces a la semana se daba gusto con algún amigo, pero también era muy discreta. La tía no sabía cuáles de sus siete hijos podrían ser fuera del matrimonio porque el marido quería mucho a la tía y se vaciaba en ella al menos dos veces al día. Una al acostarse y otra al levantarse. Por esta razón, incluso llegó a pensar que todos los hijos eran de su esposo, quien les mostraba amor por igual. Cuando ya cerca de los setenta años, el esposo tuvo una enfermedad terminal y en el lecho de muerte le dijo a su mujer que le agradecía el gran amor que todos los días le mostró sin rechazarlo, aún en los días de embarazo y parto. La mujer se soltó llorando y se disponía a confesarle a su marido las constantes infidelidades, pero éste no la dejó hablar y con las últimas energías le agradeció por la familia tan hermosa que ella le había dado pues disfrutó a los niños y también a los nietos. “Esta familia y tu discreción son la base de una gran felicidad que te debo pues siempre supe que fui estéril y te pido perdón porque nunca te lo dije”.

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