Por Amor de Madre 6
Los juegos entre Isabel, Joaquín, Mateo y Darius van de maravilla, hasta que las madres de estos últimos se enteran de lo que hacen. ¿Llegaran a su fin los juegos o tendrán nuevas participantes?.
Todo iba demasiado bien. Darius nos visitaba de vez en cuando, Mateo bajaba los fines de semana y mi hijo me follaba casi todas las noches. Mi coño y mi culo estaban acostumbrados a recibir pollas a diario. Me sentía una puta realizada. Hasta que un sábado por la mañana, hacia las once, sonó el timbre de casa con insistencia.
Yo todavía llevaba el albornoz y olía a semen de la noche anterior. Abrí la puerta y me encontré con una mujer aproximadamente de mi edad, morena, algo rolliza, con unas tetas enormes que le tiraban de la blusa y una cara de pocos amigos.
—¿Usted es Isabel? —preguntó sin saludar.
—Sí… ¿y usted?
—Soy Carmen, la madre de Mateo.
Se me heló la sangre. Pensé que venía a armar un escándalo, a llamarme de todo. Pero ella entró sin pedir permiso, miró la casa y se plantó en el salón con los brazos cruzados.
—Sé todo —dijo de golpe—. Sé que mi hijo y el tuyo te han estado follando durante meses. Sé que te la chupan, que te la meten por el coño y por el culo, que se corren dentro de ti y que hasta te trajeron a un negro de polla monstruosa. Mateo se emborrachó el otro día y me lo contó todo llorando como un crío. Dijo que eres la mejor follada de su vida. Me quedé muda. Ella siguió, con la voz temblando de rabia y de otra cosa que no supe identificar al principio.
—Yo también soy viuda. Llevo doce años sin que un hombre me toque. Mi hijo se corre en ti y yo me acuesto sola todas las noches. Así que he venido a exigir lo mismo. Quiero que tu hijo me folle. Quiero que me coma las tetas, que me quite la virginidad del culo y que se corra dentro de mis agujeros. Si no, voy a armar un escándalo que ni te imaginas.
Joaquín salió del pasillo en ese momento, en chándal, sin camiseta. Había oído todo. Nos miró a las dos, se rascó la cabeza y soltó una risita nerviosa.
—Joder, Carmen… ¿de verdad?Ella lo miró de arriba abajo, deteniéndose en el bulto de mi hijo, y asintió con la cabeza.
—Sí. Aquí y ahora. O me voy a la policía a denunciar el puterío que tenéis montado.No hacía falta amenaza. A mí me empezó a mojar el coño solo de imaginarlo. Ver a mi hijo follándose a la madre de su mejor amigo me pareció el colmo del morbo. Le hice un gesto a Joaquín.
—Hazlo, nene. Dale a Carmen lo que pide. Yo me quedo a mirar.Carmen se quitó la chaqueta con manos temblorosas. Debajo llevaba una blusa blanca que apenas contenía dos tetas gordas, caídas pero enormes, con los pezones ya duros marcando la tela. Se desabrochó los botones uno a uno hasta que aquellas mamas pesadas cayeron libres. Eran más grandes que las mías, venosas, con las aureolas oscuras y anchas. Joaquín se acercó, se arrodilló delante de ella y las agarró con las dos manos, apretándolas, pesándolas.
—Hostia, qué tetorras…
Se puso a chuparlas como un bebé hambriento. Metía casi media teta en la boca, succionaba fuerte, mordisqueaba el pezón hasta ponerlo rojo y brillante de saliva. Carmen cerró los ojos y soltó un gemido largo, de mujer que llevaba años sin sentir eso. Joaquín pasaba de una teta a la otra, las aplastaba contra su cara, las lamiendo por debajo, por los lados, dejando hilos de baba. Las tetas de Carmen rebotaban y se movían con cada chupetón. Él las estrujaba hasta que le salían por entre los dedos y volvía a engullirlas. La mujer se agarró a su cabeza y lo apretó contra su pecho.
—Más fuerte… cómetelas… hace tanto que nadie me las chupa…
Joaquín obedeció. Chupaba, mordía, tiraba de los pezones con los dientes suavemente y después los tragaba de nuevo. Le dejó marcas moradas en la piel blanca. Mientras tanto, con una mano le bajó la falda y las bragas. Carmen tenía el coño peludo, maduro, ya chorreando. Mi hijo le metió dos dedos sin aviso y ella abrió más las piernas.Yo me senté en el sofá de enfrente, me abrí el albornoz y empecé a tocarme el coño mientras miraba. El espectáculo me tenía empapada.Joaquín la tumbó en el sofá, se quitó el chándal y le sacó la polla, ya dura como una piedra. Se la puso en la boca a Carmen. Ella no sabía chupar muy bien, pero se esforzó, babeando, mirando hacia arriba con ojos de perra agradecida.
Mi hijo le agarró el pelo y se la folló la boca un rato, hasta que se cansó y la puso a cuatro patas.Primero se la metió en el coño. Empujó de un golpe y Carmen gritó. Llevaba años sin follar y se notaba. Joaquín empezó a darle fuerte, agarrándola de las caderas, haciendo que aquellas tetas enormes colgaran y se balancearan como dos sacos. Cada embestida sonaba húmeda. Él se inclinaba y le cogía las mamas por debajo, apretándolas mientras la follaba, chupándole el cuello y mordiéndole la espalda.
—Qué coño más caliente tienes, Carmen… más apretado que el de mi madre…Ella gemía como una puta.
Yo me masturbaba sin parar, metiéndome tres dedos. Después de un rato, Joaquín sacó la polla empapada de jugos y la apoyó en el culo de Carmen. El agujero estaba cerrado, rosado, virgen.
—Nunca me han metido nada por ahí —susurró ella, asustada y excitada a la vez.
—Pues hoy se acaba esa virginidad —contestó mi hijo.
Escupió en el esfínter, frotó la saliva con la punta de la polla y empezó a empujar despacio. Carmen apretó los dientes y soltó un quejido largo. El glande fue entrando centímetro a centímetro. Se veía cómo el anillo se estiraba alrededor de la verga de Joaquín. Cuando ya tenía la mitad dentro, él se detuvo y le acarició la espalda.
—Respira… voy a metértela toda.
Empujó hasta el fondo. Carmen gritó. Su culo se cerró alrededor de la polla de mi hijo como un puño. Joaquín empezó a moverse con cuidado al principio, sacando casi toda y volviendo a clavar. Cada vez que entraba hasta los huevos, las tetas de Carmen se aplastaban contra el sofá. Poco a poco el dolor se convirtió en placer. Ella empezó a empujar hacia atrás, pidiendo más.
—Rómpeme el culo… por favor… quítame la virginidad del todo…Joaquín se la folló el ano con ganas. Le daba palmadas en las nalgas, le agarraba las tetas colgantes y tiraba de ellas mientras la enculaba. El sonido de los huevos golpeando era obsceno. Yo ya no me tocaba: me había corrido solo de verlo.Después de un buen rato, Joaquín la puso boca arriba, le abrió las piernas al máximo y se la volvió a meter en el culo mirándola a la cara. Se inclinó y le chupó otra vez las tetas mientras la sodomizaba.
Carmen se corrió por el culo, temblando, con la boca abierta y los ojos en blanco. Mi hijo no paró. Aceleró, gruñó y se vació dentro de su ano. Se veían las pulsaciones de la polla mientras le llenaba el recto de leche. Cuando la sacó, el semen blanco le salió a borbotones del culo abierto, resbalando hacia el coño. Pero no había terminado.Se la metió otra vez en el coño, todavía chorreante de semen anal, y se la folló unos minutos más hasta correrse por segunda vez, esta vez llenándole el útero.
Carmen recibía los chorros con gemidos roncos, apretando las tetas con sus propias manos.Joaquín se sacó la polla, se la puso en la boca para que lo limpiara y después se la restregó por las tetas, manchándoselas de la mezcla de semen y jugos. Ella se los frotó por los pezones, orgullosa.Yo me levanté, me acerqué y le dije a Carmen, todavía con el culo y el coño goteando:
—Bienvenida al club. A partir de ahora, cuando Mateo venga, puedes quedarte.
Mi hijo tiene polla para las dos. Carmen, con la voz ronca y la cara de puta satisfecha, solo asintió.
—Quiero que me la vuelva a meter. Las dos veces. En el coño y en el culo. Hasta que no pueda ni caminar.
Joaquín sonrió, ya recuperando otra erección, y se tiró otra vez sobre las tetas enormes de la madre de su amigo.Esa tarde mi hijo se folló a Carmen hasta dejarla hecha un trapo: le comió las tetas hasta dejarlas moradas, le reventó el culo virgen y se corrió dentro de los dos agujeros cuantas veces quiso. Yo miraba, me tocaba y de vez en cuando le chupaba los huevos a mi niño mientras él se la metía a la otra madre.
La casa ya no era solo mía. Entre Joaquín, Mateo, Darius y ahora Carmen, el piso
olía a sexo casi todo el día. Pensé que no podía volverse más loco… hasta que un domingo por la tarde sonó el timbre como si quisieran derribar la puerta. Abrí y me quedé sin habla. Delante de mí había una negra que aparentaba unos diez años menos que yo, alta, de cuerpo atlético y salvaje. Trenzas africanas larguísimas que le caían por la espalda hasta casi el culo. Piel oscura y brillante, cara hermosa de rasgos fuertes, labios gruesos y ojos negros que te atravesaban. Llevaba unos leggins negros que le marcaban un culo de infarto, redondo, alto y firme, unas piernas largas y musculadas y una camiseta blanca sin sujetador por la que se le escapaban dos tetas pesadas, perfectas, con los pezones ya duros marcando la tela. Era una diosa africana en persona.
—¿Tú eres Isabel? —preguntó con voz grave, con acento.
—Sí…—Soy Amina. La madre de Darius. Se me fue el color de la cara. Ella entró sin esperar invitación, miró el salón y se plantó en el centro con las manos en la cintura, el culo sobresaliendo de forma obscena.
—Mi hijo me lo ha contado todo. Que te folla. Que te la mete por el coño y por el culo. Que se corre dentro de ti junto con tu hijo y el amigo. Que te deja llena de leche negra.
Yo también quiero eso. Quiero que tu hijo me folle como os folláis vosotros. Quiero que me coma las tetas, que me dé por el culo y que se corra en mis dos agujeros. Si no, armo un escándalo que os va a costar caro.Joaquín salió del pasillo en ese momento, en boxer, todavía con restos de semen de la sesión de la mañana con Carmen. Se le abrieron los ojos como platos al ver a Amina.
—Joder… —fue lo único que pudo decir. Amina lo miró de arriba abajo, deteniéndose en la polla que ya se le empezaba a marcar, y sonrió con esos labios gruesos.
—Tú eres Joaquín. El que se folla a mi hijo y a la madre de Mateo. Ahora te vas a follar a mí.
No hizo falta más. Yo me aparté, me senté en el sillón de enfrente y me abrí las piernas. Quería verlo todo.Amina se quitó la camiseta de un tirón. Las tetas le cayeron pesadas, redondas, firmes a pesar de la edad, con aureolas negras y anchas y pezones gruesos ya erectos. El culo, cuando se bajó los leggins, era una obra de arte: dos nalgas perfectas, altas, duras, separadas por una raja profunda que pedía a gritos una polla. El coño lo tenía afeitado, solo una franja fina de pelo rizado negro.Joaquín se le tiró encima como un animal.
La empujó contra la pared y se puso a comerle las tetas con hambre. Agarraba una con las dos manos, la apretaba, la metía en su boca casi entera y chupaba fuerte, succionando el pezón hasta que se oía el ruido obsceno. Pasaba a la otra, la mordisqueaba, la lamió por debajo, por los lados, dejando hilos de saliva brillante sobre la piel negra. Amina gemía grave, agarrándole la cabeza y apretándolo contra su pecho.
—Así… cómete las tetas de la madre de Darius… chúpamelas fuerte, blanco…
Joaquín las chupó durante minutos enteros. Las dejaba rojas y brillantes, llenas de marcas de dientes. Después bajó, se arrodilló, le abrió las piernas y le comió el coño. La lengua se le metía entre los labios negros, le chupaba el clítoris hinchado, le entraba dentro. Amina se agarraba a las trenzas y empujaba la cadera contra la cara de mi hijo.
—Más… cómeme el coño… sí…Cuando ya estaba chorreando, Joaquín la puso a cuatro patas en el sofá.
El culo de Amina quedó en alto, perfecto, las nalgas abiertas mostrando el agujero oscuro y apretado. Mi hijo le escupió encima, frotó la saliva con la punta de la polla y se la metió de un golpe en el coño. Amina gritó. Joaquín empezó a follarla con fuerza, agarrándola de las trenzas como si fueran riendas, tirando de ellas mientras le clavaba la verga hasta el fondo. Cada embestida hacía que aquel culo de infarto rebotara y las tetas colgaran pesadas, balanceándose.Yo me tocaba sin parar, empapada.Después de un buen rato follándole el coño, Joaquín sacó la polla empapada y la apoyó en el culo de Amina. El esfínter negro se contrajo.
—Nunca me han dado por ahí —dijo ella, con voz ronca—. Quiero que me lo rompas.
Joaquín escupió otra vez, empujó despacio y el glande fue abriéndose paso. Se veía cómo el anillo oscuro se estiraba alrededor de la polla blanca. Amina apretó los dientes y soltó un gemido largo, gutural. Cuando ya la tenía toda dentro, Joaquín se detuvo un segundo y después empezó a encularla de verdad. Fuerte. Profundo. Las nalgas de Amina temblaban con cada golpe. Él le daba tortas en el culo, le agarraba las tetas por debajo y tiraba de ellas mientras la sodomizaba.—Qué culo más bueno tienes… más apretado que el de mi madre…Amina empujaba hacia atrás, pidiendo más.
—Rómpeme el culo… fóllame como follas a Isabel… más fuerte…
Joaquín se la folló el ano durante mucho rato. La puso de lado, le abrió una pierna y se la siguió metiendo mientras le chupaba otra vez las tetas. Después la tumbó boca arriba, le dobló las piernas contra el pecho y se la clavó hasta los huevos, mirándola a la cara. Las trenzas se esparcían por el sofá. Cada embestida hacía que las tetas de Amina rebotaran de forma hipnótica.
Ella se corrió por el culo, gritando en su idioma y en español, el cuerpo temblando, el esfínter apretando la polla de mi hijo como si quisiera ordeñarla.Joaquín no aguantó más. Aceleró, gruñó y se vació dentro de su ano. Se veían las pulsaciones mientras le llenaba el recto de leche caliente. Cuando la sacó, el semen blanco le salió a chorros del culo negro abierto, resbalando hacia el coño y manchándole las piernas atléticas. Pero mi hijo no había terminado. Se la metió otra vez en el coño, todavía abierto y baboso, y se la folló unos minutos más hasta correrse por segunda vez, esta vez inundándole el útero. Amina recibía los chorros con la boca abierta, apretando sus propias tetas, exprimiéndose los pezones. Joaquín se sacó la polla, se la restregó por la cara y las tetas de Amina, manchándola de semen, y ella se lo limpió con la lengua, chupando hasta el último resto.Yo me levanté, me acerqué y le dije, todavía con los dedos dentro del coño:
—Ahora ya somos tres madres putas en esta casa. Cuando venga Darius, se va a encontrar a su madre con el culo lleno de la leche de mi hijo.Amina, con el coño y el culo goteando semen, las tetas marcadas de chupetones y las trenzas desordenadas, sonrió con esos labios gruesos.
—Que venga. Y que te follen los dos a la vez mientras yo me cojo a tu hijo otra vez. Quiero más. Quiero que me la meta hasta que no pueda ni sentarme.Joaquín, ya recuperando otra erección solo de oírla, se tiró otra vez sobre aquellas tetas negras perfectas y se las metió en la boca mientras le volvía a poner la polla en el culo.
Esa tarde mi hijo se folló a Amina hasta dejarla destrozada: le comió las tetas hasta dejarlas brillantes y moradas, le reventó el culo y se corrió dentro de los dos agujeros cuantas veces quiso. Yo miraba, me corrí varias veces y de vez en cuando le chupaba los huevos a mi niño mientras él se la metía hasta el fondo a la madre de Darius. Por amor de madre… y porque a estas alturas esta casa se había convertido en un putero de madres desesperadas.

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