Por Primera Vez
La primera vez que Marcos vio pornografia infantil..
La primera vez que Marcos vio pornografía infantil, lo hizo por morbo; en la facultad todos hablaban del famoso video, pero nadie se atrevía a compartirlo. Sentía curiosidad, como cualquier ser humano al escuchar algo nuevo, pero también sentía su miembro endurecerse con solo imaginar la situación.
Él, que nunca se había imaginado teniendo ese tipo de acercamientos con alguna niña, había pasado una semana entera masturbándose como loco, fantaseando, deseando ver el dichoso video para dejar de imaginarlo. Pero su día de suerte fue un domingo, cuando un mensaje de su mejor amigo alteró sus hormonas.
—Oye hermano, a qué no sabes lo que tengo —con solo leer el mensaje, su miembro comenzó a endurecerse. Allí en el salón de su casa, él estaba sentado sobre un sillón de cuero, escuchando los ruidos que hacía su hermana menor al jugar con sus muñecas.
—Páselo mi hermano —es lo único que logró escribir porque sus manos temblaban.
Pronto en la pantalla apareció un vídeo, y Marcos se removió en el sillón, buscando algo de comodidad, sin saber que aquel movimiento atraería la atención de Fernanda, que había dejado de jugar con sus muñecas cuando se fijó en el bulto que traía su hermano entre las piernas.
En el vídeo, aparecía una niña de aproximadamente diez años.
Marcos tragó saliva
Era la misma edad que tenía su hermanita.
La niña del vídeo tenía un miembro entre sus manos, lo apretaba, jugaba con él, lo miraba con curiosidad; miraba con curiosidad también el líquido transparente que comenzó a salir a los pocos segundos, pero no dejó de mover las manos. En el fondo, pero muy bajo, se escuchaban los jadeos de un hombre, la pequeña lo miraba con curiosidad por algunos segundos, pero después volvía a concentrarse en lo que estaba haciendo.
Y cuando Marcos pensó que explotaría con solo ver esa imagen, la niña acercó lentamente sus labios hacia aquel miembro masculino, lo hizo despacio, como cuando alguien va a probar algo por primera vez. Ella sacó su lengua y probó el líquido que salía de aquel miembro, fue un solo roce, la niña paso su lengua justo por el glande, el precum era tan espeso que gran parte de la gota se quedó pegada en sus finos labios.
—¿Qué haces?
La voz de Fernanda hizo que Marcos vuelva a la realidad, ella lo observaba, curiosa, sentada sobre la alfombra. Ella había notado el comportamiento extraño de su hermano, pero su completa atención se lo llevó el bulto que crecía en sus pantalones.
—Estoy… Mirando videos —contestó él, algo abrumado, sus manos aún temblaban y su frente había comenzado a sudar.
—¿Puedo ver contigo? —preguntó la pequeña, poniéndose de pie.
Marcos la observó, y el bulto en sus pantalones se sintió aún más duro; cuando Fernanda se puso de pie, dejó a la vista sus piernas blancas y largas, cubiertas tan solo hasta el muslo por una minifalda que ella llevaba para no sentir calor.
Evidentemente su hermano la siguió con su mirada hasta que ella estuvo delante de él, tan inocente, sus labios eran rosado, carnosos, increíblemente seductores. Marcos se preguntaba si su hermana podría masturbarlo también, y esa idea le bloqueó los pensamientos completamente.
—Ven, princesa —su voz salió ronca, y ella obedeció, hizo el intento de sentarse al lado de Marcos, pero este, con su fuerza, logró hacer que Fernanda se siente sobre sus piernas, logrando así tenerla en frente. Con cuidado separó las piernas de la pequeña, las puso una a cada lado, logrando que el peso de Fernanda caiga sobre su bulto.
—¿Qué mirabas? —preguntó, con curiosidad.
—¿Quieres ver? —la pequeña asintió, con emoción, —pero no le digas a mamá, ¿Entendido?
Fernanda, que siempre había obedecido las órdenes de su hermano mayor, solo asintió fuerte. Le gustaba tener secretos con su hermano, le gustaba jugar con él, Marcos solía leerle cuentos de princesas a la hora de dormir, cocinaba postres para ella, él era su superhéroe, y ella siempre le haría caso en todo.
La primera vez que Fernanda vio pornografía infantil, no sabía siquiera lo que estaba ocurriendo en el vídeo. Extrañada, vió solo unos segundos y dirigió la vista hacia su hermano, que la observaba, con morbo, tal vez con el deseo de intentar algo así con ella.
—¿Qué es eso? —preguntó, incrédula, su pequeño rostro estaba desencajado.
—¿Eso? —respondió Marcos, —eso es un pene.
Fernanda sabía lo que era un pene, ella había visto el pene de Marcos muchas veces, cuando era pequeña y ambos se bañaban juntos, pero nunca lo había visto así de duro.
—¿Y por qué está así? —la curiosidad siempre había sido parte de ella, era curiosa, traviesa, le gustaba jugar.
—Se pone así cuando una niña linda lo toca —habló Marcos, y Fernanda fue consciente de lo que sentía entre sus piernas, justo donde estaba su vagina. Un leve sonrojo inundó sus mejillas y ella agachó la mirada, avergonzada, tímida. —¿Quieres verlo?
Era una sola pregunta, pero despertó la curiosidad de la niña.
Ella no dijo una sola palabra, solo volvió a mirarlo a los ojos y esta vez, una mirada penetrante la observaba, su corazón comenzó a latir muy fuerte, como cuando sabes que harás algo que no está bien. Pero solo una mirada bastó para que Marcos la tome entre sus brazos y la ponga en el suelo, ella, por impulso, se puso de rodillas, y su hermano mayor se volvió loco de solo verla en esa posición.
Marcos se bajó el short y el bóxer, casi en un intento desesperado por liberar su miembro de la presión a la que estuvo sometido. Pronto llegó a la nariz de Fernanda un olor que ella no conocía, en lo absoluto, el miembro de Marcos estaba empapado de precum casi en su totalidad, y ella lo miró con algo de asco.
—Solo tienes que poner tus manos aquí —dijo él, con la suavidad que lo caracterizaba al hablar con su hermanita.
Fernanda lo dudó por unos segundos, no se movió hasta que sintió las grandes manos de Marcos tomar las suyas, y en un movimiento rápido, ella atrapó su miembro entre sus manos, pudo sentir la piel caliente y húmeda, y sus manos fueron guiadas por las de Marcos, de arriba hacia abajo, descubriendo un glande sensible, que con el paso de los minutos dejaba salir más precum.
Pronto se escuchó cómo Marcos jadeaba, y entonces decidió cerrar sus ojos, apartó sus manos, y dejó que su pequeña hermana descubra. Allí, en el salón de la casa se podía oler el aroma a sexo, un aroma particular que ninguno de los dos podía presentirlo explícitamente, pero se traducía en los movimientos rápidos que hacía Fernanda, y en los leves jadeos que Marcos dejaba salir, excitado, sintiendo que en cualquier momento terminaría por correrse.
Ninguno de los dos decía algo, pero Marcos podía sentir una extraña electricidad por todo su cuerpo, sus piernas temblaban al igual que sus manos. Al abrir sus ojos, allí estaba su hermana, la niña que más amaba en el mundo, ella miraba su miembro, concentrada en mover sus manos.
—Fer, ¿Quieres darle besitos? —habló Marcos, con dificultad. Fernanda le dedicó una mirada de asco.
—Por ahí haces pipí —dijo ella, intentando entender lo que su hermano le acababa de decir.
—Anda… Pruébalo, y si no te gusta… Lo dejas —le dijo, sintió las manos de Fernanda deteniéndose, y la observó fijamente.
Ella, con la inexperiencia de una niña ante esos casos, solo cerró sus ojos, acercó sus labios hacia el miembro de su hermano, y dejó un pequeño beso; un tierno y caliente beso que hizo temblar a Marcos.
Los labios de Fernanda se humedecieron con el precum, Marcos la observó detenidamente durante unos segundos, ella abrió los ojos y se relamio sus labios, sintiendo por primera vez el sabor masculino de su hermano.
Por un momento él creyó que su hermanita no sería capaz de dejar otro beso, pero jamás imaginó que ella se atrevería a acercar sus labios nuevamente, y dejó un beso justo en el glande, allí donde aún salían gruesas gotas de precum. Los labios de Fernanda se volvieron a humedecer y ella volvió a probar el sabor de su hermano, lo sintió más intenso, su paladar se adormecio, como cuando pruebas algo por primera vez.
—¿Te gusta? —preguntó Marcos.
—Es salado —respondió ella, con fragilidad en su voz, tomó una pausa y llevó sus manos hacia el pene de Marcos, —es rico.
Allí, en una tarde de verano, Marcos pudo sentir por primera vez los labios de una niña rodeando su pene, ninguno de los dos hablaba, solo se escuchaban los jadeos de él ante esa nueva experiencia. Fernanda, en cambio, aprendió a ocultar los dientes mientras chupaba el glande de su hermano, lo hacía lento, saboreando, sintiéndolo temblar, ambiciosa por no desperdiciar ninguna gota de precum.
A veces sus dientes lastimaban a su hermano, y ella corregía su postura nuevamente. Pasaron diez minutos inmersos en un ambiente íntimo, la saliva de Fernanda empapaba todo el pene de Marcos, y este no cerró los ojos solo para no perderse la escena tan excitante que tenía en frente.
La cabeza de Fernanda bajaba en un ritmo irregular, a veces solo se detenía, otras veces solo se sentía la humedad de su boca cubriendo la extensión del glande de Marcos. Él, en algún momento pudo sentir que no aguantaría más tiempo sin correrse, por lo que tomó los cabellos de Fernanda y la obligó a separarse.
Ella observaba a su hermano sin saber lo que estaba haciendo, él había comenzado a masturbarse frenéticamente, sin soltar los cabellos de su hermanita. Otra vez ninguno de los dos dijo algo, solo estaban en silencio, observándose. Fernanda sentía curiosidad por cada cosa que su hermano hacia, no se imaginó que él tendría el mejor orgasmo de su vida aquella tarde.
Cuando Marcos se corrió, una cantidad exagerada de semen se disparó hacia el rostro infantil de Fernanda, que no pudo cerrar los ojos a tiempo y gran parte de esta primera explosión le llenó la piel, un olor intenso de algo desconocido invadió su nariz, sintió asco al principio, pero escuchó después los jadeos de su hermano y se limpió los ojos con sus manos.
Marcos abrió los ojos y observó el pequeño desastre que tenía en frente, habían gotas de semen en el cabello de Fernanda, en sus ojos, en sus pómulos y también en sus labios. Él sonrió internamente, satisfecho.
Cuando Fernanda abrió los ojos, estaba por preguntarle a su hermano qué había hecho, pero él se adelantó quitándose su camiseta y limpiando con paciencia el rostro de su hermanita, esparciendo sus fluidos, logrando que el olor se haga más intenso, y que la piel de Fernanda se sienta pegajosa.
—Te quiero mucho, Fer —dijo, soltando los cabellos de Fernanda y dejando un pequeño beso en su frente, —Ve a bañarte antes de que mamá regrese —ordenó.
Un saludo, mis queridos lectores, espero que este relato resulte de sus agrado. Nos vemos en una siguiente oportunidad.


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