ROSA, LA VECINA POODLE, LA NUEVA AVENTURA DESPUES DE LUNA – primera parte.
Después de mi aventura con Luna, otra hembrita probé, el deseo llama al deseo..
Meses después, el recuerdo de Luna visitaba vagamente mi mente, por las noches, en mis sueños disfrutaba del sexo con Luna, sentía como mi órgano llenaba todo el espacio de Luna y en su recorrido nuestros flujos se mezclaban al igual que nuestros gemidos, llegando al clímax del placer, chorros salían despedidos de mi interior y Luna al sentir palpitar mi miembro dentro de ella, apretaba más su vagina, al despertar me había derramado en el bóxer y las sábanas, esto se repetía noche tras noche, aumentando mi deseo por esa parte femenina; muchos días, también el piso del baño, era testigo de cómo derramaba mis fluidos, imaginándome el placer que había sentido con Luna, mi fibra más eréctil se activaba, buscando aquel deseo que había antes sentido.
Un domingo casi las 4 de la mañana, mi miembro quería romper el bóxer con el cual dormía, tanto que el sueño no era suficiente; me desperté y en mi pensamiento solo existía el deseo del sexo con una hembra, pero no era ya posible hacerlo, me coloqué una pantaloneta, mi pensamiento volaba y aquel órgano parecía tomar vida, su dureza se hacía más notoria por encima de la pantaloneta de tela suave, un calor interno se apodero de todo mi cuerpo e inconscientemente mi mano apretaba por encima de la pantaloneta a aquel trozo de mi cuerpo que estaba dominado por la dureza, salí a la terraza de la casa, aun en la media oscuridad; me senté en el piso frio, sentía que gotas recorrían mi miembro y mojaban mi pantaloneta; de repente, se abre la puerta de la casa del frente, sale la vecina con una escoba a barrer y detrás de ella sale su Rosita, una perrita de cruce Poodle, llena de alegría y juventud.
La madre humana, entra nuevamente a la casa a buscar una bolsa donde meter la basura, de repente, en ausencia de la madre adoptiva, la escena se volvió agitada, mientras que Rosita se paseaba en la calle, como si fueran abejas aparecieron algunos machos atraídos por el olor que despedía la calentura de mi perruna vecina, ella como en su momento de mayor excitación olfateaba el órgano masculino a sus pretendientes buscando el miembro con el aroma que más le convenciera, al final la atracción se hizo mas fuerte por uno de ellos y a ese le ofreció caricias en su virilidad con su lengua húmeda, lamia aquella extensión masculina con tanto agrado, al dejar de lamerle, ella se daba vueltas y ofrecía su parte trasera, el elegido lamia su correspondiente premio femenil mientras ella adoptaba una posición quieta de recepción, su cara mostraba satisfacción.
Los segundos pasaban, la escena delante de mis ojos cada vez se volvía mas intensa; el contacto sexual entre los amantes a cuatro patas, se intensificaba más y al mismo tiempo mi erotismo crecía entre mi pantaloneta, al momento, mi pequeña vecina se entregó al placer ofreciéndole de forma definitiva su deseada femineidad, mientras su compañía masculina hizo lo respectivo, saltó montándose encima de ella, observaba en su movimiento de cadera como su miembro se descubría buscando su correspondiente lugar, en el punto en que los movimientos eran más repetitivos y ya casi se veía el encuentro entre los órganos, de repente sale de la casa aquella madre, espavorida, de un escobazo disipa la escena, el perro sale corriendo con sus ojos mirando a su amada temporal y su órgano babeante al descubierto, mientras los ojos de ella lo persiguen, viendo como se fue la oportunidad.
Toda aquella escena de despedida prematura es nuevamente interrumpida por aquella madre, persigue con la escoba a la pequeña hasta entrarla a su casa, detrás cierra las rejas que la mantienen separada del exterior, vuelve a su labor en la calle y por casualidad se percata de mi presencia y me saluda dándome a los lejos los buenos días, yo un poco intranquilo trato de esconder la erección debajo de mi ropa, le respondo el saludo, y ella prosigue a decirme que es el segundo celo de su pequeña y que cuidar su integridad de los machos es su obligación, ya que en un descuido la vez pasada, un embarazo fue el resultado; privarla del placer de sentir un miembro masculino dentro de su femineidad me parecía todo un castigo para ella, que en todo su cuerpo se le veía las ganas de volver a probarlo, todo esto recalcule en mis pensamientos mientras asentía en la conversación con mi vecina.
Aun allí sentado, pensaba en la escena de mi pequeña vecina Rosita, la excitación invadía mi cuerpo y el asta volvía a levantarse con mucha firmeza, usaba mi mano con firmeza apretando la punta de mi masculinidad, mientras humedecía aún más la tela; los pensamientos invadían mi mente, las escenas con Luna se repetían y se entremezclaban con las escenas de mi pequeña vecina con su temporal amante, en mi mente deseaba haber estado en el lugar de aquel de cuatro patas, y probar si quiera un momento esa femineidad, sentir esa lengua rozar con mi miembro; la vecina terminaba su labor de limpieza, recogía los restos de basura, llevaba una bolsa en su mano, abre la reja y entra a su casa, su pequeña hija perruna, aun sujeta al deseo de la calentura que invade su vagina, aprovecha el momento para nuevamente salir a sentirse libre, corre con rapidez hacia la calle sin que su dueña se aperciba de lo sucedido.
Entre saltos y carreras, podía ver aquella parte femenina abultada, entre los risos de sus cabellos, mi virilidad mojaba aún más; solos en ese momento, las ideas se aceleraban en mi mente, mi mano apretaba con más fuerza mi hombría, parecía ver en cámara lenta, aquella flor entre rosada y roja, saltar al ritmo de las carreras de Rosita, de repente llevado por el impulso, llame a mi vecina perruna, quien al reconocerme llegó hasta donde estaba, la aferré entre mis brazos y salí en carreras, sin disminuir mi prisa en línea recta corría hasta el final de la calle; mis ojos se movía velozmente buscando la casa abandonada al final de la calle, un lugar lleno de vegetación que casualmente atravesaba hasta el otro lado de la calle, con la prisa que llevaba me interné con mi compañera en la espesura de la vegetación que allí había crecido.
Al sentirme inmerso en aquel lugar detuve mi paso, mi pequeña compañía parecía estar cómoda, la tranquilidad la invadía al ver mi rostro conocido por ella; mi respiración agitada por la carrera, sentía los pálpitos fuertes de mi corazón que resonaban en mi miembro erecto, el sudor recorría todo mi cuerpo mientras la pequeña Poodle me miraba fijamente, se acostó entre la hierba y lamia sus genitales abultados. Al ver aquella imagen, tiré la poca ropa que llevaba en la hierba, desnudo, la pequeña Rosita mostró interés en mí, se levantó y olía mi firmeza, de repente su lengua comenzó a frotarse en toda mi hombría, podía sentir su humedad y calidez, repasar las fibras de mi miembro, mientras toda mi tensión crecía, unas cuantas gotas transparentes salían de mi interior y se alojaban en la lengua aquella, me senté en la hierba, con las piernas abiertas mientras Rosita seguía disfrutando de mis fluidos, parecía que su atención era exclusiva en saborear toda mi hombría, su lengua mojaba todo mi órgano incluyendo sus acompañantes que en ese momento no colgaban sino que se endurecieron, disfrutaba sentir todo aquel placer que me ofrecía aquella lengua canina.
Entre sudor y calor, Rosita seguía lamiendo el asta mientras su respiración se agitaba más; mi deseo aumentaba por tener sexo cada vez que sentía la calidez de la lengua frotarse en mi miembro, agarre entre mis manos la cadera de Rosita y como entendiéndome, se dio la vuelta, inmediatamente ella levantó su cola para que pudiera observarle toda su femineidad, su vulva rosada palpitaba al ritmo de su respiración, podían observarse muchas gotas que salían desde su interior, mojando toda la entrada, mientras mis manos la sujetaban, Rosita volteaba, lamia su vulva, me miraba fijamente mientras su vulva palpitaba como haciéndome la invitación, la cabeza de mi miembro babosa palpitaba, votaba mucho fluido; Rosita estiraba su lengua rozando la punta de mi miembro para luego lamer su vulva, al final nuestras miradas se cruzaron, lamia mis manos y sus ojos al igual que su palpitante femineidad me decían que hiciera el siguiente paso.
@arturomendoza81, solo costa de colombia.


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