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Fantasías / Parodias, Heterosexual, Sexo con Madur@s

Roxy: La Bebota (Final)

Roxanita y su tío por fin llevan a cabo sus planes y dan rienda suelta al placer. .
Roxanita; aún en su jadeo, aún en su intento de recuperarse del explosivo orgasmo que tuvo, aún teniendo la cara contra el suelo y las nalgas elevadas; pudo escuchar con claridad las palabras de su tío Fernando.

Abrió los ojos de golpe. Los que hace segundos tenía cerrados con suavidad. Y su sonrisa se convirtió en una mueca de sorpresa.

La propuesta indecorosa hizo que su cuerpo, guiado por la emoción y la excitación, se girara de golpe y se sentara frente a su tío. Con gran expectación, y creyendo haber oído mal, preguntó.

— ¿Qué dijiste, tío?

Fernando se rió. Sabiendo que la nena lo había oído bien. Levantó una mano para señalar que necesitaba un respiro antes de volver a forzarse a hablar. Después de unos segundos de recuperación, habló y pronunció las mismas palabras.

— ¿Qué tal si te quedas a dormir?

A Roxy le brillaron los ojos. No había oído mal. Su tío, que había elaborado un plan para estar con ella a solas. Ahora maquinaba una nueva idea pervertida para pasar aún más tiempo con ella. Su corazón latía con intensidad. Tanto de felicidad como de anticipación.

— No… No sé…

Empezó a tartamudear la emocionada nena.

— Quiero decir… ¡Claro que me encantaría! Pero… ¿Cómo?…

No se necesitaba mayor explicación. Aún con esos balbuceos, Fernando entendió la preocupación de su sobrina. “¿Cómo harían para que sus papás la dejaran quedarse a dormir?”

— Es simple.

Respondió Fernando. Y la seguridad con la que pronunció las palabras, hizo que Roxy lo viera con mayor felicidad.

— Nosotros no haremos nada. La abuela será quien se encargue de todo.

La nena no terminaba de entender cómo la abuela podría apoyar en ese plan tan “juguetón”.

Fernando vió la confusión en el rostro de Roxy y prosiguió.

— La abuela está muy feliz de verte. Te ha extrañado mucho. Si tú le mencionas la idea de que te gustaría quedarte a dormir, ella estará encantada. No pondrá ninguna objeción. Mejor aún, si tú le mencionas que te preocupa que tus papás no te dejen, ella se asegurará de persuadirlos.

A Roxy, que miraba con suma admiración a su tío por haber tenido tiempo de pensar en todo eso —para ella parecía un plan maestro— le brillaron los ojos de emoción. Al menos por un instante. Porque luego pensó en su madre y la forma tan protectora en la que estaba cuidándola de su tío.

— Pero… mi mamá… Ella sabrá que tú estás aquí en la casa y entonces…

Fernando la interrumpió poniendo un dedo sobre los carnosos labios de Roxy.

— No habrá ningún problema, porque yo “no estaré aquí”.

Dijo haciendo comillas con sus dedos.

De nuevo Roxy no entendía nada y hasta sintió una profunda tristeza al pensar que había malentendido las cosas y su tío no pasaría la noche en la casa.

— Tranquila, será un engaño.

La consoló.

— Verás. Yo le diré a la abuela, asegurándome que tu mamá escuche, que saldré de parranda con mis amigos. Le diré que estaré fuera toda la noche y que probablemente llegaré hasta la tarde de mañana. Todos piensan muy mal de mí, ¿no? Seguramente creerán que sí haré eso.

Roxy abrió los ojos impresionada. Su tío era un genio.

— Después de que corten el pastel, yo me iré. Daré una vuelta por ahí y luego, cuando todos se hayan ido, regresaré. Le diré a tu abuela que mis amigos cancelaron los planes y entonces, ahora sí, podremos estar solos tú y yo.

No lo podía creer. Su tío había pensando en todo. Sin duda todo lo que había hecho hasta ahora: su vestimenta, sus acciones juguetonas, la forma en que había “jugado” con él; habían causado esto. Que su tío no pensara en otra cosa que no fuera estar con ella. En su pecho, la felicidad, la excitación y el orgullo; crecían tanto como sus senos.

— Estaré un poco triste de que te vayas… Pero si todo sale bien, podremos “jugar” mucho más jiji

Fernando se rió. Le excitaba, al mismo tiempo que le divertía, la forma tan particular que su sobrina tenía de referirse a todo lo que habían hecho hasta ahora.

— Jaja claro. Vamos a “jugar” toda la noche al tío que manoseaba y cogía a su sobrinita buenota jeje

Roxy entonces hizo una mueca de extrañeza divertida.

— Jiji ése es un nombre muy largo para el juego. Yo pensaba que solo se llamaba “empujoncitos” jiji Y lo de tocarme, era el juego de “las manos traviesas” jiji Suena más divertido y cortito, ¿no?

Fernando se habría reído ante las ocurrencias de su sobrina, sino hubiera notado cierta sinceridad en sus palabras.

Por un instante, no supo qué decir. En esa fracción de tiempo, no vió a la nena putita y provocativa con la que había estado gozando. Vió y escuchó a la nena inocente que le pedía jugar a la pelota, hace algunos años.

— Ahm… Sí jeje Como tú quieras llamarlo.

Dijo un poco incómodo.

— Parece que te gusta meterte mucho en esto del “juego”, he.

— ¡Sí! Jeje Me encanta mucho este juego.

Fernando concluyó que a su sobrina le gustaba mucho fingir que todo era parte de un juego. “Bueno, quién soy yo para juzgar lo que le excita a esta putita jeje”

— Bien, si te gusta tanto, nos mantendremos en el juego jeje Tu tío favorito te va a dar muchos “empujoncitos” y sus manos traviesas te tocarán por todos lados en la noche jeje

Roxy se excitó y emocionó tanto por la idea, que ya deseaba que todos se fueran.

————————————————————————— “Ojo de loca no se equivoca” 

La puerta del baño se abrió, apenas lo suficiente para que la sudorosa cara de Fernando se asomara hacia el pasillo. No había moros en la costa. Su hermana y el resto de invitados seguían en la sala, la cual quedaba fuera de la vista. Se deslizó fuera como si quisiera ser uno mismo con la pared y entonces avanzó rumbo hacia el cuarto de servicio, cerrando la puerta detrás de sí.

Roxy, por su parte, contó los 20 segundos que su tío le había dicho que hiciera. Abrió la puerta y salió con un poco menos de precaución. La idea de su tío seguía dándole vueltas en la cabeza, haciéndola un poco más distraída de lo habitual. Sin darse cuenta, había salido con la ropa desarreglada: los botones de su top estaban mal abrochados; la minifalda estaba muy subida de la parte de atrás; todo como señal inequívoca de que ahí dentro le habían metido mano por todos los rincones, y más que eso.

Por fortuna, una corriente de aire frío le hizo sentir las nalgas casi descubiertas. Alcanzó a bajarse la minifalda y se fijó también en su error al abotonar su top; todo antes de asomarse por completo hacia la sala.

— Ya está el baño libre, mami.

Avisó la nena, con una sonrisa radiante y las mejillas sonrojadas.

— Gracias, nena.

Le respondió su madre, con una mirada incómoda y una sonrisa forzada.

Se puso de pie y avanzó hacia el baño. Mientras Roxy se giraba hacia el pasillo que daba al jardín y avanzaba por el.

Guadalupe se detuvo un instante. Apenas un segundo para ver cómo su hija se alejaba. Las caderas de la nena se meneaban con una sensualidad y coquetería innatas. La tela de la minifalda se estiraba tanto, intentando tapar las impresionantes nalgas de la nena; amenazando con subirse de un tirón en cualquier momento. Pero lo que la dejó sin aliento. Lo que hizo que sintiera cómo un balde de agua fría le caía por la espalda, fue lo que le pareció un rastro blanquecino, descendiendo por una de sus piernas. Quiso enfocar mejor la vista. Pero en lo que fue un parpadeo, Roxy ya estaba afuera en el jardín de nuevo. Saludando otra vez a sus primas, sin rastro del mal humor que tenía hace un instante que habló con ellas.

Guadalupe solamente sacudió la cabeza. No era eso. No podía ser.

Avanzó hacia el baño y abrió. Reconociendo un aroma familiar. Uno que había notado en la cocina cuando entró y vió a su hermano ahí. Arrugó la nariz y en la garganta parecía tener alguna dificultad para pasar la saliva. Pero de nuevo, ignoró lo que percibía y sentía. Prácticamente ya lo estaba empezando a hacer de manera inconciente. Como un sistema automático de defensa.

Se sentó sobre el inodoro para realizar sus necesidades. Su mente bloqueó el aroma que persistía. Sus ojos inspeccionaron el suelo, no para buscar evidencias —después de todo, ahí no había pasado “nada”— si no para distraerse. Su mirada notó un cúmulo de grumos. De aspecto viscoso y amarillentos. Los iba a inspeccionar con más detenimiento, pero esa alarma automática que ya estaba desarrollando, saltó de inmediato y le hizo girar su mirada en otra dirección. Los mosaicos de enfrente tenían mejor decoración al parecer, sin duda más bonitos, pues ahí fijó su vista hasta que acabó.

Salió del baño y nada más cerrar la puerta, Fernando aparecía desde el cuarto de servicio. Expulsó humo por su boca. Humo, que por cierto, cuidadosamente guardó en su boca, desde que oyó cómo Guadalupe se lavaba las manos, hasta que ella salió del baño.

La señora vió el humo y por su aroma supo que su hermano estaba fumando.

– No deberías fumar dentro de la casa. Para eso está el jardín.

La voz de Guadalupe salió fría, sin emoción. Casi como una máquina. Definitivamente había algo dentro de ella que no estaba bien.

– Bueno, hermanita. Me pesa decir que mi presencia no es grata allá afuera. Carmen está ahí. Con el resto de mis sobrinas. ¿Quieres que se arme otro escándalo por alguna acusación falsa?

Guadalupe abrió la boca. Pero en seguida la cerró. Parecía que iba a decir algo. Quería decir algo. Pero esa alarma en su cabeza sugería que era mejor callar. Abordar el tema, ahondar en el; parecía un error. “El que busca, encuentra” y ella no parecía muy segura de querer encontrar una respuesta a lo que le daba vueltas en la cabeza.

– Lamento que te sientas así… Me refiero a que no te sientas bienvenido. Pero las acciones tienen consecuencias. Si de verdad quieres ser aceptado, cambia.

Las palabras de Guadalupe fueron lentas, pero firmes. Sin embargo, Fernando no percibió irá o amenaza detrás de ellas. Eso lo hizo dudar un poco sobre cómo proseguir.

– Sí, bueno, cómo sea. De cualquier manera es claro que hoy no soy bien visto aquí. Así que mejor me iré.

– ¿Dejarás a mamá sola en su cumpleaños?

– No está sola. Está con ustedes.

– Pero sabes bien que le gusta tenerte cerca.

– Siempre estoy cerca, Guadalupe. Por si lo olvidas, vivo con ella.

– Vives de ella.

Ante la sentencia de la verdad, el ambiente se tensó. Ambos se fulminaron con la vista. Si fueran gatos, en cualquier momento se abalanzarían el uno contra el otro para hacerse jirones. Pero por primera vez en su vida, Fernando cedió. Había cosas más importantes. Cosas que no podía ni debía arruinar en este momento con una absurda discusión. Además, si todo salía bien, gozaría en grande la noche en compañía de la hija de su hermana. Eso era mucho más satisfactorio que ganarle una discusión.

– Como dije, claramente mi presencia no es grata. Con permiso.

Fernando pasó por un lado de su hermana, la cual arrugó la nariz y cerró los ojos con fuerza, al percibir de cerca el aroma corporal de su hermano.

“Y tú creyendo que Roxana podría meterse con él”

En su percepción, era imposible que una mujer, en su sano juicio, querría tener encima a esa cosa amorfa y desagradable.

——————————————————————————

Plan Maestro. 

Fernando se acercó a la sala. Las risas casi se apagaron al instante. Algunos desviaron la mirada. Otros dieron una sonrisa forzada. La única alegre de que apareciera era la abuela. La cual se paró casi de un salto.

– ¡Mijo!

Y lo abrazó. Fernando le correspondió el abrazo, mientras Guadalupe ocupaba su lugar de nuevo.

– Ma, voy a salir. Unos amigos me invitaron a tomar unas cervezas.

La expresión de felicidad de la anciana cambió a una de tristeza.

– Ah… Bueno. Sí, está bien, hijo. Sal a divertirte.

A Fernando le dió un poco de pena. Normalmente su mamá no reaccionaba así a sus salidas. Parecía que después de todo sí era importante su presencia para ella.

– Pero… Si quieres puedo ir después de que cortemos tu pastel, ¿qué te parece?

A la mujer le brilló la cara con esas palabras.

– ¡Sí, sí! Vamos a cortar el pastel ya. Es de tu favorito jeje

La madre incluso se había asegurado de que el pastel fuera el que más le gustaba a él.

La noticia causó opiniones divididas entre los presentes. Algunos estaban molestos, pues compartían la indignación de Guadalupe. Pero otros estaban aliviados de que se fuera.

Llamaron a todos. Sacaron el pastel de chocolate, con velas en forma de número que formaban el 80. Cantaron las mañanitas y hubo aplausos y vitoreos. Fernando comió dos rebanadas grandes, sentado a lado de su madre. De vez en cuando él y Roxy se lanzaban miradas cómplices y sonrisas traviesas. Finalmente, después de unos 20 minutos, Fernando se despidió y abrazó a su madre.

– Adiós Roxy.

Dijo a su sobrina, con tono de complicidad. Mirándole el escote con descaro.

– Adiós tío. Que se la pase bien.

Respondió ella, con una sonrisa de oreja a oreja.

– No me esperes despierta, ma. Regresaré hasta mañana por la tarde.

– Con mucho cuidado, hijo. Que Dios te bendiga.

Dijo la anciana y persignó a su hijo haciendo las señas al aire.

Fernando salió de la casa, satisfecho con su actuación. La mitad del plan estaba hecho. Ahora sólo quedaba que Roxy y su madre hicieran el resto.

Después de algunas horas, cuando ya la fiesta estaba llegando a su fin y algunos ya empezaban a despedirse, Roxanita tomó la palabra. Cuando su mamá, su abuela y ella; eran las únicas en la mesa.

– Abue, me dió mucho gusto verte. Hace tanto que no te veía. Pero siento que pasamos tan poquito tiempo juntas. ¿No me dejarías quedarme a dormir contigo?

– ¡Roxy! No se le pide a las personas que te inviten a quedarte. Es de mala educación. Además, seguro que ella está cansada y quiere irse a dormir.

– ¡No, no! Para nada. Si yo también extrañaba mucho a mi nieta y me dió mucho gusto que me la trajeran. Además tiene razón, con todos los invitados no hubo mucho tiempo para que ella y yo pasáramos tiempo juntas. Me parece muy buena idea que se quede. ¿Por qué no la dejan y vienen por ella mañana? Es fin de semana, mañana no hay clases.

– ¡Sí! Ándale mami, por fis. Déjame pasar más tiempo con mi abuelita.

– Ay mamá… No sé. Nunca se ha quedado a dormir en otra casa. Además…

Las palabras se le atoraron. Quería decir que le preocupaba que se quedara sola con ellos. Pero la anciana tensó su rostro, adivinando lo que quería decir y entonces ella no prosiguió.

– ¿Además qué, mami?

Preguntó la nena, ladeando la cabeza con curiosidad, aunque ella también adivinaba lo que le preocupaba a su madre.

– Ya oíste a tu hermano. Él no estará aquí hasta mañana por la tarde, si es lo que tanto te preocupa. Además, me ofende que insinues que no puedo velar por la seguridad de mi nieta.

Guadalupe empezó a sentirse acorralada.

– No es eso mamá. Es sólo que… Bueno, como dije, ella nunca se ha quedado sola en otra casa.

– No va a estar sola. Yo voy a estar con ella. Va a dormir conmigo. Además, muchos años no me dejaste verla, creo que no es mucho pedir que la dejes pasar conmigo una noche.

Guadalupe no sabía qué hacer. La alarma en su cabeza saltaba escándalosamente. Dejar que se quedara parecía la peor idea. Como si fuera un error del que podría arrepentirse toda su vida. Pero por otro lado, ciertamente no había razón para no permitir una convivencia aparentemente sana. Más aún cuando habían estado distanciadas tanto tiempo. Después de todo, podrían ser solamente exageraciones suyas, ¿no?

– E-está bien. Sólo está noche, ¿de acuerdo? Mañana, después de la comida, pasaremos por ella.

– ¡Siii!

Gritaron al unísono abuela y nieta, abrazándose.

A Guadalupe le enterneció tanto la escena, que se convenció que era lo correcto y que todas esas preocupaciones sólo eran exageraciones suyas.

Cuando la noche cayó en su plenitud, Roxanita se despidió de sus papás, con la promesa de que se portaría bien. Promesa que evidentemente no iba a cumplir del todo.

——————————————————————————

El preámbulo de una noche inolvidable. 

El resto de sus hijos –los que sí eran responsables– ayudaron a la anciana a recoger, limpiar y lavar todo antes de irse. Incluso sus nietas le ayudaron. Por lo que Roxy y su abuela pudieron disfrutar de una plática muy amena y cómoda.

Roxy le contó sobre su escuela, sobre sus calificaciones, sobre cómo había conseguido –supuestamente– la ropa que llevaba.

A su abuela le gustó, tanto como también le entristeció, escucharla. Se dió cuenta de que su nieta pasaba demasiado tiempo sola. Por su cabeza le cruzó la idea de sugerirle a su hija que le permitieran a Roxana ir a su casa después de clases. Así no pasaría toda la tarde sola y estarían acompañadas las dos. Pero en el fondo sabía que su hija jamás aprobaría tal cosa.

La abuela también le contó un poco sobre su monótona vida. Contándole a su nieta como eran normalmente sus días y los de su tío. Roxy, por obvias razones, estaba muy interesada en saber más sobre él. Qué hacía, qué le gustaba.

Después de unos 30 minutos, Roxy notó que a su abuela empezaba a costarle mantener los ojos abiertos.

– Abuelita, ya tienes sueño jiji

– Ay, hija. Perdón jeje Parece que los 80 años ya me están pesando.

– ¿Quieres que te caliente leche? Me acuerdo que antes tomabas una leche caliente con chocolate y una concha, antes de dormir.

– Ay sí. Me gustaba mucho. Pero ahora con la condenada diabetes no puedo. Ahora sólo puedo tomar mi leche sin chocolate. Pero no te preocupes, yo me la caliento. ¿Quieres meterte a bañar?

La pregunta tomó por sorpresa a Roxy. No era que no pensara bañarse. Después de todo quería estar presentable para su tío. Pero por un momento pensó que sus juegos con su tío habían dejado alguna marca aromática en ella. “Báñate siempre cuando llegues a tu casa, nena. Estos juegos dejan un aroma muy especial que todos los adultos conocen. Y si te huelen, sabrán lo que hiciste conmigo “ La nena recordó una de las advertencias del Payaso Manotas.

– Ahm… Sí jeje Yo creo que mejor me baño de una vez.

Dijo la nena sonrojada por la vergüenza. Aunque no quiso preguntar a su abuela si había detectado algún aroma extraño en ella. No sabría qué excusa inventar si ella decía que sí.

– Bueno, ven. Vamos a mí cuarto para que te dé una toalla y ropa para que te cambies.

Si bien evidentemente no tenían las mismas tallas ni cuerpo, la ropa de la abuela le quedaría lo suficientemente aceptable para que Roxy pudiera dormir cómoda. Le dió una toalla, un sostén sin varillas, un calzón y un camisón.

La nena se dió un buen baño. Esmerándose en su limpieza para quedar impecable. El agua y el jabón, se llevaron los restos de sudor, saliva y semen que tenía en su cuerpo. Se vistió y efectivamente, la ropa no le quedaba ni muy ajustada ni demasiado grande. Aunque tampoco diría Roxy que se sentía demasiado cómoda. Se sentía como una viejita.

Para cuando la señora se metió a bañar, Roxy ya estaba empezando a ponerse nerviosa. El tiempo pasaba y no había señales de que su tío fuera a llegar.

“¿Y si se quedó a tomar como dijo? ¿Y si está más a gusto allá que aquí? O peor, ¿qué tal que encontró a otra niña mejor que yo para jugar?”

Ese último pensamiento la hizo sentirse celosa por primera vez en su vida.

No obstante, cuando la señora salió de bañarse y las inquietudes y celos de Roxy empezaban a alcanzar niveles altos de ansiedad, se escuchó cómo alguien metía la llave en la cerradura de la puerta principal y abría.

– ¡Hola! Ya llegué jeje

La voz de su tío hizo que Roxy pegara un salto y se parara de inmediato. Lo vió y casi sintió como su cuerpo se estremecía solo de verlo ahí parado en la puerta.

– ¡Tío! Pensé que ya no regresabas jiji

– Jaja Cómo crees que te iba a quedar mal. Es solo que me tardé un poco por conseguir esto…

Dijo enseñando una bolsa de papel. Al parecer Fernando había aprovechado la salida para ir de compras.

– Jiji ¿Qué es tío? ¿Qué compraste?

– Es una sorpresa, nena. Es algo especial para nuestra noche.

La nena se emocionó tanto que corrió a darle un abrazo a su tío. Se sentía tan especial. Su tío estaba haciendo de todo para hacerla sentir así. Lo abrazó pegando mucho sus enormes senos al cuerpo de Fernando, quien respondió el abrazo con su brazo libre y no desperdició la oportunidad de agarrarle una nalga a su sobrina.

– Jiji tío, sus manos son muy traviesas jeje

– Con una sobrina como tú, es imposible tenerlas quietas jeje

Justo la mamá de Fernando empezó a bajar las escaleras. Pues en cuanto escuchó la voz de su hijo, se apresuró a cambiarse para bajar lo más rápido posible.

– ¿Hijo? ¿Qué pasó? Pensé que ibas a salir con tus amigos.

Preguntó sin poder esconder la alegría que le causaba verlo de regreso.

– Pues al final ya no se hizo nada. A los mandilones no les dieron permiso de salir y mejor me regresé.

– Ay hijo, que mal que no pudiste divertirte. Pero mejor así, es muy peligroso andar en la calle de noche. Además mira quién se quedó a dormir.

– Jaja Sí, es lo que veo. Qué grata sorpresa ver a Roxanita aquí.

– Sí, pero no hay que decir nada de que regresaste. Si no, capaz que vienen por ella. Esto es un secreto entre los tres, ¿de acuerdo?

Tío y sobrina asintieron. Sellando la complicidad entre los tres. Esa complicidad que haría que el tío Fernando pasara una mejor noche, de la que supuestamente pasaría con sus amigos.

——————————————————————————

La Gran Noche. 

Era media noche. La abuelita de Roxy roncaba suavemente a lado de la nena. La nerviosa niña no habría podido dormir aunque hubiese querido. El corazón le latía a mil por hora, llevaba rato jugando con sus dedos sin darse cuenta. La señora había caído dormida casi enseguida de que se acostó, pero por seguridad, su tío le dijo que esperara una hora antes de levantarse. Roxy miraba el despertador digital de la abuela, que estaba sobre un buró, con los números rojos, de manera constante.

Cuando finalmente se cumplió la hora, Roxy dió un último vistazo a su abuelita, para cerciorarse de que estaba profundamente dormida. Luego, con el sigilo de un ratón, se puso de pie y caminó lentamente hasta la puerta del cuarto. Al girar la perilla, el mecanismo interno rechinó escandalosamente. O al menos eso le pareció a la nena. Miró hacia atrás para ver si el ruido no había despertado a la abuela, pero se necesitaba más que eso para despertar a la vieja. Aliviada, abrió la puerta y la cerró con la mayor suavidad posible.

Cruzó el pasillo. El cuarto de su tío estaba junto enfrente. Tocó suavemente y lo llamó.

– Tío… Soy Roxy…

El pervertido tío abrió enseguida. No pudo ocultar su sonrisa pervertida al ver que su plan marchaba a la perfección.

– Jeje ¿Estás lista, nena?… Ten, ve al baño y ponte esto – Dijo pasándole la bolsa de papel. – Cuando te lo hayas puesto, sube. Dejaré la puerta abierta para que entres.

La nena tomó la bolsa y asintió. Se sentía emocionada y nerviosa a la vez, a pesar de que su tío ya se la había metido en más de una ocasión, en el mismo día. Pero por alguna razón esto se sentía mucho más especial. Le sonrió a su tío y caminó en dirección al baño de la segunda planta.

Apenas entró, Roxy de inmediato abrió la bolsa emocionada. De ella extrajo una bolsa de celofán, que contenía lo que le pareció un extraño sostén rojo. No le encontraba muy bien la forma. Parecía más un listón rojo de regalo. Dentro de la misma bolsa de celofán había lo que le pareció una especie de cinturón extraño, en color negro; algo parecido a unas donas para el cabello, pero mucho más grandes, de color blanco. Y algo que le resultó conocido y que hizo que esbozara una sonrisa pícara: una tanga negra. “A mí tío le encantan mis nalgas jiji” pensó al darse cuenta de que su tío quería ver sus nalgas con eso puesto. Finalmente de la bolsa de papel sacó unos tacones altos de plataforma en color negro y unas medias de red.

La nena empezó a desnudarse en el baño. Doblando con cuidado la ropa prestada de su abuela. Sin problemas se calzó los tacones y deslizó la tanga por sus piernotas hasta quedar atrapada entre sus imponentes nalgas. Las medias se ajustaron a sus piernotas resaltándolas.

Sin embargo, al ver el resto de la “ropa” no supo bien cómo ponérsela. Por suerte en la bolsa de celofán venía una hoja, con la imagen de una modelo luciendo la lencería que su tío le habría comprado. Sacó la hoja y miró a la chica. “Creo que yo tengo mejor cuerpo que ella jiji” pensó orgullosa. Y vaya que tenía razón.

Entonces puso atención a la imagen. Lo que ella había confundido con un cinturón extraño y donas para el cabello grandes, no eran más que un liguero con adornos en las piernas. Aunque no había instrucciones, trató de guiarse con la imagen. Al ponerse el liguero, se sintió extraña. No entendía bien el propósito y tampoco sentía que aportara mucho a su imagen. Pero sostenían bien sus medias y además, si su tío compró eso, era porque quería verla con eso puesto; y para ella, esa era razón suficiente para usarlo.

Luego tomó el listón rojo y se fijó en la imagen de la chica. Ella lo tenía cubriendo sus senos. No entendía exactamente cómo debía colocárselo, pero después de un vistazo más detallado, notó unos broches. Se lo abrochó a la espalda como cualquier otro sostén, sin embargo los listones quedaban sueltos, sin taparle nada. Examinó y encontró otro broche más discreto. Supuso que ése iba al frente, pero al intentar abrocharlo, el tamaño de sus senos lo impedía. La tela del extraño sostén era suave al tacto y elástica. Por lo que Roxy tiró de ellos para que se estiraran y así pudiera abrochar la prenda. Al hacerlo, sus senos fueron presionados de tal manera que, a pesar de la increíble firmeza que tenían, se desbordaron un poco por arriba y por debajo. La presión era fuerte, pero no dolía. Al mirarse en el espejo, le encantó ver que sus pechos se veían aún más grandes. La traviesa nena se rió al imaginar la cara de su tío al verlos.

Miró los listones caídos y supuso que solamente debía amarrarlos. Hizo un moño con ellos, como si se estuviera presentando ella misma como un regalo. Y ese era justo el propósito de su tío.

Tomó la ropa doblada, apagó la luz del baño y salió con mucho cuidado.

Arriba, el gordo Fernando, que ni siquiera había tenido la cortesía de al menos darse un baño. Esperaba a su sobrinota con nada más que un calzón puesto. El mismo de hace varios días. Estaba tumbado panza arriba sobre su cama, esperando ansioso. Una sonrisa pervertida se dibujó en su horrendo rostro al escuchar el sonido sutil de unos tacones subiendo.

Y entonces apareció. Como si fuera alguna escort carísima que había contratado, su sobrinita hizo acto de presencia en el marco de la puerta. Usando el conjunto que él había comprado para disfrutarla. Se veía muchísimo mejor de lo que hubiera podido imaginar. Se enderezó de golpe y la miró con ojos llenos de lujuria y deseo. Roxanita por su parte sólo le dedicó una sonrisa tímida. Se sentía sumamente nerviosa. Apenas y levantaba la vista un poco.

– ¿C-cómo me veo, tío? Jiji

Fernando contuvo el aire. Sus ojos se abrieron al máximo y escaneó a su sobrina a detalle. Sus senos se veían inmensos y apretados en ese sostén de tamaño ridículo. Su cuerpo, prácticamente desnudo, brillaba con la luz de la luna que se colaba por la ventana, delineando cada curva que poseía. Las medias apretaban y enmarcaban sus piernotas. Los tacones le daban un toque sensual, inapropiado en una niña de su edad.

Fernando no respondió de inmediato. Se lamió los labios, como si saboreara de antemano un delicioso platillo que iba a devorar. Con su mano, hizo una seña para que Roxanita se diera media vuelta.

La nena entendió el mensaje y el propósito que tenía. Soltó una risita traviesa y, después de tomar algo de aire, se dió media vuelta, presentando sus nalgotas, para disfrute de su tío. Obviamente él ya había tenido la gloriosa oportunidad de mirar a Roxy con una tanga puesta. Pero en esta ocasión, tenía el tiempo y la privacidad para deleitarse la mirada con esa tremenda vista.

Sencillamente la tanga era demasiado diminuta para cubrir nada. Su propósito era únicamente resaltar el tamaño, forma y firmeza de las nalgas de su sobrina. Ahora que las veía bien, no podía creer lo nalgona que era su sobrinita. Perfectamente culona. El liguero le daba un toque sexy que elevaba el morbo hasta los más altos límites.

– ¡Uff! Roxy… Te ves espectacular. La sobrinita más buenota de todas jeje

Roxy se giró, sonrojada por el comentario, pero con una sonrisa radiante. Le encantaba recibir esa clase de halagos. Por un instante su corazón se estrujó. Recordó, con nostalgia, la cara y la emoción del Payaso Manotas, cada que le modelaba un nuevo atuendo que el viejo le traía. Sin embargo, se sintió feliz de volver a experimentar esa sensación, esta vez de alguien tan especial para ella, como era su tío.

– Jiji ¿De veras lo cree?… No sabía bien cómo ponermelo jaja

– Por supuesto que lo digo en serio, nena. Lo luces perfecto. Mira nada más cómo me pusiste ya…

Dijo el viejo apretando su verga, que ya estaba muy dura, por encima de sus calzones.

La nena vió ese acto tan vulgar y asqueroso, pero para ella fue todo un halago. Le encantaba poner a si a su tío. Saber que ella era la causante de que su “juguete” se emocionara por jugar con ella. Sintió un cosquilleo en su entrepierna, que la hizo apretar sus piernas. Mordió su labio inferior por un costado y sonrió, sin apartar la vista del aparato de Fernando.

Su tío extendió su mano hacia ella y no hubo necesidad de ninguna indicación verbal. Cerró la puerta tras de sí, poniendo el seguro y caminó hasta estar delante de su tío, tomando su mano. El pervertido hombre, con una sonrisa en su cara, guió la mano de su sobrina hasta posarla sobre su erecto pene. La nena se dejó llevar. Lo empezó a frotar y acariciar con su delicada mano. Alzó la mirada, viendo a los ojos a su tío. Le sonrió y entonces se puso de rodillas delante de él.

Al hacerlo, la erección de su tío quedó a la altura de su cara. La punta de la verga casi rozaba su nariz. Por un impulso, que no supo de dónde salió, cerró sus ojos y pegó su rostro a la erección. Aspiró el aroma que venía de ahí. Para muchas, ese aroma sería desagradable. Nauseabundo. Pero no para ella. Para la nena, ése era el aroma de su tío. El aroma de su juguete. Hasta podría afirmar que ese era el aroma que desprendía cuando su tío quería jugar con ella.

Sin abrir los ojos, sonrió. Le dió un beso en la punta, para luego bajar lentamente los calzones de su tío. Liberando la bestia que encerraba. La verga salió dando un brinco. Como se lo esperaba, estaba rebosante de pre-semen. Tanto que escurría y brillaba con la luz lunar. Roxy soltó una risita. “Mi tío está que no se aguanta jiji”. La tomó con su mano, embarrándose del líquido viscoso, y comenzó a masturbarlo suavemente.

– Uff… Roxy…

Fernando tiró la cabeza hacia atrás, disfrutando de la sensación que la mano de su sobrina le regalaba. Sus manos se posaron en sus propias caderas, dispuesto a dejarse hacer y disfrutar del proceso.

Roxanita soltó una risita traviesa. Con ése simple acto, sentía que tenía en sus manos –o en su mano, mejor dicho– el control total sobre su tío y su placer.

Bajó la mirada hacia el miembro que tenía en la mano. Suspiró como si estuviera enamorada de ese pedazo de carne y entonces, cerrando los ojos, abrió la boca y empezó a engullirlo.

Los ojos de Fernando se abrieron de golpe. Sus manos se fueron de inmediato a la cabeza de su sobrina, como si temiera que si no lo hacía, ella se desprendería.

Roxy soltó otra risita al sentir las manos de su tío. Una risita que vibro en toda la extensión de Fernando, pues la experta nena ya se había metido todo a la boca sin mayores problemas. Con su lengua empezó a lamer todo el tronco, para después empezar a mover su cabeza de atrás hacia adelante, al tiempo que chupaba como si fuera la mejor paleta de todas, y degustando el sabor con su lengua.

A Fernando se le debilitaron las piernas. Aquella mamada era suprema. No había forma en que se pudiera quedar de pie. Aquí no había nada de dónde agarrarse como en la cocina. Así que sosteniendo la cabeza de Roxy, se dejó caer en la orilla de la cama, abriendo las piernas para que su sobrina tuviera campo libre para hacer su labor.

Roxy no tardó en entender lo que debía hacer. Metió su voluptuoso cuerpo entre las piernas flácidas de su tío. Con una mano tomó la virilidad de Fernando y con la otra empezó a masajear sus peludos testículos; para luego empezar a subir y bajar su cabeza, metiendo y sacando toda la longitud sin ningún problema.

– Ahhh… Roxy… Nena… Me vas a deslechar… Aaah… Qué forma de ordeñar tienes… ¡Ufff!…

Las palabras vulgares de su tío llegaban a sus oídos como los más dulces cumplidos. Haciendo que el corazón de la nena saltara de alegría y se esforzara más en su labor. Quería hacer gozar a su tío lo mejor que pudiera.

Finalmente sintió como el cuerpo de su tío se tensó, su miembro se puso como roca y hasta lo sintió más grande en su boca. Sabía lo que eso significaba. Intensificó las chupadas supremas que le estaba dando, al tiempo que gemidos de excitación vibraban en su boca.

– ¡Aaah! ¡Roxy!…

Fernando tomó la cabeza de su sobrina y la hundió lo más que pudo en su apestosa entrepierna. La nena se dejó hacer y relajó su garganta para almacenar todo el pedazo de carne. Chorros de semen caliente y espeso empezaron a brotar. Roxy llegó al orgasmo por el placer que le provocaba el saber que ella había causado esto. Para ella era como un trofeo. Un premio por haber hecho sumamente feliz al juguete de su tío. Tragó lo que pudo para no derramarlo, pero se aseguró de dejar una buena cantidad almacenada dentro de su boca.

Lentamente fue sacando el pene de su tío de su boca. Con los labios bien cerrados al rededor del miembro para que no se escapara ni una sola gota. Miró a su tío a los ojos. Le dió felicidad y risa ver la cara descolocada que tenía, debido al enorme placer que ella le había brindado. Le sonrió con los labios cerrados y comenzó a degustar la sustancia pegajosa que tenía en la boca. La pasaba de un lado a otro con ayuda de su lengua. Masticando un poco los grumos.

Fernando no podía creer lo que veía. Esa niña. Su sobrina. Estaba saboreando al detalle los mecos que él le había echado en su linda y dulce boca. La nena se dió cuenta que el tío miraba atento. Sonrió de nuevo, ladeando un poco la cabeza. Abrió su boca para mostrarle que efectivamente tenía una buena cantidad de su semen ahí dentro, sacando ligeramente la lengua; teniendo el cuidado de no derramar nada. Luego, volvió a cerrar la boca y tragó cerrando los ojos. Al abrirlos, su mirada coqueta y pícara se encontró con la mirada morbosa y pervertida de su tío. Se limpió el semen que tenía en la comisura de los labios con su dedo y lo chupó; para luego mostrarle a su tío que ya no había nada en su boca.

– Uff… Roxy… me matas… eres increíble…

– Jiji… Gracias tío… Soy la mejor jugadora, ¿no crees?…

Fernando no tenía idea de lo que eso significaba, pero ya no le importaba.

– Sin duda la mejor.

La verga de Fernando –ahora brillosa y reluciente por la saliva de la nena– se mantenía semi-erecta. Roxy la miró y le pareció gracioso. Incluso tierno. Se acercó de rodillas. Le dió un beso y luego una lamida. Cosa que hizo que su tío apretara los puños y su cuerpo se tensara.

Roxy tomó el pene de su tío y lo metió entre sus senos, los cuales seguían siendo apretados por el curioso sostén que su tío le había comprado.

– Ahhh Roxy… qué delicia…

Roxanita soltó una risita traviesa y empezó a mover sus senos con sus manos. Primero subía uno al tiempo que bajaba el otro. Masajeando y estrujando el pene entre sus turgentes senos. Cuando sintió que se puso completamente duro de nuevo, empezó a subir y bajar sus senos de manera uniforme. La cabeza se asomaba cuando bajaba y desaparecía por completo cuando subía.

Todo el tiempo miraba a su tío a la cara. Le causaba gusto, placer y gracia ver las caras que el afortunado desgraciado ponía.

– No es justo que sólo yo esté disfrutando jeje Ven, sube…

Le indicó su tío.

Roxy acató la orden, sacando el pene erecto de entre sus pechos y subiendo sobre su tío de manera felina. Empezó a hacerse a un lado la tanga –como había aprendido que se podía hacer, en la cocina– imaginado que su tío ya se la iba a meter. Pero grande fue su sorpresa al verse manejada por las manos de su tío para colocarla en una posición que calificó de extraña.

Fernando la manipuló con mucha facilidad tomándola de las caderas para colocarla encima de él, pero con su culote dirigido hacia su cara. Para ella eso era nuevo, para él su intención era clara: un rico 69.

Roxanita, por instinto, abrió sus piernas, quedando a horcajadas sobre el cuerpo de su tío. No sabía qué iba a pasar. Fernando ajustó la posición, las nalgotas de su sobrina quedaron a plena vista: grandes, redondas, sin imperfecciones y bañadas de la luz de la luna. Con tanga echa a un lado por la misma Roxy. Eso le sacó una sonrisa pervertida.

Por su parte Roxanita tenía un gesto de desconcierto en su rostro. Jamás había hecho esto. ¿Cómo se la iba a meter así? Claro que se imaginó que su tío le chuparía su intimidad, pero esa no era la posición que correspondía a dicho acto. Para eso, tendría que estar en cuatro, con el culo elevado. O al menos eso dictaba su base de datos sobre los juegos. Pero entonces, al mirar hacia adelante, vió que tenía casi pegada a la cara la verga de su tío. Se encogió de hombros y pensó que quizás su tío quería que siguiera chupando. “Es una posición incómoda” pensó, pero igual se puso a mano a la obra. Tomó el pene con una mano y se lo llevó a la boca de manera terriblemente natural.

Pero en eso sintió un jalón. Su tío la hizo retroceder. Y casi enseguida, la cara de Fernando se hundió en su entrepierna y un latigazo de placer le hizo arquear la espalda. Su tío también se había puesto a trabajar. La lengua ancha y babosa empezó a lamer su vagina de nena. Abriendo sus pliegues e invadiendo de manera obscena sus más profundos rincones.

La nena entrecerró un ojo y el otro lo abrió casi por completo. No esperaba recibir eso. Jadeos y gemidos comenzaron a salir de su boca. Era especialmente morboso y excitante la sensación de sentirse “atrapada”. Las manos de su tío, bien aferradas a sus nalgas, la abrían al mismo tiempo que la aferraban contra su cara. Era como estar sentada sobre un viejo verde. Ese pensamiento la excitaba demasiado. Al mirar hacia adelante, vió que su tío movía las caderas hacia arriba, intentando dar la señal de lo que quería que su sobrina hiciera. Fue entonces que entendió el propósito del “juego” Esa posición estaba hecha para chuparse ambos mutuamente. Sin embargo, la diferencia de tamaños le impedía llegar lo suficiente. Estiró su cuerpo lo que pudo, para tomar la verga de su tío y tratar de meterlo a su boca. Pero solamente podía meter poco más de la punta. Aproximadamente ¼ de verga.

La sensación de dar y recibir placer al mismo tiempo, era totalmente nueva y abrumadora. Al mismo tiempo que se esmeraba en darle el mayor placer posible a su tío, sentía cómo él hacía lo mismo. Cómo esa lengua se introducía dentro de ella y lamía los puntos indicados. No pudo evitar comenzar a menear las caderas como una gatita provocadora. Fernando no se daba abasto ante tanta carne a su disposición. Roxanita empezó a gemir de manera casi descontrolada, sin dejar de chupar con más intensidad que antes.

Pero el largo de la lengua de su tío, si bien parecía un tentáculo para ella, no era suficiente. Tanta excitación la hacía sentir la necesidad de ser llenada por completo. Se sacó la verga de Fernando con un “plop” y como pudo intentó mirar hacia atrás.

– Tío… ya metame su juguete, por favor… Aaah… ya no aguanto… 💞

Dijo la nena jadeante y sudorosa; empujando las nalgas contra la cara de su tío y con sus senos grandes y firmes, pegados contra la panza peluda de él.

Fernando se rió. Siempre había querido escuchar a alguna de sus sobrinas rogar por su verga; y ahora la mejor de todas se lo estaba pidiendo.

– Tienes razón, Roxy. Ya es tiempo de hundirte mi “juguete” bien adentro, putita jeje

Roxy no se ofendió por la palabra. Ella sabía que ese era un gran título. Sólo las mejores jugadoras lo podían ostentar. Así que soltó una risita traviesa y puso un gesto de agradecimiento.

Su tío la bajó de él. Roxy adoptó su pose favorita: en cuatro. Le encantaba sentir cómo se la empujaban desde atrás y además así ella podía empujar sus nalgas para recibir el juguete más adentro.

Fernando se puso de rodillas, sobre la cama, detrás de ella. Una mano en la nalga se su sobrina, la otra tomando su verga para dirigirla. El glande y la conchita de la nena se encontraron, se besaron y pronto comenzó a hundirse. La nena lo recibía por tercera vez consecutiva en el día. Pero esta vez no tenía que silenciar su placer.

Apretó las sábanas entre sus manos y ella misma empujó el culo para completar la penetración. Una sonrisa de satisfacción llenó la cara de ambos y el mete-saca empezó.

La cama comenzó a rechinar y crujir. La cabecera golpeaba la pared una y otra vez. El sonido de las nalgotas de la nena, chocando contra el amorfo cuerpo de su tío, llenó la habitación y salió hacia el pasillo.

– Aaah… tíoooh… nos… nos va a oír… más… más despacito… 💞

Pidió entre jadeos y gemidos. Pero en su rostro no se veía la preocupación que sus palabras intentaban expresar. No. En su rostro había la satisfacción inmoral de estar haciendo algo prohibido. Una travesura.

– La vieja no se despierta con nada jeje… Créeme… no oirá nada… tú puedes gemir tanto como quieras, nalgona jeje

Las palabras vulgares de su tío le dieron el nivel de morbo y liberación que necesitaba para poder soltarse. Confiando que lo que su tío decía era cierto, empezó a gemir alto. Jadeando y soltando risitas de diversión. Las manos de Fernando comenzaron a manosearte los pechos, mientras ella se reía y lo “reprendía” por tener unas manos tan traviesas. Como si la cogida fuera algo moralmente aceptable, pero no el tocarle los senos a su sobrina de solo 11 añitos.

Los dos la estaban pasando en grande. Fernando podía seguir toda la noche si era necesario. Toda la vida si se lo permitían. Pero había algo que quería hacer. Algo nuevo.

– Roxy… ¿te gustaría un “juego” nuevo? Jeje

Preguntó sin dejar de embestir.

Hasta ahora, la experiencia de nuevos juegos con su tío había sido sumamente placentera. Así que sin dudarlo, la nena respondió ansiosa.

– ¡Aaah!… ¡Siiii!… ¡Quiero aprender muchos nuevos juegos!… ¡Uy, tíooooh! 💞

Fernando sonrió. Escupió en su mano y mezcló la saliva con los jugos de ambos. Luego, embarró la mezcla directo en el culito de su sobrina.

La nena dió un respingo. Estaba tan sensible que ese acto le causó una corriente de placer. No era la primera vez que sentía algo viscoso ahí. Ya antes el Payso Manotas le había lamido esa zona. Pero lo que no esperó fue lo que pasó después.

Sin dejar de meterla, Fernando, con su dedo índice, ejerció presión sobre el anillo de la nena. Causando que esta se sorprendiera y por instinto alejara el culo.

– ¡Tío! ¿Qué hace?

Preguntó un poco asustada. Con la mitad de la verga aún dentro.

– Relájate, nena. Tú solo relájate. Vas a ver que te va a gustar.

La nena dudó. No sabía qué clase de juego sería ése que su tío tenía planeado, pero en definitiva no debía entrar nada en ese lugar. O al menos eso le dictaba la razón. Sin embargo, la promesa de un placer nuevo le podía más. Con el rostro enrojecido y la respiración nerviosa, tomó de nueva cuenta su posición y acercó el culo a su tío.

Fernando de nuevo posicionó su dedo y empezó a ejercer presión. La nena por instinto e inexperiencia, apretó su culo.

– No, no. Relájate. No trates de evitar entre.

– Pero… es que no debe entrar algo ahí.

– Tú confía en mí.

La nena decidió confiar. Respiró profundamente e hizo lo posible por relajar los músculos de esa zona.

El dedo empezó a entrar. Al principio era incómodo. No había señal del placer prometido. Solo incomodidad.

Fernando lo introdujo hasta el segundo falange. Lo dejó un rato así y entonces empezó a meterlo y sacarlo. Roxy seguía igual. Intentó mover sus caderas para seguir recibiendo la verga de su tío y así buscar conseguir algo de placer. Pero el dedo metido le hacía difícil la misión.

Cuando hubo la dilatación correcta, Fernando metió un segundo dedo. La incomodidad creció.

– Ay, tío. No. Perdón. No me gusta eso. Mejor sigamos jugando como estábamos.

Dijo la nena apenada, sintiéndose mal por negarle a su tío lo que sea que pretendiera.

– Espera. Un poco más. Sé que te sientes incómoda, pero es porque estás muy tensa. Trata de relajarte más.

– Es que no pue… ¡Aaah!…  💞

Fernando empezó a tocar el clítoris de la nena con sus dedos. Jugando con el. Estimulándolo. Eso le dió el suficiente placer a Roxy para conseguir que se distrajera y dejara de pensar en la incomodidad.

A través de sus dedos, Fernando notó que el anillo de la nena dejó de estar apretado. Entonces metió un tercer dedo y empezó con movimientos lentos de sacar y meter.

Roxy hizo una mueca. Pero lo sintió. Un pequeño placer creciente en la zona. No era como el placer de que le metieran el juguete en su vagina. Era diferente. No sabía expresarlo. Parecía el pequeño placer que se siente al evacuar. Pero al mismo tiempo muy diferente y extendido.

– Ay tío… ¿Qué… qué es esto?… 💞

– Jeje ¿Ya te está gustando?… Te dije que era muy rico… tu siguete dejando…

La nena obedeció. Incluso paró más las nalgas y cruzando sus brazos bajo su mentón, cerró los ojos y se concentró en la placentera invasión.

Durante varios minutos Fernando se concentró en preparar la zona. Cuando finalmente sintió que el culo de su sobrina tenía la dilatación y la relajación correcta, se detuvo y sacó los dedos.

– ¿Eh?… ¿Por qué los sacas, tío?… ¿Ya se acabó el juego?…

Preguntó Roxy un poco decepcionada. Apenas empezaba a agarrarle el gusto a ese juego.

– Jeje para nada, nena. Ahora viene lo mejor. Sentirás algo mucho más grande, pero no te asustes. Tú relájate igual que ahorita. Entre más relajada estés, mucho mejor entrara y más placer sentirás…

La advertencia la preocupó. “Algo más grande”. Seguro se trataba de su juguete, pensó. Y entonces le vino el recuerdo de la primera vez que el Payaso se la metió. Fue un dolor intenso sin duda. Pero también recordó que después de relajarse el placer empezó. Tragó saliva y dió su consentimiento.

– E-esta bien, tío. Con mucho cuidado, por favor.

La nena se relajó todo lo que sus nervios le permitían. Fernando ayudó estimulando nuevamente su clítoris. Y al mismo tiempo tomó su verga y la dirigió a la entrada del culo de Roxanita, que ya estaba algo dilatado. El glande hizo contacto. La nena respiró profundo para prepararse. Su tío empezó a hacer presión. El culo de la nena empezó a abrirse. La nena apretó los puños y por ende también apretó el culo.

– No, no. No aprietes.

– Tengo miedo.

Dijo casi entre sollozos.

– No tengas miedo. No voy a lastimarte. Lo prometo.

No eran palabras vacías. Por primera vez Fernando no estaba pensando solo en su placer. Quería que su sobrina se sintiera bien. Quería darle el mayor placer posible. Igual que ella hizo con él. Y la nena sintió eso.

– O-ok.

La nena se volvió a cruzar de brazos, cerró los ojos y mentalmente imaginó abriendo su esfínter para recibir a su tío. Funcionó.

El anillo musculoso se abrió y Fernando pudo empujar más. Aprovechó la oportunidad para meter lo más pudo. La invasión fue rápida. Roxy se sorprendió y por un instante tuvo la intención de volver a apretar. Pero logró dominar su cuerpo.

– Aaah… muy bien, nena. Lo haces muy bien. Falta la mitad. Vuelve a relajarte como hace rato.

La nena no respondió. Solo asintió y repitió el mismo procedimiento. Respiró, cerró los ojos y volvió a imaginar.

El esfínter se relajó y Fernando metió el resto faltante.

Las nalgotas de la nena quedaron pegadas a su tío. Las bolas peludas de él chocaron contra la conchita de la nena. Roxy largó un gemido lleno de placer y alivio. Al fin estaba todo adentro.

– ¡Uff! Mira nada más… Te has tragado todo jeje…Como toda una campeona jeje

Fernando se estiró y acarició el cabello revuelto de la nena, además de darle un beso en la cabeza.

La jadeante nena sonrió. Halagada por el cumplido. Sintiendo algo enorme en su culo.

– Eso fue… muy difícil jiji

– Jeje pero lo hiciste muy bien. Y ahora viene lo mejor. ¿Estás lista?

La nena ya sabía lo que iba a pasar. Tragó saliva y asintió.

– Vamos a empezar lento.

Dijo Fernando y entonces empezó lentamente a sacar su miembro. La nena abrió los labios y dejó escapar un suspiro. Fernando dejó la punta adentro y luego empezó a meterla de nuevo. Roxy hizo una mueca y trató de relajarse de nuevo. Una, dos, tres veces más. La nena empezó a entender la mecánica. Fernando lo notó y empezó a hacerlo un poco más rápido. El placer le fue ganando terreno a la incomodidad a pasos agigantados. Pronto Roxy dejó de hacer muecas de molestia y empezó entrecerrar los ojos, jadeando y gimiendo. La sonrisa de siempre empezó a formarse en su rostro.

– Aaah… tío… qué rico… es… es raro… pero muy rico… 💞

– Te dije te gustaría… Aaah… tienes unas ricas nalgotas… me moría de ganas de metértela aquí jeje… ¡Uff!

Roxy soltó una risita. No pudo evitar imaginar a su tío mirándole el culo durante la fiesta, deseando meterle el juguete entre sus nalgas.

– Jiji ¿Soy muy… mmm… nalgona, tío? 💞

– Las más nalgona de todas jeje

– ¿Más que Carmen? Jiji

– ¡Mucho más!

El diálogo hizo que ambos se prendieran de nuevo. Dejaron las delicadezas a un lado y Fernando empezó a embestir con fuerza y profundidad. Mientras que Roxy empezó a aventar sus nalgotas contra su tío.

No parecían una niña y un adulto. Parecían dos amantes dispuestos a darse y experimentar todo el placer posible. Las prohibiciones y la moral no tenían cabida aquí. Solo placer, risas y gemidos.

——————————————————————————

Y al otro lado del pasillo, dentro de la habitación de la abuela, los sonidos llegaban. No de manera escandalosa. Tenues. No había forma de que la abuela despertara con eso. Al menos no en una situación normal. Pero hay una característica innata en las mujeres: cuando hay un pequeño al que deben cuidar, su oído está alerta. Pueden notar voces agudas, que las alertan, listas para atender los llantos de un bebé. Y justo eso le pasó a la vieja.

Consciente de que su nieta estaba con ella (o eso creía) aquellos gemidos la despertaron. Su cerebro le indicó que algo no estaba bien y la despertó. “Tiene una pesadilla” creyó, confundiendo los gemidos con sollozos.

Se giró y con la mano estirada palpó la cama en busca de su nieta, en medio de la oscuridad. Pero no logró tocarla. “¡Se cayó de la cama!” El pensamiento la asustó tanto que se despertó del todo y prendió la lámpara de su buró. Fue entonces que vió que efectivamente no estaba en la cama. Pero al asomarse al otro extremo de la cama vió que tampoco estaba ahí.

Con sus sentidos despiertos y alerta, notó que los sonidos no eran sollozos, eran gemidos. Pero no era la primera vez que los oía. Su hijo veía porno constantemente y no se preocupaba por modular el volumen. Para ella eso no estaba mal y de hecho procuraba no molestarlo. Pero ahora Roxy estaba por ahí, seguro que en el baño o la cocina. Sería un problema si la nena escuchara eso y luego se lo contaba a su madre.

La vieja se puso una bata y se calzó sus pantuflas. Salió y revisó el pasillo. No se veía a Roxy por ahí (ella estaba recibiendo verga en el culo, felizmente al otro lado de la puerta). Era la oportunidad. Con mucha pena, y esperando que su hijo no fuera a enojarse con ella por interrumpirlo, se acercó a la puerta y levantó la mano para tocar.

– ¡Aaah! ¡Roxy! ¡Qué rápido aprendes!… ¡Ufff!… ¡Me vas a deslechar, nenota!

– Jiji ¡Aaah!… ¿Aplasto muy bien al gusanito? ¡Uhmmm! 💞

– ¡Lo haces mejor que nadie!…

La mano con la que iba a tocar la vieja, se fue a su boca. ¿Había oído bien? Definitivamente esas eran las voces de su hijo y su nieta. Y las palabras solamente podían dar por hecho algo: estaban cogiendo.

El corazón se le aceleró. No sabía qué hacer. Eso estaba mal, muy mal. La mente le empezó a trabajar a mil por hora. Podía ver a su hijo esposado, directo a prisión. Pero por otro lado, ¿cómo podía dejar que su nieta fuera ultrajada de esa manera?

– ¡Te amo, tío! ¡Eres el mejor tío del mundo! ¡Uhmmm! ¡Me encanta jugar contigo! 💞

– ¡Yo también te amo, Roxy! ¡Eres la mejor sobrinita del mundo! ¡Sólo tú me aceptas como soy!… ¡Y estás bien buenota! Jajaja ¡Mira estas nalgotas y estás tetotas!

– Jajaja ¡Ay, tío! ¡Qué cosas dice! Jaja 💞

La vieja se quedó en silencio. Esa no era una violación. Ambos disfrutaban. Ambos estaban felices. Por fin una mujer, que no era ella, amaba a su hijo. Y le podía brindar la compañía y placeres que solo una chica podía darle a su tan amado hijo. Y, por otro lado, su nieta ya no estaba sola. Ahora tenía alguien que la veía como el mejor tesoro del mundo. ¿Quién podía juzgar eso? Ella no. Y de hecho nadie… si ella hacia como que no había visto nada y guardaba el secreto.

Se quitó la mano de la boca. Y regresó a su cama, con una sonrisa

——————————————————————————

Mientras tanto, adentro, Roxy mataba a sentones a su tío. Él estaba sentado en la orilla de la cama, mientras la nena saltaba gustosa, con las manos sobre las rodillas de su tío, con sus piernotas juntas (que se veían enormes en comparación con las de él) y tragando la verga por el culo como si fuera una experta. Mientras Fernando agarraba y amasaba los inmensos senos de la desarrollada nena, que brillaban con el sudor y la luz lunar.

La faena siguió por horas. Tomando descansos breves en los que platicaban, como tío y sobrina, sobre sus propias vidas; para luego seguir con el siguiente round. Cogieron de misionero, cucharita, cowgirl, cowgirl reverse, empinada contra la pared, etc. La nena recibía verga por el culo, por su conchita, en su boca, entre sus tetas. Múltiples orgasmo mancharon las sábanas, el suelo. La leche de su tío terminó dentro de sus entrañas, en su útero, en su boca, en su senos y en su cara.

Al final, Roxy tenía su tanga colgando de su tacón, con el sostén en forma de moño en el suelo. Sus piernotas estaban elevadas sobre los hombros peludos y sudorosos de su tío. Mientras él le enviaba, con las fuerzas que le quedaban, su miembro lo más adentro que podía.

– ¡Ya viene! ¡Es la última!…

– ¡Aaah! ¡Sí, tío! ¡Dámela toda para que me ponga más buenota para ti! 💞

Fernando explotó y apenas dos chorros endebles salieron. Seguido de eso, se dejó caer, con suavidad, entre las piernas de su sobrina.

Ambos estaban agotados. No podían más. Como pudieron se arrastraron hasta el centro de la cama. Más dormidos que conscientes

y entonces se entregaron a un profundo sueño. Donde la luna, que fue testiga de todas las inmoralidades que hicieron, ahora cobijaba sus cuerpos sudorosos y desnudos, con su manto acojedor.

Fin.

Bueno amigos, al fin les he traído la última entrega de este arco. Me tomé un largo descanso porque la verdad es que no tenía muchas ganas de continuar escribiendo, pero volví porque les debía el relato. Sin embargo, debo decir que es probable que ya no escriba más. Es algo personal. No es algo definitivo, pero no quisiera que albergaran esperanzas en valde. Puede que ya no escriba más o puede que haga relatos esporádicos. No lo sé. Espero les haya gustado este final y que lo hayan disfrutado. Nuevamente me disculpo por la larga espera. Y ya saben, si quieren platicar, intercambiar o hace roleplay sobre el tema (cosa que me encanta) ya saben que mi Telegram es: @ViejoMorboso

6 Lecturas/20 junio, 2026/0 Comentarios/por ElViejoMorboso
Etiquetas: amigos, cumpleaños, hermana, hermanita, hermano, madre, mayor, mayores
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