Torpe accidente
Hasta los profesores se equivocan, ¿por qué un alumno no?.
Cuento
torpe accidente
Soy un buen estudiante desde siempre. Y eso, bueno… Te hace que los profesores te den tus ventajas, como comer en clase o si te equivocas pueden ayudarte o regalar la nota. Pero a los demás no les gusta eso. Eres raro o un nerd. Mira. Por fortuna nunca me han hecho bullying, pero nadie quiere ser mi amigo. De eso ya me acostumbré.
Desde el último tiempo que he estado solo en los recreos, especial ahora que estoy en último año, es mucho más solitario. Todos se conocen, tienen sus grupitos o parejas. Así que bueno. Da igual eso.
Un día unos niños se me acercaron, un grupo de como cinco. ¡Y fíjate tú! Tan traumado que pensé que venían a burlarse. ¡Unos niños burlándose! Pero no. Solo les llamó la atención mi cuaderno que era de una caricatura.
Y ahí están esos niños preguntando cosas de esa serie. Imagino que se les hace genial alguien de mi edad con algo que adoran. Y no entiendo tanta sorpresa, si a todos mis compañeros también adoran está serie animada.
Así ese y el siguiente recreo y los demás.
Ya pasaron sus días desde eso y se aburrieron. De vez en cuando saludo a alguno. Se me hace incómodo porque ni me acuerdo de sus nombres. De hecho mira, ahí va una. Es una niña de falda y pelo suelto. Se me acerca y se sienta al lado mío. Me saluda. Ahora sé su nombre. Comienza a hablarme de por qué estoy tan solo. Preguntándome mucho eso. Parece que ella también suele estar sola, creo, sino por qué estaría conmigo ahora.
Es dulce y simpática. Me dice que tiene una hermana mayor en la universidad, que trabaja. Sus padres que la quieren mucho. Un gatito que le puso Copito. Me cuenta que va a tener matemáticas y que le gustan mucho, su papá le ayuda a aprender y la premian con colaciones. Así me ofrece unas galletas. Lindo gesto.
Suena la campana para volver a clases y ella me toma de la mano y me pide que la deje en su clase. Me despido algo confundido por la niña. Pero está bien.
Dos semanas después
Profesores de mierda, ¡de verdad! Acaban de descontarme la nota por culpa de unos compañeros. Estaba durmiendo en clases, y me acusaron. ¡Y solo por eso! Ellos duermen todo el día. Los insultan en la cara. Uno hace todo bien, ¿Y para que? Si a la mínima te tachan de basura o flojo. Tengo demasiado sueño. Después de eso pedí ir al baño para mojarme la cara, en realidad me escapé y aquí estoy. No volveré, de verdad.
Veo de fuera y es esa niña. Bueno, voy a saludarla. La pequeñita viste con un abrigo rosado y está vez tiene una pequeña trenza y el resto de su cabello suelto. Pese a la temperatura tiene las piernas descubiertas y tiembla de frío.
Me dice que tiene que ir al baño. Aja. «¿Y?» Pensé. Me dijo que le da miedo ir sola. Bueno, a mi también me daría miedo con ese baño tan oscuro y sola siendo de su edad. Así que la acompañé de la manito.
Fue y se sentó con la puerta cerrada. Pero como estaba mala tuve que yo apoyarme en la puerta para que no se abriera. Así me quedé un rato. Demasiado rato.
Que aburrido… «¿Ya terminaste?» Le digo y me levanto estirando las piernas. Mierda… Se me olvidó que no estaba cerrada con pestillo. La veo de piernas abiertas mirándome… Aghh y siento un escalofrío eléctrico. «¡Perdón!» Digo tras escuchar su chillido y cierro la puerta.
«Lo siento, no sale mi pipi… No puedo.» La escucho decir triste como con esa voz al borde de llorar.
¿Por qué me estoy excitando?
«Espera. Así nomás. Saldrá.»
Veo cómo por impulso atraves de la puerta. Se mira su coñito y mueve las piernas desesperada por orinar. ¿Por qué estoy mirando si hay alguien? ¿Por qué me estoy fijando si alguien me está viendo? Ahora se que estamos solos.
Abro la puerta suave. Y me agachó. Ella se queda sentada. Mis manos tocan sus muslitos con suavidad, se sienten como una tela. Y sin fuerza le abro las piernas. Le digo que conozco una forma para que salga. Sus piernas tiemblan, y no es de frío. Coloca las manos en el inodoro y aprieta con fuerza. Me pregunta que voy a hacer.
«Ah primero quítate esto» le digo y retiro con suavidad su poleron rosa.
Desabrocho su ropa. Tan linda, ella misma levanta sus brazos.
«Relájate» le susurro al ver sus ojos llorosos. Sus mejillas rojas.
Extiendo mi mano para acariciar su cuerpo. Voy por abdomen, axilas y luego sus tetitas, solo son pezones duros sin pechos desarrollados. Lanza un leve gemido.
Acerco mi boca y con suavidad lamo su coño. Ella no se mueve, no habla, nada. Una muñeca. Que aburrido… Le quito sus bragas y la dejo en falda. Me bajo el pantalón, mi verga ya está dura. Le digo que se levanté un poco, y agachado como perro cogiendo, se la voy metiendo de a poco. No hace nada, solo mira con una lágrima corriendo por su mejilla.
La saco, y vuelvo a meter un poco la punta, con mi mano la muevo, como masajeando su vagina. La meto. Vuelvo a sacarla para meterla y más hondo. Está vez gime. Un chillido rico. Eso me puso más caliente aún. Se la metí mucho más al fondo.
Con solo mover mi caderas. Embistiendola. Saco suave, muy lento, y meto de golpe, hasta escucho como se golpea con la pared. Sigo encorvado para meterla.
«Ahora date la vuelta»
Lo hace y se afirma de la pared. Cómo es tan pequeña puedo tomarla de las piernas y dejarla casi volando. Solo agarrada de esa pared. La escucho ahora llorar. Me tengo que apurar.
Las embestidas ahora son más brutales. Grita un poco, llorar gime se queja. Sangra. No puedo evitar también gemir un poco. Me vuelve loco. No puedo aguantarme más. Suelto todo mi líquido dentro de ella, hasta me dan pequeños temblores.
La volteo y le enseño mi verga algo cansada. Ni tiene que arrodillarse. Le golpeó la cara con mi pene. Ella se hace un lado pero vuelvo a pasárselo por la mejilla. Luego le voy rozando los labios. Ella los cierra.
Con la mano le acaricio el labio. Y le abro la boca. Le meto mi verga en la boca. Casi no le cabe. Pero puedo sentir su lengüita moverse por mi punta como evitando lamer pero eso hace que sea más rico. La agita por todos lados. Voy con suavidad y siendo el calor de su boca.
Al terminar ella se asusta al sentir mi semen y lo escupe.
Se levanta, por debajo de su falta se ve mi semen chorrear le y sus piernas temblando. Intenta quitarse mi líquido de su boca y no puede.
La ayudo a vestirse y se la mano la llevo a limpiarse.
«No le digas a nadie de esto.»
Se abrió una investigación y aquel es el principal sospechoso. Obvio que niega todo. Sus compañeros no opinan lo mismo. Por eso dejó de ir al colegio…

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