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Heterosexual, Sexo con Madur@s

Vecina madura

Historia de como me involucré con una mujer madura cuando yo tenía solo 20 años.
Vecina madura.

Mi nombre es Antonio y la historia relatada es sobre como terminé teniendo sexo con una mujer mucho mayor.

Todo comienza en un barrio popular, lugar donde me crie y viví la mayor parte de mi vida. Es el típico poblado latinoamericano; colorido, alegre y muy festivo. Mis padres llegaron allí recien casados por lo cual me identifico con el lugar desde que tengo uso de razón.

En aquel barrio vivia Stella, una mujer rubia de ojos claros proveniente de otra región del país, la conozco desde muy niño y siempre me llamó mucho la atención. Obviamente yo era tan solo un niño y ella me vio crecer. Siempre tuvo un trato especial hacia mi y por ser muy cercana a mi madre frecuentaba nuestra casa. Hasta ahí nada extraño, solo una señora de barrio con aprecio por el hijo de su vecina.

Conforme paso el tiempo y yo llegué a la adolescencia mi manera de ver a Stella también cambió. Su cuerpo me resultaba muy atractivo. Sus pechos medianos firmes contrastaban muy bien con su cadera amplia y un trasero que le daba aun más atractivo físico. Las casa allí parecian ser una sola y entrar a saludar y compartir un café era algo cotidiano, fue en esas visitas cuando noté en el tendedero del patio la ropa interior de Stella. Las hormonas me controlaban dada mi edad y un buen día no resistí y robé una tanga, era común para mi masturbarme pensando en ella pero con la prenda envolviendo mi pene fue mucho más placentero. Tuve entonces la idea de regresarlos e ir tomando otras bragas aleatoriamente. Pensando inocentemente que no lo notaría.

Es importante mencionar que ella estaba casada pero no se le veía muy feliz y escuchaba cuando le comentaba a mi madre que siempre estaba insatisfecha, su marido sentía asco por el sexo oral y a ella le encantaría tener una boca humeda en su vagina o llenar la suya con una verga dura. Eso me ponia más caliente aun, pensar que necesitaba sexo y yo me moría por darselo.

Como adolescente muy hormonal nunca me prestó atención, pese a que yo me insinuaba constantemente ella solo atinaba a reír y darme una mirada de «pobre chico» . Pero todo ello cambió cuando ingresé a la universidad. En aquel barrio era casi un milagro que alguien lograra tal azaña, por lo que llamé la atención de la vecindad que me llenó de alagos y felicitaciones. Ya no era un adolescente precoz y se me percibia como todo un hombre con gran futuro en el barrio. Stella se había separado de su esposo y eso revivió en mi el deseo, pero como nada es perfecto sus pechos ya no lucian tan firmes, había subido algo de peso y los años también se hacian evidentes en ella. Aun así, seguía exitandome con solo una mirada.

Finalizaba un año y las fiestas eran de días en el barrio, bailabamos y bebiamos  hasta no poder. En una de esas noches, mi sueño se hizo realidad. Stella y yo compartimos horas de baile y yo aprovechaba cada oportunidad para apretarle contra mi y jugar con mis manos. La noche avanzó y caso todos estaban ebrios en la calle. Entonces ella dijo -Antonio, estoy cansada, por favor llevame a mi casa- eran solo unos metros hasta allí y entonces entendí todo. Había llegado el momento.

Entramos a la casa y la besé sin dudarlo, ella lo permitio todo, subí su vestido azul poniendo mis manos en esas hermosas nalgas. Subí la prenda hasta quitarsela del todo, estaba como loco. Su sosten se solto sin esfuerzo y tomé sus pechos a besos deteniendome en sus pezones para jugar con mi lengua saboreando despues de tanta espera. Stella gemia y se notaba que hace mucho no sentía a un hombre, ella intento tocar mi pene pero le di una pequeña bofetada, la llevé al cuarto y la empujé sobre la cama , allí continué devorando esas tetas sin miramientos. Segui bajando a besos lentamente por su abdomen y piernas hasta sus pies para regresar lentamente subiendo hasta sus muslos. Stella temblaba y podía ver como su tanga se mojaba, no soporté más e hice a un lado el borde de su ropa interior, besé lentamente esa deliciosa vagina con mucha delicadeza mientras ella casi lloraba de placer, cuando sentí su cuerpo empezar a ponerse tenso, devoré esos labios complaciendo su clitoris con mi lengua y en un momento de máxima pasión dejo explotar un orgasmo del que bebí cuanto más pude desesperado.

Me quité el pantalón y la camisa, justo cuando estaba por penetrar esa jugosa vagina Stella cambió nuestra posición, ahora ella estaba arriba y su boca empezó a dar placer a mi duro pene, estaba en el paraiso, algunas arcadas me hacian mojar su garganta y tuve que esforzarme para no llenar su boca de leche. Ella subio lentamente, me besó en la boca, tomo mi miembro y dulcemente lo puso en su mojada vagina, empezó a moverse lentamente mientras todo se acomodaba y una vez ubicados me montó con las ganas de quien no tiene sexo durante mucho tiempo, sus gemidos me ponían muy caliente, la tomé del cabello y la tire contra la cama, levante su trasero para ponerla en cuatro, mordí sus nalgas y la penetré en esa posisción con fuerza. Ella dejó escapar algunos gritos y yo me sentí como un animal en celo. Cuando no pude soportar más pensé en sacarlo y venirme sobre ella pero lo notó y empujó sus nalgas con fuerza hacia atras. Los chorros de leche quedaron dentro de ella y mi orgasmo fue inolvidable.

Caimos a la cama vencidos por el sexo y el alcohol, quedé dormido casi de inmediato. Cuando desperté ella ya estaba en pie y traía café, traia puesta su tanga y una camisa grande que le llegaba justo a la línea entre sus nalgas y sus piernas. Recibí la taza y se sentó en la cama. Esas piernas habían motivado tantas veces masturbaciones que no me pude contener. Puse la taza en la mesa de noche, la empujé hacia la cama y ella sonrio maliciosamente, lentamente abrí sus piernas e hice su tanga a un lado, froté un par de veces mi pene sobre su vagina, acomode mi glande entre sus labios y ahí estabamos de nuevo puse sus piernas en mis hombros y le dije – vas a pagar tantos años de espera- ella dijo sí empujó mi cadera con sus manos sacandome de su vagina y puso mi pene justo en la entrada de su ano. Dijo -con cuidado por favor- con una mirada casi infantil. Yo penetré lentamente y aunque hubo un poco de dolor el placer fue mayor. Estuvimos así un rato hasta que de nuevo me sacó, se puso de pie, inclinó su cuerpo apoyando sus manos en la cama y dijo ¡dame!. Yo entré de nuevo por atras y esta vez sin mayor esfuerzo ¡dame duro! -dijo- la tome por el cabello y llene su culo de leche en un momento que jamás olvidaré….

Ahora nos vemos de vez en cuando y aunque es una mujer mayor y yo ya no tengo 20. Follamos como animales.

 

6 Lecturas/18 abril, 2026/0 Comentarios/por Antonio escritor
Etiquetas: hijo, madre, madura, mayor, orgasmo, sexo, vagina, vecina
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