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Fantasías / Parodias, Incestos en Familia, Intercambios / Trios

Accedí a un trío, con mi hombre y la única que confío, mi hija

Nos decimos que no volverá a pasar, pero sé que lo deseamos. Mi hombre me pidió un trío, sabía que tenía que hacer algo para no perderlo, no quería que me dejara por ser aburrida, igual que lo hizo el padre de mi hija, así que accedí, pero con la única que podía confiar, mi hija pequeña de tres años.
Nos decimos que no volverá a pasar, pero sé que lo deseamos.

Mi hombre me pidió un trío, sabía que tenía que hacer algo para no perderlo, no quería que me dejara por ser aburrida, igual que lo hizo el padre de mi hija, así que accedí, pero con la única que podía confiar, mi hija pequeña. Ahora sé que el miedo a que se sepa no dejará que él se vaya de mi lado.

Sólo espero que ella nunca recuerde lo que hicimos, pero sé que nosotros jamás lo olvidaremos.

(Esta historia es absolutamente ficción)

Nunca imaginé que podría hacer algo como esto.

Me siento sucia, culposa… Porque sé que a pesar de todo lo que me digo a mí misma, sí lo disfruté, si me calenté cuando pasó, y sí me calentaba esperar que pasara de nuevo.

Parte de mí se consuela pensando que ella no tiene edad suficiente para recordarlo, pero otra parte teme que no pueda parar hasta que ya sea demasiado tarde y ella lo recuerde todo.

Todo comenzó con mi timidez, nunca fui una mujer segura de mi misma, nunca elegí con quien estar, al contrario, me sentí elegida por ellos. tuve dos novios, el primero, que se convirtió en el padre de mi hija, y el segundo, que se convirtió en la causa de mi angustia.

El padre me mi hija fue el primero que me hizo sentir especial, me miraba como si realmente lo fuera, me hizo pensar que merecía ser mirada, todo fue bueno hasta que mi hija cumplió un año y medio, y él se fue. No sin decir nada, dijo mucho, pero nada que fuera verdad. Sé que se enojaba por cosas pequeñas para no enfrentar lo que sí le enojaba; que se había quedado conmigo, porque quedé embarazada, que odiaba pensar que había desperdiciado su vida. Él siempre tuvo sueños grandes, hasta que se fue tras ellos, y nunca miró atrás.

Me sentí sola otro año y medio, hasta que llegó el segundo. Él me hizo sentir escuchada, acompañada, me hizo volver a reír.

Cuando ya llevábamos medio año de relación, quiso conocer mis fantasías, le hablé de las vendas en los ojos, de las amarras en las muñecas. Hasta ese momento, sólo había leído las fantasías BDSM, nunca pensé tener la confianza para decirlas en voz alta. Él cumplió mis fantasías, superando toda expectativa, nunca había disfrutado tanto el sexo como lo hice con él.

Entonces, cuando ya habíamos establecido ese nivel de confianza, el me hizo saber su fantasía. Quería hacer un trío conmigo y otra mujer, me juró que no tenía ninguna mujer en la mente, que sólo era la teoría de un trío, que siempre le había llamado la atención. En ese momento, afloraron todas mis inseguridades. que otra mujer en medio de nosotros fuera mejor que yo, o que estaba buscando un trío porque yo no era suficiente, que eventualmente se iría, porque yo no era suficiente, o porque era una aburrida que no aceptaba el trío, o porque la otra mujer que llegara al trío terminaría por calentarle más que yo.

En mi desesperada necesidad de no ser abandonada, accedí a un trío, pero le dije: «yo la elegiré, el viernes de fin de mes, estaremos esperándote en la cama, y ahí verás si te atreves».

Él no daba de felicidad, todo el mes me estuvo preguntando quién era, si la conocía, o si la había buscado por internet, sólo contesté con una sonrisa insinuante, aunque por dentro sólo pensaba que llegado el momento, se echaría para atrás, pero otra parte esa pequeña parte, que para mi culpa fue creciendo, quería que sí se atreviera. Que notara que conmigo podía tener lo que deseaba, y más, una experiencia que nadie más le daría, y que sería tan oscuro y secreto, que no le quedaría más alternativa que quedarse conmigo para siempre, porque siendo él el hombre, ningún juez le creería que lo induje a algo como lo que haríamos.

Cuando llegó el viernes de fin de mes, sólo le mandé un mensaje diciendo «estamos listas, esperándote en la cama» sabía que él estaría de camino, quería que la expectativa lo pusiera duro, que llegara excitado como animal, con el miembro erecto y lubricado.

Lo esperé sólo con medias negras, sin liguero y sostenes negros de encaje, sabía que así es como me prefería, y a mi compañera también le puse medias, de la talla más pequeña que encontré, prácticamente eran calcetas largas de encaje negro, sólo llevaba puesto eso, y su larga cabellera castaña ondulada.

Apenas lo escuché abrir la puerta, me puse en posición sobre la cama, abrí las pierdas de mi compañera, acomodé mi cabello hacia atrás, y quedé justo en posición de lamer esa vagina, mientras quedé mirando fijamente la puerta del cuarto.

Cuando lo vi llegar, me quedó mirando,impactado, estaba asustado, pero vi algo más, algo que quizás él mismo nunca se hubiera atrevido a pensar, pero que ahora había descubierto, un deseo que no sabía que existía, y que yo le había presentado.

-Este es el trío que tendrás, ningún otro, con ninguna otra, esto es lo que estoy dispuesta a hacer por ti, esto es lo mucho que te amo- Le dije, mientras fijé mi mirada en la suya, y de la forma más sensual que me fue posible, pasé la lengua por la pequeña y abultada concha de mi hija, sin despegar los ojos de mi hombre.

Su cara era un poema, podía ver cómo se debatía entre gritarme si estaba loca, y probar de lo prohibido, sabiendo que estas oportunidades son de una vez en al vida.

-Lo digo en serio, ven- Le dije estirando mi mano hacia él en invitación- esta es la única posibilidad de un trío que tendrás, y si no lo haces ahora, nunca volveré a ofrecerte esto de nuevo- continué, mientras daba vuelta a mi hija, para que su pequeño trasero quedara al aire, con ese ano rosado abierto.

-Esto es una prueba, verdad, quieres ver qué tipo de hombre soy- Dijo él, dudando, pero intentando mostrar fortaleza.

-Acabo de lamer la vagina de mi hija de tres años frente a ti- le dije- Ahora tienes la ventaja, puedes irte, puedes decir que soy una pervertida y denunciarme, o puedes venir y tomar la oportunidad de tu vida.

Lo vi dudar, y dudar era suficiente

-Descuida, no    harás nada que la dañe, estoy aquí, y sabes que no hay nada que cuide más que a ella, te dejaré disfrutar de ambas. Y no te preocupes, no llegará a recordarlo.

No se acercó, así que me acerqué a él, con mi hija en brazos.

Me arrodillé frente a él, y le quité el cinturón, para después desabotonar el pantalón de su pantalón y bajar el ziper, pude notar que ese bulto, que seguramente venía erecto desde que le mandé ese mensaje hace una hora, no había bajado, seguía duro.

Movi su bóxer hacia abajo, revelando su enorme falo, estaba goteando, esperándome, dejé a mi hija de pié a mi lado, y dejé que ella mirara cómo tomaba ese duro y grueso trozo de carne lubricada, y cómo me lo metía en la boca. Le dí tres profundas e intensas mamadas que me llenaron la boca de su sabor, de esas que lo volvian loco, y me quité su miembro de la boca mientras lo succionaba, para hacer ese sonido porno que tanto le gustaba, y de inmediato, lo miré, con mi cara de absoluto deseo.

-Tu eres mío- Le dije- y yo decido con quién te comparto.

Y acto seguido, acerqué a mi hija y la puse frente a ese mazo de carne.

Al principio le dio miedo o asco, era algo nuevo para ella, pero le mostré cómo hacerlo y que no era desagradable, le hice sonidos de mmmh, qué rico, y ella se acercó con confianza, su pequeña boca apenas podía con el enorme glande de mi hombre… pude oír cómo él gemía. Lo hizo con los ojos cerrados, con la cabeza hacia el techo, se negaba a aceptar el placer que estaba disfrutando.

En este momento, pasas a estar por completo bajo mi control- pensé- jamás vas a dejarme, nunca dejarás que esto se sepa.

le dí tres mamadas más y lo devolví a mi hija, quien instintivamente lo tomó con sus manitas, para poder ser ella quién decidía cuán dentro entraba a su boca. lo bueno es que le gustaba más lo salado que lo dulce.

Me levanté y lo tomé del pelo de la nuca, lo besé como nunca lo había besado, y el respondió con entusiasmo, era el beso más ardiente que nos habíamos dado hasta ese momento.

Acerqué mi boca a su oído y le susurré «llevanos a la cama, ambas somos tuyas esta tarde».

Lo vi dudar una última vez, pero justo entonces, mientras estábamos allí, de pie,mi hija mostró su gusto por lo salado, y le dio una mamada. La cara de placer de mi hombre, mientras miraba hacia abajo fue toda la confirmación que necesité.

Tomé a mi hija en brazos, y la levanté hasta que los tres pudimos mirarnos a los ojos.

-Eso, pero qué buena bebé… dale un beso a mami- Le dije a mi hija, ella estiró sus pequeños labios tiernamente, y le metí mi lengua en su boca, al principio se rió, pero luego estiró la suya, le gustaba.

Me acerqué más y el choque de lenguas se convirtió en un beso apasionado. Poco a poco nos fui llevando a las dos más cerca de él, hasta que las tres bocas estuvieron juntas. Fue mi primer beso de tres.

Pude notar cómo uno de sus brazos se enroscaba en mi cintura, y cómo el otro sujetaba a mi hija del trasero. Él nunca la había tomado por allí, siempre de los costados, y de hecho, evitaba todo contacto que pudiera ser malinterpretado, ahora, por primera vez, podía notar cuánto había deseado poder hacer esto, puede que ni él mismo lo supiera de forma consciente, pero esto es lo que había esperado toda su vida.

Me retiré poco a poco, dejando que él la sujetara por completo, que el beso fuera sólo de ellos, me alejé lo suficiente para verlos, y fue lo más erótico que había visto, me acerqué a él, para que sintiera el calor de mi piel, y tomé su miembro con mi mano derecha para comenzar a masturbarlo, sus gemidos no se hicieron esperar. Y así, sujeto por el pene, mientras sus labios se fundían en un beso con mi hija, lo arrastré hacia la cama, ya no se resistió, no sólo por que lo tiraba de su miembro, sino que avanzó de buena gana, ya estaba entregado, lo que fuera a pasar después no importaba, este era el momento más grandioso de su vida, estaba atrapado en este presente de puro placer.

Le quité a mi hija de los brazos, y pude notar cómo el anhelo se apropiaba de su mirada, le había quitado algo que estaba gozando. Aproveché ese momento de flaqueza y le ordené.

-Arrodillate.

Me obedeció al instante, lo tenía comiendo de mi mano.

De pie frente a él, con mi hija aún en brazos, le dije

-Muéstrame lo que sabes hacer

Y puse mi concha frente a su cara, de inmediato me tomó de las nalgas y me acercó a su boca, me comió completa, con un hambre que nunca había mostrado, lo hizo de una forma tan espectacular que en cinco minutos ya me había dado un orgasmo, que me tensó tanto que le hundí un poco las uñas a la pequeña que tenía en brazos. Me disculpé con ella, y la besé, pero no fue suficiente, la levanté, de forma que sus piernitas quedaran sobre mis hombros.

La sensación de estar siendo comida por mi hombre arrodillado, mientras estaba comiendo la concha de mi bebita fue embriagadora, un temblor recorrió todo mi cuerpo, sentía escalofríos, casi sentí que me fallaban las piernas. Temí que la niña se me fuera a caer, así que la bajé de donde estaba, y pude ver su cara de felicidad, le encantaba como su mami le había comido la concha, llevó sus manitas abajo y se tocó, bruscamente, como sólo podía hacer una niña de su edad, a palmadas abiertas, quería más.

-Quieres más de eso mi bebé- Le pregunté. Y al ver que sonreía decidí bajarla hasta la cama. Al notar que me movía, mi hombre detuvo su acción y me miró expectante.

Deposité a mi bebita en la orilla de la cama, y le abrí las piernas frente a la cara de mi hombre.

-Ella también quiere- Le dije. Y él se acercó sin dudar, ávido de comer esa concita.

Noté cómo mi bebé reía, supuse que así es como sonaba un orgasmo en alguien de su edad, pero luego, conforme mi hombre demostró su talento, ella comenzó a gemir de verdad, sus tiernos gemidos que no se parecían a ningún sonido que hubiera hecho antes, claramente no estaba sufriendo, era la primera vez en su vida que experimentaba esta sensación, la más grande que puede experimentar cualquier mujer.

No quise quedarme parada sin hacer nada, quería ser parte de esto, así que me puse a cuatro patas tras de mi hombre, que estaba arrodillado junto a la cama, y con mis manos, sin ninguna palabra, le indiqué que levantara ese culo y lo pusiera a mi disposición.

Él nunca había insinuado curiosidad por que le lamieran el culo, pero las novelas eróticas que había leído, me habían hecho saber que era algo que todo hombre disfrutaba.

Comencé con una gran lamida, aplanando mi lengua blanda sobre su ano y noté cómo gimió por la nariz, mientras su boca comía la concha de mi hija. Fui masajeándo su ano hasta que logró dilatarse, y entonces, puse mi lengua dura, y lo penetré suavemente.

Con mis manos, recorrí sus muslos suavemente arriba y abajo, hasta que me acerqué a su miembro. Me alegré al notar que seguía como roca, y comencé a masturbárlo mientras lamía su culo y él lamía a mi hija.

Lo sentía tan duro en mi mano, que ya no podía resistirlo, o quería dentro de mí, así que me levanté y avancé hasta que quedé de pié frente a su cabeza. Lo tomé del pelo de la nuca y tiré para que quedara viéndome. bajé hasta que mi rostro quedó frente al suyo, y con la mirada clavada en él, le dije:

-Métemelo-

Él se levantó y me tomó de la cintura, me guió hasta el colchón. Me recosté boca arriba y abrí mis pierdas, esperándolo.

El instante en que si miembro hizo contacto con mi concha fue electrizante, ambos estábamos perfectamente lubricados, se deslizó dentro de mí poco a poco, podía sentir cómo el líquido de ambos se resbalaba hasta mi ano.

Por un momento olvidamos a la pequeña, hasta que sentí sus manitas queriendo subirse a mí. la tomé y la besé, dejé que se subiera a mí, dándole a él la espalda, dejé que jugara con mis tetas, que las chupara, como había querido hacer desde que la desteté.

Noté cómo mi hombre miraba ávido el culo de la pequeña. y le dije.

-Puedes hacer lo que sea, excepto penetrarla.

Me miró agradecido y levantó un brazo de los que sostenían su peso sobre nosotras y comenzó a acariciar    la espalda, las piernas y el culito de mi bebé. Inclinándome sobre la espalda de la niña que tenía encima, pude ver cómo separaba las nalgas de la niña y ponía su miembro allí, como salchicha de hotdog, no la penetraría, agradecí que me hiciera caso, pero una parte de mí, deseaba ver cómo entraba tamaño trozo de carne en ese pequeño culito.

Mi hombre tomó una almohada y la puso bajo mi culo, para elevarlo, y que así pudiera penetrarme en una posición más erguida, no entendí para qué lo hacía, hasta que pude ver que en esa posición, sus dos manos quedaban libres. Vi cómo juntó las    de la niña e intentó hacerse una paja entre las nalgas, pero el culito de mi bebé era demasiado pequeño para eso. así que volvió a penetrarme. En ese momento se me ocurrió una idea, y le dije.

-Junta sus piernas frente a mi concha, que tu pene se deslice entre ellas.

Y así lo hizo. procurando que su miembro rozara con el ano y la vagina de la pequeña niña, mientras ella, seguía chupando mis tetas, dándome un enorme placer.

Cuando noté que estaba apunto de eyacular, me suplicó que diera vuelta a la niña.

-Déjame acabar sobre ambas, por favor, quiero ver la cara de las dos.

La dí vuelta rápido, podía sentir la urgencia en mi hombre. Situé a la niña ligeramente a un costado, para qué él pudiera ver mis tetas.

Nunca lo había visto eyacular tanto, lanzó su semen por sobre el vientre de la niña, sobre mis tetas, en mi rostro y en el de ella. él siempre acababa con los ojos cerrados, pero vi como se forzó a tenerlos abiertos, para mirarnos a ambas, jamás lo había visto con ese nivel de satisfacción. ver su cara, y ver cómo nos salpicaba a ambas de su semen me obligó a llevar mi mano abajo y frotar intensamente mi clítoris, hasta que logré acabar junto con él en una explosión como maravillosa, el orgasmo más largo que he tenido, me descubrí acariciando el cuerpo de mi hija cubierto por el semen de mi hombre mientras me masturbaba, y sentí el irrefrenable deseo de acercarla a mí para lamer ese semen que la cubría, comencé por su cara, pero más que tragármelo, lo arrastré a su boca y la besé, la pequeña había aprendido rápido a dar besos con lengua. Sentí cómo compartíamos el semen de mi hombre, lo froté sobre su lengua mientras me seguía masturbando, no sé cuánto estuve así, pero cuando por fin me alejé miré a ese hombre que había tenido el orgasmo de su vida, su cara ya comenzaba a reflejar la vuelta a la realidad conforme su cuerpo asimilaba la eyaculación.

-Esto se queda entre nosotros- Le dije- Investigué y ella no va a recordar nada. Ven, relájate- Le dije tomándolo del brazo y acercándolo a nosotras- hay cosas que se hacen una vez en la vida, Ella no recordará nada, pero nosotros nunca olvidaremos esta tremenda follada- le dije mientras mi mano bajaba hasta su miembro, y con felicidad noté que volvía a ponerse duro, a pesar de su conciencia.

10 Lecturas/4 de octubre de 2026/0 Comentarios/por Giulianna_
Etiquetas: culito, culo, hija, orgasmo, padre, semen, sexo, vagina
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