Círculo de perversión
A veces, una vida normal se ve envuelta en un círculo de perversión, y ya no hay vuelta atrás, porque todo lo que creías extraordinario, se vuelve normal y tu moral cambia para siempre..
Cuando empezábamos nuestras vacaciones rutinarias de todos los años, nunca imaginé como iba a cambiar mi vida y la de mi familia, como íbamos a descubrir unos llamados “Círculos de perversión”, que piensas que solo existen en las películas.
De pronto, ves como todo a tu alrededor cambia, como lo que veías de una manera, en realidad era de otra, y como te das cuenta de que existen otras vidas paralelas, que aunque no conozcas, hay otra gente que las están viviendo.
Así que en esas vacaciones que nos tomamos mi marido y yo con nuestra hija, habíamos reservado una habitación doble con una cama de matrimonio y otra individual, pero al llegar al hotel, hubo una avería en esa habitación y no pudieron dárnosla, por lo que para compensarnos nos ofrecieron una especie de suite con una cama de matrimonio bastante grande en la que por espacio, no teníamos problema para dormir los tres.
Aunque en principio a mí me molesto un poco porque así perdía intimidad con mi esposo al tener a la niña con nosotros, ellos lo aceptaron sin protestar, porque estaban encantados al ver la habitación tan estupenda y esa cama tan grande, así que no tuve otro remedio que aguantarme, y más todavía cuando mi hija nos dijo que ella dormiría en el medio de los dos.
Esa primera noche, nuestra hija nada más meterse en la cama ya se abrazó a su padre para dormir, pero no le di importancia, porque aunque ya estaba entrando en la adolescencia y su cuerpo se iba formando como mujer, hasta ahora tampoco había visto nada raro entre ellos que me diera motivos para tener celos, aparte de los cariños normales entre padre e hija y por eso no sospechaba nada, pero esa misma noche, entre sueños, me pareció oír como una especie de gemidos de mi hija, y pensé que estaría soñando, porque tampoco les veía moverse ni hacer nada, así que no le di importancia y me volví a quedar dormida.
Cuando me desperté por la mañana, vi salir a mi hija de la cama sin las bragas, para ir al baño, y le pregunté:
—¿Por qué no tienes las bragas puestas?
Y ella un poco nerviosa, me contestó:
—Es que tenía mucho calor y por eso me las quité.
A lo que le contesté, un poco enfadada:
—Claro, si no hubieras dormido tan abrazada a tu padre no hubieras tenido tanto calor.
La cría se puso un poco roja y trató de evitar la conversación.
En la noche siguiente, cuando ya estaba medio dormida, volví a escuchar esos gemidos, pero esta vez, nuestra hija parecía estar con las piernas encima de marido, y yo me preguntaba si estaría sin las bragas otra vez, pero como no quise obsesionarme con eso y no pensar mal, me quedé dormida.
No sé si por el movimiento de la cama, a media noche me desperté y vi como mi hija se movía sobre su padre, aunque tumbada sobre él y tapados con las sábanas. Esto ya me parecía demasiado y tuve que empezar a sospechar porque sus gemidos eran más fuertes, y parecían ser parte de una relación sexual en toda regla, aunque me costaba creer que lo que me había pasado a mí en mi niñez, le estuviera pasando a mi hija también, por lo que en ese momento me vinieron a la cabeza un montón de recuerdos. De repente me veía en la misma situación en la que se vería mi madre en aquellos años y en ese momento tenía las mismas dudas que tendría ella sobre lo que tenía que hacer.
Por un lado, la opción era hacer lo que hizo ella, dejarnos hacer a mi padre y a mí como si no se enterara de nada, y por otro lado, armarle un escándalo a mi marido y a mi hija por estar follando delante de mí sin ningún tipo de respeto, lo que seguramente nos llevaría a una situación insostenible y se rompería la familia, porque él podría reprocharme mi pasado, ya que yo se lo había contado todo, y quizás, mi actitud le estaba animando a repetir él lo mismo con su hija.
Como en ese momento no sabía qué hacer, opté por la pasividad, mientras me daba tiempo a pensar que opción tomar, así que esa noche esperé con una cierta ansiedad, a que mi hija llegara a su orgasmo, lo que noté por su gemido final, más largo y fuerte que los anteriores, y a que mi marido se corriera con ella, deseando que no lo hubiera hecho dentro de su vagina por las consecuencias que podría traernos.
A la noche siguiente, ya muy nerviosa, esperé a que eso volviera a pasar, y cuando así sucedió nuevamente, me volví a hacer la dormida mientras escuchaba esos gemiditos y suspiros cortos de mi hija en sus movimientos acompasados con su padre, que para mi sorpresa acabaron excitándome, por lo que llevé mis dedos a mi coño totalmente empapado, empezando a acariciármelo mientras los oía, y en medio de las sombras veía como se movían cada vez de forma más acelerada.
Yo no podía más y aprovechando que con su movimiento, se había bajado la sábana, pude ver que lo que hacía mi hija era frotarse su vagina con el pene de mi marido, de ahí esos movimientos que tanto la excitaban y ya no pude evitar acercarme a ellos y ponerme a acariciar a mi hija, que se asustó al sentir mi mano y se detuvo en su movimiento, pero yo estaba como poseída entre los recuerdos de mi niñez y lo que estaba sintiendo en ese momento. El beso que le di a mi marido mientras estaba haciendo gozar a nuestra hija creo que disiparon sus dudas sobre mi reacción y le pregunté a ella:
—Cariño, ¿te está gustando lo que haces con tu padre? ¿quieres que te la meta?
—Si, pero no sé si me entrará, mamá. Es muy grande.
—Estás muy mojada, hija, yo te ayudaré.
Agarré el pene de mi marido y poniendo su glande en la entrada de su vagina, le dije a él:
—Aprieta un poco y deja que le vaya entrando.
En esta situación inimaginable para mí, yo misma estaba ayudando a mi marido a desvirgar a nuestra hija, que en cuanto le entró el glande, dio un pequeño grito de dolor mezclado con el intenso gusto que estaba sintiendo, y poco a poco vi como entraba completamente en su coño, entrando y saliendo de él cada vez con más facilidad, haciéndola gozar como gozaba yo a su edad, con gemidos cada vez más fuertes, convertidos en ocasiones en pequeños gritos que podrían oírse en la habitación de al lado, disfrutando de un placer que se convertiría en una droga para ella como lo fue para mí en su momento.
Mi hija, ya más tranquila y liberada de sus miedos, acabó corriéndose, por lo que yo también pedí mi parte, y me puse encima de mi marido, que quizás no se había corrido todavía por la tensión de verse descubierto en algo que no sabía cómo me lo iba a tomar yo, pero al ver mi excitación y la forma enloquecida en que moví sobre él, no aguantó más y acabó corriéndose dentro de mí.
Al sacarla, todavía con restos de semen, mi hija se la metió en la boca con glotonería, chupando la polla de su padre de una forma que me excitaba hasta a mi, verla con ese morbo inigualable que desprendía la situación, así que yo también quise compartir ese manjar y entre las dos le hicimos una felación a mi marido como nunca se la habían hecho, con dos lenguas saboreando su miembro hasta provocarle una nueva corrida en nuestras bocas, repartiéndonos su semen entre mi hija y yo.
Después de aquello, al día siguiente, ya no tuve más remedio que hablar con mi marido de lo que había pasado y sobre cómo íbamos a llevar esta nueva situación, que ya nos parecía irreversible.
A mí, después de ver la felicidad de mi hija por la precoz experiencia tenida, una de las cosas que más me preocupaba era un posible embarazo de ella, y aunque mi marido me dijo que nunca se había corrido dentro de ella, era un peligro constante que siguiera teniendo sexo de esa forma y me dijo que la llevara al ginecólogo para ver cuál sería el mejor contraceptivo para su edad.
Pero después de haber visto lo que había pasado en esa cama en las noches pasadas, esa conversación tenía que ser más larga y sincera por parte de mi marido y mi hija, así que les pregunté:
—¿Desde cuando estáis haciendo esto?
Mi hija se quedó callada, con la cabeza baja, por lo que tuvo que ser mi marido el que me dijera:
—Bueno, verás, hace tiempo que tengo juegos con la niña cuando tú no estás. La he dejado que me tocara la polla y se divirtiera con ella.
—Ya vés que diversión…. Tú también te divertirías mucho, ¿no?
—Bueno, mujer, entiéndelo…. Era una niña que tenía curiosidad, y yo me dejé llevar…. —intentaba justificarse mi marido.
—Claro, dándoos gusto los dos, mientras yo no me enteraba de nada y me estaba poniendo los cuernos en mi propia casa.
—Eso no son cuernos, mujer, si era con tú propia hija:
—Pues peor me lo pones.
—No tendrías que ponerte así, porque tú hiciste lo mismo con tu padre mientras tú madre no lo sabía.
—Ya sabía que me ibas a sacar eso, pero no es justo.
—Perdona, tienes razón, pero ahora nosotros podemos hablarlo y solucionarlo de alguna manera, porque esta noche parecía que no te molestaba tanto.
—Porque estaba muy excitada al veros, pero ¿qué voy a hacer ahora? ¿dejar que sigáis follando mientras yo miro?
—No tiene por qué ser así. A mi me gustaría que tú también participaras, porque a la niña le encantaría también y seríamos todos más felices.
Finalmente esa conversación parece que termino convenciéndome, y tan solo tendría que asimilar la nueva situación familiar, en la que ya tuve que empezar a tomar decisiones, como llevar a mi hija al Ginecólogo, lo que me resultó muy embarazoso a su edad, nunca mejor dicho, pero no tenía otro remedio.
Al llegar a la consulta, ya le indicó que se pusiera en la camilla para empezar a revisarla, mientras yo le exponía mis dudas y preocupaciones, mintiéndole sobre la posibilidad de que ya hubiera empezado a tener relaciones sexuales, pero se me fueron quitando los nervios al observar su comprensión y conocimiento de más casos como este, y me dijo:
—Como sospechabas, tu hija ya no es virgen, pero no te preocupes por eso, porque cada vez me traen a más niñas a la consulta en esa situación. Vienen las madres, un poco asustadas como tú, y aunque lo más conveniente para ellas sería que los chicos usaran el condón, entiendo que a su edad, muchos no los usan, así que mejor le voy a recetar unas pastillas por ser lo más seguro. Dentro de un mes la vuelves a traer, para ver como le van.
—Muchísimas gracias, Doctor, se me quita un peso de encima. Tenía mucha preocupación.
—No tienes que tenerla, tu hija tiene un desarrollo perfecto, y no le veo problema en que ya tenga sexo si es lo que ella desea. En estos tiempos es muy normal y no puedes hacer nada por evitarlo, porque si tienen ganas y curiosidad, lo van a hacer igual. ¿No querrás tenerla caliente en casa, con lo que eso supone?
Esa pregunta me sorprendió un poco, porque parecía una indirecta como si él intuyera lo que pasaba en mi casa, pero dada su experiencia, suponía que habría visto casos de todo tipo, y se lo tomaba con normalidad, por lo que sin saber casi lo que le contestaba, le dije:
—No, claro, mejor que esté más relajada.
—Así es, porque perdona que te lo diga, pero a estas edades, si no tienen un desahogo, empiezan a buscar al padre —me decía, por si no había quedado clara su anterior observación.
Yo me hice la sorprendida, una vez más:
—¡Ah! ¿Síi? Vaya, como están las cosas….. —le dije, mientras me moría de vergüenza.
El caso, es que a la siguiente visita al ginecólogo, me dijo que ya no hacía falta que entrara yo en la consulta, que ya la conocía y que a su edad ya entraban todas solas, porque tenían más intimidad y estaban más tranquilas.
Así que la esperé en la sala de espera a que terminara, donde había otras madres con sus hijas de una edad parecida a la mía, tal como me había dicho él, y al entablar una charla con ellas, vi que todas habíamos pasado una situación parecida con ellas, y que sin darnos cuenta, se nos habían convertido en mujercitas que nos pedían su derecho a disfrutar del sexo como lo hacíamos nosotras, y aunque lógicamente no hablaran abiertamente de la situación particular de cada una, muchas cosas se daban a entender por algunos comentarios.
Durante una charla más íntima con una de las madres, me sorprendió porque estaba con una niña que me pareció demasiado pequeña para llevarla allí, ya que suponía que no le habría llegado el periodo siquiera, le pregunté:
—¿Como traes a la niña? ¿Es que ya tuvo la regla?
En voz baja ,me fue contando su caso:
—No, todavía no, pero mira, desde una vez que nos pilló a su padre y a mí en la cama, ya empezó a tener curiosidad y la dejamos estar con nosotros un poco para que nos viera y así como jugando acabó ella también metida en el medio y ya no hubo manera de sacarla de allí. Quiso hacer lo mismo que hacía yo y como no le había llegado todavía la menstruación, la dejamos hacer, porque no había problema. Pero ya debe estar a punto de que le venga, porque fíjate como le han despuntado los pechos, así que prefiero traerla para evitar males mayores, como me recomendó una amiga, que estaba en mi mismo caso.
—Ya veo que todas estamos parecidas.
—Si hija, aquí vienen encantadas, porque mi hija, cuando viene a la consulta acaba teniendo un orgasmo y todo.
.—¡No me digas….! Pero eso será porque al ser tan sensibles a su edad, con la exploración y los toqueteos del doctor, les vendrán casi sin darse cuenta —le dije.
Pero ella me dijo riéndose:
—Si, si, toqueteos y algo más, que cuando mi hija me contó todo lo que le hizo me quedé con la boca abierta.
—¡Ah! ¿Si? ¿Qué le hizo?
—Pues ya puedes suponerlo, después de comérselo todo, acabó metiéndosela con la disculpa de no sé qué prueba.
—Pero ¿como puede ser?. Ni me lo imaginaba, porque siempre vi al doctor como muy profesional y muy serio para estas cosas…. ¿Y eso se lo hará a todas?
—Claro. A tu hija se lo estará haciendo ahora mismo. ¿Por qué crees que las manda entrar solas?
—Ya me extrañó, pero no pensé que pasara eso. De todas formas, yo llevo viniendo años con él, y nunca se propasó conmigo.
—Porque nosotras somos mayores, y muchas no se van a prestar a esto, aunque ya te digo que algunas si, y que le provocan y todo. Pero yo la traigo aquí porque mi hija está encantada y no quiere ir a otro, y las demás supongo que igual. Tú pregúntale a tu hija cuando salga.
—Sí, le preguntaré.
Luego me dijo, así en confianza:
—¡Oye!, me has parecido encantadora y abierta para estos temas, y te quería comentar una cosa, si me lo permites.
—Sí, claro, dime.
—Era por si estaréis interesados, para que vengas con tu marido y tu hija a una fiesta que tenemos en mi casa el sábado que viene. Van a venir otras familias que nos conocimos aquí en la consulta, y nos lo pasamos muy bien todos juntos, ya puedes suponer de qué forma….
—¿Qué quieres decir? Qué todos son como nosotras, que en sus casas pasa lo mismo.
—Así es, y en la fiesta tenemos oportunidad de compartir esas experiencias y relacionarnos unos con otros. Mira, nosotras tenemos una hija solo, pero van otros que aparte de la niña, tienen más hijos, ya sabes, unos chavalitos muy guapos, que nosotras también tenemos derecho a disfrutar, hija.
—¡Ah!, ¿y nosotras podemos ir con ellos?
—Claro, no van a disfrutar sólo nuestros maridos.
—Pues nunca he tenido esa oportunidad y a mí me gustaría ir. Intentaré convencer a mi marido.
—Ya verás que delicia cuando lo pruebes. Tú cuéntale a tu marido lo que te dije, que seguro que va encantado.
Mi amiga tenía razón. En cuanto se lo dije a mi marido, enseguida aceptó, casi sin creerse que pudiera haber fiestas así, y el sábado nos fuimos con nuestra hija a la dirección indicada por mí amiga.
Era una casa a las afueras bastante grande, con jardín y piscina, y al entrar, enseguida nos mandaron pasar al jardín donde ya había bastante gente, muchos desnudos tomando el sol o bañándose en la piscina, y mi amiga nos fue presentando a los que pudo.
Mi hija me pidió permiso para ir a bañarse y como no había traído el bikini, la dijeron que se bañara desnuda como los demás niños, y aunque al principio le daba un poco de vergüenza, al ver a los demás, se decidió y se metió en el agua mientras nosotros seguíamos hablando con los que nos iban presentando, pero con un ojo puesto en esa piscina llena de los hijos de los invitados, en la que también se iban metiendo algunos adultos para jugar con ellos.
Realmente estaba resultando divertida la fiesta y a mí me llamaba la atención ver a algunos hombres ya totalmente empalmados y los jovencitos también, sin poder disimularlo, eran el centro de atención de las miradas femeninas. También fuera del agua, algunos habían empezado a divertirse por su cuenta y vimos como un señor tenía a una de las niñas con las piernas abiertas chupándole la vagina mientras otra le chupaba la polla a él y no lejos de allí estaba un chico solo, con una cara un poco de asustado y le pregunté:
—¿Qué haces aquí solito?
—Nada, es que es la primera vez que vengo y no conozco a nadie.
—Bueno, pues ahora ya me conoces a mí. ¿Te gusta lo que se ve aquí?
—Si, es muy excitante.
—Ya veo lo que te gusta, porque la tienes muy durita —le dije, mientras alargaba mi mano para agarrársela sin que él pusiera oposición.
En ese momento pasó mi hija por allí y me preguntó:
—Mamá, ¿qué haces con ese niño?
—Estamos conociéndonos, hija. Estaba solo aquí. ¿Quieres ayudarme a sacarle la leche?
—Vale.
Y así entre las dos nos pusimos a masajearle y a moverle su pollita con una mano cada una, haciéndole disfrutar mientras él con sus manos también nos acariciaba, hasta que llegó un momento en el que empezó a correrse llenándonos las manos de su semen. Creo que su madre nos había estado viendo porque se acercó a nosotros, y le dijo a su hijo:
—Vaya, Carlitos, ya veo que has hecho dos buenas amigas.
Y luego, se dirigió a nosotras:
—Gracias por estar con él. Es bastante tímido y estas cosas le cortan mucho.
—De nada, mujer. Ha sido un placer para nosotras, jajaja.
—Si, la verdad es que es una delicia verles correrse con esa cantidad que echan. En casa, o yo o su hermana se lo hacemos casi todos los días.
—Que suerte. Ya podíamos tener nosotras a uno así en casa, ¡eh, hija!.
A lo que contestó:
—Bueno, nosotras ya tenemos a papá.
—Jaja, eso es verdad, pero también hay que dejarle descansar un poco al pobre, que entre las dos acabamos con él —le dije yo, demostrando mis ganas de explorar más nuevas experiencias.
—Claro, en mi casa estamos más repartidos —dijo la señora—. Pero aquí podemos tener lo que queramos, así que hay que aprovechar. Yo me voy a meter en la piscina ahora, a ver lo que hay.
—Yo también voy para allá, que ahora me he quedado con ganas de más —le dije.
Y es que en la piscina estaba la auténtica fiesta, ya que estaba repleta y era una especie de cuarto oscuro de esos clubs de intercambio, donde las manos tocaban todo lo que podían, las bocas besaban y alguno aprovechaba para follarse allí mismo, debajo del agua, a alguna de las niñas que tuviera cerca, mientras las madres se ponían a chupar las pollas de los chicos sentados al borde de la piscina, o no dejaban escapar al que pasaba a su lado sin haberlo masturbado primero, a la vez que parejas o en grupo, entraban en la casa para continuar la fiesta en alguna de las habitaciones ya de una forma más relajada.
Yo no podía desaprovechar esa ocasión y después de estar divirtiéndome un rato en la piscina, otra señora y yo nos llevamos a cuatro chicos a una de las habitaciones de la casa y lo que pasó allí dentro fue lo siempre soñado por cualquier cuarentona necesitada de nuevas y estimulantes experiencias, de forma que pude cumplir todas mis fantasías con esos cuatro chicos que parecían incansables corriéndose una y otra vez en cada uno de nuestros agujeros que les ofrecíamos, sobrándoles todavía para bañarnos las tetas con su semen.
La señora estaría ya cerca de los 70 años, pero muy bien conservada, y con unas tetas que atraían mucho a los más jovencitos, y después de eso, pude hablar con ella más detenidamente, cuando ella me decía:
—Esto es una maravilla. Pensar que a mis años estaría disfrutando de algo así…, nunca me lo hubiera creído.
—¿Es que hace poco que participa en estas fiestas?
—Claro, menos de un año. Antes no sabía ni que existía todo esto.
—¿Y como fue que le dio por participar?
—Cuando mi hijo se casó con su actual mujer, Elena, que estaba divorciada y tenía dos hijos, un niño y una niña. Mi hijo le saca 20 años, pero bueno, si era feliz con ella, no digo nada. Venían a mi casa y querían dormir todos juntos en la misma habitación. A mí me extrañaba todo eso, porque yo tenía otra habitación libre para los niños, pero ellos insistían. La verdad es que Elena era bastante moderna en su forma de pensar y de educar a sus hijos. Era liberal, como se dice ahora. A los críos les bañaba juntos y ella también se metía en la bañera con ellos. Y bueno, yo no decía nada, aunque no estaba acostumbrada a esas cosas…..
—¿Y su hijo no le había comentado nada sobre como era ella?
—No, solo alguna vez que le preguntaba, me decía algo; que hacían nudismo, que en su casa también dormían con los niños en la misma cama. Imagínate como me quedaba yo, jaja…., pero yo no soy de meterme en la vida de los hijos, así que veía y callaba.
—¿Tiene más hijos?
—Sí, otra hija, pero ella no es así, que va…. Además, no se lleva muy bien con su cuñada. Es más conservadora, ya me entiendes….
—Sí, claro. Osea, que le chocaba mucho todo eso.
—Ya ves. Los críos muchas veces andan desnudos por mi casa, como si nada, pero yo veo al niño empalmadito y se me van los ojos, claro. Yo soy viuda desde hace años y no había vuelto a estar con ningún hombre. Creía que eso se había acabado para mí, pero vamos, que un día, mi hijo me dijo que si el niño podía dormir conmigo, porque ellos estaban bastante apretados en la cama, y yo le decía, claro, ya lo supongo, pero no entiendo por qué no queréis usar la otra habitación, y él insistía, que verás, mamá, los niños no están acostumbrados a dormir solos, y bueno, al final acepté y me llevé al niño a dormir conmigo.
—Ya me imagino lo que pasaría después —le dije—, aunque supongo que usted ni pensaría en eso.
—Como lo sabes, jaja. ¿Cómo iba yo a esperarme que el crío, en mitad de la noche empezara a meterme mano?
—Jaja, acabaría calentándola.
—Como una chimenea, hija. Vamos, que el coño me chorreaba como hacía tiempo, cuando era joven.
—Ya veo, jaja. Y ahí descubrió los misterios del mundo liberal, jaja.
—¿Qué si los descubrí….? Me puse a comerle la pollita como una loca, que cosa más rica….., ¡Madre mía! Y él se me puso encima y se comportó como un hombre. Me hizo correrme una vez detrás de otra.
—Y a partir de eso, todas la noches durmiendo con el chaval.
—Yo no me atrevía a pedírselo a mi hijo, pero él me preguntó, ¿Qué tal la noche, mama? ¿Te lo has pasado bien? ¿Por qué me preguntas eso? —le dije. Y él me contestó, porque se te oía desde nuestra habitación.
—Jaja, menuda vergüenza, ¿no?
—Ya ves, yo me quería morir….., le dije que qué iba a pensar Elena de mí, pero él me tranquilizo. Me dijo que no pasaba nada, que era totalmente normal, y que Elena lo entendía perfectamente.
—Bueno, se quedaría más tranquila.
—Sí, claro, pero es que no acabó ahí la cosa.
—¡Ah! ¿no?
—No, que va. También me dejaron a la niña, que era un demonio, y al final también participé con mi nuera y con mi hijo. Imagínate, follando con mi hijo, a mi edad…..
—Vamos, que le gustó…..
—¡Uuufff! Un morbazo increíble, de no creer….. Yo no sabía que me estaba pasando, pero es que aquí donde me ves, soy una persona totalmente distinta a la de hace unos años.
—Más feliz y satisfecha, supongo….
—Pues sí, y con esa sensación de haber desperdiciado mi vida.
—Bueno, mujer, todavía está a tiempo de recuperar esas sensaciones.
—Es lo que intento hacer, en casa, y en estas fiestas a las que me invitan. Esto es la gloria para mí.
Después de hablar con la señora, al salir de allí pude ver a mi marido con una de las que debían de ser de las más jovencitas que había en la fiesta, dándole por detrás y provocando los gemidos de la cría con cada una de sus embestidas. Me quedé mirando con total desinhibición, debido a ese contexto sexual sin límite que se había creado, viendo como la hacía disfrutar y mientras lo hacía, llegó su madre a mi lado, que al verme, me dijo:
—Es la primera vez que la traigo porque la vez anterior solo vine con su hermana mayor, pero no sé que le contaría ella, que me ha estado insistiendo para que la trajera esta vez, y ya ves que no se corta ante nada.
—Desde luego que se la ve con ganas, porque ya la vi antes chupando unas cuantas pollas.
—Es que los hombres cuando ven a alguna así, tan jovencita, que lo disfruta tanto, se vuelven locos. Son su debilidad.
—Es lo que suele pasar cuando tienen hermanas mayores, que se espabilan primero, ya sabes.
En eso se acercó la dueña de la casa, que había organizado esa fiesta, y que nos estaba escuchando:
—Suelen llamarme muchas mamás que tienen varias niñas, para preguntarme si pueden traer a las más pequeñas, que en otras circunstancias no las traerían todavía, pero yo suelo decirles que si ya han empezado a tener experiencias en su casa y que si las ven preparadas para venir aquí, pues ya depende de ellas. Pero el caso es que ninguna quiere perderse la fiesta.
Después de aquello, nuestra situación cambió totalmente, porque empezamos integrarnos plenamente en el mundo liberal, como decía la señora, participando en todas las fiestas a las que nos invitaban y en nuestra casa, la habitación de mi hija se quedó sin uso, porque ella empezó a compartir nuestra cama.
Aunque tuviera que compartir a mi marido con ella, la situación tan morbosa que se creaba y la forma en que disfrutábamos los tres, lo compensaba todo, siendo esos años los más felices de nuestra vida.

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