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Fantasías / Parodias, Incestos en Familia, Voyeur / Exhibicionismo

Corazón Prohibido 9

La vida de Tadeo y Diana cambian, están juntos, y la lujuria crece, aunque los pesares del pasado son difíciles de superar….
Advertencia: este relato es completamente Ficticio, no tiene nada de real y solo está para entretener con una buena de dosis de morbo a todos los lectores que gusten…

9

 

No entendía nada de lo que estaba pasando, pero todo estaba en un ajetreo total, intentaba seguirles el paso, aunque mi cabeza se hallaba confundida, mirando a todas partes, era un desastre, mucha gente se veía corriendo de un lado a otro, personas que ni conocía, pero todas a mi sí, era tan extraño, se veían como si estuvieran esperando resolver un problema, del cual yo ni enterado, en serio ¿Qué estaba sucediendo? O eso pensé cuando me miré en el espejo, era curioso, puesto que sentía algo extraño, no era yo o sí, tenía mis dudas, estaba con un traje puesto, uno muy elegante, negro con un moño, zapatos bien pintados, y un peinado reciente, me había cortado el cabello, pero no terminaba de entender ¿Qué estaba mal? Porque sabía que las cosas fallaban de alguna manera. Estaba disperso en mis ideas, como si me acomodara la ropa, reconociendo mi cara en el espejo, cuando noté que alguien llegaba a mi lado, una mujer que de momento no la reconocí, aunque me dijo con desespero, como si fuera todo un error:

Tad, pero qué haces, en serio, ya quedaste bien, no tienes que ponerte neurótico como tu papá – dijo mi madre, reconociéndola más por su voz, que por otra cosa.

Ah, y ¿Dónde está el viejo ahora? No lo he visto desde la mañana – diría con un tono casi inquieto.

Donde más va a estar, se fue al salón de baile para terminar de arreglar todo lo de la fiesta, porque en serio, no deja de ponerse nervioso, quiere que todo salga perfecto – decía mi madre, aunque yo seguía sin entender por qué las cosas estaban mal, algo fallaba.

En eso llegaba una señora con un teléfono, haciéndole que respondiera mi madre, aunque en ese momento llegaba alguien que no esperaba, se trataba de Paty, quien en ese momento me llamó la atención, pues se veía como una niña de 3 años, apenas caminando con un calzoncito que apenas cubría sus coñito regordete y dejando ver sus tetillas al aire, como si estuviera incitando a hacer travesuras con su cuerpecito.

Ay, mijo, hazte cargo de tus hermanas, que seguro se nos vienen todos los problemas en la fiesta, todo es un desastre, ponle el vestido a Paty y ve a revisar a Diana, que hoy es su gran día, pero tu padre no deja de quejarse por el teléfono – diría mi madre con un tono de hartazgo que no le conocía, pero se me quedó grabado.

Sin dudarlo, me fui a ver primero a la mas peque, quien esperaba que alguien llegara a ayudarle, pero no lo hacía, mi mamá, en su lugar llegaba yo para vestirla, lo cual se me hacía extraño, pero no le di importancia, algo me picaba en las manos cuando la vi, era casi una bebe, pero se notaba linda, con su carita de muñeca sonriente, sus nalguitas redondas, su cabello bien peinadito, aparte que olía a perfume infantil que por momentos me estaba haciendo dudar de mi sentidos, imaginándola con las piernitas abiertas, tallándose la vulvita con sus deditos, y me preguntaba cómo se escucharían sus gemidos, y en mis fantasías le dije que yo le pondría el vestido, que para mi sorpresa, era como de una princesa, de nuevo no le di mucha importancia, puesto que se quedaba en la cama esperando que alguien le ayudara, pero yo me quedaba mirándola, dejándome ver sus tetillas sin crecer, unas puntitas que se me hicieron demasiado deliciosas, me quedé inquieto, no sabía qué hacer, o casi. Antes que me diera cuenta tenía mi cuerpo sobre el de paty, y estaba chupando sus pezoncitos, mis manos acariciaban sus piernitas, separándolas, para ir sobando sus pequeñas nalgas, las cuales cabían en mis manos, disfrutando pues eran tan suaves y redondas, además como era tan pequeña lograba tocar también su vulvita que la sentía tan jugosa, que sin quererlo empezaba a tratar de penetrarla con mi pulgar, logrando que ella se quejara un poco, parecía querer gemir, pero no sabía, me miraba sonrojada sin saber que estaba sucediendo, y respiraba profundamente.

No te preocupes Paty, todo está bien, tu hermano mayor solo te está mimando, es un jueguito especial, ok – le dije sin pensarlo mucho, mientras me hervía la sangre.

Ante eso mi hermanita de solo 3 años se dejaba hacer sin temor ni nada, comenzando a gemir con más calma, mientras yo la besaba o lamia sus tetillas mientras continuaba haciéndole cosas a su pequeña vulva, que se iba humedeciendo, pero lejos de molestarle, sentía como tocaba mi cabeza como si quisiera clavar mi lengua más profundo, en su conchita jugosa, de hecho atrapaba mis mejillas con sus muslos, entre gemidos, miraba su carita respirando fuerte, jadeando, haciendo que se sintiera un placer que no conocía, haciéndome sentir que tenía poder sobre ella, también le pellizcaba las tetillas de forma juguetona, provocándole una risilla picara, era como si se diera cuenta que eso no estaba bien pero lo aceptaba, mientras que yo pensaba en hacerla explotar de un orgasmo, el cual no tardó, en poco tiempo lo logré, sacarle una corrida como si fuera orina, la cual me bebí. Ella suspiro y por poco sentí unas ganas de meterle la verga, me estaba doliendo de solo verla, en la cama, con las piernitas abiertas, toda lubricada por sus propios juguitos sexuales con mi saliva, lo cual me hizo sentir inquieto, tan deseoso de sentir su interior, casi pude sentir su fragancia de mujercita, que antes de darme cuenta estaba sacando mi verga, se la metí en la boquita y ella lo lamia como si fuera una paleta.

Así paty, chúpala bien, que necesito que esté bien resbalosa, te la voy a meter hasta donde pueda – le dije mientras seguía perdido en mi calentura.

Pero fuera de toda lógica mi pequeña hermanita parecía entender mis planes y con su lengüita lamia mi verga con sumo cuidado, logrando sacarme algunos quejidos que apenas pude contener, si bien que quería clavarla contra mi barra de carne, hacerla sentir todo lo que cargaba, llenarle la boca de mi leche, pero no era posible, deseaba guardar todo para mi hermanita, Diana, o eso estaba pensando, cuando casi por inercia la acomodé y le quité el calzoncito, dejándola desnudita para quedar lista, abierta de piernitas, su pequeño coño a la vista, o eso pensé, estaba lista para romperle el virgo, cuando alguien entró. Se trataba de mi mamá, quien seguía con el teléfono en mano, peleando con mi papá por los tiempos, ni cuenta me di que estaba cerca, carajo, estaba sentía que me moría, cuando ella me dijo con todo el cariño del mundo, apenas colgando.

Perfecto mijo, yo la peino, que tu padre nos quiere en la capilla en breve – o eso diría sin que yo pudiera entender nada.
Qué suerte, todo estuvo en mi mente, no le hice nada a Paty, como antes con Diana hice lo que tenía que hacer de manera automática, mientras mi mente estaba pensando en hacer toda clase de tonterías con mi pequeña hermana, quien me veía con una sonrisa picara, como si me dijera: sé lo que estabas pensando, y no me importa; pero eso realmente quedaba de lado, así que me fui algo tranquilo, mientras mi mamá iba a peinarla, y me repitió:

Ve con Diana, seguro está hecha un lio, así que fui, no entendía que pasaba, era como si algo fallara con mi cerebro, mas no me importó, seguía en lo mío, aparte que al llegar al cuarto de mi hermanita, esta se abrió sin problemas dejándome ver una escena que me encantó, pues se estaba acomodando un liguero que se veía demasiado sexy, usaba tacones blancos, medias, y un juego de lencería que hubiera matado a un puritano, sus pechos apenas eran contenidos por el sujetador y la tanga era devorada por las nalgas, además se notaba que se depilo la pubis, dejando su coño suave, era todo un monumento al deseo, en verdad se veía tan sexy, que me hizo acercarme con un gesto de imbécil, que ella notó.

Te gusta verdad, lo conseguí para ti – me decía con una voz coqueta mi linda Diana.

En serio que te vez preciosa, pareces un ángel – le dije con un tonito enamorado.

Qué bien, cuando acabe la fiesta, quiero que me quites el vestido y lo disfrutes – me dijo mientras se mordía el labio de manera coqueta.

Te la voy a clavar como no tienes idea, estas demasiado linda – diría con un tono que dejaba ver cuánto tenía ganas de hacerle cosas.

Tu lechita es toda mía, no quieres darme un poco – me decía con un poco e complicidad, y no pude evitarlo, la bese con pasión, y empezaba a acariciarla con desespero.

Antes que me diera cuenta estábamos sobre su cama, sobaba cada parte de su cuerpo, ya no era tan infantil como cuando tenía 12 años, había crecido, pero no mucho, mas sus tetas que tenían unos pezones que sobresalían de la fina seda del sostén, haciéndola ver más deseable, sus labios se aferraban a los míos, mientras mis manos se iban paseando por sus piernas, llegando a sus muslos, y finalmente para tocar su coño que estaba tan húmedo, dejándome sentir como escurrían sus mieles, que aparte iban con gemidos.

Mm, quiero un vestido parecido cuando nos casemos – diría mi Dianita con un tono apasionado.

Eso será en su momento, tendrás que esperar, sigues estando chica – le dije entre besos, pasando de sus labios a su cuello, mientras acariciaba sus tetas enormes, que parecían reaccionar a mis dedos, haciéndole gemir levemente.

Pero podemos jugar con eso ahorita, y mi vestido de quinceañera ¿no? Ah – decía y su última palabra casi era como un gemido que me encantó.

Antes que me diera cuenta estaba sobre mi linda Diana, besándola con pasión, lamiendo sus enormes pechos que casi saltaron de su sostén, o sobando su delicioso coño empapando su tanga y mis dedos, hasta que hice la prenda de lado, sintiendo su coño que estaba escurriendo, ella gemía poco, pues nuestras bocas estaban aferradas una a la otra en una lucha de nuestras lenguas, intentando llegar más profundo, y la verdad tenía una erección que me dolía, tanto como para buscar su entrada, aunque ella la sintió, haciendo que gimiera levemente, lo cual era delicioso, me moría de ganas por ensartarla con ese conjunto blanco. En verdad siempre quizá tenerla así, con una lencería rica, la había estado cogiendo desde los 12, pero jamás con algo tan excitante, si bien que recordaba haberla cogido con su traje de baño, hacerle el amor con su uniforme escolar, el de primaria, luego de segundaria, que eran parecidos, siempre le estaba mamando sus enormes tetas, me sabían a gloria, solía hacer sonidos deliciosos mientras se sobaba el precioso culo, recuerdo como le hice el amor con un traje de brujita, acomodando sus piernas con medias rayadas y taconcitos, en mis hombros, pero también cuando le hicieron prueba de porrista, que le prestaron un uniforme, se veía exquisita, y no pude evitarlo. Recuerdo que todas esas veces mis papás le tomaron fotos, pero yo aproveché para clavársela cuando ellos fueron por unas cosas de Paty o lo que hiciera falta, pero en su ultimo halloween de niña, con su disfraz la llevé a la sala y ella se sentó sobre mi verga, pues solo trajo ese vestido para hacer una travesura, y claro que me encanto, para la fecha sus piernas estaban más gruesas, en especial sus nalgas, las cuales comenzaba a sobar con mucho cariño, estaba siempre con mis dedos sintiendo esas masas de carne, mientras besaba aquellos pechos enormes, o sus labios, antes de clavársela con todas mis fuerzas, a veces en la cama, suya o mía, o también en el baño, donde solo la espuma cubría nuestros cuerpos, dejándome sentir mejor su desnudes con una suavidad que nos calentaba a ambos, y por una especie de morbo, notaba que ella se afeitaba su coño, como para que yo lo sintiera mejor, o igual que ella gozara mas.

Estaba por penetrarla, ella me aceptaba con gusto, mi verga rosaba su interior con un cuidado único, y sin pensarlo mucho se la dejé meter, era un placer, porque su coño estaba hecho a mi medida, después de tantos encuentros la sentía mía, ella pujaba un poco, pues seguía siendo estrecha, y yo no dejaba de bombear, no recordaba que era lo que tenía que hacer, pero lo estaba gozando, ella gemía entre besos de lengua que llegaban tan profundo entre nosotros, realmente no podíamos parar, quería ver como otras tantas veces a mi hermanita con su coño escurriendo mi leche, haciéndola sentir satisfecha, pero eso no podría pasar. De repente unos golpecitos en la puerta sonaron, era mi madre, quien había terminado de ayudar a Paty, y venía con nosotros, tuvimos que levantarnos, hicimos un pequeño escándalo, pero lográbamos arreglar algo cuando ella entró de todas formas, casi salvándonos de un regaño.

Ah, no puede ser, otra vez te atoraste – dijo mi madre al ver que no podía entrar en el vestido.
Mm, no es por gusto – acertaba a decir mi Diana.

Bueno, y pensé que no habría problema si mandaba a, oh, entiendo – diría al ver mejor la situación, casi disculpándose.
Vez el problema – dije con un tono casi de súplica.

Está bien, mija solo aguanta poquito, Tad, tienes permiso, pero solo esta vez y nada de decirle a su padre – diría con desespero y resignación.

Casi parecía una especie de fortuna, pues le toque mejor las tetas a Diana, frente a mi madre, para acomodarle el vestido, pues que grandes las tenía, eran como un par de montañas, melones maduros, nadie en la escuela estaba tan rica, ya le conocía a algunas amigas, pero ninguna era tan sexy, y no le faltaban los babosos que quisieran acercarse, aunque no le gustaba que ni la vieran a los ojos, sino a la curva que formaba su pecho, que no los culpo, son años con ella que evitaban que yo cayera en lo mismo, eso y que cada que podía se las mamaba como recién nacido hambriento. Me tomé un poco mi tiempo, pero llegué a acomodarle mejor el vestido, siendo una verdadera delicia a mi gusto, en verdad, no sabía cómo dejar de gozarlo, de hecho me dolía mi verga mientras mis manos acariciaban esos pezones, pero debía hacerlo, bueno, por suerte mi mamá me regresó a la realidad para que fuera a cuidar de Paty, quien ya estaba lista, pero no quería que se ensuciara o algo, seguía siendo muy pequeña.

Yo me retiré del cuarto, dejando a mi hermana sola, quien me dedicaría una de esas miradas que tanto me gustaban, como diciéndome que aguantara, lo cual me dejaba con la sangre hirviendo, pues luego me desquitaría, en especial quitándole ese delicioso vestido que se veía tan deliciosamente sexy, que quería verlo resbalar dejando sus pechos enormes caer, para dejarme disfrutar de su cuerpo, en serio, me encantaba la idea. De hecho al estar bajando, me quedaba pensando, que dirían mis padres si supieran que su hijita no era una señorita como creerían, que cuando ellos salían y tenía mi tiempo, hacíamos el amor con tantas ganas, aunque ya había tenido que usar condón para no dejarla embarazada, a pesar de eso ella soñaba con que tuviéramos hijos juntos, lo cual sabía que era peligroso por ser hermanos, pero no me terminaba de importar, quería seguir gozando de ella, después de todo, no existía mujer para mi fuera de ella, y conocí a otras, pero no eran nada, ni siquiera la Amanda, después de esa traición seguía con el descaro de decir que era mi novia, maldita puta.

Sin darme cuenta me ubiqué al lado de mi pequeña hermana, Patricia, quien era toda una muñequita preciosa, con su vestido de princesa, o eso le decían todos los que la miraban cuando salía con mis padres, no se puso los zapatos, pero llevaba medias, dándole un aire tan delicado, que me encantaba, casi podría apostar que si el maldito viejo (el abuelo) siguiera por aquí, seguro que ya estaría viendo como meterle mano, si bien que ese desgraciado solo buscaba de quien aprovecharse. Llegué al lado de mi hermanita para ver las caricaturas, pero ella al verme se sentó sobre mí, y no pude evitarlo, la abrace con cuidado, pero mis manos fueron bajando, mientras intentaba alcanzar sus piernas, quería tocar lo que no debía, pero el largo de la falda no me dejaba, aparte que le miraba, estaba usando unas mallitas, o serian medias, me daban tentación de subirle el vestido para averiguarlo, igual y hacerla sentir mujercita, algo dentro de mí se estaba perdiendo, quedando fuera de control, quizás estaba cruzando una línea que no, pero no me podía contener, y ella me miraba como diciéndome que estaba bien todo. Y al sentir su culito no pude dejar de gozar un poco, su peso sobre mi cuerpo era lo necesario, mi verga se puso tiesa, comenzaba a apuntar con mi verga su culito precioso, queriendo imitar una penetración, hacerle sentir un poco de mi virilidad, y a ella le hacía cosquillas.

No pude dejar de fantasear, pensando en patricia sacándose e vestido, para dejarme ver una mallas finas, un calzoncito coqueto, uno rosa finito que marcaba su delicada forma, la de su coñito que empezaba a sobar con un dedo, sacándole unas cuantas risillas, las cuales eran tan sonoras que me daban una picazón en mis dedos, sentía hervir mi sangre, quería darle algo más de mi cariño, y como si fuera parte de una novela erótica, la besaba para sobarle su culito, le rasgaba las medias y arrancaba la tanga, para dejarla a mi gusto, abría sus piernas y rozaba mi punta contra su cuevita, haciéndole sentir mujercita, antes de clavarla. Siendo una sensación increíble como mi verga penetraba su delicada forma, tan caliente y jugosa, su coñito se abría gracias a mi carne, que aprisionaba, haciéndome bufar, mientras me preparaba para darle con todo, sangraba, pero ella se quedaba casi callada, como si estuviera aguantando, pero también disfrutandolo, de hecho antes de que me diera cuenta comenzaba a bombearla, haciéndole sentir mi sangre hirviendo, mientras preparaba para hacerle sentir como mía, o eso hasta que escuché:

Gracias por cuidarla, ahora vámonos, mejor tu conduce, porque yo no funciono bien en estos momentos, y debo cuidar que tu hermana no se desarregle – era mi mamá sacándome de mis fantasías, mientras miraba como paty me seguía sonriendo picara sobre mi regazo, como si me dijera: sé lo que estas pensando.

No sé cómo pude mantenerme concentrado, pero seguí adelante, manejé con mucho cuidado para que Dianita no se desarreglara, y llegamos a buen tiempo, aunque en medio de eso la pequeña paty estuvo jugando con su vestido, dejándome ver más de sus piernitas o con el escote, moviéndolo por el calor, permitiéndome ver sus pezones infantiles, lo que fastidio un poco a mamá, aunque yo empezaba a sentir un calorcito especial, además que me dio ganas de chupárselas, mas no lo hice, en especial al ver como estaba mi hermana, quien no podía hacer mucho con nuestra madre a un lado, pero se notaba que estaba pensando en alguna travesura, la cual tendría que esperar. Realmente se veía divina, ese vestido apenas contenía sus enormes tetas, y su cabello con una tiara, aparte de las medias, se veía como si fuera una novia, con su cabello bien arreglado, además que olía a un perfume que solo le recordaba a mi madre, pero me resultaba tan seductor, como si me invitara a la pasión, seguro que sus chambelanes querrían lo que yo de ella. Llegamos para ver como todo estaba arreglado, se hizo una ceremonia en medio de un parque privado, dejando que varios amigos de mi papá se pudieran pavonear, era molesto ver como muchos de los chicos ahí estaban como buitres moviéndose de un lado a otro mirando a Dianita como si fuera el premio de algo, pero así sucedería, de hecho escuchaba con cuidado, oyendo a algunos decir.

Como esta rica la hija del viejo ese – yo voy a ver cómo le rompo el coño – es difícil, casi no la dejan salir – aparte el hermano es bien celoso – pues mírala, bien vale la pena el esfuerzo – pues eso sí, esta súper rica la tipa, me dan ganas de encajársela hasta el fondo – ni que lo digas, es toda una ricura, lo que le haría en 5 minutos…

Pese a sus trajes finos, eran como un grupo de salvajes, por suerte ella apenas bailó un poco con cualquiera de esos tipos, incluso algunos ganaron regaños por agarrar donde no debían, se notaba que solo la querían manosear, lo que le estaba molestando, se iba cansada, se sentaba fuera de las miras de otros, como si no aguantara, y es que tenía razón, por suerte ella me era muy fiel, y en varias ocasiones bailamos juntos, me sonreía coqueta, como si quisiera decirme cosas, pero eso tendría que esperar, estábamos jugando al papel de la buena familia, hermanos. Por desgracia también Amanda estaba ahí, como su padre era inversionista de la empresa donde el mio, iba por todas partes molestándome como si fuera su novio, lo cual era imposible, me daba asco ver como era de empalagosa, creía que había olvidado su traición, que tonta, aunque seguía igual de rica, y se vistió de manera que calentaba mucho, si su escote enseñaba buena parte de las tetas, además que se le veían las piernas bien torneadas, en serio llamaba la atención, aunque no de buena manera, la estaban llamaban puta, y la desgraciada les daba alas a todos, se nota que le encantaba la atención de los imbéciles, pero yo no estaba para esas estupideces. En medio de eso me pareció ver al viejo, al abuelo, mas no supe si fue verdad, ese maldito estaba fuera de todas las fiestas por obvias razones, nadie lo iba a perdonar, aunque al moverme entre piezas me pareció verlo, haciendo de las suyas, no sé porque, pero estaba en el baño, orinando tanto como podía, sentía mis bolas cargadas de leche, quería que la fiesta se volviera borrachera, para poder hacer algo con mi Dianita, lo cual parecía alargarse por la cantidad de babosos sobre ella, cuando pude escuchar al lado del retrete.

Así pequeña, chúpala, está bien rica, y te dará leche para que te pongas grande y linda como tu hermana mayor – se escuchaba al viejo asqueroso, parecía que estaba engañando a alguien más para hacerle cosas, y para no alertar, traté de fijarme por donde pudiera, notando un espacio entre las láminas de los cubículos.

No podía creerlo, pero era como si Patricia hubiera sido agarrada por ese viejo, y la estuvieran obligando a chupar verga, un pedazo de carne flácido, que le llegaba hasta la garganta, lo cual me enojó bastante, casi podía verla lamer ese miembro flácido, hasta casi ahogarse, intentando sacarle la leche, no podía creerlo, hasta que súbitamente, me terminé de arreglar, y fui a detenerlo, pero al salir, no había nadie, estaba solo y bastante desconcertado, pregunté a un borracho que llegaba, pero él no vio a nadie, y quise revisar, pero todo estaba tranquilo ahí, quizás lo estaba soñando. Regresé a la fiesta, era más tarde de lo esperado, Paty seguía en los brazos de mi mamá, le dije lo que creí ver, lo cual le molestó, por segundos pensé que me iba a regañar, por suerte me diría: mira, mejor ve por tu hermana, aléjale a los galanes, que se nota a punto de estallar, por Dios, que algunos son más grandes que tu; esa era buena señal, y no dudé en irme a verla, y que cosas, un par estaba borracho, tendrían como 20 años, y querían golpearme, como si fuera el del problema. Por suerte Diana no perdió tiempo se me aferró como diciéndome que llegaba a tiempo, y me pidió que le ayudara con algo “familiar” por lo que nos retiramos, aunque un par de tarados estaba siguiéndonos, por lo que tuve que correrlo, nos alejamos tanto como pudimos, esperando tener privacidad.

Te gusta cómo me veo – finalmente me dijo modelando su traje con toda la libertad, incluso su peinado, que se veía preciosa.

Pareces una novia, mi novia, hermosa – le decía con un gusto que no me pude contener, acercándome para besarla y sentir su cuerpo.

Estábamos en un pequeño rincón de ese parque, fuera de las cámaras de vigilancia o cualquier curioso, quería respirar aire, eso le dijo a mamá, pero lo que deseaba es que le diera la verga que tanto adoraba, así que le fui quitando su vestido, lentamente, disfrutando de todo lo que tenía a mi alcance, pues su cuerpo me parecía demasiado hermoso, tan bello, que me dolía mi verga dentro del pantalón, ya quería entrar en su cuerpo ,que seguro estaba caliente, ansioso por tenerme dentro, si podía olerla. Pronto quedaron sus pezones expuestos, mis manos no perdían tiempo en sentirla por completo, y no pude evitar mamarlos como su fueran lo más delicioso del mundo, las dejaba escurriendo baba, ella lo disfrutaba, sobándome la nuca, mientras gemía levemente, y me decía con un gusto que conocía demasiado bien:

Mm, Tad, como me gusta cuando me las mamas, se siente tan rico – decía mientras me acariciaba con ternura, cerrando los ojos por el placer desatado, pero yo estaba caliente, no solo tocando con la lengua sus pechos.

No le respondí con palabras, mis manos ansiosas fueron bajando su vestido, sintiendo su cintura, en una mezcla de sudor con perfume delicioso, lamia, chupaba y mordía levemente esas masas de carne, lograba que le temblaran las piernas, casi podía sentir su cuerpo sacudiéndose, y su aroma se volvía mas deseable, pero eso no fue todo, en su momento pude sentir sus muslos siendo desvestidos por mis manos, para sentir en segundos su piel, apenas cubierta por unas medias, liguero y tanga, y esta última se perdía en sus muslos de manera irresistible. Me alejé un instante, quería verla mejor, Dianita a sus 15 años era espectacular, con un cuerpo adolecente, de grandes pechos, carita hermosa, y cuerpo de infarto con su cinturita, piernas muy bien formadas, además con medias y tacones, pero con las tetas al aire apenas cubiertas por mi saliva, y aparte me sonreía queriendo mas, se mordía el labio invitándome a besarla, era una delicia, una imagen tan erótica, que estaba por correrme en ese preciso momento, pero debía aguantar, necesitaba depositar toda mi carga en su interior.

Te gusto Tad – me llamaba por mi nombre cuando estábamos solos, muestra de que no me veía como su hermano sino como su hombre.

Te adoro, Diana, eres la chica más bonita del mundo – le dije con deseo, ganas de encajársela hasta el fondo, y ella lo sabía.
Porque vi a Amanda muy pegadita a ti, aparte de otras chicas, como haces ejercicio en el gimnasio, te has puesto muy bien – diría con un tonito casi celoso, que me encantaba.

Bueno, Amanda sigue estando muy sexy, tiene buen cuerpo, y es bien puta, si quiero se abre de piernas y se deja meter todo dentro, aparte que tuve que invitar a Miriam, una amiguita del gimnasio, o a Camelia, una compañera de la carrera, quien es bien puta, también está ansiosa porque le de carne – me burlé un poco, encelándola.

Bien, por eso invitaron a Kevin, Arthur, Oziel, también está Jaime, ese esta rendido a mis pies, quizás deba – estaba jugando, pero no pude aguantar sus palabras.

Antes que me diera cuenta, jalé a Diana para besarla en los labios, sujetándole de los muslos, casi encajando mis dedos en sus glúteos, logrando someterla a mis gusto, estaba enloquecido, aparte que ella misma se sentía tan suave, caliente, su aroma era mezcla de perfume con deseo, incluso notaria una mancha en su zona intima, y antes que me diera cuenta nuestras lenguas jugaban, aunque sus manos iban sacando mi camisa, para tocar mis músculos, y clavar sus pezones en él, a pesar de no ser muy alta, quizás un poco bajita, así que la levante un poco con mi mano, para sentir mejor su coñito jugoso, y afeitado, y ella me abrazó con sus piernas. Nos quedamos en ese juego por unos instantes, sobándonos con desespero, no podíamos contenernos, nada era suficiente, menos cuando la sangre nos hervía, luego nos separamos, a pesar de lo oscuro, nos miramos directamente, como si quisiéramos entenderlo, realmente seguía siendo una relación prohibida, pero eso lo hacía más excitante, ella era dominada por ese olor a sexo deseoso, me encantaba, su cara dejaba ver lo que quería.
Solo es un juego, no buscas a nadie más – dijo con dudas Diana, mirándome con miedo.

Si no hacemos estos juegos, luego nos descubren – le dije con toda calma, comenzando a besar su cuello, rosando su oreja.
Nos volvimos a besar, tiernamente, pero sentía como su piel rosaba con la mía, calentándome tanto que me quemaba la sangre, sus pezones sobre mis pectorales, sus piernas sombre mis caderas, ella hizo una maniobra, con una mano se aferraba a mí, pero con la otra bajaba para alcanzar mi bragueta, sobándome la erección.

Estabas esperando por esto – me decía coqueta, sonriéndome, mientras sacaba mi miembro con una facilidad propia de las veces que lo había hecho.

No pude evitarlo, tampoco quería hacerlo, la estaba cargando de sus muslos, preparándome para hacerlo de pie, por eso entrenaba, sentí como ella misma se acomodaba mi verga en su coño, pujando un poco, mientras sentía que iba a estallar, y era demasiado delicioso, quería darle con todo, pero me distraería con sus tetas, su gesto de placer, además que sus piernas eran la gloria al sentirlas con esas medias, aunque eso me duró poco, cuando finalmente sentí que estaba entrando en ella, y no lo dude. Mientras nos mirábamos, dándonos besos apasionados, empecé a embestirla, estaba fuerte la sostenía de manera impecable, intentando mantenerme firme, disfrutando de ese contacto que me volvía loco, ella se aferraba a mí, encajaba sus uñas y no quería estallar antes de tiempo, pues verla con esas prendas me tenía tan caliente, demasiado, intentaba darle lento, mi cuerpo quería romperla con mi verga, ella gemía levemente, y no tardé en ganar un ritmo, el cual le gusto tanto que me dijo entre besos.

Mm, Tad, qué rico, esto es lo que tanto quería, mm – me decía de manera seductora mi Dianita.
Eso es lo que te mereces y mas, me aguanté todos estos días para llenarte la concha – le dije con un tonito galante, que ella tomó de manera ardiente, se mordía el labio, en serio le encantaba sentirse atrapada con esa verga dentro.
Mm, sí, esto lo quería, mm, desde que te vi al entrenar, mm, lo quería, mm – me dijo mientras se apretaba a mi cuerpo sintiendo cómo la penetraba.

¿Qué quería mi preciosa Di? Mm – le decía mientras intentaba llegar más profundo de ella.

Ay, Tad, quería que me cogieras estando de pie, mm, he visto porno con algunos tipos fuertes, mm, y quería saber que se siente, mm – dijo con un tonito que se perdía en sus gemidos.

Jajajaa, le había cumplido una fantasía a mi linda diana, no lo sabía, pero eso se notaba, tenerla de frente con ese gesto, era una delicia por lo que le fui embistiendo, rozando tanto su interior como me era posible, sacándole gemidos que resonaban en mi oído , tratando de llegar lo más profundo de su ser, y ella lo notaba, quería que gozara como lo más preciado de mi vida, e iba lográndolo, hacerla sentir un placer tan intenso que le hacía morderme para no gemir más fuerte, mientras yo igual lo estaba gozando, haciéndola sentir una oleada de calor tan intensa que se estaba corriendo en breve, chorreaba sus mieles de pasión, dándome el gusto de mi vida, parecía que estaba en un orgasmo eterno, si bien que gemía como una golfa barata, y sus movimientos vaginales me hicieron correrme dentro, tanto como para inundar su concha de manera impecable, siendo la primera. Ella miró con ternura, me besó, diciéndome que seguía con ganas de mas, eso me encantaba, no perdía dureza, su cuerpo me controlaba con una calentura permanente, ella me gustaba demasiado, en especial al sentir sus pezones contra mi cuerpo, lo cual me hizo encender como una animal, pero necesitaba cambiar de posición, o al menos sentarme para poder sobar todo su cuerpo, o al menos eso pretendía.

MALDITO BASTARDO, QUE LE HACES – escucharía a mis espaldas antes de que me dieran un golpe duro en la cabeza, siendo mi padre, nos habían descubierto…

De repente desperté, maldición, todo había sido un sueño o algo así, la noche anterior estuve viendo algunos de los álbumes de fotos viejas, las fiestas que me perdí, todo a lo que fui excluido por mis padres, sintiendo un pesar, igual que Diana, quien me miraba con pena, como si algo se desgarrara por dentro, era obvio, ambos queríamos estar juntos, nos besamos un poco, y nuestras niñas nos vieron con curiosidad, además que paty se me quedaba mirando, supongo con lastima, aunque sus ojos eran intensos. Al despertar, todavía era temprano y estaba muy caliente, seguía con la imagen de Dianita con ese vestido, pero a mi lado estaba convertida en adulta, por lo que no pude contenerme, apunté mi verga a su ano, y se la fui metiendo, como disfrutaba esas masas de carne tan suaves y redondas, quería darme un gusto, lentamente se fue abriendo, se quejó un poco, le estaría dando con suavidad, mientras sentía como entraba y salía, ella se quejó con ligeros pujidos, y la abracé, sintiendo esos pechos tan grandes y redondos, logrando disfrutar de esas masas, que deseaba lamer, pero se quedaban atrapadas entre mis manos, así iba con firmeza, dándole tan duro como podía, lo estaba disfrutando tanto, cuando finalmente me terminé corriendo, momento en que me dijo:

Sabía que te pondrías caliente, pero dime que puedes darme más – me dijo con un tonito coqueto, con que dejarme ver eso, era para calentarme.

Claro, tu siempre me pones caliente – le aseguré, sintiendo que no perdía la erección del todo.
Seguí en mi posición, aunque lentamente le fui pasando la verga por el ano, sintiendo con calor de su piel, aparte que se estaba corriendo por lo inesperadamente sexy de la situación, no pude contenerme, en segundos estaba como siempre, caliente, solo por estar con ella, mi Diana, que sin resistirse empecé a volver a penetrar su ano, haciendo un juego bastante sensual, tocaba sus tetas, tan grandes y suaves, estaba haciéndole el amor como deseaba, y yo no podía contenerme. Bombeaba con fuerza, agitando su cuerpo, llegó el punto en que agarré su pierna, y la alcé, como tenía un espejo cerca, la imagen era perfecta, ambos podíamos ver cómo le abría el culo mientras su coño escurría mieles, que volvían el lugar más sensual, estaba como loco dándole tan duro como podía, y ella me dijo.

Mm, cariño, esto me gusta, pero si te vas a correr hazlo dentro, te quiero dentro, mm – eso me encanta de mi mujer, quería mas, pero sin dejarme de dar gusto.

Justo cuando me iba a correr comenzaba a dar con más fuerza, mis manos iban sobando cada centímetro, en especial esas enormes tetas, mientras ella se mordía el labio para no gemir más fuerte, iba a llegar al clímax, pero yo necesitaba más, después de ese sueño, así que me desmonte, casi sentí como si se abriera una botella con corcho, lo cual me emocionó tanto que así como estábamos, la penetre en el coño, sin dejar de embestirla, pues prácticamente escurrió, y ella pujo, aunque antes de seguir, añadió coqueta:

Espera, así no – antes que me diera cuenta quedé acostado ella se sentó dándome la espalda, para clavarse mejor, solo dejándome ver su precioso culo.

Era una locura total, su ritmo era una locura, casi sentía que me aplastaba con sus nalgas, me estaba encantando esta situación, se la clavaba con todas mis fuerzas, ella ponía su peso para darme ese gusto, y pese a lo oscuro, aunque iba aclarando, podía ver sus enormes pechos a los costados de su cuerpo, moverse con cada empuje, y seguía ocultando sus gemidos, pues hubieran resonado por todo el cuarto, apenas podía sujetarla de las caderas para controlar un poco la situación, lo estaba gozando, en especial cuando comenzaba a decir:

Mm, cariño, que rico se siente, Jaime nunca se sintió así, mm, te amo mucho, mm, dame con más fuerza, mm, lo necesitaba, mm, lléname toda, mm, esto es tan bueno, mm – estaba diciéndome entre gemidos de pasión que me dejaba hirviendo por dentro.

No me contenían, no podía hablar, solo existía ese coño, el placer y yo dándole dura verga que chocaba contra su útero, así que la jalé para tocarla, a pesar de la posición, acostada sobre mí, iba disfrutando de ese cuerpo delicioso, haciendo toda clase de caricias, dese su ombligo, hasta sus muslos o pechos, los cuales quería morder, pero no los alcanzaba, estaba frenético, dándole en el interior, ella se dejaba hacer, así lo hice, me corrí como siempre, llenándole el coño.

Era una situación increíble, después de tantos años, podía cogerme con toda libertad a Diana, no en secreto, sino como mi mujer era lo que más deseaba hacer, y nadie me quitaría ese gusto, lo estaba gozando como jamás imaginé, aunque en medio de eso, mi amor diría: salgan de ahí niñas, les dije que no nos espiaran; en eso Tania y Talia, llegaban risueñas, mirando a su madre con una picardía, que me dejó inquieto, en especial porque ellas buscaban saber, y no pensaba hacer cosas con ellas, eso jamás, eran mis hijas, pero si seguían así, quizás buscarían con quien calmar su curiosidad. Eso se lo fui diciendo en su momento a mi mujer, y ella comprensiva aceptó, no queríamos que un idiota como Jaime apareciera en la vida de alguna, por lo que debíamos ser más cuidadosos, con eso en mente dejamos la cama, pero algo ocurriría, cuando al salir y prepararnos para nuestra nuevo día, rápido fui a desayunar y me encontré a paty, quien me saludo con un beso que me dio en la comisura del labio, pero se vio accidental.

Perdón hermanito, no me fije – decía mientras parecía prepararse una malteada de chocolate.

No pro, Paty, todo está bien – le dije, pero no pude evitarlo.

Me fije en esa niña, era preciosa, un tanto parecida a mamá, pero la pubertad le estaba llegando, ya no se parecía como si fuera una calca, además le crecían los pechos, se le estaba formando muy bien el culito, igual que Diana, practicaba danza por ordenes de mi madre, y lo siguió haciendo como costumbre, lo cual le ayudaba, pero algo mas, estaba usando un uniforme con medias color caoba, una falda corta tableada gris, una camisa que no ocultaba sus pechos, estaban naciendo de manera notoria, pequeñas puntas que sobresalían, no eran tan grandes todavía, además que se veía preciosa, y por segundos recordé ese sueño que tuve, cuando empecé a manosear y calentarla a pesar de ser una bebe, lo cual me hizo fantasear un poco:

Tomarla de la cintura subirla a la mesa para comerle el coño, rasgar sus medias hasta alcanzar su vulva, que terminaría escurriendo, abrirle la camisa, para revisar sus tetas, y finalmente cuando estuviera corriéndose, acabar por penetrarla hasta que se volviera loca, disfrutar de su precioso coño delicioso y sus mieles…

En eso me detuve, aunque tenía una relación con Diana, mi amada, eso de ver a paty con otros ojos era diferente, estaba pasando una línea que no debía, por suerte en ese momento llegó mi esposa, y con ella pasaría un poco de tiempo apasionado, todo lo demás, mi otra hermana era un corazón prohibido que debía evitar…

4 Lecturas/5 mayo, 2026/0 Comentarios/por Lobo85
Etiquetas: amigos, hermana, hermanita, hermano, hermanos, maduros, mayor, sexo
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