Corazón Prohibido Ex
Tadeo vive su ultima aventura, está con Diana y Paty, viviendo en lujuria, con sus niñas, quienes prometen mucho….
Advertencia: este relato es completamente Ficticio, no tiene nada de real y solo está para entretener con una buena de dosis de morbo a todos los lectores que gusten…
Extra
Aunque hubiera querido que todo acabara de manera tranquila, viviendo mi vida con mi Diana nuestro amor prohibido y disfrutando de las niñas, claro sin olvidar a Paty, pero tristemente no sería el caso, aún faltaba un asunto que atender, un problema que pronto llegaría a golpearme directo en la cara, como odio cuando eso sucede, ya contaba con 27, de hecho estaba por cumplir los 28, en la empresa iba a organizar una fiesta, lo cual alegró a mis empleados, quienes estaban contentos con el buen trato, realmente estaba haciendo mejor las cosas que mi padre en el sector social, o eso pensaba. Pues en la otra parte, la junta de inversionistas no estaban tan cómodos, aceptaban mis cambios como algo bueno, mejoraba la productividad, aunque no les gustaban mis métodos, poco me importaba, lo que si valía es que cada que volvía a casa me esperaba mi mujer con una prenda exquisita que dejaba ver toda su sensualidad, lista para amarnos con lujuria, y es que de vez en cuando me guardaba alguna sorpresita muy suculenta, realmente adoraba a mi Diana, a quien le hacia el amor cada noche, me prendía a sus pechos, mientras la penetraba con fuerza, sujetando sus carnes con una lujuria que no me podía contener, era lo mejor que me había pasado, estaba completamente perdido por ella, en especial cuando me invitaba a la cama con su actitud. Aunque cabe decir que las niñas no se despegaban, siendo testigos de todo lo que hacíamos, en especial cuando ella me cabalgaba, dejando que nuestros cuerpos se excitaran en ardor sexual, movidos por mi ritmo que se adentraba en su sexo, con una fuerza inesperada, que lograba arrancarle fuertes gemidos a mi amada hermana, quien se convertía en mi mujer totalmente, frente a sus hijas, quienes por su edad, no sabía si ya sentían cosquillas en sus coñitos, que en veces miraba cuando nos bañábamos juntos.
Quizás por esos mismo, quisimos tomar distancia, sabíamos que esto podría ser peligroso, por ello es que Paty nos ayudaba con las niñas, quienes siendo tan curiosas con nuestros juegos de papas y mamás, espiándonos cuando estaba disfrutando de aquellas formas tan exquisitas que no podía dejar de tentar con mis dedos, o invadir su interior con mi miembro, besarnos y jugar con nuestras lenguas, disfrutaba todo ese excitante cuerpo por dentro y fuera, sabernos observadas, nos hicieron sentir más excitados, haciendo que me la cogiera con mas fuerzas. Y todo esto se iba incrementando porque mi hermanita se iba uniendo a esas vistas lujuriosas, en que nos perdíamos, si el sonido de sus gemidos se fueron integrando a los nuestros, pues me daba cuenta que le estaba gustando mucho esa visión, del sexo fuerte, Paty comenzaba a excitarse, aunque no nos daríamos cuenta, al menos yo, de momento. En varias ocasiones mientras me cogía a mi diana, estaba dándole tan duro, chupaba sus tetas, las lamia, saboreaba, disfrutaba de cada instante, intentaba darle tan profundo como podía, y le llenaba el coño hasta escurrir, todo frente a sus pequeños ojos (las niñas y mi hermanita), y notaba que se tocaban sus vulvitas, que parecían estar por soltar sus juguitos femeninos.
Aquello por una parte nos excitaba, pero de igual manera nos daba un poco de miedo, porque no debían adentrarse todavía a este mundo, al menos eso pensamos al principio, debíamos cuidarlas bien, eran nuestra adoración, era lo justo como padres, y les dábamos ejemplos, por suerte eran niñas entendidas, y nosotros no éramos tan degenerados, prácticamente las veíamos como unas bebes, era evidente para todo que eso era un secreto familiar. Además Dalila empezaba a caminar, siendo parte de nuestros momento más felices, aunque por desgracia su salud era algo delicada, pero teníamos la seguridad que eso pasaría, o al menos eso dijeron los médicos que la atendieron, quienes se dieron cuenta de todo por los exámenes de sangre, pero no dijeron nada, parecía que eso no era tan extraño dentro de las clases elitistas, solo nos sonrieron de manera viciosa, mientras tomaban otra actitud, que carajo.
Como fuera el caso llegué con mi hermana, para cenar, en unos días celebraríamos mi cumpleaños, estábamos emocionados, las niñas se me acercaban diciendo que quería de regalo, yo les decía: poder estar todos en familia; ellas se quejaban diciendo que cosas de verdad, en su dulce inocencia no sabían cuán importante era esa respuesta para mí, pero no importaba, les prometía que comerían helado y pastel, que contrataría un payaso aunque fuera una fiesta para mí, pues ver a Tania y Talia contentas era mi prioridad, además que Dalila, no se me despegaría, la preciosura se me acercaba siempre a pasos lentos, haciendo un gesto adorable, aunque lo que más me gustaba era la reacción de su madre que parecía suplicarme que le hiciéramos un hermanito, lo cual era tentador, en especial cuando usaba ciertos conjuntos de seda y encaje que jugaban con sus formas, presumiendo esas tetas o su culo de infarto, resultaban demasiado excitantes, tan grandes y redondas, aunque sus caderas no quedaban atrás, mm, no me resistía a su cercanía, y quería que tuviéramos más hijos, pero apenas fue suerte con ella, nuestra princesita, no creía que el milagro se repitiera, pues realmente mi bebita se estaba poniendo fuerte al paso de los días, pero las cosas no serían del todo buenas.
Esa noche como de costumbre mi amada Diana se entregaría a mí, usaba un camisón de seda tan delicado que no podía resistirme, cada parte de su bello cuerpo quedaba a mi alcance, dejando en mi una respuesta que le encantaba, mi virilidad se mostraba apuntándole, deseando salir de su encierro para buscar su rincón más intimo, una fragancia intima me dejaba saber cuánto deseaba ella, sus labios y mirada aseguraban que lo quería todo, y claro que se lo iba a dar, mi verga me dolía dentro del pantalón, se la iba a meter hasta el fondo, sabia por su aroma que ella lo deseaba, y claro está que no tardamos en unirnos en el ritual del amor, donde ella se entregaba por completo sobre nuestra cama, dejándome sentir cada parte de su cuerpo con mis manos o mis labios, al cual como de costumbre empecé por besarle los pechos, lamerlos, siempre se me hicieron tan deliciosos, parecía un recién nacido goloso, Diana me sonreía coqueta al verse así, incluso yo fui a saborear primero su leche antes que mi niña, lo disfrutaba tanto, en especial cuando súbitamente empezaba a embestir su entrada del placer, al tiempo que bufaba como un toro, dejándole salir algunos suspiros deliciosos, entre besos apasionados, mientras comenzaba a acariciarme, y con sus piernas se aferraba a mi cintura, nos fundíamos en un ritmo único, ella se restregaba con tanto gusto, que ardíamos de una oleada de lujuria. En los últimos años habíamos estado descubriendo cada centímetro de nuestra sexualidad, y ahora de quererlo también hacíamos sexo anal, ella se depilaba para que le comiera el coño, así mismo podía darme una mamada deliciosa con su lengua, pero prefería que me hiciera una rusa con sus deliciosas tetas, y terminaba tragando toda mi descarga en sus labios, los cuales siempre me sonreían, o me decían lindas palabras de amor cargadas de lujuria, era un verdadero deleite sensual que no terminaba con al menos 3 corridas de mi parte, la primera siempre iniciábamos con un misionero donde nos reconocíamos con apasionados besos, además que podía sentir cada parte de su cuerpo con el mío, pero seguíamos con ella poniéndose a 4 dejándome maravillarme con su precioso culo, el cual besaba con pasión, mientras lo sobaba con mis manos, haciendo un esfuerzo por sobar esas masas de carne tan sabrosas, y llegaba tan profundo como me era posible. Muchas veces la hacía correrse con mi lengua, luego la penetraba hasta el fondo, era un pequeño problema, porque en la oscuridad de la noche a veces le daba por el culo, no siempre quería por ahí, de hecho ese era el único motivo para discutir un poco, cuando tenía antojo de eso cogíamos de lado, al final siempre terminábamos dejando que ella me cabalgara, mientras yo sobaba sus tetas que se movían de manera gloriosa, en medio de esas embestidas, Diana lo gozaba, diciéndome toda clase de cosas: eres el amor de mi vida, no me dejes nunca, lléname con tu leche, soy solo tuya; sus palabras siempre iban entre gemidos o suspiros, al acabar terminaba sobre mi pecho dándome unos besos, yo le juraba que estaríamos juntos por siempre, y con ello mi Diana se dormía sobre mí.
Era un placer despertar con ella a mi lado, su cuerpo exquisito era un delirio total, me hacia arder por dentro saber que esa mujer tan sensual solo me amaba a mí y a nadie más, al menos con esa pasión tan fogosa que dejaba marca en el aire, siempre tenía un beso listo para darme, una mirada coqueta, o un susurro ardiente, y en veces cuando teníamos tiempo intimo platicábamos, me regresaba al momento en que empezamos nuestra relación, aunque no dejaba de recordar a Jaime, pero lejos de molestarme, siempre decía que era mejor, yo si la excitaba, que le hacía vibrar de pasión, suspiraba en silencio cargada de amor, corriéndose como nunca pudo en su asqueroso matrimonio, palabras que me emocionaban. Yo le decía que de todas las mujeres con las que había pasado, ninguna me dio este placer, con ninguna sentí aquella conexión, y le contaba las múltiples aventuras que llegué a tener, las golfas turistas que se movían por aquel rumbo montañoso, a quienes penetré hasta descargar mi verga en su interior, haciéndolas gemir como locas, pechos grandes, o pequeños, morenas o blancas, castañas o morenas, fue un desfile de pasión donde enterré mi verga en coños vírgenes o algunos más experimentados, ella me preguntaba cosas de esas aventuras, las otras, no estaba del todo contenta, me gustaba verla celosa, su gesto me hacia desearla más, mi sangre se encendía, le tocaba con ternura, incluso lo notaba, y en muchas ocasiones con sus dedos me empezaba a acariciar de manera deliciosa tanto como podía, logrando que me pusiera en un tono bastante ansioso, incluso me corría oliendo su aroma sensual, y ella lamia coqueta mi corrida, aunque me regañaba un poco diciéndome que mi leche debería ir dentro, en verdad mi hermana era una pervertida, la cual amaba con todo mi ser, hasta la fecha lo hago, no puedo resistirme a sus ocurrencias, si bien que una noche calurosa de verano, cogimos en un pequeño balcón, donde pudimos ser vistos por todos.
Si en esa ocasión, mientras le daba con todo, pude darme cuenta que nuestra hermanita, Paty se nos quedó viendo detrás de unas cortinas, bastante caliente, si el camisón que estaba usando calló, para dejarla ver con solo un pequeño calzón que resaltaba todas sus formas, aunque su mano estaba sobando su pequeño conejito jugoso, lo cual hacia que se viera mas deliciosa, despertaba un morbo en mi al ser observado, e igual a mi Diana, quien se corrió más que antes, al notarlo, si sus pezones igual se pusieron tan duros, además que gimió como jamás la escuché antes, aunque luego de eso nuestra hermanita nos regañó porque se supone que no deberíamos ser descubiertos por las niñas. Tenía algo de razón, pero verla caliente, mientras intentaba no pensar en lo que sucedió, jejejeje, era bastante delicioso, creo que Paty también quiere tener sexo duro en el balcón, conmigo, jejejejejeee, es broma…
Después de esa noche de pasión, luego de nuestra habitual rutina matutina, terminé haciendo los arreglos correspondientes, no todo era cama, también debía ganarme su cariño de otras formas, ser un buen padre la ponía tan caliente que no se contenía, muchas veces su tanga estaba escurriendo cuando la tomaba, por eso siempre me esforzaba, aparte debo decirlo, mi relación con Patricia mejoraba, era una niña muy aplicada y seria, bastante linda, bueno, se estaba convirtiendo en una señorita, ya contaba con sus 12 casi 13 años, y no faltaban mocosos imbéciles en la escuela que quisieran invitarle un refresco o intentar fisgonear debajo de su falda, donde sus nalguitas levantaban la tela de manera provocativa, no estaba del todo contento, pero intentaba cuidarla lo mejor posible. Así en un momento, cuando fui a recogerla de su colegio, donde más que hermano, me decía “cuñado”, pues prefería hacerlo así, a pesar bien, ella sabía que éramos de sangre, sin embargo prefería decirme para darle gusto a Diana, aunque una vez solos me decía: “lo siento hermanito”, pero ya vez como son las cosas; lo cual me alegraba, aunque iba notando que algo cambiaba, su actitud o su mirada se volvía más intensa, más no me preocupaba, seguro era la pubertad, si igual a nuestra hermana, ella gracias a sus cursos de baile u otros (obligados por mamá) consiguió una figura envidiable, además los pechos no le crecían tanto todavía, esa parte parecía estársele formando lentamente, a pesar de eso iban tomando una curva muy seductora, sin embargo la gimnasia le dieron unas piernas y muslos deliciosos, que apenas podrían resistir sus compañeros, quienes la empezaban a rondar, aunque pronto me daría cuenta que era “otra” cuestión lo que le pasaba a Paty.
Ese día antes de la celebración haría 2 cosas, prepararía un salón de fiestas infantiles, aunque yo cumpliera años, quería que mis hijas lo pasaran de maravilla, Dalila con sus 2 añitos era un angelito que apenas caminaba por todas partes, era tan risueña, no podía dejar de sentirme tan afortunado por tenerla, mas cuando se me acercaba alzando sus manitas, porque quería que la abrazara, seguro sus abuelos se sentirían avergonzados por ella, pero no me importaba. Luego Tania con sus 6 añitos era una niña tan dulce, siempre me sonreía, parecía que me había aceptado completamente como su padre, estaba entrando a la primaria, decía cosas graciosas, como que yo era su papi favorito, confundiendo a su maestra hasta que decía “padrastro”, aunque era en susurros, lo que me ganaba la simpatía de muchas señoras, era mi niña adorada. Igual Talía no la dejaba de consentir, quien ya no recordaba a Jaime, así que para ella yo era su único padre, y como estaba en kínder por sus 4 añitos, me sentía tan importante al verla llegar corriendo para que la cargara y le diera un besito en la mejilla, eran mis soles, así que las recibía con cariño, después de tanta soledad, no podía pedir más.
Esa noche les dije que todo estaba listo, la fiesta sería en un salón infantil donde incluso podrían llevar sus trajes de baño, aunque debían tener cuidado, de no caerse, las niñas se alegraron tanto, saltaron a abrazarme, aunque noté algo con Paty y Diana, no se veían muy alegres, por lo que fui a verlas después de la cena, aunque me aseguraron que todo estaba bien, sin embargo querían hablar conmigo más tarde, eso me hizo pensar que quizás había algún problema, así que me sentí importante al poderlas ayudar, fui un ingenuo. La cena terminó sin problemas, las niñas las llevé a sus cuartos para acostarlas, les pedí que no fueran a asomarse, que me tocaba jugar con su madre, lo cual ellas sonreían risueñas, estaban encantadas con vernos tan enamorados, yo me encontraba muy confiado, pensando que podría resolver el problema que tuviera Paty o Diana, pero al llegar la situación no sería como la imaginé.
El cuarto estaba a medio iluminar, la atmosfera perfecta para la pasión, eso me emocionaba, aunque pronto me di cuenta que las cosas no eran como yo las creía, no buscaban algo normal, pues encontraría a Diana con uno de sus camisones, uno color morado que le quedaba de maravilla, se lo había regalado en nuestro primer “aniversario” se lo ponía en momentos especiales, lo cual me sorprendió, hasta que me dijo:
Cariño, hoy tengo que pedirte un favor especial, no es lo que acostumbramos, de hecho es algo difícil, en otras circunstancias querría evitarlo, pero tras pensarlo mucho decidí que podría aceptar un pequeño tropiezo en lo nuestro – me decía Diana con algo de inquietud.
Mi Dianita, sabes que yo haré cualquier cosa que tú me pidas, eres lo más importante de mi vida, bueno, tu, las niñas y Paty por supuesto, no habría cosa que pudiera negarles – aseguré mientras llegaba a su lado sacándome la ropa, quedando solo en un bóxer bastante ajustado que dejaba ver mi erección a tope, lo cual le sonrojo.
Tenía que decir eso, pues justo en ese instante entraba a la habitación la linda Paty, y ella se encontraba totalmente Roja, usando solo un traje de baño que me llamó la atención, se le marcaban los pezones de forma nítida, igual su vulva, mientras que sus nalgas tragaban la parte trasera de esa tela dando la impresión de desnudes, en serio se veía tan linda, no sabía que pensar, era color blanco, tan ajustado, se le marcaba como una segunda piel, por veces se me figuraba mamá, pues era la más parecida de las 2, pero su arreglo era más similar al de Diana, entraba a la habitación un poco inquieta, nerviosa, incluso un poco asustada, pero me miraba con una intensidad que me ponía nervioso.
Qué bueno que lo dices hermanito, la verdad es que mis papas tampoco fueron tan buenos conmigo, era una niña boba hasta que llegaste a mi vida, todo me lo prohibían, diciendo que eran cosas malas, vivía con algo de miedo, y cuando murieron fue peor, me dio la idea de que siempre tuvieron la razón, luego me fui a vivir con Jaime, quien era un borracho de primera, y para que lo sepas, si no lo hubieras parado, el me habría hecho cosas, si llegó a decirme que me parecía mucho a Diana, yo me sentí orgullosa, pero este me beso oliendo a cerveza, me asusté, solo que no dije nada porque en la mañana siguiente me pidió disculpas, por ordenes del viejo que nos vio, además, hace poco tuve una situación difícil, un maestro me empezó a abordar mucho, como no salía bien, me estaba asustando, me dijo que necesitaba pasantías, por lo que te las pedía, y luego cuando hablaste con los de la escuela, ha, era otra cosa, luego corrieron al maestro ese, creo que no soy tan mala estudiante, bueno, lo que digo es que, desde que llegaste todo ha sido mejor para mi, hermanito, y quería darte las gracias como es debido, espero que no te enojes, porque también quiero pedirte un gran favor – me dijo Paty y no pude contener mi sorpresa.
Qué cosas, porque en ese preciso momento ella se acercaría a darme un beso en los labios, mientras mi querida Diana le sacaba el bañador, dejándome ver una figurilla bastante sensual, le faltaban tetas, aunque se le marcaban graciosamente, el culo al contrario era bastante atractivo, y en eso recordaba que mi amorcito, realmente había perdido su virginidad por esa edad, así que haciendo cuentas, pude adivinarlo, aunque antes de decir lo que fuera, me lo aclararían.
Si, es como lo piensas cariño, queremos que tú seas el primer hombre de Paty, a mi me violó el viejo desgraciado del abuelo, como hubiera querido que fueras el único hombre en mi vida, uno que me quiere mucho, por eso con ella preferiría que fueras tu, lo hablamos, aunque no me gustó la idea, eres mi marido, sin embargo, lo prefiero 1000 veces a cualquier imbécil afuera – aseguró Diana mientras me ofrecía el cuerpo de nuestra hermanita.
Antes que pudiera decir nada Paty quedaba en cama, su cuerpo desnudo, se veía preciosa, me dejaban ver cada centímetro de su preciosa figura, y no podía dejar de pensar en lo afortunado que era, ella se tapaba la cara por la vergüenza, dejando al tiempo su coño expuesto, ofreciéndose a mis caricias, mientras que mi verga se ponía muy dura, en verdad nunca lo había pensado, pero no me iba a quejar, mi miembro estaba tieso, listo para entrar en su interior, aunque antes pensé en algo, no quería lastimarla. Eso encendió un poco los ánimos de mi esposa, pues no me fui a penetrarla de golpe, me situé sobre Paty, para alcanzar sus labios, la besé con cariño, mientras iba acariciando todo su cuerpo, desde sus muslos, hasta sus tetillas, se sentía tan suave, aparte que su olorcito, era delicioso, tratando de ser romántico en el juego, pero lentamente agregué un poco de pasión, quería que sintiera mi pasión natural, aunque ella los aumentaría al decir:
Hoy soy tu regalo hermano – dijo un tanto inquieta Patricia mientras me miraba ruborizada.
Sería un detonante en mi cabeza, deje todo de lado, le comenzaría a saborear su pequeña vulva, quería verla gemir de gusto, no pudo contenerme, despertó en mi un deseo como lo hacia mi querida Diana, y le dedique unos intensos minutos de placer, intentando hacer que se corriera, detalle que no me costó mucho trabajo, pues lo logré sin en unos momentos en los cuales me concentraba en su coñito regordete, el cual se veía reluciente con apenas unos beliitos que se iban asomando, logrando que se corriera en un par de ocasiones, mientras mi amada esposa se preparaba, para lo siguiente, pues sería una noche muy caliente. En breve cuando le logré sacar su segundo orgasmo, dejándola casi desfalleciendo, me separé, pero en eso Diana tomó mi verga para acariciarla, le untó una pomada que me hizo sentir unos escalofríos, además me daba mucho cariño en ese contacto, uno imposible de resistir, todo mientras me besaba con pasión al tiempo que iba restregando su cuerpo delicioso, era lo que necesitaba, pues ella misma apuntó mi verga a esa cuevita, y le dijo:
No pudiste hacerlo conmigo, pero con Paty si, muéstrame como me hubieras desvirgado – me decía con un tono coqueto Diana.
Eso fue llamas hechas palabras, no pude resistirme, así que fui a embestirla lentamente, entrando con problemas, pues realmente era estrecha, y yo, aunque no soy tan dotado, cuento con un miembro considerable, así que me costaba mucho trabajo meterle la verga hasta el fondo, me iba abriendo paso en su cuerpo sintiendo su carne, mirando su rostro, sus ojos los cerro, se mordía el labio, pujando un poco al irla abriendo, pero lentamente iba entrando, haciendo que se quejara, aunque no le dañaba, Paty se agarraba a las sabanas, haciendo un gesto bastante serio, pero entre caricias y mimos se iba dejando hacer, incluso cuando pensé que había llegado al fondo ella me sujetó con sus piernas para que fuera más lejos, y si, apenas había entrado unos centímetros, no era ni la mitad de mi miembro.
Solo bastó un empujón para romper su himen, un gruñido que se volvería un suspiro, aguanté unos momentos dentro, disfrutando de ese momento, era como una victoria, recordando e imaginando que yo era quien desvirgaba a Diana, como quería hacerlo hace años, por segundos la vi y sobé sus tetillas suaves, aunque eran las de Paty, luego respiraría contenta mientras dejaba que mis caderas fueran moviéndose en un vaivén tranquilo, con el cual al cabo de unos momentos mi niña preciosa, la más pequeña de mis hermanas dio un suspiro y se relajó, empezando a disfrutar de mi ritmo al embestirla, uno que la haría correrse en breve. Me iba concentrando en el placer, estaba demasiado caliente, no supe cuanto había pasado, quizás algo me ocultaron mis hermanitas, pero no me importaba, lentamente fui haciéndola gozar, moviéndome en su interior para que sintiera placer, uno que le hiciera recordar con cariño su primera vez, logrando que su rostro se descompusiera en deseo, mirándome como jamás me vio antes, mientras iba embistiendo con mucho cuidado, esperaba hacerla sentir bien, estaba perdido en el tiempo, logrando que la pasara bien, al mismo tiempo mi hermana le daba algunos mimos extra pues quería que lo recordara con afecto, y así sería, lograría que Paty se sintiera tan bien como para suspirar excitada cuando me terminara corriendo en su interior, logrando que ella se rindiera ante la pasión. Aunque eso no acabaría ahí, ciertamente llegamos al clímax, pero Diana no estaba dispuesta a quedarse así, ella se hallaba tan acostumbrada a mí como yo a su ser, así que dejaría de lado la iniciación de Patricia para ofrecerme su culo, dejándome cogerla de lado para que ella misma le diera una especie de lección especial a nuestra hermanita, lo cual no terminaba de comprender, era como si hubieran tramado alguna clase de trampa a mis espaldas, no terminaba de comprenderlo, aunque poco me importaba, mientras guiado por el deseo hundía mi verga entre esas masas de carne, usando sus pechos para fijarme, todo mientras decía:
Mira como se hace Paty, quizás luego te de permiso de sentir esto, pero recuerda, es mi esposo – decía con una picardía que me encendía, por lo que fui ensartándola lentamente, cuidando de no ser brusco con ella, abriendo su culo enorme que me apretaba deliciosamente.
Empezando así un vaivén sexual que me hacía perderme en el deseo, mientras que Paty nos veía un tanto impresionada, aquello era único, siendo tan cuidada por nuestros padres, hasta que fue con nosotros que ella realmente estaba madurando, y no sé porque, pero empecé a sentir una mirada similar entre ambas para conmigo, lo cual no comprendí, aunque me daba algunas ideas, que no pude tomar en cuenta porque justo en ese momento estaba por correrme. Antes que me diera cuenta la estaba penetrando con un ritmo salvaje, tratando de llegar al fondo de su ser, mientras paty nos miraba con un gesto bastante adorable, sonrojada, respirando pesada, yo aceleraba mis penetraciones, estaba por correrme, la sujetaba mejor a mi amada, aunque al sentir eso me detendría Diana, quería cambiar de posición, y así empezaría a cabalgarme, siempre le encantó moverse con cierta pasión encima mío, dejar caer su vulva jugosa sobre mí, al tiempo que le tocaba las preciosas tetas, esa era nuestra rutina, la cual la enseñamos ahora a Patricia, quien se perdía en toda esa sensualidad tan morbosa, que terminaría en una corrida bastante dura, si pensaba que podría volver a embarazar a mi mujer, algo tan hermoso como peligroso.
Luego de ello me terminé corriendo dentro de mi mujer, llenándole el coño, pero no se qué ocurría, estuve disfrutando de esa preciosa figura entre mis brazos mientras llenaba su interior con mi deseo, todo ante los ojos de una invitada que se iba sobando si vulvita mirándonos con sus ojos inquietos, como si tratara de entender algo en semejante acto, aunque era difícil de seguirnos el paso, después todo seria nuevamente pasión, pues disfrutaríamos de estar cogiendo los 3, penetraría a mis hermanas, aguantando tanto como podía, entre besos y caricias, les estuve dando con todo, intentando disfrutar de esos cuerpos, sacándoles orgasmos, siendo de lo mejor que pude haber disfrutado, pues iba y metía con pasión mi verga, mientras chupaba aquellas tetillas, infantiles, las de Paty, pero Diana me amamantaba como si fuera un recién nacido.
Realmente sería una noche de placer donde pude saborear de tan preciosas criaturas sexuales, al menos me corrí otra vez en la boquita de Paty y le llené el coño a Diana, además acabamos sudados luego de tanta pasión, despertando los 3 juntos desnudos, en medio de un calor que abrumaba, si hasta nuestros cuerpos se pegaban por culpa del sudor, eh iba a hacer algo mas, viendo el precioso culo de mi amada, cuando la alarma del teléfono me alertó de los tiempos, carajo, era un problema, se nos hizo tarde, teníamos que ir a la fiesta, seguro muchos nos estarían esperando, pues suelo ser muy puntual, aunque ya me conocían, si llegaba tarde era por mi amada, que pasaba con gusto a su lado, de hecho entraríamos todos contentos, para la fiesta, siendo un lugar muy amplio, donde se vería toda clase de diversiones. La gente a mi cargo estaba contenta, diciendo: viva por el jefe, que nos da un respiro de nuestros pequeños chamucos a pesar de ser su fiesta; era una broma pero me gustaba, sentía una gracia por aquel grito mientras los chiquillos estaban lanzándose a los juegos, además cabe decir que llegaron muchos chiquillos y la mayoría estaba contentos, aunque algunos precoces estaban mirando a mis niñas, en especial porque siendo tan bonitas, no dejaban de pensar en algunas cosas con ellas, lo cual no permitiría, eran muy nenas, aunque no podía hacer nada, era parte de la juventud, y realmente la pasamos muy bien, aparte que Paty, iba siendo rodeada por varios chicos mayores, incluso algunos de 17, que se veían demasiado abusivos, molestando a más de uno, pues seguía siendo una chica de apenas 13, aunque fuera de esas cuestiones, las cosas no acabarían del todo bien.
Que sorpresas dio la vida, porque un nombre de mi pasado, Amanda, resonaría justo en ese día, a mitad de la celebración, llegaría un oficial, se trataba de uno de protección al menor, ¿Qué cosas? Traían consigo a un chiquillo de unos 7 años, que se veía asustado, lo reconocí misteriosamente, aunque solo lo vi una vez antes, era el hijo de esa mujer, mi amor de secundaria, se veía bastante maltratado, lleno de moretones, al parecer la vida no fue muy justa con el pobre chiquillo, pues sus abuelos estaban en prisión, y Amanda tuvo problemas de otro tipo, me explicaron que estaba en un sanatorio mental, no me sorprende, desde la última vez que la vi se hizo evidente, pero ahí se hallaba el detalle. Teo, era mi hijo legitimo, revelándose que una de las tipas con las que me acosté cuando era parte del negocio familiar, de la Tía Carola, tuve sexo con esa mujer y quedó embarazada, de hecho parte de los pleitos que tuvieron sus padres con los míos, fue por ello, su nieto, pues se negaron a aceptarlo, e incluso papá hizo cosas malas, como inventarle toda clase de rumores peligrosos para que se alejaran de los negocios normales, lo que los llevó a la ruina, pero al fijarme, era cierto, ese pequeño era parecido a mí, aparte que una prueba de ADN, lo aclaró, lo tenían por qué dejé muestras cuando pasó el otro caso, pero como Amanda no tenía credibilidad nadie le prestó atención, ahora ella estaba fuera de la vida del crio, y como la hermana mayor trabajaba en el extranjero, yo era el único que podía cuidar al niño.
No sería algo que esperase, de hecho me sentí sorprendido, intercambiando miradas con el chiquillo que se me quedaba viendo un poco más nervioso, tratando de entender lo que sucedía, aunque cuando le dijeron que era su papá, este se me acercó esperando algo, y lo entendí, solo era un poco de cariño, realmente me sentiría extraño, pero hubo una chispa entre nosotros, al vernos, sabiendo quien era uno del otro, todo cambio. Habiendo firmado, y aprovechando la fiesta, tendría que dar un mensaje, aparte el policía habría sido bastante llamativo, tuve que usar mi ingenio para salir adelante, por suerte para muchos trabajadores, ver a un hombre decir: es mi hijo, y lo voy a cuidar; sabiendo el contexto en el que me hallaba, hizo ganarme el respeto de todos, recibiendo una ovación, aunque muy a mi pesar, estaba esperando que Diana se enojara, detalle que no sucedió.
En la noche cuando todo se acabó, al volver a cara, ahora con Teo siguiéndonos, sorprendiéndose por ver una casa tan grande, un palacio, este se quedaría mudo, solo había visto de esas casas en televisión, le dolía un poco la panza, comió mucho pastel, el ambiente era algo tenso, Talia y Tania no estaban contentas, un extraño se metió a su casa, costaría trabajo adaptarse, Paty estaba más tranquila, de hecho se le quedaba viendo a su sobrino y decía “se parecen”, pues Teo tenía mis ojos, cabello, aunque la piel era más como la de Amanda, su nariz también. Para mi mala suerte no tendría sexo con mi esposa durante el siguiente mes, algo había cambiado, pero no sería lo que pensé, durante eso me dediqué a cuidar a mi nuevo hijo, lo metí a la escuela buena, empecé a criarlo, realmente mi “ex” fue bastante torpe, este pronto se adaptó a mi cercanía, aunque le decía: ellas son Talia, Tania y Dalila, ahora son tus hermanas, y como eres el mayor, debes ser bueno con todas; supongo que debido a su miedo entendía que debía hacerme caso, por lo que obedecía, y vería con gusto que trataba de portarse de manera correcta, además una trabajadora social nos iría visitando, arreglando detalles, pronto entendí algunas cuestiones pues al cabo de un mes Teo comenzara a sonreír, acercándose a las niñas, y llevándose bien con mis solecitos, siendo una señal esperada.
En una noche como cualquiera mientras mirábamos unas películas, sucedería algo inesperado, prácticamente Dalila se acomodaría entre las piernas de Teo, durmiéndose sin que nos diéramos cuenta, lo cual sería sorprendente, al terminar, llevaría a ambos hijos a sus camas, también a Tania y Talia, quienes me esperaron para que las cargara a sus camas, lo cual cumplí con cariño, era divertido, aunque luego de eso no sabría que iba a pasar, las cosas estuvieron tensas con Diana, pero cuando llegué esta me dijo:
Quería ver si algo cambiaria con la llegada del niño, mis bebes no son tuyas, eso siempre me ha molestado, sentí un poco de celos porque Amanda te diera un hijo, pero sigues siendo un padre para todas, sigues buscándome, en serio eres el hombre de mi vida, solo puedo ser tuya – me dijo con una ternura que despertaba mi deseo, mientras dejaba que su camisón cayera para dejarme ver su cuerpo al desnudo.
Eso sucedía, que cosas, no me contendría, fui por mi Diana, la tomé y la llevé al baño, íbamos a pasar una noche de ensueño, ambos necesitábamos sacarnos la pasión de nuestros cuerpos, nos bañamos juntos, y pude disfrutar de ver su figura cubierta por la espuma del jabón, dejándome tocarla a mis anchas, era una locura que me encantaba, nos besamos, sentía cada parte de su ser, desde los pechos grandes, la cintura breve, sus piernas, se afeitó el coño frente a mí, era tan hermoso como siempre, aun podría recordar cuando chicos, la ves que le ayudé a ponerse su vestido, siendo el comienzo de todo, la vez que la vi bañarse, o la primera vez que lo hicimos juntos. La penetraba con deseo marcado en cada penetración, que agitaba sus pechos con una intensidad única, intentando llegar al fondo de ella, buscando como adueñarme de su ser, más que nunca, me encantaba sentirla mía, que todo lo que hacía era para algo, en especial cuando gemía, o tenía pequeños orgasmos que la acercaban más a mí.
Recordaba toda clase de experiencias, como cuando ella llegó de una excursión con sus amigos de la escuela, y no estaba contenta, pero yo la consolé, haciéndole el amor con su traje de baño puesto bajo la regadera, metiéndosela hasta el fondo, besándonos para que sus gemidos no fueran escuchados, se aferraba con sus piernitas mientras mi verga entraba en su coñito que apenas tenía una pelusilla. Recordaba también las fantasías que tuve, como un sueño húmedo en que me la estaba cogiendo con su vestido de 15 años, me contaba la muy picara que usaba un liguero, pensando que podría sacárselo yo, si era igual con ella, deseaba tenerme cerca para perdernos en su momento, y disfrutar de nuestros cuerpos, entre besos, deseaba que le bajara el escote para chuparle las tetas, si siempre fue su debilidad conmigo, le encantaba que le lamiera las tetas, era el mejor al estar cogiendo, en especial, cuando la iba ensartando con un ritmo que a ambos nos gustaba, estábamos perdidos en ese juego de pasión, sin imaginar que estaríamos siendo observados, pero no tanto por las niñas, sino por alguien más. Aunque eso pasaría de lejos por esa noche, Diana y yo seguimos cogiendo de manera constante, disfrutando de nuestros cuerpos, jugando con nuestras lenguas, acariciándonos, mientras hacíamos de todo, en esa cama, que era nuestro refugio, hicimos todas las poses posibles, gozando de cada segundo del sexo, pues no dejaba de encajar mi verga y ella recibir mis embestidas, mientras nos restregábamos en un deseo sin límites, hasta desfallecer luego de fuertes orgasmos, acabando como la pareja que somos, la que nos negaron porque nuestro amor estaba prohibido.
Resultaría casi como una broma del destino, las cosas no terminaban, pero seguimos adelante todos juntos, viviendo de manera normal, fingiendo que éramos una pareja como tantas otras, en su momento, en medio de juegos sexuales, en los que Paty se iba infiltrando en nuestra cama, pues comenzaba a usar lo que tenía para excitarme, pues ella misma parecía también querer algo conmigo, pues en medio de eso sucedió una especie de acuerdo, no era normal, pero desde siempre nada lo fue, casi parecía una especie de broma, sin embargo tras un fuerte orgasmo en que les di de beber mi leche a mis hermanas, fue que algo mas ocurrió. Fue en una noche de pasión, en que terminé en medio de ambas hermanas, cuando la necesidad de orinar me sacó, culpa de un vino tinto, pero en eso un eco se llegó a escuchar, alertándome, salí del cuarto dejando a ambos amores apenas cubiertos por el viento, e intentaba pensar que sería, tomé un atizador de fuego pensando que podría ser un ladrón, pero no era el caso. Me acerqué, a la habitación de las niñas, y por segundos creí que alguien se pudo haber metido y estaba haciéndoles cosas, pero era una verdad a medias, pues si, ambas niñas estaban desnuditas, se veían tan sensuales, de alguna manera, abriendo sus piernitas, mientras reconocían su propio cuerpo de manera erótica, desde sus anitos, hasta sus tetillas, empezando a gemir de manera sonora, siendo parte de la pasión, pero quien estaba con ellas no era ningún idiota, sino mi hijo teo, que de alguna manera estaba intentando meter su pequeña verga dentro de sus coñitos en una clara imitación mía, pero aparte les besaba, siendo más cuidadoso en ello, acariciaba a ambas con una curiosidad propia de su edad, palpando desde las pezones, hasta las nalguitas, tratando de hacer un esfuerzo por hacerlas gemir, lo cual de ciertamente conseguía, aunque más lograba algunos pujidos divertidos, pero el ánimo de ellas era bueno, si le decían: adelante Teo, haznos como papito a mamá; palabras que me hicieron calentar mucho, lo que me dejó pensando que quizás eso lo teníamos en la sangre, y que ellos querrían su propia historia de amor prohibido…


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