Descubrí que mi primo se folla a su madre
Mi primo es un chico Down y se folla a su madre.
La historia que voy a contar pasó en el 2023. Me llamo Julián y en ese entonces, acababa de cumplir 19 años. Vivía con mi papá y mi mamá, Adriana. En esos días, ella tenía 37.
Mi madre es muy cariñosa, de esas personas que siempre te dan amor y te hacen sentir bien. En casa, ella se encarga de todo, de la comida, la limpieza, la lavada, lo típico que hacen las mamás. No es que sea una modelo ni nada, pero tiene un cuerpazo.
Mi madre tiene una hermana 2 años mayor que ella, mi tía Verónica. Ella sí era una milf como las que salen en las películas porno. Usaba ropa atrevida, era delgada y un poco más alta que mi madre. Medía 1.70 de estatura.
Tía Verónica tiene unos senos redondos y más grandes que los de mi madre. No eran naturales, eran senos operados.
Además de sus senos, tiene un trasero redondo y firme, que se movía de una forma provocativa cuando caminaba, sin duda toda una mujer coqueta y sensual.
Mi tía tenía un hijo llamado Santi, que tenía 20 años aquel entonces. Santi era un chico con síndrome de Down. Ambos vivían en España y yo solo había convivido con ellos cuando era un niño. Pero gracias a las constantes videollamadas que tenía mi madre con mi tía, yo los conocía bien.
Mi tía Verónica y mi madre eran muy cercanas, se contaban todo en las videollamadas. Yo sabía que mi tía tenía una vida sexual muy activa, que se acostaba con muchos hombres. Esto provocó la ruptura de su relación al ser descubierta por su ex esposo. No sé exactamente los detalles de cómo sucedió, pero mi tía, luego de su separación, regresó al país junto con Santi.
Mi tía tenía una casa aquí, pero como pasaron tantos años desde que se fue a España, la casa estaba muy descuidada. Por eso, mi madre me pidió que la ayudara a limpiarla. Cuando llegué, no me imaginaba el desastre que encontré.
Había hierba alta, todo estaba empolvado y había telarañas en cada esquina. Incluso ya había sido vandalizada con grafitis, vidrios rotos y puertas caídas. Era una casa que estaba en muy mal estado.
Mi tía salió y me abrazó. Sentir esos senos enormes pegados contra mí era una maravilla, era una sensación bien excitante y placentera. Mi tía Verónica iba vestida con un top ajustado que le marcaba bien sus senos operados. Llevaba una minifalda que le llegaba justo debajo del trasero, mostrando sus piernas largas y delgadas.
Santi y yo nos quedamos arreglando y limpiando el jardín, mientras mi tía limpiaba dentro de la casa. Después, sacamos unos muebles viejos y rotos. Nos llevó casi todo el día, pero ya por la tarde, al menos el 50% de la casa estaba limpia.
Para ese entonces, mi tía ya había ido a comprar unas pizzas. Como no había muebles, nos sentamos en el suelo para comer. Cuando mi tía se sentó, dejaba a la vista su tanga negra que traía puesta, ya que el mini vestido se le subía.
Mientras mi tía me platicaba sobre los nuevos muebles que iba a comprar, yo no podía evitar mirar debajo de su falda, donde podía ver su tanga negra y la parte superior de su coño. Mi tía Verónica se dio cuenta y se rio.
«¿Te gusta lo que ves, Julián?», me dijo con una sonrisa pícara. Yo me sonrojé y aparté la mirada, avergonzado. «Perdón, tía. No fue mi intención», le dije.
«No te preocupes, cariño», me respondió ella. «Es normal que un chico joven como tú mire a una mujer como yo. Pero debes tener cuidado, ¿sabes? No vayas a hacer algo que después te arrepientas».
Yo asentí, un poco avergonzado. Sabía que no estaba bien mirar así a mi tía, pero no podía evitarlo. Era una mujer bien buena, con un cuerpazo que invita a mirarla.
Mientras comíamos pizza, mi tía me seguía platicando de los muebles, pero yo no podía dejar de mirar su escote. Llevaba una blusa bien escotada que le dejaba ver bien sus senos operados.
Mis ojos se posaban en sus pechos, imaginando cómo se sentirían al tocarlos. Me ponía duro solo de pensarlo, pero sabía que no debía hacer nada.
Ese día, como aún no anochecía, yo me regresé a mi casa. Mi tía y mi primo se quedaron a dormir en unas colchonetas. Al día siguiente, había quedado con mi tía en regresar para ayudarle con los muebles nuevos que llegarían y para arreglar los problemas de tuberías. Así que al día siguiente, llegué más temprano para poder avanzar más.
Cuando llegué, mi tía Verónica estaba en la cocina, revisando si servía la vieja estufa. solo tenía una playera de tirantes blanca, que dejaba a la vista sus pezones erectos por el frío de la mañana igual traía puesto uno cacheteros rojos.
«Buenos días, Julián», me dijo con una sonrisa. «¿Dormiste bien?»
«Sí, tía, necesitas ayuda», le respondí. mientras admiraba como se veía
«No, cariño», me dijo ella. «Tú solo ve a ver a Santi, que seguro está despertando».
Yo asentí y fui a buscar a Santi, pero más tarde mi tía fue a comprar el desayuno, mientras nosotros comenzamos a quitar las puertas que estaban por caerse. Luego mi tía regresó y no pasó mucho cuando llegaron dos camas: una individual para Santi y una matrimonial para mi tía. Las colocamos temporalmente en la misma habitación y continuamos trabajando.
Fue otro día de mucho por hacer, pero esta vez demoramos más por una fuga de agua. Esto provocó que anocheciera y yo aún siguiera arreglando el desastre. Cuando terminé, estaba por regresar a casa, pero mi tía me detuvo.
«Ya es noche, cariño», me dijo con una sonrisa. «Te vas a quedar a dormir con nosotros hoy».
Yo dudé un poco, pero al final acepté. Me quedé en la cama de Santi y él se quedó con su mamá en la cama grande.
En ese momento, no sabía lo que me esperaba esa noche. No podía dormir, ya que soy de esas personas que si no están en su cama les cuesta mucho dormir. Solo cerré los ojos, esperando que el cansancio hiciera de las suyas para quedarme dormido.
La habitación estaba a oscuras, totalmente. Solo la leve luz de la ventana entraba. En eso, escuché a mi tía decir: «Espera, Santi. No seas impaciente. Déjame quitarme la playera. Listo, ya puedes seguir».
Abrí los ojos y solo vi leves movimientos en la penumbra, pero no sabía bien qué sucedía o por qué mi tía se había tenido que quitar la playera.
«Santi, no los muerdas así. Estás siendo muy brusco», dijo mi tía en ese momento. «Solo chúpalos y apriétalos».
En eso escuché como alguien se levantó de la cama y prendió una lámpara que estaba en el suelo. Me giré y abrí los ojos. Vi a mi tía quitándose su cachetero rojo, quedando desnuda. Se dirigió a su bolso y sacó algo, luego se volvió a subir a la cama, olvidando apagar la lámpara.
Mi tía estaba arrodillada en la cama. le bajaba la pijama a mi primo, que estaba erecto. Se llevó el pene de mi primo a la boca y comenzó a hacerle una mamada, chupándolo con fuerza. Se echaba para succionarlo mejor, con los labios bien apretados alrededor de su verga.
Después observé lo que había sacado del bolso. Era un condón. Lo abrió y se lo puso a mi primo. Lo ayudó a quitarse el pantalón de la pijama y sus calzoncillos.
Mi tía se recostó en la cama y mi primo, Santi, subió sobre ella. Mi tía tenía las tetas al aire, con los pezones duros y erguidos. Santi estaba chupando y apretando sus pechos, mientras estaba arriba de ella.
Mi tía abrió las piernas, dejando a Santi entre ellas. «Venga, cariño. Mamá te quiere dentro», dijo mi tía. Mi primo empujó hacia adelante con fuerza, pero mi tía lo detuvo. «Con calma, cariño. O no lo vas a poder meter. Déjame te ayudo».
Mi primo se detuvo y mi tía lo guió con la mano. Mi primo se deslizaba dentro del coño húmedo y cálido de mi tía. Mi tía soltó un gemido de placer, echando la cabeza hacia atrás.
Se veía bien excitada, disfrutando de las atenciones de su propio hijo. Mi primo ya la estaba penetrando, follándola. Mi tía Verónica gemía de placer, con los ojos cerrados.
Yo no podía creer lo que estaba viendo. Mi tía y mi primo follando. No sabía si sentirme excitado o asustado. Era una escena bien tabú y pervertida.
Mi tía y Santi seguían follando, sin darse cuenta de que los estaba observando. Santi la penetraba rápido y fuerte, con empujes profundos. Mi tía gemía más y más fuerte, con las tetas moviéndose con cada embestida.
Mi tía se colocaba las manos en la boca para amortiguar sus gemidos, pero a un así se escuchaban. La cama comenzó a rechinar por las duras embestidas de Santi.
«Con calma, amor», dijo mi tía. «Podemos despertar a tu primo».
Pero Santi parecía no hacerle caso, ya que seguía dándole duro a mi tía. La penetraba con fuerza, con empujes profundos y rápidos.
Mi tía se agitaba en la cama, con los gemidos cada vez más altos. Se mordía los labios, tratando de contener los gritos de placer. Santi parecía un animal en celo, lamía la cara de mi tía mientras jadeaba.
«Santi», gemía mi tía. «Me voy a correr. No pares».
Mi tía tuvo un orgasmo, su cuerpo se arqueó y su respiración se intensificó. Fue ahí cuando mi tía giró la cabeza hacia donde yo estaba y se dio cuenta de que los estaba mirando.
Se sorprendió, pero solo me veía sin decir nada mientras Santi seguía dándole duro.
«Santi», gemía mi tía, con voz entrecortada. «Santi, para».
Pero Santi no escuchaba, follándola con fuerza y rapidez. La penetraba sin piedad, con la verga palpitante dentro de su coño.
De pronto, Santi se corrió, con un grito fuerte. Se quedó sobre su mamá por un momento, luego se apartó dejando a la vista como había llenado el condón con su semen. Mi tía le retiró el condón, se levantó y lo dejó en la basura. Luego regresó con Santi y lo arropó.
Mi tía Verónica se acercó a mí, totalmente desnuda. Se sentó en el borde de la cama y me miró.
«Julián», me dijo con voz seria. «Lo que acabas de ver no lo debes mencionar a nadie, ¿entendido? Si lo haces, estaré muy enojada contigo».
Yo asentí, sintiéndome un poco intimidado. Mi tía se inclinó hacia mí y me acarició el cabello.
«Lo entiendes, ¿verdad? Ya eres un hombre y espero te comportes como tal», me dijo con voz firme.
Se metió conmigo en la cama y se acostó a mi lado. Me acarició el cabello con suavidad.
«Lo entiendes, ¿verdad?» me preguntó de nuevo. Yo asentí, sin saber qué decir.
«Es solo que es algo raro que tu tengas sexo con tu hijo, ¿no?» pregunté. «Y si fueramos tú y yo los que tuviéramos sexo, ¿sería raro?».
Me quedé callado, teniendo una mujer como ella. ¿Quién lo lo haría?, pensé. Mi tía chocó con su pierna mi pene, el cual estaba erecto por lo excitante que había sido verla follando con mi primo.
«Estás duro, Julián», dijo ella, saltando una leve risa. «Sabes, tu primo es muy celoso. Cuando mis amantes me visitaban allá en España, él se enojaba mucho».
Se levantó de la cama, se dirigió a su bolso, sacó otro condón y me hizo una seña. «Levántate y sígueme», me dijo con voz sensual.
Yo obedecí, sintiendo mi pene duro y palpitante. La seguí fuera de la habitación, con el cuerpo temblando de excitación.
Nos dirigimos al baño y mi tía encendió la luz. La lámpara parpadeó varias veces hasta que prendió el foco.
«Julián, ¿con cuántas mujeres lo has hecho?», me preguntó mi tía. Yo me apené y respondí: «Con ninguna, tía».
Para mí, en ese momento, era como si fuera algo malo tener 19 años y no haber tenido sexo. Mi tía entendió mi situación y me preguntó:
«¿Quieres hacerlo conmigo? Será tu primera vez. No sé si quieras que sea con una mujer como yo».
Yo no dudé ni un momento. «Tía, siempre me has gustado. Claro que quiero que sea contigo», le respondí.
Ella sonrió. «¿Siempre te he gustado?», repitió con picardía. «Venga, desnúdete», me ordenó.
Yo comencé a desnudarme, con las manos temblando de nervios. Mi tía abrió el condón y se arrodilló frente a mí.
Sin decirme nada, metió mi pene en su boca. Comenzó a chuparlo con fuerza, moviendo su lengua alrededor de mi glande. Me miraba con deseo, con los ojos brillando de excitación.
Mi tía chupaba mi pene como una experta, con la boca bien abierta y la lengua lamiendo cada centímetro de mi verga. Me miraba con complicidad, como si quisiera devorarme entero.
Yo gemía de placer, sintiendo su lengua cálida y húmeda recorriendo mi miembro. Era una sensación increíble, tener la boca de mi tía alrededor de mi pene.
De pronto, mi tía sacó mi pene de su boca y me colocó el condón. Se levantó y me sentó sobre mí en el inodoro, ella se subió sobre mis piernas.
Yo sentí como su calor me invadía, mientras mi pene entraba en su vagina. Su coño estaba húmedo y apretado, abrazando mi verga.
«Ahh, Julián», gemía mi tía, moviendo las caderas. «Me encanta tu verga. Es tan grande y dura».
En ese momento, me envolvían varias sensaciones. En realidad estaba penetrando a mi tía, pensé, mientras la miraba cara a cara. La vi cómo subía y bajaba sobre mi pene.
La abracé fuertemente y le di un beso con dificultad. Su boca estaba a la altura de sus enormes senos, que eran una barrera que no me dejaban acercarme totalmente.
Cuando nos apartamos del beso, mi tía sonrió. «Eres muy apasionado, amor», me dijo. «Sin duda vas a enamorar a muchas mujeres».
Ella comenzó a acelerar sus movimientos, subiendo y bajando con más fuerza. Provocaba que el viejo inodoro, que no estaba bien fijo, se tambaleara al ritmo de sus movimientos.
Y como si fuera una broma de mal gusto, el inodoro cedió y terminó quebrándose. Esto provocó que ambos cayéramos. Yo caí de nalgas al suelo y mi tía cayó sobre mí.
Ella se levantó rápidamente. «¿Estás bien, amor?», me preguntó. «¿No te lastimaste?».
Yo solo estaba adolorido por el golpe y tenía un raspón en la espalda baja. Pero me levanté, diciéndole: «Estoy bien, tía».
Mi tía dijo: «En mi bolso tengo una botella de alcohol». Y se disponía a salir del baño. Pero yo la detuve.
«Por favor, quiero seguir follándote», le dije con nerviosismo, al ver que la erección estaba bajando.
«Está bien», dijo mi tía. «Al menos tienes algo divertido que contar de tu primera vez», dijo mientras tomaba mi pene.
Aún con el condón puesto, comenzó a masturbarme, tratando de hacer que estuviera duro totalmente de nuevo. Mientras su mano se movía rítmicamente sobre mi pene, mi tía comenzó a besarme el cuello, lamiéndome y mordiéndome suavemente.
De pronto, retiró el condón de mi pene. Sin decir nada, comenzó a chuparlo de nuevo. Su mano se unía a su boca, masturbándome al mismo tiempo que me chupaba.
De pronto, sacó mi pene de su boca. «Espérame aquí», me dijo con una sonrisa. «No dejes que se baje».
Salió rápidamente del baño, regresando enseguida. Traía otro condón y la botella de alcohol, que me mostró diciendo: «Para cuando terminemos».
Se puso el nuevo condón y se apoyó en las paredes, abriendo las piernas y sus nalgas. «Ven, acércate», me dijo con voz sensual.
Me acerqué a ella y mi tía Verónica tomó mi pene, dirigiéndolo a su vagina. Con un empujón, lo introduje por completo dentro de su coño.
Tomé a mi tía por las caderas y comencé con movimientos torpes, metiendo y sacando mi verga de su coño. «No la saques por completo», me dijo mi tía.
Poco a poco comencé a entender cómo debía hacerlo. follándola a un ritmo constante.
«Así, Julián», gemía mi tía, con voz entrecortada. «Así, cariño. Fóllame, lo estás haciendo bien».
Mi pelvis chocaba contra sus nalgas mientras mis testículos rebotaban contra ella. El calor de su interior me enloquecía, provocando que acelerara mis movimientos.
«Cuando te vayas a correr, avísame», dijo mi tía. «Quiero saber a qué sabes, mi amor», añadió con una sonrisa pícara.
La verdad, en ese momento lo menos que quería era correrme. Pero mi inexperiencia no me lo permitiría. Cuando quise acelerar más, a los pocos segundos comencé a sentir un hormigueo y la sensación de querer correrme.
«Tía, ya no puedo», gemí. «Me voy a correr».
Ella sacó mi pene de su vagina, se giró rápido, quitándome el condón. Sin decir nada, llevó de nuevo mi verga a su boca, chupándolo y succionando con fuerza.
Mi tía logró que me corriera en su boca, recibiendo toda mi descarga. Abrió la boca, dejando ver mi semen en ella, mientras aún lanzaba uno que otro chorro dentro.
Era como estar en el paraíso. Mi tía se tragó todo mi semen sin malestar.
«No está mal, cariño», dijo mi tía mientras se lamía los labios. «Sabe rico».
Yo me quedé mirándola, sin poder creer lo que acababa de pasar. Mi propia tía me había chupado el pene hasta el final y se había tragado mi corrida.
Y así, mi tía se levantó, tomó la botella de alcohol e hizo que me diera la vuelta.
«Vaya, Julián», dijo mientras me ponía alcohol en la herida. «Si te lastimaste bastante. Pero en unos días estarás como nuevo».
De pronto, aproveché el momento y le dije: «Oye, tía. Quiero que seas mi novia».
Ella se rio. «¿Tu novia? ¿Qué dices? Si soy tu tía».
«Perdón, no quise reírme, pero me tomaste por sorpresa con esa petición», dijo.
«Pero bueno, debes tener en cuenta que seguiré teniendo sexo con Santi. Si no tienes problema con eso, está bien».
«Seré tu novia, pero te avierto que debes mantenerme bien follada. Si no quieres que te sea infiel», dijo mi tía con voz seria.
Yo no supe qué decir. Mi tía rió y me dijo: «Es broma, claro que te seré fiel. Pero no me descuides, ¿vale? Debes cumplir y venir a follarme».
«Sí, tía. Lo entiendo», dije. «Entonces, ¿somos novios?».
«Así es, cariño. Lo somos», respondió mi tía con una sonrisa. «Ahora regresemos a dormir».
Yo asentí, sin poder creer lo que acababa de pasar. Mi propia tía era ahora mi novia y yo me sentía el hombre más afortunado del mundo.
Al día siguiente, continuamos con las reparaciones. Mi tía estaba con los senos al aire, solo con una tanga negra, paseándose de un lado para otro.
Yo le pregunté: «¿No hay problema que andes por la casa solo en tanga?».
Ella me miró y me preguntó: «¿No te gusta ver a tu novia así?».
Yo respondí: «Sí, me gusta. Pero si llega alguien…».
Mi tía me interrumpió: «Hoy no va a venir nadie. Y los únicos que están en casa son mis dos hombres», me dijo mientras me besaba en la boca.
«Ahora hay que apurarnos para que nos dé tiempo de pasar un tiempo juntos», le dijo.
«Pero ya sabes, nada de celos como quedamos», respondió mi tía. «Santi también me puede follarme, ¿entendido?».
Yo asentí. «Sí, lo sé, tía. No hay problema».
Pasamos nuevamente el día trabajando hasta que anocheció. Llame a mi casa para avisar que me quedaría nuevamente. Cuando colgué, regresé a la habitación donde ya estaba Santi follando a mi tía.
Ella estaba en cuatro sobre la cama mientras Santi la penetraba con fuerza por detrás. Yo entré y me senté en la cama mientras los miraba fornicar.
Santi le daba un par de nalgadas a su mamá y mi tía lo disfrutaba.
«Así, cariño», gemía mi tía. «Dame duro».
Yo me tocaba por encima de la ropa, con el pene duro y palpitante. Me excitaba ver cómo mi primo follaba a mi tía.
De pronto, mi tía giró la cabeza hacia mí y me sonrió. «Ven acá, Julián», me dijo. «Ven y ayúdame».
Yo me levanté y me acerqué a la cama. Mi tía tomó mi verga y comenzó a masturbarme mientras Santi la penetraba.
Pero mi primo se movió y me lanzó una almohada. «No, no. Mamá es mía», dijo con voz seria. «Mi tía, al ver cómo mi primo se negaba, dijo: «Santi, es tu primo. ¿Acaso no lo quieres?».
Santi me miró. «si lo quiero?». dijo «Entonces, comparte a mami con él». dijo mi tía
«Solo por un rato», respondió Santi con desgano.
Yo gemía de placer, sintiendo la mano de mi tía alrededor de mi pene. Mi primo Santi follaba a mi tía con más fuerza, con embestidas profundas y rápidas.
mi tía pasó de masturbarme a chupar mi pene con su boca. Lamía, chupaba y succionaba mi verga con avidez, provocando un placer intenso, sintiendo la humedad de su boca y la calidez de su lengua. Mis manos se enredaban en su cabello, guiando sus movimientos.
«Así, tía», gemía yo. «Chúpame la verga. Trágatela toda».
Mi tía obedecía, llevando mi verga hasta el fondo de su garganta. La sacaba lentamente, lamiendo de arriba abajo. Luego la volvía a meter, succionando con fuerza.
Yo me retorcía de placer, con el cuerpo temblando. Sentía cómo su boca me llevaba al borde del orgasmo con cada lamida y succión.
Quería penetrar a mi tía por su vagina, pero mi primo no dejaba de follarla. Era como si custodiara la vagina de mi tía solo para él. Y aunque aceptaba que me uniera, notaba su molestia de que su mamá me chupara el pene.
Como si la castigara, le daba nalgadas con fuerza, marcando su piel. Mi tía gemía, pero no era de placer. Era un gemido de dolor y sumisión.
Mientras nalgueaba a mi tía, mi primo Santi la embestía con más fuerza. Era como si quisiera entrar hasta el fondo del útero de su madre. La cama no dejaba de rechinar.
De pronto, con enojo, Santi sacó su pene de la vagina de mi tía y lo puso en su ano. Empujó con fuerza, penetrando su recto sin piedad.
Mi tía Verónica sacó mi pene de su boca y gritó: «¿Qué mierda te pasa, Santi? No lo metas en mi culo. No está lubricado».
Pero Santi seguía empujando. Ya había entrado en ella, pero quería meterlo por completo. Mi tía apretaba los dientes, mientras Santi se lo metía sin piedad para luego comenzar a follársela por el ano.
Mi tía apretaba con sus manos las sábanas, resistiendo las embestidas de su hijo. Gemía de dolor, con lágrimas en los ojos.
«Ahh, para, Santi», gemía mi tía, con la voz entrecortada. «Me duele. No puedo más».
Pero Santi no paraba, follándola con más fuerza. Le daba nalgadas con cada embestida, castigándola por su infidelidad.
Yo me senté en la cama, viéndolos. Me sentía mal al verla así, pero no podía evitar excitarme con la escena.
De pronto, Santi se corrió con un grito fuerte. Se corrió dentro del culo de mi tía, inundando su recto con su semen caliente ya que con las duras embestidas el condón se rompió.
Mi tía se dejó caer en la cama, sudada y adolorida. Santi salió de su culo y se acostó a su lado, con una sonrisa de satisfacción.
Yo me acerqué a mi tía y la tomé en mis brazos. «Tía, ¿estás bien?», le pregunté con preocupación.
«Sí, cariño», respondió mi tía, con la voz quebrada. «Estoy bien. Pero dolió mucho».
Yo me levanté de la cama y tomé a mi tía en mis brazos. La llevé a la otra cama y la acosté sobre las sábanas frescas.
Mi primo Santi se quedó acostado en la primera cama, viéndonos con una mirada de odio y resentimiento.
«Tía», susurré mientras me acostaba sobre su cuerpo desnudo. «Voy a follarte por tu coño. Voy a darte el placer que te mereces».
Mi tía me miró con ojos llenos de deseo y gratitud. «Sí, Julián», susurró. «Fóllame. Penétrame con tu verga grande y dura».
Yo me posicioné entre sus piernas y froté mi pene contra su entrada. Mi tía se retorcía de placer, con el cuerpo temblando de excitación.
«Métemela, Julián», gemía mi tía, con la voz entrecortada. «Penétrame por tu coño. Quiero sentirte dentro de mí».
Yo obedecí y empujé con fuerza. Mi verga penetró su vagina, entrando hasta el fondo. Era una sensación increíble, sentir su coño apretando mi miembro.
«Ahh, qué rico», gemía mi tía, con los ojos cerrados y la boca abierta. «Fóllame, Julián. Dámelo duro».
Yo comenzaba a moverme, follando a mi tía por su vagina. La penetraba con embestidas profundas y rápidas, sintiendo cómo su coño me ordeñaba con fuerza.
Mi primo Santi nos miraba con envidia y frustración. Mi tía me miraba con adoración, con el cuerpo temblando de placer. Se aferraba a mí, como si fuera su salvación.
Yo aceleraba el ritmo, follándola con más fuerza. Sentía cómo su coño se contraía alrededor de mi verga, apretándome con fuerza.
Mi tía y yo estábamos tan absortos en nuestro acto de amor y pasión que no nos dimos cuenta de que follábamos sin protección. Estábamos demasiado concentrados en el placer de nuestros cuerpos unidos, en el goce de sentir nuestros sexos entrelazados.
Yo la penetraba con embestidas profundas y rápidas, sintiendo cómo su coño me ordeñaba con fuerza. Mi tía me abrazaba, con las piernas y brazos rodeándome por completo. Nos besábamos con pasión, con lenguas enredadas y gemidos de placer.
De pronto, sentí un hormigueo en mi pene. Sabía que estaba a punto de correrme. Aumenté el ritmo, follándola con más fuerza.
«Me voy a correr, tía», gemí, con la voz entrecortada. «Me voy a correr».
Yo no aguanté más. Me corrí con un grito fuerte, con chorros de semen caliente inundando el coño de mi tía. Sentía cómo mi verga palpitaba, liberando mi descarga dentro de su útero.
Cuando terminamos, los dos nos dejamos caer exhaustos en la cama. Mi tía me abrazaba, con su cabeza en mi pecho. Yo la abrazaba también, sintiendo su cuerpo desnudo pegado al mío.
De pronto, me di cuenta de que no habíamos usado condón. «Tía», susurré. «Perdón. No nos protegimos».
Mi tía sonrío y me dio un beso suave. «No te preocupes, Julián», susurró. «Soy tu novia. Es normal que deposites tu semen dentro de mí».
Yo sonreí, sintiéndome el hombre más afortunado del mundo. Sabía que tenía que ser más cuidadoso, pero en ese momento solo quería disfrutar de su cuerpo y su amor.
«Tía, ¿qué pasaría si un día te embarazo?», pregunté con duda. Ella me sonrió «Julián», me dijo con dulzura. «Soy tu novia. Si quedo embarazada, lo tendré. No hay problema, le haría bien a Santi tener un hermano».
Actualmente, sigo viviendo con mis padres y continúo teniendo sexo con mi tía. Tenemos un pequeño secreto: un niño de 2 años.


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