«Eduardo» El primo de mi esposo
Empecé a convivir con el primo de mi esposo y me dio verga hasta quedar embarazada. .
Voy a narrarles algunas de mis aventuras con un primo de mi esposo. Llevo casada ya algunos años; mi esposo tiene problemas con el alcohol y, por esos mismos problemas, me descuida mucho. Se sale a tomar y se pierde en la bebida. A raíz de sus parrandas, comencé a tener contacto con uno de sus primos y terminamos teniendo una aventura sexual de varios años, todo sin que mi marido se dé cuenta de nada…
Me llamo Rocío, soy una chica de 26 años, me considero guapa y me encanta hacer ejercicio; voy al gym y también hago zumba. Tengo un cuerpo cuidado a pesar de mis bebés, me mantengo en forma. Este rollo inició un día que había fiesta en el pueblo: mi marido nos llevó al jaripeo y ahí nos topamos con su primo, al cual llamaremos Eduardo.
Eduardo y mi marido se pusieron a tomar mucho. A mi esposo el alcohol se le subió y nos tuvimos que ir del jaripeo; el primo se fue a su casa y nosotros a la nuestra. Pero el necio de mi marido se volvió a salir a tomar. Ya como a las 2 de la mañana, le escribí al primo para preguntarle si había vuelto a ver a mi esposo, a lo cual respondió que no. Desde ahí comenzó a charlar conmigo.
Al siguiente día me mandó mensajes y buscaba hacerme plática; al paso de más días, me confesó que le gustaba. Al principio lo vi mal, ya que es el primo de mi esposo y, además, su compañero de parrandas; son bastante cercanos. Pero él me decía que sería una aventura entre nosotros y, ya saben, la labia.
La idea de comerme a su primo me empezó a excitar; esa sensación de adrenalina y de hacer algo prohibido tomó más fuerza en mí. Poco a poco fui bajando la guardia y dejándome llevar por su labia. Obviamente yo tenía el control, pero lo hacía pensar que estaba cayendo en su juego cuando, en realidad, yo ya había decidido cogerlo; solo esperaba la ocasión.
El encuentro en el huamuche
Pasó algún tiempo y se repitió un fin de semana de jaripeo, ya que en mi pueblo son muy comunes. Para variar, mi esposo andaba con su primo en el evento. Ya era algo tarde, como las 11 o 12 de la noche, y desde ahí el primo me escribía diciéndome que nos viéramos, que mi marido estaba tomando y que ni se daría cuenta. Le decía que no porque era riesgoso, pero a la vez me excitaba la idea de hacerlo.
Yo tenía ya unos días en que mi marido no me había cumplido y, la verdad, sí tenía ganas de una buena cogida.
—¿Pero cómo le haremos si tú estás tomando con él? —le pregunté.
—No te preocupes, están varios aquí. Les diré que voy a ver a una chica y que regreso más tarde. Ya sabes que él se sigue de largo en la tomadera, ni se dará cuenta —respondió.
En eso tenía razón: una vez que mi marido agarra la botella, se olvida de todo. El cuento es que me convenció. Me cercioré de que mis crías estuvieran bien dormidas, me quité la pijama y me puse un hilo dental negro, una blusa de tirantes negra y una mini faldita de mezclilla muy cortita que deja ver mi piernas (y que al sentarme es muy fácil que enseñe el calzón, por eso mi marido no me deja ponérmela para salir).
Estuve atenta para que me avisara cuando ya estuviera afuera de la casa de mis papás, porque sí, vivimos en casa de mis papás.
Me llegó el mensaje y, con toda la adrenalina y el mayor silencio posible, me salí a la calle y me subí rápidamente al coche del primo
Él de inmediato condujo por las calles del pueblo hasta llegar al despoblado; se estacionó debajo de un huamuche y platicamos. Me decía que me veía muy rica. Yo ya iba con ganas, así que no había que perder el tiempo.
Nos comenzamos a besar y sus manos pronto entraron en mi blusa para tocar mis pechos y sacarlos al aire para besarlos, mientras con su otra mano subía por mis piernas hasta mi vagina, y yo las abría para que me tocara a gusto.
Nos pasamos para el asiento de atrás. Recuerdo que era noche de luna y a lo lejos se escuchaba la banda que tocaba en el jaripeo. Con las puertas abiertas, me siguió besando y tocando; me recogió la falda, me hizo a un lado el hilo y me dio un riquísimo sexo oral. Yo gemía a todo lo que da mientras me dedeaba y lamía, ¡uff! Ese juego se había vuelto realidad: el primo de mi esposo me tenía para él.
Enseguida tomé su pene y comencé a masturbarlo suave; me lo llevé a la boca para mamarlo rico. Ya estaba muy caliente, así que no tardé mucho en decirle: ¡ya cógeme! Sobre el asiento me abrió de piernas y me la clavó sin piedad.
Comenzó a cogerme duro, diciéndome que siempre le había gustado y que me deseaba mucho. Yo, toda excitada, solo atinaba a decir que me cogiera rico. Me puso en cuatro también, y me encantaban sus embestidas; podía sentir sus huevos chocando contra mi clítoris mientras me nalgueaba y me preguntaba si me gustaba.
Yo, entre gemidos, le decía que sí y seguía disfrutando. Después lo monté muy rico hasta que me vine encima de él, y seguí moviéndome despacio hasta hacerlo venir.
Miré el celular y eran casi las dos de la mañana.
—¡Llévame a mi casa! —le dije—. Va a regresar mi marido.
—Tranquila —dijo, e hizo una llamada para preguntar si aún seguían tomando—. ¿Ya ves? Ahí sigue bebiendo, ni cuenta se va a dar.
Llegué a mi casa y con mucha cautela entré sin hacer ruido; me fui a mi habitación y me dispuse a dormir como una buena esposa. Ya ni cuenta me di a qué hora regresó mi cornudo marido…
Seguido veía al primo y me daba la verga que tanto me gustaba hasta que salí embarazada mintiéndole a mi esposo que es el pero la realidad es otra .


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