EL PENE DE ORO
El pene de Juan era muy pequeño y no sabía gozar el sexo. Un brujo le proporcionó alivio en sus urgencias..
Juanito tenía un miembro de lo más vulgar. Se avergonzaba de él. Su madre siempre se había compadecido de la pobre condición sexual de su hijo y veía de lo más normal que, a sus casi 30 años permaneciera virgen. Ni siquiera había podido consumar una masturbación completa, hasta el orgasmo.
Juanito vivía en una zona rural de centroamérica, donde, entre otras particularidades culturales, se practicaban cosas como las curaciones con hierbas y con piedras semipreciosas extraídas en la región con fines comerciales. Él había buscado0 algún remedio para su miserable condición varonil visitando a algunos personajes que realizaban curaciones naturales de ese tipo, pero nada había obtenido. Uno de estos personajes fue quien le habló de un chamán o brujo que, a su decir, podía ayudarlo. Cobraba caro, le dijo, así que Juanito, lleno de esperanza, trabajó duramente y economizó al máximo para juntar una suma que, a su juicio, sería suficiente para pagar un servicio típico.
Una mañana, Juan tomó el camino sierra arriba, que lo llevaría a la casa del brujo. Cuidadosamente cruzó arroyos y escaló obstáculos rocosos hasta llegar a una puerta rústica, fabricada a mano y muy sólida. No había perros guardianes ni nada de ese tipo. Antes de tocar, pensó en las palabras que iba a decir mientras, casa adentro, el brujo hacía ruidos en su trajín diario. Le abrió la puerta: era un hombrecillo de edad indefinible y de aspecto casi normal.
-Buendía, señor- habló Juan
El chamán no contestó pero se hizo a un lado invitándolo a pasar a la casa con ese gesto.
Juanito, entre sollozos, le contó su problema. El brujo, empático pero realista, le dijo: ‘No puedo hacer mucho por tí. Yo puedo ayudarte con el tamaño de tu pene, pero no sería un pene normal. Es decir, las mujeres te rechazarían quizás al verlo’.
-Explíqueme más – dijo Juan.
Escúcheme: yo puedo fabricarle a usted una prótesis de un material que yo fabrico y que tiene el aspecto del oro. Es una funda de ese material, donde meterías tu pene. Tu pene tomaría contacto total con la funda, de tal manera que tú sentirías el mismo placer que siente un hombre en forma normal al estimular su miembro. Sería, digamos, un precioso pene de oro, que solo sería diferente de los normales en el color y, además, tú eligirías sus dimensiones, pero no te excedas porque el costo dependerá de la cantidad de material que se lleve.
Juan pensó solo unos segundos y aceptó. Sacó todo su dinero y preguntó: ¿qué puede darme con todo esto?
-Caramba amigo-dijo el brujo- Podría fabricarte un pene de medio metro de longitud y 10 centímetros de diámetro.
No-replicó Juan-No podría usarlo con ninguna mujer- Fabríqueme uno de 30 centímetos de largo y 8 de ancho.
-De acuerdo- dijo el brujo con una sonrisa casi imperceptible. Y se puso manos a la obra.
Unas horas después, cerraron la operación. Juanito pagó y recibió, envuelto en papel comercial, un pene dorado que, pese a sus dimensiones respetables, apenas pesaba unos gramos.
Cuando Juan llegó a su casa entró apresuradamente en su habitación y abrazando su nuevo pene, pues notó que su madre se aproximó a él, esperando quizás, que su hijo hubiera traído algo para comer.
-Buenas tardes, mamacita- dijo Juan
-Qué trajiste- preguntó Rita, su madre
-Cosas para mi trabajo- dijo Juan
Su madre no preguntó mas y pasaron a la mesa donde estuvieron comiendo y charlando hasta que hubo necesidad de prender las luces de la casita.
Esa noche, cuando su madre roncaba agotada por el trabajo de la casa y por el peso de sus cincuenta y tantos, Juan desenvolvió su secreto y lo estuvo palpando. Lo tocó con esmero, lo acarició, lo olió y hasta le pasó la lengua en toda su longitud. Era una buena verga dorada, sin duda. Luego, se bajó el rústico pantalon y vio que su pequeño pene se hallaba erecto con la manipulación que acababa de realizar. Colocó sin problemas la funda sobre el pene real y algo empezó a notar: su pene empezaba a reaccionar hasta hacerlo sentir como si el pene de oro fuera el suyo. Probó una masturbación y su mano aspera a duras penas alcanzó para estimular su nuevo pene. Eyaculó per primera vez en su vida, copiosamente y terminando en un precioso goteo que cayó en el piso haciendo un bello camino de proteína que terminaba en uno de sus zapatos. Cayó en un delicioso sopor del que despertó con los rayos del día nuevo. Aseó y guardó muy bien su nuevo tesoro para luego alistarse para irse a trabajar.
Esa noche Juanito entró a su recámara y volvió a admirar su juguete dorado. Era más bello cuando palanqueba sobre su sexo haciéndolo gozar cada vez que los latidos de su corazón lo hacían subir y bajar. Se desnudó completamente, dejó la luz apenas a medias y acarició con sus mejillas y a ojos cerrados, el pene de oro. Su pene pequeñito reaccionó con una ridícula erección y supo que era el momento de la venganza. Lo acopló a su cuerpo y volvió a ocurrir el prodigio: el pene de oro era su pene.
Empezó a manipularlo, a recorrerlo con sus dos manos hasta que pareció un bello émbolo de oro. Empezó a gemir, de placer y de morbo. Gritaba en voz baja y seguía aprendiendo a obtener su placer con la nueva maquinaria dorada. Pero había olvidado poner seguro a la puerta.
Su madre abrió suavemente la puerta y quedó hechizada al ver a su hijo: ‘ ¿qué te pasa Juan? ‘
Ay madre- dijo Juan -¿Pues qué no me ves?-
-¿Y esa verga, hijo? – preguntó Rita
– Es mía, madre. Es mi nueva verga. Se la compre ayer al chamán de arriba…en el cerro- dijo Juan
-Ay hijo. ¡Qué buena está tu verga!- dijo Rita – Parece de oro
-No es oro- dijo Juan- Es una verga
-¿Me dejas tocarla?- dijo Rita y sin esperar respuesta la recorrió con sus manitas maltratadas por el duro trabajo diario. Juan empezó a gemir al sentir el contacto: ‘ Aaaaahhhh madre…No sigas, le dijo. No sigassss…! ‘
Unos segundos después, Juan eyaculó en las manos de Rita…Asombrada, mientras el pene perdía su erección, llevó a su boca un poco de semen y entrecerró los ojos…: ‘ Ay hijo, qué buena está tu leche…! ‘
Rita consumió en su totalidad el semen y el pene volvió a crecer mostrando el sístole y el diástole del corazón de su hijo con sus rudos movimientos. Juan yacía sin iniciativa sobre su cama cuando Rita dijo: ¿Me dejas frotarme mi vulva con tu pene? Hace tantos años que no hago slgo así…! ‘
Juan no respondió y Rita se desnudó frente a él, enseñando una tetas morenas con pezones erectos y una vulva brillando con sus propios jugos bajo una mata rala de pelos negros aún. Se trepó y se colocó apropiadamente sobre el inmenso garrote y poco a poco lo fue haciendo resbalar en su interior mientras abría la boca para jalar aire y cerraba los ojos para saborear aquella maravilla.
Cuando Juan sintió que su pene topó en el útero de Rita, ésta pegó un grito salvaje y empezó a cabalgar como si tuviera 20 años durante unos minutos y hasta llenar su vientre con el semen de Juan. Una pasta espesa parecida al yogur salió por las comisuras de su vulva y pintó de blanco el vientre de su hijo. Resbaló como muerta cayendo a un lado. Juan la observó con amor mientras se reponía.
Rita reaccionó y dijo: ‘Juan. ¡Qué tesoro tenemos!’
La leyenda dice que Rita murió ya muy anciana y que fueron muy felices sus últimos años…


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