• Link to X Link to X Link to X
  • Link to Telegram Link to Telegram Link to Telegram
  • Registrate
  • Entrar
ATENCION: Contenido para adultos (+18), si eres menor de edad abandona este sitio.   Siguenos en X/Twitter
Sexo Sin Tabues 3.0
  • Inicio
  • Últimos Relatos
  • Publicar Relatos
  • Relatos Eróticos
    • Categorías de relatos
    • Buscar relatos
    • Relatos mas leidos
    • Relatos mas votados
    • Relatos favoritos
    • Mis relatos
    • Cómo escribir un relato erótico
  • Menú Menú
(4 votos)
Incestos en Familia

El Preservativo de mi hija (II)

No sé si fue la alineación de los astros, la suerte o el mismísimo demonio. En esos dos días, todo desembocó en las corridas más espectaculares que hasta ahora hemos disfrutado mi hija y yo..
No tengo nada claro si mi hija ya era así antes de lo nuestro o se ha convertido así después de lo sucedido entre nosotros. En cualquier caso lo que volvió a suceder ese sábado supera con creces cualquier cosa imaginada por mi mente calenturienta. Por no hablar ya de lo que asó el domingo.
No sé si fue la alineación de los astros, la suerte o el mismísimo demonio. En esos dos días, todo desembocó en las corridas más espectaculares que hasta ahora hemos disfrutado mi hija y yo.

Tengo que decir que, como dije anteriormente no estoy nada gordo, pero aun así, desde que todo esto empezó, he perdido casi 10 kilos. Mi hija está encantada con ello, su madre no tanto. No para de preguntarme que leches estoy haciendo para perder tan rápido tanto peso.

La cuestión es que, ese sábado (unas cuatro semanas después de nuestro ultimo hacer), hubo un hecho que propició que mi hija y yo tuviéramos por fin, la mejor sesión de sexo de nuestras vidas. Sinceramente, creo que es insuperable. Y a las pruebas me remito.

El viernes, mi mujer recibió una llamada.

Cuando terminó de hablar le pregunté:
—¿Qué sucede?
—Nada, es la peluquera. Dice que una de las chicas se ha puesto enferma y me ha preguntado si puedo ir el sábado por la tarde en vez de por la mañana como tenía programado.
—¿Y qué le has dicho?
—¿Pues no lo has oído? Que vale. Qué remedio. Si no, no volveré a tener hora hasta pasado una semana o más.
—¿A qué hora te la ha dado?
—A las 4 y media de la tarde.

¡Madre mía! Esta era mi oportunidad de estar un buen rato a solas con mi hija.

Ella, mi hija, trabaja el sábado por la mañana y no sale hasta las dos de la tarde. Habiendo cambiado a la tarde el horario de la peluquería a mi mujer, nos dejaba más de 2 horas, para estar los dos completamente solos.

A veces mi mujer tardaba incluso más en llamarme para que fuera a buscarla, por que aprovechaba que estaba en la ciudad, para ir a alguna de esas tiendas que a ella tanto le gustaban y que a mi me gustaban tan poco.

En el pequeño pueblo donde vivimos, tan solo hay una peluquería. Una a la que mi mujer y mi hija no quieren ir ni borrachas. Dicen las dos que es una peluquería de viejas. Y no les falta razón. La edad media de la gente de este pequeño pueblo es muy alta. Por lo tanto las dos iban a una peluquería de la ciudad, que estaba a unos 20 kilómetros de casa. Y como siempre en el caso de mi mujer, yo era el que la llevaba siempre y como no, el que la recogía.

Lo mejor de todo en este caso, es que tendríamos los márgenes de tiempo totalmente controlados. Una cosa estaba clara, mi mujer no nos iba a poder sorprender de ninguna de las maneras

Nada más pensar en todo lo que podía suceder ese sábado entre mi hija y yo, me puso la polla como el acero. Me metí en el baño y me pajeé para liberar algo de tensión hasta entonces.
Por fin llegó el sábado. Mi hija claro, ya sabía que su madre se iba por la tarde a la peluquería.
Entre los dos, no hubo ni una palabra al respecto. Cosa ésta que a mi me tenía un poco preocupado. Pero bueno, como mi hija no dejaba de sorprenderme, no me preocupó más de lo necesario. Tampoco quería demostrarle mi tremenda impaciencia.

Sobre las 15:30 de la tarde le dije a mi mujer que me iba a dar una ducha.
—¿Otra? —Sí, he estado haciendo cosillas en el patio —mentí—. Estoy algo sudado.
—Pues date prisa.
—Descuida.

Mi intención era estar bien limpio para cuando volviera a casa y no perder nada de tiempo para encontrarme con mi preciosa hija.
—¡Papá! —escuché a mi hija gritar desde su habitación.
—Dime…
—No gastes mucha agua caliente del termo. Yo también me quiero duchar luego.

Mensaje recibido cariño me dije a mi mismo aliviado.
—Descuida cielo, me ducharé con agua fría si hace falta.
—Mira que eres burro papá.

Pocos minutos después, salí de la ducha. Mi mujer y yo nos montamos en el coche. Unos 20 minutos después, la dejé en la peluquería.
Aunque tardé en volver menos de 15 minutos, la vuelta se me hizo eterna. Me parecía que nunca llegaría a casa. No me había puesto calzoncillos. Iba tan empalmado que me dolía el rabo considerablemente al rozarse con las costuras del pantalón.

Cuando llegué a casa, entré con disimulada tranquilidad. Dejé las llaves del vehículo en su sitio habitual y me dirigí al salón tranquilamente, aunque el bulto en el pantalón me delataba miserablemente.
Allí sentada en el sofá, me esperaba mi preciosa hija con un top blanco, bien prieto que le cubría un par o tres de dedos por debajo de sus pechos. Por lo demás, su esbelto cuerpazo estaba por completo desnudo, dejándome ver con sus piernas algo separadas, su maravilloso coño depilado.
—Eres muy atrevida cariño —le dije sonriendo—, si por lo que sea llego a volver con mamá, menuda faena.

Me miró pensativa y contestó:
—Tienes razón papá. La próxima vez tendré más cuidado. Tengo tantas ganas de estar contigo que no pensé en eso.—Hay que ser más precavidos cielo —dije mientras noté como sus ojos se posaban en el gran bulto de mi pantalón.
—Ven papi, acércate.

No tuvo que decírmelo dos veces. Me acerqué a ella. Alargó sus manos y me desabrochó el pantalón. Como no llevaba calzoncillos, mi polla salió disparada hacia ella como un resorte sorprendiéndola.
—¡Guau papá! Te has afeitado enterito.

Cogió muy lentamente mi gran polla.
—¿Lo has hecho por mí?
—Claro que sí cariño.
—¿Mamá te ha dicho algo?
—Sí. Pero tranquila, se ha tragado bien la milonga que le he contado.
—O papá, muchas gracias por habértela afeitado toda. Yo sí que me la voy a tragar bien esta milonga —dijo escapándosele una risilla.

No me dio tiempo a decir ni mu, que ya tenía mi polla hasta el fondo dentro de su boca. ¡O dios como le gustaba chuparme la polla! Comenzó a chupar con un vigor desmesurado, mientras me miraba a los ojos con descaro.

Agarré su cabeza y empecé a follarme rápidamente su boca. Sacó unos segundos mi polla de ella y jadeante me confesó:—O sí papá, me encanta que me folles la boca así. No te imaginas como me pone eso.
Se la volví a meter tan rápido y tan violentamente que no le dio tiempo a abrirla lo suficiente. Sus dientes me rozaron la polla. Aunque me hice un daño considerable, me dio igual, me la follé más vigorosamente aún si cabe. En cualquier caso el dolor tardó bien poco en remitir por completo.
—Cariño —le dije mientras disminuía casi por entero mi follada en su boca—la última vez prometiste algo.
—Uuunnmmm —logró ronronear con mi polla hasta el fondo de su garganta.
—Me dijiste que como tenía la vasectomía hecha, la próxima vez, te la podía meter por donde quisiera, como quisiera y todo el tiempo que quisiera.

Me agarró por las caderas fuertemente obligándome a metérsela lo más profundamente que pudiera en su boca. Luego sacó mi polla chorreante. Con los carrillos y la comisura de su boca empapada de su propia saliva me miró a los ojos y me dijo:
—Claro que sí. ¿Qué quieres hacerme?
—Me gustaría empezar a follarte primero por detrás.
—Vale papá, pero ten cuidado. Esta polla es muy gorda —dijo mientras me daba un beso en la punta del capullo—. Lo único que me ha entrado por ahí fue tu dedo la última vez.
—Jamás te haría daño cariño. Jamás te haría nada que no te gustase. ¿Lo sabes verdad?
—Lo sé papá. Confío plenamente en tí.

Dicho esto, como queriendo dar fe de su confianza en mí, comenzó a darme pequeños y suaves besitos por toda la polla, recorriéndola hasta mis rasurados huevos.
—Vamos a tu habitación.
—No, no. Quiero seguir aquí en el salón.
—Pues la ultima vez no estabas muy entusiasmada en el salón.
—Jajaja —se rio fuertemente ella—, la última vez papá, no tenía ni idea de lo que iba a pasar aquí en el salón. Anda que si lo llego a saber…

Siguió riéndose.
—Papi, tengo tan buenos recuerdos de aquel día, que tan solo de pensar que me follas sobre la alfombra del salón, me pongo cachondísimo.
—Por mi no hay problema. Más bien todo lo contrario.

Me quité por completo los pantalones y le dije:
—Espera, ahora vuelvo.

Cuando volví a entrar en el salón, lo hice con mi polla aún bien tiesa y un pote en mis manos del mejor lubricante.
Se lo mostré y estallamos los dos a carcajadas.
Ella se incorporó del sofá poniéndose de pie con ese espectacular cuerpo que tan cachondo me pone.

Ahí de pie, con ese top que llevaba, que era una segunda piel, que no disimulaban para nada sus pechos y menos aún sus puntiagudos y duros pezones. Dejaba al descubierto por completo su estrecha y tersa barriga, haciendo que sus largas y bien torneadas piernas parecieran mucho más largas aún si cave. Me daba unas ganas terribles de abrazarme a esas piernas y llenarlas de caricias y besos.!

Qué buena está mi hija joder!
—¿Cómo quieres que me ponga?
—A cuatro patas, sobre la alfombra. En la postura del perrito.
—Vale.

Comenzó a quitarse su ajustado top.
—No, no te lo quites. Déjatelo puesto. Me pone mucho follarte con el top puesto. Me da mucho morbo.
—No me digas esas cosas papi que empiezo a chorrear —me dijo riéndose mientras se tapaba con su mano derecha su maravilloso coño.
—Bueno si te soy sincera —continuó diciendo—, estoy chorreando desde que saliste por esa puerta a llevar a mamá a la peluquería.

Dicho esto se arrodilló y se situó sobre la alfombra a cuatro patas. Luego me miró fijamente con pura lujuria y deseo:
—Venga vamos papi, métemela por detrás.

¡Dios, que preciosa era! ¡Y que tremenda estaba a cuatro patas!

Me quedé un buen rato embelesado contemplando ese tremendo portento de mujer que era mi hija.
—¿Papá…? —se impacientó sacándome de mi embelesamiento, pasando provocadoramente su lengua por sus carnosos labios.

No pude evitar arrodillarme frente a ella y meterle nuevamente mi polla en su jugosa boca. Ella la engulló con avidez.
Metí mis manos entre sus brazos y le acaricie sus duros pechos mientras no paraba de chuparme la polla.
Sus pechos. ¡dios! En esa postura del perrito, la gravedad hacía muy bien su trabajo y por muy duros que fueran los notaba más grandes y voluminosos que nunca entre mis dedos.

Estuvimos así un rato hasta que decidí, que ya era el momento de presentar toda mi atención a su precioso culo.

Le saqué mi rabo de la boca. No sin un pequeño reproche por su parte.
—¿Me vas a dejar con las ganas de que te me corras primero en la boca papi.? —me dijo ella con un tono de niña mala e infantil para luego poner carita de pucheritos, que casi me hace replanteármelo y cambiar de opinión.

Pero no, mi voluntad fue más fuerte.
—jejeje, lo prometido es deuda cielo. Tienes que cumplir lo prometido.

Me situé tras ella. ¡Madre mía! Lo que veían mis ojos me dejó por completo extasiado. !Solo en vídeos porno había visto algo semejante!
Menuda preciosidad de culo que tenía en esa postura mi hija. Grande redondo y duro como la piedra. La redondez de sus turgentes caderas, era espectacular.
En esa postura, la parte posterior de sus maravillosas largas y bien torneadas piernas me resultó tan increíble que no pude dejar de acariciar y besar con pasión todo lo que podía abarcar.

Mi hija me correspondía con agrado a mis besos y caricias moviendo sus caderas de arriba a bajo y de derecha a izquierda, arrancando de sus labios suspiros de placer.
Su coño así visto por detrás, a cuatro patas me dejó tan impactado que, me olvidé por completo de cuál era mi principal cometido.

Su coño se mostraba como lo más precioso que habían visto mis ojos en mi vida. Se mostraba con una preciosidad y perfección insultante. Éste se dibujaba como una perfecta, grande y preciosa almeja. Unos labios perfectamente perfilados, prietos y semiabiertos por culpa de un provocador e hinchado clítoris que asomaba mirándome con descaro.

Recordé al instante lo que en un principio quería hacer, cuando separé un poco sus duras nalgas y se me mostró en todo su esplendor su cerradísimo, prieto y húmedo ano.
Si soy sincero, lo que me hizo la boca agua, fue ver el brillo de la chorreante humedad de su abultada vulva y todo su entorno. Humedad que le llegaba hasta el mismísimo ano.

Tuve que contenerme para no lanzarme a esa vagina y comérmela hasta hacerle correr como una loca.
Pero no, eso llegaría luego.
Por suerte esta vez, teníamos tiempo para todo. Y pensaba aprovecharlo al máximo.

Cogí el lubricante y comencé a untarlo por su ano.
—¡Uuuhi!, que frio está papá.
—Tranquila que pronto lo calentamos.

Me unté el dedo índice con la misma crema y con lentitud lo fui introduciendo en su ano hasta el fondo.
—Uffff, ooff —la escuché.
—¿Te hago daño?
—No que va papá, ohh ufff me gusta, sigue, sigue, me gusta.

Esto me animó. Así que saqué el dedo índice, me unté el dedo gordo y se lo introduje.

Éste entró fácilmente haciéndole expulsar nuevamente pequeños gemidos.
—uff ohhh uff ohhhh.
—¿Te gusta?
—Ohhh, mucho papá…

Seguí un rato penetrando su ano con mi dedo gordo mientras a la vez con el resto de los dedos de esa misma mano acariciaba su coño por completo. Empecé a notar como ella movía sus caderas, acompasando sus movimiento a mis cada vez más rápidas y placenteras penetraciones con mi dedo.

Saqué el dedo y unté lubricante en mis dedos índice y corazón.
—ohhh sí papá, ohhh por favor, méteme ya tu polla.
—Espera un poco cariño, no seas impaciente. Hay que dilatarlo bien.

Era el momento de comprobar si mi polla podía hacerle más daño del estrictamente necesario.
Miré mi gran polla. Era tal mi excitación que vi como chorreaba de ésta un gran hilo de líquido preseminal.
Comencé a introducir muy lentamente y a la vez mis dos dedos. ¡Por Dios como los apretaba su estrecho ano!
Estaba deseando meter mi gorda polla ahí.
—!Ahhh!, Uuufff, ¡aaahh! —exclamó ella.
—Perdona cariño. ¿Te hago daño?
—Un poco. Pero no pares. Sigue, sigue por favor…

Seguí introduciendo los dos dedos con pequeños mete y saca, hasta llegar a los nudillos. Acto seguido comencé a introducirlos y sacarlos cada vez más rápido.
—Ufff, ohhuuhh, ohhhuuHH, ¡por dios papá..!, me gusta mucho, ¡méteme tu polla por favor!

¡Madre mía! Si seguía pidiéndomelo así, no me iba a dar tiempo ni a metérsela. ¡Me iba a correr ya mismo!

Aceleré mucho las acometidas de mi mano derecha, mientras con la izquierda echaba una gran cantidad de lubricante sobre mi polla dejándola bien embadurnada. Saqué mis dos dedos de su culo y cogiéndome la polla acaricié con ella su precioso ano.
Separé bien sus glúteos y muy lentamente empecé a introducir mi gordo capullo en su ya más que dilatado agujero anal.
—¡Ahhh, Ahhhohhh, Uufff, ohhhh!

Paré de empujar temeroso de estar haciéndole daño. Me miró por encima de su hombro y agarrándome por mi cadera derecha me suplicó:
—¡Por Dios papá no pares! Despacito, pero métemela hasta lo más hondo por favor.

Miré su preciosa cara y no tenía expresión de dolor alguno, sino de todo lo contrario.
¡Por dios! ¿Pero a quién coño había salido esta chica?
Seguí sujetando mi polla. Empujé nuevamente.

Mi capullo se fue introduciendo lentamente no sin cierta dificultad.
—Ohhhh, ¡que gusto papá! ¡Métela toda, métela!

Empujé más. Todo mi glande se introdujo por fin dentro de su ano. ¡Cielos! Cuándo su esfínter abrazó por completo mi glande creí estar en el paraíso.
Su esfínter lo rodeó en su totalidad, con tanta fuerza, que no pude aguantarme más y empecé a correrme como un cosaco.
Me sujeté fuertemente a sus caderas sin moverme en absoluto, por miedo a hacerle daño si me ponía a embestirla como un loco. Eyaculé y eyaculé y no paraba de eyacular dentro de su culo.

—¡Ohhh, ohhh, papá! ¡Te estás corriendo¡ —Exclamó mi hija con sorpresa y satisfacción.

Muy a mi pesar tuve que admitirlo.
—Si cariño, no he podido aguantarme más. —dije con dificultad mientras no paraba de correrme apretando los dientes.
—O dios papá, se siente tan raro, se siente también. ¡Noto tus corridas dentro de mi culo! ¡Ooohhh me pones a mil. Es maravilloso. ¡O dios que gusto papá!

Se giró nuevamente y me observó mientras yo no paraba de escupir semen dentro de su espectacular culo.

Una de las cosas que me había hecho descubrir mi hija, era que la cantidad de semen en la eyaculación era muy relativa en una misma persona.
En mi relación de tantos años con mi mujer, estable y monótona, siempre me he considerado un hombre con una eyaculación normal y no muy cuantiosa. Llego al orgasmo teniendo una eyaculación fuerte, luego un par más leves y con poca fuerza.

Nada que ver con la eyaculación que consigo con mi hija. Mi hija consigue que eyacule una y otra y otra y otra y otra y otra… Parece no parar nunca. Incluso cuando creo que no va a salir más, vuelve a escupir con fuerza. Lo mejor es que tras el orgasmo, en cada una de esas corridas, es como un micro orgasmo. Es una sensación muy placentera.

Ahora tengo la total seguridad, que el grado de excitación y morbo que me provoca mi hija, hace que mi cuerpo genere esa insólita y considerable cantidad de semen y que mi polla escupa ahora con una fuerza inusitada.

Nada semejante me había sucedido antes. Y el placer que consigo con cada una de mis interminables eyaculaciones es sensacional.
—Tranquila cariño —le dije cuando terminé de correrme—, este rabo va a seguir igual o más duro te lo aseguro.
—Eso espero. Porque tengo unas ganas terribles de que me la metas bien por detrás.

No la hice esperar más y seguí introduciendo lentamente mi polla hasta los huevos, mientras ella gritaba de placer.
—Ufff, ¡ohhh por favor papá fóllame!, ohhh ¡fóllame bien por el culo..! —me pedía ella sin parar de mirarme por encima de su hombro, con una cara de placer indescriptible.

Cuando vi su boca abrirse como pez fuera del agua, juro que todo mi cuerpo se estremeció al ver el placer tan intenso que le estaba provocando a mi propia hija.
Cuando mis huevos tocaron sus prietas nalgas empecé a follármela cada vez con mayor intensidad. Aunque notaba la fuerte presión que ejercía sobre mi rabo su ano, entraba y salia con facilidad.
—¡Ohhhh fóllame mas fuerte por favor más fuerte papá!, ¡Ohhh dios, que gusto!

Mi embestidas se hicieron mucho más contundentes. Éstas empezaron a oirse muy claramente cuando mi cuerpo golpeaba fuertemente sus glúteos introduciendo con fuerza hasta el fondo de su culo mi dura polla.
—¡Me voy a correr papá!, ¡dame fuerte, más fuerte o dios me corro me corro!

La agarre fuertemente por sus caderas y continúe follándomela como si me fuese en ello la vida misma.

Ella dejó caer súbitamente el cuerpo por su parte superior sobre la alfombra. Vi como se agarraba con fuerza con las dos manos en ella, tan fuerte que incluso llegó a levantarla.
—Me corro, ¡OOHH dios! ¿Qué me haces papá? Por dios no he sentido nada igual en mi vida, OHH ¡me corro me corro..!, ¡fóllame más fuerte, más fuerte..!, ¡Ooohhhh que gustoooo!, me vas a matar ¡ooOhhh, ooOhhhh!

Mientras le penetraba por el culo con fiereza, noté de repente con sorpresa, como un chorro de líquido caliente me golpeaba con fuerza los huevos y las piernas.
—¡Ahhhh!, ¡Ahhhhh!, ¡Ahhhhhh! —gritaba de placer mi hija.

Cuando salí de mi asombro y asimilé lo que sucedía la empecé a embestir con tal fuerza que todo ese imparable chorro de líquido empezó a salpicarlo todo.
Tal fue así, que incluso se me mojó el pecho, mi cara y parte de la preciosa espalda de mi hija.
—¡Ahhhh!, ¡Ahhhh!, ¡Ahhhh!, ¡Ahhhh!, ¡Ahhhh!, ¡Ahhhh! —gritaba mi hija en cada una de mis sonoras envestidas, sin dejar de mirarme.

El sonido del choque de nuestros cuerpos era estremecedor. El fuerte temblor incontrolado que pude ver de repente en sus glúteos me dejó del todo impactado. Su cuerpo temblaba como si la hubiera poseído un tremendo terremoto.
—Uffffss, unmuuffhhhh, ohhhh —la oí finalmente susurrar.

Cuando su bello cuerpo dejó de temblar, súbitamente enmudeció por completo y me asusté.
Noté con preocupación como mi hija de repente se relajaba en exceso. Sus manos soltaron la alfombra, su cara de lado sobre ésta se había quedado con la boca abierta y babeante y su vista por completo perdida.

Estaba totalmente inmóvil, con su espalda completamente arqueada y mojada. Su ajustado top se le había subido casi a la altura de sus omóplatos. Su tersa barriga casi tocaba la alfombra. Esto hacía que su gran y perfecto culazo se proyectara tan hacia arriba que me obligaba a elevarme un poco, si no quería que mi polla saliera a presión disparada fuera de su precioso culo.
—¿Estás bien cariño? —le pregunté preocupado.

Pasados unos eternos segundos por fin me respondió con la voz muy débil:
—Lo siento papá.
—¿Qué sientes?
—Siento mucho lo que acaba de pasar.
—¿A qué te refieres?
—Jamás pensé que me sucedería algo así. Debo de darte mucho asco. Te debo resultar repugnante. Lo siento mucho.
—¿De qué leches estás hablando?
—Pues de que va a ser. ¡Por dios papá, me he orinado toda entera, te he puesto empapado de mi pipí, lo he puesto todo perdido de orina!
—Cariño eso es lo mas maravilloso que nos podía pasar. No te confundas. Hay un tanto por ciento muy elevado de mujeres que les sucede esto. Es algo que a mi me vuelve loco y que jamás pensé que podría llegar a verlo y menos aún a disfrutarlo.
—Venga papá, me he meado toda entera. ¡Como un bebé! Eso no puede ser gusto de nada ni de nadie. ¡Que vergüenza!
—Cielo eso es el llamado Squirting en inglés y no es orina. Algo de orina puede haber pero según dicen es mínima.

Dicho esto saqué la polla de su prieto culo.

Miré todo su cuerpo por detrás. Estaba totalmente empapada. Iba desde su culo, bajando por las piernas hasta los pies. Buena parte de las salpicaduras también habían mojado su espalda.
La alfombra estaba también totalmente empapada, se podía apreciar un buen charco. Me miré, yo estaba igualmente empapado. ¡Su primer Squirting había sido realmente cuantioso y extraordinario!
Yo no podía salir de mi asombro. Joder estaba encantado de haber logrado provocar eso en mi hija.

La agarré por las caderas y le obligué a darse la vuelta.
Ella se dejó llevar quedándose boca arriba.
Estaba totalmente empapada. Así de ese modo, con su cuerpazo mojado por su propio placer, me resultaba de lo más sexy, apetecible y provocadora.

No obstante, era tal su vergüenza, que se cubrió rápidamente la cara con sus manos impidiéndome ver su precioso rostro. No estaba llorando pero poco le faltaba.

No iba a permitir esto ultimo, le iba ha demostrar, que estaba muy equivocada.
—Ahora mismo veremos si es cierto lo que se dice.
—No papá, ¿Qué vas hacer? No hagas tonterías por favor. No tienes porqué hacerlo. Es asqueroso.
—Calla y déjame hacer a mi cariño.

Tal como estaba boca arriba comencé a acariciar sus piernas y a refregar todo ese líquido por ellas y por el interior de sus muslos, por su coño, por su delgada y tersa barriga.

Introduje mis manos bajo su top y mojé bien sus prietas tetas. Sus pezones, reaccionaron rápidamente a mis húmedas caricias.
Ella seguía con la cara tapada. Abrí sus piernas y me las puse a horcajadas sobre mis hombros.
—O dios papá, no hagas eso por favor —dijo sin oponer ninguna resistencia.

Comencé besando y lamiendo el interior de sus duros muslos. Uno y otro cada vez. Noté rápidamente la placentera receptividad del cuerpo de mi hija a mis besos, lametones y pequeños mordiscos por todo su cuerpo.
—Cariño, te aseguro que esto no es orina.
—Si claro, lo dices para que no me sienta tan mal.
—Lo digo porque es verdad. No sabe a orina ni huele a eso. Y si no me crees pruébalo tu misma.
—¡No gracias! —contestó ella.
—Pues nada cariño, mejor para mí. ¡me lo quedo todo!

Ya no podía alargarlo más, tenía que hacer ver a mi hija que era verdad y que en realidad eso a mi me encantaba.
Para mí, que chorrease su coño de ese modo, no era un impedimento, sino todo lo contrario, una verdadera bendición que deseaba y disfrutaba con locura.

El Squirting era algo que siempre había visto con mucha envidia. Para mí, y más a mi edad era algo que ya tenía como inalcanzable con mi pareja. Ahora el destino había puesto esta proeza a mi alcance y para colmo con mi propia y maravillosa hija. No iba a permitir que ella se cerrase a ello.

Iba a conseguir que ella lo deseara tanto o más que yo.

Acerqué mis labios a su abultado, prieto y empapado coño y lo empecé a lamer con verdadero placer desde su clítoris hasta su ano, sin prisas pero sin pausa, haciéndole ver que yo lo disfrutaba de verdad.
No tardó ella en abrir las piernas todo lo que daban de sí, facilitándome de ese modo que me lo comiera todo. Tampoco tardó mucho, en poner sus dos manos sobre mi cabeza, haciéndome ver que le encantaba.

Mi lengua se introdujo todo lo que daba de sí dentro de su apetitosa vagina, haciéndola suspirar y gemir de placer nuevamente.
—Eres maravilloso papá. Ni en mi mejores sueños podría pensar que pudieran desearme tanto y menos aún hacerme disfrutar tanto. Jamás pensé que pudiera tener estos orgasmos.

Todo ello me lo decía sin parar de acariciarme y apretarme sutilmente la cabeza contra su sexo, mientras balanceaba sus caderas.
Saqué la lengua de su coño y me dediqué por completo a su clítoris que asomaba gordo y duro como una piedra.
Poco tardó en cambiar el balanceo de sus caderas a movimientos arrítmicos preludios de sus intensos orgasmos.
—Oh madre mía, Que bien me comes el coño papá. No voy a tardar en correrme de muevo. ¡Oh por favor..!

Nada más terminar de decirme esas palabras, de súbito y sin previo aviso le introduje fuerte y rápidamente dos de mis dedos hasta el fondo en su prieto coño.
—¡Ahhhh!, ¡Oh sí!, ¡Sí !, ¡Dame más, dame más ohhh ufff papá. Chupa, chúpame toda. Más rápido más rápido… ¡O dios me voy a volver a correr!

Cuando noté que estaba cerca del éxtasis, saqué los dedos de su coño y tan solo me dediqué a succionar con fuerza su hinchado clítoris. A gritos estalló en otro tremendo orgasmo.
—¡Ahhh Ahhh Ohhhhh Ahhhhhh!

Cerró fuertemente las piernas dejándome atrapada mi cabeza entre sus muslos y mientras me sujetaba fuertemente la cabeza y restregaba todo su coño desde mi barbilla hasta por encima de la nariz.

Así estuvo 30 o 40 segundos restregándose contra mi rostro, haciendo que mi nariz acabara dentro de su vagina una y otra vez, una y otra vez.
Desde luego con mi hija, estaba superando con creces, cualquiera de mis fantasías sexuales. Y que una mujer restregase su coño al correrse contra mi cara, era otra de ellas.

Cuando paró de frotarse y convulsionar, abrió sus muslos y liberó mi maltrecha cara. Estaba seguro que todo mi rostro estaría rojo como un tomate, ya que su depilado sexo empezaba a raspar un poco por alguna zona.

El show aún no había terminado, al menos para mi.

Ella se había quedado completamente estirada y espatarrada. Tantos orgasmos le habían dejado por completo exhausta. Pero yo no estaba dispuesto a dejarla descansar todavía.
Fui subiendo lentamente besando y acariciando todo su cuerpo. Cuando llegué a sus pechos, levanté su estrecho top por encima de estos y me dediqué un buen rato a jugar con sus maravillosas tetas.
Cuando mi hija volvió a empezar a suspirar de placer, dejé de besar sus pechos y sujetándolos fuertemente con mis manos, me deslicé hacia arriba hasta poner mi rostro frente al suyo.
No me cansaré de decir lo preciosa que es, y lo tremendamente sexy de sus rasgos, cuando su cara está empapada de sudor, con mechones de su cabello pegados y cruzando por doquier.
—Estás un poco rojo papá —me dijo ella sonriente.
—No lo dudo cariño jejeje.

Acto seguido miré fijamente sus intensos ojos azules y le pregunté:
—¿Nos besamos?

De súbito me miró como ofendida.
—¡Claro que sí tonto!

Me agarró fuertemente la cabeza y comenzó a besarme con pasión.
—Pues va a ser cierto —dijo pasados un par de minutos súbitamente separando nuestros labios.
—¿El qué?
—No hueles nada a pipí.
—Ya te lo dije. No es exactamente orina.
—¿Por qué me pasa cuando me follas por detrás? Cuando me corro de otro modo no me sucede.
—Pues no tengo ni idea cariño.

Hice una pausa.
—¿Sientes muy diferente el orgasmo anal del resto?
—Sí muy diferente. No sé si igual de intenso o más, pero lo que si está claro es que el anal me deja totalmente exhausta.
—Sí, eso he notado —sonreí.
—Lo que también he notado con mucha más intensidad es que, con cada envestida que me dabas por el culo, era como tener un orgasmo. Me estabas volviendo loca de placer, te lo aseguro, con cada clavada que me dabas y cuanto más fuerte me la dabas, más gusto sentía.
—Es muy bueno saber eso cielo —le dije orgulloso.
—¿Sabes papá…?

La miré. Bajó la mirada. De repente enrojeció.
—Si te soy sincera, cuando me giraba y te veía a ti… ¡Oh papá!, a mi propio padre follarme así por detrás, ufff, me sentía morir de gusto.

Me pareció notar que se estremecía
—Creo que cada vez que me giraba a ver como me follabas y te veía a ti dándome de ese modo, ¡oh dios… tenía un orgasmo!

¡Joder como me estaba poniendo lo que me acababa de decir! Saber del morbo que yo le provocaba, ¡que follar con su propio padre le provocaba!¡me ponía a mil!

Nos besamos de nuevo con pasión.
—Ha sido totalmente increíble papá. Estaba disfrutando tanto que creí que me desmayaría. Todo se fue al traste cuando noté que me había orinado por completo. De repente me sentí muy culpable. Me sentí fatal. Muy sucia.

Besé su preciosa nariz con ternura y le sonreí.
—Otra cosa que me mata de placer, es cuando empiezas a introducir el pene en mi ano. Cuando noto tu parte más gorda entrar lentamente en mí, y noto como mi ano se llena totalmente y apretar tu glande con fuerza, me produce un gusto indescriptible. Cuando te has quedado quieto en esa posición mientras te corrías, me estabas matando de gusto a cada eyaculación que salía de tu palpitante polla, ya que hacía que en cada una de ellas, mi ano se dilatara y luego se contrajera una y otra vez. ¡Ha sido maravilloso! Pero como te he dicho, cuando vi que me había orinado se fue todo al traste.

Me miró con ternura.
—Ahora me has hecho ver que eso tampoco es tan raro y que te encanta.

Acto seguido me besó y lamió toda mi cara.
—Y tendremos que repetirlo muchas otras veces cariño. ¿No te parece? —y le di un beso en los labios.
—O papá, tantas veces como quieras.
—Me prometes que te dejarás llevar y que si te llega otro Squirting lo dejarás fluir.
—Te lo prometo papá. Podrás beber todo lo que quieras de mi.

Nos besamos nuevamente. Nuestras lenguas se entrelazaron sin parar una y otra vez. Agarré mi polla con mi mano derecha y la dirigí a su vagina. Se la restregué de arriba a bajo.
Cada vez que mi polla rozaba su agujero, mi hija empujaba un poco para intentar metérsela. Cosa que yo no le permitía aún, oyendo entre sus gozos, sus protestas.
Cuando la tuve bien empapada en sus jugos busqué con ella su oquedad. Al notar su orificio empujé un poco e introduje con cuidado la punta de mi polla.
—Ufff —suspiró ella a notar por fin, mi dilatado glande en la entrada de su húmedo y estrecho coño.

Para su sorpresa lo saqué levemente de nuevo Bajé mi polla un par de centímetros hasta notar su dilatado ano.
Le introduje muy lentamente otra vez todo mi capullo y lo dejé ahí un rato para que ella lo disfrutara en su culo todo lo que quisiera.

Luego inicié un mete y saca con tan solo la punta de mi polla.
—¡Ohhhh joder!, ¡por dios papá que gusto!

Noté como su esfínter no paraba de apretar mi glande una y otra vez. Ella jadeaba sin cesar de placer. Pasados unos minutos, me golpeó con sus talones en mis nalgas, indicándome que la penetrara del todo.

Eso hice, y empecé a follármela nuevamente hasta el fondo por el culo con determinación.

Cada vez más fuerte, cada vez más hondo y cada vez más rápido.
—¡Fóllame, fóllame bien papá.!, ¡Ufff, oohhh fóllame..! —sus gritos y gemidos eran cada vez más fuertes e incontrolables.

Me abrazó fuertemente y comenzó a darme golpes en mi culo con los talones. Era como si estuviera espoleando a un caballo.
—Ohhh por favor me vas a hacer correr otra vez a chorros papá. ¡No pares, no pares!

Le di un par o tres de embestidas más.
—¡Ahhh, ahhhh, ohhhh! —gritaba.

Estaba apunto de hacerla estallar de nuevo en otro fuerte orgasmo. Pero antes de correrse, le tenía reservada otra sorpresa.
Saqué mi polla de su culo a toda velocidad y se la metí fuertemente y de golpe en el coño.
Abrió de forma desorbitada sus ojos para luego desenfocar la mirada mientras su boca se abrió con un placer mudo y de sorpresa, para luego romper su repentino silencio con gritos inusitados.

Los gritos de placer eran tan elevados, que di gracias a Dios por estar follando en el salón y no en una de las habitaciones que daban a la calle. Aún estando ahí, temí que se la hubiera escuchado en la calle. Sobre todo cuando gritaba: ¡Fóllame papá!
—¡Ahhhhhhhhhhhhh! ¡Ahhhhhhhh! ¡Ohhhhhhh me corro me corro! ¡Fóllame! ¡Fóllame papá! ¡Ohhhh como se siente tu polla dentro de mi! Te quiero tanto papá. ¡fóllame, fóllame bien! ¡Quiero que te corras dentro de mi coño por favor papá! ¡Ohhh dios, córrete dentro..!, ¡me cooorroo me corro!

Me abrazó fuertemente rodeando mis glúteos con sus brazos y sus piernas.
Mis embestidas en su húmedo coño eran tan fuertes que comenzamos a deslizarnos por la alfombra. Era increíble, cuanto más fuerte le daba, más fuerte se agarraba a mí. Noté como ella estallaba en otro tremendo orgasmo, no tanto por sus desorbitados gritos de placer, como por que sentí un fuerte y tremendo mordisco en mi hombro derecho.

Ese repentino e incontrolado mordisco de placer, hizo que yo explotara en mi segundo orgasmo dentro de ella, llenando sus entrañas con mi leche, que hasta hacía tan solo unos segundos, me había rogado a gritos que le diera.
—Oh sí papá, sí, sí, siento toda tu leche dentro de mí, ohhh por favor cuanto te deseo. ¡No pares de correrte, más, más, córrete más! ohhhh que gustooo…¡Por dios, cómo me follas! Ooooo, ¡como te deseo!

Nos quedamos abrazados completamente exhaustos. Ella me elevó un poco la cara y me besó con ternura con pequeños y suaves besitos que me fue esparciendo por toda mi cara y hasta la totalidad de mi frente.
—Ha sido maravilloso papá.
—Ya te digo cariño. Esto es lo más increíble que me ha sucedido en la vida y ha sido contigo.

Me incorporé un poco, saqué mi polla aún erecta de su vagina y me tumbé sobre mi espalda junto a ella. Los dos nos quedamos pensativos mirando el techo del salón. Estaba tan exhausto que tardé, en darme cuenta que mi hija tenía nuevamente mi polla agarrada con su mano izquierda. No la soltó hasta que ésta se desinfló por completo. Yo desde luego no podía más.

Me senté en la alfombra y me miré el hombro. Joder, tenía marcada por completo la dentadura de mi hija. Algún diente incluso había hecho herida.
—Madre mía. Esto no me lo puede ver tu madre. Se separa de mí al instante.

La froté con mi mano izquierda.
—¡Joder!, esta marca va a durar mucho tiempo.
—Perdona papá, te juro que no quise hacerlo. No me pude controlar.

Agarró mi polla y con su dedo gordo acarició mi capullo.
—No sé, pero me haces hacer cosas totalmente insospechadas, cosas que no he hecho jamás ni que pensaba que podía hacer ni sentir papá.
—No, si voy a ser yo ahora el que va a tener la culpa de que me muerdas. —le dije riéndome a carcajadas.
—Pues sí, todita toda papá —contestó ella riéndose también—. Al igual que me has hecho chorrear como la Fuente de Trevi.
—O cariño ese momento ha sido maravilloso. ¿No te parece?
—Viéndolo ahora, desde luego que sí papá. La próxima vez seguro que cuando llegue ese momento, lo disfrutaré de verdad.

Ella se incorporó también. Se tapó sus bellos pechos bajando su top y cruzó sus hermosas piernas poniendo sus pies bajo sus prietos muslos.
—Lo cierto, es que ahora estoy impaciente por que me la vuelvas a meter por el culo y me hagas correr otra vez así. La verdad es que no sabría decirte cuál de las dos formas me gusta más. Por el coño o por detrás. El placer es diferente y muy intenso los dos. Aunque ahora que por fin me has follado por el coño a sido increíble. Estar así abrazados fuertemente mientras me follabas, me ha transportado a otro estado tan desconocido y placentero que me he vuelto a descontrolar. Sentir tus fuertes corridas dentro de mi coño a sido maravilloso. De todos modos no podría renunciar a ninguna de las dos formas papá. No después de haberlas probado —se rió fuertemente—. Vas a tener que trabajarme mucho papá.

Que me hablase así a su edad de ese modo, que lo hiciera con esa naturalidad, con esa soltura, con ese desparpajo, pero sobre todo con ese lenguaje, era sumamente extraño e impactante para mí. Hasta cierto punto me hacía preguntarme ¿con quién estaba follando?

Hacía ya mucho tiempo, que ella y yo, tan solo nos comunicábamos por monosílabos y cuando no era así, estábamos discutiendo. Por suerte, las cosas habían cambiado mucho entre nosotros. Le voy a tener que estar eternamente agradecido por ello, al picha floja de su exnovio, al que se le quedó aquel día el preservativo dentro del coño de mi hija y que yo tuve que sacar.
—Tranquila que no me costará nada darte placer por donde me pidas. Pero eso será otro día cariño. Mira, ya está sonando mi móvil. Seguro que es mamá.

Era mi mujer, que en 30 minutos más o menos ya estaría.
—Es ella cariño. Me doy una ducha rápida y voy a buscarla.

Le di un fuerte beso y me levanté.
—Seca bien la alfombra. Usa primero papel absorbente y remátalo con el secador de pelo. Si aún sigue viéndose algo, o no da tiempo a secarse, si mamá se da cuenta, le dices que se te ha caído un vaso con Coca cola. A ti no te dirá nada. ¡Ah!, y no te olvides de ventilarlo todo un buen rato.
—Vale —contestó ella.

Me metí en el baño, volví a salir enseguida y le di a mi hija una toalla y un paquete de toallitas húmedas. Así podría limpiarse un poco mientras yo me duchaba y luego ducharse ella. No tardé ni 10 minutos que ya volví a salir duchado, vestido y listo para ir a buscar a mi mujer.

Nada más abrir la puerta vi a mi hija que me estaba esperando con actitud de reproche.
—¿Por qué has cerrado la puerta con el pestillo?
—La costumbre cielo —le dije extrañado—. Bueno voy a buscar a mamá. Tardaremos unos 40 minutos entre ir y volver.
—Espera papá. ¿Me vas a dejar así?
—¿Así cómo…?

La miré bien. ¡Madre mía aún estaba casi en pelotas! Seguía llevando tan solo su ceñido top. Por todo lo demás, continuaba por completo desnuda. Pero ahora, todo su cuerpazo tenía un brillo espectacular, un brillo muy especial.

Los dos sabíamos muy bien a qué era debido ese maravilloso nuevo tono que cubría su despampanante cuerpazo.

Ni en mis mejores sueños en mi juventud, podía haber pensado en disfrutar de tal portento de mujer.
—Tengo que irme.
—Espera un momento papá.
—Dime.
—Me has dado bien de comer por detrás y por delante —señaló su hermosa boca—, pero aquí papi, no has dejado nada de nada.

¡Por dios! Esto no podía ser verdad. Mi niña era insaciable.
—Cielo no tenemos tiempo y tardaré mucho en volverme a correr.

Puso esa cara de niña traviesa y provocadora.
—Déjame intentarlo por lo menos papi.

Se puso de cuclillas y empezó a desabrocharme otra vez el pantalón.
—Cariño eres lo que no hay. No tenemos tiempo de verdad.
—Joder papá, parece que esta no piensa igual —me dijo cuando mi polla salió otra vez como un resorte, al bajarme ella con celeridad el calzoncillo.

No tardó ni décimas de segundo en meterse nuevamente mi polla en su ardiente boca. Chupó y chupó vigorosamente mientras me acariciaba los huevos. Claramente estaba decidida a hacerme correr en poco rato. Cosa que yo sabía a ciencia cierta, que no iba a suceder. No tan rápido.
—Cariño, si quieres acelerar mi corrida… ¿Puedes hacer algo por mí?

Rápidamente se sacó la polla de la boca y mirándome a los ojos me dijo:
—Lo que me pidas papá.
—¿Podrías masturbarte mientras me la chupas?
—¡Joder!, claro que sí. ¡Que buena idea!

Se subió su camiseta por encima de sus pechos y así de cuclillas bajó su mano derecha y empezó a tocarse el coño. Luego cogió nuevamente mi rabo y se lo metió en la boca y comenzó a chupar, esta vez más lentamente, como queriendo disfrutar al máximo del momento.

Madre mía, la imagen que veían mis ojos era espectacular.

Mi hija en cuclillas con su hermosos pechos fuera del top, chupándome la polla mientras se daba placer a si misma acariciándose el coño. No dudé en que tardaría bien poco en correrme de nuevo con esa visión. Sobre todo cuando empecé a escuchar el chapoteo de su jugoso coño.

Estaba claro que aunque no podía verlo, se había introducido varios dedos en el coño y se estaba follando a si misma con fuerza, ya que los movimientos de su brazo derecho golpeándose el coño, sí que los podía ver con claridad. Estaba muy claro también que, esta nueva situación, a ella la ponía a mil y no tardaría en correrse otra vez.

Agarré su cabeza con mis dos manos y comencé a follarme su boca rápidamente.
Ella soltó su mano izquierda de mi polla y empezó a acariciarse y a estrujarse sus tiesos y puntiagudos pechos. No pude resistir más todo aquello y mi polla reventó en otro tremendo orgasmo, llenando la boca de mi hija de la leche que tanto deseaba. Ella se la tragaba toda con verdadero placer.

De repente sus piernas le fallaron y cayó de culo al frío suelo del pasillo, arrastrándome unos centímetros hacía abajo en su caída. Pero mi polla no salió de su boca. Ella no lo permitió.

Vi entonces como había cerrado fuertemente sus muslos atrapando su mano mientras sus caderas zigzagueaban y sus piernas temblaban con otro tremendo orgasmo. De su boca salían ahogados jadeos, ya que tenía mi polla introducida por completo soltando nuevamente leche sin parar.

Cuando terminé de correrme, saqué la polla de su boca. Me arrodillé y agarrando sus duros pechos acerqué su boca a mis labios. La besé y morreé con pasión, con tanta lujuria que me tragué buena parte de mi propio semen. No me resultó nada desagradable, más bien todo lo contrario. Estaba ligeramente salado, con una mezcla de sabores extraños, en una amalgama de tonos, que no atino a describir.

¿Comer mi propio semen? Eso era algo inconcebible, impensable e imposible hasta entonces, pero no me importó en lo más mínimo haberme tragado mi propio semen viniendo de la boca de mi preciosa hija. ¡Vamos ni me lo pensé!

A la pervertida de mi hija pareció gustarle esto ya que, hacía lo posible por rebañar con su lengua el semen de su boca para introducirlo en la mía.

Me incorporé, me subí los pantalones y salí escopeteado de mi casa. Más por miedo a que mi hija volviera a la carga, que por prisas para recoger a mi mujer.

20 minutos más tarde, la recogí en el sitio de siempre.
—¡Joder nene! ¿Qué te ha pasado en la cara?
—¿Mi cara…?
—Sí, parece que te hayan dado de tortas. Sobre todo la nariz.
—¡Ahh esto! —disimulé mirándome por el espejo retrovisor—. Nada, es que me he quedado todo este rato dormido en el sofá en mala postura, con la cara por debajo del reposa brazos. Ya decía yo que notaba algo. No me había dado mi cuenta que estuviera tan roja.
—Que tonto eres por dios… —y comenzó a reírse.

Volvimos con toda normalidad a casa y en casa aunque parezca mentira todo estaba por completo normal.
Mi hija era muy aplicada cuando se lo proponía. No os imagináis hasta cuánto.

___________________________________

Al día siguiente, el domingo, decidimos ir los tres a pasar el día a un gran centro comercial que se encuentra a unos 60 km de casa.

Estuvimos toda la mañana muy bien, hasta que en un momento dado, cuando subíamos por unas escaleras automáticas sucedió algo que estuvo a punto de marcar otro antes y después en nuestra relación.

En paralelo a nuestras escaleras que subían, estaban las que bajaban.

En estas últimas, bajando por ellas y entre otra mucha gente, destacaban dos jovencitas de unos 20 o 25 años despampanantes.

Las miré con naturalidad, mientras ellas bajaban y nosotros subíamos. Incluso una de ellas me sonrió.

Pensé que seguro se reía de mi cara y de mi nariz aún bien roja.
—¿Tú qué? —escuché a mi espalda.

Miré a mi hija que estaba detrás de mí. Era la que había dicho eso.
—¿Qué pasa cielo? —peguntó mi mujer que iba delante mío.
—¿Qué qué pasa…? —me señaló—, a tu marido se le caía la baba con esas dos.
—Más con una que con la otra cariño. —dije sonriendo a mi mujer que iba delante mío.

Mi mujer se giró, pero ya tan solo pudo verlas lejos y de espaldas.
—Ya te vale chico. Podrían ser tus hijas.
—Si podrían ser mis hijas, entonces ya son mayores de edad no te jode —miré muy serio a mi mujer—. ¿Qué problema hay? ¿Ahora tampoco voy a poder mirar a los ojos a las chicas?
—¡Si claro a los ojos! —replicó mi hija—. Por qué no te vas con ellas si tanto te gustan listo.
—Vamos a dejarlo estar ¿vale? —dije muy serio y acelerando el paso ya fuera de las escaleras automáticas.

Poco rato después, mi mujer quiso ir al servicio. Mi hija prefirió quedarse conmigo.
—Vigílalo bien cariño —le dijo mi mujer a mi hija—, ahora vuelvo.

Cuando mi mujer se alejó, nos apoyamos en una de las barandillas, desde la cuál veíamos la parte inferior de buena parte del centro comercial.
—No vuelvas a hacer eso papá —luego bajó mucho el tono de voz—. Si vuelves a hacer algo así, no me tocas más.
—Estás de broma, ¿verdad?
—Te lo digo muy en serio.

Miré a nuestro alrededor asegurándome de que nadie podía, ni por casualidad escucharnos:
—Vamos a ver cariño. No pienso permitir que me amenaces y menos aún que me chantajees. Por mi parte podemos dejarlo ahora mismo.
—¡Ja! No serás capaz y tu lo sabes papá.
—Tú me conoces y sabes que soy muy capaz de eso y más. Si me propongo algo sabes que lo cumplo por mucho que me duela.

Buena muestra era cuando después de llevar toda una vida fumando más de dos paquetes diarios, una tarde dije que no volvía a fumar y así llevaba más de 8 años, sin probar un pitillo. Me encanta fumar y sigo teniendo ganas de fumarme. Pero mi tozudez es inmensamente mayor.
—Te voy a dejar algo muy claro cielo —volví a mirar a nuestro alrededor—. Tú y yo no somos pareja, ni vamos a serlo nunca. Lo nuestro es maravilloso pero solo es sexo, es placer es disfrutar y pasarlo muy bien. No voy a dejar que pase de ahí.

Estaba claro, que no se esperaba para nada mi respuesta. Vi como su expresión altanera y desafiante había cambiado por completo. Su seguridad había desaparecido. Vi que se le humedecían sus ojos.

Eso no me ablandó lo más mínimo, más bien todo lo contrario.
—Esto lo corto de raíz si veo que se está convirtiendo en una obsesión, peor aún en algo tóxico. No voy a permitirlo, aunque dejemos incluso de hablarnos. No pienso permitir esto. No pienso tolerar entre nosotros una relación toxica.
—Papá…vale… déjalo estar por f… —dijo temblándole la voz.
—Déjame terminar por favor —la interrumpí—. ¿Los próximos celos con quién serán…? ¿con tu madre? Eso no puede pasar de ninguna de las maneras.

La miré a los ojos. Ella bajó la mirada.
—Te vuelvo a repetir para que te quede muy claro. Tú no eres mi pareja y nunca lo serás. Eres lo que más quiero en mi vida con mucha diferencia y siempre ha sido así y será. Pero eso es como mi hija, no como mi folla-hija.

Me miró.
—¿Folla-hija? —susurró sorprendida.
—Sí cariño. Tienes que hacer tu vida y tener las parejas que quieras. Juntarte, casarte o lo que quieras. Quiero en la medida de lo posible, que tengas una vida normal. No quiero que lo nuestro se convierta en algo enfermizo.

Me miró nuevamente extrañada.
—¿Me estás diciendo que si tengo pareja a ti te da igual?
—¡Pues claro que me da igual! Es más, es lo que deseo. Tienes que salir con chicos y chicas de tu edad, como has hecho siempre.
—¿De verdad? —me dijo con asombro—. Y si es así, si tengo pareja, ¿podrás seguir siendo…? —hizo una pausa y sonriendo me la devolvió—, ¿mi folla-padre?
—Pues claro que sí —sonreí—, todo el tiempo y las veces que tú quieras. Pero tienes que cambiar el chip. Esto de hoy no se puede repetir de ninguna de las maneras. Ni de broma.

Se pegó a mi haciendo que nuestros hombros se tocasen..
—Ya está papá. No volverá a pasar.
—¿Seguro hija? No quiero volver a verte sufrir por algo que no podemos tener.
—Te lo prometo. No sabía verlo de otra forma. Tienes toda la razón, Me lo estaba planteando muy mal. Gracias por hacérmelo ver de otro modo. Me siento ahora…, más liberada, más segura. Lo tengo todo más claro.
—Me alegro cielo. Nos quedemos un rato callados.
—Tengo una pregunta papá.
—Dime.

Me miró fijamente a los ojos y luego a nuestro alrededor.
—¿Qué sucede si entre esos chicos que dices que aún debo conocer, encuentro a uno que me haga disfrutar tanto o más que tú?
—¡Joder cariño!, espero por mi bien que eso no suceda nunca.

Estallamos los dos a carcajadas.
—Pero bueno mientras tanto no suceda eso, seguiremos follando y dándonos placer como locos —le dije.
—Anda para, por favor papá, haces que me moje toda diciendo eso…y no es broma.
—Pues anda que tu a la mía no veas como me la pones.

La miré fijamente a sus azules ojos y le pregunté:
—Por cierto, ¿Cómo estas después de la sesión de ayer?
—¡Fenomenal papá! Con ganas de mucho más. Sobre todo con muchas ganas de volver a experimentar eso que no me acuerdo muy bien como dijiste que se llamaba.
—El Squirting cielo.—Sí eso. Ahora me tiene muy intrigada, pero sobre todo, muy cachonda cuando pienso en ello y en como me trataste después —dijo deslizando su legua por sus carnoso labios.

Volvimos a reírnos juntos con toda naturalidad.
Todo el resto del día en el centro comercial transcurrió estupendamente y sin más incidentes.
Lo que mi hija me tenía reservado esa misma noche, fue del todo inconcebible…

____________________________________

Yo tengo una mente calenturienta, si no que se lo pregunten a mi mujer. Pero mi hija, me supera por mil.
Aún no me puedo creer lo que llegó a planear y llevar a buen termino. Dudo mucho que algo así se pueda volver a repetir, sin levantar sospechas por parte de mi esposa.

Pero bueno, aunque sea una sola vez, eso es lo que me he llevado y lo tendré por ahora como la experiencia sexual más deliciosa, morbosa, atrevida, descarada y arriesgada de mi vida.
Después de cenar, coincidimos los dos en el pasillo de casa. Casi en el mismo lugar donde el día anterior, se había tragado en cuclillas mi polla hasta correrse.

Ella salía en pijama de su habitación y yo me dirigía al baño. Me cogió del brazo y miró hacia la cocina donde estaba su madre, luego me susurró al oído:
—Papi, ponte el pijama y no te pongas el calzoncillo.

Abrí mucho los ojos.
—Ni hablar. ¿Qué se te habrá pasado ahora por esa cabecita loca?
—Hazme caso porfa.

Acercó sus labios a mi oreja.
—Tranquilo, mamá no se va a dar cuenta de nada. Date prisa y vuelve antes de que ella salga de la cocina.
—Pero…

Sin dejarme derecho a replica, siguió hacia delante y se introdujo en el salón.
Prometo que no le iba a hacer caso, pero como se dice por ahí, la curiosidad mató al gato.

Me introduje en el baño, oriné y mientras se descargaba y llenaba la cisterna del váter, abrí el grifo del bidé y me lavé bien rápido el rabo. Terminé justo cuando el ruido del llenado de la cisterna terminó. No quería que mi mujer se preguntara al escuchar el bidé, del por qué me estaba lavando la polla en ese momento.

Volví al salón con un bonito pijama. Al verme mi hija se le iluminó por completo su precioso rostro.

Ella se encontraba sentada en un extremo del sofá en el lado izquierdo, junto al sillón. Al verme entrar se recostó de lado poniendo su cabeza sobre el apoyabrazos mirando el televisor. Extendió sus piernas hasta la mitad del sofá. Solo quedaba un hueco en el otro extremo que era donde me sentaba habitualmente en el derecho. Me senté y me puse sobre mi regazo uno de los cojines.

Mi hija entonces cogió la manta que teníamos en el sofá y se cubrió hasta el cuello. Sus pies rozaban mi pierna izquierda y los apretó contra ella jugueteando con sus deditos.

Mi mujer salió de la cocina y se dirigió al baño.
—¿¡Quién acaba de usar el bidé!? —gritó mi mujer desde el baño.

¡Mierda! Me dije.
Toqué uno de los pies de mi hija y cuando me miró sorprendida le indiqué que le contestara ella.
Lo entendió enseguida.
—He sido yo mamá.
—Ten cuidado cariño, has puesto todo el suelo perdido de agua.
—Vale mamá, perdona —y me soltó un buen talonazo en mi pierna izquierda.

Cuando mi mujer volvió al salón, no le quedaba más sitio para sentarse que en el sillón. Que por cierto, era muy cómodo y que sobre todo usaban indistintamente mi mujer y mi hija. Yo era más del sofá.

No pasaron 10 minutos que mi hija dijo;
—¿Por qué no pones alguna serie en Streaming papá?
—¿Qué quieres ver?
—Me han dicho que la serie esa llamada La maldición de Hill Houser está muy bien. Es de terror.
—Sí que está bien. Es muy buena. Yo ya la he visto.
—Yo no y la mamá seguro que tampoco. ¿Verdad mamá? —dijo esto acompañándolo de otro pequeño talonazo.
—A mi no me suena de nada. Ponla anda cariño.
—Y apaga la lámpara papá, así dará más miedo.

Así lo hice.
Cuando llevábamos un par de episodios, mi hija protestó:
—¡Por dios! Voy a coger tortícolis con este reposabrazos. Está tan alto que el cuello me hace 90 grados.

Tanto yo como mi mujer nos la quedemos mirando.
—¿Puedo poner mi cabeza en tu regazo papá?
—¿Qué…, cómo…?

Me quedé helado.
—¿Para que le preguntas cariño? Ya sabes como es tu padre. Ponte y listo. Si se queja lo mandamos a la cama.
—Eso, eso a la cama papá —contestó mi hija mientras en décimas de segundo, se giró por completo y dejó caer su cabeza sobre el cojín, que yo tenia en mi regazo.

Se tapó nuevamente hasta el cuello con la manta y muy disimuladamente como si se acomodara en el cojín, introdujo su mano izquierda bajo éste, buscando la apertura del pantalón. Agarró mi polla flácida y la sacó del pijama. La mantuvo dentro de su mano bajo el cojín pero fuera del pijama.

Mi sorpresa fue desde luego mayúscula.
Cuando agarró mi polla, ésta estaba bien flácida, pero segundos después estaba grande y dura como una piedra.
Así estuvimos un buen rato. Yo no lograba averiguar ni entender a donde quería llegar mi hija. No podía sospechar ni imaginar hasta donde su cabeza y su paciencia podía controlar y manejar la situación.

Habían pasado más de 20 minutos cuando escuché a mi mujer decir:
—Tu hija se ha quedado grogui. Está bien dormida.

Se incorporó del sillón y sacudió levemente a mi hija por el hombro.
—Cariño ve a tu habitación. Estás durmiendo.
—No mamá, ya iré un poco más tarde.

Dicho esto, soltó mi polla de debajo del cojín y se dio por completo la vuelta quedando su cara frente a mi estómago. Pero no pegada a éste.
Acto seguido cogió la manta y se cubrió en su totalidad la cabeza, dejando su brazo en esa posición sobre su cara bajo la manta.

Cuando escuchó el ruido de su madre al sentarse en el sillón, dejó caer el cojín que separaba su cabeza de mis piernas sobre la alfombra.—Uff este cojín también está un poco alto —dijo con voz soñolienta.

¡Madre mía!, ¡madre mía!, ya empezaba yo a intuir algo…

Cuando dejó caer su cabeza sobre mi regazo y se introdujo totalmente mi capullo en su boca, me quedé por completo sin respiración. ¡Madre de dios!.
Miré a mi mujer en el sillón a nuestra izquierda. Seguía atentamente la serie en el televisor.

Miré a mi hija. Tal como estaba, tan solo se le apreciaba el brazo doblado bajo la manta. Ni rastro de su cabeza.

¡La hostia puta!

Era tremendo ver como mi hija se las ingeniaba y controlaba con esa frialdad la situación. Yo no salía de mi asombro. Mi hija con parte de mi polla dentro de su boca y su madre a tan solo a unos centímetros de nosotros sin enterarse de nada.

Mi excitación fue tal que me empezó a doler la polla de lo grande y dura que se me puso. La piel de ésta no estaba preparada para tanta hinchazón.
Mi hija también tuvo que abrir bastante más su boca, pero tan seguro que ella estaba encantada con ello.

¿Y ahora qué? —me dije—. ¿Cómo se iban a desarrollar los acontecimientos?

Tenía muy claro que ella no podía chuparme el rabo, por que eso, sí que se iba a notar.
Rápidamente salí de dudas, vi pero sobre todo noté con sorpresa, como ella lo tenía todo perfectamente calculado.

Con mi capullo totalmente introducido en su boca, noté como su juguetona lengua, no paraba de recorrerlo en su totalidad, como una culebrilla sin parar.
Fue la mamada más extraña, placentera, larga y maravillosa que he experimentado en mi vida.

A intervalos dejaba descansar un poco su lengua para hacer presión pulsante y movimientos lentos de derecha a izquierda con sus labios. ¡No paraba de estimularme!

Ninguno de esos movimiento se apreciaban desde el exterior gracias a la posición de su brazo bajo la manta.
Cuando llevábamos unos 25 minutos, noté un leve movimiento bajo la manta a la altura de sus caderas.

Con disimulo y con mucho cuidado introduje mi mano bajo la manta hasta tocar su brazo izquierdo. Lo seguí muy despacio buscando su mano.
No me equivocaba, ésta se metía dentro de su pijama. La tenía bien atrapada entre sus prietos muslos.
Separó levemente sus muslos para que pudiera tocarla bien la mano. Por dios, pude notar su mano bien húmeda y que le faltaban dos dedos, dedos que tenia por completo introducidos hasta lo más profundo de su palpitante coño.

Juro que noté en mi polla la sonrisa de satisfacción de mi hija. Ella sabía muy bien como me ponía que se tocase la vagina.

¡Esto ya era demasiado!

Que me estuviera lamiendo la polla de ese modo tan curioso, con su madre a un par de palmos de nosotros vale, pero que encima se estuviera metiendo los dedos en el coño, esto ya me superaba. Empecé de súbito a llenar toda su boca de mi espesa leche con una presión y cantidad alucinante.

Agarré bajo la manta muy disimuladamente, mientras me corría uno de sus pechos y mientras no paraba de correrme, por el rabillo del ojo miraba a mi mujer, ajena a todo esto. Segundos después, noté como el cuerpo de mi hija se tensaba considerablemente, sus pies se clavaron en el reposa brazos y todo el sofá comenzó a estremecerse y temblar.
Mi imparable corrida en su boca había provocado que mi preciosa y maravillosa hija se corriera también. Tuvo un potente e increíblemente silencioso orgasmo, que la estremeció toda y que por suerte ella pudo controlar.
Aunque no pudo evitar mientras nos corríamos, ir introduciendo lentamente mi polla casi hasta los huevos. A decir verdad, yo tampoco pude evitar, ayudarle sin querer elevando ligeramente mis caderas para introducirle mi rabo todo lo que pudiera mientras me corría.

Gracias a dios que el sofá se encontraba sobre la alfombra. Esto hizo que quedara amortiguado cualquier temblor y vibración del cuerpo de mi hija que yo sí pude notar a la perfección.
Por otra parte, era ciertamente extraordinario lo que le encantaba a mi hija comerme la polla.

Desde luego nada que ver con su madre.
Nos quedemos unos 10 minutos sin apenas movernos. Mi polla se negaba a ablandarse dentro de su jugosa boca.
No fue hasta que escuchemos a mi mujer decirme muy bajito, que se iba al baño a orinar, que mi hija aprovechó entonces para terminar de chuparme la polla por completo, hasta los huevos.

Quité la manta de su cabeza para poder ver tremendo espectáculo. Acaricié su cabeza animándola a terminar de limpiar bien mi rabo. Yo por mi parte introduje mi mano bajo su pijama, acaricié su mojado coño e introduje un par de mis dedos hasta el fondo en la vagina.
Saqué la mano de su coño y lamí mis dedos con deleite y placer. Liberé muy a mi pesar la polla de su boca e hice que se incorporase. Mi mujer estaba a punto de volver del aseo.

Mi hija me agarró la cara a toda velocidad y comenzó a besarme con pasión.
¡Joder!
La muy pervertida, se había dejado sin tragar buena parte de mi semen. Nuestras lenguas se entrelazaron y dimos buena cuenta de él.
Terminó todo esto por su parte con un buen lametón, que empezó por mi labio inferior pasando por el superior, recorriendo toda mi nariz para terminar en mi frente.

El olor que dejó en toda mi cara de mi propio semen mezclado con su saliva, fue increíblemente fresco y agradable.
Escuchemos la cisterna del baño.
Se puso bien su pijama se sentó en el sofá y nos cubrimos los dos con la manta.
—Ufff cariño —dijo mi mujer arrugando la nariz nada más entrar al salón—. ¿Tienes o te va a venir la regla?
—¿Por qué?
—Me ha venido un olor fuerte como de… esto. —y se señaló así misma en sus partes intimas.

Mi hija se quedó unas décimas de segundos pensando.
—Pues sí, me ha venido la regla hoy mismo —mintió.

Lo cierto es que olía todo un poco a sexo. Pero bueno, mejor que a mi mujer le oliera todo de otro modo.

—¿Tú no notas nada nene?
—Ahora que lo dices es verdad, la niña huele bastante a choto —y me reí a carcajada limpia.
—¡Vete a paseo papá! —me dijo muy seria—. ¡Tú si que echas peste!

Se levantó y dijo:
—Me voy a lavar y a dormir mamá.
—Vale cariño que descanses.

Desde luego que va a descansar, pensé yo. ¡Menudo fin de semana que se había trajinado la niña! Bueno mejor dicho, ¡nos habíamos trajinado los dos!
No había salido mi hija del salón, que mi mente pervertida y calenturienta ya estaba maquinando cosas como por ejemplo: ¿Cómo me lo podía montar, para follármela por sus dos orificios a la vez?

Darle a la vez por el culo y por el coño, visto lo visto, estaba claro que para ella no iba a ser ningún problema, más bien todo lo contrario. La llevaría a la locura del placer.
Además, tenía pensado sorprenderla en ese sentido. No le iba a advertir de nada.
Pensaba follármela nuevamente a cuatro patas. Le metería mi capullo bien colocado en su ano como a ella tanto le gustaba, luego cuando menos se lo esperase y más cachonda estuviese, cogería mi juguetito y se lo iría metiendo por su jugoso coño hasta hacerle desfallecer de placer.

El verdadero problema era, que si compraba algún juguetito para ese menester… ¿Dónde leches iba a poder guardarlo sin que mi mujer lo descubriera?

12 Lecturas/26 septiembre, 2026/0 Comentarios/por Eikario
Etiquetas: anal, hija, madre, mayor, mayores, padre, recuerdos, sexo
Compartir esta entrada
  • Facebook Facebook Compartir en Facebook
  • X-twitter X-twitter Compartir en X
  • Whatsapp Whatsapp Compartir en WhatsApp
  • Paper-plane Paper-plane Compartir en Telegram
Quizás te interese
Mi explosión sexual
Mi Primita 3
De secundaria
DESCUBRÍ EN REALIDAD QUE ERA MI ESPOSA EN EL SEXO
Nock, nock, abre el IRC
MI CULO CONOCIO LA PINGA.
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Siguenos en X/Twitter

Buscar relatos

Search Search

Categorías

  • Bisexual (1.559)
  • Dominación Hombres (4.970)
  • Dominación Mujeres (3.534)
  • Fantasías / Parodias (4.036)
  • Fetichismo (3.224)
  • Gays (23.820)
  • Heterosexual (9.503)
  • Incestos en Familia (20.331)
  • Infidelidad (4.981)
  • Intercambios / Trios (3.537)
  • Lesbiana (1.272)
  • Masturbacion Femenina (1.191)
  • Masturbacion Masculina (2.323)
  • Orgias (2.403)
  • Sado Bondage Hombre (514)
  • Sado Bondage Mujer (228)
  • Sexo con Madur@s (5.080)
  • Sexo Virtual (299)
  • Travestis / Transexuales (2.687)
  • Voyeur / Exhibicionismo (2.869)
  • Zoofilia Hombre (2.427)
  • Zoofilia Mujer (1.766)
© Copyright - Sexo Sin Tabues 3.0
  • Link to X Link to X Link to X
  • Link to Telegram Link to Telegram Link to Telegram
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Normas de la Comunidad
  • Contáctanos
Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba