Espiando a mis hijos. 1ª parte
Él se la sacó y yo me quedé asombrado. Qué estaba haciendo. Era su hermana. Quise entrar e interrumpir aquello, pero el morbo me pudo y continué mirando..
Hacía dos años que la zorra de mi mujer nos había dejado sin decir nada. Simplemente desapareció de nuestras vidas. Tuve que hacerme cargo yo sólo de dos hijos: Miguel, que ahora tiene 14 años y Laura, de 12. Vivimos en un piso de 2 habitaciones, por lo que ambos hermanos comparten habitación. No es lo ideal, pero es lo que hay.
A Laura ya se le empiezan a notar las tetitas y me doy cuenta de que su hermano la mira mucho. A veces cuando juegan juntos a peleas veo cómo se las toca y ella se ríe.
Un día, desayunando mi hija y yo sólos me contó que muchas veces cuando se sentaba encima de él para pelear notaba que la tenía dura y que le había visto masturbarse con las revistas porno que guardaba debajo del colchón. “Es un guarro “, me dijo con picardía.
Cuando se fue al colegio fui a ver si era verdad que tenía revistas bajo el colchón y sí, era cierto. Concretamente un Playboy y otra de porno duro, orgías, etc. No pude contenerme y acabé por hacerme una buena paja.
Por la noche me desperté y fui a la cocina a beber agua, en el camino vi que la luz de la mesita de noche de mis hijos estaba encendida y la puerta medio abierta. Me acerqué sigilosamente y vi a mi hijo hojeando las revistas y mi hija que le decía:
-¿Otra vez te vas a pajear? Eres un salido.
Él la invitó a sentarse a su lado y ella accedió. Miraron juntos la revista y mi hija le dijo:
-Se te ha puesto dura. Se te nota mucho.
Él se la sacó y yo me quedé asombrado. Qué estaba haciendo. Era su hermana. Quise entrar e interrumpir aquello, pero el morbo me pudo y continué mirando.
-Mira, te voy a enseñar cómo pajear a un chico.
Él llevó la mano de su hermana hacia su erecta polla y le explicó que la moviera despacio arriba y abajo y que poco a poco fuera aumentando la velocidad. Así lo hizo, mientras Miguel iba pasando páginas de la revista porno.
-Esa foto me gusta mucho.
Su hermana le puso la otra mano encima de la suya evitando que pasara la página.
-Sí, sí, mira cómo se follan entre dos a esta putita… mmm mira cómo se la meten los dos. Mmmm puta…le gusta…mmm sigue, sigue hermanita, me corro, joder… mmm
De su polla empezó a brotar leche como si fuera una fuente.
-¿Quieres probarla?
Ella se agachó y comenzó a lamer su polla.
-Está muy salada…puaj…
-Ahora te toca a ti.-Le dijo su hermano.-Coge la revista y yo te lamo el chochito.
Mi hija se tumbó, se abrió de piernas y dejó que su hermano le lamiera el coño mientras iba hojeando la revista. Miguel movía la cabeza de arriba abajo, en círculos, no dejó ni un momento de pasar la lengua por su raja. Laura le agarró la cabeza con una mano y gimió contenidamente para no hacer ruido con el orgasmo que acababa de tener.
-¿Te ha gustado?- Preguntó Miguel con la boca llena de fluidos vaginales.
-Sí, pero esto no está bien. Somos hermanos.
-Bah, es sólo un juego inocente. No es nada malo. Sólo jugamos.
Dicho lo cual se fueron a dormir como si no hubiera pasado nada. Tanto es así que por la mañana desayunaron tan normalmente y en el coche, de camino al colegio fueron como cada día, normalidad absoluta.
Pasaron los días y ahora miraba con otros ojos aquellos juegos, en apariencia, inocentes. Ahora veía caricias, arrimones. Laura ya compaginaba el hacerle pajas a su hermano con mamadas. He de decir que había aprendido a hacerlas muy bien. Mientras, yo me masturbaba mirando y cuando ellos estaban en el colegio me masturbaba con las braguitas de mi hija. Alguna vez con las que la noche anterior se había masturbado ella y estaban manchadas con sus fluidos.
Aquella noche Miguel se quedó a dormir en casa de un amigo. Había una fuerte tormenta y mi hija me preguntó si podía dormir conmigo, pues le daba miedo. Se puso boca arriba y yo le pasé un brazo por encima. Notaba sus duras tetitas, lo cual me excitó un poco. Le pregunté si su hermano seguía pajeándose, para tratar de sonsacarle algo. Me dijo que sí.
-¿Y tú qué haces?
-Nada, le miro.
-¿Y te gusta?
-Bueno, es extraño, quiero decir, es mi hermano y todo eso, pero me da curiosidad ver cómo los chicos se dan gusto. Es raro y sucio.
Yo me reí ante aquella ocurrencia.
-Bueno, estáis en edad de aprender cosas. Seguro que tú también alguna vez lo has hecho.
Laura me dio un codazo riendo y se dio media vuelta tras decirme buenas noches. Yo me arrimé más a ella, de tal modo que mi polla estaba en su culo. Obviamente se tuvo que dar cuenta de ello, además, metí mi mano bajo el pijama para acomodarla mejor. Dejé pasar un rato a que ella se durmiera para agarrar suavemente su cintura y apretar más mi polla contra su culo. Ella no usaba pijama estaba en braguitas y muy suavemente fui restregando mi polla contra su culo. Decidí sacármela y ponerla sobre uno de sus cachetes. Ella no se movió, por lo que supuse que seguía dormida. Seguí restregando la polla y sentir su suave piel sobre mi glande era maravilloso. Decidí ir un poco más allá. Le metí la polla entre las braguitas y su culo. Ahora podía sentir la raja de su culito y el roce de las braguitas en mi polla. Era un gustazo total. Fui muy despacio por temor a que se despertara por lo que el orgasmo tardó en llegar. Quizá me excedí en apretarla contra mi polla cuando me corrí. Dejé pasar un ratito hasta que me separé y me di cuenta de que tenía las bragas y el culo lleno de semen. Traté de limpiarla como pude con mis calzoncillos y me dispuse a dormir.
Por la mañana noté que mi polla me daba los buenos días a su manera. Poniéndose recta. Mi hija ya estaba despierta y la miraba sonriendo.
-¿Los tíos siempre os despertais así?
Me ruboricé, pues se me olvidó la noche anterior de ponerme unos calzoncillos y allí estaba, boca arriba con el mástil duro. La sorpresa fue cuando mi hija me la agarró y comenzó a acariciarla.
-¿Pero qué haces?
Le pregunté asombrado, pero sin retirarle la mano.
-Bueno, yo podía haberte preguntado lo mismo anoche.- Respondió con sonrisa picarona.
Obviamente no estaba dormida y aún así me dejó hacerlo. Eso me excitó mucho más. Ella se dio cuenta y comenzó a chupármela. Qué gusto. Qué placer, ver su boquita devorando mi polla. Le agarré la cabeza y le pregunté:
-¿Así se la chupas a tu hermano también?
Ella levantó la mirada y dijo:
-¿Qué pasa, te gusta espiarnos?
Le dije que sí y eso le gustó. Quería ir más allá, así que le dije que se tumbara boca arriba y se quitara las bragas.
-¿Me lo vas a comer como lo hace tú hijo? Me gusta.
Y comencé a lamer aquel jugoso chochito que no paraba de mojarse. Luego, me puse encima de ella y jugué a acariciar mi polla con su clítoris. Ella estaba nerviosa y excitada. Gemía pidiendo más y más. Poco a poco, muy lentamente mi polla se acercaba a su agujerito. Ella lo notó. Respiró profundamente pues deseaba que le hiciera lo mismo que había visto en aquella revista porno de su hermano. Gritó y paré. Cuando el dolor fue disminuyendo continué penetrándola. Ya casi tenía media polla dentro. Sólo un poco más, le dije y paré. Dejé que respirara profundamente antes de sacarla muy despacito para luego volver a meterla. Ya entraba con facilidad, pues estaba muy dilatada y mojada. Aceleré un poco y comenzó a gemir como una loca.
-¡Dios, papá, qué gusto! Mmmmm, ¡¡¡me corro!!!
Yo no tardé en correrme dentro de su coño. No había problema, pues todavía no le había venido el periodo. Su coñito era una mezcla de sangre y esperma. Se quedó abierta de piernas con su clítoris palpitando y mirándome con asombro.
-Quiero más.-Me dijo mientras se masturbaba sin dejar de mirarme.
Lo que pasó después vendrá en la segunda parte.

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