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Cuarta parte -Ian y Pili -.
La semana transcurría con la normalidad, el ritmo, y la calidez de nuestro hogar como siempre. Andrea había arreglado con sus padres que Mili, la peque de 6, pasara el fin de semana en casa ellos. Con Pili, mi hija de 16, que lo pasara en casa de su mejor amiga. Todo estaba dispuesto para pasarlo solos, tranquilos y muy íntimamente con la compañía de Ian. Dentro de esa normalidad solo habia algunos momentos de miradas y sonrisas pícaras y cómplices. No había nervios ni ansiedades, hablábamos mucho del tema con Andrea para relajarnos y que todo fluyera naturalmente. También decidimos no mantener relaciones durante esos dos o tres dias y aguantarnos hasta el sábado.
Una o dos noches previas al fin de semana, mientras ya todos dormían, me fui al play room a mirar una película y disfrutar un trago, del relax y la soledad. No habían transcurrido más de 15 minutos que siento que Ian entra corriendo, me abraza y me da un beso. En la boca. Correspondí el beso apasionadamente. Me acariciaba y me pedía que lo hiciéramos. Lo frené y le expliqué dulcemente lo que habiamos decidido con su madre. Le pedí que aguantáramos que ya faltaba poco y estaríamos todos más tranquilos el fin de semana. No le gustó mucho en principio, pero lo aceptó. Me dió un beso y sonriendo alegremente como siempre se levantó para irse. Cuando se estaba yendo lo detuve.
-Esperá. Antes de irte quiero saber algo.
-Si, decime.
-¿Con quien aprendiste tan bien a hacerlo? Con quién lo hacés?
-Emmm..bue…Me enseñó todo una chica un poco más grande que yo…
-Ahhh, una chica…que bien…y chicos, no? Nunca?
-Esta chica me enseñó a mi, después a Gasti (su mejor amigo)y bueno, varias veces estuvimos los tres juntos. Y así se dio… bue, me voy
-Espera, esperá…no me vas a decir quien es esa chica, la conozco, es del club?
-No, no puedo. Lo prometí. Ya lo vas a saber…jajaja…aguantá jaja. Chaaauuu.
Y así, se fue a su cuarto, dejándome con la curiosidad…¿quién será?
Llegó el sábado y nos despertamos cuando mis suegros vinieron a buscar a Maia. Ian se había ido al club más temprano a practicar sus deportes y volvería por la tarde. Con Andrea nos fuimos al súper a hacer las compras y a almorzar al shopping.
Regresamos a eso de las 15hs, una hora antes del regreso previsto de Ian. Rápidamente acomodamos todas las compras y nos fuimos a bañar. Juntos como era lo más habitual. Al terminar nuestro baño, ya en el cuarto, Andrea me pregunta si se producía bien sexy y provocadora como cuando salíamos de noche. Le contesté que no, que vistiera normal, de mamá de entrecasa, como era habitual. Todo tenía que suceder o no, espontánea y naturalmente, sin provocaciones. Así que se vistió como siempre, una tanguita, un vestidito de algodón blanco ni muy corto ni demasiado largo y unas sandalias. Nunca usaba corpiño y nada de maquillaje. Yo me vestí con boxer y una remera común. Ya listos bajamos a preparar la merienda.
Tomabamos un té sentados a la mesa del comedor diario cuando escuchamos a Ian entrando a la casa como lo hace habitualmente, como una tromba, corriendo y riendo, con su bolso colgando de un lado y el celular en la mano. Nos saludó con un beso a cada uno y siguío a toda velocidad subiendo la escalera para su cuarto. Andrea le gritó ey, no vas a tomar nada? Mientras yo casi en simultáneo, en voz alta, le decía si no nos iba a contar como le habia ido.
-Esperen. Ya voy. Estoy arreglando algo. Termino y bajo. Nos gritó alegremente desde arriba y se encerró en su cuarto.
Con Andrea nos miramos sonriendo. Todo normal, así era el mocoso.
No habian pasado ni diez minutos que lo escuchamos bajar corriendo, celular en mano.
-Qué van a hacer? Nos preguntó.
-Pensábamos ver una peli en nuestro cuarto, no amor? Le contestó Andrea, dirigiéndome una mirada cómplice.
-Si, vamos a ver una peli. Asentí.
-Uh, qué bueno! Nos dijo tomando el celular y hablándole a alguien: Voy a ver una peli, más tarde hablamos, beso. Si, está todo ok.
Corrió de nuevo a las escaleras para su cuarto y nos gritó
-Vayan para su cuarto que enseguida voy con ustedes para ver la peli.
Corrimos los cortinados para dejar el cuarto a ocuras, Andrea se quitó el vestido, se puso su baby doll mientras yo me quitaba la remera, prendimos la TV y nos acostamos.
Ian entró a nuestro cuarto sigilosamente, como a hurtadillas y se acomodó entre medio de nosotros en la cama susurrando uy que lindo haciéndose el nenito chiquitito y dándonos un besito a cada uno. Solo traia puesto su pequeño slip.
En simultáneo nos giramos levemente hacia él, yo acariciándole la cabeza y Andrea el brazo y el hombro, mientras también comenzaba a darle múltiples y dulces besitos. Fui acercándo mi cara a la de él, intensificando las caricias. Con su brazo de mi lado me tomó por detrás de mi cabeza y me empujó hacia él. Abrió su boca, la juntó con la mía y me introdujo su lengua para juguetear con la mía. Andrea se unió en ese beso que ya era de a tres y nuestras tres lenguas se lamían unas a otras. Nuestras bocas se comían. Se agitaban las respiraciones y comenzaban los sonidos de la excitación, entre gemidos y palabras entrecortadas de amor y lujuria. Los dejé que se besaran apasionadamente y fui bajando con mi lengua recorriendo todo el cuerpito y su piel hermosa, lamiéndolo, gozándolo, chupándolo. Le quité el pequeño slip, le tomé la pija erecta y dura que parecía a punto de explotar. Se la llené de besos y lamidas, toda, entera una y otra vez hasta que me la meti todo lo que pude en la boca y tocara mi garganta. Se lo estaba chupando frenéticamente.
Sentí la pierna de Andrea sobre mi mejilla, como empujándome. Me aparté a un costado y ví como Ían le chupaba las tetas a su madre, mordía sus largos y erectos pezones y como con una de sus manos ya le había corrido la tanguita y le pajeaba la concha metiéndo y sacando sus dedos de la vaginalos de a uno, de a dos, de a tres y hssta que entraba casi toda su mano para sacarla y volver a comenzar. Andrea ya estaba casi montada sobre Ian, el cuerpo totalmente arqueado, con sus tetas apoyadas sobre su rostro y la cabeza hacia arriba con la boca totalmente abierta de gozo.
Sentí que ya era un espectador en ese juego de placer único que solo le pertenecía a ellos. Me levanté de la cama y me dediqué a observar. Ese era el único lugar que me correspondía.
Andrea gemía y gritaba sí mi amor, sí, así, seguí, no pares. Ian seguía pajeándola y comiéndoles las tetas mientras iba acomodando su cuerpo, preparando el inminente contacto de su pija con la concha de su madre.
-Te gusta, má? Te amo mami, te hago todo lo que me pidas, me gustas mucho mama..pedime que te coja por favor, rogáme que te coja
– Si hijo, mi vida, te amo, cojéme, haceme tu puta…la queres coger a mami? Me querés coger hijo?
El ambiente explotaba de lujuria, de pasión, de sexo y de amor, entre gritos, gemidos y palabras que potenciaban todo ese placer hacia el infinito.
Ví como cogían. Como Ian la penetró a Andrea y ella lo cabalgaba extasiada, orgasmando una y otra vez hasta que ya no le quedaran gritos en la garganta. Jadeando, con la voz casi apagada por el placer y entrecortada, Andrea le pedía a su hijo que la cogiera más. Y le rogaba: dame toda la leche, hijo. Llenale toda la concha de leche a mami.
Comprendí que se iban a coger toda la noche sin parar y los dejé solos. Salí del cuarto y me fui al play room, totalmente al palo. Hipercaliente.
Me recosté sobre uno de los brazos del sofá, a oscuras total y comencé a acariciarme suavemente la verga que me explotaba de calentura. Con las piernas bien abiertas lentamente comencé a hacerme una paja.
La excitación única que me producía el sexo entre madre hijo hacía que la velocidad de la paja que me estaba haciendo fuera en aumento. Aún con los ojos cerrados y apretados como para que no se escaparan de mi mente las escenas recién vistas, de pronto, sentí que una luz comenzaba a iluminar el ambiente. Abrí los ojos y ví como lentamente se iba abriendo la puerta del cuarto en el fondo del play room. La luz me cegaba un poco la visión pero podía distinguir un cuerpo de mujer en la sombra, al contraste, parada contra el marco de la puerta.
Me restregué un poco los ojos para afinar la visión. Enmudecido, confundido pero todavía al palo, podía distinguir una mujer con los pelos revueltos, en tetas, apenas con una tanguita, que se chupaba los dedos de una mano para tocarse los pezones y los dedos de la otra para hacer a un lado la tanga y metérselos en su vagina, comenzaba a avanzar hacia a mí como una gata.
Llegó hasta la otra punta del sofá y levantando una de sus piernas apoyó un pié sobre el almohadón quedando bien abierta de piernas mientras seguia chupandose los dedos y pajeandose los pezones y la concha. Inclinándose hacia mi con un movimiento felino fue acercándo su rostro.
El peinado revuelto y salvaje, el maquillaje, los ojos delineados y pintados como las pestañas, los labios rojos carmesí y un lunar pintado apenas al costado de su boca no pudieron ocultar ni engañarme más cuando su cara quedo apenas a centímetros de mi pija parada.

Mi hija Pili me había sorprendido.

 

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