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Quinta parte – Pili-.

Pili, mi hija de 16 años, es una belleza en todo sentido. Cariñosa, alegre, excelente alumna. Para mí seguia siendo una niña y no percibí, o inconscientemente me negaba a hacerlo, que estaba convirtiéndose en toda una mujer. Y así,  en esa versión salvajemente sexy y provocativa, de mujer hembra, decidió borrar mi ser, de mi mente y de mis sentidos a la niña que yo percibía. Como un rayo fulminante, imprevisto y violento, alli estaba frente a mí invadiendome de deseo prohibido potenciando mi excitación a un nivel único y desconocido. Intenté decir su nombre pero mis labios temblaban dejando mi boca entreabierta. Volvió a introducir dos dedos de la mano en su boca mientras nuestras miradas fijas nos quemaban, sus labios carnosos pintados de un rojo infierno, se abrían mostrando su lengua inquieta que los lamia y cargaba de saliva, mientras se acercaba lentamente. Llevó su dedo índice dibujando una cruz con los labios indicándome silencio y luego lo fue acercando, empapado, a mis labios y rozándolos formó la misma señal de silencio susurrando un casi inaudible sshhh…

Abrí apenas los labios para sacar  la punta de mi lengua y rozarle el dedo. Pili lo metió en mi boca y enseguida el otro. Yo chupaba y ella los metia y sacaba como pajeandola y al mismo tiempo con su otra mano acariciaba mi pija. Nuestros corazones se descontrolaron, las respiraciones mutaron a jadeos animales, nuestras bocas se abrieron y se encontraron en tarascones salvajes, besos suaves y lenguetazos enloquecidos que lamian y penetraban hasta lo más profundo de ambas cavidades. La abracé y casi violentamente la atraje hasta casi que su cuerpo me montara. Deslicé mi mano desde su cintura hacia una de sus piernas acariciándola y apretándosela alternativamente. Cuando sentí el primer roce de su concha con mi verga la aparte y le metí la mano para correrle aún más la tanga. Los fluidos de placer que desbordan su sexo permitieron y me llevaron a penetrarla con dos dedos de una y hasta al fondo, revolviendo con ellos el interior de su vagina provocando sus primeros gemidos descontrolados de placer. Empujó una y otravez su pelvis contra mi mano gimiendo. De pronto, entre gemidos, se apartó y se quitó mi mano. Por un instante me clavó su mirada desorbitada, jadeando con la boca abierta, tomo mis rodillas y abrió violentamente mis piernas dejando mi verga totamente expuesta y a su merced. Se zambulló en ella y comenzó salvajemente a devorarla frenéticamente. E nloquecido y rebuznando de placer arremetía y empujaba, cogiéndole la boca, hasta el fondo donde mi pija chocaba contra su garganta, ahogándola.

La explosión final se hacía inminente, saque la pija, la tomé de la cintura y tire su cuerpo contra el respaldo del sillon. Como un macho en celo, violentamente la acomode y le abri las piernas todo lo posible, le arranque la tanga hecha hilos y me meti en su concha empapada, mordiéndole los carnosos papos, los labios, el clitoris, chupandosela toda y tomándome, tragando sus jugos y simultáneamente metiéndole mis dedos uno por uno, pajeando, cogiéndola con mi mano. Los gritos que producia el placer anunciaban el inminente orgasmo. Deseaba su primer orgasmo en mi boca para tomármelo todo.

-Damelo, dámelo en la boca, acabame en la boca por favor mi amor..

– Ahhh, ahhh, tomá, tomá, tomá papi…todo par vos, tomáaaaaahhjjjj…ahhhh . TOMAMELO

AL acabarme, Pili me regaló también cuatro hermosos chorros de pis que fluyeron en contracciones sucesivas acompañadas de gritos, casi aullidos de hembra salvaje, que me inundaron la boca, saboreé y tragué hasta la última gota.

Sin permitir ni un solo instante de relax posible le apoye la verga en su vagina y comencé a frotarla ejerciendo en cada movimiento más presión y velocidad, sin penetrarla. El ruego por más no tardó en llegar.

-Metémela, metémela por favoooor. Gemía Pili.

-Queres que te coja? Pedímelo, pedíme que te coja. GRITÁ…decime que queres ser mi putita, que qjeres que sea tu macho…rogáme

-SI, PAPI, SOY TU PUTA, cogeme, cogeme toda PAAA, SOS MI MACHO PAPI, COGEMEEE

La embestí  como un animal mdtiéndosela toda hasta el fondo de la  concha. La  cogí sin parar no sé por  cuanto tiempo. Acabámos una y otra vez entre gritos y aullidos salvajes. Le llené la concha de leche por lo menos tres veces. Perdimos totalmente la noción del tiempo y del espacio fundidos en una comunión única de placer, amor, sexo,   cuerpo y alma como nunca antes habia experimentado.

Solo como lo pueden sentir Padre e Hija.