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Segunda Parte -Ian-.
A Andrea le costaba mucho aceptar el deseo que sentía y su nueva fantasía. Habíamos cumplido con casi todas nuestras fantasías que iban surgiendo en nuestras relaciones sexuales. Tríos con mujeres y hombres, intercambios de parejas, vernos coger con otros, etc. Siempre muy placenteramenta y en todos los casos mejorando aún más nuestra relación. Nos habíamos prometido cumplir con todos nuestros deseos y así lo hacíamos. Siempre de a dos.

Pero en este caso, ella sentía culpa. No podía aceptar el deseo que le había generado su propio hijo pero tampoco lograba disiparlo. Nuestra relaciones a partir de ese momento giraban en torno a ese deseo y nos llevaban a ámbos al climax total.

Viendo que era irreprimible tanto su deseo de ser cogida por su hijo y el mío de verlos, le propuse un plan. Dada mi inmejorable relación con Ian, me iba a encargar de ir tanteando muy sutilmente y con mucho tacto sobre su sexualidad y sus deseos. Le pedí que confiara en mí, que nada de lo que ocurriera seria forzado y además la tranquilicé, en base a mi propia experiencia, de lo común que es en los chicos de esa edad fantasear con sus madres. Deseo que también es reprimido por la mayoría. ¿Pero qué pasaría si fuera alentado?

Todas las noches luego de tener relaciones y cuando ya todos duermen, acostumbro en soledad a tomar un trago y ver alguna película en el play room. Es mi momento de relax ideal. En algunas ocasiones se da que alguno de los chicos, furtivamente ya que la madre quiere que se duerman temprano, se escape de su cuarto y me acompañe, contando con mi complicidad.  Ian era el que más frecuentemente me acompañaba.

Acostumbraba a entrar sigilosamente en la oscuridad del ambiente solo iluminado por la luz de la pantalla de TV, abrazarme, darme un beso y acurrucarse junto a mi en el amplio sofá. Charlábamos un poco, me pedía que le rascara la espalda o le acariciara la cabeza y así se quedaba dormido, entre mimos.

Ian es un chico muy popular en el colegio y en el club donde practica deportes. Líder de los chicos y muy perseguido por las chicas. Particularmente siempre lo acompañaban dos hermanas muy lindas y muy desarrolladas para su edad, incluso una de ellas uno o dos años mayor y su inseparable y mejor amigo Gasti, un chico muy lindo de cabello largo color negro, ojos verdes y tez color mate.

Una noche al terminar la cena y cuando los chicos se despedian para retirarse a dormir, al acercarse Ian a darme un beso, lo tomé de la mano y le susurre al oído que lo esperaba en el play room en diez minutos.

Andrea, como cada noche, acostó a la niña en su cuarto y luego nos encontramos en el nuestro. Le comenté que lo haríamos después porque tenía cita con Ian en el play room. Me deseó suerte y que vaya con cuidado, me besó y salí.

No prendí la TV. El play room estaba a oscuras solo con la luz de mi notebook que apenas iluminaba parte del sofá. Ian entró corriendo, se me tiró encima, me abrazó, me dio un beso y me dijo te amo. Yo también, mi amor, respondí y comencé a acariciar su cabello.

-Qué estás viendo en la compu?, indagó.

-Nada, cosas de adultos.

– A ver…pícaramente intentó tomar la notebook.

-Nooo, le contesté riendo y apartándola

-Dale, igual ya sé, me imagino…además que raro que no te quedaste con mamá jugando como siempre…por eso viniste rápido, para mirar…jajaja

-Bueno, ok. No digas nada, eh. Además vos sabés mucho de esto, no? Dale, contame picarón…y esas hermanitas tetonas que te persiguen a todos lados, que buenas q están, no?  Qué te hacen o que les hacés? Jajaja me imagino…ya jugaron, no? Contame dale…

Ian se puso algo nervioso y comenzó a hacerse el niño chiquitito acurrucándose aún más junto a mí

-Yo soy chiquitito, no hago nada y esas son unas taradas.

-No te hagas el nenito, dale, bien que jugueteás mirando la compu…además ya sé que…bueno, parece que la tenés bastante más grande que la de un niño, no?…Uhhh, las hermanitas deben estar locas, toqueteándola…jaja

-No, no, no…Avergonzado y riendo hundió su cabeza contra mi pecho.

Así, abrazados y haciéndole mimitos le dije que habláramos de todo, sin verguenza ni miedos porque era una cosa entre hombres y que nada saldría de allí. Y que si me contaba yo tenía algo también para contarle y que no lo supiera más nadie.

-Qué es?

-Algo que me contó tu mamá. Te lo cuento pero prometeme que vamos a ser sinceros y que no nos vamos a ocultar nada.

Me dijo que sí y le conté que su mamá lo habia visto pajeandose en la compu y que además me habia dicho que la tenia gigante.

-Es verdad, tan grande la tenés?

No contestó. Seguí acariciándolo y le pregunté susurrandole al oído si le hacía más mimitos me iba a contar.

-Mmm, mimosón, que mimoso estás, te gustan mis caricias?

-Si, mucho.

-Queres más? Decime vos como y por donde queres que te mime. Y comencé a darle besitos en el cuello.

Era increíble lo que me estaba pasando. Me estaba calentando mal. Era la primera vez que me sucedía algo así. Creo que toda la situación, la excitación de su mamá con él rondando mi cabeza y la excitación que evidentemente yo le provocaba con los mimos, hicieron que fuera sucediendo lo inimaginable hasta ese momento.

Seguí acariciándolo y besándolo cada vez más. Siempre preguntándole si le gustaba y si quería que siguiera. La respuestas seguían siendo las mismas, sí, seguí, quiero más, me gusta, transformándose poco a poco en gemidos y súplicas de placer y excitación.

Fui llegando hasta su boca con mis besos. Esperé un instante para ver su reacción. Ian me besó en la boca, una vez, dos veces, hasta que las abrimos y nuestras lenguas se metían en la boca del otro. Nos comíamos. Me saqué la remera y le saqué la suya. Ian quedó en slip y yo en boxer que no podían disimular las erecciones. Seguimos besándonos y acariciándonos. No sé quien de los dos fue el primero en comenzar a acariciar la pija del otro. Le bajé el slip y se la agarré toda, pajeandolo. Era enorme su pija, muy blanca y rosada, sin nada de pelitos. Ian hacia lo mismo con la mia. Nos las mirábamos extasiados. Juntamos las dos vergas y las frotábamos una con otra mientra seguiamos besandonos. Me gusta tu pija, mucho, mi amor. A mi tambien la tuya, te amo.

-Querés que te la chupe, hermoso?

-Sí, chupame, despues yo a vos..

Se la besé toda, de punta a punta le pasaba la lengua, me la metía en la boca, poco a poco y rápidamente. Mis labios lo pajeaban todo y mi boca se cogía toda esa pija enorme. Quería su leche, se la pedí.

-Yo también, quiero la tuya.

Lo deje que me la mamara. Era hermoso el pendejo, parecia experto lo bien que la chupaba.

Acabemos los dos juntos. Nos tendimos en el sofá en un 69 de costado y nos chupábamos la pija los dos juntos, simultáneamente.

Nos acabamos juntos, nos tomamos toda la leche el uno del otro y terminamos abrazándonos, besándonos nuestras bocas y chupando toda la leche que caía de ellas, intercambiándola toda.

Hasta la última gota.

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