Formas de vivir 2
Continuación del anterior relato, donde se sigue contando esa nueva forma de vivir que van descubriendo los protagonistas de esta historia……
En el anterior relato “Formas de vivir” contaba cómo fue nuestro encuentro con una familia con una forma de ver la vida muy diferente a la nuestra y como nos cambió completamente nuestra vida familiar, volviéndola del revés, con todas las consecuencias que eso conllevaba.
En casa, muchas noches me las pasaba más con mi hijo que con mi marido, y él igual, se las pasaba en la habitación con la niña, aunque otras veces nos juntáramos todos para disfrutar conjuntamente sin distinción de sexos, ya que podían relacionarse mi marido y mi hijo de igual forma que yo con mi hija, ya que todo era sexo, sin más, una fuente de placer que hasta ese momento desconocíamos.
Y en todo ello, habían sido determinantes Joan y Gemma, así como sus hijos y hasta Dolors, la madre de Gemma, que nos demostró que el sexo y el morbo no tenían edad.
Cuando empezamos a tener confianza, me encantaba hablar con la señora Dolors, porque aunque al principio fuera bastante reservada en cuanto a hablar, luego se fue soltando y como era una mujer totalmente desinhibida por las experiencias que había vivido, siempre despertaba el morbo en mí con todo lo que contaba:
—Mira, cuando empezamos a llevar el camping en la Costa Brava, ese mundo era desconocido para mí, aunque mi hija y su marido ya habían frecuentado las playas nudistas y conocían algo ese ambiente, pero como yo me había quedado viuda, me pidieron que les ayudara para llevar ese negocio y mejorar mi situación económica.
—Se quedaría muy sorprendida con todo lo que fue viendo allí, ¿no? —le pregunté yo.
—Imagínate, ver a toda esa gente desnuda por allí todo el día, incluso los críos, que no podían ocultar sus erecciones, a los que yo a veces me quedaba mirando como tonta, jaja.
—A mí me pasaría igual, jaja. Y además, sabiendo que todas esas familias serían liberales, supongo que iría viendo más cosas……
—Ya ves, me acuerdo de los primeros días, cuando vinieron a la recepción una señora mayor con su nieto, que estaban en el camping, a preguntarme algo; y el crío estaba todo empalmado. Él la tocaba el culo y se abrazaba a sus piernas, y no la dejaba casi ni hablar conmigo, por lo que ella le dijo que se estuviera quieto y que esperara a que llegaran a la cabaña que tenían asignada. Mientras yo terminaba de resolver ese problema, ella me decía, señalándome su pollita: —“fíjate, todo el día está así y tengo que estar calmándole….”—. Yo creo que me puse roja como un tomate imaginándome como esa señora calmaría a su nieto…
—Jaja, menuda situación, pero supongo que eso solo sería una anécdota más de todas las que tendría allí….
—Sí, fue el principio de mi incursión en el mundo liberal, porque esa mujer debió de darse cuenta de cómo miraba a su nieto y acabó invitándome a su cabaña para estar con el chiquillo. No sé ni cómo acepté esa primera vez, porque tenía unos nervios que hicieron que esa mujer notara mi inexperiencia y me dijera: —“¡Vaya!, yo creía que ya estaba más acostumbrada a estas cosas, trabajando aquí….”—. Y yo tuve que confesarle que hacía poco que llevábamos el camping y que todo eso era nuevo para mí.
—¡Buufff! Es que esa primera vez es tremendo. A mí me temblaba todo el cuerpo la primera vez que estuve con Fede, y con su nieto, ya ni le digo.
—Claro, mujer, eso es normal, pero una vez que empiezas, ya no puedes parar….
Todavía recuerdo la primera vez que esta señora, Dolors, estuvo con mi hijo Fede. Fue allí, en su casa, en una de nuestras primeras reuniones, cuando entre risas, su hija la provocaba para que se comiera la polla de mi hijo:
—¡Anda, mamá!, que sé que lo estás deseando y su madre te lo permite.
—¡Ay, hija!, como eres….., la verdad es que me encanta este crío y si a él no le importa estar con una vieja como yo….
—Claro que no le importa —le dijo su hija, ante mi turbación por ver a mi hijo por primera vez con otra mujer.
Dolors llamó a mi hijo para que se acercara, y se puso a mamarle la polla, que se endureció rápidamente en su boca. La señora lo estaba disfrutando de verdad, mientras sujetaba a mi hijo por el culo para degustar en toda su plenitud ese miembro que empezaba ya a soltar sus líquidos pre seminales, que ella absorbía golosa, a la vez que Fede amasaba sus grandes y caídas tetas con las manos:
—¡Mmmmm! Que rico, me encanta este sabor… —exclamaba entusiasmada la señora.
Gemma y yo mirábamos excitadas la escena, acariciando nuestras humedecidas vaginas con los dedos, esperando que se lo follara, lo que hizo poco después, cuando se tumbó en el sofá y permitió que mi hijo se pusiera entre sus piernas para meter su polla en su peludo coño, y así, encima de ella con la cara enterrada entre sus pechos, empezó a mover el culo arriba y abajo para follar a la abuela de sus amigos.
Dolors empezó a gemir suavemente mientras le decía a mi hijo:
—No te corras todavía, cariño, aguanta un poco, que esto es muy rico.
Pero decirle esto a un crio adolescente es esperar demasiado, porque la excitación que tenía por estar follando con esa señora hizo que al poco rato, sus chorros de semen inundaran su coño sin remisión, aunque con tiempo suficiente para que Dolors pudiera correrse igualmente, esperando que Fede pudiera seguir follándola sin que se le bajara la polla, lo que pudo seguir haciendo durante unos minutos más hasta arrancar un nuevo orgasmo en la buena señora, que se quedó tumbada sobre el sofá con las piernas abiertas y los restos de semen escurriendo entre sus muslos.
Al terminar, Dolors me agradeció que le hubiera dejado follar con mi hijo. A ella siempre le gustaba pedir permiso a los padres, según me dijo, ya desde cuando estaba en ese camping, en el que aprendió que dentro de esa liberalidad, también había unas reglas determinadas que todos cumplían, porque esas familias eran como una comunidad y sus folladas podían considerarse comunitarias igualmente, ya que participaban todos los miembros de la familia.
Como yo seguía intrigada por conocer más sobre ese mundo, seguí preguntándole:
—Yo creía que en el mundo liberal, el sexo era solo entre los adultos, sin meter a los hijos por el medio también. ¿Cómo te sentiste al saber que podías follarte a esos críos también?
—A ver, en realidad es así, es algo entre adultos, pero en determinados círculos donde está asegurada la discreción, los intercambios familiares son totales, pero ya te digo, respetando unas normas que se van transmitiendo a las familias que entran en esta forma de vivir. Y bueno, te puedes imaginar cómo me sentí cuando me enteré de que eso se podía hacer y de hecho, en el camping era algo habitual. No me lo podía creer y me preguntaba cómo era posible que eso sucediera con esa normalidad, así que necesité un tiempo de adaptación mental, digamos, pero luego fue algo que estaba deseando como una perra, jeje.
—Claro, no podrías quitarle ojo a todos esos críos empalmados todo el día, pasando por allí.
—Sí, era tremendo. Yo me pasaba por las tiendas para controlar que todo estuviera bien y me encontraba a muchas mamás o abuelas masturbándoles o chupándoles la polla, o sentadas en ellas, de los más mayores. Pero también a nenas encima de sus papás con la polla dentro y otras intentando metérsela. Ahí veía de todo, sin que ellos dejaran de hacerlo porque yo les viera.
—Menudo espectáculo. Al verlos, te darían ganas de probarlos tú y hacer lo mismo, supongo.
—Pues sí, porque cuando me quedé viuda no fui de estas que van de polla en polla, intentando recuperar el tiempo perdido. Yo no había vuelto a joder con nadie desde entonces, pero el que más me atrajo fue mi yerno Joan. Verlo todo el día por allí desnudo, con esa polla que tiene, me ponía mala.
—Sí que tiene una buena polla. Yo en cuanto se la vi en esta casa, estaba deseando metérmela, cuando me lo permitiera mi marido, claro.
—Pues eso me pasaba a mí. Él estaba todo el día provocándome. Se ponía a mi lado y me decía: “Ande, suegra, agárremela un poco”. Y yo la ponía en mi mano y se la palpaba notando como se ponía dura, pero no quería hacer eso engañando a mi hija, así que una vez, ya metidos en ese ambiente, ella me dijo que podía montarme en ella, si quería….
—¡Uuufff!, a mí me encantó también cuando me senté encima de ella. Me llenaba toda.
—Es que además, esto pasó en una de esas fiestas que hacíamos, y allí delante de toda la gente, fue la primera vez que jodí después de enviudar, aunque luego vinieron muchas más, claro.
—Luego empezaste con los críos….
—Con ellos, con sus padres…., con todos. Casi todos los días caía alguno.
Estas conversaciones con Dolors me hacían salivar, pero Joan y Gemma seguían poniéndonos los dientes largos contándonos sus experiencias durante los años que estuvieron llevando ese Camping nudista en la costa catalana.
—Fueron unos años muy felices. Allí nacieron nuestros hijos, así que os podéis imaginar la educación que tuvieron y todo lo que vivieron, todo el día desnudos entre nuestros clientes, muchos de ellos se pasaban el verano entero allí y venían todos los años, así que hicimos buenas amistades con muchas familias.
—Debe ser una maravilla pasar el verano en un lugar así. Estoy deseando hacerlo este año —les dije yo.
—No os arrepentiréis. Nosotros todas las noches organizábamos fiestas de todo tipo y nos lo pasábamos muy bien. Aquello era un desmadre total y a pesar de estar allí todos los días, siempre nos sorprendía lo que llegaba a pasar —nos comentó Joan.
Después le dijo a mi marido, buscando su complicidad:
—Mira, a veces nos poníamos con unas criajas de nada, porque allí no poníamos límites de edades, ya que eso lo dejábamos a la responsabilidad de los padres, y ellas se ponían a comernos las pollas a los hombres. Los que estaban por primera vez, ni se lo creían, pero pasaban esas cosas….., y claro, con eso y lo demás, ya se enganchaban para venir todos los años.
—¡Qué bueno! Tendréis un montón de anécdotas —le dijo él.
—Pues sí, de todo tipo. Pensar que por allí pasaban familias de toda Europa con esa forma de pensar y de vivir el sexo con toda naturalidad y aunque nosotros conocíamos el mundo nudista, aquello era totalmente diferente. Era como estar en otro mundo dentro del mundo real, digamos, y todo eso acaba contagiándote sin otro remedio que adaptarte a ellos, porque también era nuestro negocio y teníamos que estar a la altura —nos aclaró Gemma.
—Y con vuestros hijos allí creciendo, en medio de todo eso, para ellos se convertiría en algo normal también —les comentó mi marido.
—Ya veis. Nos pasábamos allí todo el año, en invierno con menos gente, jubilados o parejas solas. Nuestros hijos eran los únicos niños allí, y eran el centro de atención, claro. Pero los meses de verano era una locura, se llenaba de familias y el ambiente era totalmente distinto. Los anteriores dueños nos fueron enseñando cómo funcionaba eso y acabamos convirtiéndonos en unos expertos, pero ahora lo echamos mucho de menos.
—Ya supongo, al venir aquí os encontrasteis con un ambiente muy distinto.
—Sí, menos mal que pudimos contactar con vosotros y que las cosas fueron saliendo bien, aunque me pregunto si habrá más familias como vosotros aquí, que les guste todo esto.
—Pues lo dudo, porque aquí la gente es muy conservadora y cerrada, aunque nunca se sabe…. Míranos a nosotros, que éramos así también.
—Vosotros que los conocéis más, podíais tantear a algunos….. —continuó Joan.
—Sí, estaremos atentos, aunque por nuestros hijos quizás podamos enterarnos de algunas cosas….. Ruth me comentó que una amiga suya le contaba a veces, que su papá la metía mano por debajo de la ropa y que a veces ella se quejaba, pero su mamá no le hacía mucho caso y no decía nada, así que ella acababa dejándose…..
—¡Vaya, vaya! Mira por donde podemos tener unos nuevos amigos —nos dijo Joan. ¿Quiénes son esa familia?
—La cría se llama Cris, tiene otra hermana pequeña, y los padres son Joaquín y Sonsoles. No sé si los conocéis…. Él es alto y moreno, pero no va mucho por el Colegio y la madre va siempre un poco llamativa, con buenos escotes y vestidos ajustados y a las crías las lleva también muy cortitas para lo que es ese Colegio.
—Ya, si a la señora le gusta mostrarse y exhibir a sus hijas es buena señal —nos dijo Joan, con malicia— Si al padre le gusta meter mano a la mayor, supongo que con la pequeña hará igual. Estaría bien que Ruth hablara con ella, a ver que le cuenta.
—Lo de la madre creo que es más apariencia y que a ella le gusta lucirse, a que quiera ir provocando, y lo del padre ya si puede que sea por vicio y que se aprovecha con sus hijas.
Mi hija, que lo estaba escuchando, se rio con picardía, pero nosotras le pedimos que hablara con Paty, la hermana de Cris, para ver si le sacaba algo.
Así fue como un día, mi hija me dijo que había estado hablando con Paty y vino a contarme:
—Mamá, me lo dijo todo….
—¿Qué quieres decir? ¿Qué es todo?
—Que su papá juega con ellas, que se bañan juntas con él y que su mamá las deja, pero que no le gusta mucho que lo hagan, me dijo.
—Bueno, algunos papás se bañan con sus hijos pequeños, Ruth —le dije yo.
—Pero tú a mí no me dejabas con papá.
—Es verdad, pero eso era antes, ya lo sabes….., pero, algo más te diría, ¿no?
—Sí, que cuando no está su mamá delante, le sacan la leche al papá, jaja.
—Así que las dos ya saben bien cómo funciona una polla. Muy bien, hija.
—Espera….. Que me dijo más, mamáaa…..
—¡Ah!, vale, dime.
—Que como su hermana tiene más tetas, a su papá le gusta más chupárselas a ella, pero que a Paty también se lo hace.
—Qué bueno, jaja, que rico se lo pasan esas niñas…..Ahora tendrías que hacer que te invitaran a su casa dormir un día con ellas, para ver si el papá se anima contigo también.
—¿De verdad quieres eso, mamá? ¿Qué me meta mano su padre?
—Es lo que se me ocurre para ver si podemos hacer algo con esa familia y juntarnos todos.
Durante los siguientes días, mi hija Ruth estuvo más tiempo con Cris y Paty para conseguir que la invitaran a su casa, pero como eso no acababa de pasar, un día que Joaquín, el padre de las niñas, fue también al Colegio, Ruth casi se invitó a sí misma, provocando que el hombre la invitara para dormir con sus hijas, a lo que su mujer no puso buena cara, pero acabó aceptando también.
Y ya lo que pasó en esa casa, me lo fue contando mi hija:
—Su padre no me quitaba ojo y estaba allí con nosotras cuando jugábamos en su cuarto, hasta que venía la madre a decirle que nos dejara jugar tranquilas, pero luego volvía para decirles a sus hijas que se pusieran el pijama para ir a dormir y a mí me dio otro también.
—¿Y siguió quedándose allí mientras os cambiáis?
—Sí. Bueno, a Cris y a Paty ya las veía desnudas siempre, pero yo me cambié sin importarme que él estuviera delante. Me preguntó si necesitaba ayuda para ponérmelo, y aunque no le dije nada, me ayudó aprovechando para tocarme.
—No me digas… ¿Qué te tocó?
—El culo, las piernas, me pasaba la mano por delante….
—Menudo sobón que está hecho el papá de tus amigas.
—Sí, jaja, a ellas también las tocaba.
—Y luego cuando dormíais ¿ya no os molestó más?
—No, ya no volvió a la habitación.
—Estaría su mujer pendiente, jaja.
Pero después de esto, la casualidad quiso que fuera la madre de las niñas por la que pudimos contactar más íntimamente con esa familia, cuando en una ocasión, estábamos en la piscina. Ella estaba con sus hijas en el vestuario de mujeres y nosotras, Gemma y yo, estábamos pendientes de nuestros hijos en el de hombres, ya que a ellos no les importaba que entraran los niños con sus madres, sobre todo, cuando eran pequeños.
Y de pronto, la vemos entrar a ella en el vestuario de los hombres, con otra de las madres que tenía dos niños más pequeños que los nuestros, para que la ayudara con ellos, según venían hablando.
Nosotras nos quedamos observándola cuando se puso a secar con la toalla a los hijos de su amiga, un poco turbada al pasar la toalla por sus cuerpos viendo como tenían una erección, casi sin atreverse a secarles esas partes, pero la otra mujer le decía:
—No tengas miedo, hay que secarles bien esa zona para que no tengan humedad al vestirse.
Sonsoles, a la vez que les iba secando, pasaba la mano por los testículos y la polla empalmada de los críos, justificándose con su madre, a la que decía:
—Perdona, es que es para ver si están bien secos ya.
—No te preocupes, a ellos les encanta que les toqueteen ahí.
—¿Se lo haces tú? —le preguntó Sonsoles, sorprendida.
—Claro, todas las mamás lo hacemos, jaja.
Sonsoles debía de estar pasando el momento más morboso de su vida, mientras hacía eterno el proceso de secar a esos críos, a la vez que no hacía más que mirar a su alrededor a todos los chicos que andaban por allí desnudos, por lo que le dijo a la otra mujer:
—Es que es la primera vez que entro en el vestuario de los chicos, e Impresiona un poco, la verdad….
—Jaja, yo ya estoy acostumbrada a verlos viniendo con estos dos… —le contestó la madre de los niños—, pero sí que sorprende ver a alguno, lo desarrollado que está.
—Sí, como esos dos. Menudas pollas que tienen ya con esa edad —señalando a nuestros hijos.
Este comentario, ya nos hizo intervenir en la conversación:
—Bueno, no es para tanto, es que están en la época del cambio y se les nota más —le dijo Gemma.
—Es que yo tengo dos niñas y no estoy tan acostumbrada a verlos, así desnudos, y me llaman la atención. Están muy guapos los dos —nos contestó Sonsoles.
—Gracias. Nosotras tenemos niña y niño las dos, así que en casa es más normal vernos desnudos.
—¿Y las niñas como lo llevan el ver a sus hermanos así, todo el día empinados…..?
—Están acostumbradas también, pero es normal que les llamen la atención sus hermanos y se fijan en ellos.
—Ya me imagino. Y jugarán juntos y se divertirán….
—Sí, ya sabes cómo son los niños a estas edades. Hay que estar pendiente de ellos, por si se ponen a hacer cosas que no deben….
—Claro, eso lo sabréis vosotras, que les habréis visto. Supongo que querrán dormir juntos y esas cosas…, no sé si les dejáis. Yo sé de alguna amiga que tuvo problema con eso.
—¿Sí? ¿Qué le pasó?
—Pues que tenía una parejita también y cuando eran pequeños, la niña se acostumbró a dormir en la cama con su hermano mayor, hasta que fueron haciéndose mayores y mi amiga pensó que ya no era adecuado que siguieran así y le costó mucho trabajo separarlos.
—Bueno, es normal. Los míos a veces siguen durmiendo juntos —dijo Gemma.
—¿Y cómo les dejas? Ya son mayorcitos y la niña ya estará menstruando ¿no?
—Lo que quieran hacer lo van a hacer igual, así que lo mejor es educarles para que sean responsables. Y con la cría ya tomamos medidas.
—Pero es que son hermanos y eso supone consentir que entre ellos se hagan de todo. Y mira que yo soy abierta para algunas cosas, pero están en una edad que se tienen muchas ganas y a mí me costaría dormir con un chico así y no echarle mano, ya me entendéis.
—Claro, como nosotras, ¿qué te crees? Mira, mi amiga antes era más cerrada también, pero ahora no se corta —le aclaró Gemma, señalándome a mí.
—No sé si os estoy entendiendo…., pero me queréis decir que vosotras con los niños…. No puede ser, ¡qué barbaridad! ¿De verdad…..? —siguió preguntando ante nuestro asentimiento.
Sonsoles no salía de su asombro, miraba a los críos y nos miraba a nosotras y yo creo que se imaginaba de todo, así que pensamos que era el momento de invitarla para que trajera a las niñas a casa y tomarnos un café juntas.
Ella aceptó, no sé si dudando si estaba haciendo lo correcto, porque no sabía muy bien lo que iba a suceder en esa reunión, pero supongo que por la calentura que estaba teniendo con los hijos de su amiga y por el morbo que despertaba en ella nuestra proposición, le dio fuerzas para ser más atrevida de lo que normalmente era, porque a pesar de su apariencia tan abierta en la forma de vestir, en el fondo era tan conservadora como las demás.
Cuando llegó el día, Sonsoles llegó con sus hijas a casa de Gemma, cuando estábamos todos esperándolas, con los hombres especialmente expectantes por lo que pudiera ocurrir con esas crías, si su madre lo consentía, que se disculpó al llegar:
—Perdonarme, es que estoy muy nerviosa y ni siquiera le dije nada a mi marido que veníamos aquí.
—No te preocupes, estamos en confianza y si en algún momento te sientes incómoda, te puedes ir, pero solo estamos aquí para pasárnoslo bien entre amigas.
—Muchas gracias. Os agradezco vuestra invitación. Las niñas estaban encantadas con venir también.
Joan empezó a explicarle un poco la filosofía de vida que teníamos, una forma de vivir que sabíamos que no era aceptada por mucha gente, pero reclamábamos nuestro derecho a vivirla, mientras Sonsoles le escuchaba con la boca abierta, muy sorprendida por lo que iba contándole:
—Nosotros normalmente estamos desnudos en casa, no tenemos ningún problema con eso y si tenemos invitados y a ellos les parece bien eso, pues lo pueden estar también con sus hijos, si quieren —le comentó él.
—Es que a mí me daría mucho pudor quedarme desnuda ahora aquí, aunque a las niñas quizás les importe menos, porque en casa suelen estarlo muchas veces también.
—Bueno, pues si a ellas se lo consentís, entonces no está tan mal y si ellas quieren, pueden quedarse desnudas ahora y nosotros les acompañados para que se sientan cómodas.
Cris y Paty, dijeron a su madre que querían desnudarse para ir a la habitación a jugar con nuestros hijos, que ya estaban allí desnudos.
Sonsoles estaba un poco sobrepasada por la situación y dejó que sus hijas se quitaran la ropa delante de todos nosotros, y se quedaron desnudas ante la vista de Joan y de mí marido que ya saboreaban mentalmente esos cuerpos desnudos, con sus deliciosas vaginas sin pelitos que las hacían tan apetitosas a sus ojos.
En ese momento, yo le pregunté a Sonsoles:
—¡Oye!, si dices que a veces están así desnudas en casa, su padre las verá normalmente y supongo que le gustará mirarlas.
—Sí, claro. Pero a mí no me gusta cuando están así, porque su padre ya puede tocarlas todo lo que quiere y aunque yo le ponga mala cara, él dice que sólo está jugando con ellas.
—Sonsoles, se sincera con nosotros. Tú sabes que tu marido hace lo que quiere con ellas, pero no tiene por qué darte vergüenza reconocerlo. Eso pasa en todas las casas que hay niñas, con nuestro consentimiento o sin él —le dije yo.
—Es verdad, a vosotras no os puedo engañar, porque sabéis bien lo que hay.
—Si no te parece mal, nosotros vamos a quedarnos desnudas también, para que tus hijas vean que todo esto es normal. Pero tú puedes hacer lo que quieras —le dijo Gemma.
—Está bien, pero yo prefiero quedarme con el suje y las braguitas.
Las hijas de Sonsoles seguían allí mientras nos desnudábamos todos y se reían maliciosamente cuando nuestros maridos se quedaron sin ropa a su vista, lo que turbó igualmente a su madre que veía sin que pudiera hacer nada como los hombres habían atraído a sus hijas hacia ellos y las sentaban en sus piernas, para empezar a besarlas en la boca aprovechando el momento de excitación de todos nosotros, y dejando que las niñas les agarraran la polla totalmente empalmada, provocando que la situación pudiera ir a más y se volviera incontrolable, hata el punto de que ellos quisieran follarlas allí mismo, por lo que Gemma, con más experiencia en estas situaciones, no dejó que continuaran, para frustración de nuestros maridos, y les dijo a las niñas que se fueran ya a la habitación con los demás críos.
Gemma había cortado esa situación para no incomodar demasiado a Sonsoles, al ver a sus hijas así, pero también con picardía, esperando que ella, al ver a nuestros maridos tan excitados, se animara un poco más soltándose ya totalmente con ellos y dejándose llevar, algo que sucedió tras una pequeña insinuación mía que le sirvió a ella como permiso para lanzarse a coger una polla con cada mano y empezar a masturbarlas, como si estuviera en un pequeño gambang, y eso la animó más todavía, para metérselas en la boca con ansia de disfrutarlas hasta hacerlas correrse, pero ellos querían esperar a poder follarla para echarle el semen en el coño y llevarla a ella al orgasmo o a los que fueran viniendo.
Nosotras también disfrutábamos viendo como nos habíamos ganado una nueva amiga, junto a sus hijas para nuestras reuniones, y aunque ahora faltaba su marido, pensábamos que iba a ser fácil convencerle, por todo lo que podría obtener y que seguramente estaría deseándolo.
Sonsoles acabó dejándose follar por nuestros maridos en todas las posiciones, permitiendo incluso que le hicieran anal, algo a lo que se resistía, pero en ese momento, ella hubiera accedido a cualquier cosa.
Al terminar, la propusimos ir a la habitación de los niños, para ver lo que estaban haciendo y al abrir la puerta, nos los encontramos inmersos en una especie de pequeña orgía, con sus cuerpos entrelazados, follando, chupándose, alterando en un principio a Sonsoles:
—¿Esto qué es? ¿Qué están haciendo….?
—Déjalos, mujer, lo mismo que hiciste tú…. —le dije yo.
—Pero ellos son unos niños…, están desvirgando a mis hijas y mi marido sin saber nada…..
—¿Es que tenía intención de hacerlo él? —le preguntó Joan.
—No sé, ya no sé lo que digo. Esto se me ha ido de las manos.
—No te preocupes tanto. El próximo día traes a tu marido aquí y todo arreglado, porque ya verás que no le va a importar mucho. Para que se te pase el disgusto, ¿qué te parece si te dejamos un rato con los chicos?
A Sonsoles le cambió la cara, al ver la posibilidad de cumplir uno de esos sueños prohibidos que difícilmente confesamos, aunque en esta ocasión ya haya tenido un pequeño aperitivo en el vestuario de hombres de la piscina, pero ahora iba a poder hacer todo eso que se reprimió en ese momento.
Después de disfrutar de las pollas de sus padres, ahora iba a tener las de los hijos, aunque el morbo iba a ser diferente, porque era la primera vez que iba a poder chupar la polla de unos chavales de esa edad y las sensaciones serían diferentes.
Sonsoles pudo, por fin disfrutar de Michel y de mi hijo, agarrando con la mano sus pollas, como si todavía no se lo creyera lo que estaba haciendo, llevándoselas a la boca, alternando una con otra, lamiéndolas cada vez con más insistencia y ganas, como si quisiera sacarles todo lo que tuvieran dentro.
Luego de pasar ese momento de ansiedad, quiso disfrutar del morbo de tener a dos chavales como ellos a su disposición, y se puso a jugar con sus pollas, todavía con los restos de sus corridas, juntando una polla con otra y metiéndoselas en la boca a la vez, o simplemente frotándolas y pajeándolas juntas, mirando a la cara de los chicos para ver su reacción.
A nuestros hijos les encantaba que jugara con sus pollas, y eso lleno de morbo a Sonsoles, haciendo lo que quería con ellos como si fuera una niña pequeña jugando con sus muñecos, hasta que acabó por tumbarse en la cama esperando que la penetraran y la follaran como se imaginaba que lo harían con sus madres.
Todo ello provocó que su placer se viera aumentado, cuando los tuvo encima de ella, hasta provocarle un orgasmo tras otro, mientras los chicos volvían a descargar su semen en su vagina.
Al final, había satisfecho todas sus fantasías, o en las que ella había pensado, porque con el tiempo se daría cuenta de que podían crearse nuevas fantasías que ni se atrevía a imaginar, pero su problema ahora, sería hablar con su marido de lo que había pasado en esa casa e idear una estrategia para convencerle de que él también acudiera allí, como una familia más, y para ello, tendría que sincerarse de una vez con él, hablar de lo que hacía con sus hijas de modo que él no pudiera culparla de haber follado con nuestros hijos y de llevar a sus hijas allí para que las follaran, algo que difícilmente iba a aceptar su padre.
Después de unos días pude volver a hablar con Sonsoles, que me contó las novedades con su marido:
—Mira, le dije claramente que sabía lo que hacía con las niñas y que podía entenderlo. Él se quedó muy sorprendido, y me preguntó que desde cuando lo sabía y por qué lo había permitido, a lo que le contesté que eso daba igual y que si a él le gustaban ese tipo de cosas, a mí también, y que deberíamos hacerlo juntos.
—Pensaría que te habías vuelto loca, jaja.
—Sí, no entendía nada. Me preguntó si es que yo quería estar también con las niñas, y le dije que eso estaría bien, pero empecé a contarle todo lo que había pasado con vosotros y tuve miedo de que le diera algo, jaja, porque estaba paralizado, sin saber que decir ni que pensar. Por un momento debió de creer que había perdido totalmente la cabeza, que estaba delirando o algo así, pero cuando se dio cuenta de que todo lo que le contaba era verdad, acabo aceptando unirse a nuestro grupo.
—¡Vaya con tu marido! Se le habrán puesto los dientes largos con lo que le contaste.
—Pues sí. Al final, fue mejor de lo que esperaba, porque hasta me temblaba la voz contándole todo eso. Así que cuando me digáis, nos presentamos allí.
Acordamos una nueva fecha y esperamos expectantes la llegada de Joaquín con toda su familia. Nada más llegar, ya se fijó en nuestras hijas, a las que miró de forma lúbrica, pensando en echarles mano, como le había prometido su mujer, pero los hombres, antes de eso, intentaron que se sintiera cómodo y relajado, y se pusieron a hablar con él de sus cosas y de las niñas como tema preferente, así que escuché a mi marido preguntarle:
—¿Cómo conseguiste que las crías empezaran a dejarse sobar?
—Pues jugando con ellas, yo cada vez las tocaba más y aprovechaba todo lo que podía, aunque cuando intentaba tocarles el coñito, cerraban las piernas, pero cuando conseguía meterlas el dedo, ya empezaban a gemir, se abrían todas y se dejaban hacer, hasta que empecé a lamerlas y meterles la lengua también. También les daba la polla para que me la chuparan, pero esto no lo sabe mi mujer.
—¡Mmmm!, que rico. Sería una delicia.
—Cómo lo sabéis…., se convirtió en un vicio para mí y solo tenía en la cabeza el momento en que pudiera meterles la polla, pero parece que os habéis adelantado, lo que me cabreó bastante cuando me lo dijo Sonsoles, aunque ahora espero resarcirme aquí.
—Claro, hombre. Aquí tienes a nuestras hijas a tu disposición. Es lo mínimo para compensarte y darte la bienvenida a nuestra forma de vivir.
—Por mi encantado y deseando empezar. A Ruth la conozco más, porque la veía por el Cole con mis hijas, y me fijaba en lo rica que se estaba poniendo. ¿Desde cuándo la disfrutas? —preguntó a mi marido.
—Desde hace poco, no te creas. Pero me parece que tú ya me llevabas la delantera con las tuyas.
—¡Vaya! Ya entiendo. No te atreverías…. Yo, la verdad es que sí. Siempre me encantó jugar con ellas sin esa intención, pero sin darme cuenta, siempre se me ponía la polla dura. Me excitaba mucho y me gustaba dejarlas desnudas para sentirlas mejor. Yo también me sacaba la polla delante de ellas, y a ellas les encantaba jugar con ella, así que imagínate como terminábamos.
—Pues yo no la miraba de esa forma a mi hija, así como tú, pero al conocer a Joan y su familia, algo cambió en mí y ya me ves…. —le confesó mi marido.
—Suerte que vinieron a este barrio a pervertirnos a todos, jaja. Bueno, traerme a alguna de las crías, ¿no? —dijo impaciente, Joaquín.
—Espera, que te traigo a Ruth —le contestó mi marido.
Fue a buscarla a la habitación y cuando vino con ella, todavía no se había quitado el vestido que llevaba. Se la puso frente a Joaquín, que al tenerla delante, empezó a acariciar sus piernas, pasando las manos por sus muslos hasta subirlas hacia su culo, que manoseó a su antojo, y la cría misma, se levantó el vestido para enseñarle sus pequeñas braguitas.
—¡Pero qué cosa más rica! —exclamó Joaquín, que le bajó las bragas y la dejó desnuda frente a él, para seguir sobándola a su gusto, lo que empezó a hacer efecto en la niña, que ya daba muestras de excitación, por la humedad de su vagina.
Joaquín casi no sabía dónde mirar, si a sus incipientes pechos, o la rajita de su vagina, que estaba a la altura de sus ojos, y que ya no aparentaba estar tan cerrada como podía esperarse en otras niñas de su edad, sin tanta experiencia sexual como ella, algo que elevó más su morbo, si cabe, para comentarnos:
—¡Menudo coñito! Cómo se nota que ya se la estáis metiendo…. Debe ser una auténtica delicia —decía, mientras le pasaba el dedo por su rajita, que se abría fácilmente debido a su lubricación.
—Pruebala tú y lo compruebas —insistía mi marido, metido ya completamente en el papel de morboso padre que disfruta entregando a su hija a otros.
Joaquín, con el permiso concedido, continuó besando el cuerpo de Ruth, mientras seguía masajeando el coñito de nuestra hija, notando como se le mojaban sus dedos:
—Esto me fascina. Lo rápidamente que empiezan a mojar estas crías. Las mías acababan empapadas gimiendo como locas cuando les metía los dedos.
Al final, no pudo aguantarse más y abrió las piernas de mi hija, para meter su cabeza entre ellas, y comerle ese coño, del que tanto deseaba saborear todos sus jugos, mientras su padre y Joan le ayudaban con las caricias y los besos, dejando que la niña tuviera en sus manos las pollas de ellos, aumentando más todavía su excitación.
Ruth empezó a tener sus primeros orgasmos, sin que ni siquiera la hubieran penetrado todavía, lo que entusiasmó a Joaquín, que ya no quiso esperar más para meter su polla en ella y colmar uno de sus mayores deseos desde que había empezado los juegos con sus hijas. La agarró por la cintura y empezó a follarla con fuerza, incitado por la facilidad con la que entraba su polla hasta el fondo de su vagina, a la vez que sentía como era presionada por ella, con esos espasmos típicos parecidos al ordeño de la leche, pero en esta ocasión, fue su leche la que salió disparada hasta la profundidad del coño de la cría, que la recibía entre jadeos.
Joaquín se la sacó, pero quería continuar, por lo que la cambió de postura dándole la vuelta para penetrarla por detrás, ofreciéndole la vista de su espléndido culo, que abría con las manos, preguntando a su padre si podía metérsela por él, algo a lo que ya estaba acostumbrada, así que continuó con un anal que colmó todas sus expectativas, hasta correrse una vez más, sacándola de nuevo para terminar con un oral al que mi hija no se negó para acabar de lamer todo el semen que seguía saliendo.
Cuando ya se dio cuenta de que no podía más, no quiso dejar de acariciar el pequeño cuerpo de Ruth, como si fuera la joya más preciada y temiera perder ese momento mágico que pudo haber sido el mejor polvo de su vida, mejorando lo presente, como suele decirse para quedar bien, pero era obvio que lo vivido, pocas cosas lo podían superar.
Después de eso, no sabíamos si querría continuar con Andrea, pero nos pidió un descanso para poder disfrutarla mejor, así que Gemma le propuso que fuera a la habitación de los niños para que viera como se desenvolvían entre ellos, mientras le daba tiempo a recargar sus testículos de nuevo.
Al abrir la puerta, Joaquín no se esperaba lo que vio allí. Nuestros hijos junto a sus hijas disfrutando de sus cuerpos unos con otros en una auténtica orgía infantil, como la llamó él acertadamente.
Mi hijo Fede estaba follando a su hija pequeña Paty, lo que supongo que le dió rabia a Joaquín, una vez más, por no haber sido él el primero, pero quizás ese espectáculo lo compensaba todo, porque además, su otra hija estaba con Michel, chupándole la polla y pajeándole para hacerle correrse en su boca, pero como Andrea no estaba ocupada especialmente en ese momento, se acercó a él para ver juntos como disfrutaban los demás, lo que él aprovecho para acariciarle sus duros pechos con esos preciosos pezones, que era imposible no querer chupar.
Con todo eso, la polla de Joaquín empezó a coger forma de nuevo, sentando a Andrea en sus piernas frente a él para sentir el contacto de su mojado coño en su glande y cuando consiguió meterlo dentro, notar con sus movimientos como si le quisiera aspirar la polla, o esa era su sensación, pero de nuevo se vio atrapado en el coño de otra cría, como las que veía a la salida del Colegio a las que nunca hubiera soñado poder follar, pero ese sueño se estaba haciendo realidad, prometiendo ser algo que iba a ser habitual durante un tiempo, al menos.
Sin dejar de mirar a sus hijas como jodían con aquellos chicos, él hacía lo mismo con Andrea hasta que se corrió en ella, echándole ya hasta la última gota de semen que le quedaba.
Su mujer, Sonsoles, le miraba complacida, porque una nueva vida había empezado para ellos, donde ella también iba a poder disfrutar de todo eso que sentía que era algo prohibido para una mujer de su edad, que difícilmente se podría relacionar con chicos de la edad de nuestros hijos.
Y quien sabe si ir sumando a nuevas familias de ese barrio, que fueran descubriendo esa forma de vivir que tanto gustaba a todos los que podían experimentarla.
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“La vida ocurre a tu alrededor, pero tal vez te cuesta descubrir cómo vivirla de verdad.
La forma en que vives tu vida depende de ti y tomar decisiones que te parezcan correctas es la mejor manera de encontrar un sentido de propósito y felicidad.
Para vivir, primero conócete a ti mismo, lo que incluye tus valores fundamentales, fortalezas y pasiones. Luego, actúa cada día de acuerdo con tus valores personales.
Por último, conéctate con otras personas y demuéstrales lo mucho que te importan.”
Kirsten Parker


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