Formas de vivir 3 (Dedicado a vosotros)
“La familia nos protege, nos guía y nos da refugio, pero los amigos son los que dan sentido a nuestra vida. Aquí están algunos de esos amigos que han dado sentido a mis relatos, disfrutando de la fiesta de la vida”.
“A petición de uno de los protagonistas de este relato”
En los anteriores relatos “Formas de vivir 1 y 2”, os contaba como de una forma casual, mi familia y yo entramos a formar parte de un mundo que ni imaginábamos, porque creíamos imposible que pudiera existir, incluso.
Pero gracias a la amistad con unos recién llegados al barrio, Gemma, Joan y sus hijos, nos fueron contagiando de esa forma de vivir que a ellos les hacía tan felices, una filosofía de vida que necesitábamos extender a más familias, para hacer nuestro “Club” lo más amplio posible.
Joan y Gemma tenían una amplia experiencia y contactos de todo tipo que habían ido haciendo mientras regentaron un camping nudista en la costa catalana. A veces nos hablaban de ellos y uno de los que nos resultaron más curiosos y llamativos fue cuando se refirieron a unos clientes muy especiales que tenían allí, que se trataba de un matrimonio maduro, llamados Alfred y Rosa.
Cuando nos fueron contando la historia de su vida, vimos que era realmente apasionante. Dentro del mundo liberal, habían llegado a crear un Club que se convirtió en una leyenda entre todos los que lo conocieron, que se llamaba el “Club de intercambio familiar”.
Yo podía comprender que unas familias llegaran a relacionarse entre ellas, con sus hijos incluidos, como nos había pasado a nosotros, pero que existiera un Club dedicado a eso, ya me parecía de ciencia ficción, y no salía de mi sombro según nos iban contando los detalles.
Como ellos seguían teniendo contacto con esos amigos, el caso es que un día nos dijeron que nos llevarían a conocer a este matrimonio, porque se habían venido a vivir cerca de nuestra zona y que algunos de los antiguos socios de ese Club les habían preparado una especie de fiesta de homenaje a la que estábamos todos invitados, junto a Joaquín, Sonsoles y nuestros hijos.
Después de todo lo que nos habían contado sobre ellos y de ese grandioso Club que habían fundado, se juntaban en mi la curiosidad, el morbo y la excitación por poderlos conocer, y experimentar un poco el ambiente que se viviría en esa fiesta, que pretendía ser una recreación de ese Club, algo que me costaba trabajo imaginar cómo podría ser, porque como me había dicho Gemma:
—Tú imagina todo lo que quieras, porque lo que vas a ver allí, está fuera de la realidad.
Estaba claro que íbamos a estar en un ambiente selecto, porque al llegar a esa especie de mansión rodeaba de un bosque que impedía verla hasta que llegabas a la misma puerta, el lujo que se observaba en todos los detalles llamaba nuestra atención, aparte de las numerosas personas que ya nos esperaban allí, entre los que salieron a recibirnos Alfred y Rosa, que nos fueron presentados, haciendo gala de su exquisita educación y de una elegancia que todavía no habían perdido a pesar de su edad, que llevaban con gran dignidad.
Rosa nos saludó con dos besos:
—Bienvenidos a nuestra casa, y más todavía con la compañía que traéis, nos dijo —mientras miraba a nuestros hijos de forma pícara, a la vez que sonreía a su marido con complicidad
—Bendita juventud. A nuestra edad ellos son la mejor energía para vivir. Siempre nos gusta estar rodeados de críos como los vuestros —continuó Alfred.
Joan, al echar un ojo a todos los que teníamos a nuestro alrededor, comentó:
—No sé cómo lo hacéis para estar siempre tan bien acompañados.
—Esto no es como el Club que teníamos, pero ahora nos dedicamos a recoger aquí a todos los críos a los que sus padres no pueden atender o los abandonan y nosotros nos ocupamos de ellos, dándoles una educación.
—Ya me imagino la educación que les daréis, jaja —comentó sarcástico, Joan.
—Bueno, hay un poco de todo, ya los iréis conociendo a todos. Ahora vamos a presentaros a unos amigos que suelen visitarnos y que son ya como de nuestra familia. Ahí están todos reunidos con alguna de las crías que tenemos aquí.
—No me extraña que vengan tanto a visitaros. Se les ve muy entretenidos, jaja —comentó mi marido al verles.
Rosa empezó con las presentaciones:
—Este es Roberto. Aquí tiene a su enamorada, que es esta niña que está con él, a la que llama Karlita. Bueno, en realidad le gusta llamarlas Karlita a todas, jeje.
—Encantado Roberto —fueron saludándoles todos— ¿Nos dejarás a Karlita en algún momento? —bromeó con él, Joaquín, pero a Roberto no le hizo ninguna gracia ese comentario, porque Karlita era solo para él.
Los siguientes a los que nos presentaron fueron Raff y Asabi, que como venían acompañados de dos exóticas niñas, Rosa les dijo:
—¡Vaya! Ha aumentado la familia y no nos habíais dicho nada.
Raff se justificó:
—Son hijas de la hija de una criada filipina que tiene Asabi, a la que nos empezamos a follar desde niña y nos ha dado estas preciosidades, pero no sabemos quién de los dos es su padre, o si es una de cada uno, jaja.
—¡Bufff! Vaya morbo, son un encanto estas crías y nos las traen aquí para nosotros….. —comentó Joan a nuestros maridos.
Rosa continuó hablando de ellos:
—Estos dos son íntimos amigos y se enamoraron del Club, desde el primer día que los trajo Veronicca, que es la que está con ellos, y que es una gran escritora de relatos, en los que dio fama mundial a nuestro Club.
—Encantados de conoceros igualmente. Que interesante, una escritora y todo —les dijimos.
—Bueno, los demás también escriben sus cositas y son muy buenos también. El sexo estimula la mente y provoca la creatividad para transmitir todo el placer que nos produce a los que lo vivimos de esta forma. Yo creo que todos necesitamos escribir sobre las experiencias que tenemos en lugares como este, porque es la forma de dar a conocer este mundo a los que no son tan privilegiados como nosotros —nos contestó Veronicca.
—Todos formamos una gran familia y desde que descubrimos esto, no concebimos otra forma de vida —continuó diciendo otro los invitados, llamado Leo—, que tenía sentada encima de él, ya completamente desnuda, a una de las crías de menos edad de las que veíamos por allí, a la que no paraba de acariciar y besar, lo que llamó la atención de mi marido, que le dijo:
—¡Uufff! Menuda sobada que le estás metiendo a la cría. Ya la tienes bien caliente, mírala como se retuerce de gusto.
—Es pequeñita y suavecita como una muñequita. La estoy preparando para darle la leche en la boquita —les dijo Leo, de forma apasionada.
—Jaja. Yo me apunto a eso también…. ¿Le has mirado el coño, a ver si ya está follada? —le preguntó Joaquín.
—Le entra bien el dedo ya, pero me dijo Alfred que todavía no, que la han traído hace poco y que no les ha dado tiempo todavía, vamos….. Pero eso sí que me lo voy a reservar para mí.
Mientras le decía eso, Leo le mostró a la cría, con las piernas abiertas, para que Joaquín la viera bien:
—Está espectacular la nena. Menudo coño más rico que tiene ya. La vas a disfrutar mucho, amigo —le dijo, al verla tan expuesta.
—¡Anda!, que te dejo tocarla un poco….. —le dijo Leo, compadeciéndose de él.
Joaquín le pasó la mano entre las piernas, por esa rajita que Leo le mostraba, y le pellizcó ligeramente los labios vaginales, mientras resoplaba:
—¡Buufff! Qué maravilla. Me comería ese coño ahora mismo… ¿Las vas a montar ya? —le preguntó, entusiasmado.
—Sí, ya estoy a tope, pero vamos a un sitio más discreto.
—Muy bien, así estaremos más tranquilos.
Leo y Joaquín se llevaron a esa cría a una zona de la sala más reservada, y desde la distancia vi como Leo se la ponía encima con las piernas abiertas y empezaba a moverla sobre él, supongo que buscando meterle la polla para empezar a follarla ya, mientras Joaquín le acompañaba colaborando en esa follada, poniéndole la polla en su boca.
Después de un rato de tenerla encima, me pareció ver que Leo se había corrido, porque había parado de follarla, dejando su lugar a Joaquín, que se la puso encima también, pero esta vez, de espaldas a él, con lo que Leo podía ver a la cría por delante como le entraba la polla en el coño, mientras él también pedía a la cría que le hiciera una mamada y así estuvieron disfrutando los tres de ese encuentro, repitiendo la follada con la cría.
Mientras yo seguía estaba observando lo que hacían, se acercó a nosotros otro señor mayor, que también nos dio la bienvenida:
—Me llaman Numen y me alegro mucho de veros por aquí. Siempre nos gusta recibir a gente nueva y si vienen en familia, mejor.
—Numen es como de la casa también, de los más veteranos porque estuvo conmigo en el Club desde el principio, con una vida muy intensa y un montón de experiencias que contar. Toda una referencia para los nuevos que llegan aquí. Él os ayudará en todo lo que necesitéis y en esos gustos especiales que queráis satisfacer —añadió Alfred a su descripción.
—¡Mmmm! Eso suena muy bien —le dijo mi marido— No te vayas muy lejos, jaja, que tengo algún capricho que me gustaría cumplir.
Luego vimos a Rosa saludar a un joven que venía de la mano con otra niña, al que le dijo:
—¡Hombre!, al final has traído a tu sobrina….
—Sí, después de tanto tiempo deseándolo e intentándolo, me la he podido follar y quiero que conozca todo esto.
—Me alegro mucho por ti, aunque ten cuidado con su madre, por si se entera….
—Ya, de momento espero que no.
Rosa se dirigió a nosotras, y nos dijo:
—Este chico tan simpático es Pipsqui, otro adicto a las relaciones familiares. Sueña con ellas, jaja, pero con una habilidad especial para descubrir quien folla con quien y beneficiarse él luego de eso. Le basta ver a cualquier cría para adivinar si se la está follando su padre, su tío o su abuelo, jaja.
—No exageres, Rosa, qué más quisiera yo, pero sí que es verdad que a las crías que se las están follando, se les pone una cara de pillas que no se aguantan, le contestó el chico.
Mi marido le dijo, para provocarle:
—Como a tu sobrina, ¿no? , jaja. Y ahora la traes aquí para que se estrene a lo grande.
—Bueno, no tanto, poco a poco. Que ella lo vea y decida, porque es ella la que me ha pedido traerla aquí, después de todo lo que le conté sobre cómo era esto.
—Eso está muy bien. Tú déjala un poco libre y ya verás cómo se decide enseguida, que seguro que tú vas a estar muy entretenido también.
—Está bien, pero vigilármela, ¿eh?
—Tú déjala conmigo, que la voy a cuidar muy bien, jaja —le dijo uno de los asistentes para tranquilizarle.
Muchas de las personas que estaban allí ya eran viejas conocidas, por haberse encontrado en ese Club que llevaban Alfred y Rosa en el pasado, y como algunos hacía tiempo que no se veían, se ponían al tanto de las novedades de sus vidas, hablando entre ellos, como en el caso de Raff, que nos comentó:
—Que ganas tenía de volver a una reunión de estas, que aunque ya no sean como en el Club, me trae muy buenos recuerdos, ¿verdad, Verónicca?
—Fue una época muy estimulante, la verdad es que pasamos muy buenos momentos, pero ahora podemos seguir pasándolos ¿no?
—Eso espero. ¡Oye!, he visto que tu marido se ha quedado con la niña que venía con ese chico, Pipsqui, creo que se llamaba, o algo así.
—Sí, aquí le conocen de venir otras veces, pero a la niña no.
—Es que me ha encantado esa cría. Se la querrá follar tu marido, supongo….., pero me gustaría unirme.
—Se la ve muy rica…. Es de las que te gustan a ti ¿eh? Mira, mi marido ya ha empezado a meterle mano, pero no le importará compartirla contigo.
Cuando Veronicca fue a buscar a su marido, con Raff, él ya se imaginó lo que buscaba, y le dijo:
—¿A ti también te apetece probar estas tetitas….? Son una ricura.
—Sí, me encantan de ese tamaño, así tan duritas…. —le contestó Raff.
—Pero es que todo lo demás lo tiene muy rico también. Su tío se debe poner morado con ella.
—Pues creo que decía que empezó a follarla hace poco, así que la tenéis casi para estrenar, jaja —les dije yo.
—¿Quién de los dos se la mete primero? —le preguntó, ansioso, ese hombre a Raff.
—Espera un poco Vamos a degustarla bien primero. que yo quiero comerme ese coño y que nos chupe la polla, a ver como lo hace.
—Sí, sí, claro, tú mismo, es que a mí me tiene a 100 ya, y tengo miedo de que venga el Pipsqui ese a ponernos problemas.
—No, hombre, si la trajo aquí, ya sabe que es para que la follen y ella es lo que está esperando también ¿no la ves?
—Por eso, yo lo que quiero es follarla ya, me da igual por el coño que por el culo, que luego se la meteré por el otro lado, jaja. Pónmela aquí, que le abro las piernas, a ver si su coñito ya se traga buenas pollas.
El marido de Veronicca le tenía ganas y se la empezó a follar, mientras Raff disfrutaba de su comida de polla. Los dos iban a empezar a derramar su leche sobre ella y ya no necesitaban mi ayuda, así que me uní al grupo siguiendo el recorrido, en el que nos presentaron a otro que le llamaban GranDaddy, del que Alfred nos comentó:
—Otro amigo con gran experiencia, cuyos gustos van más por el BDSM, le gusta dominar a las mujeres y que se sientan sus perras. Si alguna de vosotras tenéis curiosidad por entrar en ese mundo, es la persona indicada para ello. Os llevará a unos límites que ni sospechareis que teníais.
—¡Uummm! Me da curiosidad… Siempre he sido muy sumisa y los hombres han hecho lo que han querido de mí. Habrá que probar….. —confesó Sonsoles.
Cuando volví a mirar a donde había dejado a la sobrina d e Pisqui con esos dos hombres, vi que se les había unido el tío de la niña, que no parecía poner muchos reparos a la follada que le estaban dando a su sobrina, la que desde luego, se estaba estrenando a lo grande en ese lugar y creo que no se arrepentiría de haber ido.
Cerca de allí, nos llamó la atención ver a un chico discapacitado, que nos miraba con curiosidad, fijándose sobre todo en nosotras, y Rosa nos lo presentó:
—Este es Hankchi, un chico que ha venido a desvirgarse aquí con nosotros, otro de los grandes amigos de Veronicca, que nos ha advertido que debemos tratarle con mucho cariño, porque es un niño muy sensible que ha sufrido mucho en su desgraciada vida. Le encanta mirar el culo de las mujeres mayores y que le pongan las tetas en la cara, acunándole en su regazo, pero después de que hable con vosotras de lo divino y de lo humano, disfrutará con vernos abiertas siendo castigadas por una buena polla, o con la suya si le dejamos. Aunque a él en realidad, le gustaría ser como nosotras para saber lo que se siente cuando un hombre nos folla bien.
—¡Caray! Un chico complicado —exclamé yo.
—Sí que lo es, pero diferente a cualquier otro que hayáis conocido. Os sorprenderá, seguro —siguió Rosa.
En ese momento se acercó una señora mayor que abrazó a Alfred y a Rosa, y les dijo:
—¡Queridos amigos! En esta fiesta no podía faltar yo. Me he venido desde Cap directamente para estar aquí con vosotros.
—Qué bueno, Luisa. Tú eres siempre el alma de las fiestas. Fijaros como viene… —nos dijo, dirigiéndose a nosotros—. Ya preparada para no perder el tiempo, jaja —levantándose ella mismo el vestido, ante la indicación de Rosa, para que viéramos que no llevaba bragas, mostrándonos su coño adornado con un piercing.
Ella siguió hablando con los anfitriones:
—Fue una pena que dejarais el Club. Allí pasé unos de los mejores momentos de mi vida.
—Ya somos muy mayores, Luisa, y se necesita mucha energía para llevar un lugar como ese. Mira, tú podrías ser la indicada para ello.
—Qué va. Yo estoy muy ocupada con mis negocios, viajo mucho, aunque también intento disfrutar lo que puedo. Además, me he enterado de que han abierto dos Clubs familiares por aquí cerca como el que teníais vosotros, pero van sobre todo familias extranjeras, alemanes, ingleses y de algún otro país, así que espero que alguno de mis amigos me invite para ir cuando pueda, porque solo se puede entrar cuando conoces a alguien que te lleve.
—Me parece genial que sigan con la tradición y que esta forma de relacionarse no desaparezca. Personas como tú siempre serán bien recibidas en esos lugares.
Nuestros maridos la miraban sorprendidos escuchando la conversación, y un poco apabullados por la energía de aquella mujer, por lo que Alfred intentó relajarles:
—Tranquilos, jaja. Ella no va a hacer ascos a vuestras pollas, pero quienes le van a volver loca son vuestros hijos Michel y Fede. Podéis ya dejarlos con ella, que se lo van a pasar muy bien….
—¡Ah!, vaya, pues muy bien, si claro, que se queden —dijimos nosotras.
—¡Como eres, Alfred!, jaja……. Se nota que me conoces bien…. ¡Venid conmigo, chicos! ¿Os gustan las señoras mayores? —preguntó Luisa a nuestros hijos.
Los críos le dijeron que si, con algo de timidez. Se notaba que Luisa les había impresionado también con esas tetas que se transparentaban y su espléndido cuerpo.
Siguiendo el recorrido nos encontramos con Angelito, al que ya estaba haciendo una mamada una de las crías que tenían acogidas Alfred y Rosa, pero igualmente, nos saludó educadamente al pasar, mirando de forma especial a nuestras hijas.
Y Alfred nos comentó:
—Éste nunca falla. Venía a todas las citas desde el principio. Él se cree que es un demonio pero como su propio nombre indica, es un “ángel”, al que le gusta tratar muy bien a las niñas y darles todo el gusto que se merecen.
Después nos presentaron al primer matrimonio de los que estaban allí, a Pablo y su esposa Angélica. Enseguida, Pablo nos preguntó con una especial ansiedad:
—¿No tenéis algún crio para mi esposa?
—¡Ay! Pues mira, acabamos de dejar a los nuestros con una señora, que no quiso que se les escaparan…
—¡Buah! Qué pena. Es que traigo aquí a mi esposa porque le gustan mucho los críos, pero todavía me gusta más a mí verlos con ella en la cama. Soy así, un poco mirón, me gusta ver como la cogen y como ella les chupa la pollita. Fijaros que tetazas tiene para amamantarlos, jaja.
Era verdad que su mujer tenía unos buenos pechos, que él nos enseñó ante el pudor de ella, a la que preguntó Gemma:
—¿Vosotros no habéis tenido niños?
—Sí, tenemos uno, que ya nos lo robó una señora viciosa también, al verlo, jaja.
—Bueno, aquí ya sabéis a lo que se viene….. Tú también querrás disfrutar —le dijo a Pablo.
—Claro, primero tengo que buscar críos para mi esposa Angélica y luego yo quiero follarme a las madres y a las hijas que hayan venido juntas.
—¡Ah! Bien. Bueno, aquí estamos nosotras, jaja —continuó Gemma. Pero bueno, tú primero a lo tuyo, que es atender a tu esposa.
Siguiendo la conversación, Alfred le preguntó a Pablo:
—Tú empezaste a ir en la última época del Club. ¿Cuál fue lo que más te gustó de aquello?
—Me impresionaron las mamás dando el pecho a sus hijos mientras las follaban. Era tremendo aquello. Casi me corro solo de verlo ¡uufff!
—Pues no sé si esta vez ha venido alguna mamá de esas…. —le contestó el anfitrión de la casa.
—Ha venido Marga, que acaba de tener un bebé. Podemos llevarle con ella —le dijo Rosa a su marido.
—Mira que bien, Pablo. Te va a encantar Marga. Es una de las mujeres más viciosas que han pasado por el Club.
—Ya se me puso dura…. Creo que me voy a ir con ella. Cariño, ¿me dejas? Te traeré algún crio a la vuelta. —le dijo a su esposa.
—Sí, mi amor, vete ya, que tanto te gusta eso…. Ya me las arreglo yo aquí.
—¿Ya estás caliente, amorcito?
—Sí, tú ve…..
Pablo se fue con Marga a conocer a Marga, mientras todos nos reímos al ver las ganas de follar que tenía Angélica, que era un poco gordita y atraía las miradas con sus generosas y voluptuosas formas, como la de mi marido, que se sentó con ella para aprovechar la ocasión:
—Se te ve muy cachonda y caliente. Tiene suerte tu esposo contigo, —le decía, mientras le metía la mano entre las piernas, añadiendo— que mojada estás ya.
—Sí que lo estoy, dame la verga que te la chupo —le dijo ella, ansiosa.
Mi marido se la sacó y se la dio en la boca. Aquella mujer estaba desbocada. En ese momento pasaron dos críos por allí, que se quedaron mirando, y nosotras les llamamos para que se unieran. En cuanto ella les vio, dejó de chupar la polla a mi marido y buscó la de ellos, que un poco sorprendidos, se dejaron desnudar por Angélica, que empezó a mamarles la polla a los dos, casi a la vez, metiéndose las dos pollas en la boca, que se la llenaban por completo, no parando de chupárselas hasta que hizo que se corrieran los dos, casi a la vez, echándole el semen por su cara, que ella recibía con entusiasmo, relamiéndose de gusto.
Aprovechando el momento, mi marido, que se había fijado en su esplendoroso culo, se puso detrás de ella, y empezó a follarla, primero por el coño, y luego ella misma, se dirigió la polla hacia su culo para que la penetrara por allí, aprovechando la lubricación de todo el flujo que había echado.
Nosotros mirábamos absortos la escena, impactados por la fogosidad de aquella mujer, que todavía nos dejó más sorprendidos cuando al ver llegar a su hijo, con los restos de semen todavía en su cuerpo, le preguntó:
—¿Esa señora te lo ha sacado todo? ¿Te queda algo para mí?
Y sin dejarle contestar a su hijo, al verle la pollita todavía dura, se lo puso encima de ella, y le dijo:
—Venga, fóllame, hijo, como en casa…..
Y ahí estuvo el crío dándole, hasta que su madre se corrió y él volvió a sacar el último chorro de semen que le quedaba.
Y como los otros críos todavía seguían allí, mirando mientras se pajeaban, les mandó que la follaran también, hasta que se corrieron otra vez, uno detrás del otro en su coño, dejando exhausta a la pobre Angélica, que tenía todo el cuerpo lleno de semen, algo que seguramente le gustaría a su marido, si la viera así..
Todos coincidimos en que en todo el tiempo que llevábamos en este mundo liberal, habíamos visto pocas escenas tan morbosas como esa, pero sobre todo por la impetuosidad de aquella mujer, que parecía que llevaba un siglo sin follar, aunque evidentemente no sería así.
Mientras tanto, su esposo Pablo había conocido a Marga, en el momento en que le estaba dando uno de sus enormes pechos a su hijo, lo que observaba muy excitado Asabi, que al vernos, nos dijo:
—Es que me encantan las madres lactantes y me masturbo mientras las veo dar el pecho, y luego, si me las puedo follar, es genial.
—¡Oye! Y si nos la follamos entre los dos mientras ella da el pecho….. —le dijo Pablo.
—De acuerdo, métesela tú primero, que ya debe estar muy caliente, mientras yo se la doy en la boca.
A Pablo le encantó por la idea, pero le dijo:
—Vale, pero yo también quiero mamar esa leche.
—Claro, fíjate que tetazas tiene esta hembra, tiene leche para darnos a los dos.
Pablo se puso entre las piernas de Marga y empezó a penetrarla, notando como su polla entraba fácilmente en el caliente coño de esa mujer, que era como un sueño para él, viendo como se la mamaba a su compañero, que al ver como se corría Pablo, le cambió el sitio, pasando él a follarla, componiendo entre todos un cuadro difícil de imaginar, algo que solo podía hacerse realidad en un lugar como ese, como me había asegurado Gemma.
Asabi disfrutaba especialmente de esos momentos, mostrándonos ese refinamiento sexual que tanto le excitaba, muy transgresor y a la vez sofisticado.
Después de ver todo aquello, nuestros maridos tenían ganas de entrar ya en acción, aunque el mío ya había tenido su pequeño inicio, pero él esperaba seguir disfrutando de aquellas criaturas que se ponían a su disposición junto a Joaquín, al que no se le quitaba de la cabeza la pequeña Karlita, la niña que estaba con Roberto y no se resignaba a no poder estar con ella, por lo que se fue a hablar con él:
—Me parece preciosa tu niña. Debe ser un encanto para disfrutarla entera.
Roberto, un poco desconfiado, le contestó:
—Así es. Es un sueño para mí, no puedo dejar de penar en ella. Me gustaría llevármela a mi casa y tenerla siempre conmigo.
—¿No te deja Alfred?
—Bueno, tengo que negociar con él. Ya le tengo medio convencido, a cambio de que la traiga aquí de vez en cuando.
—¿Para que la disfruten los demás?
—Sí, es el precio que tengo que pagar. Y me parece bien, hay que ser generoso con la fortuna que tiene uno en la vida.
—Es cierto. Nosotros también podríamos negociar…
—¿Cómo podríamos hacerlo?
—Tú ya has visto antes a mis hijas… No me digas que no te gustaron….
—¡Hombre!, cómo no me van a gustar….., están muy ricas.
—¿Qué te parece si te las dejo y yo estoy con Karlita.
Roberto se quedó pensándolo, algo resignado por lo que estaba obligado a hacer, pero tenía que acostumbrarse a compartir a su amor. Si quería estar en un lugar como ese y ser un miembro más, con todos los derechos, no podía ser egoísta. Esa niña le había enseñado muchas cosas, pero sobre todo, que el verdadero amor se demuestra compartiéndolo con los demás.
Así que finalmente aceptó, entregando a Karlita a Joaquín, llamando éste a sus hijas para que estuvieran con Roberto, y allí todos juntos empezaron a disfrutar de las crías, empezando Joaquín a besar con delicadeza la boca de Karlita, mientras Roberto les miraba de reojo a la vez que las hijas del otro le lamían la polla entre las dos con todo el morbo que habían aprendido en sus prácticas familiares, por lo que Roberto no tuvo más remedio que dejarse llevar y disfrutar del momento, pero sin llegar a correrse todavía, porque quería gozarlas con calma, ya que eran dos crías como a él le gustaban, para él solo.
Mientras tanto, Joaquín, ya había sentado sobre su polla a la niña Karlita, que subía y bajaba sobre ella, con los ojos cerrados y gimiendo a cada movimiento, embelesándolo por las sensaciones que conseguía arrancarle, sintiendo que se estaba follando a una especie de ángel que le estaba llevando al cielo.
Karlita le arrancó su corrida entre convulsiones de ella, después de conseguir su orgasmo también. Así Joaquín confirmaba la razón de que Roberto adorara a aquella niña. Era sublime, de una dulzura difícil de encontrar en otra cría de esa edad, por la gracilidad de su cuerpo, delgado pero con las formas de sus pequeños pechos, que cabían en su boca y una vagina capaz de dilatarse para albergar una polla de cualquier tamaño, a la que acompañaba un culo para agarrarla firmemente mientras era jodida de forma implacable.
Roberto, por su parte, también estaba disfrutando lo suyo con Cris y Paty, que por un momento le habían hecho olvidar a su adorada Karlita, mientras ellas le hacían correrse en sus coños, para que después él se embriagara con sus flujos.
Cuando terminaron, Joaquín todavía tenía curiosidad por esa relación entre Roberto y esa niña llamada Karlita:
—¿Por qué sientes tanto amor por esta cría?
—Porque conocí a su madre y me enamoró, pero un día desapareció y solo me dejó a esta niña, que supo ocupar el lugar de su madre, y a veces, cuando estoy con ella en nuestras noches de amor, en mi confusión no sé con cuál de las dos estoy.
—Sí que es curiosa tu historia, pero tengo que reconocerte que esta niña es enigmática. Cuando la follaba, la miraba a los ojos y no tenía una mirada de niña, era como si estuviera poseída y solo quisiera sacarme todo el semen, pero pensaba…. ¡Vaya con Roberto! Sí que ha enseñado bien a esta cría a ser una buena puta follando….. Y ya viste, me corrí con ella como un angelito…..
—Es cierto, tiene esa dualidad entre ingenuidad y perversión. Me tiene atrapado y ya no puedo vivir sin ella, porque aunque no te lo creas, es ella la que me ha enseñado a mí a disfrutar de un sexo diferente. Nada es igual con ella que con las demás.
—¿Cómo empezaste a calentarte con la cría? —Le siguió preguntando con curiosidad, Joaquín.
—Pues como cualquier padre podría empezar con su hija, supongo. Desde que su madre desapareció, la metía en mi cama y la desnudaba, porque me gustaba sentir su piel en contacto con la mía, lo que hacía que al instante me empalmara y yo le ponía su manita en mi polla para que la agarrara bien fuerte, pero a la vez suavemente, aprendiera a masturbarla, para hacer que me corriera y la llenara el cuerpo con mi semen. Ella se reía, porque le hacía gracia eso y le gustaba que yo también le acariciara la rajita hasta hacerla retorcerse de placer….
—¡Uuufff!, amigo, como me estás poniendo. Yo no tuve tanta libertad como tú para hacer eso con las mías, pero también las fui iniciando poco a poco, cuando podía estar a solas con ellas.
—Es algo muy rico, que te voy a contar. Tú sabes lo que se siente cuando se mete tu polla en su boquita y la lame con esa lengua caliente, que hacía que otra vez no pudiera aguantar mi eyaculación, pero antes de eso la volteaba para hacernos el 69, los dos lamiéndonos hasta el orgasmo mutuo.
—Que locura. Te pasarías toda la noche así con ella.
—Acabábamos rendidos. Y más todavía cuando empecé a joderla. Por el culito y por el coño, ¡Buufff! Me empalmo otra vez solo de recordar esas primeras veces. Me costaba meterle la polla, pero aunque le doliera, ella me decía, “sigue, más, toda dentro…”. Lo tenía tan caliente y tan suave, que me hacía correrme al instante, y ya después con el semen dentro de ella, podía metérsela y sacarla con más facilidad y ella disfrutaba más también. Muchas noches, antes de irnos a la cama, ella me preguntaba: «¿Hoy vas a joderme también?” Y cuando yo le decía que sí, ponía una sonrisa maliciosa, esperándolo ansiosamente.
—Me encanta como lo cuentas. Con esa pasión y con ese amor hacía la cría también. Yo a las mías las quiero como hijas, claro, pero aunque las folle y me vuelva loco hacerlo, no estoy enamorado de ellas, pero se nota que tú si lo estás de verdad y eso hace más maravilloso lo vuestro.
—Así es. ¿Ahora entiendes la forma en que te hablaba de ella?
—Sí, y te envidio, amigo. Cuídala y ojala que esté siempre contigo.
Gemma, Sonsoles y yo nos habíamos quedado muy calientes después de ver a Angélica con su hijo y aquellos críos, dejándonos con el deseo de encontrar algo que nos aliviara, y nada mejor para ello que encontrarnos con Luisa y un grupo de críos y crías que estaban a su alrededor, haciéndoles jugar entre ellos, provocando las delicias de Alfred y su amigo Kama, que hablaban de sus viejos recuerdos, en una conversación en la que Alfred intentaba liberar a su amigo de todo eso que le atormentaba:
—Mira, Alfred, yo siempre acabo volviendo a este lugar, porque no puedo vivir sin la sensación de follarme a una cría de estas. Disfruto con ellas como nunca, pero luego siento que este no es mi lugar, me siento incómodo, frustrado e incomprendido.
—Tendrías que relajarte, disfrutar de lo que tienes aquí. Tú también escribes sobre este mundo, has conocido los bajos fondos donde niñas como estas son prostituidas por unas monedas y has visto la frialdad en sus ojos. Demasiado peso para un hombre sensible…. Me dicen otros escritores, que la escritura es terapéutica, que les libera de sus insatisfacciones y frustraciones. Tienes que utilizarla para eso, para olvidarte de todo eso que te hace daño y crearte un mundo donde seas feliz.
—Eso intento. Por momentos soy feliz. Pienso que hago realidad mis sueños, pero luego me doy cuenta de que solo son eso, sueños….. y desahogo toda mi rabia en lo que escribo. Por eso, a veces me dicen que mis relatos tienen un sabor amargo, de melancolía y violencia contenida.
—Ya sabes cuánto me gustaría ayudarte en tu felicidad. Aquí tienes todo a tu disposición para conseguirlo. Mira que preciosidades para disfrutar con ellas. No sufras por sentirte tan solo y fíjate en los que te aprecian e intentan comprenderte.
Ajenas a esa conversación, nosotras nos unimos a Luisa, que nos contagiaba su energía mientras todos esos críos nos rodeaban con sus juegos, se ponían a tocarnos, a buscar nuestros pechos y a meternos los dedos en el coño. Yo intentaba retener a alguno a mi lado, llena de calentura, viendo como pasaban sus pollitas erectas delante de mis ojos, hasta que Sonsoles consiguió atrapar a uno de ellos y ponerlo en su regazo para comerse su pollita, haciendo lo mismo Gemma y luego yo, ante la mirada lasciva de aquella madura mujer que estaba acostumbrada a disfrutar de los más obsceno y perverso que pudiéramos imaginar.
Ella fue la que les mandó que nos follaran como era debido, compensando el tamaño de sus pollas con todo el morbo que nos provocaba esa situación, ya que sus bocas y sus dedos suplían cualquier necesidad que tuviéramos.
Nuestros hijos también estaban entusiasmados con Luisa, y el mío, me dijo:
—¡Mamá! Esta señora es muy puta.
—Jaja, ¿Más que tu madre, hijo?
—Sí, mucho más. Nos ha sacado la leche a todos.
Al amigo Zentrix también le encantaba Luisa y todas sus amigas de su edad. Verlas disfrutar con aquellos críos tenía un morbo insuperable para él. Él también había tenido sexo con mujeres mayores cuando tenía esas edades y la contemplación de un coño maduro, con todos sus pliegues y sus labios totalmente abiertos, de forma que permitían ver completamente su carnoso interior, le fascinaba, mientras ellas devoraban sus pollitas hasta que apenas podían sacar ya nada de ese rico elixir que les daba la vida.
En aquella mujer todo era perversión, desde las historias que nos contaba de su niñez ninfómana, su juventud, de cómo fue madre y como luego disfrutaba entregando a su hija a hombres lujuriosos, mientras su hijo era el entretenimiento favorito de sus amigas.
Hankchi también se quedó escuchando a Luisa contar todas esas anécdotas de su vida, esperando el momento en que ella pusiera su espléndido culo de mujer madura delante de su cara para solazarse con él y que ella le ayudara a joderlo como a él le gustaría, y como tantas veces había imaginado mientras veía compulsivamente porno en su casa, pajeándose hasta quedarse seco, pero lleno de vergüenza porque su madre le viera manchado de todos esos chorretones de semen, aunque ahora esperaba que en ese lugar pudiera por fin desvirgarse, primero penetrando ese culo y después no dejaría de follar ese coño que tantas pollas había albergado ya en su interior, lo que a ese chico le excitaba especialmente, imaginarse todos esos momentos.
Nos hubiéramos quedado allí todo el tiempo escuchando sus historias, pero en ese lugar, cada persona era una historia, una vida que contar, con sus fetiches y fantasías particulares.
En nuestro recorrido, Angelito también se unió a nuestro grupo y al pasar por delante de una familia que estaba con su hija, nos sorprendió escucharla decir:
—¡Mamá! Que polla más rica tiene ese señor….
Nosotros nos quedamos mirándola, sin saber muy bien a quién se refería, pero ella señaló a Angelito, por lo que dijo su madre:
—¡Que niña más descarada! Perdonen…..
—No hay nada que perdonar. Para eso estamos aquí y su hija lo ha comprendido muy bien —le dijo Rosa.
—Pues sí, no sé por qué me extraña, porque nosotros la hemos educado así, para que vea el sexo con naturalidad y nos diga lo que le gusta en cada momento.
Angelito, que estaba un poco desconcertado por la situación, no sabía muy bien que hacer, pero Rosa le sacó de dudas:
—No sé qué ha visto esta cría en tu polla, pero le ha gustado mucho, jaja, es broma, la tienes estupenda. Supongo que habrá sido por ese glande tan rico que te sobresale. Así que quédate con ellos para que la cría disfrute un poco con ella.
—Los padres también dieron su consentimiento, así que Angelito se sentó con ellos. La cría enseguida le agarró la polla y después de mirarla un poco con curiosidad, empezó a lamerla, mientras decía:
—¡Mmmmm! Me encanta este capullo, me llena la boca.
Todos nos echamos a reír por la naturalidad de la hija de esa familia, de la que Angelito también empezó a disfrutar, acariciándola y dedeando su vagina para que ella aumentara su placer con lo que estaba haciendo, mientras su madre seguía intentando justificar la actitud de su hija:
—En casa hace igual. De repente se pone a chuparle la polla al padre, y él tiene que dejar lo que estuviera haciendo en ese momento, para follarla y que se quede tranquila. Y con amigos que vinieron a casa, también nos puso en algún compromiso, pero ellos reaccionaron encantados, menos mal, jaja.
—Mujer, no me extraña, a nadie le amarga un dulce, y que una nena como tu hija se ponga a comerle la polla, eso no lo rechaza nadie.
Nos imaginamos que Angelito acabaría follándola también, pero teníamos que seguir y allí le dejamos entretenido con esa familia, encontrándonos otra vez a Leo, que estaba hablando con Alfred y al parecer pidiéndole algo;
—Me gustaría llevarme a esta nena conmigo, a mi casa, Quiero follarla hasta preñarla y luego prostituirla con otras familias….
—¿Pero te das cuenta de lo que me pides? Todos os las queréis llevar a vuestra casa para disfrutarlas en vuestra intimidad, pero todas ellas forman parte de esto, de todos los que venís aquí. Esta es la filosofía de todo lo que he hecho en mi vida, todo se comparte, primero en el Club, y ahora en mi casa.
—Ya tenéis a muchas aquí y más que podréis conseguir —insistió Leo.
—Rosa y yo ya somos mayores. No es como antes cuando llevábamos el club, pero siempre nos gustó tener a muchos niños en casa, esto es nuestra vida y como todos son como nuestros hijos, no queremos perder a ninguno.
—No os lo reprocho. Envidio la vida que habéis llevado, rodeados hasta el final de estas dulces criaturas.
—Leo, tú lo que tienes que hacer es buscarte una mujer que te de varios hijos para formar esa familia incestuosa con la que sueñas. Y luego podrás compartirla con otras familias que sean tan perversas como vosotros. Rosa y yo empezamos juntando familias para que se conocieran y disfrutaran juntas, pero luego también admitimos a hombres o mujeres solas que querían iniciarse en este mundo, como tú y otros que estáis aquí, pero eso fue gracias a la generosidad de todas estas familias que son las que dan sentido a esta forma de vivir.
—Lo sé y os lo agradezco. Aquí he conocido a gente muy interesante, he hecho amigos y he podido hacer realidad muchos de mis sueños. Algún día espero devolveros todo eso.
—Poco tiempo te queda ya para devolvernos nada, jaja, pero mira, como no quiero que nadie se marche decepcionado de este lugar, y por todo el aprecio que te tengo, te voy a dar una sorpresa. Una de las nenas que tengo acogida está embarazada. Es hija de una prostituta que se la daba a sus clientes para que la follaran también, hasta que la preñaron, y como ahora no podía cuidar de ella, se la dejó a Rosa para que la tuviéramos en casa.
—¡Mmmmm! ¿No me digas? No la he visto por aquí, ¿dónde la tenéis?
—Está descansando en otra habitación. No queríamos tenerla aquí, porque todos iban a querer follarla, e iba a ser demasiado para ella. Es muy jovencita todavía —y dirigiéndose a su mujer—. Rosa, lleva a Leo con Jeny, para que esté un rato con ella.
—Muchas gracias, Alfred. Ya sabía yo que no me ibas a fallar, jaja —Le dijo Leo, entusiasmado.
Al llegar con Rosa, a la habitación donde estaba Jeny, Leo se encontró a una cría tumbada en la cama, con un pequeño camisón que no tapaba del todo su ya abultada barriguita y unos pechos hinchados culminados por unos grandes pezones oscuros que sobresalían de su escote. Una imagen demasiado perversa que Leo empezó a disfrutar antes incluso de empezar a tocar a aquella cría en la intimidad de aquella habitación, comentándole a Rosa:
—¿Sabes lo que más morbo me da de esto?
—¿El qué? ¿Sorpréndeme, jaja?
—El pensar en todos los hombres que ya le han metido la polla, hasta que uno de ellos la preñó, sin que sepamos quién. En todas esas veces que su madre se la entregó a ellos para que la jodieran y la gozaran. Me hubiera encantado haberlo visto, cada vez que la follaban.
—Eso suena demasiado perverso.
—Es que yo soy así, muy perverso, demasiado, quizás.
Y ya, concentrándose en la niña, Leo le dijo:
—¿Puedo quitarte el camisón, cariño?
La niña no se opuso, incorporándose sobre la cama, permitiendo que Leo la desnudara, quedándose obnubilado ante la belleza que estaba presenciando, continuando después por quitarle las braguitas que estaban empapadas con el abundante flujo que emanaba de su vagina, hinchada y oscurecida igualmente, lo que daba al conjunto del cuerpo de aquella cría todos los elementos necesarios para el pleno disfrute de alguien tan vicioso como él.
Sus manos empezaron a recorrer ese cuerpo suavemente, sintiendo cada centímetro de piel tersa y sensible a sus caricias, para continuar agarrando más fuertemente esos pechos que parecían a punto de explotar, ya que al presionarlos goteaban pequeños hilos de leche de sus pezones, poniéndose Leo a saborearlos, pasando su lengua por ellos una y otra vez.
Rosa seguía allí en la habitación, no sé si porque no quería dejar sola a la niña con ese joven, o porque realmente le gustaba excitarse con una escena como esa, que a pesar de su larga experiencia no había tenido muchas ocasiones de presenciarla tan directamente. Aunque últimamente, fuera su marido Alfred, el que estuviera disfrutando del precoz embarazo de aquella niña, que conseguía disparar sus erecciones sin necesidad de la ya habitual pastilla a su edad.
Después de estar disfrutando de ese cuerpo en su estado, la colocó de modo que pudiera empezar a penetrarla, poco a poco, con la delicadeza que Rosa le recomendaba también a su marido. La sensación de penetrar un coño en esas circunstancias, era demasiado intensa como para no aumentar el ritmo de la follada buscando una eyaculación rápida e imperante, porque aquel cuerpo merecía su tiempo para disfrutarlo sin prisas, buscando ponerla en diferentes posiciones para el éxtasis de la vista.
Los besos de Leo en la jugosa y caliente boca de Jeny, después de haber tenido su polla en ella, tampoco ayudaban en su contención, por lo que para aliviarse con esa primera corrida, le dio la vuelta y busco su orificio anal, que una vez entrado en él, podría joder con mayor intensidad hasta correrse sin detenerse por los quejosos gemidos de la cría.
Para finalizar, una nueva follada de coño, tumbado sobre la cama, con la niña encima, que al moverla sobre él, provocaba los botes de sus pechos y de su barriga, que conformaban otro espectáculo digno de ser contemplado, lo que provocó una nueva corrida, con ya menos cantidad de semen expulsado.
Al verle completamente satisfecho, Rosa, a pesar de su excitación no satisfecha, le dijo a Leo:
—Dejémosla descansar y volvamos donde están los demás.
Por otra parte, el momento de Hankchi había llegado. Durante todo ese tiempo que no se había separado de Luisa, deseaba que sus nalgas se sentaran sobre su polla, y entrar en ese paraíso de placer que él se imaginaba y ella no quería hacerle esperar más, así que buscando la mejor posición para la comodidad de los dos, Luisa se sentó sobre el chico, pero sujetándose para no dejar caer todo el peso de su cuerpo sobre él.
Hankchi solo empezó a sentir como su polla se introducía primero en ese culo que tanto anhelaba, aunque le hubiera dado igual cualquier otro culo que le hubieran ofrecido, pero Luisa estaba decidida a ser su iniciadora en el sexo anal.
Su ano estaba lo suficientemente dilatado para que no hubiera ningún problema en que ese chico metiera su polla en él, casi igual que si la follara por el coño por el coño, aunque al principio necesitara un poco de lubricante para facilitar la entrada de su glande en el ojete de esa señora experimentada en todo tipo de acto sexual.
El mayor miedo de Hankchi era correrse sin haber satisfecho primero a aquella generosa hembra, pero el orgasmo de Luisa esta vez hizo que su cuerpo si se desplomara sobre el pobre chico, que a duras penas podía sacar la cabeza de entre sus tetas, pero feliz de haber hecho correrse a la madura mujer que le había brindado ese primer polvo de su vida.
Pero él no iba a desaprovechar la oportunidad de resarcirse de su larga abstinencia sexual forzada por sus circunstancias, por lo que todas sus fantasías se amontonaban en ese momento para ser satisfechas, por lo que no quiso marcharse de allí sin probar la jugosa vagina de aquella mujer que se la ofrecía abierta y espectacular a los obnubilados ojos del chico que nunca había tenido una experiencia como esa. Luisa se movió arriba y abajo, dejando que la penetración fuera lo más profunda posible mientras sus tetas quedaban al alcance de las manos del jovencito que disfrutaba amasándolas entre ellas, pellizcando sus pezones con ese gesto de malicia que no podía evitar, pero que servía para excitar todavía más a la lujuriosa señora gimiendo con más fuerza y continuidad.
Después de haber probado el culo de la mujer, la sensación de la penetración vaginal fue menos intensa, pero igualmente del gusto del chaval, ya que el dilatado coño de Luisa, por su edad y su continua actividad sexual, no permitió experimentar a Hankchi la misma sensación que hubiera tenido con una chica jovencita, pero eso podría en la siguiente ocasión, así que esta vez, más relajado, se pudo correr a placer sin ese temor a que ella no disfrutara, pidiendo el chico cumplir su última fantasía, la comida de coño y culo de aquella mujer, con la mezcla de su semen y el flujo de una mujer madura, que consumaba todo lo que él podía pedir para su primera vez.
La fiesta empezaba a caldearse y como si de una auténtica reunión del famoso Club se tratara, y aunque algunos ya hubieran empezado por su cuenta, se fueron formando los primeros grupos, mientras que la luz se hacía más tenue y una música sensual e hipnótica parecía acariciar los cuerpos desnudos que se iban entrelazando con sus diferentes formas y tamaños, algo que a los nuevos invitados tenía fascinados, llevándoles a la lujuria más absoluta, en medio de ese trance que imitaba al ambiente de una orgía medieval, que tan bien sabían recrear los anfitriones.
Antes de dejarse arrastrar por la lascivia del entorno, Numen quiso saludar a su amiga Veronicca, que estaba acompañada de otra mujer, con una niña a su lado, que llamó la atención del veterano socio del Club, por la forma como iba vestida, con un estilo similar al de los comics manga japoneses:
—Hola, Veronicca. ¿Me presentas a tu amiga?
—Claro. Se llama Charo y esta es su hija Carla, con una sonrisa de complicidad con su madre, que no pasó desapercibida para Numen.
—¡Uy, uy!, que sonrisitas. ¿Pasa algo con la niña?
—¿Te gusta? —le preguntó su amiga.
—Claro, y su madre también, jaja.
Pero las dos mujeres parecían empeñadas en que el interés de Numen se dirigiera hacia Carla, por lo que su madre le dijo, irónicamente:
—Pues en este caso, si te ganas a la hija, tienes ganada a la madre también.
Numen, un poco desconcertado, les siguió el juego, y empezó a acariciar las piernas de Carla, poniéndola de pie para subir las manos hacia su culo, bajo la corta falda que llevaba, pero al pasarla por delante, puso una cara de sorpresa, que nos hizo reír a todas, ya que su mano estaba agarrando una erecta polla de buen tamaño, preguntándose de donde había salido eso, por lo que su amiga tuvo que disculparse con él por la broma gastada:
—Jaja, perdona por la broma, pero sabía que te encantaban estas sorpresas.
—Me encantan las sorpresas, es verdad, vaya sorpresa, pero contadme, ¿es un niño trans?
Su madre nos contó su caso:
—Nació como un niño y le llamamos Carlos, pero cuando fue creciendo nos dimos cuenta de que le gustaban las cosas de las niñas y él mismo se reconocía como una de ellas, pero lo definitivo fue contemplar cómo le encantaban las pollas. Entonces su padre empezó a divertirse con él, jugando con sus pollas hasta que empezó a joderle como si fuera una niña, cuando pudo hacerse, permitiendo que el niño le jodiera a él también, para que disfrutara plenamente, convirtiéndole en su putita, ya que mi marido es bisexual.
—¡Vaya! Que interesante…. —les dijo Numen—. Pero ahora tiene cuerpo de niña ya.
—Lo tiene así porque le estamos hormonando, con autorización médica, claro, y que él decida cuando sea mayor si quiere operarse o no.
—A mí me encanta tal como está —les aclaró Numen, poniéndose a chuparle la polla a “Carla”, sujetándola por las nalgas.
Y después añadió:
—Esto tampoco es tan sorpresivo para mí, porque yo tengo una amiga con un “niño así”. Le viste de niña y la madre y sus amigas se lo pasan en grande con él.
—Así pasa, ahora hay muchos, la verdad, y no hace falta tenerlos reprimidos, como antes. Pueden desarrollar la sexualidad que quieran y las madres tenemos que apoyarles y permitirles que puedan ser felices —Añadió Charo.
—Pues si me das permiso, me encantará estar un rato con Carla para disfrutar juntos, pero me encantaría tener tu compañía también.
—Está bien, así yo también me doy el gusto, que ya me hace falta, jaja.
Mientras se iban hacia algún rincón más discreto, la fiesta seguía con los demás invitados, que nos iban presentando, según surgía el momento, Draco, Castor, Churrito, Xan, Javi, Gueley, Nómada y su espectacular esposa, hasta que nos detuvimos con Radiactivo, que saludó efusivamente a Veronicca, que nos dijo:
—Otro prolífico escritor al que le gusta contar un montón de historias sobre sus experiencias y las de los demás. Sus reflexiones y forma de disfrutar de lo que pasa aquí, os harán pensar sobre lo que realmente merece la pena en la vida. Su obsesión es saber por qué suceden las cosas, y busca hasta encontrar su explicación. Es un filósofo, un investigador un degustador de los placeres más exquisitos. Aprenderéis mucho con él.
—Sí, es uno de los más activos y entusiastas defensores de esta forma de vida. Su energía hace posible que esto se mantenga vivo y con nuevos alicientes para que no pierda la chispa. Por eso le llamamos Radioactivo, jaja —bromeó Alfred con él.
—Gracias por vuestras palabras, pero viendo a estas niñas tan encantadoras, aquí venimos a disfrutar más que a hablar, ¿no? Así, que vamos a ello, amigos, yo ya le tengo echado el ojo a mis favoritas…..
—¿Sí? ¿Y cuáles son las que más te gustan?
—Las niñas con cuerpo de mujer y las mujeres con cuerpo de niña.
—Jaja, eso no nos aclara mucho….
—El secreto está en su cabecita. Cualquiera de ellas puede ser la más amorosa delicia que consiga explotar tu mente. Cuando una delicia de estas entra en tu vida, ya eres un adicto y volverás una y otra vez a probar su aroma especial.
—¡Vaya! Pues Veronicca tenía razón, eres todo un filósofo —le dijeron.
Todos rieron con la ocurrencia, pero decidieron acompañarle en busca de esas delicias adictivas.
Mientras, nosotras seguíamos hablando con Alfred y Rosa sobre todo lo que íbamos descubriendo de sus vidas y de esa forma de vivir que habían creado, con tantos seguidores:
—Esto parece que está lleno de escritores, ¿no? —dijo sorprendida, Sonsoles.
—Bueno, tened en cuenta que las manifestaciones artísticas y el sexo siempre han estado muy unidos y aquí a mucha gente le da por escribir sobre todos estos temas que pueden causar tanta fascinación a los que les leen.
—Pero supongo que fuera de aquí, también se encontrarán con el reproche y la censura.
—Claro, toda creación artística lleva su riesgo. Siempre ha sido así, se ha tenido el miedo a no ser comprendido o no ser aceptado en determinados círculos sociales, pero la necesidad de encauzar estos deseos es más fuerte y suele tener su recompensa, en forma de una satisfacción personal, o a través de esa gratitud de los demás, que valoran y aprecian lo que haces. Bueno, yo no soy escritor —nos aclaró Alfred—, pero es lo que ellos me cuentan….. Mirad, este es Dioseros, que nos ha traído a esta familia, que viene por primera vez. Él también os lo puede decir:
—Bueno, yo soy un escritor muy modesto en comparación con otros, pero Alfred tiene razón. Escribir sirve para espantar a todos los demonios, pero a la vez, disfrutar de lo que ellos te ofrecen….jaja.
—Eso está muy bien —asentimos todos— Habrá que dedicarse a escribir para librarse del infierno……
—Pero no penséis que solo son hombres los que hacen esto. También hay muchas mujeres que se dedican a escribir, como habéis visto a Verónicca antes, pero también tenemos por aquí a Lali, Dulce, Fátima, Adrianita, Lilit… y otras tantas que hemos ido conociendo, que también han escrito sobre sus experiencias más íntimas, que tanto nos gusta saber cómo fueron.
—Y cuéntanos, ¿como has conocido a esta familia y les has convencido para traerlos aquí? —le preguntó Alfred.
—Pues fue sin esperarlo por mi parte. A causa de mi trabajó, tuve que ir a un lugar donde necesité alquilar una habitación para dormir, y en esa zona, lo mejor es que alguien te la alquile, y así los conocí. Desde el principio tuve muy buena sintonía con su hija, que era muy cariñosa conmigo.
—Y así te la empezaste a ganar, ¿no?
—Bueno, pasó algo. En la habitación de la niña tuvieron que hacer una reforma y sus padres me propusieron que durmiera conmigo.
—¿Sí? Qué raro, ¿no? Tenían que tener mucha confianza contigo.
—Sí, la verdad es que no es muy normal que te dejen dormir con una niña, pero el cuarto de sus papás era muy pequeño y lo consideraron mejor así.
—Ya, ya me imagino lo que pasaría —le dijeron, intrigados por la situación.
—Fue algo inevitable…. Empecé a desahogarme con la cría. Yo lo disfrutaba, pero ella también ¡eh!
—¿Empezaste a joderla tan pequeña?
—Al principio, no, claro, pero luego, poco a poco, le fui metiendo la polla.
—¿Y sus padres no sospechaban nada?
Ahí ya intervinieron los padres, que nos dijeron:
—La niña estaba encantada de dormir con él y cuando estuvo su habitación arreglada, no quiso volver a ella. Eso nos extrañó, y lo comenté con mi mujer —nos dijo el padre.
—Yo siempre fui muy ingenua y no me imaginaba que pudiera pasar algo, porque si le estuviera haciendo daño a la niña, ella nos lo diría, pero era al contrario —nos aseguraba la madre.
—La verdad es que teníamos total confianza en Dioseros, pero yo empecé a espiarles por las noches. Escuchaba a mi hija reírse y gemir y a él cuchichear, por lo que yo estaba muy confundido, porque no sabía lo que estaba pasando, pero una vez, ya no pude más y abrí la puerta de su habitación y lo que vi, no lo olvidaré en la vida —continuó el padre.
—Ya me imagino esa imagen…. —le dijo Alfred.
—Ahí estaba mi niña, desnuda y con las piernas abiertas, mientras Dioseros estaba comiéndole el coñito. Me quedé paralizado, mirando…. Él se apartó al verme, pero me dijo que me acercara y que se lo comiera yo también. Imaginaros….. Yo miré a mi hija, y ella me dijo que lo hiciera. ¡Buufff!, solo de recordarlo, se me pone dura, como aquella vez.
—¡Vaya sorpresa!, ¿no?
—Algo inesperado, la verdad… Pero, ¿qué le iba a decir a mi mujer?
—¡Ay, amigo! Difícil dilema, jaja.
—Bueno, no tanto —intervenía su mujer—, si a mi hija ya le entra el gusto, yo no le iba a privar de dárselo. Yo tampoco me privé, jaja.
—Qué comprensiva, jaja —le dijo mi marido.
A uno de los hombres que nos acompañaba parecía atraerle especialmente la nena de la familia amiga de Dioseros, por lo que le preguntó irónicamente:
—¿Y tú cuando te inspiras para escribir? ¿Cuándo te estás follando a esta criatura o a su madre? ¿O fue el cornudo el que te las ofreció en bandeja?
A nosotras nos extrañó un poco verle con esa actitud, sin entender muy bien por qué le hacía esas preguntas un tanto impertinentes, quizás porque tendría alguna cuenta pendiente con Dioseros o algún tipo de relación pasada con aquella mujer, y se mostraba así, como despechado, pero él le respondió muy bien:
—Demasiadas preguntas, amigo…. La mamá y la hija son unas delicias las dos, pero si tú estás invitado a esta fiesta, se supone que tienes que tener un respeto por los que estamos aquí, sin importarte con quien estemos, porque si no es así, no tienes cabida entre nosotros.
Efectivamente, entre ese grupo de amigos que nos habíamos reunido allí, no cabían las disputas ni las envidias o celos de ningún tipo. Todo era consentido, consensuado y disfrutado por todos, dentro de esa regla máxima que era el respeto y la amistad que nos unía a todos nosotros.
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Los que se sientan identificados con alguno de los personajes de este relato distópico, deben saber que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”.


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