La mamada
Mi mujer fue a la habitación y yo aproveché para hacerme una paja pensando en la situación..
El calor de la noche era asfixiante. Estaba tumbado en el sofá vestido sólo con los calzoncillos. Había estado viendo la película Irreversible. La escena donde violan a Mónica Belucci en en túnel me había puesto cachondo. Deseé poder ser yo quien reventara ese precioso culo. Llenarla de semen y decirle lo puta que era.
Cerré un momento los ojos, estaba cansado, somnoliento, con la polla dura. Estaba ya en ese trance entre el sueño y la realidad cuando noté que mis calzoncillos se bajaban y algo
húmedo caliente la envolvía y succionaba. No quise abrir los ojos ante el temor de que aquella sensación de tremendo placer desapareciera por ser un sueño.
Sí, era una boca, la lengua relamía toda mi polla y se recreaba en la punta para luego devorarla de nuevo con avidez mientras una mano acariciaba mis huevos. Luego me pajeaba para chupar los huevos con suavidad. ¡Qué gustazo, Dios!
Notaba esa boca succionando con fuerza mientras subía y bajaba, bajaba y volvía a subir. Acompañaba la succión con un movimiento semicircular de la mano alrededor de mi polla al tiempo que bajaba y subía la boca, lo cual incrementaba más el placer.
Era apoteósico aquel placer, tanto que estallé en su boca, le agarré la cabeza para que continuara relamiendo, que no parase. Cuando terminé abrí los ojos, retiré las
manos de su cabeza liberándola de aquella prisión. Sacó la boca lentamente de mi polla, sonrió y el semen caía por su boca mientras me agarraba la polla, todavía dura, con la mano. Me quedé helado al ver que era mi hijastra quien me había
hecho tan maravillosa mamada y alucinado al ver a mi mujer que lo había visto todo desde la entrada al salón. Mi hijastra giró la cabeza en dirección a su madre y sin decir nada me volvió a mirar y sonrió. Se limpió el semen con el dorso de la mano, se levantó y tras una última mirada a mi polla todavía palpitante, se fue a su habitación dirigiéndole una mirada de complicidad a su madre. Mi mujer se fue a la habitación y yo aproveché para hacerme una paja pensando en todo lo que había pasado y en lo que podría pasar de ahora en adelante.
Por mí mente comenzaron a pasar mil y una fantasías que probablemente se convertirían en realidad. Pensé en hacer realidad una de ellas en aquel momento. Así que me levanté del sofá agarrando mi polla dura, fui a la habitación de aquella zorrita y sin decir nada le follé la boca salvajemente hasta casi hacerla vomitar con tanta arcada. Me volví a correr en su boca y la obligué a limpiármela con la lengua. Le di un par de golpes de polla en la cara y me fui con mi mujer a dormir.


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