La nena de la plaza, su mamá y yo
..
Pasaron dos semanas en las que sentía que el mundo se me venía encima. No comía, no iba al gym y apenas iba a la facu. Estaba destruido y me sentía perseguido. No quería entrar a ninguna red social por si había algún escracho a mi persona, no quería ver las noticias por si me estaban buscando, y si escuchaba o veía algún auto de la policía, me agarraba ansiedad y no podía respirar.
Por las mañanas me arrepentía tanto de lo que había hecho que hasta lloraba, por las noches me calentaba tanto con lo que había hecho que me metía a grupos de Telegram de nenitas y me pajeaba horas.
Me sentía mal y a la vez no podía dejar de pensarlo, imaginarlo y verlo. ¿Estoy igual de enfermo que los tipos de esos grupos? Si, seguro.
E iba a ir a la cárcel.
No entendía como es que después de dos semanas la mamá de esa nena todavía no me había denunciado. No tenía sentido. Había abusado de su hija, literalmente le llené la conchita de semen. Ella tiene pruebas para hacerlo. Para denunciarme.
No lo entiendo.
Cuando empecé a relajarme y a pensar que todo había sido un sueño o algo de mi imaginación, mi mundo volvió a dar un vuelco.
Eran las diez de la noche, yo estaba jugando un FIFA cuando me llego un mensaje de Telegram.
Es normal, los tipos de los grupos suelen enviarme mensajes para pedirme videos o cosas así, pero yo nunca les contesto.
Sin embargo, este fue extraño y me hizo temblar. Fue un simple “hola”, pero había algo más. Lo sentí.
Pasa una hora hasta que me animo a contestar.
Yo: ¿Hola?
La persona contestó en segundos.
Desconocido: Nos conocemos.
No lo preguntaba, lo afirmaba. Me extrañé más.
Yo: No, ¿quién sos?
Desconocido: Si, nos conocemos. Y sé lo que hiciste ese sábado en la plaza, te vi.
Fue en ese momento que todo me dio vuelta. Siento náuseas, me duele la cabeza e imagino todo lo que va a pasarme en la cárcel.
Yo: ¿QUIÉN SOS?
Desconocido: Tranquilo, podemos arreglarlo.
Yo: No sé de qué mierda me hablas, te voy a bloquear.
En ese instante, una llamada entrante. Es el número de Telegram.
Pienso, ¿qué carajos hago? Contesto.
– ¿Qué mierda querés?
-Soy yo.
La voz femenina de ese día. Es ella, la mamá de Jazmín, la nena.
Se ríe. – ¿No vas a decir nada?
-Yo…
-Ay por Dios, pensé que eras más atrevido. Si estas en los grupos de nenitas viendo esos videos, no tendrías que ser tan tímido de hablar con una mujer.
-Sabes que no es eso. Yo… Dios, perdón en serio, yo no quería… yo no soy así… no soy un pedófilo, voy a entender si…
-A ella le gustó… y a mí también.
Por un momento me quedé sin respiración. ¿Qué carajos?
– ¿Qué?
-Vi todo, y los grabé. La manera en la que hiciste que te chupe la verga, en la que la agarraste del pelo y luego le tocabas la conchita. Como después te pajeaste y le llenaste la bombacha de leche. A ella le gustó y a mí también. Ay Dios, no sabes las noches que llevo pajeandome como enferma con ese video. Y su bombachita llena de leche no la lave todavía. Me la pongo en la nariz mientras me pajeo, a veces le paso la lengua. Es hermoso.
No tiene ningún tipo de sentido. Realmente. Yo no entiendo nada, y por un momento miro a mi alrededor buscando las cámaras ocultas. Tiene que haber alguna en algún lado. Tal vez de Showmatch o tal vez de la policía. Esto es una trampa.
¿Qué carajos está pasando?
-Yo… por Dios, ¿qué decís?
– ¿Qué te sorprende? Si después de dos semanas no estás preso con toda la prueba que tengo de que abusaste de mi hija, ¿qué te hace pensar que lo hice porque te tengo pena o algo así? No te denuncie porque me gustó lo que vi y quiero que te cojas a mi nena.
Silencio y luego una fuerte carcajada de mi parte que es más una risa entre nervios, miedo y ansiedad.
-La concha de mi madre, ¿esto es una joda?
-No.
-No entiendo nada, por Dios. ¿Cómo mierda conseguiste mi número y como sabías que estaba en esos grupos? ¡¿Qué me estás diciendo, Dios?!
-Si lo querés hacer, avísame. Mándame un mensaje cuando quieras.
Y así, corta la llamada. Yo me quedo mudo y totalmente tieso en mi silla. Mirando al vacío, mi cabeza yendo a mil.
¿Qué carajos acaba de pasar?
Cinco minutos después de esa llamada, un mensaje del mismo número en Telegram. Dos fotos.
La primera es de una conchita chiquita y rosa. Cerradita, sin pelos, sin marcas, perfecta. Y la segunda es de una mujer más grande, abierta de piernas, pero no se le ve la concha porque tapándola esta una bombacha de nena. Es la bombachita de Jazmín que yo llene de leche ese día. Su mamá completamente desnuda, la tiene entre las piernas, imagino que, frotándosela en la concha, haciéndose una paja.
Esa noche, me hice tres pajas con la foto de la conchita de esa nena y la foto de su mamá.
–
Por tres días seguidos no pude dormir. Mi cabeza no paraba de dar vuelta y tampoco podía dejar de pajearme. Mi verga me pedía un descanso. Me había obsesionado tanto con las fotos de la concha de esa nena y de su mamá, que las miraba a cada hora del día.
Ella tampoco había vuelto a comunicarse. Yo no sabía qué hacer. Quería hablarle, decirle que sí. Había noches en la cama que mientras veía las fotos y me frotaba como enfermo los huevos, estaba decidido a hablarle. A decirle que sí, que lo haría. Que desvirgaría a esa nena tan chiquita y hermosa. Pero luego ese valor se iba de mi cuerpo y me sentía asqueado conmigo mismo.
En realidad, ya no había vuelta atrás. No había manera de que mi cabeza volviera a ser lo que era antes de todo esto. Me pajeaba día y noche con la cantidad de material de chiquitas que tenía. Lo hacía hasta en los baños de la facultad. Ya era demencial y no podía parar.
Es viernes, estoy volviendo de la facultad en el colectivo y la veo. Es como una señal, tiene que serlo.
Una nena de la misma edad de Jazmín, siete años, está sentada en los asientos reservados mientras que yo estoy parado a unos metros de ella. Tiene puesto un uniforme de primaria: una pollera tableada y las piernitas abiertas, distraída mientras se come un chupetín. El pelo rubio atado en una colita alta. Mientras la miro fijamente, más lo sentía. La piel poniéndoseme de gallina, la sangre caliente yéndose hasta mi poronga, el deseo, la excitación, las ganas de penetrar a una chiquita como ella.
La nena abría y cerraba sus piernitas, no podía ver su bombachita, pero mi cabeza rápidamente la imagino. Hace mucho eso últimamente. Imaginar a las nenas, verlas y pensar en ellas insertadas por mi verga. Sus piernitas suaves, su cuerpo pequeño, subir la mirada y ver sus inexistentes tetas que igual me excitaban más que nada en el mundo. Como su boquita se encerraba alrededor de ese chupetín como si fuera mi verga. Mi verga dura y venosa le rompería la garganta a esa nena.
– ¡Permiso!
La voz de la señora que parece que hace rato me pedía que me corriera para pasar y bajar del colectivo, me interrumpe de mi ensoñación. La miro detrás de mí, me disculpo y la dejo pasar. Yo bajando detrás de ella, aunque no sea mi parada. No puedo estar un segundo más en ese colectivo o me voy a venir en los pantalones como un puto puberto.
Llego a casa y le mando un mensaje a la mamá de Jazmín. Tomo la señal.
Yo: Voy a hacerlo.
No pasaron ni cinco minutos cuando me contesta.
Desconocido: Me alegra saberlo. Te voy a mandar la ubicación de casa más tarde. Tiene que ser hoy y aprovechar que mi marido no está. Te espero.
Y con ese mensaje, abajo viene adjunta la foto de Jazmín parada sobre una cama grande, posando de espalda, sacando el culito. Como si fuera una de las de mi edad subiendo fotos en orto.
Dios mío, me encanta como esa mujer me enferma mandándome fotos de su hijita.
A las diez de la noche llego a zona norte desde mi casa. Es raro estar por estos lados si no estoy yendo a ver a mi amigo, pero lo de hoy es algo que me tiene ansioso. Camino mirando para todos lados, no lo voy a negar. Sigo pensando que algo tan perfecto tiene que ser una trampa.
Y rezo que no lo sea.
Cuando llego a la casa de Jazmín, como es de esperarse es una casa quinta. Esta gente tiene mucha plata como todos los de esta zona.
Le mando un mensaje a la mamá avisándole que estoy afuera y el portón se abre solo, dejándome pasar. Es un camino de pasto bien cortado, flores y una fuente de agua hasta la gran puerta de la casa. No tengo ni que tocar cuando se abre, revelando a la mamá de Jazmín que hasta ahora no sé ni como se llama.
-Hola. -es lo único que digo. Tímido, idiota.
La mujer es hermosa. No la vi bien aquel sábado, pero ahora puedo ver que la nena sacó su belleza. Es alta y delgada, pero tiene un cuerpo atlético como si se pasara horas entrenando. El pelo largo, tetas turgentes, labios gruesos que parecen hechos, pero que los imagino alrededor de mi verga.
Tampoco es vieja, tal vez seis años más que yo.
-Hola, pasá. ¿Cómo te llamás? Nunca te pregunte.
-Leandro, decime Lea.
-Genial, yo soy Pilar. Decime Pili. -un poco me rio porque es obvio que una cheta como ella se llama así. Mis amigos se cagarían de risa si se enteran. Ella apenas arquea una de sus cejas mirándome curiosa por mi risa. – ¿Qué es lo gracioso?
-Nada, perdón.
– ¿Querés tomar algo?
– ¿Estás sola?
-Obviamente. Te pensás que te invitaría a venir si hubiera alguien acá. Mi marido está en un viaje de negocios y la chica de servicio tiene el finde libre. Me parece fantástico que te hayas decidido hoy, coincidió.
¿Vieron? La señal.
-Pero hay cámaras… -las vi en la entrada.
-No te preocupes por eso, están apagadas por hoy. ¿Qué tomás?
-Eh, no sé, lo que quieras… la nena… ¿la nena sabe que vengo?
Se ríe. -La nena, como sabes, se llama Jazmín. Llamala por su nombre porque se pone insoportable. Es muy caprichosa, como la madre. -me guiña el ojo. -Y no, no lo sabe. Esta dormida.
-Ah… ¿y cómo me la voy a coger si esta dormida?
Pilar sirve en dos vasos algo que parece whiskey, y me lo entrega.
-Fácil, cogiéndotela. La vas a despertar así, a ella le encanta.
– ¿Cómo?
Se encoge de hombros. -Yo la despierto así todo el tiempo. Le doy besitos hasta bajar a su conchita y chupársela. Le encanta eso así que anótalo así se la chupas. Sabe que soy yo porque soy la única que se lo hace.
Por Dios, puedo sentir como la verga ya se me endurece.
– ¿Así que nadie nunca se la cogió?
-No… nunca conocí a nadie que pudiera hacerlo. Conozco tipos en Telegram, pero no voy a meter a cualquiera en mi casa para que se coja a mi hija. A vos te vi ese día en la plaza y supe que tenías que ser vos. No te importó estar en un lugar público e igual abusaste de ella. Los vi desde el momento que la hiciste bajar de la bici. Vi todo. Al principio me puse nerviosa, no sabía qué hacer. Sabía que tenía que ayudarla y denunciarte, pero cuando vi como ella se dejó hacer sin llorar, supe que le gustaba lo que le hacías y que eras el indicado. – hizo una pausa y tomo un trago del whiskey. -Jazmín es una nena muy sexualizada, Lea. Por mí, por su niñera, por su tío, y me atrevería a decir que hasta por su papá. No lo puedo confirmar, pero desde que Jazmín estuvo en mi panza, sabía que iba a ser la mascota de todos en esta casa. Cuando ella era bebé encontré a su tío chupándole los piecitos y la concha. A los tres años vi como su niñera la obligaba a chuparle la concha en la ducha después de bañarse juntas, y a los seis años empecé yo. Recuerdo que mi marido se había ido a uno de sus viajes y ella y yo estábamos solas acá, en este mismo sillón viendo una película. De la nada ella me pidió teta, obviamente a esa edad ya no tomaba teta, pero por alguna razón se la di. Y de repente me sentí caliente porque mi hija de seis años me estaba chupando el pezón. Así que empecé a acariciarla hasta acabar masturbándola. Esa noche estaba tan caliente, que mientras ella dormía, yo me desnude y me frote por todo su cuerpo, me masturbe con su pie, metiéndomelo lo más que pude en la concha, y acabando a chorros sobre su cuerpito inerte. La mejor noche de mi vida. Podés sacarte la verga de los pantalones si querés. -estaba tan absorto en sus palabras, tan caliente, que no me había dado cuenta de que tenía la verga durísima. Le hice caso y me la saqué, ya cualquier rastro de vergüenza y timidez yéndose de mi cuerpo. -Cuando mi marido volvió de su viaje, empezamos a coger todas las noches porque antes, durante el día, yo me cogía a mi hijita. Con él también jugábamos a que yo era una bebé y él me violaba. Le encanta eso, aunque no sospecha que tenga que ver con su hija.
– ¿Y por qué sospechas que él también la abuso?
Se encoge de hombros. -No lo sé, lo he visto mirarla demás algunos días. O tal vez la toca cuando la baña él. No me molesta y me hubiese encantado descubrirlo hacerlo así se la cogía él primero, como tiene que hacer. Pero nunca paso.
-Boluda, sos una enferma.
Se ríe. -Puede ser. Todos los somos en algún punto, vos también lo sos. ¿Querés verla?
-Por Dios, sí. Necesito cogerla toda. Tengo la verga durísima, todo lo que me contaste es un sueño. Nunca pensé que algo así me pusiera tan caliente. Sos la mujer soñada.
Con una sonrisa, se acerca a mí y me besa. Ni siquiera en mis sueños más depravados hubiese esperado estar con una mujer como esta. Estoy viviendo la fantasía de cualquier hombre.
-Tengo varias condiciones. La primera, no le dejes marcas, pero rómpela. La segunda, no me vas a coger a mí, pero si quiero que me acabes adentro. Toda la leche dentro mío.
– ¿Qué? ¿Por qué?
-Quiero tener otro bebé de otro hombre que no sea mi marido, y aprovecharlo con tiempo. Vamos.
Quedo en shock ante sus palabras así que solo la sigo como un perrito perdido repitiendo sus palabras en mi cabeza.
Esta mujer es más enferma de lo que imagine y me encanta.
La habitación de la nena es toda rosa con dibujos de princesas y unicornios. La típica habitación de una nena consentida de mami y papi. Muchos peluches, muchos juguetes, mucha ropa. Mucho de todo.
Ella duerme en una gran cama para su edad y cuerpo. Es hermosa. Un ángel al que destrozaré con gusto.
-Ahí la tenés. Divertite.
Pilar se desnuda completamente, toma algo de un cajón, y se sienta al lado de su hijita. Me hace una seña para que proceda. Y yo no sé qué hacer. O tal vez sí, pero estoy tan emocionado y caliente en este momento, que no sé por dónde empezar.
Así que me desnudo también. Pilar mira con interés mi verga y se lame los labios. Sé que tengo una muy buena, me lo dicen las mujeres de mi edad con las que hasta ahora he cogido.
Veremos que dice una nena.
Me acerco al cuerpo de Jazmín y empiezo a acariciarla con suaves caricias. La respiro, la toco, memorizo su cuerpo envuelto en un pijama de nena color rosa. Huele tan rico, inocente. Con lentitud, le bajo el pantalón de pijama y me maravillo viendo que tiene puesta la misma bombacha de aquella vez.
-Todavía no la lavé. -dice Pilar, abierta de piernas y tocándose la concha hermosa con suaves caricias. -Sigue teniendo tu leche y el mismo olor a lo enfermo que sos.
-Que hija de puta.
Saber que le pone la bombacha llena de mi leche a su nena abusada por mí, me vuelve loco.
Se la saco y se la tiro a Pilar que la usa para frotársela entre las piernas. Yo por el otro lado, también le abro las piernitas a Jaz. De par en par, abierta como una flor floreciendo. Tan hermosa como la recuerdo de esa foto, mejor en persona y tan suave como cuando la toque en la plaza.
-Que rica nena, me encanta.
-Quiero ver cómo le chupas la concha a una nenita de siete años.
Que me lo pida la madre de esa nenita de siete años, es lo que hace que la verga me duela de lo dura que la tengo.
Antes de deleitarme con una Jazmín dormida, me agarro la verga y se la paso por la conchita, mojándosela con mi líquido preseminal. Lo hermoso que sería pintarle la conchita de blanco con mi leche, lástima que su mamá la quiera toda para ella.
Aspiro con profundidad el olor de esa nena. Es maravilloso. Una droga. El primer lengüetazo me vuelve adicto. No creo poder vivir sin esto. Me la como con hambre, con ganas. Le paso la lengua entre los labios diminutos, su botoncito tan chiquito es rosa y esta duro. Juego con él, lamiéndolo, mordisqueándolo. Los labios de su conchita apenas se abren. Es tan virgen. Su agujerito es casi inexistente y será un milagro si logro meterle la verga.
Jazmín se despierta, pero su mamá rápidamente le hace mimos y le ensarta el pezón en la boca. La nena mama con ganas mientras me mira con los ojos grandes fijamente a los míos. Me reconoce y le gusta lo que le hago porque mueve las caderas, excitada.
Esta mojadita y yo estoy listo para cogérmela.
-Necesito romperle la conchita. -le digo a su mamá.
-Vos sos el de la plaza. -me señala. -Mami, él es el que me ensucio mi bombacha.
– ¿Ah sí? ¿Y con qué te la ensucio, mi amor?
-Con leche, mami. -la nena me mira con un intento de cara enojada y revolea los ojos. Eso me hace reír. -Por tu culpa mi mami me reto.
-Pero te encantó que te llenara la bombachita de leche si sos igual de puta que tu mamá, nena.
-No soy nena, soy Jazmín. Ya te dije. -vuelve a revolear los ojos. La mamá no mintió cuando dijo que esta nena es caprichosa.
-Jaz, ¿qué opinas de qué Lean te coja? ¿Te acordás de esos videos que vimos? ¿O de cómo mami se mete el pito de juguete que tiene guardado en tu cajón?
-Si mami.
– ¿Y qué opinas? ¿Querés eso?
La nena se encoge de hombros. – ¿Me va a gustar, mami?
-Te va a encantar. Mira el pito de Lean, es mejor que el de juguete de mami y el de las películas. Porque no le das un besito como hiciste en la plaza.
Pilar le hace cosquillas y la nena se ríe. Se dan un beso en los labios y la nena se levanta sobre la cama, se saca la parte de arriba del pijama y empieza a mover el orto como posando. Pilar se ríe y le dice que lo siga haciendo, que me muestre como posa una modelo.
Yo miro todo fascinado. Además de que la imagen de que esta mujer guarde sus juguetes sexuales en los cajones de su hija de siete años me trastorna. Ver a su hijita de una edad tan inocente comportándose como toda una auténtica puta, alimenta mi enfermedad.
Yo, a los pies de la cama de princesa, me acaricio con lentitud la verga. No creo durar mucho cuando se la meta. Me estoy volviendo loco de deseo.
Jazmín se acuesta sobre su panza enfrente de mi verga. La admira y la toca con curiosidad. También me toca los huevos. Yo solo puedo ver sus piernitas levantadas moviéndose con inocencia, y su culito ahí. Inocente, tierno, divino.
Pilar se acerca a nosotros y empieza a decirle a su nena lo que tiene que hacer. No hace falta, la nena ya lo sabe.
Me come la verga como si fuese un chupetín y para mí es como si me la estuviera comiendo la mejor chupadora de vergas del país. Nada como la boquita de una nena, hasta que no lo probás, no lo entendés. Ninguna mujer adulta se asemeja.
Tengo que cerrar los ojos y dejar de mirarla porque le puedo acabar toda la cara.
-Dios, Pilar necesito cogérmela. Decile que pare.
-Espera. Me encanta ver como mi bebé le chupa la verga a un hombre como vos. Tenés una pija hermosa, Lean. Y a Jaz le gusta, ¿o no Jaz? ¿Te gusta ese pito?
-Si, mami. Es rico.
-Por Dios.
– ¿Y querés que Lean te lo meta en la conchita? -no la veo, pero puedo sentir como la nena asiente. – ¿Sí que, Jaz?
-Quiero que Lean me meta la verga en mi conchita, mami.
– ¡Muy bien! ¿Viste que rápido aprende mi bebé, Lean?
– ¿Vos le enseñaste eso? -digo en medio de un gemido que me deja sin aire.
-La preparé para vos. Dale, hace lo que la princesita te pide. Cógetela.
Y así, la mamá de esta nena, literalmente me la entrega.
Pilar se coloca sentada contra el respaldo rosa de la cama, con las piernas abiertas y el cuerpo de la nena entre sus piernas. Le abre las piernitas con sus manos de par en par, ofreciéndomela sin pudor. La conchita delicada y rosita de Jaz se abre, esperándome.
Y lo hago. Acerco mi verga a su concha que ya el calor que desprende me hace temblar. La nena mira atenta, pero se la ve cómoda y hasta deseosa. Sus ojitos siguen mis movimientos y se lame los labios. Yo gruño por eso.
– ¿Estás lista nena?
-Soy Jaz, no ne… ¡AH!
Hasta Pilar se sorprende de la forma brusca y violenta en la que le arranco la virginidad a su hija. Me mira con las cejas alzadas, pero luego se ríe, tapándole la boca a Jaz que chilla y le caen lágrimas por los ojitos. Me quedo quieto, esperando que se acostumbre. Pilar le hace mimos, le dice que la ama y que ya va a pasar. Cuando la nena empieza a calmarse, me mira mal.
– ¡Me hizo doler, mami!
-Sh, ya está. Ahora te va a encantar, bebé.
Y efectivamente, le encanta. Me deslizo despacio de adentro hacia afuera de esa conchita, admirando los rastros de humedad y sangre que me hacen gemir de placer. Nunca le había quitado la virginidad a una mujer. Me aprieta tanto que hasta duele, pero lo toma como una campeona. Jaz deja salir quejidos, pero me deja hacer lo que quiera con ella. Le agarro la cinturita tan chiquita que con una mano mía casi que la cubro toda, y la tomo en alza metiéndosela profundo. Ella grita, pero no se queja ni se aleja. Mi verga parece un martillo dentro de ella. Con Pilar vemos fascinados como se le hincha la panza cuando estoy muy profundo dentro de Jaz.
-Dios, no voy a aguantar mucho.
– ¿Por qué? ¿Te gusta la conchita de mi nena? ¿Es mejor que las mujeres de tu edad? Sos un enfermo, mira cómo le rompiste toda la concha. La hiciste sangrar, la abusaste. ¿Ahora como le cuento a su papi que su nena es una putita abusada? Que ya tiene toda la concha abierta por un tipo que la toco en la plaza y que hice que venga hasta nuestra casa cuando él no estaba y que la viole. Dios Lean, mira como la abrís, mira como su conchita se aferra a tu poronga. Le encanta que te la cojas. ¿Te gusta, Jaz? Decime.
-Mami… me gusta. ¡Ah! Mami me toca la pancita.
-Si mi amor, te llega hasta la panza porque sos tan chiquita.
-Pilar, voy a acabar, no puedo más.
-Bueno, llenala a ella de leche. Lo mío puede esperar.
Podría llorar ahora mismo cuando la escucho decirme eso. Dejarme venir dentro de esa nena es la cosa más caliente de todo lo que hice esta noche. Chorro tras chorro la inundé. Grité, gruñí y hasta no pude evitar morderla. Me estaba deshaciendo de placer.
Jazmín cerro sus ojitos y se mordió los labios. Movió sus caderas de arriba abajo, y sentí como me apretó con más fuerza la verga con su concha.
¿Está teniendo un orgasmo?
-Se está viniendo también, me está apretando la verga de una forma…
– ¿Sí? Eso bebé, tu primer orgasmo siendo cogida mi amor, que orgullo.
Pilar la llenó de besos que la nena aceptaba. Se besaron enfrente mío, calentándome de vuelta. Era todo tan enfermo que deseaba quedarme para siempre acá. Viviendo con ellas. Yo quiero ser el hombre de esta casa. El pelotudo de su marido no sabe lo que se pierde con estas dos putas.
Cuando le saco la verga a Jaz, leche teñida de rosa sale de su hoyito arruinado. Pilar con su lengua la limpia y luego le escupe en la boca para que ella lo pruebe. También gimo por eso.
– ¿Entonces, estás listo para el segundo round?
Esa noche, me cojo a Jazmín dos veces más hasta que ella misma dice que esta muy cansaba y quiere dormir. Su mamá la baña, le pone un pijama nuevo, le cambia las sábanas y la deja dormir.
De igual forma, al lado de su ella durmiendo, me cojo a su mamá tres veces más. Las tres veces con algún morbo de por medio. Yo chupándole los pies a la nena, ella tocándole la conchita, yo acariciándole el ano con la voz de Pilar en mi oído prometiéndome que muy pronto se lo iba a romper, o yo cogiéndomela analmente a ella. Esa fue la primera vez que me cogí a una mujer por el orto.
Una noche de muchas primeras veces.
Estoy roto, cansado y no me quedan fuerzas para nada, pero Pilar me echa de su casa a las tres de la mañana con un largo beso en los labios de despedida, un chupón de mi parte en una de sus tetas y un “después te llamo”.
No lo pensé mucho y le mande un mensaje a mi amigo que vivía por esa zona para que me deje dormir en su casa. Acepto. En un Uber llegué hasta ahí, le conté muy por encima que estaba en la casa de una mina cogiendo y nos fuimos a dormir. No daba más.
Cinco minutos después de poner la cabeza en la almohada, me llego el mensaje de un número desconocido. Del número de Pilar. La agendé.
Pilar: En dos semanas es el cumple de Jaz, me olvidé de contarte. Hará una pijamada con algunas amiguitas… tal vez estés invitado. ¿Cómo te ves con seis nenas de siete y ocho años solo para vos? 😉
Yo: Será un placer.
Esa noche dormí con una sonrisa en la cara, y soñé con seis nenas y sus madres entregadoras


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