La primera actividad sexual de mi vida
apenas cumplía los 8 y no sabia nada de esas cosas, todo era nuevo, raro pero instintivamente me ponía duro.
Tenía 8 años. Mis primos vivían con nosotros porque sus papás los habían abandonado. El mayor tenía 8 y el menor 6.Esa tarde entré al baño y los vi en la ducha. El agua caía sobre ellos. El primo de 6 años estaba en cuatro sobre el piso mojado, con las manitas apoyadas. El mayor estaba detrás de él, moviendo las caderas rápido, metiéndole su pinguita en el culito. El culito del menor estaba todo rojito, hinchado y brillante por el agua. Se veía abierto alrededor de la pinga de su hermano.Me vieron. Se asustaron y se separaron rápido. El mayor me miró con miedo y me dijo bajito:—No le cuentes a nadie… mucho menos a tu papá. Si quieres… nos dejamos cachar.Yo tenía la pinga dura, parada dentro del pantalón. No dije nada, solo asentí.Primero me dejaron penetrar al mayor. Se puso en cuatro en el piso del baño, abrió las nalguitas con las manos y me dijo:— Métemela.Le escupí en el culito y acerqué mi pinguita. Estaba muy apretado. Empujé y entré. Me dolió un poco a mí, pero seguí hasta que estuve todo adentro. Empecé a moverme. Era caliente y algo flojo como si estuviera amoldado a algo mas grande. El mayor gemía bajito:—Está rico… sigue… cachame primo…Luego quise probar con el menor. Se puso en cuatro igual. Su culito era más pequeño, más apretado y estaba todo rojito e hinchado. Le abrí las nalguitas con los dedos y le metí la pinga despacio. Entró muy justo. Sentí cómo su ano se abría alrededor de mi verga. Empecé a moverme. Cada vez que entraba y salía veía su culito rojito estirándose, brillando. Él gemía con esa voz chiquita:—Está rico… cachame… métemela papi…Me ponía muy caliente ver ese culito pequeño todo rojo tragándose mi pinga.Después me tocó a mí. Me puse en cuatro. El primo mayor se arrodilló detrás y me metió su pinguita. Sentí algo raro y caliente entrando en mi ano… pero no me dolió. Era una sensación llena y extraña que me gustaba. Empezó a moverse dentro de mí mientras yo seguía con la pinga metida en el culito del menor.Durante los tres meses que vivieron en casa nos la pasamos así casi todos los días. En la ducha, en el cuarto, en el patio cuando no había nadie. Siempre por el culo. El menor nunca penetraba, solo se dejaba. Se ponía en cuatro, abría las nalguitas y dejaba que le metiéramos la pinga. Su culito siempre terminaba rojito e hinchado.Una vez, mientras le estaba metiendo la pinga al menor, sentí muchas ganas de orinar. No me salí. Seguí moviéndome y de repente me oriné dentro de su culo. El chorro caliente salió mientras seguía follándolo. Sentí cómo mi orina llenaba su culito y empezaba a salir alrededor de mi pinga, mezclándose con el agua de la ducha. El menor soltó un gemidito raro pero no se quejó. Solo dijo bajito “está caliente…”.Yo me excitaba muchísimo viendo ese culito rojito del primo de 6 años. Cómo se abría cuando le metía la pinga, cómo se ponía más rojo e hinchado con cada embestida, cómo brillaba. A veces lo cogíamos los dos al mismo tiempo: uno le metía la pinga por el culo mientras el otro se la metía por la boca. Él gemía y decía que estaba rico.Esos tres meses nos la pasamos cachándonos como animales chiquitos. Sin que nadie supiera. Solo nosotros tres y nuestros culitos rojitos, hinchados y usados


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