Lolo/Lolita 1
Un delicado y virgen femboy.
El gimnasio estaba en plena actividad cuando la puerta se abrió y entró Lolita.
Todos los presentes se giraron casi al mismo tiempo. Un murmullo recorrió el lugar. Aquella criatura diminuta, con su malla rosa enteriza ultra ajustada, parecía una muñequita de porcelana. Cabello negro corto en un pixie perfecto, rostro delicado de chica occidental, ojitos grandes y tímidos, labios carnosos con brillo… y un cuerpo tan femenino que era imposible no mirarlo.
El profesor Marcos, un macho de 1.95m, puro músculo y testosterona, se quedó congelado con la pesa en la mano. Su mirada bajó lentamente: las tetitas chiquitas apenas marcadas bajo la tela, la cinturita imposible, las caderas suaves y ese culito redondo, alto y jugoso que la malla rosa abrazaba sin piedad. Cuando sus ojos llegaron al frente… solo vio una montañita suave, sin bulto alguno. Solo la forma delicada de un clítoris hinchadito por las hormonas.
La pija del profesor se endureció violentamente en cuestión de segundos, creciendo gruesa y pesada dentro del short fino, marcándose obscenamente hacia arriba. Tuvo que acomodársela con la mano sin disimulo.
—Vení acá, preciosa… —dijo con voz ronca y profunda, acercándose con pasos pesados.
Lolita levantó la mirada, sonrojada, mordiéndose el labio inferior. Estaba claramente impresionada por ese hombre enorme.
—¿Cómo te llamás, muñeca? —preguntó Marcos, parándose frente a ella, su bulto casi rozándole el vientre.
—Lolo… —respondió con voz suave y aguda, casi un susurro.
El profesor sonrió con lujuria y le levantó la barbilla con dos dedos.
—De ahora en más sos Lolita para mí. ¿Entendido?
Lolita asintió con timidez, pero se notaba que le encantaba. Le gustaba que la trataran como una señorita.
Todo el gimnasio estaba revolucionado. Varios hombres se habían detenido en seco, algunos con las pijas ya semierectas en los shorts. Susurros se escuchaban por todos lados:
—Mirá esa putita… parece una chica de verdad.
—Qué culito tiene la hija de puta…
—Es la nueva estrella del gym, boludo.
Lolita intentaba hacer los ejercicios que Marcos le indicaba, pero era evidente que no tenía fuerza. Cuando intentó levantar una pesa liviana, soltó un gemidito agudo y femenino:
—Ahh…~ ¡No puedo, profe!
Ese gemido fue como una descarga eléctrica para Marcos. Su pija dio un salto dentro del short, ahora completamente dura, gruesa y palpitante, marcándose brutalmente. La cabeza casi asomaba por la cintura del short.
—Tranquila, Lolita… —murmuró acercándose por detrás, pegando su cuerpo enorme contra la espalda de ella, dejando que su verga dura se apoyara entre sus nalgas por encima de la malla—. Yo te voy a ayudar… pero vas a tener que portarte bien y hacer todo lo que te diga este profesor, ¿sí, princesita?
Lolita tembló ligeramente, excitada y avergonzada al sentir esa enorme pija latiendo contra su culito. Aun así, giró la cabeza con ojitos de nena buena y susurró:
—Sí, profe… quiero impresionarlo.
Continuara…


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