Lolo/Lolita 12
Las caricias de mamá.
Laura se quedó sentada en la cama, mirando a su hija con esa mezcla de preocupación maternal y curiosidad. Lolita estaba claramente excitada solo con recordar lo que había pasado.
—Vení, sacate el short —le dijo Laura con voz suave pero firme—. Dejame ver cómo estás.
Lolita se sonrojó intensamente, pero obedeció. Se bajó el shortcito y la bombachita blanca, que estaba completamente empapada y pegajosa de semen seco y fresco. Se acostó boca abajo en la cama, ofreciéndole el culito a su mamá.
Laura se acercó y separó suavemente las nalgas con las dos manos. El agujerito de Lolita estaba rojito, hinchado y todavía entreabierto. Un hilo grueso de semen blanco seguía escapando lentamente.
—Ay, mi amor… te dieron una buena paliza —murmuró Laura, pasando un dedo con cuidado alrededor del borde sensible—. Está bien irritado. ¿Te dolió mucho mientras te la metía?
Lolita gimió bajito cuando sintió el dedo de su mamá tocándola.
—Al principio sí… pero después solo quería más. Es tan grande, mamá… me llegaba hasta el fondo.
Laura suspiró y abrió el cajón de la mesita de noche. Sacó un potecito de crema hidratante y calmante.
—Quedate quietita.
Empezó a aplicar la crema con los dedos, haciendo masajes suaves y circulares alrededor del agujerito irritado. Lolita temblaba y soltaba gemiditos suaves cada vez que su mamá la tocaba. La crema fría contrastaba con el calor que todavía sentía adentro.
—Tenés que decirle que use más lubricante la próxima vez —le aconsejó Laura mientras seguía masajeando—. Aunque te guste que te coja fuerte, no podés lastimarte. Y después de cada sesión, vení a que te revise. No quiero que te hagas daño.
Lolita giró la cabeza para mirarla, con los ojitos vidriosos de placer y vergüenza.
—Mamá… me encanta cuando me llena. Me gusta sentir su leche adentro todo el día. Hoy me imaginé que me preñaba de verdad…
Laura sonrió con ternura y siguió aplicando crema, ahora bajando un poco para masajear también esa pielcita sensible que Lolita tenía entre las piernas (su clítoris hinchado).
—Sos una chica muy caliente, ¿sabías? —le dijo con cariño—. Me alegra que estés descubriendo tu sexualidad, pero tenés que ser inteligente. Disfrutá, pero cuidate. Si este Marcos te trata bien y te hace sentir deseada, podés seguir viéndolo… pero quiero que me cuentes todo. ¿Entendido?
—Sí, mamá… —susurró Lolita, moviendo ligeramente las caderas contra los dedos de su mamá.
Mientras Laura le aplicaba la crema con los dedos, Lolita empezó a respirar más agitada. El roce suave y circular sobre su anillito sensible y su clítoris hinchado la estaba volviendo loca. Sin darse cuenta, comenzó a mover las caderas lentamente, buscando más contacto.
—Mmm… mamá… —gimió bajito, casi sin querer.
Laura se dio cuenta inmediatamente. Sus dedos no se detuvieron. Al contrario, siguió acariciando esa pielcita sensible con más intención, haciendo circulitos lentos y precisos. Ella también empezó a calentarse. Sentía cómo se le mojaba la concha solo con ver a su hija tan excitada.
—Ay nena… estás muy caliente, ¿no? —susurró Laura con voz más ronca—. Mirá cómo te movés… ¿Querés desahogarte un poquito?
Lolita asintió con la cara hundida en la almohada, muerta de vergüenza pero incapaz de parar.
—Sí, mami… estoy en un estado de calentura terrible. Es como si estuviera en celo… Disculpame, pero me gusta mucho lo que me estás haciendo con los dedos… Ahh… voy a tener un orgasmo, mami…
Laura no paró. Siguió masturbándola despacito, con experiencia, presionando justo donde más lo necesitaba. Sus dedos se movían con facilidad sobre el clítoris hinchado y mojado de Lolita. Podía sentir cómo le salían chorritos de flujo transparente, empapándole los dedos.
—Así, mi amor… dejate ir —le murmuró al oído, casi pegada a ella—. Mamá te está tocando rico, ¿verdad?
Lolita empezó a gemir más fuerte, moviendo las caderas en círculos contra la mano de su mamá. Sus piernitas temblaban.
—Ya me estoy por correr… mami… ¡ahh!
Con un gemidito agudo y largo, Lolita tuvo un orgasmo intenso. Su clítoris palpitó con fuerza bajo los dedos de Laura, soltando más flujito caliente. Todo su cuerpo se sacudió mientras apretaba las sábanas.
Laura siguió acariciándola suavemente durante el orgasmo, prolongándolo, hasta que Lolita quedó jadeando y relajada sobre la cama. Tenía los ojos vidriosos y una expresión de pura satisfacción.
Laura retiró los dedos lentamente, brillantes de flujo, y se los miró un segundo. Ella también estaba muy mojada.
—Mirá cómo me dejaste los dedos, nena… —dijo con una sonrisa pícara—. Estás hecha una fuente.
Lolita se dio vuelta, todavía temblando, y miró a su mamá con vergüenza y cariño.
—Perdón, mami… es que estoy muy sensible por lo de hoy.
Laura se inclinó y le dio un beso en la frente.
—No pasa nada, mi amor. Es normal que estés así de caliente. Ahora andá a ducharte tranquila. Mañana antes de ir al gimnasio vení de nuevo para que te revise y te prepare bien ese culito, ¿sí?
Lolita asintió, mordiéndose el labio, todavía flotando en el placer.
Continuara…


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