Lolo/Lolita 4
Marcos va por todo.
Lolita estaba perdida. Su mente era un torbellino de vergüenza, excitación y deseo cada vez más fuerte.
“Quiero que me mire… quiero que me desee tanto que no aguante”, pensaba mientras hacía otra sentadilla lenta y profunda. Cada vez que bajaba, su boquita pequeña y carnosa quedaba exactamente a la altura del bulto enorme que marcaba el short de Marcos. Podía oler el calor de su pija, casi sentir su peso en el aire. En lugar de apartarse, Lolita se demoraba un segundo más de lo necesario, mirando hacia arriba con esos ojitos grandes y tímidos, mordiéndose el labio.
Quería seducirlo. A pesar de la vergüenza que le quemaba las mejillas, algo dentro de ella —esa Lolita que había estado despertando con las hormonas— quería provocarlo. Cuando Marcos se acercó de nuevo, ella “accidentalmente” rozó el dorso de su mano contra ese paquete caliente y duro. Lo sintió palpitar bajo sus dedos. Un segundo roce, más atrevido. La pija de Marcos dio un salto y se hinchó todavía más.
—Ahh…~ —gimió Lolita al bajar en otra sentadilla. El sonido era demasiado agudo, demasiado cargado de placer para ser solo por el esfuerzo. Marcos lo notó perfectamente.
Ya no había disimulo posible.
Cuando la “corrigió” en la siguiente repetición, las manos grandes del profesor bajaron directamente a sus nalgas. Las apretó con fuerza, amasándolas, separando esos cachetes redondos y suaves por encima de la malla rosa. Sus dedos gruesos se hundieron en la carne blanda mientras frotaba descaradamente su pija contra ella.
Lolita tembló y soltó un gemidito más largo.
—Profe… —susurró, casi sin voz.
Marcos no contestó con palabras. Simplemente deslizó una mano hacia adelante y abarcó completamente una de sus tetitas pequeñas con su palma enorme. El pezón, duro y paradito, quedó atrapado entre sus dedos. Lo frotó en círculos lentos y firmes, pellizcándolo suavemente. Lolita sintió una oleada de placer tan intensa que sus rodillas flaquearon.
En su cabeza solo había pensamientos cada vez más sucios:
“Quiero que me toque más… quiero sentirlo adentro. Quiero que me use. Quiero ser su putita. Quiero que me llene…”
Marcos ya había tomado una decisión. Su respiración era pesada, su pija estaba completamente dura y dolorida de lo excitado que estaba. Miró alrededor: los demás alumnos seguían mirando, algunos con envidia descarada, pero nadie se atrevía a interrumpir.
—Al vestuario. Ahora —le ordenó en voz baja pero firme, casi un gruñido.
Agarró a Lolita de la mano y la llevó hacia el fondo del gimnasio, sin importarle ya nada. En cuanto cruzaron la puerta del vestuario de profesores, la empujó suavemente contra la pared y cerró con llave.
—Hoy no salís de acá sin que te haga mujer, Lolita —dijo mientras se bajaba el short, dejando que su pija larga, gruesa y cabezona saltara libre, pesada y palpitante frente a la cara de la femboy—. Hoy esta colita virgen es mía. Y esta boquita… la voy a usar hasta que no puedas hablar.
Lolita, con las piernas temblando y la malla rosa ya mojada entre las piernas, solo pudo mirar esa verga enorme con una mezcla de miedo, deseo y total sumisión. Se mordió el labio y susurró casi sin aliento:
—Sí, profe… soy suya.
Continuara…



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