Lolo/Lolita 7
Entregada.
Al día siguiente, Lolita llegó al gimnasio con el corazón latiéndole fuerte y una mezcla de vergüenza y excitación recorriéndole el cuerpo.
Entró caminando con pasos cortos y delicados. La malla rosa era todavía más sugerente que la del día anterior: más baja de cintura, más apretada en el culo. La tela lycra se le clavaba entre las nalgas, marcando perfectamente ese culito redondo y respingón. Arriba llevaba una playerita ajustada blanca de licra corta que dejaba ver un poquito de su pancita plana. Como tenía el pecho casi plano, solo se notaban dos pezoncitos pequeños y paraditos que se marcaban claramente contra la tela cada vez que se movía.
La bombachita blanca de algodón e hilo se le veía apenas por arriba de las mallas, como si estuviera invitando a que se la bajen.
En cuanto cruzó la puerta, varios ojos se clavaron en ella. Pero Lolita solo buscaba una persona.
Marcos estaba en el fondo, levantando pesas. Cuando la vio, se quedó congelado. Su pija reaccionó al instante, empezando a engordar dentro del short.
Lolita se acercó con timidez, pero con intención. Se paró frente a él, giró un poco el cuerpo para que pudiera verle bien el culo y la bombachita blanca, y le dijo con voz suave:
—Vine a entrenar, profe… ¿me va a ayudar de nuevo hoy?
Marcos soltó la pesa con un ruido seco y se acercó lentamente. Sus ojos bajaron sin disimulo: los pezoncitos marcados, la cinturita, y sobre todo ese culito que parecía hecho para ser agarrado.
—Mirá cómo venís vestida, Lolita… —gruñó bajito, casi pegado a ella—. ¿Sabés lo que me estás provocando?
Lolita se mordió el labio y, con mucha vergüenza pero más deseo, respondió en voz bajita:
—Quiero que me mire… quiero que se ponga duro pensando en mí. Quiero que me use otra vez… toda.
Marcos no aguantó. Le puso una mano grande en la cintura y la otra directamente sobre una nalga, apretándola con ganas por encima de la malla.
—Al vestuario. Ya —ordenó con voz ronca.
Lolita sintió un escalofrío de placer. Mientras caminaban hacia el fondo, Marcos iba rozando su pija ya dura contra ella disimuladamente. En cuanto cerraron la puerta del vestuario, la empujó contra la pared y le bajó las mallas hasta medio muslo de un tirón, dejando a la vista la bombachita blanca de hilo, ya un poco mojada.
—Trajiste esto a propósito, ¿no? —dijo metiendo dos dedos gruesos por debajo de la tela y tocando directo ese culito todavía sensible del día anterior—. Para que no se te escape ni una gota de lo que te voy a poner adentro…
Lolita solo gimió y abrió un poco las piernas, ofreciéndose.
—¿Qué quiere hacerme hoy, profe? —preguntó con voz de nena buena, aunque sus ojos decían todo lo contrario.
Marcos sonrió con lujuria mientras se bajaba el short y dejaba que su pija gruesa y pesada saltara libre.
—Hoy te voy a coger dos veces. Primero esa boquita… y después te voy a llenar ese culito otra vez hasta que te chorree por las piernas. Y no vas a salir de acá hasta que te haya marcado bien.
Lolita, ya completamente entregada, se arrodilló despacito frente a él, mirando esa verga enorme con adoración.
—Soy suya, Marcos… úsame como quiera.
Continuara….


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