Lolo/Lolita 8
Arrodillada.
En el vestuario, Lolita se arrodilló casi con devoción frente a Marcos. Su carita preciosa quedó justo a la altura de esa pija gruesa, venosa y cabezona que ya palpitaba frente a ella.
—Abrí esa boquita, princesa —ordenó Marcos, agarrándola suavemente del pelo.
Lolita obedeció. Abrió sus labios carnosos y empezó a chupar con hambre. Primero besó y lamió la cabeza gruesa, saboreando el precum salado. Después fue metiendo más adentro, esforzándose para que entrara en su boquita pequeña. Marcos gemía de placer mientras le follaba la boca con movimientos cada vez más profundos.
—Así… buena puta… chupá toda la pija de tu macho.
Lolita tenía los ojos llorosos pero no dejaba de mirarlo. Quería que viera lo entregada que estaba. Cuando Marcos sintió que ya no aguantaba más, le agarró la cabeza con las dos manos y empujó hasta el fondo.
—Te voy a llenar la boca… tomá todo.
Lolita sintió los primeros chorros potentes golpeando contra su garganta. Eran muchísimos. Su boca se llenó rápidamente de semen espeso, caliente y blanco. Marcos se corrió con gruñidos profundos, vaciándose completamente entre esos labios tan bonitos.
Cuando terminó, sacó la pija lentamente. Lolita, con los ojos vidriosos de excitación, abrió la boca y le mostró todo: un charco abundante de leche espesa que le cubría la lengua. Lo miró fijamente a los ojos mientras empezaba a tragar despacito, con mucho cuidado para que no se le escapara nada por la barbilla.
Glup… glup… glup…
Tragó todo con dedicación, como si fuera lo más rico del mundo. Después sacó la lengua, se lamió los labios y volvió a meterse la pija a la boca para limpiarla bien, lamiendo cada gota que quedaba.
—Qué rica es su leche, profe… —susurró con voz ronca y excitada—. Me encanta… quiero todos sus espermatozoides. Me hace sentir tan puta saber que tengo su ADN adentro mío…
Marcos estaba encendido como un animal. La levantó casi sin esfuerzo, la puso contra el banco en cuatro patas y le bajó del todo las mallas y la bombachita blanca.
Lolita solita abrió las piernas y arqueó la espalda, ofreciéndole ese culito virgen que ya conocía.
—Metémela, por favor… —suplicó.
Marcos escupió sobre su pija y sobre ese agujerito rosado. Apoyó la cabeza gruesa y empezó a empujar. Lolita gimió fuerte cuando sintió cómo esa cabeza ancha la abría de nuevo. Centímetro a centímetro, el tronco enorme fue entrando hasta que sus bolas pesadas quedaron pegadas contra ese clítoris inútil que goteaba chorritos transparentes de flujo.
—Ahhh… sí… —jadeó Lolita—. Siento sus bolas contra mi clit… por favor, cójame fuerte…
Marcos ya no tenía control. La agarró fuerte de las caderas y empezó a embestir como un animal en celo. El sonido de sus bolas golpeando contra ella llenaba el vestuario. Cada vez que entraba hasta el fondo, Lolita soltaba gemiditos agudos de placer.
—Esto es lo que sos ahora… mi hembra —gruñó mientras la reventaba sin piedad—. Te voy a llenar el culo otra vez hasta que te chorree.
Lolita solo podía gemir y repetir entrecortado:
—Sí… soy su puta… lléneme… deme toda su leche…
Continuara…


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