Lolo/Lolita13
En la ducha….
Lolita se metió en la ducha y dejó que el agua caliente le cayera por el cuerpo. Apenas cerró la mampara, su mente empezó a girar sin control.
El agua le corría por la espalda, por el culito todavía sensible y por entre las piernas. Al tocarse suavemente ahí abajo, sintió cómo todavía salía un poco de semen de Marcos mezclado con su propio flujo. Se mordió el labio y sonrió.
“Todavía estoy llena de él… Dios, me cogió tan rico. Esa pija tan gruesa abriéndome, sus bolas golpeándome el clit… y después llenándome como si realmente quisiera preñarme. Siento la pancita pesada, como si de verdad tuviera algo adentro. Me encanta sentirme así… usada, marcada, fecundada por mi macho.”
Cerró los ojos y se enjabonó despacito las tetitas chiquitas y los pezoncitos, que seguían paraditos. Pero entonces su mente volvió a lo que había pasado minutos antes con su mamá.
“¿Qué mierda fue eso…? Mamá me tocó. Me masturbó. Y no fue solo para ponerme crema… me estaba tocando a propósito. Y yo me corrí en su mano como una puta en celo.”
Se le escapó un gemidito solo de recordarlo. Se apoyó contra la pared de la ducha y bajó una mano hasta su clítoris, acariciándolo suavemente mientras el agua caía.
“Me encantó… Me encantó muchísimo. Sus dedos eran suaves pero sabían exactamente dónde tocar. Y ella no se enojó. Al contrario… parecía excitada también. Vi cómo le brillaban los ojos. No va a ser la última vez… estoy segura. Quiero que vuelva a tocarme. Quiero que me revise el culito después de que Marcos me folle. Quiero que me masturbe mientras le cuento todo lo que me hizo…”
Sonrió con una mezcla de vergüenza y excitación.
“Esto se está poniendo cada vez más intenso… Marcos me coge como un animal, y ahora mamá me toca como si supiera exactamente lo que necesito. Me siento tan puta… pero tan querida al mismo tiempo.”
Se imaginó escenarios futuros: contándole a su mamá con detalle cómo la folló Marcos, su mamá revisándola y masturbándola después, quizás hasta lamiéndola para “limpiarla”…
Se corrió por segunda vez en la ducha, esta vez pensando en las dos personas que más la hacían sentir mujer: su macho y su mamá.
Salió de la ducha con las piernas temblando, se secó despacito y se miró al espejo. Tenía la mirada brillante, las mejillas sonrojadas y una sonrisa traviesa.
Después de la ducha, Lolita no se vistió normalmente. Algo dentro de ella había cambiado. Todavía estaba muy caliente, con la cabeza llena de imágenes de Marcos follándola y de los dedos de su mamá tocándola.
Se puso solamente una bombachita blanca de algodón de hilo, de esas que se le metían entre las nalgas y apenas tapaban su clítoris. Arriba se colocó una playerita ajustada blanca, corta, sin corpiño. La tela era fina y se le transparentaba lo suficiente como para que se notaran claramente sus pezoncitos pequeños y paraditos.
Se miró al espejo. Se veía provocativa, casi descarada. Y eso la excitaba aún más.
“Quiero que me vea así… quiero ver cómo reacciona mamá.”
Bajó a la cocina moviendo las caderas más de lo necesario. Laura estaba preparando algo ligero para cenar. Cuando vio a su hija entrar casi desnuda, se quedó un segundo en silencio, recorriéndola con la mirada.
Lolita se sentó en una de las sillas altas de la isla de la cocina, abriendo un poco las piernas. La bombachita blanca se le marcaba perfectamente, y la playerita dejaba ver la parte baja de sus tetitas y los pezoncitos bien parados contra la tela.
—¿Qué tal, mami? —preguntó con voz inocente, pero con una sonrisita traviesa.
Laura tragó saliva. Era evidente que se había dado cuenta del juego.
—Lolo… Lolita —corrigió—, ¿no tenés un poco de frío vestida así?
—No… estoy bien calentita —respondió ella, cruzando las piernas lentamente para que su mamá viera mejor.
El aire en la cocina se puso denso. Lolita sentía el corazón latiéndole fuerte. La palabra “incesto” le daba vueltas en la cabeza y la ponía increíblemente caliente. Nunca había visto a su mamá como mujer… hasta hoy. Ahora veía sus curvas, sus tetas llenas, su cintura, y se excitaba pensando que esa misma mujer que la había criado le había metido los dedos hacía un rato.
Laura se acercó y le sirvió un plato. Al inclinarse, Lolita pudo ver cómo su mamá también tenía los pezones un poco marcados bajo la remera.
—¿Estás probándome, hija? —preguntó Laura en voz baja, mirándola a los ojos.
Lolita se mordió el labio y asintió despacito.
—Me gustó mucho lo que me hiciste antes… —confesó casi susurrando—. Me encantó que me tocaras. Y vi que a vos tampoco te disgustó…
Laura se quedó callada un momento, respirando más profundo. Después apoyó las manos en la mesa y se inclinó un poco más hacia ella.
—Sos una nena muy caliente últimamente —dijo con voz ronca—. Y sí… me calentó tocarte. Verte tan entregada, tan mojada… No es algo que había pensado antes, pero hoy…
Dejó la frase en el aire.
Lolita sintió una oleada de excitación. Abrió un poco más las piernas y se tocó disimuladamente el borde de la bombachita.
—¿Te gustaría volver a tocarme después de cenar, mami? —preguntó con voz tímida pero cargada de deseo.
Laura sonrió con picardía y le pasó un dedo suavemente por el muslo.
—Comé primero, princesita… Después vemos si mi nena necesita que mamá la mime otra vez.
La tensión sexual entre las dos estaba completamente encendida.
Continuara…


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