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Incestos en Familia, Infidelidad, Intercambios / Trios

Me decidí a seducir a mi padre

Tanto me calentaron las fantasías de mi amiga Ishtar quien siempre deseó a su padre, pero cuando se resolvió a convencerlo, no pudo completar su decisión pues murió su papá repentinamente. Así que, antes de que tuviese yo algo similar de qué arrepentirme….
Ishtar, cuando aún era niña la despertó el ruido parecido al de una pelea donde había gemidos y otros sonidos guturales, incluidos gruñidos. Se arrastró hacia la recámara de sus padres, quienes siempre dormían con la puerta abierta para estar pendientes de sus hijas. Allí, a la luz de la pequeña lámpara del buró, descubrió a sus padres cogiendo desenfrenadamente y le quedó una fijación al ver la trancota de su papá entrando y saliendo, babeante y llena de jugos, de la pucha de la mamá quien le pedía al macho que le diera más rápido. “¡En ese momento, quise ser yo quien estuviera cogiendo con papá, pues eran evidentes la felicidad y el deseo en la cara de mi madre!”, señaló Ishtar en un comentario que hizo en la fantasía que escribió deseando a su padre y que no pudo consumar pues murió su papá.

Le platicaba esto a mi novia Dalita cuando estábamos desnudas, tomando la botella de vino que me dio el padre Chema el día anterior. Pedro llevó a su esposa Dalita antes de las ocho, cuando recogió a mi marido en mi casa para irse a trabajar. Al irse nuestros hombres, Dalita y yo nos desnudamos mutuamente y, después de unos cuantos besos y caricias, nos acomodamos en 69 para compartir las ordeñas nocturnas y la del mañanero que hicimos a nuestros maridos.

–Te voy a contar algo que me ha estado dando vueltas en la cabeza –le dije cuando ya estábamos tranquilas y le comencé a hablar de Ishtar.

–Pobre de tu amiga, se quedó con la caldera hirviendo… –dijo, jalándome el clítoris y ofreciéndome vino de su vaso.

–El caso es que cuando leí me mojé y pensé en que me hubiera gustado, pero, además de recordar que las caricias de mi papá me dejaban muy feliz, sentía que el amor de los hombres, en sus besos y caricias era bonito –le dije entrecerrando los ojos y me serví más vino–. Al leer su fantasía, sí me hubiera gustado haber tenido alguna. He querido imaginarlo, pero se me cierra mi imaginación para ello, como si tuviese un muro en mi pensamiento, en cambio, me siento caliente cuando leo algo similar. Creo que estoy loca y bloqueada para imaginar algo propio.

–¿No te cogieron de niña, tu papá o tus hermanos?–me preguntó con duda, como si coger siendo infante fuera muy normal-

–Sólo tuve toqueteos con mis primos, y me gustaba mucho, pero nunca se me ocurrió hacerle algo así a mi papá –señalé–. Nunca he cogido con ninguno de mis hermanos, pero me acordé que una vez, yo tenía 17 o 18 años, y mi hermano mayor como 25, ya no era yo virgen pues mi novio me cogía dos o tres veces por semana y me estaba volviendo una viciosa de su verga. Creo que fue en una Navidad o Año Nuevo, uno de mis hermanos se quedó durmiendo, borracho, en el sofá de la sala. En la madrugada, yo salí al baño y lo vi con la bragueta abierta. Le metí la mano para sacarle la tripa y aunque estaba flácido, se me antojo y me puse a mamar. Se le paró muy rico, salía la babita del presemen y yo me pajeé allí mismo. Terminé, fui al baño y luego a mi cuarto. Miré a mi hermano quien seguía con la verga colgando…

–Obviamente te gustó el incesto –dijo Dalita y a mí me sonó como un gran pecado–. Tita ya me lo había señalado como incesto, incluso tildó de lo mismo a las peticiones que les hago a Ramón, mi marido, y a Bernabé, mi amante: “También cuando les pides a tus amores ‘¡Cógeme, papacito!’ es a tu padre a quien quisieras estar diciéndoselo –le conté a mi novia Dalita quien me miraba tiernamente.

–¿De verdad piensas en tu papá cuando les dices eso? –me preguntó enjugando con su lengua una lágrima que se me había escapado.

–Ishtar lo quiso desde niña, ¡pero mi caso no es así! ¡Te lo juro! –señalé antes de soltar el llanto y seguí hablando–. De uno o dos años para atrás es que he pensado en ello, o quizá lo he deseado, porque siento extraño cuando pienso en sexo con mi papá. Lo de mi hermano sólo fue una calentura por lo que Ramón ya me estaba acostumbrando: mamar verga –justifiqué–. Lo de “Cógeme papacito” lo digo desde antes, pero ahora, después de leer a Ishtar, a veces lo he dicho pensando en que Bernabé es mi papá, sí, y siento hermoso… –confesé–. Con estos relatos de Ishtar me mojo pensando en mi papá. Yo amo a mi papá, pero nunca se me ocurrió que pudiera ser así. He tenido que pensar mucho qué me ocurrió al leerla. Lástima que mi papá sólo se cogía a mi madre y a mí nunca me tocaron caricias como esas. ¡Y yo que vivía tan tranquila…! Por si fuera poco, en mi caso, esos dos penes que me satisfacen, son de personas mayores que yo, Diez años uno y veinte otro –concluí rotundamente con una verdad–. ¡Claro que quiero que mi papá me coja!

–¿De verdad, tu papá nunca te acarició como mujer, aunque fueras niña? –me preguntó Dalita muy extrañada.

–¡Ay, Dios! No sé, no sé… Sí, quiero mucho a papá, pero hasta ahora que lo pienso, ¿sus besos en mis piernas y en mi ombligo serían por algo así? ¡Nunca me fijé en su pene cuando me hacía eso! –señalé, aunque me forzaba a tratar de recordarlo–. Yo era niña, desde los 5 años me acuerdo. Me gustaba, pero no recuerdo si me acariciaba el tamalito, pero sí me agarraba las nalguitas. Yo mayorcita, sí me acariciaba el pecho cuando me abrazaba por atrás para besarme el cuello, pero no recuerdo si me restregaba su bulto en las nalgas. Tampoco recuerdo si mi mamá lo veía. ¿Tú sí recuerdas algo parecido en tu caso? –le pregunté a Dalita ante su impasibilidad y falta de asombro.

–Pues sí me acuerdo de algunas cosas, pero también sé que otras las debí inventar por mis deseos –dijo Dalita después de servirse más vino–. Tanto mis hermanos como algunos vecinos de su edad nos metían mano a mí y a mis hermanas desde los cuatro años hasta los dieciséis, pero en algunos casos ya no eran sólo masajes… Mi papá sí me manoseaba cuando andaba algo pasado de copas y i mamá se reía porque también andaba igual o mariguana. Pero eso lo veíamos normal.

–Entonces, ¿tu mamá sabía que te cogían…? –pregunté asombrada.

–Yo creo que sí, pero se hacía de la vista gorda. Aunque nos aconsejaba que nos portáramos bien, para no ser como mi tía y algunas vecinas que cayeron en la prostitución –explicó Dalita.

–Pues sé que yo soy muy puta, pero no les cobro porque soy muy caliente. Lo que me está moviendo el piso ahora es que me gustaría tirarme a mi papá, pero sin que mi mamá se entere. No te extrañe que un día me lo tire. Lo he estado calentando a fuego lento… Pero él debe ser quien me lo pida o, simplemente me coja. No se lo pediría yo, pero sé que mis tetas y mis nalgas ya no le son indiferentes.

–¿Cómo lo sabes? –me preguntó mi novia.

–Una noche que me quedé a dormir en casa de mis papás, me había tirado a mis amantes previamente y no me bañé cuando terminé de atenderlos. Mi papá, desde que me saludó se puso arrecho y se le paró la verga. Yo le di dos apretoncitos “descuidadamente”. Más noche, cuando me acosté ellos fueron a ver si se me ofrecía algo. “Ahorita voy por agua”, dije y mi mamá dijo que ella me traería un vaso. Cuando mi mamá salió, mi papá preguntó “¿Quieres algo más?” y le contesté “Lo que me da Ramón para dormir…” y me tallé la panocha por encima del piyama.

–Ahí estaba el momento apropiado par que tu papá actuara, si es que tenía ganas… –señaló Dalita.

–Sí, mi papá iba a intervenir, pues se acercó a mí tomando la mano y me la cambió de lugar, la llevaba hacia su montezote, pero en eso llegó mi mamá con el vaso de agua…

–Me hice una paja pensando en mi papá cuando escuché cómo hacían el amor. Mi mamá le preguntó “¿Qué te pasa?, ¡Ya nos vinimos y sigues con ganas!” Yo me masturbé escuchando decirle a mi mamá “Es que cada día estás más buena”, mientras la cama rechinaba. ¿Será que él estaba imaginando otra cosa…? ¿Acaso la misma que yo?

–Seguro que sí quiere cogerte, pero debes darle oportunidad sin que haya problemas –me aconsejó

–Desde esa noche, cuando lo abrazo me aprieta más fuerte, ¿o seré yo quien lo hace para que sienta mi pecho? Son más frecuentes los roces entre nosotros. ¿Soy yo?, ¿es él? o ¿ambos los buscamos? El caso es que ahora ya le acaricio la verga sobre la ropa y él me soba las piernas bajo la falda. Son raros los momentos en que podemos, porque mi mamá siempre está cerca.

Pasó el tiempo y no he logrado la oportunidad, pero Dalita sí se quedó en esa onda y me confesó que la semana pasada fue a ver a sus padres a la casa de éstos. Llegó cuando ellos estaban desayunando la birria que compraron para celebrar el cumpleaños del papá.

–¿Quieres que te sirva, Dalita? –preguntó su madre.

–Sí, pero yo no quiero cerveza, mejor jaiboles, así, en plural, para alcanzarlos –dijo y se sirvió un trago con bastante alcohol.

Más tarde, cuando la comida estaba haciendo la digestión, y la bebida alterando la razón, Dalita les soltó a sus padres una pregunta, para ella muy importante.

–Quiero saber si fue mi papá quien me desvirgó. ¡Contéstenme, por favor! –exigió Dalita ya muy borracha.

–Creo que sí fue él, pues diste un grito esa vez y ya no quisiste que solamente te resbalara el pene en la rajita como tu papá acostumbraba cuando te venías a dormir con nosotros –explicó con seriedad su madre, mientras forjaba un cigarro de mariguana.

–Sí me gustaba cómo nos hacía mi papá, hasta peleábamos mis hermanas y yo por dormir con ustedes por eso, sobre todo cuando mi papá y tú estaban borrachos, pues no le impedías que nos manoseara y chupara todo –dijo Dalita, metiendo la mano dentro del pantalón de su padre, quien sólo aflojó el cinturón y abrió el pantalón para que Dalita maniobrara con libertad.

–Sácasela para que la chupemos entre las dos –le pidió su mamá ofreciéndole el canuto después de darle una profunda aspirada.

–Desde que te fuiste con Pedro, ya no me la mamabas –le reclamó el padre–. ¿Ya no te coge bien tu marido?

–Me coge riquísimo, pero ahora se me antojó el tuyo para que me aceite por dentro –dijo Dalita y le dio una fumada más al cigarro, antes de regresárselo a su mamá, para bajarse los calzones y quitarse la ropa.

El padre se fue de boca hacia las chiches y ella se sentó en la verga inhiesta del padre para cabalgarlo con furor.

–Ahora sí, me consta que ya te la metió, m’hija –decía la mamá entre carcajadas.

Al concluir, le dejó el lugar a su mamá pues aún estaba turgente el marido, quien prefirió cogérsela de perrito.

–¿Ya has probado la lefa en una concha bien venida? –le preguntó Dalita a su mamá, acercándole la panocha hacia la boca.

La madre, al oler la mezcla de amor, aceptó probar, pero le gustó tanto que le provocó otros orgasmos más a su hija y le llenó la boca de flujo, el cual tragó con deleite.

Continuaron cogiendo, como pudieron, pues terminaron borrachos y mariguanos haciendo un trío.

Al día siguiente, a era viernes, y Pedro dejó otra vez a Dalita en la casa. Mi novia me contó todo lo que hizo con sus padres, quienes ya se habían divertido con los hijos desde que eran niños pues así lo acostumbraban en ese medio donde vivieron. En mi caso, los principios familiares eran diferentes y eso no se acostumbraba. Sí, quería coger con mi papá, peo estaba segura que mi mamá lo desaprobaría.

Los machos nos advirtieron que ellos llegarían más tarde… nos tocó la calentura de ambos, juntos y alegres por el alcohol.

7 Lecturas/30 abril, 2026/0 Comentarios/por Mar1803
Etiquetas: cumpleaños, hermanos, incesto, mayor, mayores, navidad, primos, sexo
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