Mi hija de 11 se muestra en cámara (Primera Parte)
Por pura casualidad (o no tanto) descubro qué hace mi hija cuando va a la casa de su amiga Martina a hacer la tarea. .
Por razones obvias, vamos a cambiar los nombres y la ubicación de donde sucede esto… que sí, sucedió y hasta el día de hoy continúa.
Soy Marcos, tengo 38 años. Estoy casado con Dolores que tiene unos tres años menos que yo. Entre ambos tuvimos dos hijas: Caro, que en el momento donde esto arranca ella contaba con 11 años, cerca de cumplir los 12; y Flor que tenía 9.
Vivimos en una casa un poco a las afuera de una ciudad grande, en auto son unos 30/40 minutos por autopista. Lugar campestre, tranquilo, lo suficientemente lejos para huir de la locura de la ciudad, pero lo necesariamente cerca para no estar tan aislados del mundo.
Dolo es arquitecta y trabaja en su propio estudio que está en la Ciudad, tiene algunos empleados y suele licitar para importantes obras; lo que le absorbe una buena parte de su tiempo. Yo, por mi parte, trabajo desde casa. Desde la pandemia que lo hago y para mí es una bendición. Soy programador senior, así que en realidad no necesito moverme mucho del frente de mi computadora, trabajo para empresas del exterior y me pagan por proyecto terminado, por lo que no requiero cumplir horarios. Es parte de esa gran mentira del trabajo en casa donde te da ciertas libertades, pero donde por la diferencia horaria muchas veces me vi de madrugada buscando el error en una línea de código que arruinaba todo.
En fin, tenemos una buena vida, eso no quiere decir que no haya problemas, estrés, alguna que otra discusión; más cuando soy un hombre que está casi todo el día en la casa y debo lidiar con una adolescente y una pre adolescente.
Pero basta de presentaciones y vamos a lo que nos importa. El sexo en mi matrimonio no es ni bueno ni malo, ni mucho ni poco. Es normal, con el desgaste típico de una pareja que trabaja todo el día, con horarios distintos y con más de 15 años entre noviazgo y matrimonio. Y debo confesar algo: siempre fui medio pajero. Me encanta el porno desde que era adolescente y le robaba algunas revistas a mi padre.
Y la confesión más fuerte, me fascinan las “lolis”, no niñas. No me gusta ver nada forzado, sino que mi debilidad son las adolescentes y justo a partir de la edad de mi Caro y hasta los 14/15 años. Sobre todo, cuando hacen esos videos frente a las cámaras, mostrando su cuerpo o masturbándose. Ni hablar si consigo un video de ellas teniendo sexo consentido.
En eso estaba, bajando videos para mi colección personal que vengo juntando desde hacía varios años. Todo muy rutinario en ese sentido hasta que, un día, consigo un grupo de Telegram donde pasaban datos sobre “vivos” en redes sociales. Me hice varias cuentas falsas, sólo para ver. La mayoría no eran muy interesantes, pero de vez en cuando encontraba alguna que otra joya que, mediante una app de mi teléfono, terminaba grabando y guardando en la memoria. Así fui coleccionando muchos videos de adolescentes desnudándose, tocándose y hasta en algunos casos teniendo sexo.
Una tarde estaba solo en casa. Dolores trabajaba, Caro estaba en lo de una amiga y Flor en lo de los abuelos. Hice una pausa en mi trabajo para prepararme algo para comer y entré al grupo de telegrama donde por esas casualidades de la vida pasaron un link de un vivo que se estaba desarrollando en ese momento. Entré con una de las cuentas falsas y lo que vi me dejó helado.
Era una adolescente de la edad de Caro, tenía puesta la falda de la escuela y desnuda del torso hacia arriba mientras hablaba a la cámara respondiendo los mensajes de la gente que la estaba viendo. Pero lo que me dejó en shock fue la identidad de esa adolescente: Era Martina, la mejor amiga de Caro, compañera de la escuela desde que iban al jardín de infantes. Esa chica yo la conocía desde los cuatro años, aproximadamente. Estuvo infinidad de veces en mi casa haciendo la tarea, quedándose a comer y a dormir. Era inseparable de Caro, todavía lo son.
Así que ahí estaba Martina, mostrando sus tetitas que apenas sobresalían como un botón de su pecho blanco. Se tocaba los pezones, los pellizcaba y se reía. Los comentarios en general le pedían que se quitara la falda, que mostrara el resto del cuerpo, pero ella pedía algo a cambio.
En esa aplicación uno compraba “monedas” a cambio de dinero real para regalar en los vivos, así que el desafío de Martina era llegar a cierta cantidad de monedas y se sacaba una prenda. Yo siempre miraba, pero nunca participaba ni compraba monedas. En ese momento lo pensé, estuve a punto de hacerlo, hasta que algo se vino a mi mente y que no había notado: Caro se suponía que estaba en lo de Martina haciendo la tarea de la escuela.
Me subió un calor por todo el cuerpo, comencé a transpirar. ¿Mi carito también haría esas cosas? Nosotros le damos mucha libertad, tiene un teléfono de alta gama que se lo regalamos para su cumpleaños como premio por las buenas notas en la escuela. Siempre me contaba que tenía una muy buena cámara. Me entró la duda.
Agarre mi móvil y le mande un mensaje, inocente, preguntando si estaba bien y a qué hora quería que la fuera a buscar. Mientras, miraba el vivo, a los pocos minutos, Martina apaga el micrófono y veo que mira para un costado, como hablando con alguien. Evidentemente mi hija estaba allí, al costado, por más que no saliera en cámara. Recibo el mensaje de vuelta “Hola papi, estoy en lo de Martu haciendo la tarea, en una hora me podés pasar a buscar”.
Haciendo la tarea, sí, seguro.
Un morbo se apoderó de mi cuerpo. Siempre me gustaron las adolescentes, pero juro por mi vida que nunca vi a mis dos hijas de otra forma que no sea como hijas. De repente, saber que está al lado de su amiga que se está desnudando por unas monedas en su habitación, hizo que inmediatamente tuviera una erección como hace mucho.
Seguí viendo el vivo, Martina había recibido unas monedas más y llegó el momento de sacarse la falda primero, mostrando una tanga blanca diminuta. Ella jugaba frente a la cámara, amagaba que se la iba a sacar. El lenguaje era muy excitante. Una mezcla de niña inocente y de perra sexual frente a una manada de lobos hambrientos.
Alguien depositó una suma bastante alta de monedas a cambio de que se sacara la tanga, abriera las piernas y se masturbara en cámara. Ella abrió los ojos sorprendida, se alegró mucho y exclamó al aire “¡Mirá lo que me dieron! Era evidente que hablaba con mi hija que estaba allí, al costado, mirándola.
Martina se sacó la bombacha, mostro su vulva y su culo. ¡Por todos los santos, lo que era ese culo! Perfecto, redondo, un poema. Se agacho y con sus dos manos lo abrió. Se pudo ver su ano rosado y su vagina sin pelos. Hubiera dado lo que sea por poner mi cara en ese lugar y comerlo completo. Martina, la nena de coletas que venía a comer a casa y que hasta llevamos de vacaciones alguna vez, estaba allí, con el culo abierto y con un dedo jugando en la entrada de su ano.
A los pocos segundos estaba sobre su cama, con las piernas abiertas y frotándose cada vez más rápido su vagina. Se notaban los jugos que le salían, estaba realmente caliente y comenzó a gemir. Recien en ese momento me di cuenta que no estaba grabando, así que rápidamente abrí la app de grabación y registré los últimos momentos del vivo. Su orgasmo llego con un grito ahogado, cerrando los ojos y abriendo mucho su boca. Mi orgasmo llegó en ese momento porque hacía de unos minutos que yo ya estaba con mi verga en la mano sacudiéndola con todas mis fuerzas. El chorro de semen que salió manchó hasta el piso. Creo que desde que tenía 20 años no acababa como en ese momento.
Cuando reaccioné, Martina estaba con sus dedos en la boca saboreando sus propios jugos. Estaba a punto de terminar el vivo hasta que, en un momento dijo: “por cien monedas más, les doy una sorpresa ahora mismo”.
Quienes estaban allí, seguramente extasiados por lo que acababan de ver, inmediatamente comenzaron a transferirle monedas. Terminó juntando más de doscientas.
¿La sorpresa?
Martina se metió los dedos en la vagina que chorreaba sus jugos y estiró la mano hacia su derecha. Al costado de la pantalla apreció el perfil de otra chica, de su edad, que abrió la boca y recibió los dedos chupándolos. Luego Martina se inclina y le da un terrible beso de lengua a esa otra chica.
Era Caro. Mi Caro. Mi nena acababa de comerse los jugos de su mejor amiga de la infancia y se habían besado como estrellas porno.
Quedé estupefacto. Mi pene volvió a ponerse como una roca. ¿Me estaba calentando con mi hija? Si, me estaba calentando con mi hija, y en unos minutos tendría que ir a la casa de Martina a buscarla, hacerme el tonto y preguntarle cómo le fue haciendo la tarea. Todo esto sabiendo lo que acababa de pasar.
Volví a prestar atención a la pantalla justo cuando Martina avisó que en su perfil de la app, diría cuándo haría el próximo vivo anticipando que, si había una buena recompensa, harían “cosas” con su amiga del lado. Mi caro.
Terminó el vivo. Quedé varios minutos sentado frente al teléfono, en shock y la pija todavía dura.
En ese momento recibo un mensaje: “Papi, ya terminamos, ¿me podés pasar a buscar?”
Continuará…

Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!