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Incestos en Familia, Lesbiana, Sexo con Madur@s

Miranda y su cornudito 13 – La infancia pervertida de Miranda

Miranda le cuenta a su hija y sus amiguitas sus experiencias lesbicas cuando era apenas una preadolecente de 11 años. .
—Les voy a contar otra historia, pero esta fue cuando éramos todavía más chicas… teníamos apenas 11 y 12 años. Éramos seis: Matilda, Coti, Ciara, Leti, Tati y yo. Fue en la casa de Matilda, un sábado por la noche. Sus papás habían salido y nos dejaron solas. Esa noche la cosa se puso muy caliente muy rápido.
Estábamos todas en la habitación de Matilda, en el piso, con las luces bajas. Empezamos besándonos con lengua, después nos quitamos las pijamas y nos quedamos completamente desnudas. Éramos solo unas nenitas curiosas. Nos chupábamos las tetitas pequeñas, nos metíamos los deditos en el coño, nos lamíamos el ano… era una orgía lesbiana de nenas. Yo estaba de cuatro mientras Leti me lamía el culito y Coti me chupaba el coño. Matilda estaba sentada en la cara de Ciara, moviéndose y gimiendo bajito. Tati besaba a todas y nos tocaba por todos lados. El cuarto olía a coños de nenas y a sudor infantil. Nos reíamos y gemíamos al mismo tiempo, muy excitadas.
De repente, la puerta se abrió.
Era la mamá de Matilda.
Se llamaba Verónica y tenía 32 años. Era una mujer muy curvilínea, con unas tetas ENORMES, enormes de verdad. Había parido hacía apenas un año y todavía estaba lactando, así que sus pechos estaban hinchados, pesados y llenos de leche. Se le marcaban las venas y se le transparentaban un poco los pezones oscuros a través de la remera fina que llevaba puesta.
Verónica se quedó paralizada en la puerta mirando la escena: seis nenitas de 11 y 12 años completamente desnudas, lamiéndose coños y culos, besándose con lengua, metiéndose los dedos unas a otras. El olor a sexo infantil llenaba la habitación.
Todas nos congelamos. Algunas soltaron un gritito de miedo. Pensamos que nos iba a gritar, que nos iba a retar fuerte o que iba a llamar a nuestras mamás.
Pero Verónica no gritó.
Se quedó mirando un buen rato, con la boca entreabierta y la respiración cada vez más agitada. Sus tetas enormes subían y bajaban rápido. Se mordió el labio inferior y sus pezones se pusieron duros debajo de la remera; incluso se le empezó a mojar un poco la tela porque estaba produciendo leche.
Entonces cerró la puerta despacio, echó llave y dijo con voz ronca y baja:
—…Pero qué putitas son todas ustedes…
Se acercó lentamente al círculo. Nosotras seguíamos desnudas y asustadas, tapándonos como podíamos.
Verónica se sacó la remera por la cabeza. Sus tetas gigantes y lecheras saltaron libres, pesadas, llenas de leche, con los pezones grandes y oscuros ya goteando unas gotitas blancas.
—Miren lo que me hicieron… —susurró—. Me excitaron tanto que me empezó a bajar la leche.
Se arrodilló en el medio de nosotras y nos miró una por una.
—Si van a jugar a ser grandes… entonces van a aprender con una mamá de verdad.
Primero nos hizo acercarnos a todas a sus tetas. Nos ordenó que le chupáramos la leche. Matilda fue la primera: se prendió de un pezón y empezó a mamar fuerte mientras su mamá gemía. Después nos turnamos todas. Yo chupé la otra teta y sentí la leche tibia y dulce llenándome la boca. Nosotras seis mamando de las tetas enormes y lecheras de Verónica mientras ella nos acariciaba la cabeza y nos decía cosas sucias:
—Así, mis nenitas… mamen bien las tetas de la tía… saquen toda la leche…
Después la orgía se volvió mucho más intensa. Verónica se acostó en el piso y nos hizo lamerle el coño y el ano mientras ella seguía dándonos de mamar. Nos sentaba una por una en su cara para que nos comiera el coñito y el culito. Nos besaba con lengua profunda, mezclando su saliva con el sabor de nuestra propia leche. Nos metía los dedos, nos chupaba los pezones pequeños y nos hacía corrernos una tras otra.
Esa noche Verónica se corrió varias veces mientras seis bocas de nenitas la lamían por todos lados. Al final nos abrazó a todas, sudada, con las tetas todavía goteando leche, y nos dijo que podíamos volver a jugar con ella cuando quisiéramos, siempre y cuando fuera nuestro secreto.
Miranda terminó de contar la historia y miró a las cinco chicas con una sonrisa suave pero llena de intención.
—Como ven… a veces las mamás se enojan al principio, pero después se excitan tanto que terminan uniéndose. Y cuando una mamá con tetas grandes y llenas de leche se une… todo se pone mucho más rico y más intenso.
Las amiguitas de Juana estaban mudas. Sus caritas estaban rojas, los ojos muy abiertos y respiraban agitadas. La idea de una mamá lactando uniéndose a una orgía de nenas las había dejado completamente impactadas.

Miranda sonrió con una mezcla de ternura y picardía, viendo cómo las cinco chicas estaban cada vez más atentas y coloradas. Bajó un poco más la voz, como si estuviera revelando el secreto más grande de su infancia.
—Esa misma noche con Verónica, la mamá de Matilda, la cosa no terminó ahí… pasó algo todavía más fuerte.
Estábamos todas desnudas en el sótano, lamiendo y chupando las tetas enormes y lecheras de Verónica. Ella gemía fuerte mientras nosotras seis mamábamos de sus pezones, tragando su leche tibia y dulce. Yo tenía un pezón en la boca, Matilda chupaba el otro, y Leti y Coti le lamían el coño y el ano al mismo tiempo. El sótano estaba lleno de ruidos: gemidos, sonidos de lenguas chupando, el chapoteo de los dedos en coños mojados y el olor fuerte a leche, sudor y sexo de nenas.
De repente, se escucharon pasitos suaves en la escalera del sótano.
Eran las dos hermanitas más chicas de Matilda: Cati, de 9 años, y Lali, de apenas 7 años. Habían escuchado los ruidos raros desde su habitación (gemidos, risas ahogadas, sonidos húmedos) y bajaron con curiosidad, todavía en sus pijamitas cortas de dibujitos.
Cuando abrieron un poquito la puerta y vieron la escena, se quedaron paralizadas: su mamá completamente desnuda con las tetas gigantes goteando leche, y seis nenas de 11 y 12 años desnudas lamiéndola y tocándose entre ellas.
Verónica levantó la vista, todavía con la respiración agitada, y en vez de enojarse o taparse… sonrió con una expresión muy caliente.
—Mis bebés… ¿qué hacen despiertas? —dijo con voz ronca y dulce al mismo tiempo—. ¿Escucharon ruidos y vinieron a ver?
Cati y Lali asintieron con la cabeza, con los ojitos muy abiertos y las caritas rojas. No entendían del todo qué estaba pasando, pero veían que su mamá y las chicas grandes estaban desnudas y se tocaban de una forma que nunca habían visto.
Verónica extendió los brazos y les habló con voz suave pero firme:
—Vengan, mis amorcitos… no se asusten. Mamá y las chicas grandes estamos jugando un juego muy rico. ¿Quieren unirse? Pueden mamar de las tetitas de mamá como cuando eran bebés… ahora están llenitas de leche rica.
Las dos hermanitas dudaron unos segundos, pero la curiosidad y el olor dulce de la leche las atrajeron. Se acercaron despacito.
Verónica se sentó mejor en el piso y sacó sus tetas enormes hacia adelante. Cati fue la primera en acercarse y prenderse de un pezón. Empezó a mamar con fuerza, tragando la leche tibia mientras Verónica gemía de placer. Lali se prendió del otro pezón, mamando más despacito y curiosa.
Mientras las dos hermanitas mamaban, Verónica miró a nosotras seis y nos dijo:
—Continúen, putitas… no se detengan. Laman a mamá mientras mis bebés toman su leche.
La orgía se volvió todavía más intensa y prohibida. Nosotras seguíamos lamiendo el coño y el ano de Verónica, besándonos entre nosotras, mientras Cati y Lali mamaban de sus tetas lecheras. En un momento Verónica les bajó las pijamitas a las dos hermanitas y las dejó desnuditas. Les acariciaba el culito y el coñito mientras ellas mamaban.
Después Verónica invitó a las más grandes a participar: nos hizo besar a Cati y Lali con lengua suave, nos hizo chuparles sus tetitas planas y sus coñitos pequeñitos. Yo misma besé a Lali en la boca mientras le metía un dedito despacito en su culito virgen. Las dos hermanitas gemían confundidas pero excitadas, sin entender del todo pero sintiendo placer por primera vez.
Esa noche Verónica dirigió todo: nos hizo formar una cadena donde las seis grandes lamíamos a las pequeñas y viceversa. Cati y Lali terminaron durmiendo abrazadas a su mamá, con la cara manchada de leche y saliva, mientras nosotras seguíamos tocándonos alrededor.
Al final, Verónica nos abrazó a todas y nos dijo que ese era nuestro secreto más grande y que podíamos repetir cuando quisiéramos.
Miranda terminó de contar la historia y miró a las cinco chicas con una sonrisa dulce pero cargada de morbo.
—Como ven… a veces hasta las hermanitas más chicas terminan uniéndose cuando escuchan los ruidos. Y cuando una mamá lactando se excita tanto… todo se vuelve mucho más rico y prohibido.
Las amiguitas de Juana estaban completamente mudas. Sus caritas estaban rojas como tomates, respiraban rápido y se removían incómodas en el piso. La idea de dos nenas tan pequeñas uniéndose a una orgía con su propia mamá y sus amigas les había provocado una mezcla de shock, vergüenza y una excitación que no sabían cómo manejar.
Sofía tragó saliva y preguntó bajito:
— ¿Y… las hermanitas más chicas… también se dejaban lamer y todo?
Miranda sonrió con ternura y asintió.
—Claro que sí, mi amor. Poco a poco se fueron animando. Era solo juego y cariño entre chicas de la familia y sus amigas.
Las chicas se miraron entre sí, nerviosas y muy calientes, sin saber qué decir.

Miranda terminó de contar la historia y se quedó mirando a las cinco chicas con una sonrisa tranquila. El silencio duró solo unos segundos antes de que las preguntas empezaran a salir, casi sin control.
Sofía fue la primera, con los ojos muy abiertos y la voz llena de curiosidad:
— ¿Y las hermanitas… Cati y Lali… de verdad se dejaron lamer? ¿No les dio miedo o asco?
Miranda asintió con calma.
—Al principio sí les dio un poco de vergüenza y miedo, sobre todo a Lali que era más chiquita. Pero su mamá las calmaba, les decía que era un juego rico entre chicas de la familia y que mamá estaba ahí para cuidarlas. Poco a poco se fueron relajando. Cati fue la que más rápido se animó.
Lucía, con la cara roja, preguntó bajito:
— ¿Y… qué les hacían exactamente a las dos hermanitas? ¿Les metían la lengua en el culito también?
Miranda sonrió con ternura.
—Claro que sí. Primero solo besitos suaves en la boca y en las tetitas planas. Después les lamíamos el coñito y el ano muy despacito, con mucha suavidad. Verónica nos decía que teníamos que ser cuidadosas porque eran muy chiquitas. Recuerdo que yo misma le metí la lengua en el culito a Lali mientras su mamá le daba de mamar. Lali gemía bajito y se agarraba de las tetas de su mamá. No entendía del todo lo que sentía, pero le gustaba.
Valentina se removió en su lugar, nerviosa, y preguntó:
— ¿Y ellas… también lamían a las chicas grandes? ¿O solo recibían?
—Las dos terminaron lamiendo —contestó Miranda—. Al principio solo besaban y chupaban las tetas de las grandes. Después Verónica les enseñó a lamer coños. Cati era más atrevida y le lamía el coño a su hermana mayor Matilda mientras yo le lamía el culito a Cati. Lali era más tímida, pero al final también lamió el ano de su mamá y probó el coñito de Leti. Eran lamidas cortitas e inocentes, pero muy calientes.
Martina, con voz temblorosa, preguntó:
— ¿Y la mamá de Matilda no se ponía celosa de que sus hijitas chiquitas lamieran a otras chicas?
Miranda se rio suavemente.
—Al contrario. A Verónica le encantaba ver a sus dos bebés participando. Decía que era hermoso que toda la familia se uniera en el juego. Ella misma ponía a Cati y Lali encima de nosotras para que nos lamiéramos mutuamente. En un momento teníamos una cadena: Lali lamiendo el coño de Cati, Cati lamiendo el de Matilda, Matilda lamiendo el de Verónica, y nosotras lamiendo a todas.
Juana, que hasta ese momento había estado callada, preguntó casi en un susurro:
— ¿Y… después de esa noche… siguieron jugando con las hermanitas?
Miranda asintió con una sonrisa.
—Varias veces más. Cada vez que había pijamada en esa casa, Verónica nos dejaba bajar al sótano y traía a Cati y Lali. Con el tiempo las dos hermanitas se volvieron muy participativas. Cati terminó siendo casi tan atrevida como nosotras, y Lali aprendió a pedir que le lamieran el culito porque le gustaba mucho.
Las cinco chicas se quedaron en silencio, procesando todo. Sus respiraciones estaban agitadas, las caras rojas y se movían incómodas en el piso. La idea de dos nenas tan pequeñas uniéndose a una orgía con su propia mamá y las chicas grandes las había dejado completamente impactadas y excitadas.
Sofía tragó saliva y preguntó una última cosa:
— ¿Y nunca les dolió nada? ¿No lloraron?
Miranda negó con la cabeza.
—Al principio sentían cosas nuevas y extrañas, pero Verónica siempre estaba ahí cuidándolas, besándolas y diciéndoles lo buenas que eran. Nunca las obligó a nada. Ellas mismas pedían más cuando les gustaba.
Miranda miró a todas con cariño y añadió con voz suave:
—Como ven… a veces las cosas más prohibidas terminan siendo las más ricas y las que más unen a las chicas.
Las amiguitas se miraron entre sí, nerviosas, calientes y sin saber muy bien qué decir ahora.

Miranda sonrió con una expresión aún más traviesa y bajó un poco más la voz, como si estuviera contando el secreto más prohibido de su infancia.
—Esa no fue la única vez… A la semana siguiente, la mamá de Matilda me llamó por teléfono y me invitó a mí sola a su casa. Me dijo: “Vení esta noche, pero vení solita. Vamos a hacer una orgía solo con la familia y una amiga especial”. Yo estaba nerviosa pero muy excitada, así que fui.
Cuando llegué, ya estaban todas esperándome en el sótano: Matilda, sus dos hermanitas Cati y Lali, y Verónica, la mamá. Las tres estaban completamente desnudas. Cati y Lali ya mamaban de las tetas lecheras de su mamá mientras Matilda les lamía el coñito a las dos por turnos.
Verónica me recibió con una sonrisa caliente y me dijo:
—Esta noche es solo para nosotras, las de la familia… y vos, que ya sos como de la familia.
Me desnudaron entre todas y empezamos otra vez. Yo lamía el culito de Lali mientras Cati me chupaba el coño. Matilda se sentaba en la cara de su mamá y Verónica le metía la lengua bien profundo. Era una orgía familiar bien cerrada: mamá, hijas y yo.
Pero lo más fuerte vino después.
Verónica nos contó que les había hablado a sus dos hermanas mayores —las tías de Matilda— sobre lo que hacíamos. Se llamaban Marta y Carlota. Eran dos señoras de más de 50 años, gordas, robustas, con cuerpos grandes y pesados, pero con unas tetas ENORMES, mucho más grandes que las de Verónica. Tetazas caídas pero llenas, con pezones oscuros y gruesos.
Esa misma noche, un rato después, tocaron la puerta del sótano.
Eran Marta y Carlota.
Las dos entraron sonriendo, ya sabían perfectamente lo que iba a pasar. Se desnudaron despacio. Cuando se sacaron las blusas, sus tetas gigantes cayeron pesadas, moviéndose de un lado a otro. Eran tetas maduras, blandas, con estrías y venas marcadas, pero enormes y muy atractivas. Se sentaron en el sillón grande y Verónica les dijo a las nenas:
—Vengan, mis bebés… saluden a sus tías como se debe.
Cati y Lali se acercaron primero y se prendieron de las tetas de sus tías. Marta y Carlota gemían de placer mientras las dos nenas mamaban. Después nos invitaron a todas.
Yo terminé entre las tetas de Marta. Eran tan grandes que casi me tapaban la cara. Le chupaba los pezones mientras ella me metía dos dedos gordos en el coño y me decía:
—Qué rica sos, nenita… chupá bien las tetas de la tía Marta.
Carlota era más bruta y dominante. Agarraba a Matilda del pelo y le metía la cara entre sus tetas mientras le decía cosas sucias:
—Lameme todo, sobrina puta… meté la lengua en el culo de tu tía.
Esa noche se armó una orgía todavía más grande y prohibida: Verónica, sus dos hermanas tetonas y gordas, Matilda, Cati, Lali y yo. Las tres mujeres maduras nos usaban a las más chicas como juguetes. Nos sentaban en sus caras, nos hacían lamer sus coños y anos grandes y peludos, nos daban de mamar de sus tetazas mientras nos metían los dedos. En un momento las tres tías se pusieron en fila de cuatro y nosotras seis les lamíamos el culo una por una, como en una cadena.
Marta y Carlota se corrían muy fuerte y gritaban groserías mientras nosotras les chupábamos todo. Verónica miraba orgullosa cómo sus hermanas usaban a sus hijas y a mí.
Al final nos quedamos todas abrazadas, sudadas, con olor a leche, coños y culos, besándonos entre grandes y chicas.
Miranda terminó de contar la historia y miró a las cinco chicas con ojos brillantes.
—Así que ya ven… no solo la mamá se unía. A veces también venían las tías, señoras grandes, gordas y tetonas de más de 50 años. Y todo se volvía mucho más intenso y rico. Las familias a veces tienen estos secretitos especiales entre mujeres.
Las amiguitas de Juana estaban completamente mudas. Sus caritas rojas, las respiraciones agitadas y las piernitas apretadas. La imagen de dos señoras mayores, gordas y con tetas enormes uniéndose a una orgía con nenas tan chicas las había dejado sin palabras.
Sofía tragó saliva y preguntó con voz temblorosa:
— ¿Y las tías… también les lamían el culito a las hermanitas chiquitas?
Miranda sonrió con dulzura.
—Claro que sí, mi amor. Marta y Carlota adoraban lamerles el culito a Cati y Lali. Decían que les gustaba lo apretadito y rosadito que lo tenían.
Las chicas se miraron entre sí, nerviosas y muy excitadas.

Las chicas seguían sentadas en el círculo, cada vez más nerviosas y calientes. Después de la última historia, Sofía levantó la mano casi sin pensarlo y preguntó con voz temblorosa:
— ¿Y no te asustaste, tía Miranda? O sea… ver a dos señoras tan grandes y gordas, desnudas, con tetas tan enormes… ¿no te dio miedo?
Las demás asintieron con la cabeza, mirándola con mucha curiosidad.
Miranda soltó una risita suave y cariñosa, como si recordara ese momento con cariño.
—Al principio sí, me asusté bastante —confesó con honestidad—. Yo estaba acostumbrada a los cuerpitos de mis amiguitas: delgaditos, suavecitos, tetitas pequeñas, culitos apretados y rosados. De repente ver a Marta y Carlota desnudas fue… impactante. Eran dos mujeres grandes, gordas, robustas, de más de 50 años. Sus tetas eran enormes y colgantes, pesadas, con estrías, venas marcadas y pezones oscuros y gruesos que ya goteaban un poco. Sus panzas eran blandas, sus culos grandes y caídos, y tenían un poco de vello en el pubis. Todo era mucho más grande y maduro que nosotras.
Lucía intervino, casi en un susurro:
— ¿Y qué sentiste cuando las viste así?
—Sentí vergüenza y un poco de miedo —continuó Miranda—. Pensé “¿qué estoy haciendo aquí con estas señoras tan grandes?”. Pero ellas fueron muy listas. Eran mujeres maduras, sabían cómo tratar a nenitas curiosas. No fueron bruscas. Marta me sonrió con ternura y me dijo: “Vení, mi reina, no te asustes. Las tías sabemos cómo cuidar a las nenitas como vos”. Me tomó de la mano y me acercó despacito a sus tetas colgantes. Me las puso en la cara y me dijo que las tocara, que las besara.
Valentina preguntó, roja como un tomate:
— ¿Y te gustó… aunque fueran tan grandes y colgantes?
Miranda asintió con una sonrisa sincera.
—Al principio me costó, pero ellas me supieron llevar muy bien. Me hablaban suave, me acariciaban el pelo, me decían lo linda y rica que era. Me decían que les encantaban las nenitas como yo, que les ponía muy calientes vernos tan chiquitas y suavecitas al lado de sus cuerpos grandes y maduros. Carlota era más dominante, me agarraba la cabeza y me apretaba contra sus tetas mientras me decía: “Chupá, nenita… mamale las tetas a la tía Carlota”. Y Marta era más cariñosa, me besaba despacito y me decía que era su nenita favorita.
Miranda hizo una pausa y miró a las chicas con ojos brillantes.
—Al final me di cuenta de que me gustaba mucho el contraste. Mis amiguitas eran suavecitas y chiquitas… y ellas eran grandes, pesadas, con tetas que me tapaban la cara, culos enormes que podía agarrar con las dos manos y un olor más fuerte, más maduro. Me excitaba que les gustaran tanto las nenitas. Decían cosas como “qué rico culito apretado tenés”, “mirá qué coñito rosadito y chiquito”, y eso me ponía todavía más caliente.
Las cinco chicas se quedaron calladas, respirando agitadas. La idea de Miranda, siendo tan chica, siendo “usada” por dos señoras gordas y tetonas de más de 50 años las había dejado sin palabras.
Sofía tragó saliva y preguntó bajito:
— ¿Y ellas… te lamían mucho el culito?
Miranda sonrió con picardía.
—Muchísimo. Les encantaba. Decían que el culito de las nenitas era lo más rico del mundo.
Las chicas se miraron entre sí, nerviosas y muy excitadas.

Miranda sonrió con una expresión cada vez más perversa y cariñosa al mismo tiempo, viendo cómo las cinco chicas estaban completamente atrapadas en sus historias.
—Esa no fue la única vez que vinieron las tías… —continuó—. A los pocos días, Verónica me llamó otra vez y me dijo: “Vení esta noche, pero preparate porque va a estar más rico todavía”. Cuando llegué al sótano, ya estaban todas allí: Matilda, Cati, Lali, Verónica, Marta y Carlota… pero esta vez no estaban solas.
Las dos tías habían traído a sus propias hijas.
Marta trajo a su hija Camila, que tenía 9 años, más o menos la edad de Cati.
Carlota trajo a su hija Lourdes, que tenía 8 años, un poquito más chica que Lali.
Las dos nenas eran muy parecidas a Cati y Lali: delgaditas, piel blanquita, culitos redonditos y caritas inocentes. Entraron al sótano de la mano de sus mamás, todavía vestidas con sus pijamitas, mirando todo con curiosidad y un poco de miedo.
Verónica sonrió y les dijo a las recién llegadas:
—Bienvenidas, mis amorcitas. Hoy vamos a jugar todas juntas. Las tías trajeron a sus nenitas para que se unan a la familia.
Primero las mamás las desnudaron despacito. Camila y Lourdes se quedaron desnuditas, con sus cuerpitos chiquitos al lado de los cuerpos gordos y tetones de sus mamás. Verónica, Marta y Carlota se sentaron en el sillón grande, con sus tetas enormes colgando, y llamaron a todas las nenas.
La orgía que se armó fue especialmente morbosa.
Las tres mamás tetonas se pusieron en fila, sentadas con las piernas abiertas. Nosotras, las seis nenas (Matilda, Cati, Lali, yo, Camila y Lourdes), nos arrodillamos frente a ellas. Cada mamá tenía dos o tres bocas chiquitas atendiendo sus tetas. Yo mamaba de una teta de Marta mientras Camila mamaba de la otra. Lourdes y Lali estaban prendidas de las tetas de Carlota, y Cati y Matilda de las de Verónica.
Mientras mamábamos, las mamás nos acariciaban la cabeza y nos decían cosas sucias:
—Así, mis nenitas… mamen bien las tetas de mamá y de las tías…
—Miren qué ricas son estas boquitas chiquitas…
—Chupen fuerte, que las tías tenemos mucha leche para darles.
Después las mamás se pusieron en cuatro, una al lado de la otra, con sus culos grandes, gordos y peludos levantados. Nos ordenaron que les lamiéramos todo: coño y ano al mismo tiempo. Seis lengüitas de nenas lamiendo seis agujeros grandes y maduros. El sótano se llenó de ruidos húmedos y gemidos de las tres mujeres.
Lo más morboso fue cuando las mamás decidieron “cruzar” a las nenas. Marta agarró a Lali (la más chiquita) y la sentó en la cara de Carlota para que su hermana le comiera el culito, mientras ella misma le lamía el coñito a Lourdes (su propia sobrina). Verónica puso a Camila (hija de Marta) a lamerle el ano a su mamá mientras Matilda le metía los deditos.
En un momento las tres mamás tetonas se acostaron una al lado de la otra y nos hicieron formar una cadena larga: las nenas más grandes lamiendo a las mamás y las nenas más chiquitas lamiendo a las nenas grandes. Yo estaba lamiendo el coño de Verónica mientras Cati me lamía el culito y Lourdes me chupaba los pezones.
Las mamás se corrían muy fuerte, temblando y apretando nuestras cabecitas contra sus coños y anos. Decían cosas como:
— ¡Qué ricas son mis nenitas putas!
— ¡Laman bien el culo de la tía, cabroncitas!
— Todas mis hijas y sobrinas son unas putitas lamedoras…
Esa noche fue una de las orgías más sucias y familiares que viví: tres mamás gordas y tetonas + seis nenas de entre 8 y 12 años, todas mezcladas, lamiéndose, chupándose tetas, coños y culos sin parar.
Miranda terminó de contar y miró a las cinco chicas con una sonrisa satisfecha.
—Como ven… cuando las familias se sueltan, las orgias se ponen muy, muy morbosas. Mamás grandes con tetas colgantes, nenas chiquitas, sobrinas, hijas… todo mezclado. Era puro placer y cariño prohibido.
Las amiguitas de Juana estaban mudas, con la boca entreabierta, las caras rojas y las piernas apretadas. La imagen de tres señoras tetonas y gordas dirigiendo una orgía con seis nenas tan chicas las había dejado completamente impactadas y excitadas.
Sofía tragó saliva y preguntó bajito:
— ¿Y las nenas más chiquitas… también se corrían?
Miranda sonrió con dulzura.
—Algunas sí, otras solo sentían mucho placer sin entender del todo. Pero todas pedían más.
Miranda soltó una risita suave y miró a las cinco chicas con ojos brillantes, disfrutando de cómo estaban cada vez más atrapadas en sus historias.
—Les voy a contar algo que me gustaba mucho de esas orgías… a las mamás les encantaba hacerles comentarios morbosos a sus propias hijas mientras las usaban. Les decían cosas que contrastaban con cómo eran ellas en la vida cotidiana.
Por ejemplo, mientras Verónica tenía a Matilda sentada en su cara, lamiéndole el coño, le decía con voz ronca:
—Mirá vos, Matilda… en el colegio sos la nena buena, la que saca diez, la que ayuda a la maestra… y ahora estás sentada en la cara de mamá, restregándome tu coñito mojado. ¿Quién iba a decir que mi hijita estudiosa es una lesbianita tan puta?
Matilda gemía avergonzada pero excitada, y Verónica seguía:
—Todas piensan que sos una nenita inocente… y mirá cómo me estás mojando la cara con tu juguito. Sos mi putita secreta.
Lo mismo hacía con Cati y Lali. Mientras las dos hermanitas mamaban de sus tetas lecheras, Verónica les acariciaba el pelo y les decía bajito:
—Cati, mi amor… en casa sos mi nenita obediente que hace la tarea y ayuda a poner la mesa. Y ahora mirá cómo le estás chupando las tetas a mamá como una putita hambrienta. ¿Te gusta ser la lesbianita secreta de mamá?
A Lali, la más chiquita, le decía cosas aún más sucias:
—Lali, mi bebita… en el jardín todos te ven como la nena más tierna y buena. Nadie sabe que te encanta que te laman el culito y que le chupes las tetas a tu mamá. Sos mi nenita buena de día… y mi putita lamedora de noche.
Marta y Carlota hacían lo mismo con sus hijas.
Marta, mientras Camila le chupaba las tetas colgantes, le agarraba la cabeza y le decía:
—Camila, mi reina… en el colegio sos la nena calladita y educada. Tus maestras te quieren tanto… y mirá cómo le estás mamando las tetas a tu mamá como una putita desesperada. Nadie imaginaría que mi hijita buena es una lesbianita tan golosa.
Carlota era aún más grosera con Lourdes. Mientras la nena le lamía el ano gordo y peludo, le decía entre gemidos:
—Lourdes, mi amor… de día sos mi nenita perfecta, la que besa a la abuela y dice “por favor” y “gracias”. Y ahora mirá cómo estás con la lengua metida en el culo de tu mamá. Sos una putita secreta, mi lesbianita de familia.
A nosotras, las que no éramos sus hijas, también nos decían cosas parecidas, pero el morbo era mucho más fuerte cuando se lo decían a sus propias hijas. Les repetían una y otra vez el contraste:
—Nadie sabe lo que hacés en secreto…
—Todos te ven como una nena buena y obediente…
—Solo mamá y las tías sabemos que sos una lesbianita puta y golosa.
Verónica, Marta y Carlota se excitaban muchísimo con eso. Les encantaba degradarlas verbalmente mientras las nenas las lamían, diciéndoles lo inocentes que parecían de día y lo sucias que eran de noche.
Miranda hizo una pausa y miró a las cinco chicas con una sonrisa dulce pero cargada de intención.
—Ese contraste era lo que más las calentaba a las mamás… y también a nosotras. Saber que éramos nenas “buenas” en la vida cotidiana, pero que en secreto éramos unas putitas lésbicas que lamían coños y culos de señoras grandes.
Las amiguitas de Juana estaban completamente rojas y agitadas. La idea de que las mamás les dijeran esas cosas tan sucias a sus propias hijas mientras las usaban las había dejado sin aliento.
Sofía tragó saliva y preguntó con voz temblorosa:
— ¿Y a vos… también te decían cosas así?
Miranda sonrió.
—Claro. Me decían que yo parecía una nenita tan educada y buena… y que nadie imaginaría que me encantaba lamer culos de señoras gordas y tetonas.

—Les voy a contar tres orgías distintas que tuve con Matilda y su familia. Cada una fue más intensa que la anterior.
Primera orgía – La noche de las tías y las hijas (la que les conté antes, pero con más detalle)
—Fue la noche en que Marta y Carlota trajeron a Camila y Lourdes. Las tres mamás se sentaron en el sillón grande con las tetas afuera. Nos pusieron a las seis nenas de rodillas frente a ellas. Yo mamaba de la teta izquierda de Marta mientras Camila mamaba de la derecha. Lourdes y Lali estaban prendidas de las tetas de Carlota, y Cati y Matilda de las de Verónica.
Mientras mamábamos, las mamás nos hablaban sucio:
Marta le decía a su hija Camila:
—Mirá, mi nenita buena del colegio… la que siempre saca diez y ayuda a la maestra. Ahora estás mamando las tetas de mamá como una putita desesperada.
Carlota le decía a Lourdes:
—Mi bebita que besa a la abuela y dice “por favor”… mirá cómo le estás chupando las tetas a tu tía como una lesbianita golosa.
Verónica le decía a Matilda:
—Mi hija perfecta, la que todos admiran… y mirá cómo le estás mojando la cara a mamá con tu coñito.
Después nos hicieron poner en cuatro y nos lamieron los culitos una por una. Las tres mamás tetonas se turnaban para meternos la lengua bien profundo mientras nos decían lo apretaditos y rosados que teníamos los anos. Esa noche me corrí tres veces: una con la lengua de Marta en mi culo, otra con la boca de Verónica en mi coño y la última mientras Cati y Lourdes me chupaban las tetitas al mismo tiempo.
Segunda orgía – La noche de “las nenitas buenas vs las putitas”
—Otra noche, Verónica nos hizo un juego especial. Nos vistió a todas las nenas con nuestros uniformes del colegio (pollerita tableada, camisa blanca, corbatita). Nos dijo que nos portáramos como las nenas buenas que éramos de día. Después nos hizo sentar en el piso en círculo.
Empezó despacito: besos suaves, caricias por encima de la ropa. Pero poco a poco nos fue subiendo las polleritas y bajando las bombachitas. Terminamos todas con el uniforme puesto pero el culo y el coño al aire.
Verónica, Marta y Carlota se sentaron frente a nosotras con las tetas afuera y nos ordenaron que les lamiéramos todo mientras nos decían cosas horriblemente morbosas:
—Miren a estas nenitas tan educadas del colegio… ahora con la lengua metida en el culo de sus tías.
—Matilda, mi hija ejemplar… mirá cómo le estás chupando el ano a tu mamá como una perra.
—Cati y Lali, mis bebitas que todavía juegan con muñecas… y miren cómo les gusta lamer coños.
Esa noche las mamás nos hicieron corrernos sin tocarnos el coño, solo con la lengua en el ano y diciéndonos lo putas que éramos debajo del uniforme. Yo me corrí mientras tenía la lengua de Carlota metida hasta el fondo de mi culito y Marta me apretaba las tetitas por encima de la camisa.
Tercera orgía – La noche más sucia y familiar
—Esta fue la más intensa de todas. Verónica invitó a Marta y Carlota otra vez, pero esta vez trajeron también a una prima de ellas, una señora de 52 años llamada Rosa, todavía más gorda y con tetas aún más grandes y caídas.
Éramos nueve mujeres en total: tres mamás/tías tetonas y seis nenas.
Nos pusieron a todas las nenas en fila de cuatro, una al lado de la otra, con el culo levantado. Las cuatro señoras se turnaban para lamernos el coño y el ano al mismo tiempo. Después nos hicieron formar una cadena enorme: la más chiquita (Lali) lamiendo el culo de Cati, Cati lamiendo el de Camila, Camila lamiendo el de Lourdes, Lourdes lamiendo el de Matilda, Matilda lamiendo el de mí, y yo lamiendo el coño de Verónica. Mientras tanto, las otras dos tías y la prima Rosa nos metían los dedos y nos chupaban las tetitas.
Las mamás no paraban de hablarnos sucio:
—Miren a estas nenitas tan buenas que van a misa los domingos… ahora todas en cadena lamiendo culos como putitas.
—Lali, mi bebita de 7 años… mirá cómo le estás metiendo la lengua en el ano a tu hermana. Nadie en el jardín creería lo puta que sos.
—Miranda, la nenita educada que viene de visita… mirá cómo te gusta que te laman el culito las señoras grandes.
Esa noche me corrí tantas veces que perdí la cuenta. Al final las cuatro señoras se corrieron una encima de la otra mientras nosotras seis les lamíamos todo al mismo tiempo. Terminamos todas abrazadas, sudadas, con olor a leche, coños y culos, besándonos entre grandes y chicas.
Miranda terminó de contar las tres historias y miró a las chicas con una sonrisa suave pero llena de morbo.
—Como ven… cada vez que me invitaban, la cosa se ponía más sucia y más familiar. Las mamás y tías disfrutaban muchísimo el contraste entre las nenas buenas que éramos de día y las putitas lésbicas que éramos de noche.

Una tarde Verónica me llamó por teléfono y me dijo con voz dulce:
—“Mirandita, vení esta noche a casa. Va a haber una orgía especial… pero esta vez van a estar las compañeritas del jardín de Cati y Lali. Solo nenas chiquitas del jardín, mis dos hermanas y yo. Te va a gustar”.
Yo me puse muy nerviosa, pero también muy caliente. Cuando llegué al sótano, ya estaban todas allí.
Verónica, Marta y Carlota (las tres mamás/tías tetonas y gordas) estaban sentadas en el sillón grande, completamente desnudas, con sus tetas enormes colgando y sus coños y culos peludos a la vista.
Y en el piso… había ocho nenas del jardín de Cati y Lali.
Todas tenían entre 6 y 8 años. Eran compañeritas de jardín de las hermanitas de Matilda. Eran tan chiquitas… cuerpitos muy delgaditos, piel blanquita y suave, piernitas flacas, culitos redonditos y pequeños, coñitos lisitos y completamente inocentes. Algunas todavía tenían un poquito de pancita de bebé. Estaban todas desnuditas, sentadas en el piso mirando a las tres señoras grandes con una mezcla de curiosidad y timidez.
Cuando me vieron entrar, Verónica sonrió y me dijo:
—Mirá, Mirandita… hoy traje a las amiguitas del jardín de mis bebés. Son todas tan inocentes y buenas en el jardín… pero hoy van a aprender a jugar como las nenas grandes.
Yo me quedé sorprendida al ver esos cuerpitos tan chiquitos al lado de las tres mujeres maduras y tetonas. Era un contraste brutal: las nenas tan pequeñas, lisitas, sin casi nada de tetas, con sus coñitos y culitos perfectos y rosados… y las tres señoras gordas, con tetas gigantes colgantes, panzas blandas y coños grandes y peludos.
Verónica me hizo desnudar y me sentó entre las nenas. Después empezó la orgía más morbosa que había visto hasta ese momento.
Primero las tres mamás se pusieron en cuatro, una al lado de la otra, con los culos enormes levantados. Nos ordenaron a las diez nenas (yo incluida) que les lamiéramos todo. Imaginate la escena: diez lengüitas de nenas chiquitas lamiendo coños y anos de tres señoras grandes y gordas. Las nenas del jardín al principio estaban tímidas, pero Verónica y sus hermanas las guiaban:
—Así, mi amor… meté la lengua adentro del culito de la tía…
—Chupá bien, que las nenas buenas del jardín también pueden ser putitas cuando nadie las ve…
Yo estaba lamiendo el ano de Carlota mientras una nenita de 7 años llamada Sofía (compañerita de Lali) me lamía el coñito a mí. Era una cadena enorme de nenas chiquitas lamiendo a las grandes y entre nosotras.
Después las mamás nos sentaron a todas las nenas en sus caras. Verónica tenía a dos nenas del jardín sentadas en su cara al mismo tiempo, una en el coño y otra en la boca, mientras les chupaba el culito y el coñito. Marta y Carlota hacían lo mismo. Las nenas gemían con vocecitas agudas y sorprendidas, sin entender del todo lo que sentían, pero claramente les gustaba.
Lo más fuerte fue cuando las tres mamás tetonas se acostaron boca arriba y nos hicieron formar grupitos. Yo terminé chupándole las tetas a Marta mientras una nenita de 6 años le lamía el coño y otra le metía la lengua en el ano. Verónica miraba todo y decía cosas como:
—Miren a estas nenitas tan tiernas del jardín… de día pintan con crayones y cantan canciones… y ahora miren cómo les están lamiendo el culo a las tías como unas putitas expertas.
La orgía duró horas. Las mamás se corrían una tras otra mientras las nenas chiquitas las lamían por todos lados. Al final nos abrazamos todas, grandes y chicas, sudadas y pegajosas, con olor a leche, coños y culos de nenas.
Miranda terminó de contar y miró a las cinco chicas con una sonrisa suave.
—Esa noche me sorprendió mucho ver esos cuerpitos tan chiquitos y perfectos al lado de las tres señoras tetonas y gordas. El contraste era… muy fuerte. Pero también fue una de las orgías más calientes que viví.
Las amiguitas de Juana estaban completamente mudas, con los ojos muy abiertos y las caras rojas como tomates. La idea de nenas de jardín de 6, 7 y 8 años uniéndose a una orgía con tres mamás tetonas las había dejado sin aliento.
Sofía tragó saliva y preguntó bajito:
— ¿Y las nenas del jardín… también se dejaban lamer entre ellas?
Miranda asintió con ternura.
—Claro que sí. Las mamás las ponían a lamerse unas a otras mientras ellas miraban y se tocaban.

—Les voy a contar otra experiencia que me dejó impresionada. Fue cuando tenía 12 años. Una tarde Verónica me llamó por teléfono y me dijo con voz dulce:
—“Mirandita, vení esta noche a casa. Va a haber una orgía especial… pero esta vez van a estar las compañeritas del jardín de Cati y Lali. Solo nenas chiquitas del jardín, mis dos hermanas y yo. Te va a gustar”.
Yo me puse muy nerviosa, pero también muy caliente. Cuando llegué al sótano, ya estaban todas allí.
Verónica, Marta y Carlota (las tres mamás/tías tetonas y gordas) estaban sentadas en el sillón grande, completamente desnudas, con sus tetas enormes colgando y sus coños y culos peludos a la vista.
Y en el piso… había ocho nenas del jardín de Cati y Lali.
Todas tenían entre 6 y 8 años. Eran compañeritas de jardín de las hermanitas de Matilda. Eran tan chiquitas… cuerpitos muy delgaditos, piel blanquita y suave, piernitas flacas, culitos redonditos y pequeños, coñitos lisitos y completamente inocentes. Algunas todavía tenían un poquito de pancita de bebé. Estaban todas desnuditas, sentadas en el piso mirando a las tres señoras grandes con una mezcla de curiosidad y timidez.
Cuando me vieron entrar, Verónica sonrió y me dijo:
—Mirá, Mirandita… hoy traje a las amiguitas del jardín de mis bebés. Son todas tan inocentes y buenas en el jardín… pero hoy van a aprender a jugar como las nenas grandes.
Yo me quedé sorprendida al ver esos cuerpitos tan chiquitos al lado de las tres mujeres maduras y tetonas. Era un contraste brutal: las nenas tan pequeñas, lisitas, sin casi nada de tetas, con sus coñitos y culitos perfectos y rosados… y las tres señoras gordas, con tetas gigantes colgantes, panzas blandas y coños grandes y peludos.
Verónica me hizo desnudar y me sentó entre las nenas. Después empezó la orgía más morbosa que había visto hasta ese momento.
Primero las tres mamás se pusieron en cuatro, una al lado de la otra, con los culos enormes levantados. Nos ordenaron a las diez nenas (yo incluida) que les lamiéramos todo. Imaginate la escena: diez lengüitas de nenas chiquitas lamiendo coños y anos de tres señoras grandes y gordas. Las nenas del jardín al principio estaban tímidas, pero Verónica y sus hermanas las guiaban:
—Así, mi amor… meté la lengua adentro del culito de la tía…
—Chupá bien, que las nenas buenas del jardín también pueden ser putitas cuando nadie las ve…
Yo estaba lamiendo el ano de Carlota mientras una nenita de 7 años llamada Sofía (compañerita de Lali) me lamía el coñito a mí. Era una cadena enorme de nenas chiquitas lamiendo a las grandes y entre nosotras.
Después las mamás nos sentaron a todas las nenas en sus caras. Verónica tenía a dos nenas del jardín sentadas en su cara al mismo tiempo, una en el coño y otra en la boca, mientras les chupaba el culito y el coñito. Marta y Carlota hacían lo mismo. Las nenas gemían con vocecitas agudas y sorprendidas, sin entender del todo lo que sentían, pero claramente les gustaba.
Lo más fuerte fue cuando las tres mamás tetonas se acostaron boca arriba y nos hicieron formar grupitos. Yo terminé chupándole las tetas a Marta mientras una nenita de 6 años le lamía el coño y otra le metía la lengua en el ano. Verónica miraba todo y decía cosas como:
—Miren a estas nenitas tan tiernas del jardín… de día pintan con crayones y cantan canciones… y ahora miren cómo les están lamiendo el culo a las tías como unas putitas expertas.
La orgía duró horas. Las mamás se corrían una tras otra mientras las nenas chiquitas las lamían por todos lados. Al final nos abrazamos todas, grandes y chicas, sudadas y pegajosas, con olor a leche, coños y culos de nenas.
Miranda terminó de contar y miró a las cinco chicas con una sonrisa suave.
—Esa noche me sorprendió mucho ver esos cuerpitos tan chiquitos y perfectos al lado de las tres señoras tetonas y gordas. El contraste era… muy fuerte. Pero también fue una de las orgías más calientes que viví.
Las amiguitas de Juana estaban completamente mudas, con los ojos muy abiertos y las caras rojas como tomates. La idea de nenas de jardín de 6, 7 y 8 años uniéndose a una orgía con tres mamás tetonas las había dejado sin aliento.
Sofía tragó saliva y preguntó bajito:
— ¿Y las nenas del jardín… también se dejaban lamer entre ellas?
Miranda asintió con ternura.
—Claro que sí. Las mamás las ponían a lamerse unas a otras mientras ellas miraban y se tocaban.

—Esa noche fue una de las más intensas. Les voy a contar tres escenas que se me quedaron grabadas…
Primera escena – La cadena de las nenas del jardín
—Verónica nos puso a todas las nenas en una larga cadena en el piso. Éramos diez: yo, Matilda, Cati, Lali y las seis compañeritas del jardín. Nos hizo poner en cuatro, una detrás de la otra, con el culito levantado.
La cadena empezaba con la nena más chiquita (una de 6 años llamada Emma) lamiéndole el culito a la siguiente, y así sucesivamente hasta llegar a mí, que estaba al final lamiéndole el coño a Verónica.
Las tres mamás tetonas caminaban alrededor de nosotras, mirando y tocándose. Verónica se paró detrás de mí y me metió dos dedos gordos mientras me decía:
—Mirá cómo lamen todas estas nenitas del jardín… de día juegan con bloques y cantan la canción del abecedario… y ahora mirá cómo le están metiendo la lengua en el culito a sus amiguitas como unas putitas.
Marta y Carlota hacían lo mismo: acariciaban los culitos chiquitos, les daban palmadas suaves y les decían cosas como:
—Qué culitos tan apretaditos y rosados tienen mis nenitas del jardín… nadie en el salón de clases imaginaría que les gusta tanto lamer anos.
Yo sentía la lengua de una nenita de 7 años moviéndose dentro de mi culito mientras yo lamía el coño mojado de Verónica. Los gemiditos agudos de las nenas chiquitas se mezclaban con los gemidos graves de las tres mamás. Esa cadena duró más de media hora, hasta que varias nenas empezaron a temblar y a correrse por primera vez en su vida.
Segunda escena – Las mamás alimentando a las nenitas
—Después las tres mamás se sentaron en el sillón grande, con las tetas enormes afuera. Verónica, Marta y Carlota tenían las tetas llenas y goteando. Nos llamaron a todas las nenas y nos hicieron formar tres grupos.
Yo terminé prendida de la teta izquierda de Marta. A mi lado estaba Camila (hija de Marta) mamando de la derecha, y dos nenas del jardín de 7 y 8 años también mamaban de esa misma teta, turnándose. La leche tibia y dulce me llenaba la boca mientras Marta nos acariciaba la cabeza y nos hablaba sucio:
—Miren a estas nenitas tan buenas del jardín… de día les dan la merienda en el colegio y ahora están mamando las tetas de la tía como putitas hambrientas. Chupen fuerte, mis amorcitas… saquen toda la leche de la tía.
Carlota tenía a Lali y a dos compañeritas de ella prendidas de sus tetas. Les decía:
—Lali, mi bebita… y ustedes dos, tan inocentes en el jardín… miren cómo les gusta la leche de la tía. Son mis lesbianitas secretas.
Verónica tenía a cuatro nenas mamando de sus tetas al mismo tiempo. La leche le corría por el pecho mientras gemía y nos decía:
—Todas mis nenitas del jardín… tan lindas y educadas… y miren cómo me están dejando las tetas secas como unas putitas golosas.
Mientras mamábamos, las mamás nos metían los dedos en el coño y en el culito. Yo me corrí con la boca llena de leche de Marta, temblando mientras ella me susurraba al oído lo puta que era debajo de mi apariencia de nenita buena.
Tercera escena – La orgía final con las nenas montadas
—Para el final, las tres mamás se acostaron boca arriba en el piso, una al lado de la otra, con las tetas y los coños expuestos. Nos hicieron subir a las nenas encima de ellas como si fuéramos a montar.
Yo terminé sentada en la cara de Carlota, restregándole mi coño y mi culito en la boca mientras ella me lamía con fuerza. A mi lado, Matilda estaba montada en la cara de Verónica, y Cati y Lali estaban sobre Marta.
Las nenas más chiquitas del jardín también fueron subidas: dos de ellas se sentaron en la cara de Verónica al mismo tiempo (una en el coño y otra en la boca), mientras otras dos hacían lo mismo con Marta y Carlota.
Las mamás nos agarraban de las caderitas y nos movían arriba y abajo, metiéndonos la lengua bien profundo. El sótano se llenó de gemiditos agudos de las nenas del jardín y de los gemidos fuertes de las tres señoras.
Carlota me decía mientras me comía el culo:
—Mirandita… tan educada y calladita… y mirá cómo me estás mojando toda la cara con tu culito. Sos una putita deliciosa.
Verónica le decía a las dos nenas que tenía encima:
—Mis nenitas del jardín… tan tiernas y buenas… y ahora miren cómo me están restregando sus coñitos y culitos en la cara de la tía. Nadie en el jardín creería lo putas que son.
Esa escena duró hasta que casi todas nos corrimos. Las mamás terminaron temblando y corriéndose fuerte mientras teníamos sus caras completamente mojadas con nuestros jugos.
Al final nos abrazamos todas, grandes y chicas, sudadas, pegajosas y con olor a leche y sexo infantil.
Miranda terminó de contar las tres escenas y miró a las cinco chicas con una sonrisa suave pero cargada de intención.
—Esa noche fue una de las más morbosas porque había muchas nenas del jardín, tan chiquitas e inocentes… y tres mamás tetonas usándolas a todas. El contraste era brutal.
Las amiguitas de Juana estaban mudas, con la respiración entrecortada y las caras completamente rojas. No sabían ni qué decir.—Les voy a contar otras tres escenas de esa misma noche, pero estas fueron especialmente centradas en la leche materna. Las mamás estaban muy llenas y usaron eso para volver todo aún más sucio y maternal.
Primera escena – La hora de la mamadera colectiva
—Verónica, Marta y Carlota se sentaron juntas en el sillón grande, completamente desnudas, con sus tetas enormes apoyadas sobre sus panzas. Tenían los pezones hinchados y goteando leche. Nos llamaron a todas las nenas y nos hicieron arrodillarnos frente a ellas formando tres grupos.
Yo terminé con Marta. Ella me agarró la cabeza con suavidad y me acercó a su teta derecha mientras me decía con voz maternal y ronca:
—Vení, mi nenita… vení a tomar la leche de la tía Marta. Aunque seas grande, mamá sabe que todavía te gusta la lechita calentita. Chupá despacito, como cuando eras bebita…
A mi lado, dos nenas del jardín de 7 y 8 años también mamaban de la misma teta. Marta les acariciaba el pelo y les hablaba con ternura:
—Mis bebitas del jardín… tan chiquitas y tan buenas… miren cómo maman de la teta de la tía. Beban toda la leche, mis amorcitas. Mamá tiene mucha para darles porque las quiere mucho.
La leche salía a chorros cuando chupábamos fuerte. Nos corría por la barbilla y nos manchaba el pecho. Marta gemía bajito y seguía hablando:
—Qué ricas son mis nenitas… de día juegan con muñecas y ahora están tomando la leche de mamá como putitas golosas. No se preocupen, mamá les da de mamar todo lo que necesiten.
Segunda escena – Las mamás alimentando mientras las penetran con los dedos
—Después las mamás se acostaron boca arriba en el piso, una al lado de la otra. Nos hicieron subir encima de ellas en parejas.
Yo terminé acostada sobre Marta, con mi boca prendida de su teta izquierda mientras ella me metía dos dedos gordos y lentos en el coño y otro en el culito. Mientras yo mamaba, ella me hablaba con voz dulce y maternal:
—Así, mi amor… tomá la lechita de mamá mientras te abro tu coñito chiquito. Sos mi nenita buena que viene a visitarme… y mirá cómo te gusta que mamá te dé de mamar y te toque al mismo tiempo.
A mi lado, Cati estaba sobre Verónica, mamando de una teta mientras Verónica le metía los dedos en el culito y le decía:
—Cati, mi bebita… aunque ya vas al jardín, todavía sos mi nenita que necesita la leche de mamá. Chupá fuerte, mi amor… mamá te da toda su leche porque te quiere mucho, mi putita secreta.
Las nenas del jardín también estaban mamando mientras las tres mamás les metían los dedos despacito. Las mamás no paraban de hablarles con palabras maternales y sucias:
—Beban, mis tesoros… mamá tiene leche rica para sus nenitas buenas.
—Miren cómo maman mis bebitas del jardín… tan inocentes de día y tan golosas de noche.
Muchas nenas se corrían mientras mamaban, temblando con la boca llena de leche.
Tercera escena – La lluvia de leche y los besos maternales
—Para el final, las tres mamás se pusieron de pie en el centro del sótano. Nos hicieron arrodillar a todas las nenas alrededor de ellas formando un círculo. Entonces empezaron a apretarse las tetas con las manos.
La leche empezó a salir a chorros, cayendo sobre nuestras caras, bocas, tetitas y coñitos. Era una lluvia tibia y blanca de leche materna.
Verónica apretaba sus tetas y dirigía los chorros hacia las nenas más chiquitas mientras decía con voz maternal y caliente:
—Abrí la boquita, mi bebita… mamá te da su leche para que crezcas sana y fuerte. Tomala toda, mi amor… aunque seas una putita lamedora, mamá te quiere igual.
Marta hacía lo mismo, rociando leche sobre mi cara y sobre dos nenas del jardín:
—Mirandita, mi nenita educada… abrí la boca y tomá la leche de la tía. Y ustedes, mis nenitas del jardín, beban también. Mamá sabe que les gusta mucho la lechita calentita.
Carlota era la más grosera pero seguía usando palabras maternales:
—Mis bebitas… miren cómo les cae la leche de mamá en sus caritas inocentes. Beban, mis tesoros… mamá les da de mamar porque las ama mucho, aunque sean unas lesbianitas sucias.
Después nos hicieron besarnos entre nosotras con la boca llena de leche, mezclando la saliva y la leche materna. Las mamás nos miraban y seguían apretándose las tetas, rociándonos mientras nos decían:
—Qué lindas se ven mis nenitas todas manchadas de leche… mis bebitas buenas que de día van al jardín y de noche maman como putitas.
Al final todas estábamos cubiertas de leche, besándonos y lamiéndonos unas a otras mientras las mamás gemían de placer al vernos.
Miranda terminó de contar las tres escenas y miró a las cinco chicas con una sonrisa suave.
—Como ven… la leche materna lo hacía todo mucho más maternal y sucio al mismo tiempo. Las mamás disfrutaban tratarnos como bebitas mientras nos usaban como putitas.
Las amiguitas de Juana estaban completamente rojas, respirando agitadas y sin saber dónde mirar. La imagen de las mamás rociando leche sobre las nenas chiquitas las había dejado sin palabras.

—Después de la lluvia de leche, Verónica se levantó, todavía con las tetas goteando, y miró a todas las nenas con una sonrisa maternal pero muy caliente. Cati, Lali y sus seis compañeritas del jardín estaban sentadas en el piso, con la carita y el cuerpo manchados de leche, respirando agitadas y con los ojitos brillantes.
Verónica se acercó, les acarició la cabeza a sus hijas y dijo con voz suave y autoritaria:
—Mis bebitas… ya mamaron suficiente de las tetas de mamá y de las tías. Ahora es momento de que exploren entre ustedes. Son todas nenas del jardín, tan chiquitas e inocentes… quiero que se besen, se toquen, se laman y se diviertan como las nenitas curiosas que son. Mamá y las tías vamos a mirar y a cuidar que todo esté bien.
Cati y Lali se miraron un poco tímidas, pero las compañeritas del jardín ya estaban nerviosas y excitadas. Verónica, Marta y Carlota se apartaron un poco, se sentaron en el sillón grande con las tetas todavía afuera y empezaron a observar en silencio, tocándose suavemente mientras miraban.
Lo que pasó después fue una orgía pura entre las diez nenas chiquitas.
Al principio fue tímido: se empezaron a dar besitos cortos en la boca, riéndose nerviosamente. Pero pronto se volvieron más atrevidas. Matilda tomó la iniciativa y besó a una nenita de 7 años con lengua. En pocos minutos todas estaban besándose con lengua, mezclando la saliva con restos de leche materna.
Después empezaron a tocarse. Manitas chiquitas acariciando tetitas planas, bajando por las pancitas y metiéndose entre las piernitas. Se escuchaban gemiditos agudos y risitas cuando una nenita le metía un dedito en el coñito a otra.
Pronto se formaron grupitos:

Cati estaba acostada mientras dos compañeritas le chupaban las tetitas y otra le lamía el coñito. Lali, la más chiquita, se sentó en la cara de Cati y le restregaba su culito rosado en la boca mientras gemía con vocecita infantil.
Yo terminé en el medio de tres nenas del jardín. Una me besaba con lengua, otra me chupaba los pezones y la tercera me metía la lengua en el culito. Sentía sus lengüitas suaves y torpes moviéndose dentro de mí.
En un rincón, cuatro nenas formaron un círculo y se lamían el coño y el ano unas a otras al mismo tiempo, como una pequeña cadena. Se escuchaban ruidos húmedos y gemiditos de sorpresa y placer.

Mientras todo esto pasaba, las tres mujeres maduras paseaban lentamente entre las nenas, observando todo con ojos brillantes de excitación. Verónica se agachaba de vez en cuando, acariciaba el culito de alguna nenita y le decía con voz maternal:
—Así, mi amor… laméle el culito a tu amiguita. Muy bien, mi bebita… qué rica lengua tenés.
Marta se paraba al lado de un grupito y comentaba con tono orgulloso:
—Miren cómo se divierten mis nenitas del jardín… tan inocentes de día y tan putitas entre ellas de noche. Chupá más fuerte, mi tesoro.
Carlota era la más directa. Se agachaba, les daba palmadas suaves en el culito y les decía:
—Meté la lengua más adentro, cabroncita… así, muy bien. Mamá está mirando lo putas que son todas ustedes.
Las tres mamás tetonas caminaban desnudas entre las nenas, tocándose sus propios coños mientras observaban. A veces se detenían a besar a alguna nenita en la boca, mezclando su saliva adulta con la de las chiquitas, o les apretaban las tetitas y les decían lo lindas que se veían explorando entre ellas.
La orgía entre las nenas duró casi una hora. Se besaban, se lamían coños y culos, se metían deditos, se restregaban unas contra otras. Los gemiditos agudos de las nenas del jardín llenaban el sótano. Varias se corrieron por primera vez en su vida, temblando y soltando quejidos infantiles mientras las mamás las miraban orgullosas.
Al final, Verónica aplaudió suavemente y dijo con voz cariñosa:
—Qué bien se portaron mis bebitas… exploraron muy rico entre ustedes. Ahora vengan con mamá y las tías para que las abracemos.
Todas las nenas, sudadas y brillantes de saliva y jugos, se acercaron a las tres mujeres maduras y se acurrucaron entre sus tetas enormes y cuerpos gordos.
Miranda terminó de contar y miró a las cinco chicas con una sonrisa suave.
—Esa fue una de las noches más lindas y morbosas… ver a todas esas nenitas del jardín explorando entre ellas mientras las tres mamás tetonas solo miraban y las guiaban con palabras cariñosas.
Las amiguitas de Juana estaban completamente mudas, con la respiración agitada y las caritas rojas como tomates. La imagen de las nenas chiquitas lamiéndose entre ellas mientras las mamás observaban las había dejado sin palabras.

—Mientras nosotras las nenas seguíamos explorando entre nosotras, las tres mamás —Verónica, Marta y Carlota— se sentaron juntas en el sillón grande, completamente desnudas, con sus tetas enormes todavía brillando de saliva y leche. Se servían una copita de vino y hablaban entre ellas en voz baja, pero lo suficientemente alto como para que algunas de nosotras pudiéramos escuchar. Se regodeaban de lo que estaban haciendo… y lo hacían con mucho placer.
Verónica tomó un sorbo de vino, miró a las diez nenas chiquitas que se besaban, se lamían y se metían deditos unas a otras en el piso, y dijo con una sonrisa satisfecha:
—Miren nomás… estamos pervirtiendo a toda una generación del jardín. Estas nenitas que de día cantan canciones, pintan con deditos y les dan besitos a sus mamás al llegar… ahora están aquí, desnuditas, lamiéndose el culito y el coñito entre ellas como unas putitas en miniatura. Y sus papás y mamás ni se enteran.
Marta se rio bajito, acariciándose una de sus tetas colgantes, y contestó:
—Es lo mejor. Imaginate a la mamá de Emma… esa mujer tan correcta que siempre lleva a su hija vestida como princesita al jardín. Si supiera que su “princesita” tiene ahora la lengua metida en el ano de la hija de la vecina… se moriría del disgusto. Y nosotras aquí, disfrutando de ver cómo las convertimos en lesbianitas golosas a sus espaldas.
Carlota, la más grosera de las tres, soltó una carcajada ronca y añadió mientras se tocaba el coño lentamente:
—Exacto. Yo pienso en el papá de Sol, ese pobre hombre que cree que su hijita es un angelito. Mientras él está trabajando, su “angelito” está acá, de cuatro, dejando que mi hermana le lama el culito y después lamiéndole el coño a su propia prima. Es delicioso. Estamos criando a una camada de putitas secretas y nadie se da cuenta.
Verónica miró con orgullo a Cati y Lali, que en ese momento estaban besándose con lengua mientras una compañerita del jardín les metía los deditos en el culito a las dos al mismo tiempo.
—Mis dos bebitas… —dijo con voz maternal y perversa—. De día son las nenitas más educadas y cariñosas del jardín. Lali todavía usa chupete a veces… y miren cómo ahora le encanta que le chupen el ano. Estamos pervirtiendo a nuestras propias hijas y a todas sus amiguitas. Cuando crezcan, van a recordar que sus primeras corridas fueron gracias a nosotras… y sus papás nunca van a saber nada.
Marta asintió, excitada, y siguió:
—Es lo más rico del mundo. Saber que mientras los papás les compran juguetes y las mamás les hacen la merienda, nosotras les estamos enseñando a ser unas lesbianitas sucias. Mañana van a ir al jardín con su uniforme limpito, sonriendo como si nada… pero con el culito todavía sensible de tantas lengüitas que les metimos hoy.
Carlota se rio y levantó su copa:
—Brindemos por eso. Por todas las nenitas buenas que estamos convirtiendo en putitas a espaldas de sus progenitores. Que sigan creyendo que sus hijitas son angelitos… mientras nosotras les llenamos la boca de coño y culo.
Las tres mamás chocaron sus copas y se rieron con complicidad, sin dejar de mirar cómo las diez nenas seguían lamiéndose y besándose en el piso. De vez en cuando una de ellas se levantaba, caminaba entre las nenas, les daba una palmada suave en el culito y les decía algo como:
—Sigan jugando, mis bebitas… mamá y las tías están muy orgullosas de lo putas que están saliendo.
Verónica miró directamente a donde yo estaba y añadió con una sonrisa:
—Y Mirandita también… otra nenita “buena” que viene de visita y termina convertida en una más de nuestras putitas secretas.
Las tres mujeres seguían hablando, regodeándose, excitándose con el hecho de estar corrompiendo a un grupo entero de nenas del jardín sin que ningún papá ni mamá sospechara absolutamente nada.
Miranda terminó de contar y miró a las cinco chicas con una sonrisa suave pero cargada de intención.
—Esa era la parte que más les gustaba a las mamás… saber que estaban pervirtiendo a todas esas nenitas inocentes a espaldas de sus familias. Les daba un placer enorme.
Las amiguitas de Juana estaban completamente mudas, con la respiración agitada y las caritas rojas. La idea de las mamás riéndose mientras corrompían a las nenas del jardín las había dejado sin palabras.

—Mientras las tres mamás estaban sentadas en el sillón, tomando vino y mirando cómo nosotras las nenas nos lamíamos entre nosotras, empezaron a burlarse abiertamente de los padres de todas las nenitas del jardín. Se reían con ganas, como si estuvieran contando el chiste más divertido del mundo.
Verónica tomó un sorbo de vino, miró a una nenita de 7 años que en ese momento tenía la lengua metida en el culito de otra compañerita y dijo riéndose:
—Imagínense al papá de la pequeña Emma… ese hombre tan serio que viene a buscarla todos los días con su traje impecable. Si supiera que su “princesita” ahora mismo tiene la lengua dentro del ano de su amiguita… y que hace un rato estaba mamando de mis tetas como una putita hambrienta. Jamás en la vida se imaginaría que su hijita virgen ya probó el sabor de coños y culos de señoras.
Marta soltó una carcajada ronca y señaló a otra nenita que estaba besándose con lengua con Lali:
—Miren a la hija de los García… los papás tan religiosos que van a misa todos los domingos. Esa nenita que reza antes de dormir… ahora está metiendo su lengüita virgen en la boca de mi sobrina y después va a lamerle el culito. Sus papás creen que es un angelito… y nosotras ya le convertimos la boquita en una putita experta. Nunca van a saber que tres mujeres maduras saboreamos la boca inocente de su hijita.
Carlota, la más grosera, se tocaba el coño mientras se reía y añadía:
— ¡Y el papá de Sol! Ese pobre infeliz que le compra muñecas y la llama “mi princesita”. Si supiera que su princesita acaba de meterme la lengua hasta el fondo del culo y que después besó a su propia tía con la boca llena de mi sabor… Se moriría. Jamás descubrirá que tres señoras tetonas y gordas le metimos la lengua en la boca a su hijita virgen y le hicimos probar coño y culo antes de cumplir los 9 años.
Verónica siguió, con los ojos brillantes de placer:
—Es lo más rico… saber que mientras los papás les dan besitos de buenas noches en la frente, nosotras les metimos la lengua bien profundo en sus boquitas inocentes. Ellos creen que sus hijas son puras y angelicales… y nosotras ya las convertimos en lesbianitas golosas que lamen culos y coños. Sus papás nunca, nunca van a descubrir que sus hijitas ya saborearon tres bocas maduras, tres coños peludos y tres anos grandes y calientes.
Marta levantó su copa y brindó con sus hermanas:
—Por todos los papás y mamás idiotas que no tienen ni idea de que estamos pervirtiendo a sus nenitas a sus espaldas. Que sigan creyendo que son angelitos… mientras nosotras les enseñamos a ser putitas.
Carlota se rio fuerte y añadió:
—Sobre todo las boquitas… me encanta pensar que mañana van a ir al jardín y van a besar a sus papás con la misma boca que nosotras tres usamos para besarnos y lamerles el culo. Esa boquita virgen ya probó el sabor de tres mujeres maduras… y ellos nunca lo sabrán.
Las tres mamás seguían riéndose y comentando entre ellas, excitadas con la idea de estar corrompiendo a las nenas sin que ningún padre sospechara nada. De vez en cuando miraban hacia nosotras y decían cosas como:
—Miren cómo se besan… mañana sus papás les van a dar el beso de buenas noches sin saber que esa boquita ya estuvo llena de lengua de tía.
—Qué rico es saber que les estamos robando la inocencia a sus hijitas y ellos ni se enteran.
Miranda terminó de contar y miró a las cinco chicas con una sonrisa suave pero muy cargada de intención.
—Esa era la parte que más las calentaba a las tres mamás… burlarse de los padres y saber que jamás descubrirían que sus hijitas ya habían metido sus lengüitas virgenes en culos y coños de señoras, y que tres mujeres maduras habían saboreado sus boquitas inocentes.
Las amiguitas de Juana estaban completamente mudas, con la respiración entrecortada y las caras ardiendo de vergüenza y excitación. La idea de las mamás riéndose de los padres mientras pervertían a sus hijas las había dejado sin palabras.

—Después de un rato de vernos jugar entre nosotras, las tres mamás se miraron entre sí con una sonrisa cómplice. Verónica se levantó primero, todavía con las tetas enormes brillando de saliva y leche, y llamó con voz dulce pero autoritaria:
—Vengan aquí, mis bebitas… vengan todas con mamá y las tías. Queremos saborear otra vez esas boquitas de nenas tan ricas y virgencitas que tienen.
Marta y Carlota se unieron, extendiendo los brazos:
—Vení, mi amor… vení a darle un besito rico a la tía.
—Acérquense, mis nenitas del jardín… queremos probar de nuevo el sabor de sus boquitas inocentes.
Todas las nenas, todavía con el cuerpo manchado de leche y saliva, se levantaron obedientes y caminaron hacia las tres mujeres maduras. Cati y Lali fueron las primeras en llegar, seguidas por las compañeritas del jardín y yo.
Las tres señoras tetonas y gordas se sentaron mejor en el sillón grande, abrieron las piernas y nos recibieron con los brazos abiertos. Una por una, las nenas se subieron a sus regazos o se arrodillaron frente a ellas.
Empezaron los besos morbosos.
Verónica tomó primero a Lali, la más chiquita. Le agarró la carita con las dos manos y le metió la lengua bien profundo en la boca. Era un beso adulto, húmedo, largo y sucio. Lali soltó un gemidito sorprendido pero no se apartó. Verónica movía la lengua con lentitud, saboreando la boquita infantil, y le decía entre beso y beso:
—Qué rica boquita tenés, mi bebita… tan chiquita y tan dulce… mamá te va a besar hasta que te acostumbres al sabor de una mujer grande.
A su lado, Marta agarró a Camila (su propia hija) y a una nenita del jardín llamada Sofía. Les dio besos alternados, metiendo la lengua gruesa y caliente en sus boquitas. Las dos nenas se reían nerviosamente mientras Marta las besaba con hambre, chupándoles los labios y la lengua.
—Miren cómo besan mis nenitas… tan inocentes de día y tan putitas cuando mamá las besa. Abran bien la boquita, mis tesoros… dejen que la tía les meta toda la lengua.
Carlota fue la más intensa. Agarró a dos nenas del jardín al mismo tiempo, una en cada rodilla, y las besaba alternadamente con besos profundos y babosos. Les metía la lengua hasta la garganta, les chupaba los labios y les decía riéndose:
—Qué boquitas tan virgencitas… y miren cómo ya saben abrirla para la tía. Mañana van a besar a su papá con esta misma boquita que yo estoy usando ahora. Qué rico secreto, ¿no?
Las nenas al principio se reían con vergüenza y nervios, pero pronto empezaron a disfrutar. Se escuchaban risitas infantiles mezcladas con gemiditos cuando las lenguas grandes y adultas invadían sus boquitas pequeñas. Algunas nenas se ponían rojas y se reían tapándose la boca después de un beso especialmente profundo, pero volvían a acercarse porque les gustaba.
Yo terminé besando a Verónica. Me agarró la cara y me dio un beso largo, húmedo y muy morboso, metiendo la lengua hasta el fondo mientras me apretaba contra sus tetas enormes. Cuando se separó, me miró a los ojos y me dijo con voz maternal y sucia:
—Qué rica sos, Mirandita… tu boquita sabe a nenita buena, pero ya aprendiste a besar como una putita.
Mientras tanto, las tres mujeres seguían besando a las nenas una tras otra, pasándoselas entre ellas. El sótano se llenó de sonidos de besos babosos, risitas nerviosas y gemidos suaves de las nenas. Las mamás se reían entre beso y beso, disfrutando del contraste entre las boquitas inocentes y sus lenguas experimentadas.
Verónica miró a sus hermanas y dijo riéndose:
—Miren cómo se ríen nuestras nenitas… les encanta que las besemos así. Mañana van a llegar al jardín con la boquita todavía sensible de tanto beso de tía.
Las tres mujeres maduras seguían besando morbosamente a las nenas, saboreando sus boquitas una y otra vez, mientras las chicas se reían, se ponían rojas y poco a poco empezaban a disfrutar y a corresponder los besos.
Miranda terminó de contar y miró a las cinco chicas con una sonrisa suave pero llena de intención.
—Las nenas se reían y disfrutaban, aunque al principio les daba vergüenza. Las mamás estaban encantadas de besar esas boquitas tan chiquitas e inocentes.
Las amiguitas de Juana estaban completamente rojas y agitadas, imaginando la escena.

—Mientras besaban a las nenitas, las tres mamás zorras y pervertidas no paraban de regodearse en voz alta. Se reían entre beso y beso, comentando exactamente lo que estaban haciendo y lo mucho que les excitaba.
Verónica agarró la carita de Lali con las dos manos y le metió la lengua bien profundo, moviéndola despacio dentro de esa boquita tan chiquita. Cuando se separó un segundo, con un hilo de saliva colgando, dijo con voz ronca y satisfecha:
—Mmm… qué rico es besar boquitas virginales… tan pequeñas, tan inocentes… Esta boquita que todavía dice “mamá” y “papá” ahora está llena de mi lengua de mujer madura. Miren cómo se mezcla mi saliva espesa con la saliva dulce y livianita de mi bebita…
Marta, que en ese momento besaba a Camila y a una nenita del jardín llamada Valentina al mismo tiempo, se rio bajito y añadió mientras les pasaba la lengua por los labios:
—Exacto, hermanita… miren la diferencia. Nuestra saliva es más espesa, más caliente, más adulta… y la de ellas es tan clarita, tan inocente… Se está mezclando todo dentro de sus boquitas virginales. Mañana estas nenitas van a besar a sus papás con la boca todavía llena de nuestra saliva de zorras pervertidas.
Carlota, la más grosera, tenía a dos nenas del jardín sentadas en sus rodillas y las besaba alternadamente con besos babosos y profundos. Chupaba sus lengüitas pequeñas y después se separaba para decir con una sonrisa perversa:
—Qué placer más grande… besar estas boquitas tan virginales del jardín. Miren cómo mi saliva gruesa y caliente se mezcla con la de ellas, tan liviana y dulce. Les estoy llenando la boca de baba de tía zorra y ellas se ríen… tan inocentes. Sus papás creen que son angelitos puros… y aquí estamos nosotras, tres mujeres maduras, pervertidas, metiéndoles la lengua hasta la garganta y mezclando nuestra saliva sucia con la de sus hijitas.
Verónica volvió a besar a Lali, esta vez más largo y baboso, y mientras lo hacía murmuraba contra su boca:
—Sentí, mi amor… cómo mi saliva de mamá pervertida se mezcla con tu saliva de nenita buena del jardín. Qué rico contraste… tu boquita tan chiquita y limpia, y yo llenándola de baba caliente de mujer que ya ha chupado muchos coños y culos. ¿Te gusta, mi bebita? ¿Te gusta que mamá te pervierta la boquita?
Las tres mamás seguían besando a las nenas una tras otra, pasándoselas entre ellas como si fueran juguetes. Cada vez que se separaban de un beso, miraban el hilo de saliva mezclada que quedaba colgando y se reían con placer.
Marta comentó mientras besaba a otra nenita:
—Miren cómo les brilla la boquita ahora… toda llena de nuestra saliva espesa. Mañana sus mamás les van a limpiar la carita y no van a saber que esa boquita ya probó la saliva de tres zorras tetonas.
Carlota se rio fuerte y añadió:
—Y lo mejor es que ellas se ríen y disfrutan… tan inocentes, tan chiquitas… y ya les estamos enseñando a abrir la boquita para recibir lengua de mujer madura. Sus papás jamás imaginarían que estamos pervirtiendo las boquitas virginales de sus hijitas del jardín.
Las nenas se reían nerviosamente entre beso y beso, algunas con la carita roja y otras ya empezando a disfrutar y a corresponder los besos babosos. Las tres mamás zorras seguían regodeándose, comentando en voz alta lo rico que era corromper esas boquitas inocentes mientras sus lenguas adultas se mezclaban con la saliva dulce y virginal de las nenitas.
Miranda terminó de contar y miró a las cinco chicas con una sonrisa suave pero muy cargada de intención.
—Las mamás se excitaban muchísimo con eso… con saber que estaban llenando de su saliva madura y pervertida las boquitas tan inocentes de las nenitas del jardín.

—Les voy a contar tres escenas específicas de esa noche, cuando las tres mamás se dedicaron a besar a las compañeritas del jardín. Fue uno de los momentos más pervertidos.
Primera escena – Verónica y las tres nenitas más chiquitas
Verónica eligió a las tres nenas más pequeñas del grupo: Maca (7 años), Emma (6 años) y una nenita llamada Olivia (6 años). Las sentó a las tres en su regazo, una al lado de la otra, frente a sus tetas enormes todavía goteando leche.
—Vengan, mis bebitas del jardín… —dijo con voz maternal y caliente—. Mamá Verónica quiere saborear bien esas boquitas tan chiquitas y virginales.
Empezó por Lali. Le agarró la carita con las dos manos y le dio un beso largo, profundo y baboso. Metía la lengua despacio, moviéndola dentro de la boquita pequeña de su hija, saboreando cada rincón. Lali gemía bajito y se reía nerviosa entre beso y beso.
Después pasó a Emma. Le abrió la boquita con el pulgar y le metió la lengua hasta el fondo, chupándole los labios y la lengüita. Emma soltaba risitas y gemiditos, con los ojitos muy abiertos.
—Qué boquita tan dulce y chiquita… —murmuraba Verónica—. Tan inocente… y ahora llena de saliva de mamá pervertida.
Finalmente besó a Olivia con aún más intensidad, apretándola contra sus tetas mientras le metía la lengua una y otra vez. Las tres nenas se reían, se ponían rojas y se limpiaban la boca con el dorso de la mano, pero volvían a acercarse porque les gustaba la sensación.
Verónica las besaba alternadamente, pasando de una boquita a otra, dejando hilos de saliva espesa colgando entre sus labios y las boquitas infantiles.
Segunda escena – Marta y el beso grupal
Marta, más cariñosa pero igual de pervertida, agarró a cuatro nenitas del jardín (incluyendo a Camila, su hija) y las puso de rodillas frente a ella.
—Vengan, mis nenitas buenas… la tía Marta quiere besarlas a todas juntas.
Las hizo acercar las caritas y empezó a dar besos grupales. Metía la lengua primero en una boca, luego en otra, después en dos al mismo tiempo. Las nenas se reían y se empujaban suavemente, compitiendo por el beso de la tía.
Marta les hablaba mientras las besaba:
—Qué ricas boquitas tienen mis nenitas del jardín… tan suavecitas, tan virginales… Miren cómo mi saliva gruesa se mezcla con la de ustedes, tan clarita y dulce. Mañana van a besar a sus papás con esta misma boquita que yo estoy usando ahora.
En un momento tuvo a tres nenitas besándola al mismo tiempo: una en los labios, otra en la lengua y la tercera chupándole el labio inferior. Marta gemía de placer y les decía:
—Así, mis putitas secretas… besen bien a la tía. Abran bien la boquita para que mamá les meta toda la lengua.
Las nenas se reían nerviosamente, con la saliva de Marta corriendo por sus barbillas, pero seguían besándola porque les gustaba la atención y la sensación nueva.
Tercera escena – Carlota y los besos brutales y babosos
Carlota fue la más intensa y grosera de las tres. Agarró a las dos nenas más grandes del jardín (8 y 9 años) y a Cati, y las sentó en sus rodillas.
—No se hagan las tímidas… la tía Carlota quiere besos de verdad, bien sucios.
Empezó con besos bruscos y profundos. Agarraba la cabeza de cada nenita con fuerza y les metía la lengua hasta la garganta, chupándoles los labios y la lengua con hambre. Las nenas gemían y se reían, algunas con lagrimitas de la intensidad, pero ninguna se apartaba.
Carlota les decía entre beso y beso, con voz ronca:
—Qué boquitas tan virginales y ricas… tan inocentes de día y tan putas cuando la tía las besa. Sientan cómo mi saliva espesa y caliente se mezcla con la de ustedes… les estoy llenando la boca de baba de mujer zorra.
En un momento besó a las tres al mismo tiempo, metiendo la lengua en una boca, luego en otra, dejando que la saliva corriera por todas las caritas. Las nenas se reían, se limpiaban la boca y volvían a besarla, cada vez más animadas.
Carlota se reía y decía:
—Miren cómo se ríen mis nenitas… les encanta que la tía les llene la boquita de saliva. Mañana sus papás les van a dar un besito de buenas noches sin saber que esa misma boquita estuvo llena de lengua de tía pervertida.
Las tres mamás siguieron besando a las nenas durante un buen rato, turnándose, compartiendo boquitas, riéndose y comentando lo rico que era pervertir esas bocas inocentes del jardín.
Miranda terminó de contar y miró a las cinco chicas con una sonrisa suave pero cargada de intención.
—Las mamás estaban encantadas de besar y llenar de su saliva las boquitas virginales de las nenitas. Se reían y disfrutaban cada segundo.
Las amiguitas de Juana estaban mudas, con la respiración agitada y las caras completamente rojas.

Después de un buen rato de besos babosos y profundos, Verónica se separó de la boquita de Lali con un hilo grueso de saliva colgando y miró a sus hermanas con una sonrisa perversa.
—Basta de besos por ahora, mis putitas… —dijo con voz ronca y maternal—. Ahora vamos a jugar juegos más divertidos. Juegos pervertidos para nenitas curiosas del jardín.
Las tres mujeres maduras se miraron con complicidad y empezaron a organizar los juegos.
Juego 1: “La cadena de lamidas”
Verónica ordenó a todas las nenas que se pusieran en cuatro en una larga fila en el piso. Diez culitos chiquitos y rosados levantados uno al lado del otro.
—Ahora van a lamer el culito de la nenita que tienen adelante —dijo Verónica caminando entre ellas—. Y la que está al final me lame a mí. Vamos a hacer una cadena bien larga.
Las nenas se rieron nerviosas, pero obedecieron. La más chiquita (Emma, 6 años) empezó lamiéndole el culito a la siguiente. Poco a poco la cadena se fue moviendo: lengüitas pequeñas y torpes lamiendo anos apretados y rosados de otras nenitas. Los gemiditos agudos y las risitas llenaban el sótano.
Mientras tanto, las tres mamás caminaban desnudas alrededor de la cadena, mirando y comentando:
Marta:
—Miren cómo lamen… tan inocentes y ya saben meter la lengua en el culito de su amiguita. Qué ricas putitas estamos criando.
Carlota se agachaba y daba palmadas suaves en los culitos:
—Más profundo, cabroncitas… metan la lengua toda. Mañana en el jardín van a sentarse en su sillita con el culito todavía mojado de saliva de nenita.
Verónica se puso al final de la cadena y gemía mientras yo le lamía el ano grande y peludo.
Juego 2: “La mamadera compartida”
Las tres mamás se sentaron otra vez en el sillón y se apretaron las tetas.
—Ahora vamos a jugar a la mamadera —dijo Verónica—. Pero esta vez van a compartir la leche entre todas.
Hicieron que las nenas se acercaran de a dos o tres a cada teta. Cada nenita mamaba un rato y luego tenía que besar a la de al lado, pasando la leche de boca en boca.
Marta sostenía la cabeza de Camila y de una nenita del jardín mientras les decía:
—Chupen bien, mis bebitas… saquen la lechita de la tía y luego bésense y compártanla. Quiero ver cómo se pasan mi leche de boquita en boquita.
Las nenas se reían con la boca llena de leche, se besaban torpemente y la leche les corría por la barbilla y el pecho. Algunas tragaban, otras la dejaban caer. Las mamás se excitaban muchísimo viendo cómo las boquitas virginales se llenaban y se pasaban la leche entre ellas.
Juego 3: “La ruleta de los deditos”
Verónica propuso el último juego:
—Ahora vamos a jugar a la ruleta. Cada nenita va a meter un dedito en el culito o en el coñito de la que tiene al lado. Y tienen que moverlo despacito hasta que la otra se ría o gima.
Las nenas se sentaron en círculo. Manitas chiquitas empezaron a meter deditos en coñitos y culitos apretados. Los gemiditos y risitas se volvieron más fuertes. Algunas nenas se retorcían y se reían cuando sentían el dedito moviéndose dentro.
Las tres mamás se sentaron alrededor del círculo, tocándose mientras miraban:
Verónica:
—Miren cómo meten los deditos… tan chiquitas y ya saben cómo tocarse entre ellas. Mañana van a estar sentadas en el jardín con el culito sensible y nadie va a saber por qué.
Marta y Carlota se reían y daban indicaciones:
—Más adentro, mi amor… movelo en círculos. Así, muy bien, mi putita del jardín.
Las nenas se reían, gemían y se besaban mientras jugaban. Algunas se corrían por primera vez con solo un dedito dentro, temblando y soltando quejidos infantiles.
Las tres mamás zorras observaban todo con placer, comentando entre ellas lo mucho que estaban pervirtiendo a las nenitas del jardín.
Miranda terminó de contar y miró a las cinco chicas con una sonrisa suave pero muy caliente.
—Así eran los juegos pervertidos después de los besos… las mamás los organizaban y se excitaban muchísimo viéndonos jugar entre nosotras.
Las amiguitas de Juana estaban completamente rojas, agitadas y sin saber qué decir.

—Uno de los juegos que más les gustaba a las mamás era el de los deditos. Las tres se sentaron alrededor del círculo de nenas y Verónica dijo con voz maternal pero muy pervertida:
—Mis bebitas… ahora vamos a jugar con los deditos. Los deditos de las nenitas son ideales para los culitos y coñitos chiquitos de sus amiguitas. Son tan chiquitos, tan suavecitos… entran perfectos en esos anitos cerraditos y virginales.
Las nenas se rieron nerviosas, mirando sus propias manitas. Algunas ya tenían los deditos brillantes de saliva y jugos de las lamidas anteriores.
Entonces Marta añadió, señalando con el dedo:
—Para que entren más fácil y más rico en los anitos cerraditos de sus amiguitas, primero tienen que chuparse bien los deditos. Chúpenlos fuerte, como si fueran chupetines, hasta que queden bien mojados y brillantes. Así deslizan mejor.
Las nenas obedecieron entre risitas y vergüenza. Se metieron sus deditos chiquitos en la boca y empezaron a chuparlos con fuerza, moviendo la lengua alrededor, dejando hilos de saliva. Se escuchaban sonidos de succión infantil mientras se miraban unas a otras.
Verónica sonreía satisfecha y dirigía:
—Así, mis amorcitas… chupen bien esos deditos. Métanlos hasta el fondo de la boquita. Miren cómo brillan ahora… perfectos para entrar en los culitos apretados de sus compañeritas.
Carlota, más directa, se acercó a dos nenas y les dijo:
—Chupá más fuerte, cabroncita… mojá bien ese dedito. Después vas a metérselo despacito en el anito cerrado de tu amiguita. Quiero ver cómo entra despacito y cómo ella se retuerce.
Las nenas, con la boca llena de sus propios deditos, se reían y gemían bajito. Cuando Verónica dio la orden, empezaron a meter los deditos mojados en los culitos y coñitos de las que tenían al lado.
Se escuchaban gemiditos agudos y risitas cuando un dedito chiquito entraba en un ano apretado. Algunas nenas se arqueaban y soltaban un “¡ay!” o una risita nerviosa al sentir cómo el dedito lubricado con saliva entraba despacito en su culito virgen.
Las mamás paseaban entre ellas, mirando de cerca y dando indicaciones con voz maternal y sucia:
Verónica, agachándose al lado de Lali y una compañerita:
—Movelo despacito en círculos, mi bebita… así… mirá cómo entra fácil ahora que está bien chupadito. Qué rico anito cerrado tiene tu amiguita, ¿verdad?
Marta, acariciando la espalda de otra nenita:
—Chupá más saliva en el dedito y volvé a meterlo. Los deditos de nenitas son perfectos para estos culitos chiquitos… entran justito y las hacen sentir cosquillas ricas adentro.
Carlota, la más grosera, se reía mientras veía a dos nenas metiéndose los deditos mutuamente:
—Miren cómo se ayudan… chupándose los deditos para que entren mejor en los anitos virgenes de sus amiguitas. Mañana en el jardín van a estar sentaditas con el culito sensible y nadie va a saber que sus deditos ya entraron en coños y culos de otras nenitas.
Las nenas seguían jugando, chupándose los deditos una y otra vez para lubricarlos y metiéndolos luego en los culitos y coñitos de sus amiguitas. El sótano se llenaba de sonidos húmedos, risitas infantiles y gemiditos de placer y sorpresa.
Las tres mamás zorras se regodeaban mirando todo, tocándose suavemente y comentando entre ellas lo perfecto que era ver cómo las nenitas del jardín se pervertían entre ellas con sus propios deditos chiquitos.
Miranda terminó de contar y miró a las cinco chicas con una sonrisa suave pero muy caliente.
—Los deditos de las nenitas eran ideales… chiquitos, suaves y perfectos para entrar en esos anitos cerraditos. Y las mamás se aseguraban de que siempre estuvieran bien mojados con saliva antes de meterlos.
—Después de los juegos con los deditos, las tres mamás zorras decidieron subir todavía más el nivel. Verónica se sentó en el sillón grande, levantó una pierna y mostró su pie descalzo. Luego miró a las nenas con una sonrisa maternal y sucia y dijo:
—Ahora, mis bebitas… vamos a jugar a otra cosa. Las nenitas buenas también tienen que aprender a cuidar y a mimar los pies de sus mamás y tías. Vengan aquí… quiero que nos chupen los pies.
Marta y Carlota se rieron y también levantaron sus pies grandes y pesados, poniéndolos frente a las nenas.
Verónica, que tenía 32 años y era la más joven, tenía los pies más estéticos: bonitos, de piel suave, dedos largos y bien formados, aunque un poco sudados después de toda la noche. Los de Marta y Carlota, en cambio, eran muy diferentes. Eran pies de mujeres gordas, amas de casa de más de 50 años, que habían pasado muchos años paradas en la cocina, caminando por la casa y criando hijos. Tenían los pies gruesos, con callos amarillentos en los talones y en la planta, dedos cortos y anchos, uñas un poco gruesas y un olor fuerte a sudor maduro mezclado con el aroma de la casa.
Las nenas se miraron entre sí, algunas riéndose nerviosas y otras con cara de asco y curiosidad.
Verónica fue la primera en hablar, señalando su pie:
—Empiecen por mí, mis amorcitas. Chupen los deditos de mamá. Metan la boquita y chupen bien, como si fueran chupetines. Tienen que aprender a mimar los pies de las mujeres grandes.
Las nenas se acercaron. Lali y Cati fueron las primeras en obedecer. Lali tomó uno de los deditos de su mamá y empezó a chuparlo con su boquita chiquita. Verónica gemía bajito de placer y le acariciaba el pelo:
—Así, mi bebita… chupá bien los deditos de mamá. Qué rica boquita tenés… tan chiquita y tan caliente.
Marta levantó uno de sus pies gruesos y callosos y lo puso frente a Camila y a dos nenas del jardín:
—Vengan, mis nenitas… chupen los pies de la tía Marta. Aunque estén un poquito callosos y sudados, tienen que chuparlos igual. Metan la lengua entre los deditos y limpien bien.
Las nenas dudaron un segundo, pero Marta las animó:
—No sean tímidas… los pies de las tías también merecen cariño. Chupen fuerte, saquen la lengua y laman entre los callos. Eso es, así… muy bien, mis putitas del jardín.
Carlota, la más grosera, levantó sus pies grandes y pesados, con talones muy callosos y un olor fuerte a sudor viejo, y los puso frente a otras tres nenas:
—Acérquense, cabroncitas… chupen los pies de la tía Carlota. Están bien usados, bien sudados y con callos gruesos… pero eso es lo que tienen que lamer. Metan la lengua bien adentro, entre los deditos, y chupen todo. Quiero sentir sus boquitas calientes limpiándome los pies.
Las nenas empezaron a chupar. Se escuchaban sonidos de succión y lamidas. Algunas nenas arrugaban la nariz por el olor fuerte de los pies de Marta y Carlota, pero seguían obedeciendo. Las mamás gemían de placer y les daban instrucciones:
Verónica (con voz dulce):
—Chupá más fuerte los deditos de mamá, Lali… meté toda la boquita. Qué rico se siente tu lengüita chiquita en mis pies tan bonitos.
Marta (riendo):
—Laman bien entre los callos, mis amorcitas… no tengan asco. Los pies de la tía están así de usados porque cuido de ustedes todo el día. Ahora devuélvanme el favor con la boquita.
Carlota (más bruta):
—Chupen más fuerte, putitas… métan la lengua entre mis deditos gordos. Quiero sentir cómo me limpian los callos con sus lengüitas virginales. Así… muy bien. Mañana en el jardín van a tener gusto a pies de tía en la boca y nadie va a saber.
Las tres mamás zorras se regodeaban viendo cómo las nenitas del jardín les chupaban los pies: unas chupando los pies suaves y bonitos de Verónica, otras lamiendo los pies gruesos, callosos y sudados de Marta y Carlota.
Las nenas se reían nerviosamente entre lamida y lamida, algunas con cara de asco, otras empezando a disfrutar del juego prohibido. Las mamás seguían gimiendo y dando órdenes, claramente excitadas por ver esas boquitas chiquitas trabajando en sus pies maduros.
Miranda terminó de contar y miró a las cinco chicas con una sonrisa suave pero muy caliente.
—Las mamás se excitaban muchísimo viendo cómo las nenitas les chupaban los pies, especialmente los más usados y callosos de las tías. Les encantaba el contraste entre sus pies de mujeres maduras y las boquitas inocentes de las nenas del jardín.

—Una de las cosas que más les gustaba a las tres mamás era combinar la lactancia con la adoración de sus pies. Les excitaba mucho que las nenitas les chuparan los pies mientras otras mamaban de sus tetas llenas de leche.
Primera escena – Verónica y sus pies bonitos
Verónica se sentó cómodamente en el sillón grande, abrió las piernas y levantó un pie elegante y bonito (el más estético de las tres). Con la otra mano se apretó una de sus tetas enormes y llamó a Lali y a una nenita del jardín llamada Emma.
—Vengan, mis bebitas… Lali, tú vas a mamar de la teta de mamá, y Emma, tú vas a chuparle los pies a mamá.
Lali se prendió rápidamente del pezón derecho de su mamá y empezó a mamar con fuerza, tragando leche tibia. Al mismo tiempo, Emma se arrodilló frente al pie de Verónica y, con timidez, se metió el dedo gordo en la boca y empezó a chuparlo.
Verónica gemía de placer y les hablaba con voz maternal y caliente:
—Así, mi amor… mamá te da su lechita rica mientras tu amiguita me chupa los pies. Emma, chupá más fuerte los deditos de mamá… meté toda la boquita. Qué rico se siente tu lengüita chiquita en mis pies tan suavecitos…
Emma chupaba con más ganas, moviendo la lengua entre los dedos de Verónica mientras Lali seguía mamando con los ojos cerrados, tragando leche. Verónica alternaba: le acariciaba la cabeza a Lali y empujaba suavemente el pie contra la boca de Emma.
—Miren qué lindo… una nenita mamando leche y otra chupando los pies de mamá al mismo tiempo. Esto es lo que hacen las nenitas buenas del jardín cuando nadie las ve.
Segunda escena – Marta y sus pies callosos
Marta, con sus pies más gruesos y llenos de callos, se sentó y llamó a Camila (su hija) y a dos nenas del jardín.
—Camila, vení a mamar de la teta de mamá… y ustedes dos, arrodíllense y chupen bien los pies de la tía. Están un poco callosos y sudados, pero tienen que lamerlos igual.
Camila se prendió del pezón izquierdo de su mamá y empezó a mamar con avidez, tragando leche. Las otras dos nenas se arrodillaron frente a los pies grandes y callosos de Marta. Al principio dudaron por el olor fuerte y los callos amarillentos, pero Marta las animó:
—Chupen, mis nenitas… no tengan asco. Laman entre los callos, metan la lengua bien adentro. Mientras mi hijita toma su lechita, ustedes me limpian los pies con la boquita.
Las dos nenas empezaron a chupar. Una le lamía el talón calloso y la otra le metía los dedos gordos en la boca, chupándolos con fuerza. Marta gemía de placer y les hablaba mientras Camila mamaba:
—Así, mis putitas del jardín… chupen bien los pies callosos de la tía. Miren cómo mi hija toma leche mientras ustedes me lamen los pies sudados. Qué rico contraste… una nenita mamando y otras dos lamiendo callos.
Marta empujaba suavemente los pies contra las boquitas, obligándolas a chupar más profundo, mientras gemía y acariciaba la cabeza de Camila.
Tercera escena – Carlota y sus pies gruesos y sudados
Carlota, la más bruta y con los pies más usados (gruesos, con callos gruesos en talones y planta, y un olor fuerte a sudor), se sentó y llamó a Cati, Lali y a dos compañeritas del jardín.
—Vengan aquí, cabroncitas. Cati y Lali, una a cada teta… y ustedes dos, al piso. Quiero que me chupen bien los pies. Están bien sudados y callosos después de tanto caminar por la casa, pero eso es lo que tienen que lamer.
Cati se prendió de un pezón y Lali del otro. Ambas empezaron a mamar con fuerza, tragando leche tibia mientras Carlota gemía. Las dos nenas del jardín se arrodillaron frente a los pies grandes y pesados de Carlota.
Carlota levantó un pie y lo puso directamente en la boca de una de ellas:
—Chupá, mi nenita… meté toda la boquita en el pie de la tía. Lame entre los callos, chupá los deditos gordos. Mientras tus amiguitas maman leche, ustedes me limpian los pies sudados.
Las dos nenas empezaron a chupar con timidez, pero Carlota las presionaba:
—Más fuerte… saquen la lengua y laman bien los callos. Quiero sentir sus boquitas calientes en mis pies de ama de casa. Qué rico… dos nenitas mamando de mis tetas y otras dos chupándome los pies callosos y sudados.
Carlota gemía fuerte, moviendo los pies dentro de las boquitas de las nenas, mientras Cati y Lali seguían mamando con los ojos cerrados. La escena era brutalmente morbosa: dos nenas tragando leche de las tetas gigantes de Carlota mientras otras dos le chupaban los pies gruesos, callosos y con fuerte olor a sudor maduro.
Las tres mamás se miraban entre ellas, excitadas, mientras las nenas cumplían con los dos roles al mismo tiempo: mamar leche y chupar pies.
Miranda terminó de contar y miró a las cinco chicas con una sonrisa suave pero muy caliente.
—Las mamás disfrutaban muchísimo esa combinación… tener una nenita mamando de sus tetas mientras otras les chupaban los pies, especialmente los más usados y callosos.

—Una de las cosas que más les gustaba a las tres mamás era combinar la lactancia con la adoración de sus pies. Les excitaba mucho que las nenitas les chuparan los pies mientras otras mamaban de sus tetas llenas de leche.
Primera escena – Verónica y sus pies bonitos
Verónica se sentó cómodamente en el sillón grande, abrió las piernas y levantó un pie elegante y bonito (el más estético de las tres). Con la otra mano se apretó una de sus tetas enormes y llamó a Lali y a una nenita del jardín llamada Emma.
—Vengan, mis bebitas… Lali, tú vas a mamar de la teta de mamá, y Emma, tú vas a chuparle los pies a mamá.
Lali se prendió rápidamente del pezón derecho de su mamá y empezó a mamar con fuerza, tragando leche tibia. Al mismo tiempo, Emma se arrodilló frente al pie de Verónica y, con timidez, se metió el dedo gordo en la boca y empezó a chuparlo.
Verónica gemía de placer y les hablaba con voz maternal y caliente:
—Así, mi amor… mamá te da su lechita rica mientras tu amiguita me chupa los pies. Emma, chupá más fuerte los deditos de mamá… meté toda la boquita. Qué rico se siente tu lengüita chiquita en mis pies tan suavecitos…
Emma chupaba con más ganas, moviendo la lengua entre los dedos de Verónica mientras Lali seguía mamando con los ojos cerrados, tragando leche. Verónica alternaba: le acariciaba la cabeza a Lali y empujaba suavemente el pie contra la boca de Emma.
—Miren qué lindo… una nenita mamando leche y otra chupando los pies de mamá al mismo tiempo. Esto es lo que hacen las nenitas buenas del jardín cuando nadie las ve.
Segunda escena – Marta y sus pies callosos
Marta, con sus pies más gruesos y llenos de callos, se sentó y llamó a Camila (su hija) y a dos nenas del jardín.
—Camila, vení a mamar de la teta de mamá… y ustedes dos, arrodíllense y chupen bien los pies de la tía. Están un poco callosos y sudados, pero tienen que lamerlos igual.
Camila se prendió del pezón izquierdo de su mamá y empezó a mamar con avidez, tragando leche. Las otras dos nenas se arrodillaron frente a los pies grandes y callosos de Marta. Al principio dudaron por el olor fuerte y los callos amarillentos, pero Marta las animó:
—Chupen, mis nenitas… no tengan asco. Laman entre los callos, metan la lengua bien adentro. Mientras mi hijita toma su lechita, ustedes me limpian los pies con la boquita.
Las dos nenas empezaron a chupar. Una le lamía el talón calloso y la otra le metía los dedos gordos en la boca, chupándolos con fuerza. Marta gemía de placer y les hablaba mientras Camila mamaba:
—Así, mis putitas del jardín… chupen bien los pies callosos de la tía. Miren cómo mi hija toma leche mientras ustedes me lamen los pies sudados. Qué rico contraste… una nenita mamando y otras dos lamiendo callos.
Marta empujaba suavemente los pies contra las boquitas, obligándolas a chupar más profundo, mientras gemía y acariciaba la cabeza de Camila.
Tercera escena – Carlota y sus pies gruesos y sudados
Carlota, la más bruta y con los pies más usados (gruesos, con callos gruesos en talones y planta, y un olor fuerte a sudor), se sentó y llamó a Cati, Lali y a dos compañeritas del jardín.
—Vengan aquí, cabroncitas. Cati y Lali, una a cada teta… y ustedes dos, al piso. Quiero que me chupen bien los pies. Están bien sudados y callosos después de tanto caminar por la casa, pero eso es lo que tienen que lamer.
Cati se prendió de un pezón y Lali del otro. Ambas empezaron a mamar con fuerza, tragando leche tibia mientras Carlota gemía. Las dos nenas del jardín se arrodillaron frente a los pies grandes y pesados de Carlota.
Carlota levantó un pie y lo puso directamente en la boca de una de ellas:
—Chupá, mi nenita… meté toda la boquita en el pie de la tía. Lame entre los callos, chupá los deditos gordos. Mientras tus amiguitas maman leche, ustedes me limpian los pies sudados.
Las dos nenas empezaron a chupar con timidez, pero Carlota las presionaba:
—Más fuerte… saquen la lengua y laman bien los callos. Quiero sentir sus boquitas calientes en mis pies de ama de casa. Qué rico… dos nenitas mamando de mis tetas y otras dos chupándome los pies callosos y sudados.
Carlota gemía fuerte, moviendo los pies dentro de las boquitas de las nenas, mientras Cati y Lali seguían mamando con los ojos cerrados. La escena era brutalmente morbosa: dos nenas tragando leche de las tetas gigantes de Carlota mientras otras dos le chupaban los pies gruesos, callosos y con fuerte olor a sudor maduro.
Las tres mamás se miraban entre ellas, excitadas, mientras las nenas cumplían con los dos roles al mismo tiempo: mamar leche y chupar pies.
Miranda terminó de contar y miró a las cinco chicas con una sonrisa suave pero muy caliente.
—Las mamás disfrutaban muchísimo esa combinación… tener una nenita mamando de sus tetas mientras otras les chupaban los pies, especialmente los más usados y callosos.
Las amiguitas de Juana estaban completamente mudas, con la respiración agitada y las caras ardiendo.

7 Lecturas/8 agosto, 2026/0 Comentarios/por Rodri27
Etiquetas: colegio, hermanita, madura, maduro, maduros, mayor, mayores, sexo
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