Mis hijos me descubren y me follan
En la pandemia, no pude ocultar mi secreto y mi hijos, al descubrirlo me hicieron su puta.
Siempre fui una mujer muy sexual, incluso desde pequeña. Pasaba mucho tiempo sola al volver del colegio, ya que mis padres trabajaban mucho fuera de casa, y ahí es cuando comenzó mi curiosidad y mi despertar, a los 12 años con el perro de la familia. Pero ese quedara para un próximo relato.
Durante mi adolescencia, y hasta mis 22 años, a pesar de tener novios y experimentar con ellos yo nunca deje de tener sexo con mi perro, hasta que me mude de ciudad para ingresar a la universidad y luego ya me case, tuve dos hijos varones, luego me divorcie y empecé a criar a mis hijos yo sola.
Siempre fui una mujer liberal de andar desnuda o con muy poca ropa en mi casa. Mis hijos se criaron viéndome así y todo siempre fluyo normal. A lo mucho, si tenia que salir de casa con ellos en verano, solo usaba algún vestido corto sin brasier y sin bragas, ya que la ropa interior siempre me ha molestado.
La dinámica siempre fue simple y monótona: Los niños iban al colegio, yo al trabajo, luego los buscaba del colegio y los llevaba al club de futbol, yo volvía a casa y ahí es donde daba rienda suelta a mi placer follando salvajemente con mi perro hasta que tenia que volver al club a buscar a mis hijos. Muchas veces iba incluso con el coño o el culo brotando de semen y eso me excitaba muchisimo.
Cuando llego la pandemia todo cambio, y vaya que lo hizo. Mis hijos ya no iban al colegio ni al club, y yo trabajaba con mi laptop desde casa. Pero, a donde quedaban mis deseos de follar?
Un día, me levante a las 4am, con mucho calor y completamente desnuda. Fui a beber un vaso con agua y desde el patio el perro me miraba jadeando con su pene afuera. Eso me prendió. Me prendió tanto que tuve que salir al patio en silencio y acariciar su pene, sentir su lengua entre mis piernas y ponerme a cuatro patas para que me folle como bien sabe hacerlo desde hace años. Mis hijos dormían y jamás se despertaban a esa hora de la madrugada. Pero esa noche fue la exepcion.
Entre los jadeos del pero y mis gemidos suaves y contenidos, una voz sonó como un trueno en el medio del silencio: «Mama, que estas haciendo?» – escuche cuando levante la vista hacia el frente.
Mis hijos de 12 y 13 años me miraban incrédulos pero fascinados. Ambos estaban desnudos y con su pene erecto mientras se tocaban. Mis sensaciones eran confusas. Sentía vergüenza pero al mismo tiempo me excitaba mas. Les dije que vuelvan a dormir, pero obviamente no me hicieron caso y se quedaron por los siguientes 10 minutos viendo como el perro me llenada el coño de semen.
Cuando me incorpore de la posición de perrita, note que ellos no decían nada pero sus penes seguían firmes, erectos y hasta latían. Así, que como en un acuerdo implícito firmado solo con nuestras miradas, me agache y comencé a chupar sus pequeñas pollas al mismo tiempo por unos 2 o 3 minutos aproximadamente, hasta que ambos se vinieron en mi boca.
Luego de esa noche, nuestra dinámica madre e hijos cambio radicalmente. Pero eso, será para otro relato

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