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Incestos en Familia, Sado Bondage Hombre, Sado Bondage Mujer

MIS QUERIDOS ANGELITOS (Capitulo 4 LLEGA SARITA?

Llega Sarita.
No volvimos a tener un finde para nosotros. En los meses siguientes, Paquito pasó un par de veces para que le explicara algo, pero con el poco tiempo que teníamos solo le dio tiempo a chupármela y siempre a petición suya.

Un día, pasado el año nuevo y antes de reyes, la madre pasÓ a casa acompañada por Paquito y Sarita. Me preguntó si me podía quedar unos minutos con ellos porque tenía que hablar por videollamada y era muy importante. Por supuesto, la dije que si y nos dejó solos.

––¿Queréis merendar?

––Yo no ––respondió Sarita.

––Lo que queremos es otra cosa, pero no hay tiempo ––respondió Paquito. Instintivamente, miré a la niña y su hermano se echo a reír––. Ya te dije que mi hermana es mi mejor amiga, mi confidente y no tengo secretos con ella.

Sarita me miró y levantó en dedo pulgar con una maravillosa sonrisa.

––Papa se ha ido de casa ––dijo de repente Paquito.

––Pero se ha ido para siempre, o…

––Se ha ido a la China ––contesto Sarita––, y por lo que hemos oído decir a mama, no va a regresar.

––No sé si son buenas noticias.

––Son geniales. Le odiaba y ya no tengo que chupársela.

––Ni yo ––afirmó Sarita. Me fijé detenidamente y vi que era una preciosidad.

––Mama parece que tarda.

––La quieren trasladar a otra ciudad y lo está intentando solucionar.

––No me jodas ¿no os voy a volver a ver? ––en ese momento se abrió la puerta que se había quedado entornada y entró la madre. Tenía los ojos un poco enrojecidos––. ¿Va todo bien?

––¿Por qué no os vais a casa y ponéis una peli, que ahora voy yo? ––les dijo después de pensar unos segundos.

––Guay ––dijo Paquito y antes de salir se abrazó a mí. Al verlo, Sarita hizo lo mismo. La madre, al verlo, sonrió.

––Tienes unos hijos maravillosos. ¿Qué ocurre?

––Ahora vivimos solos. Mi marido se ha ido fuera de España y encima a mí me trasladan a Barcelona.

––¿Y es definitivo?

––Tengo que contestar, pero no me puedo ir a Barcelona con dos niños. Allí no conozco a nadie. Trabajo los fines de semana presencialmente y teletrabajo dos o tres horas al día durante la misma.

––Si te puedo ayudar en algo… supongamos que te quedas aquí. ¿Cómo sería?

––Allí tengo que estar antes de las 17:00 del viernes y regreso a Chamartín a las 20:00 del domingo.

––Vamos a ver. El finde que Paquito estuvo conmigo no dio la más mínima guerra y me da la impresión de que su hermana es igual.

––Sí, sí, son como dos gotas de agua.

––Lo que te voy a proponer es sin ningún compromiso, es decir, si no te parece bien no hay problema. El viernes los dejas en el cole y te vas al AVE. Por la tarde los recojo y los traigo aquí. Que hagan los deberes, que vean alguna peli o lo que quieran, hasta que regreses el domingo. Tengo una habitación con un sofá cama grande: pueden dormir juntos.

––Eso no seria problema, los dos duermen como mantas.

Durante unos minutos estuvimos conversando dándola a entender que la hacía un favor cuando la realidad es que me lo hacía a mí: un finde entero con Paquito y Sarita. Mientras hablábamos, mi imaginación volaba con todo lo que les iba a hacer y se me empezó a poner morcillona. Me asusté por si se daba cuenta y deje de imaginar tan intensamente. Finalmente, se convenció. Intento pagarme algo, a lo que me negué categóricamente.

 

El primer fin de semana que ya tenía que trabajar, los dejó en el cole y se fue. A las 17:00 como un clavo estaba en la puerta. Cuando salieron, paramos en el parque y les saque una foto con los pulgares levantados y se la mande a su madre que contesto con un emoji riendo y otro con corazones.

Los escasos mil metros que separaban el cole de casa los pase con la polla disparada. Los dos iban por delante y los miraba el trasero. El de Sarita era atrayente porque como iba con el uniforme escolar con falda (Paquito llevaba pantalón) lo tenia ligeramente respingón. Solo pensar que iba a meter la polla en la maravillosa boquita de Sarita y luego en algún otro sitio más, hizo que estuviera a punto de correrme. De todas maneras iba a repartir mis atenciones entre los dos, aunque ya había pensado en una estrategia que esperaba que me diera resultado.

Llegamos a casa y lo primero que hicieron es hacer deberes. Fue poco tiempo porque se aplicaron en el cometido y además eran buenos estudiantes.

––Muy bien ––les dije cuando acabaron––, lo primero es que os tenéis que bañar. Si queréis, podéis llenar la bañera y meteros los dos juntos. Luego pasaré para daros instrucciones.

––¿Una bañera? ––preguntó Sarita––. ¡Genial! En casa no tenemos.

––Se me olvido decírtelo. La otra vez no use ropa, pero era verano ––dijo Paquito.

––Bien visto. Lo hacemos igual: voy a subir el termostato. Y otra cosa ––dije mirando a Sarita––. A tu hermano le grabé en video y contigo quiero hacer lo mismo. ¿Te parece bien?

––Guay.

 

Estaban en la bañera cuando llamó su madre para ver como estaban: lógicamente estaba preocupada.

––Están metidos en la bañera. Haz una videollamada ––mientras lo hacía, entré en el baño y se lo dije a los niños. Después, acepté la llamada y coloqué el móvil en la banqueta para que pudieran hablar y me salí para prepararlo todo.

Al cabo de unos minutos regresé y la comunicación se había cortado. Cogí el móvil y empecé a grabarles mientras chapoteaban y jugaban en el agua. Estuvieron mucho tiempo y cuando terminaron salieron y se secaron con las toallas. Durante todo el tiempo les seguí grabando. Cuando estuvieron secos, Sarita se envolvió en la toalla para salir, pero su hermano, con un ademan cariñoso se la quitó para que saliera desnuda al salón.

––Sarita ––la dijo abrazándola con cariño. Se notaba que sentía devoción por ella y recordé que en una ocasión comento que si no tenían relaciones era porque tenían terror del padre. Denia ser una buena pieza: les obligaba a chupársela, pero les inculcaba una moral estricta––, a partir de ahora obedeceremos todo lo que el nos diga.

––Siempre y cuando estés de acuerdo ––puntualice acariciándola la espalda y bajando la mano hasta su traserito que se sentía maravilloso.

––Yo quiero que me hagas todo lo que le hiciste a Paquito.

––Genial, mi amor. Vamos a salir al salón y lo primero es que vamos a hablar de todo esto. Pero primero hazte dos coletas, por favor.

––Guay.

Salimos al salón y les seguí con el móvil. Les dije que se quedaran de pies frente al sillón. Dejé de gravar y enchufe el móvil porque se había quedado temblando. Lo tenia todo preparado. Había comprado un pequeño tripode con ruedas y una cámara de video de 8K, que estaba conectada al ordenador que estaba abierto sobre una mesita. Me quite la ropa y me senté en el sillón. Frente a mi había colocado un espejo para poder verles el traserito cuando me la chuparan.

––Muy bien niños. Paquito, lo primero que quiero decirte es que tu hermana es preciosa, como mínimo igual que tu, pero me resultaría difícil tener que elegir. De hecho, no lo voy a hacer ––y dando unos golpecitos en el brazo del sillón le indiqué que se sentara allí. Después miré a Sarita y la dije––, muy bien mi amor: arrodíllate entre mis piernas, separa las piernas y las manos a la espalda.

Obedeció al instante.

––¿Sabes una cosa Paquito? –– pregunté mientras le pasaba el brazo por la cintura––, entiendo que por miedo no os enrollarais, pero es que ahora mismo tengo ganas de saltar sobre ella como un tigre de bengala y follarla toda la tarde.

––Mientras también lo hagas conmigo ––dijo Paquito soltando una carcajada. Noté cierta aptitud de coquetería en ella.

––Por supuesto. Os voy a hacer de todo a los dos, pero primero tenemos que conseguir la autorización de tu hermana.

––La tienes.

––Vamos despacio. Dime tu nombre y apellidos.

––Sarita Perez Garcilaso.

––¿Edad?

––Casi 10.

––¿De alguna manera tu hermano y yo te estamos obligando a hacer lo que vayamos a hacer?

––No. Quiero estar con vosotros y que me hagáis cosas.

––¿Y me vas a obedecer en todo? ––afirmó con la cabeza––. Perfecto. Paquito, ponte delante de tu hermana y que te la chupe.

Rápidamente, se levantó de donde estaba sentado y se puso junto a ella que inmediatamente se giró y se metió el pingajillo de su hermano en la boca. Los tenía a medio metro de distancia y la imagen era tan potente que la polla me iba a reventar. La estuve haciendo indicaciones para que lo hiciera bien. Al cabo del rato, su hermano se corrió después de que le ayudara metiendole un dedo en el culo.

––No lo eches, quedatelo en la boca y enséñanoslo ––la ordené y servicial lo hizo––. Ahora tragatelo ––me obedeció–– ¿Te ha gustado tener una polla en la boca? ––asintio ––. ahora vas a tener una mucho más grande.

La atraje hacia mi y sujetándola de las coletas la metí la polla en la boca. Hice una señal a Paquito para que se situara detras de ella––. Acariciala el chochito y métela un dedo, pero solo por el culo.

 

Cuando sintió el dedito de su hermano abriéndose paso por la estrechez anal, intentó incorporarse mientras soltaba un gemidito. No la deje y al cabo del un par de minutos, mientras Sarita gemía más, ya de puro placer, le indiqué que lo hiciera con dos. Pasó a gozar a lo bestia y en ese momento me corrí y la llene la boquita de leche. Su hermano insistió y finalmente llegó ella también al orgasmo y berreo mucho y su cuerpecito se llenó de sudor.

––Paquito, dala azotes ––empezó a dárselos mientras yo la sujetaba las manos a la espalda, pero como vi que no era capaz de pegarla suficientemente fuerte, la puse boca abajo sobre mi pierna y empece a azotarla yo. Después, coloque a su hermano junto a ella y lo hice con los dos alternativamente. Durante más de diez minutos, lo estuve haciendo. Finalmente los incorporé y los arrodillé entre mis piernas. Le fui ofreciendo la polla alternativamente pasándola por sus llorosas y mocosas caritas––. Pues como ya nos hemos corrido los tres, vamos a cenar. ¿Que quereis, pizza, burguer, chino?

––¡Pizza! –-dijeron los dos a la vez.

––A ver si acierto: ¿piña?

––Claro, ––respondió Paquito mientras su hermana asentía––. Es la mejor.

––Pues piña.

8 Lecturas/14 mayo, 2026/0 Comentarios/por cleversex
Etiquetas: amiga, anal, hermana, hermano, madre, mama, padre, papa
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