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Incestos en Familia, Orgias

Orgia con la familia de mi novia

Mi novia me pide que conviva con ella , su madre, su hermana y su pequeña hija para tener sexo con todas.
Hace cinco años conocí a Julia, y quedé enamorado de ella a primera vista. Es una chica sencilla, muy bonita, con un cuerpo bien formado, y sumamente femenina. Los primeros tiempos solo salíamos a lugares públicos, y tardé quizá demasiado en insinuarle, tener intimidad con ella. Cuando me decidí ella me advirtió, que debía sincerarse, antes de dar ese paso. Fue entonces que me contó, que tenía una hija de ocho años, producto de un desliz que cometió en su adolescencia. El padre desapareció y no se hizo cargo, así que a los diecisiete años se convirtió en mama soltera, y en su casa la apoyaron, para que tuviera el bebe.  Así fue que los primeros años de su juventud la pasaba encerrada en su casa, sin tener relación con las chicas y muchachos de su edad. Recién desde al año pasado, comenzó a salir con compañeras de trabajo, y en una de esas salidas, nos conocimos. Por eso quería saber si yo toleraba esa situación, ya que de lo contrario por mas que le pesara, no quería que siguiéramos avanzando.

Por supuesto que le dije que la aceptaba tal como era la situación, y que por el contrario quería conocer a su hija y su familia, porque sentía que lo nuestro era algo serio.

Ahí apareció la primera contradicción, ya que ella me dijo que prefería que no fuera a la casa, pero que podían arreglar salir algún sábado o domingo por la tarde, para que conociera a su hija, Martina.  Me explicó que no se llevaba bien con su padre, ni con su madre, así que para no tener problemas me pidió que por ahora no fuera a su casa.  En ese momento me enteré, que tenía una hermana menor en ese momento de veintitrés años, con la que tenía mejor relación en la familia.

Desde ahí, en varias oportunidades organizamos salidas con su hija, y realmente la pasábamos muy bien. La niña a medida que nos fuimos conociendo se encariño conmigo, y yo comencé a quererla como si fuera mi propia hija. Era muy bonita, como la madre, y un poco más alta que la media de su edad, con un cuerpo muy delgado, pero armonioso.

Yo vivía también con mis padres, y comencé a proyectar en que Julia y Martina vinieran a vivir conmigo, alquilando un departamento, ya que con los ingresos de ambos lo podríamos lograr. Pero ahí vino la segunda contradicción. Ella me aclaró que me amaba y que deseaba poder irnos a vivir los tres, pero aún no podía hacerlo, por un problema en el seno de su familia, que aún no podía solucionar. No quiso darme demasiados detalles, por lo que comencé a preocuparme, por saber que era lo que pasaba.

Los siguientes dos años pasaron sin novedad, pero cada vez sentía con más intensidad la necesidad de convivir con ella, pero sistemáticamente me pedía tiempo, y se excusaba de contarme cual era el problema. Le pedí varias veces que confiara en mi, pero, ahí se ponía muy mal y me rogaba que aceptara lo que ella decidia.

Hace un año, me llamo al trabajo para avisarme que el padre había muerto de un ataque al corazón, cuando se encontraba descansando en su dormitorio. Me avisó cual era la casa donde se iba a hacer el velatorio, y me pidió que no fuera. Pero ahí me puse firme, y le avise que iría, y que no iba a dejarlas solas en esa circunstancia a ella y a Martina. Sentí que lloraba desde el otro lado del teléfono, y le prometí que no haría nada que pudiera ponerla mal con su familia, pero que estaba decidido a ir.

Dos horas después entraba en la sala donde velaban a padre de Julia, y conocí por primera vez a su madre y su hermana. Martina apenas me vio vino corriendo y me abrazo con fuerza, como buscando alguien que la ayude.

Lo primero que me sorprendió, fue que ni Julia ni el resto de la familia mostraban signos de dolor. Imaginaba que la viuda y las hijas lloraran la muerte del hombre, pero sus rostros eran neutros como si no sintieran ninguna emoción.  La única más demostrativa era Martina, pero al contrario de lo que imaginaba, estaba contenta con mi presencia, y ella fue la que me presentó, con su abuela y la tía.

Mi suegra, Susana, era una bella mujer, que, pese a sus años, mantenía rasgos de belleza en su rostro, y físicamente, parecía más joven de lo que realmente era. La hermana de Julia, se llamaba Iris, era dos años menor, pero no se parecía en nada a su hermana.  Sin embargo, era bonita, pero extremadamente delgada. Un poco más alta que Julia, por lo que parecía aún más frágil.

Primero salude a Susana, quien me agradeció mi presencia, y me invitó a que, de ahora en adelante, fuera a visitarlas. Me contó que Martina le hablaba maravillas de mí, por lo que hacía rato que la insistía a Julia para que me invitara a la casa. Eso me sorprendió, pero hice silencio, ya que, por algún motivo, mi novia se había opuesto a ello.  Algo similar paso cuando nos presentamos con Iris, quien insistió en que fuera a visitarlas.

No había mucha gente en el velatorio. El padre no tenia familiares, y como no era una persona sociable, unos pocos amigos de su juventud, asistieron a darle el último adiós.

Ni siquiera en el momento en que era enterrado, la familia mostro signo de dolor. Nadie lloró por el muerto. Eso me hacia ruido, y empecé a sospechar que algo grave ocultaban en el seno de esa familia.

Un par de días después, salí con Julia, y mientras tomábamos un café, le pedí que me contara, la verdad de lo que pasaba en su familia. Su respuesta me dejó helado. Sin mirarme a los ojos dijo, » Si supieras la verdad, dudo que quieras seguir viéndome «.  Entonces me rogó, que no le volviera a sacar el tema, hasta que ella encontrara la forma de solucionarlo.

Pasaron unos meses, y la notaba muy nerviosa, y preocupada. En determinado momento me dijo que no sabía cómo poder solucionar la situación de su familia, y que no quería, que yo me involucrase, pero que temía que ello iba a ser inevitable.

Por fin un día me pidió que la llevara a un hotel, y luego de hacer el amor en forma muy intensa comenzó a relatar lo que la tenía tan mal.

Mira Sebastián, ya no puedo seguir ocultando lo que pasa en mi familia. Pero lo primero que debo sincerar, es que te mentí cuando te dije que el padre de mi hija había desaparecido. Es que no sabía cómo decirte que el padre de Martina es su abuelo.

La sorpresa fué tan grande que me costó procesar sus palabras. Y antes de que pudiera preguntar algo siguió hablando

Martina no lo sabe, pero mi madre y mi hermana sí. Mi padre me obligó a tener relaciones con él, desde que cumplí los doce años.  Antes de eso me hacia meterme en la cama matrimonial desnuda, mientras él tenía sexo con mi madre, y me tocaba, y hacía que mi madre también me tocara, y en ocasiones introducía sus dedos en mi vagina y otras veces en mi ano. Cuando cumplí los doce me desvirgó, y a los catorce me sodomizo. Pero lo peor es que nos obligaba a todas a mantener relaciones entre nosotras de las cuales el participaba activamente.  A mi hermana la incorporo a las sesiones sexuales desde los diez años, y a los doce, tal como hizo conmigo la desvirgo.  Nos obligaba a que le practicáramos sexo oral y eyaculaba dentro de nuestras bocas. En ocasiones nos obligaba a pasarnos el semen de una boca a otra, o a veces cuando acababa dentro de la vagina de una, hacia que otra le chupara y tragara el semen que salía.

Mi padre era un enfermo del sexo, y mientras fue joven, satisfacía sus instintos fuera de la casa.  Mi madre sabia de esas infidelidades, pero las toleraba, ya que ella no podía soportar físicamente las exigencias sexuales de él. Pero a medida que fue envejeciendo, ya no podía conseguir, sin pagar, sexo fuera de su casa, así que primero empezó a exigir a mi madre, sexo tres veces por día. Pero a veces ni siquiera así lograba calmarse. Fue entonces que comenzó a incluirme en sus juegos sexuales, pese a que mi madre le imploraba que no me tocara, cosa que él nunca le hizo caso. Al principio era muy chica y yo idolatraba a mi padre, así que el me convenció que me amaba más que a mi madre, y por eso me llevaba a la cama para que fuera su mujer. Pero el punto de quiebre fue el día que me penetró, pese a mi suplicas. Para mí fue una experiencia brutal, y lo peor es que todos los días lo repitió, hasta el día de su muerte.  Lo mismo hizo con mi hermana, y ella en determinado momento, empezó a tener problemas de nutrición, ya que no comía para que por su extrema delgadez no le agradara. Pero no dio resultado, e Iris desde entonces tiene problemas alimenticios y trastornos psicológicos.  Lo más grave que le hizo, a espaldas de mi madre, fue llevársela a la casa donde varios hombres jugaban cartas, y la ofreció para pagar una deuda de juego. Ella tenía en ese momento catorce años. Fue violada durante cinco horas por cuatro individuos que la dejaron inconsciente, y golpeada. Cuando volvió a casa mi madre lo enfrentó y solo consiguió, que le diera una brutal paliza, y la tuviera atada a la cama durante dos días sin soltarla, violándola cada dos o tres horas, sin dejarle siquiera ir al baño, así que la obligo a hacer sus necesidades en la misma cama donde estaba atada.

Vivíamos aterrorizadas, y nunca nos animamos a denunciarlo. A mí me decía que, si me iba a vivir con otro hombre, le iba a decir de quien era mi hija, y que yo me acostaba con cualquiera. Pero lo peor fue cuando me obligo a que Martina presenciara las sesiones sexuales desenfrenadas. La obligaba a desnudarse y la tocaba mientras mantenía sexo con cualquiera de nosotras. También le hacía ver cuando nos obligaba a tocarnos entre nosotras, así que ella se acostumbro a ver eso y en varias ocasiones me dijo si podía hacerlo con algún chico o chica fuera de la casa.

Como comprenderás estoy abrumada y no sé cómo salir de esto. No puedo dejarlas solas a mi madre y a Iris, pero ellas ahora están pensando dejar entrar a algún hombre, porque se acostumbraron a tener esa actividad sexual tan intensa, que ya no pueden dar marcha atrás. Yo no quiero entregar mi cuerpo a otro hombre que no seas vos, por eso te voy a pedir algo que no sé cómo lo vas a tomar, pero no le encuentro por ahora otra solución.

No podía salir de la sorpresa, y estupor por el relato de Julia, pero ahora temía saber que era lo que quería proponerme.

Julia, ven a vivir conmigo y trae a Martina, por ahora iremos a la casa de mis padres por un tiempo y buscaremos la forma de irnos a vivir a nuestra propia casa.

No puedo dejarlas solas a Susana e Iris, porque temo que se les meta alguno de los conocidos de mi padre, que estaban al tanto de lo que pasaba en casa, y terminen prostituyéndose para un mal tipo.

Pero entonces que podría hacer yo

Que vos vengas a vivir con nosotras.  Prefiero que seas vos el que atienda a mi familia porque sé que eres un buen tipo, y nunca les harías daño. Ellas necesitan ir adaptándose a la ausencia de mi padre, y que de a poco ir cortando esa necesidad de mantener relaciones sexuales. Pero deben ir haciéndolo de a poco.

A la semana de la muerte de mi padre. metieron a un hombre de color en la casa, de los que venden chucherías en la calle, y las encontré a las tres en una orgia con el tipo. Por suerte no era malo, y pude sacarlo de la casa amenazándolo con que lo denunciaba a migraciones, y el tipo salió disparado.  Pero en cualquier momento se puede meter un mafioso y vamos a terminar muy mal.

Por favor ayúdame y conviví con nosotras un tiempo, mientras buscamos la manera que se vayan adaptando y de ultima que cada una consiga una pareja normal, y podamos liberarnos

Pero me estas proponiendo, que venga a vivir a tu casa y mantenga relaciones con todas Uds., ¿inclusive con Martina que apenas tiene trece años?

Se que parece muy malo lo que te propongo, pero sé que sos una buena persona y que no les harías ningún daño. Vos podés disfrutar de tenernos a las cuatro para vos y evitamos que metan en la casa a algún indeseable. Por favor, mi amor, hacelo por mí, por favor.

Pero yo no soy tu padre, como voy a aguantar satisfacer a tantas mujeres, no creo tener la resistencia para lograrlo.

En eso quédate tranquilo, porque yo te voy a ayudar, de forma que no te agotes.

Hagamos una prueba. Ven el sábado a mi casa por la tarde, que las voy a preparar para ver si podemos hacerlo y si quedan conformes.

Ahí empezó, la historia de mi vida, signada por el sexo indiscriminado.  Descubrí que cuanto más se practica, más ganas se generan y la libido aumenta de forma tal que no te puedes detener.

La primera vez fue ese sábado por la tarde, y merece que lo relate, con la mayor precisión posible

Estaba asustado. Creía que era una locura lo que me sugería mi novia, pero lo planteo de tal forma que no podía decirle que no.

Cuando llegue, lejos de lo que imagine estaban Susana, Iris, y Martina, viendo una película en el living y se levantaron para saludarme. Todo parecía normal, y no hubo ningún signo de una posible sesión sexual. Julia me llevo a la habitación de sus padres, donde había una cama enorme y la comodidad de un baño en suite.  Nos sentamos en la cama y Julia comenzó a besarme y acariciarme mientras me decía que me tranquilizara y que ella me iba a ayudar para que no me sintiera abrumado.  Ella se desnudo primero y me pidió que la acariciara mientras me desnudaba. Me iba pidiendo donde quiera recibir la estimulación, y fuimos pasando por los pechos, las nalgas y por último en su vagina donde me pidió que le introdujera dos dedos y con la otra mano frotara el clítoris hasta hacerla tener un orgasmo.  A medida que aumentaba el ritmo, su vagina se lubrico de una forma increíble. Mis dedos estaban cubiertos de ese flujo, y ella entonces me pidió que siguiera frotando el clítoris y le metiera los dedos con su propio flujo por el ano. Para mi sorpresa, con facilidad entraron mis dedos hasta el fondo y en ese momento Julia alcanzó el primer orgasmo.  Se recostó un momento de espaldas en la cama para recuperarse, y mientras tanto con suavidad empecé a besarle sus pezones que estaban duros por la excitación.

Julia se incorporó y me aviso que la primera en incorporarse seria su madre.  Bastó que lo dijera, para que mi pene, que estaba duro como una piedra, se bajara. Ella lo notó y acariciándome me consoló, pidiéndome que me tranquilizara y solo me dejara llevar por el momento. Solo me advirtió que pasara lo que pasara, hasta que no estuvieran las cuatro listas en la habitación, no penetrara a ninguna y reservara el pene para los últimos placeres.

Julia salió de la habitación, y enseguida volvió a entrar del brazo de su madre, que lucía una salida tipo quimono corto y nada por debajo.  Se sentaron una a cada lado mío, y Julia empezó desatando el cinturón del quimono, y al abrirlo pude apreciar unos enormes pechos de Susana que mi novia comenzó a acariciar. De a poco por las caricias sus pezones se endurecieron, entonces Julia se puso en cuclillas frente a su madre y comenzó a chuparle uno de los pezones y me invitó a que hiciera lo mismo con el otro.  En un segundo mi pene estaba nuevamente duro. Susana gemía de placer y comenzó a abrir sus piernas en clara señal que buscaba mas estimulo en sus genitales. Julia tomo mi mano y la condujo hasta la entrada de la vagina de su madre y comenzamos a jugar con los labios vaginales de Susana, hasta que introduje un dedo, que quedo empapado por el flujo que salía del interior. En ese momento Julia metió su índice junto a el mío en su madre, y cuando lo sintió bien mojado lo saco y lo introdujo en el ano de Susana.  Mi suegra en un suspiro me suplico que le metiera mas dedos dentro, y de a poco fui cumpliendo su deseo hasta que solo quedo fuera el pulgar.  Entre tanto Julia ya tenía tres dedos en el ano de su madre y comenzó a meterlos y sacarlos primero lentamente y luego fue tomando ritmo hasta que los metía y sacaba a una velocidad que le provoco un orgasmo a su madre. Mi suegra me tomo del cuello y me beso metiendo su lengua dentro de mi boca con tal pasión que tuve que hacer un gran esfuerzo para no eyacular. Julia termino de sacarle la salida y pude apreciar el hermoso cuerpo de susana, que no aparentaba la edad que tenia.  Le pidió a la madre que se acostara boca abajo, y le separó las piernas, quedando al descubierto sus dos agujeros.  Me tomo de la nuca, primero me beso, y luego me indicó que lamiera el ano de su madre. Comencé a hacerlo y Susana comenzó a gemir casi a los gritos. Julia me indicaba las partes más sensibles de su madre para que la satisficiera. Con mi lengua dentro de su culo, y tres dedos de Julia en su vagina, al poco rato, mi suegra tuvo un orgasmo intenso, que la dejo sin aire por unos momentos.

Nuevamente Julia me pidió que esperara, y salió de la habitación.   Susana aun reponiéndose tomo con su mano derecha mi pene y apretándolo me dijo. No veo la horade tener dentro mío esta hermosura, y se acercó y volvimos a besarnos

Julia entro con Iris, vestida solo con una tanga color rojo. Sus pequeños pechos al descubierto dejaban adivinar por lo parado de sus pezones, que estaba lista para la acción.

Julia me indico que permaneciera de pie con las piernas algo abiertas.  Iris se arrodillo de frente y tomo mi pene y lo comenzó a chupar lentamente. Chupaba y cada tanto lo introducía hasta el fondo de la garganta. Estaba disfrutando de la mamada de Iris, cuando Susana se ubicó detrás mío, arrodillada, separo mis nalgas, y comenzó a darme un beso negro. Sentía su lengua que se introducía en mi ano y luego salía de él y hacia círculos alrededor del agujero.  Julia sonreía, y en un momento pregunto, si lo disfrutaba, y asentí con la cabeza y le pedí que me besara. Tenía a Iris sobre mi pene, Susana chupándome el culo, y ahora Julia chupaba mis tetillas.  Era un placer como nunca antes había experimentado. Hacia un enorme esfuerzo de concentración para no eyacular, pero sabía que así no lo iba a lograr. Cuando sentí que ya iba a explotar intenté separar a Iris, pero ella no lo permitió y también su madre seguía metiendo la lengua en mi ano y ambas abrazadas a mis caderas no me permitían moverme. Julia se dio cuenta que iba a eyacular y me alentó a que no me contuviera. Cuando sentí que ya no podía detenerlo grite que ya salía. Iris recibió el semen que salía a presión y seguía chupando el cuerpo de pene, pero fue tan grande la cantidad de esperma, que se ahogaba y parte del mismo empezó a salir por sus orificios nasales.  Entonces Julia se agacho y comenzó a chupar lo que salía de la nariz de su hermana. Susana dejo de estimular mi ano, y cuando por fin saque mi miembro de la boca de Iris, mi suegra comenzó a lamerlo haciendo una limpieza tan prolija que no quedo ni una gotita de semen. Iris había tragado el resto, y Julia le recrimino que no le había compartido la leche de su novio.  Todos reímos y a continuación Iris pidió que le hiciera sexo oral porque ella no había acabado. Me acosté boca arriba y ella se sacó la tanga y se puso sobre mi boca para que le estimulara la vagina y el clítoris. Susana fue por detrás de su hija y comenzó a lamerle el ano, de la misma forma que lo hiciera conmigo. En unos minutos Iris gemía de placer hasta que tuvo un orgasmo tan fuerte, que lleno mi boca con sus jugos. cuando salió de arriba mío Julia lamio los flujos de su hermana hasta que terminamos en un apasionado beso. Les dije a las tres que tenía que descansar para reponerme. Julia volvió a salir y trajo de la mano a Martina. Estaba totalmente desnuda, y el solo hecho de mirarla hizo que mi pene volviera a endurecerse. Julia nos indico que nos sentáramos en un diván que estaba al lado de la cama mientras ellas seguían.  Susana saco de un cajón un par de vibradores y se pusieron a darse placer entre las tres. Julia tomo un enorme pene de goma, lo lubrico y comenzó a metérselo por el ano a su madre, mientras Iris se subía abriendo sus piernas y poniéndole su vagina en la boca de su madre, que a duras penas soportaba la introducción en su culo del enorme consolador. Cuando logro Julia metérselo totalmente. Susana comenzó a chupar con un ritmo frenético la vagina de su hija menor, y empezó a tener un orgasmo tras otro. Julia me miraba y veía a Martina sentada sobre mi pene, y la niña a medida que se fue excitando por lo que pasaba en la cama, comenzó a frotarse, y en unos minutos, su vagina chorreaba flujos sobre mi pene. Pero no quería metérselo a ella. La alcé,  fuimos hasta la cama y la acosté de espaldas, y acerqué a Julia quien también se quedó de espalda. Ya no quería contenerme más. Tome mi pene, que nuevamente estaba bien duro y primero lo frote sobre la vagina de Martina, llenándolo de su flujo, y luego lo dirigí hacia la vagina de Julia y lo introduje hasta el fondo. Ella se arqueo porque sintió la fuerza de la penetración. Le indique a Martina que se pusiera sobre su madre abrazándola. Mientras penetraba a Julia veía la vagina y el ano de la niña, y comencé a sobre excitarme. Busqué con mi dedo pulgar lubricarlo en la vagina de ella y luego se lo introduje lentamente por el culo, mientras seguía cogiendo a Julia. En ese momento Julia tomo entre sus manos la carita de su hija y la dio un beso de lengua apasionado. Mire a Julia y le avise lo que haría. Ella asintió con la cabeza, entonces saqué mi pene de la vagina de Julia y con cuidado empecé a metérselo a Martina. La chiquita comenzó a gemir apenas sintió que el glande se abría paso en su estrecha conchita. Pero estaba tan excitada que lubrico tanto que fácilmente pude introducir hasta la mitad mi pene. después de un rato pase a otro nivel. Saque el miembro de su conchita y apoye el glande en la entrada de su culito. Me acerque y le dije al oído que le iba a doler al principio hasta que pasara toda la pija, pero luego de a poco lo iba a disfrutar. Empecé lentamente la penetración y podía sentir la resistencia que su esfínter ofrecía a mi pene. Cuando paso el glande me detuve. Martina respiraba agitadamente, y su rostro estaba rojo por aguantar el dolor. Julia la abrazaba y le daba ánimo para pasar el momento.  Susana e Iris, cuando advirtieron que estaba desflorando a Martina se detuvieron y se pusieron a nuestro alrededor dándole animo y consolando a la pequeña. Julia me miro, y casi ordenándome, pidió que terminara de meterla. Me acomodé mejor., alce a Martina de las caderas y primero hice un movimiento como para sacar el pene y luego lo introduje de un solo movimiento. La chica grito de dolor e intento cerrar las ´piernas, pero por la posición que quedamos era imposible. Julia la abrazaba y la besaba dándole animo. Su tía y su abuela también la consolaban dándole animo. Después de unos interminables minutos, por fin su esfínter dejo de presionar y el dolor comenzó a ceder. Martina pregunto si se lo iba a sacar y le conteste que aun no, porque en un rato vendría lo mejor. Sentía que se había relajado un poco, y era el momento de comenzar a cogerle ese culito para llenarla de leche. Al principio con lentitud comencé a sacar y poner apenas un par de centímetros. De a poco su ano finalmente se dilataba debía empezar a disfrutar. Susana me dijo que aguardara un momento, y trajo de su mesa de luz un lubricante especial. Tenía que sacarle toda la pija del culo para poder lubricarlo, pero corría el riesgo de que luego volviera a cerrarse y no pudiera volver a ponerlo. Con cuidado retire el miembro y Susana primero lamio el ano de su nieta, para aflojarlo y luego unto con lubricante el agujero. Por último, volcó bastante lubricante en su mano y me lo aplico en el pene para que pudiera terminar lo que había empezado.  Separé las nalguitas de Martina y pude ver que se culito tenía una dilatación de casi dos o tres centímetros.

Era la mitad de lo que media mi pene, pero ahora con el lubricante debería no oponer tanta resistencia. Hice que se acostara de costado abrazada a su madre y que pasara su pierna por encima del cuerpo de Julia, pues sabía que de costado era la forma más fácil de penetrar el ano. Y así fue una pequeña resistencia para pasar el glande y luego el resto de pene entro sin ninguna resistencia. Entonces la avise que empezaría a cogerla hasta que tuviera un orgasmo anal. Comencé lento, pero casi sacaba todo el pene y lo volvía a meter. Fui tomando ritmo de a poco y luego de los primeros minutos, cuando estaba seguro de que ya no tendría dolor, comencé a serruchar a un ritmo cada vez más rápido. Era tanto el goce de Martina que Julia comenzó a masturbarse al ver la forma como disfrutaba su hija. A lo ultimo agarre a Martina la levante y la puse en cuatro con la cabeza apoyada sobre las tetas de la madre, y comencé un bombeo salvaje a una velocidad que logre provocarle un intenso orgasmo, y seguí bombeando hasta que tuvo un segundo orgasmo, y yo aun no eyaculaba, quise continuar, pero Julia me pidió que parara porque Martina estaba semi desmayada. La niña disfrutaba de sus orgasmos, pero ya no podía seguir, Como aún no había podido eyacular, agarre a Julia la puse boca abajo y separé sus nalgas y le metí la pija de una hasta el fondo. Gemía a los gritos mezcla de placer y dolor hasta que por fin pude acabar, llenándole a Julia el culo de leche.  Cuando saque el pene choreaba semen y Susana al ver eso agarro mi pija y se la metió integra en la boca chupando los restos de leche mientras Iris busco lo mismo en el culo de su hermana quien se puso en cuclillas sobre la cara de la otra y a medida que salía el semen se lo iba tragando sin dejar escapar una gota.

Así terminamos esa noche los cinco durmiendo en la cama, y a la madrugada descansados volvimos a tener otra ronda de sexo. Las chicas estaban contentas porque decían que yo era más romántico que su padre y que mi pene era más ancho por lo que los daba más placer.

Desde ese día, la pequeña Martina se quedaba dormida con mi pija metida en su culito abrazada a su madre.

Esto fue el principio de las experiencias sexuales más intensas que me toco vivir

 

9 Lecturas/9 junio, 2026/0 Comentarios/por chita54
Etiquetas: amigos, anal, hermana, madre, mama, mayor, orgia, sexo
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