• Link to X Link to X Link to X
  • Link to Telegram Link to Telegram Link to Telegram
  • Registrate
  • Entrar
ATENCION: Contenido para adultos (+18), si eres menor de edad abandona este sitio.   Siguenos en X/Twitter
Sexo Sin Tabues 3.0
  • Inicio
  • Últimos Relatos
  • Publicar Relatos
  • Relatos Eróticos
    • Categorías de relatos
    • Buscar relatos
    • Relatos mas leidos
    • Relatos mas votados
    • Relatos favoritos
    • Mis relatos
    • Cómo escribir un relato erótico
  • Menú Menú
(Ninguna valoración todavía)
Incestos en Familia, Sexo con Madur@s, Travestis / Transexuales

Paco y la vida con su madre 12 – La abuela (Claudia) llega de visita y ahora las cosas se vuelven aún más calientes.

La abuela nalgona y tetona viene de visita a la casa de Peka..
Pasaron los días y finalmente llegó el momento.
Claudia, la mamá de Monica y abuela de Peka, tenía 65 años. Era una señora de complexión algo regordeta pero muy voluptuosa, con unas tetas enormes que incluso a su edad seguían llamando la atención. Monica claramente había heredado de ella ese cuerpo generoso y curvilíneo. Claudia siempre había sido una mujer alegre, directa y bastante liberal para su edad.
Esa tarde sonó el timbre. Monica fue a abrir la puerta con una sonrisa.
— ¡Mamá! —exclamó al ver a Claudia parada en la puerta con una maleta.
Claudia abrió los brazos y las dos se dieron un abrazo largo y cariñoso.
— ¡Mi niña! —dijo Claudia con voz alegre—. Cuánto tiempo sin verte. Estás más linda que nunca.
Se soltaron del abrazo y entraron a la casa. Mientras Monica ayudaba a su mamá con la maleta, charlaron un rato en el living sobre el viaje, el clima y cosas triviales. Después de unos minutos, Monica miró hacia las escaleras y llamó con voz suave pero clara:
—Peka… ¡bajá un momento! La abuela ya está acá.
Se escucharon pasos bajando las escaleras. Peka apareció con un vestidito celeste sencillo, el pelo suelto y un poco nerviosa. Cuando llegó al living, Claudia la miró con curiosidad.
La señora frunció el ceño con una sonrisa amable y preguntó:
—¿Y esta quién es? ¿Una amiguita tuya, Monica?
Monica se acercó a su hija y le puso una mano en el hombro. Miró a su mamá con tranquilidad y le dijo:
—Mamá, ella es Peka. Antes era Paco… pero ahora es Peka. Se transformó porque decidió que la vida como mujer es más linda. Está viviendo como la nena que siempre quiso ser.
Claudia se quedó callada unos segundos, mirando a Peka de arriba abajo. Observó el vestidito, el pelo más largo, la forma en que se movía y cómo bajaba la mirada con timidez. Luego, una sonrisa grande y sincera se le dibujó en la cara.
Se acercó a Peka y la miró con cariño.
— ¿Peka? —repitió, probando el nombre—. Qué nombre más lindo. Vení acá, mi vida.
Abrió los brazos y Peka, un poco sorprendida, se acercó. Claudia la abrazó con fuerza, como si fuera su nieta de toda la vida.
—Mirá qué linda estás —le dijo mientras la abrazaba—. Qué cambio tan grande, ¿eh? Te ves muy bien. Muy femenina. Me alegra mucho que hayas podido ser quien querés ser.
Peka se quedó un poco rígida al principio por los nervios, pero el abrazo de su abuela era tan cálido y genuino que terminó relajándose y devolviéndolo.
Claudia se separó un poco y la miró a la cara con una sonrisa.
—Así que ahora sos mi nieta —dijo con cariño—. Me gusta. Me gusta mucho. La vida es muy corta como para no ser feliz, ¿sabés? Si ser Peka te hace feliz, entonces está perfecto. Yo te apoyo.
Peka sintió que le ardían los ojos. No esperaba una reacción tan positiva y directa. Miró a su mamá, que estaba sonriendo con orgullo, y luego volvió a mirar a su abuela.
—Gracias… abuela —dijo con voz baja y un poco emocionada.
Claudia le dio una palmadita en la mejilla.
—Nada de gracias. Yo siempre quise nietas también —dijo entre risas—. Ahora tengo una más. Y bien linda, además.
Monica se acercó y le pasó un brazo por los hombros a su hija.
—Te dije que la abuela lo iba a tomar bien —le susurró al oído.
Claudia miró a las dos y soltó una risa alegre.
—Bueno, ¿me van a ofrecer algo de tomar o me van a dejar parada acá todo el día? —bromeó—. Y después quiero que me cuenten todo. Quiero saber cómo empezó todo esto y cómo está mi nieta ahora.
Monica sonrió y señaló el living.
—Pasá, mamá. Te preparamos algo rico. Tenemos mucho para charlar.
Mientras Claudia se sentaba en el sillón, Peka se quedó un segundo parada, mirando a su abuela. Por primera vez desde que empezó toda esta transformación, sintió que tal vez no tenía que tener tanto miedo de que la gente se enterara.
Su abuela no solo lo había aceptado… sino que parecía feliz por ella.

Después de charlar un rato en el living, Monica propuso ir a la cocina a tomar algo fresco. Las tres se sentaron alrededor de la mesa de la cocina mientras Monica servía jugo de naranja bien frío.
Claudia se abanicó con la mano y soltó un suspiro.
—Uf, hace un calor terrible hoy —dijo, secándose un poco de sudor de la frente—. ¿Les molesta si me saco un poco de ropa? Con esta edad y este cuerpo, el calor se siente el doble.
Peka se quedó congelada con el vaso en la mano. Miró a su abuela con los ojos muy abiertos. Nunca se había imaginado a Claudia quitándose la ropa delante de ellas. Siempre la había visto como una señora mayor, vestida de forma normal. Pero ahora, al escucharla decir eso con tanta naturalidad, sintió que le subía un calor distinto por el cuerpo.
Recordó que de chica siempre le había parecido atractiva su abuela. Tenía un cuerpo muy generoso, y ahora que estaba más cerca, podía ver que sus tetas eran incluso más grandes que las de su mamá, aunque más caídas y pesadas por la edad.
Monica, que estaba sirviendo más jugo, respondió con total tranquilidad:
—Estamos entre chicas, mamá. No hay problema. Si tenés calor, sacate lo que quieras.
Claudia sonrió, agradecida.
—Gracias, hija. En esta casa siempre se está cómodo.
Sin más preámbulos, Claudia empezó a quitarse la ropa. Primero se sacó la blusa, dejando a la vista un sostén grande y blanco que apenas contenía sus enormes pechos. Después se desabrochó el sostén y lo dejó sobre el respaldo de la silla.
Sus tetas enormes quedaron completamente al descubierto.
Eran más grandes que las de Monica, mucho más pesadas y caídas. Se desparramaban sobre su vientre con un peso notable. La piel era más suave y tenía varias venas visibles que recorrían los pechos, especialmente cerca de los pezones grandes y oscuros. Eran tetas de mujer mayor, maduras, pesadas y muy naturales.
Peka no pudo evitar mirar. Se quedó con la vista clavada en los pechos de su abuela, hipnotizada. Sintió que le ardía la cara. Nunca había visto tetas tan grandes y caídas de cerca. Eran diferentes a las de su mamá: más pesadas, más suaves, con más movimiento al menor gesto.
Claudia, ajena a la reacción de su nieta, siguió hablando con naturalidad mientras se quedaba solo con la falda y las bragas puestas.
—Ah, qué alivio. Con este calor no hay quien aguante la ropa. Cuando era más joven también me sacaba todo en casa, ¿te acordás, Monica?
Monica sonrió y asintió.
—Sí, mamá. Siempre fuiste así de libre.
Peka seguía sin poder despegar la mirada de las tetas de su abuela. Eran tan grandes que se movían con cada respiración. Los pezones eran más grandes y más oscuros que los de su mamá, y la forma en que colgaban le resultaba extrañamente atractiva.
Claudia tomó un sorbo de jugo y miró a su nieta con una sonrisa amable.
—¿Qué pasa, Peka? ¿Nunca habías visto tetas de abuela? —preguntó entre risas, sin ningún tono de burla.
Peka se puso roja hasta las orejas y bajó la mirada rápidamente.
—N-no… perdón —balbuceó.
Claudia soltó una carcajada cariñosa.
—No te disculpes, mi vida. Es normal mirar. Además, ahora que sos una nena también, estas cosas son más naturales entre nosotras. Si querés mirar, mirá. No me molesta.
Monica miró a su hija con una sonrisa pequeña y le dio un golpecito suave en la pierna debajo de la mesa, como diciéndole “tranquila”.
Peka levantó apenas la vista otra vez. No pudo evitarlo. Las tetas enormes de su abuela seguían ahí, pesadas, caídas y llenas de venas visibles. Eran tetas que claramente habían dado de comer, que habían envejecido, pero que seguían siendo imponentes.
Claudia tomó otro sorbo de jugo y siguió charlando como si nada, completamente cómoda con su torso desnudo. Monica también parecía relajada con la situación, como si ver a su mamá así fuera algo completamente normal.
Peka, en cambio, sentía que le costaba concentrarse en la conversación. Sus ojos seguían regresando una y otra vez a los pechos de su abuela.
Y por primera vez desde que su abuela había llegado, se dio cuenta de que el calor que sentía no era solo por la temperatura de la casa.

Después de tomar algo, las tres fueron a la cocina para preparar la cena. Claudia seguía con el torso desnudo, completamente cómoda. Sus enormes tetas se movían pesadamente con cada movimiento mientras cortaba verduras y revolvía ollas. Peka no podía dejar de mirarla.
Intentaba disimular, pero sus ojos seguían regresando una y otra vez al cuerpo de su abuela. Las tetas grandes, caídas y llenas de venas visibles se balanceaban suavemente mientras Claudia se movía. El contraste entre su cuerpo maduro y la forma tan natural en que se mostraba desnuda resultaba hipnótico para Peka.
Monica, que estaba picando cebolla, miró a su hija y sonrió por lo bajo. Sabía perfectamente lo que estaba pasando.
Mientras cocinaban, Monica le habló a su madre con tono casual:
—Le estoy enseñando a Peka a cocinar, mamá. Las nenitas tienen que saber cocinar para sus machos. No todo es vestirse lindo, también hay que saber atender a un hombre.
Claudia soltó una carcajada alegre y dejó el cuchillo sobre la tabla.
— ¡Ay, mi vida! —dijo entre risas, mirando a Peka—. ¿Ya estás en ese plan? ¿Ya tenés macho?
Peka se puso roja hasta las orejas y bajó la mirada hacia la olla que estaba revolviendo. No esperaba que su abuela fuera tan directa.
Monica sonrió y respondió por ella:
—Más o menos… Hay un chico que le gusta. Se llama Groncho. Ya se vieron un par de veces.
Claudia levantó una ceja, claramente interesada. Dejó lo que estaba haciendo y se apoyó en la mesada, con sus enormes tetas descansando pesadamente sobre sus brazos.
— ¿Y ya pasó lo que tenía que pasar? —preguntó directamente, con una sonrisa picara—. ¿Ya tuvo su primera vez?
Peka casi se atraganta con su propia saliva. Miró a su mamá pidiendo ayuda con la mirada, pero Monica solo sonrió con complicidad y le contestó a su madre:
—Hace poco tuvo su primera vez. Fue con Groncho.
Claudia abrió los ojos con sorpresa, pero no era una sorpresa negativa. Más bien parecía divertida y curiosa.
— ¿En serio? —preguntó, mirando a Peka con una sonrisa grande—. ¡Qué rápido te adaptaste, mi vida! Contame, ¿cómo fue? ¿Te dolió mucho? Las primeras veces siempre duelen un poco.
Peka estaba tan roja que sentía que le iba a salir humo de la cabeza. Sin embargo, la forma tan natural y sin juicio con la que su abuela preguntaba la terminó relajando un poco.
Monica le dio un codazo suave a su hija, animándola a hablar.
—Contale, Peka. La abuela no va a juzgar. Al contrario, parece que le gusta el chisme.
Claudia soltó otra carcajada y se cruzó de brazos debajo de sus tetas, haciendo que se levantaran un poco.
— ¡Obvio que me gusta el chisme! Soy abuela, pero no estoy muerta. Además, ahora que sos mi nieta, quiero saber cómo te está yendo en tu nueva vida. ¿Te trató bien ese chico? ¿Fue suave o te cogió como animal?
Peka se tapó la cara con las manos un segundo, avergonzada, pero terminó soltando una risa nerviosa. Bajó las manos y respondió con voz baja pero sincera:
—…Me dolió bastante al principio. Groncho es… grande. Pero después empezó a sentirse rico. Mi mamá estuvo conmigo todo el tiempo. Me sostuvo la mano y me besaba mientras pasaba.
Claudia abrió mucho los ojos, claramente sorprendida pero impresionada.
— ¿Tu mamá estuvo presente? —preguntó, mirando a Monica con una ceja levantada—. ¡Ay, mi hija! Qué moderna te pusiste. Me gusta.
Monica se encogió de hombros con una sonrisa.
—Quería que su primera vez fuera segura y que se sintiera acompañada. Además… ahora entre nosotras las cosas son diferentes. Peka es mi nena.
Claudia asintió, como si eso tuviera todo el sentido del mundo.
—Está bien. Y contame… ¿ya lo volvieron a hacer después de la primera vez? ¿O fue solo esa?
Peka miró a su mamá, que le hizo un gesto con la cabeza animándola a seguir hablando. Entonces, con voz más baja pero ya un poco más suelta, contestó:
—Todavía no… pero creo que va a pasar de nuevo pronto. Me gusta estar con él.
Claudia soltó una risa satisfecha y le dio una palmadita en el hombro a su nieta.
—Esa es mi nieta. Bienvenida al club de las mujeres, Peka. Ahora sí estás viviendo de verdad.
Las tres siguieron cocinando mientras seguían hablando. Claudia hacía preguntas directas pero sin malicia, Monica respondía con naturalidad, y Peka, aunque todavía un poco avergonzada, empezaba a participar más en la conversación.
Por primera vez, Peka sintió que tener a su abuela enterada no era tan terrible como había imaginado.
Al contrario… parecía que ahora tenía una aliada más.

Después de cenar, Claudia dejó el tenedor sobre el plato y miró a las dos con una sonrisa.
—Escuchen —dijo con tono alegre—, como mañana es sábado y hace tanto que no salimos las tres, ¿qué les parece si vamos de compras de chicas? Necesito ropa nueva y quiero ver qué se pone mi nietita ahora que es una nena.
Peka se puso un poco nerviosa, pero Monica sonrió y aceptó de inmediato.
—Buena idea, mamá. Hace tiempo que no salimos las tres solas.
Peka no se opuso. Aunque le daba un poco de vergüenza que su abuela la viera probándose ropa infantil, también sentía curiosidad por cómo reaccionaría Claudia.

Al día siguiente salieron temprano. Recorrieron varios locales del shopping.
Primero fueron a tiendas de ropa para señoras mayores. Claudia probó blusas amplias, faldas cómodas y vestidos sueltos que le quedaban bien a su cuerpo maduro y voluptuoso. Monica también se probó algunas cosas más arregladas para su edad. Las dos reían y se daban opiniones mientras Peka las esperaba sentada, un poco callada.
Después fueron a la tienda de ropa infantil que tanto le gustaba a Peka.
Claudia se quedó un poco sorprendida cuando vio que su nieta se dirigía directamente a la sección de ropa para niñas de 6 a 10 años. Se quedó observándola desde lejos mientras Peka elegía varias prendas: vestiditos con volados, polleritas con lazos, tops con moños y conjuntos muy de nenita.
Cuando Peka entró al probador, Claudia se acercó a Monica y le preguntó en voz baja:
—¿Siempre se prueba ropa de nena chiquita?
Monica asintió con naturalidad.
—Sí. Le gusta mucho. Se siente más cómoda así.
Claudia no dijo nada más en ese momento, pero se quedó cerca del probador, curiosa.
Peka salió con un vestidito celeste con tirantes finos y un pequeño lazo en el pecho. Era claramente de una talla para una niña de 8 años, por lo que le quedaba bastante ajustado en el cuerpo. La falda le llegaba por encima de las rodillas y se le marcaba un poco el culito más redondito que había desarrollado con las hormonas.
Claudia la miró de arriba abajo sin disimular su sorpresa. Cuando Peka se paró frente al espejo, Claudia se acercó y le preguntó directamente, con tono amable pero curioso:
—Peka, mi vida… ¿por qué te gusta tanto esta ropa de nena chiquita? Es muy… infantil.
Peka se miró en el espejo y respondió con voz baja pero sincera:
—Porque me queda más ajustadito al cuerpo… Me aprieta un poco en la cintura y en el culito. Me siento más… de nena. Más cómoda. La ropa de mi edad me queda muy grande y suelta. Esta me marca más y me hace sentir más yo.
Claudia se quedó callada un segundo, procesando la respuesta. Luego soltó una risa suave y le dio una palmadita en el hombro.
—Ay, mi nietita… Qué cosa más rara y linda al mismo tiempo. Te ves bien, la verdad. Se te nota que te gusta. Y si te hace sentir bien, entonces está perfecto.
Peka sonrió, un poco más tranquila después de la respuesta de su abuela.
Claudia siguió mirándola mientras Peka se probaba otro conjunto: una pollerita blanca con lunares rosados y un top celeste con mangas abullonadas. El conjunto era claramente de niña pequeña, pero a Peka le quedaba bien en el cuerpo, marcándole la cintura y el culito.
Mientras Peka se daba vuelta frente al espejo, Claudia le preguntó otra cosa:
—¿Y tu… novio? ¿Ese Groncho? ¿Le gusta verte así? ¿Vestida de nena chiquita?
Peka se puso roja otra vez, pero contestó:
—Sí… le gusta. Dice que me veo linda y que le gusta cómo me visto.
Claudia rio por lo bajo y le guiñó un ojo.
—Bien por él. Mientras te trate bien y te haga sentir linda, todo está bien. Y si a vos te gusta vestirte así… pues que te vistas. La vida es muy corta como para andar incómoda.
Peka sonrió, esta vez con más confianza. Se sintió aliviada de que su abuela no solo lo aceptara, sino que lo tomara con tanta naturalidad.
Monica, que estaba un poco más lejos probándose una blusa, las observaba con una sonrisa tranquila. Estaba contenta de ver que su mamá y su hija estaban conectando de esta forma.
Al final del día, Peka salió con varias bolsas de ropa infantil nueva, mientras Claudia y Monica cargaban bolsas con ropa más madura. Las tres caminaban juntas por el shopping, charlando y riendo como cualquier grupo de mujeres haciendo compras.
Peka se sentía más liviana. Por primera vez, tener a su abuela enterada de su nueva vida no le generaba tanto miedo.
Al contrario… parecía que ahora tenía una aliada más en la familia.

Después de comprar ropa, Claudia sugirió ir a un local de ropa interior femenina. Era una tienda más elegante, con lencería sexy, tangas, corpiños, baby dolls y conjuntos provocativos.
Las tres entraron. Apenas cruzaron la puerta, Peka sintió que el ambiente era distinto. Había varias mujeres de diferentes edades probándose ropa interior. Algunas estaban en los probadores con la cortina entreabierta, otras caminaban por la tienda con corpiños y bombachas puestas, sin ninguna vergüenza.
Peka se quedó un poco atrás, pero no podía dejar de mirar.
Había mujeres jóvenes con cuerpos firmes, mujeres maduras con curvas más suaves, y también señoras mayores como su abuela. Tetas de todos los tamaños, culos redondos, flácidos, grandes, pequeños… Peka sentía que le costaba disimular la mirada. Entrar al mundo de las mujeres como nena trans le había abierto puertas que como Paco nunca habría tenido. Ahora podía estar en estos espacios sin que nadie la mirara raro.
Monica y Claudia se pusieron a probar ropa de inmediato.
Claudia tomó varios conjuntos grandes y cómodos, pero también algunos más sexys. Se metió en un probador y salió con un corpiño negro grande que apenas contenía sus tetas enormes y caídas. Las venas se le marcaban claramente sobre la piel clara. Se miró en el espejo y rio.
—Estos corpiños ya no me quedan como antes —dijo con naturalidad—, pero igual me gusta cómo se ven.
Monica también se probó varias cosas. Salió con un body rojo ajustado que le marcaba muy bien las curvas y el culo. Peka no podía dejar de mirar a las dos: su mamá y su abuela, una al lado de la otra, con poca ropa, riendo y comentando los conjuntos.
Mientras tanto, Peka caminaba por la tienda fingiendo que miraba. En realidad, observaba a las otras clientas. Vio a una señora de unos cincuenta años con tetas grandes y suaves que se probaba un corpiño frente al espejo. Vio a una chica joven con un culo redondo y firme que se cambiaba de tanga sin cerrar del todo la cortina del probador. Vio a otra mujer madura, un poco gordita, que tenía las tetas muy caídas y pesadas, similares a las de su abuela.
Cada cuerpo era distinto. Y Peka podía mirarlos sin que nadie la juzgara. Esa era una de las cosas que más le gustaba de ser Peka: ahora formaba parte de este mundo.
Claudia la vio mirando y se acercó con una sonrisa.
—¿Qué te parece esta, Peka? —le preguntó, sosteniendo un baby doll negro bastante provocativo—. ¿Crees que me quedaría bien?
Peka se sonrojó un poco, pero respondió con sinceridad:
—Creo que sí… te quedaría bien. Tus tetas son muy grandes, y ese modelo tiene espacio.
Claudia rio y le dio un golpecito suave en el brazo.
—Qué atenta mi nietita. Gracias. Voy a probármelo.
Mientras Claudia se metía al probador, Monica se acercó a Peka y le habló en voz baja, solo para ella:
—Te veo mirando mucho, ¿eh? —dijo con una sonrisa cómplice—. Es normal. Ahora que estás en el mundo de las mujeres, vas a ver muchos cuerpos. Y está bien que mires. Todas lo hacemos.
Peka bajó la mirada, un poco avergonzada.
—Es que… nunca había podido ver tantos cuerpos de mujeres así. Antes, cuando era Paco, no podía entrar a estos lugares sin que me miraran raro. Ahora… puedo estar acá y ver todo.
Monica le pasó un brazo por los hombros y le dio un beso en la sien.
—Exacto. Por eso te digo que la vida como nena es más linda. Tenés acceso a cosas que antes no tenías. Y podés disfrutarlas sin culpa.
Claudia salió del probador con el baby doll negro puesto. Le quedaba bastante ajustado en las tetas, que se desparramaban pesadamente dentro de la tela transparente. Se miró en el espejo y rio.
—Bueno, no estoy como antes, pero igual me gusta cómo se ve —dijo, dándose vuelta para que la vieran por detrás.
Peka no pudo evitar mirar. El contraste entre el cuerpo maduro, voluptuoso y algo caído de su abuela y la lencería sexy era muy llamativo.
Monica miró a su hija y le susurró al oído con tono juguetón:
—Te gusta mirar a la abuela, ¿no?
Peka se puso roja y no contestó. Pero su silencio fue respuesta suficiente.
Monica soltó una risa suave y le dio otro beso en la sien.
—Está bien. Podés mirar. Entre chicas todo es más libre.
Las tres siguieron un rato más en la tienda. Claudia terminó comprando dos conjuntos, Monica se llevó un body y varias tangas, y Peka, aunque no compró nada esa vez, se quedó con la imagen de varios cuerpos femeninos de todas las edades grabada en la cabeza.
Cuando salieron de la tienda, Claudia le pasó un brazo por los hombros a su nieta y le dijo con tono alegre:
—Qué lindo es salir de compras entre mujeres, ¿no? Ahora que sos una nena también, vas a poder disfrutar de estas cosas mucho más.
Peka sonrió, todavía un poco sonrojada, pero más cómoda que nunca.
—Sí… me gusta —respondió bajito.
Y por primera vez, se dio cuenta de que tenía razón.
Ser Peka no solo le había cambiado la vida por dentro. También le había abierto un mundo entero de cuerpos, miradas y libertades que como Paco nunca habría podido tener.

Después de las compras, Claudia se dio cuenta de que se había olvidado el celular en el asilo de ancianos donde vivía.
—Ay, qué tonta soy —dijo mientras caminaban hacia el auto—. Se me quedó en la mesita de noche. ¿Les molesta si pasamos rápido a buscarlo? Queda cerca.
Monica aceptó sin problema y las tres fueron hacia el asilo.
Cuando llegaron, Peka caminaba entre su mamá y su abuela, todavía con el vestidito infantil que se había probado antes. Era uno de los más cortos y ajustados que tenía: celeste, con volados y un lazo en el pecho. El pelo suelto y las sandalias rosadas completaban el conjunto muy de nenita.
En cuanto entraron al pasillo principal del asilo, varios hombres mayores (entre 70 y 80 años) que estaban sentados en sillones o caminando lentamente, giraron la cabeza.
Peka no se dio cuenta de nada. Iba distraída, mirando el lugar con curiosidad. Pero Monica y Claudia sí lo notaron.
Varios ancianos no disimulaban. Algunos se quedaban mirando abiertamente el culito de Peka cuando caminaba, otros observaban sus piernas delgadas y el vestidito corto. Uno incluso se inclinó un poco hacia adelante en su silla para verla mejor. El contraste entre el aspecto muy infantil de Peka y su cuerpo ya algo desarrollado por las hormonas parecía llamarles mucho la atención.
Claudia y Monica intercambiaron una mirada rápida, pero no dijeron nada en ese momento.
Llegaron a la habitación de Claudia. Era un cuarto simple pero cómodo, con una cama, un sillón y una ventana que daba al jardín. Claudia buscó su celular en la mesita de noche y lo guardó en el bolso.
En cuanto cerró la puerta, las dos mujeres mayores se giraron hacia Peka.
Claudia fue la primera en hablar, con una sonrisa pícara:
—Peka, mi vida… ¿te diste cuenta de cómo te miraban todos esos viejitos en el pasillo?
Peka parpadeó, confundida.
—¿Cómo me miraban?
Monica soltó una risa suave y se apoyó contra la pared.
—Te comían con la mirada, mi amor. Varios casi se les caía la baba. No paraban de mirarte el culito y las piernas cuando caminabas.
Peka se puso roja de inmediato.
—¿En serio? —preguntó, avergonzada—. Yo no me di cuenta de nada…
Claudia se rio con ganas y se sentó en el borde de la cama.
—Ay, mi nietita… Es que con esa ropita de nena de 8 años te ves muy infantil. El vestidito corto, las piernas delgadas, el culito que se te marca un poco… A esos pobres viejos les debe haber dado un subidón de azúcar. Se les nota en la cara que les gustabas.
Monica asintió, apoyando a su madre.
—Es verdad. Varios te seguían con la mirada todo el tiempo. Uno incluso se inclinó para verte mejor cuando pasaste. Y eso que no sabían que sos trans. Solo te veían como una nena linda y bien vestida.
Peka se tapó la cara con las manos, muerta de vergüenza.
—Ay no… qué vergüenza. No me había dado cuenta…
Claudia se levantó y se acercó a ella. Le puso una mano en el hombro y le habló con tono más suave, pero todavía con una sonrisa:
—No te avergüences, mi vida. Es normal que los hombres miren. Y más a tu edad y con esa pinta tan de nenita. Además, ahora que sos una chica, vas a tener que acostumbrarte a que te miren. Sobre todo si seguís vistiéndote así de linda e infantil.
Monica se acercó también y le dio un beso en la sien a su hija.
—Además, no es algo malo. Significa que te ves bien. Que atraes miradas. Solo tenés que aprender a manejarlo.
Peka bajó las manos y miró a las dos, todavía un poco abochornada.
—¿Y… qué se supone que haga cuando me miran así?
Claudia rio por lo bajo.
—Depende. Si te gusta la atención, podés sonreír un poquito. Si no, solo seguís caminando como si nada. Pero en este caso… creo que te gustó un poquito que te miraran, ¿no?
Peka se mordió el labio y no contestó. Pero su silencio y el sonrojo en sus mejillas fueron respuesta suficiente.
Monica le pasó un brazo por los hombros y le habló al oído:
—Tranquila. Es normal. Ahora formás parte del mundo de las mujeres. Y los hombres van a mirar. Sobre todo los más grandes… a ellos les gustan mucho las nenas como vos.
Claudia soltó otra carcajada.
— ¡Ay, mi nieta! Ya tiene admiradores en el asilo. Qué rápida te estás adaptando.
Peka se escondió la cara contra el hombro de su mamá, avergonzada pero también un poco emocionada. Nunca se había sentido deseada de esa forma. Y aunque le daba vergüenza admitirlo, una parte de ella no lo había odiado.

Después de charlar un rato más en la habitación de Claudia, la abuela se levantó del sillón y dijo con tono alegre:
—Escuchen, ¿por qué no se quedan a cenar acá esta noche? La comida del asilo no es mala y así seguimos charlando tranquilas. Además, hace mucho que no pasamos tiempo las tres juntas.
Monica miró a Peka, que estaba sentada en el borde de la cama, y luego asintió.
—Está bien, mamá. Nos quedamos. Así no tenemos que cocinar.
Peka no dijo nada, pero asintió también. Aunque le daba un poco de vergüenza estar tanto tiempo en el asilo, no quería parecer maleducada.
Un rato después, Claudia y Monica dijeron que iban al baño. Claudia se puso una bata ligera sobre su cuerpo desnudo de la cintura para arriba y las dos salieron del cuarto, dejando a Peka sola en el pasillo.
Peka se quedó parada cerca de la puerta, mirando por la ventana que daba al jardín. Iba vestida con el vestidito celeste infantil que se había probado antes, corto y ajustado, con las sandalias rosadas. El pelo suelto le caía sobre los hombros.
No pasó mucho tiempo hasta que alguien se le acercó.
Era un hombre gordo, grande y bastante feo, de unos 76 años. Tenía el pelo canoso y escaso, la cara arrugada y una barriga prominente que se le notaba debajo de la camisa. Caminaba con un bastón, pero se movía con seguridad.
Se detuvo frente a Peka y le sonrió con una expresión que intentaba ser amable, pero que resultaba un poco torpe.
—Hola, jovencita —le dijo con voz ronca, usando un tono casi infantil—. ¿Vos sos nueva acá? No te había visto antes.
Peka se puso tensa de inmediato. Bajó la mirada, tal como su mamá le había enseñado cuando un hombre le hablaba, y respondió con voz baja y tímida:
—No… vine con mi abuela. Ella vive acá.
El viejo sonrió más, claramente disfrutando la forma en que Peka le respondía. Le gustaba su timidez. Le gustaba que hablara bajito y que no lo mirara a los ojos directamente.
—Ah, qué suerte la mía —dijo, acercándose un paso más—. Sos muy linda, ¿sabés? Ese vestidito te queda precioso. Te ves como una nena de verdad.
Peka se mordió el labio y respondió otra vez con voz suave:
—Gracias…
El hombre se excitó más al verla tan tímida. Siguió hablando en ese tono condescendiente e infantil:
—¿Cómo te llamás, princesa?
—Peka… —respondió ella, todavía sin levantar mucho la vista.
—Peka… qué nombre más bonito. Y qué linda que sos, Peka. De verdad. Me gustás mucho.
Peka se puso más roja. No sabía cómo responder, así que se quedó callada, mirando hacia el piso. Esa reacción pareció gustarle todavía más al viejo. Dio otro paso adelante y bajó un poco la voz:
—Si querés, algún día podemos charlar más. Yo vivo acá también. Me llamo Raúl. Si venís a visitar a tu abuela, podés pasar a saludarme.
Peka asintió apenas, sin saber muy bien qué decir.
En ese momento, se escucharon pasos. Claudia y Monica volvían del baño. Al ver al hombre hablando con Peka, Claudia levantó una ceja y sonrió con picardía.
Raúl se enderezó un poco y le sonrió a las dos mujeres.
—Buenas tardes —dijo con tono más normal—. Solo estaba charlando con la jovencita.
Claudia soltó una risa baja y le respondió:
—Ya veo. Bueno, ahora nosotras nos la llevamos. Que tenga buena noche.
Raúl miró una última vez a Peka y le dijo con ese tono infantil otra vez:
—Cuídate, princesa. Ojalá nos volvamos a ver.
Se dio vuelta y se alejó caminando lentamente con su bastón.
En cuanto se fue, Claudia se rio por lo bajo y le pasó un brazo por los hombros a su nieta.
—Ay, Peka… ya encontraste nuevo novio —dijo entre risas—. El viejo Raúl ya te estaba conquistando. Se le notaba en la cara que le gustabas.
Peka se puso colorada otra vez y se tapó la cara con las manos.
—Abuela… no digas eso… qué vergüenza.
Monica también sonrió, aunque con un poco más de seriedad.
—Ese señor es bastante directo, ¿no? Te hablaba como si fueras una nena de verdad.
Claudia rio más fuerte.
— ¡Y a él le encantaba! Le gustó que le respondieras tan tímida. A los viejos les pone locos eso. Además, con ese vestidito tan de nenita… pobre hombre, se le debe haber acelerado el corazón.
Peka se escondió contra el hombro de su mamá, muerta de vergüenza, pero también un poco divertida por la reacción de su abuela.
Monica le dio un beso en la cabeza y le habló al oído:
—Tranquila. Es normal que te miren. Y si te molesta, la próxima vez solo decís que tenés que irte y listo. Pero si te gusta un poco la atención… bueno, tampoco está mal.
Claudia le dio un golpecito suave en el brazo a su nieta.
—Además, ahora que sos una nena linda, vas a tener que acostumbrarte a que los hombres te hablen. Y los viejos son los peores… o los mejores, según cómo lo mires.
Peka levantó la cara, todavía roja, pero con una sonrisa pequeña.
—Abuela, por favor… no sigas.
Las tres se pusieron a caminar hacia el comedor del asilo, riendo. Claudia seguía haciendo bromas suaves sobre el “nuevo admirador” de Peka, mientras Monica la defendía un poco, aunque también se reía.
Peka caminaba en el medio, avergonzada pero también sintiendo algo nuevo: ahora, como nena, la gente la notaba. Y aunque le daba vergüenza, una parte de ella empezaba a aceptar que eso también formaba parte de su nueva vida.

2 Lecturas/4 de octubre de 2026/0 Comentarios/por Rodri27
Etiquetas: amiguita, hija, madre, madura, maduro, mayor, mayores, viaje
Compartir esta entrada
  • Facebook Facebook Compartir en Facebook
  • X-twitter X-twitter Compartir en X
  • Whatsapp Whatsapp Compartir en WhatsApp
  • Paper-plane Paper-plane Compartir en Telegram
Quizás te interese
Elliot y el Abuelo (3)
Cuidando a mi vecinito tras mucha insistencia 2
Mi primera vez, por curiosidad me follaron violentamente a mis 10. Pt: 1
Los Hijos de Leandro (spin-off La infiel Diana y sus cornudos).
Mi hija y el grupo de chat 1
Obsesión
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Siguenos en X/Twitter

Buscar relatos

Search Search

Categorías

  • Bisexual (1.567)
  • Dominación Hombres (5.007)
  • Dominación Mujeres (3.546)
  • Fantasías / Parodias (4.053)
  • Fetichismo (3.241)
  • Gays (23.875)
  • Heterosexual (9.538)
  • Incestos en Familia (20.411)
  • Infidelidad (5.003)
  • Intercambios / Trios (3.546)
  • Lesbiana (1.282)
  • Masturbacion Femenina (1.197)
  • Masturbacion Masculina (2.332)
  • Orgias (2.421)
  • Sado Bondage Hombre (519)
  • Sado Bondage Mujer (229)
  • Sexo con Madur@s (5.104)
  • Sexo Virtual (300)
  • Travestis / Transexuales (2.702)
  • Voyeur / Exhibicionismo (2.880)
  • Zoofilia Hombre (2.431)
  • Zoofilia Mujer (1.769)
© Copyright - Sexo Sin Tabues 3.0
  • Link to X Link to X Link to X
  • Link to Telegram Link to Telegram Link to Telegram
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Normas de la Comunidad
  • Contáctanos
Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba