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Incestos en Familia, Orgias, Sexo con Madur@s

Reviviendo las vacaciones en el paraíso

Dedicado a un amigo, para que pueda cumplir sus sueños.
Ya llevaba un tiempo divorciada, cuando empecé a tener una especial sintonía con uno de los hombres que conocí, José, ya que según íbamos conociendo detalles de nuestras vidas pasadas, gustos, fetiches, experiencias, se iba despertando esa curiosidad morbosa, quizás más por parte suya, al reconocerme que le había abierto la puerta a un mundo nuevo que desconocía.

Nuestra morbosa personalidad nos llevó a confesarnos ciertas confidencias que no es normal que se compartan con otras personas, pero nos otorgaba una complicidad especial, por la que él me pedía consejo para ciertos temas delicados, como el que estaba experimentando con la hija de unos amigos, que se mostraba especialmente cercana a él, de la que le llamaba la atención esa curiosidad lógica de esa edad de inicio de la adolescencia.

Yo intentaba aconsejarle como podía, sobre todo para que no se metiera en algún lío desagradable, y para que fuera poco a poco con ella, según la nena necesitara o quisiera avanzar, por lo que él necesitaría controlar sus impulsos y excitación en los momentos más íntimos con ella.

Eso lo hacía, porque José consideraba que yo tenía una cierta experiencia en esos temas, por las cosas que le conté de mi vida pasada, y sobre todo, por algo que le llamó una especial atención, que fueron unas vacaciones que pasé de niña con mis tíos en un club nudista, según conté en mis anteriores relatos de “Vacaciones en el paraíso 1 y 2”, de los que éste puede considerarse una especie de continuación de ellos.

Una y otra vez, él me preguntaba sobre esa experiencia, como era ese lugar, que le contara todas las anécdotas vividas, como se relacionaban los socios y visitantes entre sí, y todo lo que pudiera recordar de esos años, según conté en esos relatos anteriores, porque le excitaba terriblemente y le creaba la necesidad y el deseo de visitar ese Club, al que me pedía que le acompañara para que fuera una especie de guía y maestra durante su estancia allí.

Por casualidad, descubrí en internet que ese club seguía existiendo, a pesar de los años pasados, lo que me trajo nostalgia y me hizo recordar muchos de los momentos vividos allí, algo que a José le entusiasmó todavía más, así que ya empezó a hacer planes para visitarlo en nuestras vacaciones, y ante su insistencia, no tuve más remedio que acompañarle.

Debido al tiempo pasado, yo esperaba que ese lugar hubiera cambiado bastante y no sabía si seguirían pasando allí las cosas que viví durante esas vacaciones de mi niñez, pero el caso era comprobarlo por nosotros mismos, con la debida prudencia y observación durante los primeros días.

Cuando llegamos allí, el primer instante ya fue algo mágico para mí; de pronto me vinieron un montón de imágenes a la cabeza, recuerdos y vivencias que creía ya olvidadas. Parecía todo igual a como lo recordaba, las cabañas de madera, los árboles, los jardines, las flores, la piscina, lugares de juegos, y el edificio central donde se celebraban las fiestas y diversas reuniones entre los socios, aunque quizás todo más nuevo y remodelado.

A la entrada nos registramos según el protocolo para comprobar si podríamos adaptarnos bien a ese lugar, y para asegurarse de que no íbamos a crear ningún problema al resto de personas que estaban allí, lo que ya me dio un indicio de que quizás, las cosas no hubieran cambiado mucho a cuando yo estuve allí.

Una vez dentro, José lo miraba todo con los ojos muy abiertos, como un niño en Disneyland, preguntándome constantemente sobre cuestiones que no podía contestar en ese momento, a la vez que me pedía perdón por ser tan insistente, pero sus nervios eran lógicos al llegar a ese lugar que tanto había deseado.

Mientras nos acompañaban a la cabaña que nos habían asignado, ya vimos pasar por allí a alguna niña desnuda, como el resto de las personas que veíamos al pasar, en las que José fijó su mirada, aunque no supiera muy bien donde mirar, por un lado, para no querer molestar, y por otro, por no poder abarcar con la vista todo lo que quería ver.

Cuando empezamos a instalarnos en la cabaña, dos niñas se nos quedaron mirando con curiosidad, quizás por ser nuevos y no conocernos, y en las que José no pudo evitar fijarse en ellas, mientras me decía:

—¡Qué niñas más ricas! ¿Serán todas así?

—Sí, ya sabes, aquí habrá de todo.

—¿Las metemos en la cabaña? —me preguntó con cierta picardía.

—Jaja, tranquilo, ya habrá oportunidad. Ya sabes lo que hablamos. Primero tenemos que conocer a la gente que hay por aquí, ver como piensan y como actúan, y luego, a ver lo que surge.

—Sí, ya lo sé, pero es que tengo unos nervios…… A ver si podemos conocer a alguna familia.

Una vez colocado todo, nos sentamos para descansar en el porche de la cabaña, y nos entretuvimos viendo a la gente que pasaba por allí, grupos de niñas y niños, madres con sus hijos de camino a la zona de duchas, que estaba cercana, y personas de todas las edades, lo que nos daba una visión completa del tipo de gente que había en ese club.

Uno de los críos que pasaba por delante, se paró para mirarnos y enseñarnos, orgulloso, la erección que tenía, por lo que José me dijo con ironía:

—Mira, éste ya se está ofreciendo, aprovecha la ocasión.

Yo le hice una señal para que se acercara, y le dije:

—Con el permiso de tu mamá…. —y me puse a lamerle la polla, hasta que empezó a salirle ese líquido viscoso que tanto me gusta.

Cuando se lo chupé todo y parecía que no salía más, el chico se marchó tan contento, dejando a mi amigo alucinado, y no paraba de decirme lo maravilloso que era ese lugar, mientras se tocaba la polla, que ya tenía una buena erección, excitado por todo lo que estaba viendo e imaginando lo que podría hacer allí.

A mí también me estaba excitando todo eso y empecé a hacerle una paja para que se desahogara un poco, aunque luego, dentro, antes de dormir, follamos con todas esas imágenes en la cabeza, que nos proporcionaron unos orgasmos muy intensos….

A la mañana siguiente fuimos a dar un paseo por todo el recinto, donde vimos a varias personas, sentadas en el porche de las cabañas, algunas solos y otras en grupo, departiendo alegremente entre ellos.

José se fijó en un grupo, y me dijo:

—Mira, ahí tienen a los niños sentados encima, como me decías tú.

—Sí, eso era muy habitual, y lo seguirá siendo:

—Vamos a acercarnos, a ver si vemos como los acarician y si ya están empalmados.

—Bueno, pero con discreción, para que no nos noten muy ansiosos —le dije.

Al pasar al lado de la cabaña, José ya se fijó en que algunos estaban más excitados de lo normal, pero ellos nos saludaron al pasar, con normalidad, por lo que devolvimos el saludo, lo que le sirvió de excusa a mi amigo para quedarse allí mirando un poco más, y le preguntaron:

—¿Sois nuevos aquí?

—Sí, es la primera vez que venimos. Hemos alquilado una cabaña por unos días —haciendo gala José, de sus habilidades sociales para entablar una conversación y hacer amistad, sobre todo, porque su dominio del francés le facilitaba las cosas allí.

—¡Genial! espero que lo paséis muy bien —nos dijo el hombre que nos había preguntado, que precisamente tenía a una nena sentada encima de él.

José no quiso perder la oportunidad de seguir hablando con ese grupo, y ya me metió a mí en el ajo:

—Yo es la primera vez que vengo, pero mi amiga ya estuvo aquí hace muchos años, cuando tenía 11, con unos tíos que la trajeron de vacaciones.

—¡Ah, no me digas! ¿Y como se llamaban tus tíos? —me preguntó ese hombre maduro, con la piel tostada por el sol.

A lo que le respondí:

—Marie y Antonio. Ya murieron, no tenían hijos. Su cabaña estaba por aquella zona, creo.

—¡Ah, si! Claro, yo los conocía —dijo uno de los más mayores del grupo— y recuerdo también que un verano trajeron a una sobrina suya española, ¿eras tú?

—Sí, era yo, jaja.

—¡Madre mía! Eres una mujer muy guapa, pero de niña eras preciosa. Tenías a todo el club detrás de ti, jaja.

—No sé, no me acuerdo mucho ya —le dije, un poco avergonzada.

—Entonces tampoco te acordarás de cuando yo jugaba contigo, pero no sé si será mejor o peor, jaja.

—Bueno, me acuerdo de muchas cosas, claro. Muchos hombres jugaban conmigo, alguno de ellos serías tú.

—Yo me llamo Pierre. En aquella época estaba casado y tenía dos niños de tu edad, más o menos. Éramos muy amigos de tus tíos, y nos juntábamos muchas veces con ellos. A tú tía le gustaba estar con los críos, ya sabes…. Y ese verano que te trajeron, tus tíos fueron muy generosos conmigo, aunque al principio tu tía te guardaba mucho, jaja.

—¡Sí! Creo que me acuerdo de ti. Yo jugaba con tus hijos también, y tu mujer era muy comprensiva también.

—Claro, como no tuvimos niñas, ella me permitía desahogarme con alguna….

José escuchaba toda esa conversación atónito, pero se había hecho evidente su excitación y se le notaba una cierta erección.

Para seguir hablando, nos invitaron a sentarnos con ellos:

—Sentaros un poco aquí con nosotros. Estamos encantados de conoceros, y de haberme encontrado contigo, con aquella niña que lo miraba todo con tanta curiosidad. Dejarles sitio en ese banco y que los niños se sienten encima de vosotros. Ya sabes, Vero, —me decía, dirigiéndose a mí— seguimos con nuestras costumbres.

A José se le notaba cada vez más su entusiasmo, sobre todo, cuando le pusieron encima de él a una de las niñas más pequeñas del grupo, y sobre mis piernas se sentó un chico, al que Pierre me presentó como su nieto.

Aquello estaba siendo como volver al pasado, tantos años después, la misma afabilidad de la gente, la misma libertad y toda esa sensación de lo natural que lo rodeaba todo.

José estaba totalmente empalmado con aquella cría encima, pero un poco avergonzado de que pensaran mal de él, intentaba ocultar su erección, por lo que enseguida quisieron tranquilizarle:

—No te preocupes si se te pone dura, es lo normal. Acomódala bien en el culito de la cría para que estéis los dos más cómodos  —le dijo una de las señoras del grupo, que a su vez, tenía a otro crío encima, del que llamaba la atención su pollita empalmada, y que la señora, a veces la acariciaba con los dedos.

Como José no sabía muy bien como ponerse, la señora volvió a decirle:

—Es mejor así, con la espalda de ella apoyada en tu pecho. Así ella la siente durita en su culo y tiene una sensación muy agradable, que la hará moverse para darse el gusto. De esta forma, tú también puedes acariciarla por delante y estimularla para que se caliente.

Después de un rato, la polla de José sobresalía entre los muslos de la niña, que jugaba con ella con sus manos, mientras él me miraba como preguntándome si sería correcto que empezara a acariciar ya a la cría de una forma más íntima de lo que lo estaba haciendo, y ante mi asentimiento, y viendo como tenía entre mis dedos y masajeaba la pollita del nieto de Pierre, empezó a tocarla ya por todos lados, entreteniéndose con más insistencia entre sus piernas, por lo que yo le dije en broma:

—Parece que te estás adaptando muy bien a este lugar.

—¡Buufff! Esto es increíble. Es todo como me lo habías contado y como yo lo soñaba.

Los demás se rieron ante su espontaneidad, y me dijeron a mí:

—Pues parece que tú también te lo pasaste muy bien cuando estuviste aquí.

—Sí, la verdad es que tengo unos recuerdos muy bonitos, y gracias a mi amigo, estoy pudiendo revivirlos de nuevo.

José se estaba excitando mucho con esa nena, que se llamaba Analise, a la que también se notaba como disfrutaba de esas caricias, que eran ya, más bien, una masturbación, porque los dedos de mi amigo no salían de su coñito, totalmente lubricado, por lo que le dio la vuelta para sentarla frente a él y empezar a besarla en la boca, saboreándola con un deleite que le tenía totalmente emocionado, y ya con ganas de follarla, así que recordando lo que yo le había contado, les dijo:

—¿Puedo meterme dentro de la cabaña con la cría?

Su abuela, que estaba allí presente, entendió que lo que quería era follarla y le dijo:

—Es que todavía no folla. A ella le encanta jugar, así que puedes meterte con ella para chupar, que lo hace muy bien ya.

—¡Ah, perdón! No sabía, pero gracias. No la follaré, solo nos daremos gusto.

—Está bien, pero como eres nuevo, te estaré vigilando —le dijo la abuela, con una sonrisa maliciosa.

José se metió con Analise en la cabaña, mientras los demás seguimos hablando, y Pierre, me dijo:

—Me cae muy bien tu amigo. El pobre tiene que acostumbrarse a estas cosas…..

—Descuida, que él se acostumbra muy rápido, pero no le vendría mal que le enseñaras algunas cosas de las que pasan ahora aquí.

—Claro, por mi encantado. A verdad es que esto no ha cambiado mucho. Ya ves, tenemos estas reuniones, hacemos fiestas los fines de semana, tenemos actividades, juegos…..

—Me alegro mucho de que siga así, porque tenía miedo de que esto ya no fuera como antes y mi amigo se decepcionara un poco con todo esto.

—Pues estate tranquila, porque va a disfrutar todo lo que quiera y más….

—Mientras esperábamos, me fijé en que una niña estaba de rodillas mamando la polla a su hermano pequeño, sentado encima de su madre, que al darse cuenta de mi mirada, me dijo:

—Están todo el día así. El padre la ha convertido en una viciosa y tiene a su hermano frito, jaja.

—Bueno, él estará encantado también, jaja  —le dije.

—Eso parece, porque siempre se deja hacerlo.

Yo, mientras tanto, tenía al nieto de Pierre encima y era inevitable que mis manos fueran hacia su polla y sus testículos, que acariciaba sin darme cuenta, mientras hablaba, hasta ponérsela muy dura y pegajosa entre mis dedos, debido al líquido preseminal que ya le salía.

Al cabo de un rato, José salió de la cabaña con Analise, diciendo:

—¡Uuufff! Vaya corrida. He intentado limpiar a la cría, pero todavía tiene restos, perdón  —le dijo a su abuela.

—No te preocupes, ya está acostumbrada a eso. Ahora la llevo a la piscina y acaba limpita, a no ser que la pille otro allí, jaja.

—Pues estuve a punto de metérsela, porque se notaba que la cría tenía ganas, pero me contuve y me corrí antes.

—Sí, ya lo sé, que tiene ganas de tenerla dentro, pero prefiero que sea con alguna más pequeña, como la de su primo, que cuando la estrene, ya podrá con los mayores.

Ese tipo de conversación tan distendida que se daba en ese entorno, tenía totalmente asombrado a José, que decía:

—Por ahora, esto está siendo mejor que lo que imaginaba.

—Pues sigue imaginando, porque después te vienes conmigo y te enseño alguna cosa que te va a gustar —le dijo Pierre.

—Encantado, estoy deseando conocer todos los secretos de este lugar.

—Yo también necesito ponerme al día, Pierre —le dije yo.

—Claro, Vero, si quieres nos acompañas también.

—¿Quedará más gente de aquella época en la que estuve yo? —le pregunté.

—Creo que sí, hay más gente de mi edad aquí. Seguro que se acuerdan de tus tíos y de ti.

Mientras nos dirigíamos a comer, José y yo estuvimos hablando de como nada más llegar a aquél lugar, ya habíamos hecho las primeras amistades, y lo que tanto esperaba José, ya se iba cumpliendo, por lo que me decía:

—¿Sabes en lo que estaba pensando cuando estaba con Analise?….. En como hubieran sido las cosas si mis amigos me hubieran ofrecido a su hija de esta forma, sin que yo hubiera tenido que estar a escondidas con ella.

—Hubiera sido muy diferente, claro —le dije— Pero como ves, aquí las cosas suceden de una manera que no te esperas en la vida “normal”, y eso te hace replantearte tu forma de vida y de pensar.

—Está claro, lugares como este tienen esa magia de lo inesperado, y de esa irrealidad que se convierte en algo cotidiano.

Luego, por la tarde, Pierre nos acompañó para que conociéramos a los demás integrantes del club y visitantes habituales.

Entre ellos ya había tenido una charla previa, y supongo que mi amigo le habría contado sus gustos y lo que deseaba hacer o probar allí, por lo que Pierre le dejó la puerta abierta a casi todo, prácticamente, y le decía:

—Tú mismo lo irás viendo. Cada uno en privado hace lo que puede y lo que le dejan, así que los límites son solo los del sentido común y la imaginación.

—¡Qué maravilla!. Todavía no me puedo creer el estar aquí.

Al pasar por una de las cabañas, la puerta estaba abierta y vimos a una mujer con dos niños que estaban encima de ella chupándole las tetas, y Pierre le preguntó:

—Hola Angeline. ¿Estás ocupada?

—No, solo me estaba entreteniendo un poco con los críos.

—Mira, estos son unos amigos que quiero presentarte. Se llaman José y Verónicca. Por cierto, que ella ya estuvo aquí hace muchos años, cuando era una niña. Sois de edades parecidas, no sé si te acordarás de ella. Era sobrina de Antonio y Maríe.

—¡Uff! No sé. Hace mucho tiempo de eso, pero mi padre puede que si se acuerde. Era muy amigo de Antonio, porque eran de la misma zona.

—Bueno, ya hablaré con él. Ahora venía porque a José le apetece probar una cosa que le da un poco de vergüenza —Pierre se acercó al oído de Angeline para decírselo, y ella sonriendo, le dijo a José.

—Claro, no hay problema. Es una delicia. A mí me tienen muy enviciada.

—Por eso le traigo aquí, porque tus hijos están en la edad ideal.

—Sí, el mayor ya lo echa más expesito, pero está muy rico.

De lo que estaban hablando con tanto misterio, era que José le había dicho a Pierre, que estaba deseando probar el precum, ese líquido preseminal que sale antes de que se convierta en semen, porque yo le había hablado de ello, y le dio curiosidad por hacerle una mamada a un crío de esas edades, sin importarle lo que pudieran decir.

Angeline le dijo:

—Puedes empezar por el pequeño, que su sabor es más suave y luego pasas al mayor.

Mi amigo se puso a chuparle la pollita al hijo menor de esa mujer, que pronto empezó a derramar su líquido viscoso, permitiéndole saborearlo con deleite, entre exclamaciones de placer de José y la agradable sensación que estaba ofreciendo a ese crío, que seguramente, por la estimulación de su madre, producía una gran cantidad de ese líquido.

Luego José pasó al mayor, con una polla ya de mayor tamaño, que le llenó más la boca y quizás, le produjo una mayor excitación al pasar su lengua por ella y succionar hasta que empezó a sacarle ese líquido, que esta vez era más parecido al semen, incluso por su color blanquecino, aunque todavía muy líquido.

El chaval se corrió con ganas, a pesar de las continuas pajas que se haría a su edad, y los requerimientos de su madre, a la que incluso había empezado a follar ya.

José, todavía con los restos de ese precum en la boca, le dio las gracias a Pierre y a Angeline, por satisfacerle ese capricho, pero antes de marcharse, le preguntó a la madre:

—¿También dejas que les follen el culo?

—Sí, alguna vez se pasa alguno, y en las fiestas también se lo hacen.

—¡Mmmm! Ya me pasaré por aquí yo también, en otro momento.

Luego, seguimos nuestro recorrido con Pierre, que nos enseñó el lugar donde se celebraban las fiestas de los fines de semana, con el bonito bar que habían instalado y unos cómodos sillones y sofás, para estar más relajados durante esas reuniones.

Allí nos encontramos con Armand, el padre de Angeline, al que enseguida le preguntó Pierre si se acordaba de mí, pero así de pronto, era lógico que no me reconociera, aunque al decirle que yo era la niña española, sobrina de Maríe, él abrió los ojos sorprendido por mi presencia:

—¡Vaya! Cuanto tiempo…. Claro que te recuerdo. Aquí mismo pasamos muy buenos momentos contigo y con tu tía.

—¡Ah!. Tú eras el amante secreto de mi tía.

—Bueno, no tan secreto, ¡eh!, que tú tío lo sabía perfectamente, porque cuando éramos jóvenes, follábamos a tú tía entre los dos muchas veces. Ella también era muy viciosa, aunque no quisiera que tú tocaras muchas pollas, jaja.

—Pero al final acabó cediendo y te dejó que me follaras y todo.

—Es verdad. Os estuve dando a las dos un buen rato. Fue una locura, pero es que tú eras una ricura con la que todos querían estar.

José volvía a escuchar atentamente esa conversación, y me dijo:

—¡Vaya, Vero! Así que los tenías locos a todos y no me dijiste nada de esto, jaja.

—Y yo que sabía, José, era una niña y no me daba cuenta de esas cosas. Pero la verdad es que eran todos muy amables y cariñosos conmigo y a mí me gustaba divertirme.

—Y tanto, los últimos días no parabas. Yo creo que hasta hacían cola para follarte —me decía Armand.

—Bueno, no exageres, pero si que estuve con bastantes…..

—Y bueno, dime, te casaste, tienes hijos….

—Sí, me casé y tuve una niña, pero nos divorciamos y la nena está con su padre ahora.

—Que afortunado tu marido. Seguro que disfruta mucho de la cría.

—Sí, se lo pasaban bien los dos, pero ya va siendo mayorcita.

—Bueno, ya conocisteis a mi hija Angeline. Ya veis lo buena que está, con esas tetazas que tiene, pues me la sigo follando desde que era una cría. Y ahora que está separada, más todavía.

En ese momento, Pierre me dijo:

—Armand es el encargado del dormitorio común, que es esa casa que está ahí, en la que cuando hay mucha gente en verano, duermen aquí las familias todas juntas, y los que quieran, porque las cabañas son muy pequeñas y se está más cómodo aquí.

—¡Ah! ¿Entonces mi amigo y yo podemos dormir ahí también? —les pregunté.

—Claro, —respondió Armand—. Además, os lo recomiendo, porque es una experiencia muy estimulante. Ahí, en las noches pasa de todo, jaja.

Enseguida, José se apuntó a eso.

—¡Oye, Vero! Esta noche venimos aquí a dormir.

Nos siguieron enseñando las dependencias del Club, que era bastante más agrande a como yo lo conocía, y cuando llegó la hora de dormir, nos fuimos a ese dormitorio común, en el que ya había bastante gente y estaban casi todas las camas ocupadas, pero nos pudimos acomodar en una esquina, en la que quedaban dos libres.

Mirando a nuestro alrededor veíamos a alguna persona que ya conocíamos y a otras familias, que como nosotros, debieron de entrar para pasar unos días y se iban colocando como podían para pasar la noche. Era realmente curioso observar ese ambiente de convivencia en ese gran dormitorio común, en el que quizás algunos pudieran conocerse por primera vez, aunque parecía que todos más o menos, ya eran habituales de ese lugar.

Cuando se hizo el silencio, empezamos a escuchar algún gemido, que no sabíamos muy bien de donde venía, por lo que José y yo nos miramos sorprendidos y luego, en medio de la oscuridad, intentamos adivinar su procedencia, que no estaba tan lejana a nosotros, porque en una de las camas cercanas, veíamos un cierto movimiento debajo de una sábana, sin saber muy bien quién estaba debajo de ella.

Esos gemidos iban subiendo en intensidad, hasta que de pronto, dejamos de escuchar, y vimos como de debajo de esa sábana salían una nena y un señor mayor, que le indicaba a la cría que volviera a la cama con sus padres, que estaba al lado.

José me volvió a mirar extrañado, preguntándose como se había dado esa situación, si la nena voluntariamente se habrían cambiado de cama, o sus padres se lo habrían indicado a petición de ese hombre, ya que allí, cualquier cosa podría ser posible.

A lo largo de la noche volvieron a repetirse escenas parecidas, que nos pillaron un poco más lejanas, pero vimos claramente como algunas parejas follaban, e incluso como alguno de los críos participaban de ello también.

Al llegar la mañana, poco a poco fue despertándose la gente, y fueron saliendo, pero José se quedó mirando a la familia que había dormido a nuestro lado, que al parecer tenían dos niñas y un niño, y José les dijo con ironía:

—Parece que ha sido una noche movida.

La mujer le miró sin entender muy bien a lo que se refería, pero luego, ante la mirada de José a la niña, le dijo:

—¡Ah! Perdón. ¿Le ha molestado la cría?

—No, no se preocupe. Ya vi que ha estado entretenida.

La mujer se rió, entendiendo la indirecta de mi amigo y le siguió la broma:

—Sí, es que le gusta cambiarse de cama, jaja.

—Ya podía haber venido a la mía —le contestó José.

—No hay problema con eso. Si ella quiere, esta noche la tiene ahí.

—¿Sí? Muchas gracias. El señor ha sido muy afortunado esta noche.

—Bueno, Eduard es un viejo amigo de la familia. Se quedó viudo el año pasado y ahora se encuentra un poco solo. Además, la nena iba a estar más cómoda con él, porque con nosotros tenía poco sitio.

—Pues son unos amigos estupendos. Él seguro que les estará muy agradecido.

En dos días ya habíamos a mucha gente y habíamos hecho un buen grupo de amigos con quién relacionarnos, que en realidad, eran como una gran familia que se reunía en el porche de alguna de las cabañas a charlar sobre cualquier tema en buena armonía.

La curiosidad de José por todo este mundo le llevaba a preguntar sobre cuestiones que le ayudaran a comprender toda la mentalidad y forma de ver la vida de todos ellos, por lo que interesaba saber como entraron en ese ambiente, que a veces había sido por cuestiones familiares desde niños, mientras en otras fue ya de más mayores en que se interesaron por todo eso y se incorporaron a este estilo de vida como uno más.

En el grupo había un hombre llamado Jean Louis, que ante las preguntas de José, empezó a hablar sobre el origen de ese Club, y del nudismo en general:

—Esta filosofía del nudismo moderno, porque el nudismo ha sido algo habitual en casi todas las culturas, surgió a finales del siglo XIX en Alemania, que puede considerarse la cuna del nudismo actual, a partir de unos movimientos culturales y sociales, que promulgaban la salud, el bienestar y ese contacto con la naturaleza que en su origen tuvo el ser humano, y que por diversas causas, como la revolución industrial, parecía que se iba perdiendo. Este movimiento se llamó “Freikörperkultur”, que quiere decir “cultura del cuerpo libre”, y se extendió por los países limítrofes, como éste, donde seguramente, alguien venido de Alemania fundó esté Club.

Jean Louis parecía tener un gran conocimientos sobre estos temas y todos escuchaban absortos las explicaciones que daba, pero otro de los hombres que estaba en el grupo, nos dijo:

—Yo sé la historia de este Club, porque trabajé en las oficinas durante un tiempo, y según sus archivos, se fundó hace casi un siglo. Lo fundó un matrimonio con un grupo de amigos, que seguían esas corrientes contra culturales venidas de Alemania, y aquí se reunían con sus familias para vivir en contacto con la naturaleza, hacer deporte y confraternizar entre ellos. Tuvo varios nombres, y durante un tiempo se le conocía curiosamente como “La Familie”, que es en realidad como nos sentimos todos los que pertenecemos a este Club.

—Claro, ya entiendo de donde viene todo —dijo José.

—Bueno, este movimiento tuvo sus precursores, pero también sus detractores, con sus época de mas represión y censura, y en eso seguimos en los tiempos actuales, en los que tenemos que seguir luchando por esta libertad de pensamiento y de filosofía de vida.

—Supongo que la sociedad se escandalizaría según fueron derivando estas costumbres o hábitos que se tienen aquí —añadió José.

—En un principio, la filosofía naturista no tiene nada que ver con la sexualidad, ni son conceptos que tengan que estar unidos, pero una parte de él, si fue evolucionando hasta este pensamiento o forma de ver todo lo relacionado con el sexo, ya que una sexualidad libre y sin tabúes se convirtió en el centro de todo ello, y cada uno es libre de adoptarlo o no, sin que nadie se vea obligado a integrarse en unas prácticas que no le gusten o no esté de acuerdo con ellas.

—Claro, por eso me decíais que en este Club no todo el mundo ni todas las familias piensan igual ni tienen esta forma de vida.

—Efectivamente, aquí hay gente con todo tipo de pensamientos, aunque por una cuestión de buena sintonía entre todos, nos sentimos más cómodos los que pensamos así. Pero todos nos respetamos, porque la tolerancia es la base de la convivencia —recalcaba Jean Louis.

—Esto es fantástico. Ojalá toda la sociedad funcionara así —decía José, muy interesado en esta conversación.

—Es que el respeto es el fundamento de todo esto, y no todas las personas lo entienden de esa forma, porque exige un control personal muy fuerte y aunque parezca contradictorio con lo que estás viviendo aquí, es difícil resistirse a los instintos más básicos que tenemos, y saber encauzarlos como es debido. No todo el mundo sirve para estar en un lugar como este.

—Sí, ya lo voy entendiendo y desde luego, tengo mucho que aprender aquí, porque estas experiencias te cambian como persona y transforman tu forma de pensar.

—Ya veo que a pesar de tu inexperiencia en este mundo, has venido con unos conceptos muy buenos y eso te va a ayudar a disfrutar más de todo esto y sentirte más libre.

—He tenido una buena maestra, jeje —dijo José, ­señalándome a mí—, que me ha ilustrado de una forma genial y ha sido muy comprensiva y paciente conmigo —reconoció José.

—Tu amiga ya vivió esto de niña y eso es muy importante para asimilarlo, como todos estos niños que ves por aquí ahora, que son el futuro de este Club, para que siga teniendo esta misma esencia.

Durante esa charla entre todos, volvieron a darse las escenas habituales de llamemoslas, “calentamiento mutuo” entre los adultos y los niños que tenían sentados encima, y durante las que José esperaba tener otra vez a Analise (le había encantado esa cría), pero también le llamó la atención otra de las nenas que estaba encima de uno de los del grupo, al que dijo:

—Me estaba fijando en la cría que está contigo, preguntándome la edad que tendría, porque al ver lo menuda que es, pareciera que tiene menos edad de lo que aparenta, con esas tetas y los pelitos del coño.

—Así es, jaja. Engaña mucho si no la conoces. Aquí donde la ves, ya tiene 13 años, y está desarrollada con sus formitas, pero como tiene este cuerpo tan pequeño, desconcierta un poco, aunque a todo el mundo le gusta tenerla encima, porque es muy manejable, y se puede disfrutar mucho con ella, porque es muy mimosa y cariñosa.

—¡Qué bueno! ¿Es tu hija?

—No, pero la tengo cuando quiero, porque es mi sobrina, jaja.

—Que suerte, la nena está deliciosa en verdad.

Viendo la calentura que ya tenía José, Pierre llamó a Claire, que era un poco más mayor de las que estaban allí, para que se pusiera con él. Era una preciosidad rubia con un cuerpo espectacular, que haría las delicias de mi amigo, y al que le dijo:

—Como ya sé que estás deseando follarte a alguna, con esta no tienes problema. Cuando quieras, te metes en la cabaña con ella.

Con Claire encima, José estuvo acariciándola durante un rato, apretando con sus dedos las pequeñas tetas que ya tenía, y comprobando la humedad de su vagina, mientras ella masajeaba con sus manos la polla erecta de él, y se giraba para besarle en la boca, demostrando su amplia experiencia en estas situaciones, dejando a mi amigo al borde la eyaculación, por lo que poco después, se disculpó con el grupo para entrar al interior de la cabaña con esa bendición que le acababan de regalar.

Creo que no tardó mucho en empezar a follarla, porque los gemidos que se escuchaban eran cada vez más intensos, y nos iban transmitiendo lo que sucedía dentro de la cabaña, con las expresiones de excitación de Jose, que nos hacían sonreír a los que estábamos fuera, así que cuando salieron, su cara de satisfacción nos lo decía todo y ya no hacía falta ni siquiera preguntarle.

Pero José seguía muy nervioso, porque en la noche, en ese dormitorio común, tenía una especie de cita y no quería llegar tarde, por lo que antes de que los demás fueran entrando, él ya me hizo estar allí antes de tiempo, para poder coger la cama donde habíamos estado la noche anterior, al lado de esa familia, por la que tuvimos que esperar un rato todavía.

Cuando llegaron, él ya se quedó más tranquilo, esperando a que la mamá de esa niña le indicara que se pasara a la cama de él, y cuando lo hizo, le preguntó a su madre, un poco, por cortesía:

—La cría ya folla, ¿no?

—Sí, sin problema, lo busca todos los días.

—¡Ah!, genial. Muchas gracias por permitirme este momento con ella.

La mujer le sonrió de forma condescendiente, comprendiendo la emoción de mi amigo, y tan solo le dijo:

—Disfrútalo…..

La noche fue larga e intensa para mi amigo, ya que actividad en su cama no paró hasta bien entrada la madrugada en la que ya, por puro cansancio, se quedaron dormidos. Al despertarse, su cara era una pura sonrisa, y casi no le salían las palabras, para decirme:

—¡Uuuuffff! Ha sido increíble, la mejor noche de mi vida. No me acuerdo de las veces que me corrí y ella disfrutó como nunca, también me dijo.

—Ya os estuve escuchando, pero no se veía mucho de lo que hacíais.

—Pues imagínate…., de todo, la cría la chupa como los ángeles, y su coñito es una maravilla. No me cansaba de metérsela una y otra vez. Hasta por el culito me dejó. Pensé en algo así muchas veces, pero ha sido todo mucho mejor de lo que imaginaba.

Esa sonrisa no se le borró durante todo el día, pero llegaba el fin de semana, y se iba a celebrar la famosa fiesta de ese lugar, en donde todos se reunían en la Casa central, para disfrutar de la música, la bebida y la buena armonía entre todos, que nos prometía pasar otra noche inolvidable para nosotros.

Con todo lo que le había hablado de esa fiesta a José, también estaba expectante por todo lo que podría suceder allí, y según iba llegando la gente, le sorprendió que esta vez, no fueran todos desnudos, como estábamos acostumbrados a verlos allí, sino que unos ligeros modelos insinuantes y sexys adornaban esta vez los cuerpos de las mujeres y niñas, lo que les daba un atractivo especial y una excitación extra al contemplarlas, con esos tangas minúsculos que dejaban adivinar todo lo que cubrían esos vaporosos vestidos de seda, con aberturas interminables, y otros ceñidos a la piel, que se pegaban marcando todo lo que ocultaban.

Ese cierto toque de elegancia, indicaba que se trataba de un acontecimiento social muy especial, esperado por todos, en donde se establecían nuevos contactos y oportunidades para disfrutar de todas esas nuevas situaciones que se fueran dando.

El salón se había distribuido a partir de la barra del bar, con una zona central, dedicada al baile, unos asientos a los lados, para charlar y tomarse unas copas, y en la parte de atrás, una especie de reservados, separados por unos biombos, para los que buscaran una mayor intimidad en ciertos momentos de la fiesta.

El alto volumen de la música iba animando al baile entre unos y otros y llevando a las conversaciones más íntimas entre sonrisas cómplices, formándose esos pequeños grupos e iniciándose los primeros contactos fugaces, en los que en esos primeros momentos, José y yo nos dedicamos a observar a los demás, recreándose mi amigo con todo lo que iba viendo y siguiendo con la mirada, mientras me decía:

—Cada día que paso aquí, me parece un paraíso mayor y único, del que nunca querría marcharme.

—Pero ya sabes que la felicidad es efímera y todo tiene su final, así que mientras tanto, aprovecha lo que tienes delante —le decía yo.

Mientras estábamos sentados, tomándonos algo, Armand se acercó para preguntarnos si nos divertíamos, y para presentarnos a una familia, formada por una española, llamada Marisa y su marido Mark, que era alemán, así como a sus dos hijas Eloise y Helga, de 14 y 10 años. La mayor morena, con un vestido que dejaba entrever unas buenas tetas, y la pequeña, más rubia y más parecida a su padre, cuyas dos coletas le daban un aire más pícaro, que se acentuaba con su pequeño top y unas mini tanguitas, que apenas tapaban por delante su rajita.

Aunque Marisa era una mujer muy guapa y con un cuerpo para gozarlo en su madurez, José se quedó hipnotizado con las dos niñas, pese a lo cual, la madre también requirió su atención, ya que parecía especialmente interesada en él:

—Aquí no hay muchas ocasiones para estar con españoles y le pedí a Armand que nos presentara.

—Pues nosotros estamos encantados también de conocer a más gente y pasarlo lo mejor que podamos —le dijo José.

—Eso desde luego —dijo Marisa, que le preguntó— ¿Ella es tu mujer?

—No, es una amiga, pero tenemos mucha confianza e intimidad.

—Estupendo. Aquí somo todos muy abiertos a todo tipo de relaciones.

—Sí, lo sabemos, y nos encanta este ambiente —recalcó José, mientras yo escuchaba.

Pero Marisa de dio cuenta de que José no paraba de mirar a las niñas, por lo que les dijo:

—¡Niñas! Saludar a nuestro amigo.

Y ellas le dieron dos besos, lo que aprovechó él para apretarlas hacia su cuerpo, mientras decía:

—¡Qué culitos más ricos tienen! Son preciosas.

—¿Quién te gusta más, la pequeña o la mayor? —le preguntó Marisa, de esa forma tan directa.

Esa pregunta le cogió un poco por sorpresa a José, que no sabía muy bien qué contestar:

—¡Uuufff! Las dos son espectaculares, no sabría decirte….

—Bueno, si no te importa, voy a dejar a Helga contigo, porque tenemos que llevar a Eloise con unos amigos.

—Sí, claro, puedes dejarla tranquilamente —añadió mi amigo, encantado con la confianza de sus padres.

Mientras se alejaban con Eloise, José sentó en sus piernas a Helga, y empezó a preguntarle:

—¿Te lo pasas bien en este sitio?

—Sí, muy bien, es divertido.

—¿Qués es lo que más te gusta?

Helga se quedó un momento pensando en lo que iba a decir, pero al final contestó:

—Estar con los señores mayores.

José la miró sorprendido, y le dijo:

—¡Ah! ¿Sí? No me digas…. ¿Has estado con muchos?

—Bueno, si. Cuando venimos aquí, sobre todo.

Mientras tanto, José la acariciaba suavemente por toda su piel, hasta llegar a su tanga, bajo el que metió los dedos, y le preguntó:

—¿Aquí especialmente te gusta?

—Sí, da mucho gusto —contesto.

José siguió tocándola hasta que ella empezó con unos ligeros gemidos, que le excitaron todavía más, a lo que añadió unos besos en la boca buscando su lengua, que saboreó con gran placer para los dos, mientras ella movía con su mano la polla de mi amigo, que estaba empalmada desde que estábamos en esa fiesta.

Yo les miraba, muy excitada también por esa escena, y en un momento, él me dijo:

—Me está diciendo que ya la están follando.

—¡Buf! Debes estar deseándolo tú también…. Llévatela atrás al reservado, mejor para eso.

José se levantó con ella en brazos y se fueron detrás de uno de los biombos que habían puesto para una mayor privacidad.

Al cabo de un tiempo, volvieron a donde yo estaba, evidentemente mucho más relajados, y él me dijo:

—No te puedes imaginar lo que es eso…. Le entraba toda hasta el fondo y seguía lubricando. Menuda follada que le he dado.

—No te quejarás —le dije—, todos tus sueños se están cumpliendo aquí.

Poco después volvió Marisa, la madre de Helga, para decirnos:

—¿Que tal con la cría? Como le perdí la pista, no sé si alguien te la pidió o te la llevaste tú.

José, un poco nervioso, por el temor a que a su madre le hubiera parecido mal que hubiera follado a su hija, le dijo:

—No, fui yo, que me la llevé un rato ahí detrás. No sé si hice bien…..

—Sí, tranquilo. Esas cosas es mejor en privado. Es pequeña todavía y puede llamar más la atención de los que les parezca mal.

—¡Ah, bueno! Uno nunca sabe, como no estabas….. —se justificó José.

Y Marisa añadió:

—Pero habrá quedado algo para mí, ¿no?

Y ante la sorpresa de José, Marisa se puso a chuparle la polla, como si estuviera acostumbrada a no detenerse ante nada y a servirse cuando algo le gusta. Después de un rato degustando el miembro de mi amigo, vio que iba a tardar en correrse, porque ya se había desahogado con su hija, por lo que le llevó detrás de uno de los biombos para follar con él, ocultos a la vista de los demás, quizás debido a ese pudor que conservaba de su educación más conservadora.

Cuando poco después volvieron conmigo, se quedó un rato charlando con nosotros, y nos dijo:

—Vine a este país cuando era muy jovencita y me chocaron estas costumbres, a las que yo no estaba acostumbrada. Mi primer trabajo fue sirviendo en la casa de unos señores, que me utilizaban para sus juegos sexuales, tanto él como ella. También desvirgué a su hijo mayor, que se colaba en mi habitación por las noches.

—La misma historia de muchas españolas que emigraron aquí, supongo —le dije yo.

—Sí, casi todas tienen vivencias parecidas…. Luego conocí a Mark, mi marido, que ya era socio de este Club con su familia, y a partir de ahí ya empecé a pasar todos los veranos aquí, con las niñas y los demás socios, ya que somos todos como una gran familia.

—Así que ya totalmente integrada en esta forma de vida —añadió José—, y a las niñas les encantará también.

—Claro, ellas han visto esto desde siempre y lo viven como algo normal junto a las demás, que hacen lo mismo.

—Es admirable. Precisamente lo que más me llama la atención es esta normalidad con la que vivís esto. Miro a mi alrededor y ya con el efecto de las bebidas, parece que ya a nadie le importa ponerse a follar delante de los demás, aunque sea con niñas como tus hijas.

—Así es, una vez que te animas, ya nada importa. Mira ahí a Eloise, compartida por esos dos amigos.

—¡Buufff! Está tremenda tu hija mayor, pero Helga me parece encantadora  le dijo José.

—Suele pasar. Está en esa edad que encandila a todos y le cogen un cariño especial.

—¿Y a su padre no le importa? Quiero decir, que si no tiene esa posesión paterna hacia ellas.

—Él está educado así desde niño. Es lo que vivió con su familia, también, así que mientras ellas se lo pasen bien, él feliz —añadió Marisa.

—Me encantaría pasar todo el verano aquí —le dijo mi amigo—, porque se tiene la sensación de que al día siguiente te espera algo nuevo y más estimulante que el día anterior.

—Pues el año que viene lo podéis organizar así y pasaros aquí todo el tiempo que podáis. Así te darás cuenta de que es verdad lo que dices, que lo que queda por venir es todavía mejor —concluía Marisa, haciendo gala del entusiasmo que tenía por ese lugar.

Estaba claro que en ese Club había una gente muy diferente a la que estábamos acostumbrados a conocer en nuestros entornos. Yo ya lo había vivido, en parte, pero para José era todo nuevo y sorprendente, y a mi me encantaba verle con ese entusiasmo y esa ilusión por disfrutar de todo eso que se le ofrecía.

La fiesta acabó en una especie de orgía comunal, donde ya no importaba con quién ni como, en la que Angeline me trajo a sus hijos para que me follaran, después de que yo degustara sus tiesos penes, así como todos los demás que me fueron poniendo encima para que usaran mi coño y se corrieran en él, incluidos Pierre y Armand, que no quisieron perderse su oportunidad de follarse a la que tantos años atrás se lo había hecho en esas primeras veces.

Mientras pasaba esto, todos los demás iban disfrutando de todas las situaciones que se les iban presentado, incluido mi amigo José, que no quería dejar de probar a ninguna de las estaban allí.

Pero bueno, al final era algo habitual de lo que pasaba durante todos los fines de semana en ese Club.

 

 

15 Lecturas/6 septiembre, 2026/0 Comentarios/por Veronicca
Etiquetas: amigos, hermano, maduro, mayor, mayores, recuerdos, sexo, vacaciones
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