RUBÉN 12
Historia real, empieza en año 2023, Bogotá, la he escrito en base a anotaciones y recuerdos……
RUBÉN 12
Había bastante gente, cuando salieron era poca la que se veía. Todos en la piscina. Se alegraron cuando los vieron llegar, Sofía se le acercó a Angie junto con Tatiana, la recibió con una hermosa sonrisa que le fue correspondida, además de un tímido abrazo. Las niñas salieron del agua a saludarlas.
—Mami—, dijo Bella—, no se me ha olvidado el curso de natación del año pasado, ya puedo pasar la piscina por la parte angosta, con Rubén le estamos enseñando a Pao.
— ¡Qué lindo que hagas eso!, yo nado pero no profesionalmente, despacio pero no me dejo ahogar.
—Yo sé nadar—, comentó Sofía—, aprendí en el río, allá en el pueblo, vamos todos al agua.
Sofía se lanzó sin titubear exhibiendo sus hermosas nalgas y el delgado cuerpo, Angie y las niñas la siguieron sin tanta habilidad, Tatiana, Mateo y Sara no habían salido del agua, los señores también entraron, Rubén en el agua pendiente de todos.
Los hombres que estaban no le quitaban la vista a Sofía y a Angie, otros con disimulo disfrutaban de las niñas, Rubén y Pablo lo notaban, las seguían con la vista.
Con una pelota de playa jugaban todos, Angie y Sofía se estuvieron un rato y después se acomodaron en una silla a recibir el sol. Rubén buscó a Mateo, no le gustaba verlo tan distante, se puso a conversarle hasta que logró ganarse su confianza. No sabía nadar mucho así que se puso a enseñarle, aprovechaba para tocarlo a ver cómo reaccionaba, el joven se dejaba, Rubén le pasaba las manos por las nalgas, las piernas, Mateo se sonreía, de manera “accidental” le tocó el pene, sintió que estaba erecto, eso le gustó. Lo puso a flotar bocarriba y le apretaba los glúteos con una mano mientras con la otra lo sostenía de la espalda, lo puso bocabajo y le masajeó el erecto pirulo, le calculó 11 o 12 años.
Rubén estaba extrañado con él mismo que le hubiera llamado la atención, siempre miraba niñas pero este chico le había llamado la atención, tal vez por verlo tan delicado, se veía a sí mismo a esa edad. Y lo interesante fue que pudo hacerlo nadar, que lo hiciera solo sin temor, y se asombró cuando lo abrazó con brazos y piernas estando en el agua.
Pablo jugaba con las niñas, es especial con Tatis, pero seguía los movimientos de Rubén quien estaba planeando cómo poder estar a solas con el chico aprovechando que están con mucha confianza.
—Oye, Mateo—, le dijo—, ¿me quieres acompañar a averiguar por la torta?
El joven aceptó gustoso, así que salieron del agua. Rubén le comentó a Angie y a Sofía que iba a averiguar por la torta que era de helado, le consultó a Pablo que si podía ir con Mateo junto con un guiño cómplice, a lo que el tío accedió con una sonrisa que Rubén captó. Se cambiaron las prendas mojadas y se fueron. Rubén tomó un camino que obligaba a dar una vuelta grande, además de manejar despacio. Mientras iban conversando le puso la mano en la pierna y lo acariciaba sin encontrar resistencia.
Lo primero fue felicitarlo por haberse atrevido a soltarse en la piscina, había logrado nadar. Lo hizo hablar del colegio, de amigas a lo cual negó tener, pero sí un amigo al que dijo querer bastante, era su confidente, compañero, y con el que se la pasaba.
Rubén no dejaba de acariciarle la pierna hasta bien arriba, buscaba la parte de atrás del muslo, la rodilla, le tomaba la mano y se la acariciaba hasta parte del brazo. De nuevo a la pierna y se atrevió a posarla sobre el pene.
—Me gusta tu camioneta, quiero algún día tener una así.
—La tienes a la orden, te puedo enseñar a manejarla—, le decía mientras lo acariciaba. ¡Mira cómo estás! —, le dijo Rubén cuando le posó la mano —, lo tienes paradito, debes tenerlo muy bonito, yo estoy igual, eres muy lindo, ¿te lo puedo tocar?
Mateo se sonrojó aún más, pero lo autorizó asistiendo con la cabeza mientras se sonreía y se escurría un poco para darle libertad. Rubén metió la mano por entre la ropa, se lo cogía y lo masturbaba, con algo de incomodidad buscó llegarle al ojete.
— Ese culito se siente rico. ¿Se lo has dado a alguien?
—No, pero me gustaría, en las pelis se ve que disfrutan.
— ¿Cada cuánto te haces la paja?
—Todos los días desde hace bastante, casi siempre cuando me baño, y por las noches.
— ¿Me muestras cómo te la haces? Los vidrios no dejan que alguien te vea desde afuera, puedes estar tranquilo, retírate la ropa.
Mateo obedeció y se empezó a masturbar con algo de pena. Rubén calculó unos 10 a 12 centímetros, ya tenía algo de vello púbico. Rubén corrió un poco la silla hacia atrás y la reclinó, le acarició la cabeza, el cabello. Con más facilidad le rozaba los testículos, con un dedo llegó hasta el ano y se lo sobaba mientras Mateo seguía dándose placer.
— ¿Juegas con alguien?
—Con mi amigo un poco, nos es difícil porque no hay lugares, dos veces que ha ido a la casa pero encerrarnos es complicado.
— ¿Él gusta de los chicos?
—Dice que es gay aunque no deja de mirar a mi hermana, dice que está muy buena.
— ¿Y qué más hacen?
—Nos hemos besado, él fue quien me enseñó, es un año mayor.
—Eres muy lindo, deberías ir a la casa seguido y jugamos, yo te enseñaría muchas cosas, también tu tío, él te quiere mucho y se lamenta de que poco vayas, también dice que eres un chico hermoso y que quisiera sentirte más cerca. Aquí no podemos, pero me gustaría acariciarte el culito, vi que no te molestó en la piscina y ahorita me diste espacio para tocártelo.
—Es que usted me trata bonito, me hace sentir bien.
—Dime Rubén, o Javi, como las niñas, y tutéame, soy tu amigo, puedes confiar en mí.
Rubén lo notó bastante excitado así que sacó toallas de papel y se las pasó.
—Sácate la leche aquí, que no caiga al piso o a la tapicería.
Mateo cerró los ojos y aceleró la paja, unos segundos después botó su leche dejándola toda en la toalla, a Rubén le pareció que le había salido bastante, no recordaba bien cuánta expulsaba él a esa edad.
— ¡Genial haberte visto!, gracias por darme esa muestra de confianza, puedes contar conmigo, será uno de nuestros secretos. Coge una de las bolsas que hay guardadas y mete la toalla, ahora la botamos.
—Eres muy lindo, con razón le gustas a tu amigo. Dile a tu mamá que los lleve a donde tu prima, donde tu tío Pablo, así nos podemos ver con más frecuencia. Arréglate la ropa que ya llegamos.
Rubén averiguó por la torta, quien lo había atendido la vez anterior le dijo que estaba programada la entrega para las cuatro de la tarde, Rubén le dijo que la mantuviera refrigerada, que él pasaba a recogerla en la tarde. Aprovechó para comprarle al chico un helado.
Llamó a Pablo, le dijo que le parecía hora de alistarse para salir a almorzar, Pablo estuvo de acuerdo, quedaron en que estarían listos apenas regresara.
Ya en la camioneta Rubén volvió a acariciarle la pierna y el pene, Mateo no se resistía. Le tomó la mano y se la puso sobre el de él.
— ¿Sientes que lo tengo parado? Estar contigo me pone así.
Mateo se sonreía pasando su mano. Rubén se la tomó y le insinuó que la metiera por entre la ropa, la mano del chico tocándolo directo le causó un gran placer, él la movía suavemente.
— ¿Con tu amigo se lo han chupado?
—No, Javi, él me dijo que le gustaría que nos lo hiciéramos pero no hemos podido.
— ¿Han hablado de tener relaciones?
—También, pero solo conversado. Yo he visto pelis y me gustaría.
—Saca tu manita, me vas a hacer eyacular y no quiero.
Rubén y Mateo hicieron muy buena amistad, se había despertado una gran confianza. Rubén se enteró que Estela era separada porque el papá había organizado otra familia cuando aún estaba casado con ella, se había enterado cuando Sarita tenía dos años, así que se divorciaron, se ven muy poco con el papá, pasan meses que no se ven y cuando lo hacen son salidas pequeñas, Estela no le habla, dice que no es buena persona, que bebe mucho y casi siempre que los ve les comenta que está sin trabajo, no les da nada, toda la responsabilidad la lleva la mamá.
Estela no tiene novio, es Lingüista, dicta clases, corrige libros y hace traducciones, trabaja bastante, por eso es casi siempre los deja donde Pablo y se va.
Con el fin de que Mateo «aflojara» más, Rubén se inventó un cuento que le fue narrando mientras llegaban a la casa, aunque no todo era falso pero lo adaptó al momento:
—Cuando yo estaba de tu edad tenía un profesor de música en el colegio, era más o menos de la edad que tengo ahora, él me empezó a buscar desde el inicio, me hablaba, me trataba muy bien y me fui encariñando, me gustaba estar con él. Un día me dijo que yo le gustaba, que yo era muy tierno, muy bonito. Me llevaba regalos que me entregaba con disimulo para que nadie nos viera. Me ofreció darme clases de guitarra, yo le comenté a mi mamá y ella aceptó, así que él iba a mi casa los sábados. Entramos en mucha confianza, me tocaba mientras las clases, me empezó a dar besos en la cabeza, después en la frente, lo luego en la mejilla, yo no me aguanté más y una vez fui yo quien lo besó, pero en la boca, un beso delicado, corto pero fue el inicio porque él se animó al ver que yo le correspondía. Así empezamos algo así como un noviazgo, me ponía a lo que lo tocara por sobre la ropa y él hacía lo mismo, pero no podíamos hacer nada más porque siempre en mi casa había alguien. Como yo no tenía papá lo veía como si lo fuera pero con una atracción especial. Los besos eran largos y me tocaba mi pene y la cola y me decía cosas bonitas.
Él habló con mi mamá, le comentó que le gustaría llevarme a tocar la guitarra con otros chicos, ella aceptó, así que me recogía los sábados pero me llevaba a su apartamento. Me enseño muchas cosas, de a pocos me fue acostumbrando mi culito hasta que un día me penetró, sentí dolor por un momento pero me fui acostumbrando y después me gustó. Me chupaba el pene hasta que me sacaba la leche y me enseñó a hacérselo a él.
Yo lo recuerdo con mucho cariño porque pasé momentos muy agradables, me decía que éramos novios. También le gustaba que yo lo penetrara y me enseñó a hacerlo, aunque mi miembro no era tan grande él decía que sentía rico. Me enseñó posiciones. Duramos así lo que restaba del año, fueron como ocho meses. Mi mamá algo sospechó y decidió acabar con las clases de los sábados y para el siguiente año me cambió de colegio. Me dio tristeza al principio, me hacía falta, pero me olvidé pronto porque me hice amigo de un compañero y con él empezamos a jugar y la pasábamos muy bien y nadie sospechó nunca nada.
Nos encerrábamos en mi habitación y hacíamos cosas, la pasábamos muy bien, nos besábamos, nos chupábamos y nos penetrábamos. Fue una bonita época, pero la familia de él se cambió de ciudad y hasta ahí llegó todo.
————-
Llegaron a la finca, ya todos estaban listos. En el carro de Angie se fueron las seis mujeres, los tres hombres en la camioneta de Rubén
Bella quiso almorzar pizza así que todos aceptaron. Las pequeñas iban en corto, Tatis con uno que le quedaba un poco grande, Angie y Sofía en minifalda y short debajo. Para nadie pasaban desapercibidas, era un espectáculo de belleza, juventud y alegría. La actitud de Mateo había cambiado, más conversador, más participativo.
—Rubén, tengo mucho para contarte, pero te adelanto que Angie y Sofía ahora son pareja—, le comentó Pablo en un momento en que estuvieron solos.
—Pues me parece muy bien, me encanta saberlo, aunque había pensado en algo con Sofía.
— ¿Cómo te fue con mi sobrino?
— ¡Excelente, ese chico da para mucho! Debes aprovechar, se deja hacer cositas, falta es espacio para estar con él. ¿Y qué de Tatis?
—Pues me di gusto manoseándola un poco, nada más; además, es demasiado corto el tiempo que estaremos con ella.
La pizzería estaba llena, los ubicaron en una mesa grande donde quedaron un poco apretados pero no les importó, Bella estaba ansiosa por los regalos.
Cada uno de los pequeños escogió a su gusto una pizza personal y los adultos una mediana para cada uno, tardó bastante el servicio, mientras tanto se dedicaban a conversar e ingerir, los adultos cervezas y los menores jugos o refrescos. Se pusieron a jugar a que Bella adivinara qué le iban a dar de regalos, por cada uno que acertara podía pedirle algo a alguno de los que estaban, lo que fuera.
Estaba bastante desubicada, no se le ocurría nada, pero se fue por algo de ropa, que ella quería un celular pero sabía que la mamá no se lo compraba hasta los doce años; total, no tenía idea de lo que podía recibir.
Llegó la comida, todos estaban hambreados, así que muy juiciosos se dedicaron a comer, Pao y Bella se hacían señas pero sin cuchichear, habían aprendido la lección.
Dentro de lo poco que estaban hablando inesperadamente se escuchó la voz de Paula:
—Mamá, ¿tú y Angie son novias como Isa y yo?
-¿Por qué me preguntas eso?-, le respondió Sofía con los colores de la cara subidos.
—Porque Isa y yo las vimos tomadas de la mano por debajo de la mesa, se han dado dos veces bocados y tú estás comiendo con la mano izquierda, por eso.
Sofía miró a todos, después fijo la vista en Angie, ella sonrió y le asintió con la cabeza.
—Sí, hija, es verdad, les íbamos a contar cuando regresáramos pero ya que lo notaron les confirmamos que estamos de novias, nos queremos mucho.
Angie le giró con suavidad la cabeza y le dio un suave beso. Todos aplaudieron, nadie hizo cara de disgusto. Las dos pequeñas se acercaron a sus respectivas madres y les dieron beso en la boca, uno muy fuerte y largo, se notaba que lo habían planeado, un beso de niñas que saben hacerlo, con lengua incluida, después se cambiaron de mamá y repitieron ante la sonrisa algo nerviosa de los demás, Angie y Sofía se notaban incómodas.
—Por mi parte—, dijo Pablo alzando la cerveza—, me encanta la sorpresiva noticia, tienen mi total aceptación y que nadie se meta nunca en sus vidas.
Todos alzaron sus respectivas bebidas y al unísono, por insinuación de Rubén, tres veces repitieron «Que vivan las hermosas novias», mientras ellas alzaban los brazos con las manos tomadas y en la otra la cerveza.
Entre quienes estaban alrededor y vieron de cerca lo sucedido, casi todos aplaudieron, aunque no faltó quien hizo cara de desaprobación, se alcanzaron a escuchar comentarios que rechazaban haberlo hecho delante de las niñas.
—Y ya que estamos todos aprovecho para contarles que le he pedido a Sofi que renuncie a su trabajo y se tome unas vacaciones mientras yo le ayudo a conseguir uno mejor; así que, esta salida la podemos prolongar un par de días, no hay afán.
Pasaron por la torta y se regresaron, Bella estaba impaciente por los regalos.
——————–
—Pablo, deberías tratar de pasar más tiempo con Mateo, ese chico necesita que lo escuchen, sentirse querido y el tío sería de lo más apropiado. Yo ya he hecho lo mío y ahí voy, anímate—, fue el comentario en un momento en el estuvieron solos.
Le cantaron el “Feliz Cumpleaños” con apagada de velitas, repartieron la torta, la consumieron muy rápido porque Bella los apuraba, además de que se iba derritiendo. Paula puso música de la que le gusta.
Las cajas grandes fueron los primeros, una muñeca para Bella y otra para Paula, les gustaron, leyeron cómo hacerlas funcionar, Rubén miraba en espera de que encontraran el botón escondido, ellas la iban peinando, conociéndola, el botón del estómago no tardaron en encontrarlo, lo presionaban y se escuchaban frases, al sentarla jadeaba diciendo como “¡Oh!” Y “¡Whee!”, las dos funcionaban igual, Paula buscó el botón, estaba entre las piernas, ambas reían pulsando los botones, las mamás también soltaban risotadas, “son curiosas”, dijo Sofía que también las tocaba, “esto me hace pensar en otras cosas”, comentó Angie carcajeándose.
—Son como cuando una se toca, se siente rico y dice ¡Aaah! —, fue el comentario de Bella que hizo que todos soltaran la risa con algo de rubor.
Sin mostrar nada de vergüenza Angie le pidió que siguiera destapando los obsequios, que ya habría tiempo para continuar jugando.
Rubén, que había buscado estar junto a Mateo, esperaba que le preguntaran algo, pero nadie lo indagó por la procedencia, eso lo tranquilizó, había pasado el momento, estaba visto que no eran de las que se escandalizaban por cualquier cosa. Por lo demás las cosas se fueron repartiendo, lo que estaba doble era para Isa y Pao como las chaquetas, los relojes, los jeans y las camisetas. Rompecabezas de dibujos del Chavo del ocho, morral y libros.
Angie dejó a propósito el celular de último, cuando se lo entregó la niña se alegró mucho, sobre todo por lo inesperado, no estaba en su cabecita que algo así le llegara. Se le abrazó a la mamá y le dio besos en la boca, la Angie le correspondió sin problema, estaba entre gente de confianza.
—Mira, mi muñeca, te lo compré aunque pienso que no estás en edad física de tenerlo pero noto en ti, y aprovecho para decir que en Paulita también, una madurez que me hace verlas como una niñas mayores, no de 12 o más, pero sí con la capacidad de razonar y comprender. Pienso que te hace falta para que te comuniques con tu abuelo, conmigo, con quien sea, a veces hace falta para algo urgente. No es un celular costoso, es un sencillo, no quiero verte en redes sociales, lo único que te permito es WhatsApp, y tampoco quiero que haya problemas en el colegio, ya sabes que te lo quitan y demoran como un mes en devolverlo, así que no te lo dejes ver, como hace Paula. En cualquier momento te lo puedo revisar, aunque no pienso hacerlo salvo que sospeche algo, lo de las redes sociales en porque no deseo verte metida todo el tiempo ahí, prefiero que juegues, que hagas tus deberes, que leas. A manejarlo aprenderás en un momento, ustedes son muy hábiles para eso. Tiene audífonos, cargador, funda y vidrio protector. ¿Me entendiste y estás de acuerdo?
—Sí, mamita, me quedó claro, te amo.
De nuevo besos para todos.
Rubén seguía con Mateo, pensaba que al chico le hacía falta cariño, por lo que había escuchado permanecía, muy solo, igual Sarita aunque ella era más extrovertida, conversaban, el chico ya reía y hablaba, había dejado la actitud retraída y estaba todo el tiempo con él. Las niñas miraban lo regalos, Tatis jugaba con una de las muñecas, la peinaba y le tocaba el botón que tenía entre las piernas. Los demás participaban en armar el rompecabezas. Las novias una junto a la otra, repartían pasabocas y se daban con la boca, lo que fue copiado por las pequeñas, incluidas Sarita y Tatis. El ambiente tenía morbo a pesar de lo infantil, el reguetón ayudaba pues las letras eran fuertes.
Rubén dejó un momento solo a Mateo y le hizo una mirada a Pablo, este se acomodó en el sito donde estaba Rubén y se puso a conversarle, a hacerlo sonreír, a que se sintiera bien con él.
Bella se hizo entre las mamás, allí se puso a configurar el teléfono, si algo no sabía le consultaba a Pao, no tardó en ingresar contactos, configurar el WhatsApp, aprenderse su número de teléfono. Bella vio la cerveza de la mamá en la mesa de centro y se tomó un sorbo, acción que fue seguida por Pao quien a su vez le ofreció a Sarita.
— ¡No! —, dijo Angie—, eso no es para ustedes, son pequeñas para eso.
—Es solo un sorbito, Mami, nos provocamos, es mi cumpleaños. Más bien vamos a bailar un rato.
Angie un poco confundida guardó silencio, prefirió no decir nada y más bien se paró y se puso a bailar, Sofí le hizo la segunda y las niñas también se juntaron, el último fue Mateo que también se les acercó y se unió al grupo. Las niñas movían brazos, piernas, de un lado para el otro, sacaban el trasero, lo sacudían y se lo restregaban a cualquiera, era morboso, Angie y Sofi no se quedaban atrás, fue un buen rato bien intenso. Los señores tuvieron que integrarse a petición de la cumpleañera, Mateo también movía el trasero y acompañaba a las demás.
La canción “Qlona” hizo a Angie y Sofi abrir los ojos, salvo por Tatis, las otras tres niñas y Mateo se la sabían, la cantaban y la bailaban. Y no solo esas, muchas de las que sonaban.
Ayer te vi solita
Esa carita bonita
Diablo, qué mamacita
Estás provocándome aunque lo haces sin querer
Ya por ti pregunté y hace más de un mes
Te dejaste con el bobo aquel
Qué hijueputas ganas tengo de besarte
Te vi en una foto y te imaginé sin ropa
Te mentiría si no estoy loca por verte
Con ese jeancito, cómo te ves de culona
Qué hijueputas gana tengo de besarte
Te vi en una foto y te imaginé sin ropa
Te mentiría si no estoy loco por darte
Con ese jeancito, cómo te ves de culona
Nos vamos de guayeteo, fumeteo en la disco, mero perreo
Te pusiste minifalda pa’ ver si yo te gateo
Un besito pa’ sentir ese goteo
Y prendí la cámara pa’ grabarte un video
No te voy a mentir, no paro ‘e imaginarme tu culo en tanga
Pónteme de espalda hasta que el Sol salga
Te pongas caliente y todo el cuerpo arda, arda
Te pongas caliente como la arena
Y ese culito blanco, el Sol te lo ponga moreno
Lo tiene grandote por el entreno
Empieza el toque-toque, mojaíta’, flow sereno
Te pone caliente como la arena
Y ese culito blanco, el Sol te lo ponga moreno
Lo tiene grandote por el entreno
Empieza el toque-toque, mojaíta’
Qué hijueputas ganas tengo de besarte
Te vi en una foto y te imaginé sin ropa
Te mentiría si no estoy loco por darte
Con ese jeancito, cómo te ves de culona
Qué hijueputas ganas tengo de besarte
Te vi en una foto y te imaginé sin ropa
Te mentiría si no estoy loca por verte
Con ese jeancito, cómo te ves de culona
Ayer te vi solita
Esa carita bonita
Diablo, qué mamacita
Estás provocándome aunque lo haces sin querer
Ya por ti pregunté y hace más de un mes
Te dejaste con el bobo aquel
O-O-Ovy On The Drums
Qué hijueputas ganas tengo de besarte (de besarte)
De besarte, de besarte
Te mentiría si no estoy loca por verte
Por verte, por verte
Cu-cu-cu-culona (culona)
Finalmente pararon, todos estaban cansados.
— ¿Cómo es que se saben tantas canciones? Y esa última muy fuerte, no me parece que sea para ustedes. —, manifestó Angie haciendo cara de desagrado.
Todos quedaron callados, tenía razón en cuanto a que cómo hacían para saberla.
—Mami, es que las escuchamos muy seguido y se nos quedan, aún en el cole a veces ponen reguetón a la hora del descanso o en educación física, fíjate que Sara y Mateo también las saben.
Angie prefirió no continuar la conversación, no tenía sentido dañar el día por esa tontería.
Los adultos se retiraron, se fueron para el balcón con cigarrillos y bebidas
—De pronto es que siento demasiado ambiente sexual—, comentó Angie—, y no me molesta, pero me hace pensar porque hay pequeñas, jajaja, o será que me estoy haciendo vieja. Yo a esa edad pensaba en muñecas, aunque debo reconocer que sentía cosas en mi entrepierna pero no las conversaba. Y estas pequeñas hablan descaradamente como si les fuera algo común.
—Pues yo soy viejo y no me espanto—, dijo Pablo riendo.
—Paula es igual—, comentó Sofía—, pone su reguetón y canta, pienso que es algo pasajero, pero sí, esa última canción es bastante fuerte, pero la bailé sin ponerle mucho cuidado a la letra, por divertirme, como hago con otras. Y es que en otras latitudes esas expresiones no suenan tan mal. Alguna vez escuché que había una telenovela argentina que se llamaba La Malparida, allá no suena tan fuerte como aquí. Y Paula me ha contado de un grupo de amigas que hablan de sexo, es casi que imposible evitar eso, prefiero hacerme la loca.
—Pues Bella poco habla conmigo, en realidad no es mucho el tiempo que le dedico, trataré de estar más pendiente, me imagino que a mi papá si le comentará.
—A veces me dice cosas, trato de guiarla pero no de reprenderla, soy incapaz de hacerlo o de regañarla, su niñez es diferente a la de ustedes o a la de nosotros los mayores.
—Creo que darles amor y seguridad ayuda; además, que sepan cosas está bien, que no anden con los ojos tapados y que no piensen que todo es malo. Si sienten cosas, pues que se toquen, que lo disfruten. De pequeña me decían que todo era malo y que había un señor que me andaba espiando y que debía tenerle miedo. Ahora sé que todo eso es falso—, comentó Paula. Y si hablan delante de uno pues es porque nos tienen confianza, eso es bueno.
Casi la media noche, Angie decidió que ya era hora de dormir para poderse levantar temprano y aprovechar el día, todos estuvieron de acuerdo, ella y Sofía fueron las primeras en irse a la cama después del baño y de la respectiva despedida. Bella, por disimulada sugerencia del abuelo, le agradeció a la mamá y después al resto por la celebración de su cumpleaños, detalle que gustó.
Pablo estuvo pendiente de que se asearan las pequeñas. Todas se bañaron y se pusieron pijama, él sabía que ellas se dedicarían a sus juegos por lo que les pidió que no se acostaran tarde porque la idea era que temprano estuvieran todos listos, Bella y Pao le prometieron que no tardarían. Pablo salió de la habitación y cerró la puerta sin ajustarla, quería más tarde acercarse a ver en qué andaban, como bien lo dijo Angie, había demasiada sexualidad en el ambiente.
Rubén le pidió a Pablo que durmiera en la colchoneta y dejara el colchón para Mateo y él, el tío aceptó sin problema y con una sonrisa cómplice, aunque también quería disfrutar del sobrino.
—Mateo, quédate tú con Rubén, creo que duermo mejor en la colchoneta.
—Bueno, tío-, respondió el chico sin poner inconveniente y se acomodó debajo de la sábana con solo un corto pantalón de pijama, igual que los señores.
El colchón Rubén lo había colocado lo más alejado de la puerta, al rincón, la colchoneta para Pablo estaba casi que a la entrada.
Apagada la luz la casa quedó en total oscuridad, era una noche sin luna. Rubén se le acercó por detrás, hizo que se quitara el pantalón y lo abrazó por la cintura, le tomó la mano y le enseño que él también estaba desnudo. Le besó la espalda mientras le tomaba el pene y lo masturbaba. Mateo pasó su mano hacia atrás e hizo lo mismo con Rubén, luego el chico se giró quedando de frente y se empezaron a besar de muy apasionada manera mientras se complacían.
—Te la quiero chupar, Javi, —, dijo Mateo de escurrió y empezó a chuparle la verga a Rubén.
—Mateo, ¿estás dispuesto a tragarte lo que salga o alisto toallas?
—No, quiero comérmelo, tengo ganas de sentirlo, siempre he querido hacerlo.
—Listo, hagamos un 69, yo también te deseo.
Pablo, que se había hecho lo más lejos posible y por tanto, cerca de la puerta, escuchaba gemidos de Angie y Sofía así como a las niñas hablando bajito, también los murmullos de Rubén y el chico.
————
— ¿Nunca lo has hecho?
—Nunca, pero siempre había querido, con mi amigo habíamos acordado buscar un espacio.
—Te pido que tengas cuidado con los dientes, que no muerdas ni rayes, usa labios y lengua, lo metes y lo sacas, la punta es importante, lo más sensible.
—Yo tendré cuidado, Javi.
Rubén sintió cuando los dientes alcanzaron a tocarlo, pero solo fue esa vez, a cada momento el chico iba mejorando la técnica, se sentía que lo disfrutaba. Por su parte Rubén trabajaba con cuidado, lo hacía despacio, se lo metía todo, le acariciaba y chupaba las bolas, con un dedo untado con saliva buscaba el ojete y lo metía de a pocos, el miembro de Mateo se sentía completamente erecto, le bajaba el prepucio y hacía como si quisiera meter la lengua por la punta y a la vez por presionaba el culo, ya había logrado meterle el dedo completo. El trabajo de Mateo era bueno, Rubén sentía cómo trataba de engullirlo, se esforzaba bien.
Un segundo dedo empezó a ingresar, el chico sintió molestia pero Rubén no cedió, siguió poniéndole saliva y presionando, en cada intento lograba ganar milímetros, ya lo sentía más flojo, más abierto, necesitaba meter los dos hasta el fondo. Cuando lo logró empezó a girarlos, a buscar la próstata, esto llevó a Mateo a descargar su leche, Rubén esperaba que durara más pero empezó a recibir el semen delicioso, se lo tragó disfrutando cada gota a la vez que se sorprendía con él mismo que estuviera gozando con un chico de su esperma, sus besos, se desconocía, primero fue con Pablo y ahora esto. ¿Tenía tendencias homosexuales, o era bisexual?
Sintió que la mamada de Mateo estaba a punto de cumplir su objetivo, tomó la cabeza de Mateo y la tuvo firme mientras arrojaba su leche en la boca, cuando Mateo trató de echarla hacia atrás se la soltó, el niño hizo un movimiento de ahogo pero tragó y pudo seguir chupando sin problema salvo por un suave carraspeo. Rubén se retiró, se dio vuelta y cuando lo tuvo al frente lo empezó a besar.
———
Mientras eso sucedía, Pablo escuchó un quejido ahogado, la voz parecía ser la de Tatis. Pablo se paró a observar, la puerta de las niñas, la única además de la se salida, estaba entreabierta, como él la había dejado. Caminó despacio, la baldosa no dejaba que se hiciera ruido. Se acercó a mirar cuando sintió una presencia detrás, era Angie que también había escuchado. Pablo se movió un poco para que ella, que estaba con apenas una blusa, tuviera mejor visión, él se agachó un poco.
Los dos fisgones se llevaron tremenda sorpresa, en especial ella. Sarita y Tatis acostadas bocarriba con las rodillas en las orejas, frente a Sarita estaba Pao y Bella con la más pequeña. Estaban chupándoles la vagina y les tenían incrustados dedos en los ojetes, metían y sacaban mientras les daban una excelente ración de lengua y a la vez se masturbaban las cuatro. Se les notaba la experiencia. El grito tuvo que ser de Tatis cuando Bella le metió dos dedos.
Era un hermoso espectáculo, así lo vio Pablo, Angie observaba tapándose la boca, estaba asombrada y movía la cabeza como quien no se la cree; sin embargo estuvieron como 10 minutos mirando, no hablaban por miedo a que las pequeñas se dieran cuenta de que estaban siendo espiadas.
Jadeaban muy suavemente, con la voz ahogada sabiendo que no debían hacer ruido. Cuando Sarita empezó a mostrar señales de que estaba por llegar al orgasmo, Angie se fue para su habitación, Pablo habría querido seguir mirando pero ante la reacción de la hija decidió también retirarse, sentía ganas de hacerse una paja, su verga estaba dura y se sentía mojado.
———–
Mientras tanto Rubén seguía con Mateo.
—Lo haces muy bien, muchas gracias, eres muy lindo.
—Me gustó tu leche, Javi-, dijo mientras buscaba seguir con los besos.
— ¿Qué tal si le das el culito a tu tío? Él sabe lo que estamos haciendo.
—Me da pena, no le tengo tanta confianza.
—Anímate, sé que tú quieres pero de momento no puedo, en cambio él debe estar bien caliente.
Rubén le manoseaba las nalgas, le metía un dedo para que se animara, lo masturbaba y le acariciaba los huevos.
—Bueno—, dile que venga, yo también quiero.
——–
Pablo se acostó pensando en lo que le rondaría a Angie por la cabeza, en la mañana intentaría que le hablara del tema. Estaba en esas cavilaciones cuando Rubén se le acercó.
—Pablo, convencí a Mateo para que te dé culo, ve y lo consientes un poco, acarícialo, dile cosas bonitas, dale besitos, anda, ahí está el lubricante, entre el colchón y la pared y hay una toalla.
Pablo accedió con gusto sabiendo que el terreno estaba abonado, Rubén se acostó en la colchoneta y quedó
——-
Angie y Sofía despertaron a todos haciendo ruido, cantando y aplaudiendo, no entraron a las otras habitaciones, tal vez no querían llevarse sorpresas, en especial con las pequeñas.
Con caras perezosas y sonrisas se fueron arrimando a desayunar lo que ellas dos habían preparado, algo ligero para salir rápido a la piscina.
Todos mostraban cara de no haber dormido lo suficiente pero estuvieron de buen humor.
Las cuatro niñas fueron seleccionadas por Angie para que arreglaran el desorden, en tanto los demás se fueron bañando. Las pequeñas se metieron juntas a bañarse sin que nadie les dijera algo, todos lo veían como algo normal.
Pablo ya había puesto al día a Rubén sobre lo sucedido con las pequeñas y después le contó cómo le había ido con Mateo.
—Gracias, Rubén, fue algo genial, ¡era virgen! Pensé que tú habías sido el primero. Hice lo que me dijiste, fui muy cariñoso, no forzado, me sale. Le di las gracias por permitirme estar con él, me recibió besos, lo acaricié, el pirulo lo tenía duro, me puse a chupárselo un rato, también él quería hacerlo con el mío, se lo dejé un rato. Le dije que quería el culito, fue cuando me dijo que estaba virgen por ambos lados, le dije que después yo le daba ojete para que se desvirgara. Me pidió que se lo hiciera con cuidado, que tú le habías metido dos dedos y que había sentido muy rico.
Me lubriqué los dedos y se los fui metiendo, entraron fácil porque tú ya lo habías trabajado, él murmuraba que sentía rico. Seguí con tres dedos para dilatarlo más, le pedí que aflojara un poco, llegaron hasta la mitad, consideré que ya se había ensanchado lo suficiente. Le pedí que se pusiera en cuatro, que no fuera a hacer ruido, que si sentía dolor mordiera la sábana. La oscuridad no dejaba ver pero empecé a buscar el hoyito tanteando con los dedos, cuando lo ubiqué bien empecé a presionar, la cabeza entró, ¡qué rico ese culito apretado!, recordé a las niñas, buena cantidad de lubricante hizo que fuera ganando terreno rápido, él hacía sonidos y trataba de echarse hacia adelante, lo tomé por las caderas y se lo hundí, me quedé quieto unos momentos y empecé el bombeo, toqué su pene, estaba erecto, lo masturbé un poco y empecé el mete y saca, ¡qué rica sensación!, no tardé mucho en sentir que me corría, aceleré y se lo hundí todo lo que pude para dejarle la leche bien adentro, noté que se estaba masturbando, tomé la toalla y se la pasé, con ¡Ahhhh! Ahogado indicó que también había eyaculado. Lo saqué lentamente para no hacer reguero, cogí la toalla, estaba húmeda del semen de Mateo, me limpié y se la puse en el culo para que le fuera escurriendo, pienso que algo debió caer a la sábana, ahora miro.
Nos acomodamos uno frente al otro, lo besé y me correspondió. Le pregunté que cómo se sentía, me dijo que sentía un poco de ardor pero que estaba bien, algo cansado. Después hablamos, le dije. Nos acomodamos en cucharita, yo detrás y quedamos fundidos hasta que empezó la bulla.
—Yo quería ser el primero, pero Mateo quiso tomarse mi leche, así que fuiste el afortunado, de todas formas habrías tenido tu turno en cualquier momento, pero que haya sido el tío estuvo bien. Parece que el chico está bien, me saludó con una sonrisa.
—Quiero hablar con Angie de lo de las niñas, después te cuento.
——————
Rumbo a la piscina el espectáculo era hermoso pues de nuevo las seis chicas vestían sus atuendos que poco dejaban a la imaginación. El lugar estaba bastante concurrido, todos las miraban, hasta las mujeres, pero en especial los hombres no dejaban seguirlas con la mirada, incluidas las cuatro pequeñas.
—Hija—, le habló Pablo, tengo curiosidad por lo que piensas de lo que vimos los dos anoche, me gustaría que habláramos aparte.
—Claro, papi, pero vamos con Sofi, no quiero tener secretos con ella.
Pablo le recomendó a Rubén que estuviera pendiente mientras ellos regresaban. Los tres se dirigieron al lugar alejado, llevaban cervezas y cigarrillos, se acomodaron.
—Papi, Sofi ya está al tanto, le comenté con detalles.
— ¿Y qué piensan?
—Isa, me gusta decirle así, y Pao deben hacer eso a diario, por eso las encontramos desnudas en la cama, es algo normal—, comentó Sofía. Ya conocieron el gusto del sexo, con decirles algo, o prohibirles, no vamos a sacar nada más que crear un ambiente de desconfianza, esa seguridad que les damos para hablar y actuar se perdería. Le dije a Angie que eso que hacen es lo que nosotras dos hacemos, simplemente que lo descubrieron temprano. Pero eso ayuda que maduren, a que se responsabilicen por su sexualidad, hay que guiarlas, no reprenderlas.
—Estoy de acuerdo con Sofi—, habló Angie—, además ellas no saben que las espiamos. En cuando a mi prima no opino, ella lo estaba disfrutando y no sabemos qué hace en su casa, de pronto hasta ya no es virgen, tal vez hasta sepa más que nuestras hijas. De Tatiana no creo, pero así se dieron las cosas, pienso hablar con esa niña a ver qué dice, pero que tampoco sepa que la vimos.
—Yo estaba preocupado por la actitud que tuvieras con ellas, por eso quería que conversáramos, pero la forma como ven las cosas creo que es la correcta. Ya lo aprendieron, ya lo hicieron y dudo que estén arrepentidas para no volverlo a hacer.
—No papi, no te afanes pero te agradezco que andes tan pendiente. Creo que terminaremos pidiéndoles consejos, jajaja. Por eso esta mañana estuvimos alegres para la despertada, ni malas caras ni amonestaciones. Preferimos que no oculten cosas por miedo.
—Sí, y que puedan contar con nosotras, y contigo para hablar, pedir consejos. Cuando a una la reprimen, cuando le dicen que todo es malo, que todo es pecado, se crea una inseguridad que nubla el pensamiento, a mí me pasó, mucha religión, muchas amenazas, no tengo en mente la idea de adoctrinamientos.
—Papá, he querido que Sofi sepa todo de mí, que yo pueda hablar con tranquilidad, lo que no sabe es porque no me he acordado o porque no ha habido tiempo. La vez pasada que hablamos, ya le conté todo, quedó claro que tú la tocas desde pequeña como lo hiciste conmigo, que no le hagas daño es lo que te pido; por lo demás, mientras la vea feliz, sin traumas, yo la dejaré vivir. Yo desde pequeña vengo haciendo cosas que tú y mi mamá nunca supieron, no sabía cómo reaccionarían. He tenido muchos novios y lo que he aprendido es a ser fuerte e independiente, a no dejar que me pisoteen, a cuidarme. Desde los once no soy virgen, me escapé una vez con un profesor del que me enamoré y me le entregué, él tuvo cuidado de no hacerme daño y de protegerse, me enseñó sobre el condón y desde ahí nunca me faltaron. Cuatro veces estuve con él, desde la segunda vez aprendí del sexo anal, decía que es más seguro. Nunca me sentí ni me siento puta en el sentido literal de la palabra, pero sí me gusta gozar.
—Pablo, con Angie hemos conversado y al estar Pao contigo todo el tiempo tiene que haber visto, y tal vez vivido situaciones, solo deseo ver a las niñas, porque ahora las dos son mis hijas, como dice Angie, verlas felices, confiadas y que no les pase como a mí con Alejandro, y no solo fue él, varios se aprovecharon de verme débil, pero eso, gracias a Angie y a ustedes, incluyo a Rubén, ya pasó, no soy la misma, estoy trabajando en eso. Y también tengo mi historia, le he ido contando a Angie mis cosas.
—Pues hijas, no hay más que hablar, tendré en cuenta lo conversado para ayudar en la crianza de mis nietas.
Finalizada la conversación en la que hubo anécdotas y chistes, se fueron a estarse de nuevo con los demás.
Cuando llegaron los encontraron jugando con el balón de playa, así que se unieron al juego. Inicialmente mujeres contra hombres y después por parejas, hasta que ya se cansaron.
Rubén se le acercó a Mateo, quería saber cómo estaba.
—Estoy bien, Javi, me estaba ardiendo un poco allá pero me ha ido pasando.
— ¿Cómo la pasaste?
—Estuve bien, quería probar todo eso, me sentí bien, una bonita experiencia, y eso de hacerlo todo a oscuras me gustó, aunque estar viendo es mejor.
— ¿Quisieras repetir?
—Sí, todo, ustedes me tratan bien.
—Y así seguirá, total respeto.
—El tío me ofreció darme culo, me pareció chistoso pero lo he pensado y me gustaría, aunque lo tengo pequeño.
—Tenemos que buscar el momento para seguir jugando, voy a ver qué se me ocurre.
—Quisiera darte un beso, Javi, sé que no se puede, pero quisiera.
—Y a mí me gustaría que estuviéramos solos los tres, haríamos muchas cositas. ¿Te gustan las niñas?
—No sé, las veo lindas pero también a ustedes y a mi amigo.
Rubén pensó que había sido suficiente la conversación, más larga podía levantar sospechas.
Se le acercó a Pablo, él le resumió la conversación con la hija y la pareja, Rubén se quedó pensando sobre el tema.
Las cuatro pequeñas seguían juntas, entraban al agua, se salpicaban, corrían, a ratos las nalgas les quedaban peladas porque se les metía el pantalón, los ojos de muchos de los hombres las miraban con disimulo pues no está bien visto como cuando es una mujer, Rubén lo notaba y los entendía pues ellas actuaban sin ningún prejuicio, con libertad, cosa no muy común.
Angie decidió que había sido suficiente piscina, debían alistarse e ir a almorzar así que todos salieron rumbo a la casa. Rubén se entretenía mirando las nalgas totalmente libres de Sofi y su pareja, los glúteos libres se bamboleaban a gusto y ellas lo disfrutaban, de hecho eran las únicas tan desinhibidas.
En la camioneta se acomodaron los tres hombres, todas las mujeres se fueron con Angie. El viaje no era muy largo, Pablo y Mateo se hicieron atrás, Mateo se dedicó a chupárselo al tío, no hubo tiempo para más. Mientras eso Pablo llamó a la hermana, le comentó que pensaban quedarse unos días más, que si ella le veía problema por lo del colegio, Estela no vio inconveniente, hablaría en el colegio, la semana que seguía era de receso. Rubén cayó en cuenta y llamó a María, la mamá de Tatis, ella dijo que no había inconveniente, que le avisara cuando fuera el momento de pasar por ella.
Pao y Bella en faldita, Sara y Tatis con cortos al igual que Angie y Sofía. El restaurante estaba bastante concurrido, como de costumbre ellas llamaron la atención. Rubén estuvo buscando un sitio donde pudieran ir los tres hombres y enseñarle a Mateo algo de cómo manejar, debía ser un lugar muy solo y plano, pero lo que consideró que podía servir eran sitios privados. Vio que había algunos moteles o residencias pero no se le ocurrió de momento cómo entrar los tres.
Después de comer se dieron una caminata nocturna, la noche estaba fresca así que la disfrutaron. Se sentaron a tomar algo y a fumar, las pequeñas mostraban un poco de aburrimiento, no encontraban cómo entretenerse, le hacía señas a Rubén y a Pablo de que estaban provocadas de cerveza. Rubén pidió permiso para comprarles a las niñas cerveza sin alcohol, las mamás aceptaron y las niñas no se enteraron, fue lo mejor que se pudo hacer. Pao y Bella estaban provocadas de cigarrillo, lo indicaban con señas, a eso sí que no había forma.
Partieron hacia la casa, de nuevo ellos tres en la camioneta.
—Somos como novios, ¿verdad? —, les preguntó Mateo.
—Sí, —, respondió Pablo —, cuenta con nosotros. Te queremos mucho.
Rubén manejaba, dejó de seguir a las chicas y tomó otra vía para darles oportunidad a Pablo y Mateo que atrás se estaban tocando y besando. Mateo estuvo chupándole el pene, ya iba aprendiendo a hacerlo, Pablo le hurgaba el culo que se sentía aún dilatado, ambos desnudos de la cintura para abajo. Pablo le puso lubricante, le pidió que sentara sobre él y se lo fue metiendo con ayuda del chico que, agarrado del siento de adelante buscaba sentirlo bien adentro. Gozaban mientras Rubén sonreía.
—Somos novios—, decía Pablo, eres mi putica, muévete así.
Pablo lo masturbaba mientras ambos jadeaban.
—Rico, tío, me gusta lo que me haces.
Rubén buscó un sitio alejado de gente y de luces, detuvo la camioneta y se pasó para atrás. Recostó a Mateo sobre el tío, besó a los dos en la boca, se agachó y se dedicó a mamarle el pito al chico, Pablo algo cansado trataba de meter y sacar. Rubén, con bastante incomodidad les dio a chupar su pene. Pablo no aguantó más y dejó su leche dentro del adolescente. Rubén se desnudó, le alcanzó toallas a Pablo y le pidió que se quitara, cambiaron de posición y con facilidad penetró al chico.
—Pásate adelante y maneja, no es bueno estar quietos, y enciende el aire acondicionado, hace un calor terrible.
Pablo se vistió y por entre los asientos delanteros se pasó y tomó el volante. Mateo, visiblemente cansado y muy excitado tomó una toalla depositó allí su semen mientras Rubén lo subía y bajaba.
—Mateo, eres increíble, qué culito tan rico, estaba que me lo comía desde anoche.
Lo giró un poco y mientras lo besaba le descargó su leche.
— Ahí tienes, putico hermoso, te culiamos los dos, gracias por este gusto que nos das.
Se quedaron así unos minutos mientras la verga de Rubén se iba aflojando. Lo retiró suavemente colocando una toalla para que se sentara y le escurriera lo depositado por los dos. Cuando la agitación les fue pasando y el calor cediendo se sonrieron mientras se miraban. Rubén lo pegó a él y lo abrazó y le acarició las piernas y el flácido miembro.
—Eres un gran chico, me alegra que nos hayamos conocido.
De nuevo se besaron, se acabaron de limpiar y se vistieron. Estaban próximos a llegar.
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—Se tardaron—, comentó Sofía.
— Se nos ocurrió dar una vuelta por el pueblo en la camioneta, pero ya estamos aquí— , respondió Pablo, compramos seis packs de cervezas para estos días. ¿Y las niñas?
—Ya sabes, en la habitación. Nosotras nos detuvimos y compramos también 6, tenemos mucha cerveza, 144 en total.
Las niñas encerradas y las mamás arreglando la casa. Rubén quería invitarlas a que se reunieran los adultos a conversar un rato. Mateo decidió que se iba para la habitación a jugar en el celu. Los dos señores estaban intrigados por lo que estarían haciendo las pequeñas. Pablo decidió arriesgarse y entrar de imprevisto a ofrecerles alguna cosa, lo que fuera.
Cuando abrió la puerta las encontró desnudas, Bella con Tatis y Pao con Sarita, cada pareja haciendo «la tijera» que Rubén les había enseñado. Quedaron quietas mirándolo, Bella y Pao solo se rieron y siguieron en su juego, las otras dos niñas miraban con cara de susto.
—Tranquilas, dijo Bella, mi abue no dice nada; sin embargo no reaccionaban.
Pablo se retiró y cerró, tal vez no había sido buena idea. Cuando iba para el balcón Mateo le hizo señas para que se acercara. Se le acercó, le tomó la mano y se la metió entre la ropa interior pidiendo que lo acariciara.
— ¡Caramba, lo tienes tieso! ¿Quieres que te lo chupe?
—Sí, por favor, me estaba haciendo una paja cuando te sentí.
Pablo se arrodilló, le escurrió la ropa y se lo chupó, se veía que tenía la leche casi que en la punta. Se ensalivó y le hundió un dedo en el culo mientras lo succionaba, Mateo lo tomaba por los hombros mientras se movía, no tardó en agarrarle la cabeza y Pablo sintió los chorros en la boca, mamó y tragó hasta la última gota. Se puso de pie y lo besó dándole lo poco que le quedaba, Mateo recibió la saliva y la degustó.
—Gracias, tío, lo mamas muy rico.
Pablo se cercioró de que no tuviera residuos y se fue mostrándole una sonrisa.
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—No sé por qué siento una atmósfera demasiado sexual en esta casa, hay algo en el ambiente, tal vez el reguetón que suena en la alcoba de las niñas, el saber que están encerradas y conocer más o menos cuáles son sus juegos, todo ayuda. Hasta entre nosotras mismas lo hay.
—No se sientan cohibidas por nosotros, pueden irse a la habitación y prometemos no molestar, buscamos qué hacer—, opinó Rubén.
—No—, dijo Sofía—, la idea es pasarla juntos, ya tendremos tiempo para nuestra intimidad, es un momento en familia. ¿Será que Mateo no viene a integrarse aquí?
Pablo fue a preguntarle pero el chico dijo que prefería quedarse jugando en el celu.
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Angie había llevado cartas. Propuso que jugaran veintiuna, el que perdiera debía responder una pregunta a cada uno de los otros tres, todos aceptaron.
Acompañados de bebidas y cigarrillos sin ningún control se dedicaron a jugar. Fue así como se enteraron todos de las actividades sexuales de Rubén y Pablo estando niños y jóvenes y de que ambos fuman desde pequeños. No fueron capaces de decir que tenían sexo entre ellos.
También se enteraron de que Angie había fumado marihuana estando en la universidad, dijo que muy ocasionalmente lo hacía, que tuvo dos parejas mujeres antes de Sofi.
De Sofi que estando de 10 años fue violada por tres hombres de un grupo subversivo y que el papá de Paula era uno de ellos que se lo encontró años después, y que lo mataron por una venganza porque se robó un poco de droga. A ella le tocó salir del pueblo por amenazas porque un paquete no apareció y pensaban que ella se lo había cogido, pero ella cree que fue una mujer con la que el papá de Paula vivía.
Rubén contó que los hijos vivían en el exterior, el hombre en Canadá y la mujer en Australia, él estaba cansado de mantenerlos siendo ya profesionales así que les pidió que se fueran, ambos lograron salir adelante con un dinero que él les dio pero se enojaron porque no era todo lo que pedían, pretendían que se vendiera el apartamento y él y la esposa se negaron. A ella la llaman de vez en cuando pero a él nunca. Aprovechó para dar las gracias porque ahora todos ellos son su familia, no tiene a nadie más.
Pablo comentó que su hijo no lo quiere porque alguna vez le pidió dinero y Pablo se negó, el hijo le dijo que lo que pasaba era que no lo quería, que solo tenía ojos para Angie y Bella y Pablo se lo confirmó, que las niñas eran lo más importante. El asunto fue que hubo una discusión fuerte como sucedía seguido y el hijo empujó a la mamá, ya en otra ocasión lo había hecho, también Pablo recibió varias veces malos tratos, pero lo de la mamá no se lo perdonó y lo echó de la casa. Ella falleció al poco tiempo.
Cuando se acabó la provisión de cerveza Sofía fue por más, regresó diciendo que faltaban varias. Pablo sospechó de las niñas, las encontró viendo las pelis que Paula tenía, bastante tomadas, Tatis acostada profunda, las otras tres alegres, arrastrando la voz y riendo, Sarita caminaba tambaleándose. Les pidió que cerraran las películas porque las mamás no tardaban.
Hasta ahí llegó el juego, Angie y Sofía se fueron a mirar, les preguntó por qué lo habían hecho.
—Mami, teníamos sed y como ya nos habían dado cerveza pues no nos pareció mal.
—Pero esa era sin alcohol, les dijo riendo. Las llevaron al baño a que se asearan, hicieran pis, les pusieron una bata y las acomodó a dormir. A Tatis la despertaron con trabajo, estaba muy tomada, alzada la pusieron a orinar, una bata y a la cama.
Los hombres por prudencia no se hicieron presentes en esa labor.
Angie y Sofía se alistaron, dieron las buenas noches y se fueron a la cama muy abrazadas.
Mateo se había tomado solo una, se alegró cuando los vio llegar a dormir, fue Rubén quien se acostó con él pero estuvieron conversando un rato. Mateo le preguntó por lo que había sucedido con las niñas, Rubén le comentó y ambos se rieron.
—Ser niña es mejor—, dijo Mateo—, me habría gustado serlo.
Rubén se entristeció, lo abrazó sin morbosearlo, solo consentirlo, lo que había notado hacía tiempo era verdad, es muy solo, le falta afecto. Dos lágrimas le rodaron por las mejillas.
—Me habría gustado conocerte antes, no te burlas de mí. ¿Te lo puedo chupar?
—Claro que puedes cuantas veces quieras, si eso te gusta no hay problema.
Mateo se acomodó y estuvo mamándole el pirulo hasta que Rubén expulsó su leche. El chico lo besó con la boca aún llena de semen y se lo intercambiaban. Rubén le correspondió con una buena mamada hasta que le sacó su esperma, también jugaron a besarse y pasarla de boca a boca.
El chico se paró, fue hasta donde el tío que estaba despierto escuchando y le pidió que le diera por el culo. Rubén se fue para la colchoneta y los dejó. Se entretuvo escuchando los jadeos y las risas de Sofi y Angie, pensaba que le gustaría verlas, así se quedó dormido.
Continúa
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