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Incestos en Familia

RUBÉN 2

Historia real, empieza en año 2023, Bogotá, la he escrito en base a anotaciones y recuerdos.

Parte 2

Al otro día se alistó, fue más cuidadoso con el arreglo, compró algo para llevarle a Bella, un pequeño peluche, se mandó a arreglar el cabello, quería causar una buena impresión, en el parque trató de leer pero no podía concentrarse en el libro, estaba muy ansioso, finalmente vio llegar a Pablo con la niña, ella corrió al verlo, se le veía alegre. Ese día estaba con un pantalón de deportes, le gusta más verla en falda para admirarle las piernas que eran bien formaditas, delgadas pero lindas. Pablo llegó sonriendo, le saludó amistosamente y se le sentó al lado.

—Esta niña me puso a correr, usted le ha caído muy bien.

—Pues aquí estoy para jugar con ella, si me lo permiten.

—No hay problema, puede jugar con ella, y después vamos para la casa a tomar onces, mi hija hoy se demora, es viernes.

Le dio el regalo, la tomó de la mano y fueron a jugar, primero a que se rodara, le enseñó maromas en unas barras, tal y como hacía años atrás con la nieta, y la llevó al pasamanos. La tomó por la cintura y la ayudó a dar varias idas y venidas, Isabella se reía, estaba feliz, era la primera vez que alguien la llevaba al pasamanos. Pudo admirarle el culito, se veía paradito, el pantalón le quedaba forrado, se le metía en la rajita, de nuevo la alzó, pensó en sentarla en la mano pero decidí no atreverse a tocarla más allá de lo necesario, no quería que alguien le viera haciendo algo indebido, sentía su olor, el pene le avisó que se estaba calentando, no demoró mucho, una notoria erección no se vería bien.

—Creo que debemos parar —le dijo —, me siento algo cansado de los brazos, vamos por un helado.

A regañadientes la niña aceptó, Pablo le recordó que estaba invitado a tomar onces. Pidieron un helado, Isabella lo quiso grande, Pablo escogió uno más pequeño. Rubén, con una segunda intención, pidió una malteada, la tomaba despacio, esperó a que ellos terminaran y allí, cuando le quedaba poca, de manera “accidental” volteó un poco el vaso y cayeron unas gotas en el regazo de Isabella. Pidió disculpas por la torpeza, tomó servilletas y limpió con suavidad aprovechando para pasarle las manos por las piernas, en realidad lo que quería era que al llegar se cambiara y se pusiera una faldita.

—No te preocupes, no es nada grave, ahora en la casa se cambia y solucionado, a la mamá no le gusta que esté con uniforme.

Eso era lo que había planeado, pero no sabía que siempre llega a cambiarse. La niña no soltaba el muñeco que le había llevado

Un apartamento muy bonito, amplio, sencillo pero arreglado, muy delicado, muchos adornos.

Un mes después Rubén era casi como de la familia, iba casi que a diario, aún en fines de semana. Un sábado se encontró a otra pequeña, Paula, amiga de Bella, de la misma edad, trigueña, también linda, cabello ensortijado, estaban jugando, Rubén quedó embelesado con ella, un corto pequeño y encima una faldita, se le notaban unas nalguitas preciosas, debían ser de la misma edad. A ratos se quedaban cuchicheando y riendo, él las escuchaba desde la sala. Bella con solo falda, se dio cuenta porque saltaron y le pudo ver los pantis, pero casi siempre estaba en la habitación hasta que Pablo las llamó a que comieran algo. Se aparecieron tomadas de la mano, se sentaron a la mesa juntas. Rubén las acompañó por solicitud de Pablo, era prácticamente un desayuno.

Rubén disfrutaba de las niñas, verlas reír, caminar, saltar, era el aire que le hacía falta para sentirse vivo.

Se enteró que eran compañeras en el colegio, a veces la mamá de Paula la llevaba a que pasara allá el día.

Un día todo dio un giro cuando Pablo le dijo a Bella que se quitara el uniforme recién llegando del colegio y la niña esta le pidió a Rubén que la acompañara.

—Ve y te cambias Isabella, no quiero que tu mamá llegue y te vea con uniforme.

—Abuelo, ¿puedo enseñarle a Rubén mi habitación?

—Pues si él acepta lo llevas, pero sin molestarlo tanto, no es que lo vayas a aburrir.

— ¿Quieres conocer mi habitación? —dijo la niña mientras le estiraba la mano.

—Claro que sí, y no es molestia.

—No te demores Bella, a tu mamá no le gusta que ocupen tu dormitorio personas diferentes a nosotros. Mientras tanto voy a alistar las onces.

—Rubén, ¿desea un chocolate con algo de comer?

—Encantado Pablo, gracias, eso me parece bien, y para evitar problemas yo espero a la niña en la sala mientras se cambia.

—No, Rubén, siga, mi hija no está y no está por llegar.

Pensó que el abuelo era muy confiado, o muy inocente, pero aceptó de buena manera, la niña lo tomó de la mano y fueron los dos. Una linda habitación amplia, una cama grande llena de peluches y muñecas, todo de colores rosado, fucsia, blanco y rojo. Adornos de princesas, de hadas, de Hello Kitty, en fin, típica de una niña de su edad.

Isabella sacó de su armario un corto de flores, con mucho disimulo él le insinuó que se pusiera una faldita, ella aceptó sin problema, le mostró dos, escogió la que le pareció que le quedaba más suelta, aunque cualquiera habría estado bien.

—Pero debes cerrar y apretar los ojos mientras me cambio —le dijo la niña mientras le mostraba cómo debía hacerlo.

Obedeció, se puso las manos en la cara, esto le permitió verla mientras se cambiaba. Isabella se quitó todo, quedó solo en pantis, Rubén admiraba aquel cuerpito trigueño claro, el interior se le metía entre la rajita y él sentía crecer su miembro, nunca había estado tan cerca de una niña casi desnuda. Admiraba el culito parado, las piernas bien formaditas, poca cintura, cabello negro a los hombros y sus téticas que parecía pedirle que las tocara. Disfrutó de sus infantiles movimientos mientras se colocaba una blusa con un dibujo de un perrito y la falda de jean con prenses.

—Ya puedes abrir los ojos. Voy al baño.

—Bueno muñeca, ve al baño, te espero en la sala.

Pablo se sentó con él, Rubén notó que le miró el bulto, aún seguía crecido por la excitación de ver a la niña, se sintió incómodo por eso, se acomodó de forma que no fuera tan notorio, aunque con el percance no tardó en bajarle. Pablo puso en el equipo de sonido un CD con baladas de los 80 y estuvieron conversando, entretanto la niña jugaba con dos muñecas que había llevado. A Rubén le llamó la atención que el abuelo hablaba sin temores delante de la niña.

—Disculpe mi intromisión, pero debe entender mi curiosidad, ¿qué pasa con el papá de Isabella? No he escuchado que lo nombren.

—Jajaja, no se afane, Rubén. Mi hija fue violada en una reunión, dos amigos abusaron de ella, quedó embarazada, Angie nunca quiso saber cuál de los dos era el papá, simplemente vivió su embarazo, tuvo a la niña y así dejó. La pequeña no tiene papá, aunque en cierta forma yo hago las veces. Aquellos canallas saben que alguno de ellos es el padre, han insistido, pero mi hija nunca les ha permitido nada. Imagino que también se preguntará por mi esposa, ella murió de cáncer hace tres años.

—Lo siento, debió ser una tragedia.

—Sufrió mucho, fue una agonía larga y difícil, sinceramente me alegré cuando falleció, no se merecía lo que tuvo que vivir. Ella fue quien ordenó la remodelación de la casa para que quedaran los tres apartamentos totalmente independientes.

—Los que violaron a Angie ahora la buscan seguido, ellos saben que alguno de los dos es el papá de la niña, sólo la conocen en foto —siguió contando Pablo mientras se acomodaba en una silla. La suerte es que Isabella se parece a la mama y a mi esposa, a ninguno de ellos dos. Ella ha sido muy clara, no desea nada porque la forma en que sucedieron las cosas deja mucho que pensar de ellos como personas; además, les ha dicho que no los necesitamos, Isabella tiene todo. A pesar de esto ellos le pasan dinero con alguna frecuencia, que ella recibe, se sienten culpables y responsables. Han insistido en un examen de ADN, pero Angie no ha aceptado. Varias veces le han pedido perdón, que fue una cosa de tragos, que estaban muy ebrios aquella vez, que han pasado años y están muy arrepentidos y que no son así, que casi ni recuerdan lo que pasó. No logran convencerla. Bella lleva los dos apellidos de la mamá.

—Se me hace muy interesante que la niña sabe todo, no hay secretos con ella.

—Así es la mamá, dice que hay que hablarle las cosas claras, así que cuando Bella preguntó por su papá, la mamá le narró la verdadera historia, con palabras suaves le contó lo qué era una violación. Yo habría preferido esperar un poco para eso, pero ella decidió contarle. No tenemos que estar ocultándonos para hablar del tema, y a todo el que pregunta se le da la verdadera respuesta. Hasta para hacerle comentarios sobre el sexo lo hace sin tapujos, se lo responde con palabras sencillas.

Bueno, alistaré las onces, mi hija debe estar por llegar, parece que ya no tarda. Rubén subió un poco el volumen aduciendo que esa canción le gustaba.

Isabella se le acercó a Rubén con dos muñecas y le pidió que jugara con ella, se le acaballó en la pierna derecha sin ninguna prevención dejando ver su ropita, una pequeña humedad se notaba, debía ser residuos de orina. Rubén no podía dejar de mirarle la entrepierna, sentía su miembro hincharse y no pudo contenerse, mientras jugaban la iba rozando, apoyaba su mano en los muslos, pendiente de la reacción de la niña, iba buscando cómo llegar lo más lejos posible, y de a pocos lo lograba. Ella parecía no notarlo por el entusiasmo del juego pues Rubén la hacía reír, él solamente jugaba con la mano derecha, la izquierda estaba apoyada en la parte superior de la pierna y con su dedo pulgar rozaba la tela del panti que daba sobre la rajita, sintió la humedad, pasaba su dedo de arriba a abajo, Isabella jugaba, pero ya no con el ímpetu inicial, se quedaba quieta por unos segundos y miraba con la vista perdida. Rubén le insistía en el juego para distraerla y ganar más terreno.

—Bella —gritó el abuelo desde la cocina —, no incomodes a Rubén.

—No lo está haciendo, Pablo —respondió Rubén —, estamos jugando, no hay problema, no me molesta para nada.

Rubén quería llegar más lejos, pero se detuvo, estaba visto que la niña era receptiva y eso ya le pareció bastante, siguió jugando con ella, pero se contuvo de continuar con el manoseo, además la mamá estaba por llegar, así que la bajó de su pierna, la alzó y caminó con ella hasta donde Pablo.

Al momento llegó Angie, vestida con una falda corta y botas, esas piernas eran la locura para Rubén. Pasaron los cuatro al comedor, fue un rato muy agradable para todos, Rubén se despidió casi que al finalizar

 

Siguió con sus visitas, ya todos se habían acostumbrado a su presencia, habían pasado algunos meses, lo trataban con mucha familiaridad. Pablo no se preocupaba de que él e Isabella estuvieran solos, la confianza que le tenían era grande, pero Rubén había sido cuidadoso, se había tomado tiempo, iba de a pocos. Siempre que jugaba con la niña aprovechaba para tocarla hasta que ya la pequeña se había acostumbrado y lo buscaba en cuanto lo veía, probó un día no tocarla para ver la reacción de ella.

— ¿Estás bravo conmigo? —le preguntó Isabella mientras hacía pucheros.

— ¿Cómo crees eso? ¿Por qué lo dices?

—Porque estás serio, no has querido jugar como siempre.

—Pero muñeca, hemos estado jugando —le replicó Rubén.

Isabella se paró y se fue para su habitación, Rubén se sintió satisfecho, era lo que esperaba, la alcanzó, la alzó y aprovechó para tocarle las piernas y las nalgas, varios besos en las mejillas la hicieron sonreír.

La niña ya no se ponía pantalón, siempre se dejaba en falda, cosa que era por iniciativa de ella, Rubén le acariciaba las piernas, los muslos, la espalda, el estómago, una que otra tocada en las nalgas y en la rajita, después llegaba a la casa y se hacía una paja para descargar toda la tensión que guardaba. La estrategia de Rubén había funcionado, la idea de él era que fuera la niña quien lo buscara, quien pidiera que la tocara, sino con palabras sí con actitudes.

El tiempo pasaba de prisa, ya no jugaban solo en la sala, lo hacían seguido en la alcoba de ella, Bella se sentaba sobre la cama y se abría de piernas dejando al descubierto su ropita interior, el abuelo los dejaba solos y se iba. Después de los juegos tomaban onces y hacían tareas, la mamá llegaba de trabajar y se encontraba con él. Con mucha frecuencia Angie no llegaba temprano, siempre llamaba al papá para avisarle que, por trabajo o por reuniones con amigos, llegaría tarde.

La esposa de Rubén, Amanda, lo convidaba a sus reuniones, pero él prefería irse para donde Pablo, le decía que no le interesaba, que había hecho nuevas amistades y prefería irse para allá, almorzaban y cada uno para su sitio. Y es que eran o religiosas, o encontrarse con amigas, ninguna de las dos opciones le interesaba. Amanda estaba muy bien para sus casi cincuenta, se mantenía en buena forma, se arreglaba sin exagerar, pero se había vuelto muy rezandera, todo era pecado, ni el sexo le interesaba.

Pablo lo invitó para que, al día siguiente, sábado, fuera con la esposa pues iba a ir una hermana de él, tía de Angie, con la nuera y los nietos, una niña y un niño y la amiga de Bella. Rubén dijo que la esposa los sábados estaba muy ocupada, lo que en parte era verdad, pero también el hecho de que él no quería que ella se inmiscuyera con sus amistades. Preguntó el motivo de la reunión para saber si debía llevar algún presente, la razón era el cumpleaños 12 del niño. Rubén se despidió después de un rato muy agradable, ya había oscurecido. Aprovechando que Bella se había retirado les preguntó a Pablo si les molestaría que él le comprara algún detalle a Isabella, ellos dijeron que no había inconveniente.

Pasó por un almacén del barrio y de una vez compró para el homenajeado unos audífonos grandes, para Isabella un oso blanco y otro rosado para Paula , para la otra niña, como no sabía la edad, le compró una caja de chocolates y un brillo, pagó y le pidió a la vendedora que se los empacara para regalo, que él recogería todo al día siguiente en la tarde.

Continúa

3 Lecturas/9 julio, 2026/0 Comentarios/por Rubenrosero
Etiquetas: amigos, colegio, cumpleaños, hermana, mama, padre, recuerdos, sexo
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