Rubén 3
Historia real, empieza en año 2023, Bogotá, la he escrito en base a anotaciones y recuerdos.
Parte 3 — Sábado
Iba pensando que ese día no habría oportunidad de “jugar” con la niña, estaría mucha gente, incluida la mamá, pero por lo menos la vería e iría reforzando la amistad con ella. Reclamó los regalos y llegó a la casa, era temprano, la reunión estaba prevista para las cuatro, en algo más de una hora colaboraría en lo que fuera necesario, reforzar la confianza era muy importante. Se sorprendieron al verlo tan temprano, estaban hasta ahora recogiendo la loza del almuerzo, les pidió mil disculpas, por dentro se reía pues era algo premeditado, aunque ya estaban Paula y la mamá.
La niñas estaban jugando en la habitación, se puso con Angie y Pablo a arreglar el apartamento, recogieron desorden, organizaron muebles, pusieron la torta en la mesa, alistaron vasos y platos, pegaron bombas. Antes de las cuatro Angie envió a Isabella y a Paula a que se arreglaran. Rubén estaba fascinado con Angie, parecía una adolecente, con un vestido suelto que apenas le tapaba las nalgas, zapatos bajitos, sin sostén, era de locos verla, y se movía con un donaire que no la deja ver vulgar, se veía hermosa.
—Mami, ¿nos podemos poner falda?
—Pues ustedes verán, pónganse lo que quieran, con lo que más cómodas te sientan, recuerden que van a correr y a jugar, pero Paula, coméntale a tu mamá.
Sofía no se opuso, Rubén esperaba verlas con falda, pero no estaría bien dar su opinión al respecto.
Al rato las niñas se aparecieron ya vestidas, ambas con falda, apenas debajo de las nalgas, medias cortas y tenis, arriba una ligeras blusa un poco abajo del ombligo, adornadas. Rubén pasó saliva de imaginarse lo que había debajo y que ya había empezado a disfrutar con Bella. Angie le ayudó a la niña a arreglarse el cabello y Sofía a Paula. Esta última usaba la ropa de Bella como si fuera la suya.
— ¿Te gusta cómo me veo? —le preguntó Isabella a Rubén, pregunta que lo tomó por sorpresa.
—Sí, preciosa, las dos se ven hermosas —respondió disimulando las ganas que les tenía a la pequeñas.
Al momento empezó a llegar gente, Estela, Hermana de Pablo y tía de Angie, con la nuera Sandra, mamá de Sara de 9 y Mateo, el homenajeado, ellos dos primos de Isabella. Sara, otra lindura de cabello castaño, vestida con una licra que dejaba ver el culito y marcaba los pantis, se abrazó con Isabella y Paula y se fueron a jugar, Sandra se fue a buscar a Angie, Estela se quedó en la sala hablando por teléfono. A Rubén se le hizo agua la boca con Sara, de esa edad eran sus preferidas. Sandra tampoco le fue indiferente, joven, alegre, vestida con pantalón, delgada, cabello rizado abajo del hombro, no tan sensual como Angie, pero nada por envidiarle. Otros niños se hicieron presentes, en realidad eran más los adultos.
Rubén se sentó al lado de Pablo, estaba cansado de ir de un lado para el otro. Angie estaba pendiente de todo, llegaron dos niños y tres niñas compañeras de Isabella y Paula, Salomé de 7 u 8 y María José algo mayor, tal vez de 9, y otras dos, para él el ambiente era muy morboso. Solo se quedó una de las mamás además de Sandra y Estela, las demás dejaron a los hijos y se marcharon, pasarían por ellos más tarde.
Rubén se resignó a que allí no podría intentar nada, lo único era disfrutar de lo que podía, y aprovechar la oportunidad para integrarse a la familia.
— ¿Te pareció bonita Sarita? —le preguntó Pablo sin ocultar una ligera sonrisa —, vi cómo la miraste.
Rubén se incomodó un poco, se sentía atrapado por Pablo.
—Es muy linda, también tu nieta y Paulita —le respondió sin mirarlo a la cara.
—No te preocupes conmigo, a mí también me encanta, —respondió Pablo con una mirada maliciosa —, estaré mayor, pero no he perdido el gusto.
Angie decidió hacer un concurso de baile entre los pequeños, era una forma de mantenerlos entretenidos un rato. Puso música bailable, ellos intentaban llevar el ritmo, pero no les era muy conocida, decidió poner salsa con igual resultado.
—Mami, pon reguetón, eso nos gusta a todos.
Angie había evitado hacerlo, no le parecía una música apropiada para el momento, aunque a ella le gustaba, pero también pensaba que era la música moderna y no podía oponerse del todo, en todas las épocas siempre ha existido música que no gusta, el rock, el metal, algunas canciones protesta, y entre más oposición se hace más se aferran los jóvenes a esas letras y ritmos, como a ella misma le pasó. Ante la insistencia de los pequeños cedió, buscó en la radio una emisora, Paula dijo que en el celular se conseguía, agarró su teléfono y en un momento ya estaba sonando, Angie conectó por bluetooth un parlante. Ahí sí empezaron a bailar, inicialmente separados, pero Sara tomó la iniciativa y sin ningún reparo tomó al niño más grande y empezó a bailar poniéndose ella adelante, y pegándole las nalgas. Rubén gozaba viendo aquello, Isabella y Paula dejaban ver su ropa interior mientras se movían, Sara se agitaba como si la estuvieran clavando, las otras niñas siguieron y así empezaron a dar un espectáculo que tenía locos a Rubén y a Pablo, aunque ambos intentaban disimularlo. Salomé y María José, ambas con pantalones de licra ajustados, también participaban con gran entusiasmo.
Angie bailaba y sonreía algo nerviosa de ver lo que ocurría, algunas letras eran fuertes, la otra señora y Sofía bailaban solas, Sandra tampoco se quedaba quieta. Rubén vio a Pablo, el viejo no quitaba los ojos de los culitos, estaba visto que eso lo excitaba también. Angie de un momento a otro decidió que había sido suficiente de baile pues escuchó una canción con una letra bastante subida de tono, más de lo esperado.
—Mami, déjanos otro poquito, esa otra música es muy aburrida. En el colegio bailamos todos reguetón.
Ante los ruegos de Isabella, Angie cedió, tampoco iba a armar un drama, les ofreció diez minutos más de reguetón, que en realidad se fueron un poco más.
A los hombres no les quedaba bien opinar, pero la cara de satisfacción hablaba por sí misma, se gozaron esos minutos, que en realidad fueron más de diez. Rubén empezó a cavilar sobre la forma en la que haría que Pablo le contara sus verdaderos deseos, así se podría convertir en aliado para sus reales propósitos, sabía que en el comportamiento de Pablo había algo escondido.
Isabella se tiró al piso riendo, estaba agitada, se estiró, dejó sus piernas abiertas justo enfrente de Rubén y Pablo, la falda quedó muy arriba, los viejos se quedaron mirándola con disimulo, el panty estaba de medio lado, una nalga se veía completa, los demás chicos hicieron lo mismo, todos jadeaban y decían que estaba rendidos.
—Isabella, chicos, pónganse de pie y sigan jugando, vamos a pensar quién ganó —les dijo Angie.
Isabella se tiró sobre el abuelo dándole la espalda a Rubén, después se le sentó en la pierna a Rubén, él sentía como si ella quisiera provocarlo, o al menos eso es lo que deseaba pensar. Angie vio que la niña se sentaba en las piernas de Rubén pero no hizo ninguna mueca de desaprobación.
—Bailaste muy bien, preciosa, no te conocía esas cualidades —le comentó el abuelo.
—En el colegio bailamos seguido, por eso hemos aprendido.
— ¿Siempre bailan reguetón? —indagó Rubén.
—No señor, a veces nos dan clases de ballet.
—¿Las otras niñas son tus compañeras?
—Sí, señor, Paula es mi amiga desde el año pasado, tenemos cantidad de secretos, nos queremos mucho. Salomé y María José también son de mi clase, las quiero pero no como a Paula. Sofía es la mamá de Paula, a ella también la quiero, es muy linda.
—Isabella, no molestes a Rubén, ve a jugar con los demás—, ordenó la mamá.
Un gesto de Pablo a Rubén, como diciendo que la hija molestaba mucho, lo puso a pensar en que allí había cierta complicidad.
Rubén le dijo a Pablo que iba a salir un momento, quería fumarse un cigarrillo, Pablo se ofreció a acompañarlo, le avisó a la hija y bajaron.
—Muy poco fumo, a veces pasan varios días sin que me pueda chupar un vicio, pero me gusta, toda la vida lo he hecho, pero Angie me lo impide con el cuento de que me hace daño.
—Pues a mi esposa no le molesta, ella también fuma, pero sí a los hijos, aunque el menor, que ya está bien crecido, se chupa bastantes, yo en un día consumo tres o cuatro.
Se fueron en busca de una cafetería, salieron con sus dos tintos y se acomodaron afuera del establecimiento a disfrutar y a conversar.
—Oye Pablo —dijo Rubén—, lo que tú y yo hablemos quedará entre nosotros, y te lo digo porque quiero hacerte un comentario, te noté un poco alterado, tú me entiendes, viendo a tu nieta y a las otras niñas bailar, ¿te gustan las niñas?
Pablo se incomodó un poco con la pregunta, se echó un sorbo de café, chupó dos veces el cigarrillo y lo miró a los ojos.
—Mira Rubén, desde que te vi por primera vez en el parque y noté tu actitud, supe la clase de persona que eres. Yo también te estuve observando, con dificultad ocultabas tu excitación, a los dos nos gustan las niñas, de lo contrario no te atreverías a preguntarme. Logré en mi juventud acercarme a algunas, vecinas y familiares, y hasta tuve sexo con dos, de 11 y 14 años, y con muchas hubo toqueteos. Era otra época, las niñas no contaban nada y no se veía tan mal como ahora. Eso no se cura Rubén, es algo que queda para toda la vida, desde pequeño mi vida ha girado en torno al sexo, ya te contaré. No intento nada, soy mayor, pero disfruto, cuando me es posible, de su compañía, de su ternura y picardía, de mirar sus cuerpos. Y de mi parte sexual te hablaré después. Esa es mi verdad, ahora cuéntame la tuya.
—Yo llevo como doce años con inclinación por las niñas —le contó Rubén—, antes no se me ocurría algo así, empecé a ver videos, a leer relatos, a mirarlas con otros ojos y así he despertado ese gusto. Mi nieta ya está crecida y no me he atrevido, pero cuando vivía con nosotros la espiaba, la vi masturbarse.
—Entonces deduzco que mi nieta te ha llamado la atención —preguntó Pablo mientras le sostenía la mirada.
—Es una niña muy linda, encantadora, pero entiende que me queda difícil hablar contigo de ese tema.
—Ya me has dado a entender que te gusta, y lo entiendo, yo tampoco soy de palo, te pudiste dar cuenta, y Sarita, mi sobrina, y Paulita ni hablar, verlas bailar como una puticas me puso a mil.
—Tampoco me son indiferente —respondió Rubén sonriendo—, esas nalguitas me tenían loco. Nunca había hablado con alguien de este tema y me estoy sintiendo algo incómodo, ¿a dónde quieres llegar?
—Me voy a dejar de sutilezas y te hablaré directo. Cuando Isabella era más pequeñita yo la tocaba desde que tenía año y medio, ella no lo recuerda. Yo la bañaba casi siempre, aprovechaba para manosearla, era muy pequeña pero ya no usaba pañal. Me daba gusto acariciándole la cola, los muslos, rozarle la puchita, todo con el pretexto de asearla, hasta le metía la punta de mi dedo meñique en el ano y en varias ocasiones le lamí su rajita en son de juego, a ella le gustaba y disfrutaba que yo la bañara. Cuando cumplió los cinco decidí dejar de hacerlo, de a pocos me alejé de esas prácticas para evitarme algún problema. También con Angie tuve contacto, yo la bañaba y ahí la disfrutaba, no tanto como con Isabella, pero sí la acariciaba en sus partecitas, cuando tenía alrededor de seis años dejé de hacerlo, era buscarme líos, pero no me fue fácil.
Tu comportamiento con ella me ha llamado la atención, no creas que no me di cuenta, simplemente me hice el loco y por eso los he dejado solos. Pienso que el sexo no es malo en los niños, como te dije, soy pedófilo controlado. En otra oportunidad te contaré mi historia desde pequeño. Ya llevas un buen tiempo haciendo parte de la familia, sé que eres alguien para confiar. Cuenta conmigo para que disfrutes de mí nieta, sin ir a penetrarla pues es muy pequeña y no quiero ningún daño para ella, pero con la condición de que hagas videos y me los envíes, quiero ver todo. A lo mejor más adelante yo me animo a algo.
—Pues es una propuesta bien extraña, quería hacer las cosas con disimulo, nunca pensé que el abuelo podría servirme de cómplice —comentó Rubén riendo.
—Yo la miro seguido, a veces me oculto para observarla, he aprovechado algunas ocasiones en que está dormida para manosearla un poco.
— ¿Habrá alguna posibilidad con Sarita? Por lo grandecita me encantaría, y con Paula también.
—Pues podemos ver, es como una sobrina, con frecuencia la vemos y nunca me ha sido indiferente. Por ahora miremos cómo se te dan las cosas con Isabella, no olvides lo de los videos, y regresemos ya, mi hija me debe estar extrañando y de pronto necesita algo de colaboración.
Rubén estaba emocionado, con la ayuda del abuelo todo sería más fácil, y él pensando que abuelo era de mente sana, se reía por dentro.
Todos aplaudieron cuando los vieron llegar pues estaban esperándolos para partir la torta. Cantaron el “Feliz cumpleaños”, sirvieron y entregaron los regalos al homenajeado. Isabella y Paula no se esperaban que hubiese algo para ellas, se pusieron muy felices con los muñecos, igual que Sara con los chocolates y el brillo. Isabella se le sentó en las piernas y le dio un beso en la mejilla por gratitud y se le recostó unos segundos, Paula también al igual que Sara, le dieron un abrazo que Rubén disfrutó.
—Isabella, no incomodes a Rubén, déjalo conversar con el abuelo —le pidió Angie.
Allí realmente no había mucho por hacer, pensó Rubén, aunque después de lo conversado con Pablo, el día había valido la pena, esperó un rato más, se despidió y se fue, quedó con Pablo que el lunes se verían en el parque.
—Quisiera que conversáramos un rato más —le dijo Pablo a Rubén—, pero aquí está bien difícil. Te espero el lunes, ven temprano, almorzamos, vamos a recoger a la niña, después al parque un rato y nos venimos.
—Tengo videos de niñas, voy a traer para que te entretengas, ¿te parece?
— ¡Estupendo! Hace como quince años había un sitio donde proyectaban películas porno y tenían de menores, no muchas, y eran muy reservados, lamentablemente lo cerraron y no pude hacerlo de nuevo. Y Rubén, acuérdate que se acerca el cumpleaños de Bella.
—Lo tengo presente, estoy buscando algo muy especial para ese día, ya te contaré.
La felicidad de Rubén era mucha, las cosas pintaban muy bien, por lo visto la semana siguiente tendría muchas gratas sorpresas.
Estaba trabajando en lo del regalo para la niña. Hace algunos años una empresa produjo una muñeca, “Poppy” de la película Trolls World Tour, pero fue retirada por la empresa fabricante por quejas de los padres por tener un botón parlante debajo de su falda, en la entrepierna, el juguete tiene como atractivo que al presionar un botón en su estómago la muñeca emite diferentes frases como ¿qué tal un abrazo? Al apretar un segundo botón ubicado entre sus piernas la muñeca emite sonidos como “¡Oh!” Y “¡Whee!”, sonidos de satisfacción, de alegría.
Rubén averiguó, hace años que está descontinuada, buscando por Internet encontró una tienda en España con algunas. Un amigo va a viajar por negocios, ya le había recomendado que la buscara, en próximos días tendría noticias.
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