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Incestos en Familia

Rubén 4

Historia real, empieza en año 2023, Bogotá, la he escrito en base a anotaciones y recuerdos..
El domingo escogió algunos videos de los muchos que tenía, buscó con cuidado imaginándose que Isabella los pudiera ver en algún momento, escogió de niñas exhibiéndose y tocándose, le pareció que era suficiente por el momento, aparte bajó otros para ver con Pablo, los guardó en dos USBs diferentes. El lunes le dijo a la esposa que se iba temprano a hacer unas diligencias y regresaría hasta la noche.

Llamó a Pablo y le dijo que estaba en camino. Pasó por un almacén grande y compró una muñeca Barbie para Isabella, costó más de lo que esperaba, pero pensó que bien valía la pena, antes de las once de la mañana llegó.

Los dos se acomodaron a mirarlas, a comentarlas, Rubén ya las conocía, para Pablo era una novedad, no quitaba los ojos del televisor, comentaban lo que veían, lo inquietaban las imágenes. Un video de unas niñas bailando reguetón, algunas desnudas, lo vieron varias veces, había de niñas mamando, penetradas, una mamá que le hundía un dildo en el culo a la hija. Ambos lucían tremenda erección que se les notaba y que no disimulaban y no había recato en sus palabras, estaban muy calientes, estaban desinhibidos, los dos terminaron desnudos masturbándose, el primero en hacerlo fue Pablo y Rubén lo siguió inmediatamente, exhibieron sin pudor sus cuerpos, al final dejaron la leche en servilletas, pasado el mediodía se tomaron un descanso.

—Jajaja, Pablo, eres un puto viejo corrompido, quien lo pensaría con esa cara tan respetable.

—Y tú no te quedas atrás, hasta marica serás. ¿Alguna vez te dieron por el culo?

—De pelado tuve algunas experiencias con compañeros, culeé y me culearon.

—Yo también tuve mis aventuras homosexuales de niño y en mi juventud, que ya te contaré porque es largo —espetó Pablo haciendo cara de añoranza—, creo que es algo normal, te daría ya mismo por el culo, jajaja.

—Viejo marica —dijo riendo Rubén—, si me das oportunidad yo te ensarto, es preferible un culo viejo a nada, hace años que mi mujer no se deja tocar, dice que ya no estamos para eso, toca a punta de pajas.

—Pues no tengo nada que perder, pero no creo que estés en condiciones ahora. Camina nos aseamos, vamos por tinto y cigarrillo, almorzamos y veremos cómo están las cosas. Me gustó mucho verte en bola, tienes rasurado todo, se ve bien, muy aseado, creo que haré lo mismo, en realidad estos pelos, dijo pasándose la mano por las bolas, no se ven bien.

Así quedó, de manera implícita, pactada una relación homosexual entre los dos.

—Rubén, yo te voy a dar espacios con la niña, pero recuerda que quiero videos, no de todo el tiempo sino de lo interesante, debes ingeniarte la manera de grabar sin que ella lo note.

—No hay problema, tengo una cámara espía que compré hace tiempo, alcancé a usarla como cuatro o cinco veces para grabar a mi nieta en el baño, parece un esfero y se camufla fácilmente, pero hoy no la tengo.

—Por hoy, si se presenta algo, hazlo con el celular, tienes carta blanca.

—Ya le he dado sólo tocaditas, apenas entusiasmándola —le dijo Rubén dándole unas palmadas.

—Yo le he estado hablando de ti a propósito, para que te vea con buenos ojos, lo habrás notado, igual con Angie.

Después de que almorzaron se fueron a recoger a Isabella, la niña se alegró de verlo, y más cuando Rubén le entregó la muñeca.

—Vamos al parque un rato, mi princesa —le dijo el abuelo.

—Pero no nos demoremos mucho hoy, quiero llegar a destapar mi nueva muñeca.

En el parque Rubén se ofreció para subirla al pasamanos, momento en el aprovecho para empezar sus caricias en las zonas sexuales de la niña. Sabiendo que ya no había problema con Pablo, pudo darse un poco más de libertad, el abuelo miraba y sonreía, sabía lo que estaba pasando, Isabella reía por momentos, y en otros se le veía sorprendida. La llegada de otros niños impidió que Rubén pudiera continuar, así que le propuso a la niña irse para la casa, cosa que ella aceptó encantada.

Cuando llegaron el abuelo la mandó a que se cambiara, Isabella le preguntó si podía ir con Rubén para jugar. Pablo le respondió que dejaba que él la acompañara pero que recordara que la mamá no podía enterarse, debería ser un secreto entre los tres.

—No hay problema, abue, yo sé guardar secretos, ya tengo muchos y a nadie se los he contado.

— ¿Y de quién guardas secreto? —le preguntó el abuelo.

—De Paula y de otras niñas, nos contamos cosas.

— ¿Le has contado algo tuyo a Paula?

—Así como ella me cuenta cosas yo le cuento las mías, sabe todo de mí y yo de ella, pero son secretos, no los puedo decir.

—Eso está bien, —le dijo Rubén—, hay que saber guardarlos, a menos que ella te autorizara a hacerlo. Debías invitar a Paula a que venga más seguido, de pronto que le pida permiso a la mamá y un día la recogemos y que se esté aquí con nosotros, ¿vive cerca?

—Creo que sí, a ella la recoge el novio de la mamá y a veces ella. A Paula la ha traído la mamá, pero los fines de semana.

Rubén se estaba interesando también por Paula, era hermosa, muy parecida a la mamá. Tomó de la mano a la niña, alzó el morral del colegio, Pablo lo estaba mirando, le hizo señas indicándole que debía grabar.

Como era de esperarse, Isabella estaba pendiente de la muñeca, entretanto Rubén encontró un lugar para colocar el celular sin que ella lo viera, lo hizo dejándolo detrás de una pequeña caja que contenía crayones y que había en una mesa. Mientras la niña abría la caja y sacaba su nuevo juguete, Rubén se cercioró que todo quedara listo para que la opción de grabar fuera algo sencillo.

Bella sacó la muñeca, tomó otras de las que tenía y las puso a hablar entre ellas, presentándolas. Esta se llamaba Corinne y fue anunciada a cada una de las demás muñecas y peluches. Rubén estaba ansioso por otra cosa, pero no quería presionar la situación, así que ofreció a buscarle ropa en el armario, lo que ella aceptó sin problema.

—Mientras vas jugando, ¿quieres que yo te vaya vistiendo?

Isabella se quedó quieta unos segundos mientras pensaba y sonriendo accedió a la propuesta. Rubén con disimulo encendió la cámara y, tratando de no detener su juego, le fue quitando la ropa, Isabella se dejaba hacer, “estira el brazo”, “levanta la pierna”, y así Rubén le daba instrucciones mientras retiraba las prendas y la iba acariciando y diciéndole lo hermosa que era, la niña sonreía al escucharlo, quedó totalmente desnuda, parecía no importarle o no darse cuenta.

Rubén la recostó de espalda contra su pecho y de frente a la cámara, le hacía preguntas sobre los nombres de las muñecas y los peluches, sobre el juego. Se entretuvo acariciando los pezones, pequeños, duros, apenas los rozaba, aquella maravilla lo excitaba, allí estuvo un rato, los sentía cada vez más erguidos. Después llegó a su puchita. Él hacía todo con cuidado, no quería asustarla. Pero para la niña no era raro, ya había ocurrido y se había sentido bien y no parecía importarle el estar desnuda ahora, hasta recogía los muslos dejando todo expuesto.

Mientras le iba hablando palabras bonitas, empezó a masturbarla con la mano derecha y con la izquierda palpaba los muslos, las nalgas, el estómago, de nuevo las teticas. Quería tocarle el culito, pero se abstuvo, debía ser paciente. El roce en el clítoris empezó a dar frutos, Isabella dejó de jugar, permanecía quieta con la muñeca en la mano izquierda, cerraba los ojos, su carita se ruborizó y la respiración se aceleró.

Cuando Rubén la vio así, la puso de medio lado sobre su pecho, se ensalivó el meñique de la mano izquierda, y suavemente fue entrando en la rajita del culito, aceleró la masturbación y en ese momento tocó aquel hermoso hoyito, la punta de su dedo estaba justamente a la entrada del ano.

—Me voy a orinar, Rubén.

—No hay problema, Bella, no es orina, después te hablo de eso, déjalo salir, disfruta esto muñeca hermosa, eres la niña más linda e inteligente. Deja que de tu hermosa cuquita salga todo lo que deba salir, no lo frenes.

La primera falange del dedo meñique estaba dentro del ano, Isabella empezó a jadear más fuerte, su pequeño cuerpo se sacudió. No fue sino una vez, y de manera suave, pero para Rubén fue algo maravilloso.

Acercó sus dedos a la vulvita, los mojó con los pocos juguitos y los puso en la boca de la niña, ella sacó la lengua y los probó sonriendo, de nuevo los mojó y ahora fue él quien los chupó. Rubén no había sacado la mano de entre las nalgas, su dedo se negaba a retirarse del ojete de la pequeña.

—Rubén, siento un poco de ardor en mi colita, debe ser por tu dedo.

—Disculpa —le dijo retirando despacio el dedo. ¿Estuviste bien, te gustó?

—Sí señor, es rico lo que se siente.

— ¿Te puedo dar un besito?

—Ya me has dado muchos.

—Pero hay otras partecitas que quisiera besar, entre esas tu boquita.

— ¿Y cuáles otras además de mi boca?

—Yo te iré diciendo con el tiempo, poco a poco, ¿me dejas darte un besito?

La niña volteó la carita y le ofreció la boca, Rubén hubiera querido darle un beso fuerte, sentirle la lengua, la saliva, pero se contuvo y solo rozó sus labios con los de ella, un pequeño beso. Después la fue vistiendo, a cada parte del cuerpo de la niña Rubén le dedica unas palabras de elogio, lo que hacía que ella se sintiera admirada.

Él tomó el celular sin que ella lo notara, detuvo la grabación que había alcanzado ya los 32 minutos, y salieron de la habitación.

—Hola abue, ya llegamos.

—Se demoraron un poco, me imagino que jugaron bastante. Yo ya tengo listo para servir en cuanto llegue tu mamá, estaba por avisarles que no tardaba. ¿Y a qué jugaron?

—Con la nueva muñeca y con mis otros juguetes, dijo la niña mirando a Rubén y sonriendo.

Rubén se había acomodado en el sofá, hasta allá llegó la niña y se le sentó en las piernas sin ningún cuidado, dejaba ver su ropita interior, alcanzó a maltratar a Rubén por la caída sobre el pene, él sólo hizo un gesto de dolor que vio Pablo riendo, pero ninguno dijo nada.

Rubén notó que el abuelo, que no deja de ver por entre la falda de Isabella, sin que la niña lo advirtiera se mordió el labio de abajo, Rubén le sonrió, tomó a la niña por la cintura y la acomodó sobre su verga dejando la colita bien encima y haciendo movimientos para que ella la sintiera, al tiempo que abrió las piernas para que la vista del abuelo fuera mejor, ya no había ningún tipo de cuidado para que Pablo no notara nada, Rubén sabía que él no le pondría ningún problema. La verga de Rubén empezó a aumentar de tamaño, entre el culito de Isabella y el pantalón de él sólo estaban unos delgados pantis. Isabella notó el bulto que iba creciendo, sin ninguna prevención mandó su manita izquierda para tocar lo que había allí.

— ¿Este es tu coso? —le dijo casi al oído.

Pablo se puso de pie y se retiró, no quería estar allí en ese momento, no sabía de lo que Rubén sería capaz de decir.

—Mira muñeca, eso se llama pene, lo tenemos todos los hombres, a cambio ustedes tienen esta cosita linda que se llama vagina, aunque se le dan muchos otros nombres —le dijo mientras le rozaba la vagina a la niña. Ya en el colegio te enseñarán sobre eso.

Había ocurrido lo que él quería, despertar la curiosidad de Isabella.

—Antes no lo sentía y de pronto empezó a crecer —dijo la niña con picardía. Yo ya los conozco, he visto fotos, y un niño me lo mostró el otro día, tiene como diez, me dijo que me lo comiera.

—Sí, hermosura, así funciona. En esta ocasión se agrandó porque tú estaba rozándolo con tu colita. ¿Y cómo hiciste para haber visto fotos?

—Hay niñas que las llevan en el celu. ¿Con eso es que se pone la semilla para que nazcan los bebés?

—Así es, cuando estés más grande, puedes tener bebés, el pene entra en la vagina y deposita la semilla. ¿Cómo sabes todo eso?

—Mi mami me ha enseñado, cuando yo le pregunto ella me responde. ¿Lo puedo ver?

—Claro que puedes, pero otro día, en cualquier momento puede llegar tu mamita y se enojaría mucho si me encontrara mostrándote mi coso.

—Pero eso no tarda, déjame, mi abuelo no está, déjame —le decía mientras hacía una mirada imposible de desatender, además yo ya lo conozco.

La niña se puso de pie frente a Rubén y con los brazos en la cintura exigía. Rubén se sintió contento, era un gran paso. Vio que Pablo miraba escondido, se puso de pie, se abrió el pantalón, se bajó el bóxer y se lo enseñó a Isabella. La niña lo miraba extrañada.

Rubén recordó el manual, no debía presionarla a nada, ya el hecho de que hubiera querido verlo era bastante.

— ¿Quieres tocarlo? No te sientas obligada, es sólo si lo deseas, como todo lo que hacemos.

Isabella asintió, Rubén le tomó la mano y la puso sobre su verga y la enseñó a que la cogiera. Se alegró de tenerlo siempre arreglado, le gustaba permanecer sin pelos, y el manual decía que una buena primera impresión era importante para futuros acercamientos.

—Ya lo viste, princesita, eso es lo que tenemos los hombres, el de tu compañerito es igual pero más pequeño, en otra ocasión juegas con él, si quieres, así como yo juego con tu puchita.

—Yo he visto a mi abuelo, a veces paso por frente a su habitación y se está vistiendo, yo lo espío, no lo veo tan claro como el tuyo, pero el de él tiene pelos, y también he visto en el cole, hay niñas que llevan fotos en el celular, como te dije, también Paula, y vemos a escondidas porque allá los pequeños no podemos llevar el celu, yo ni tengo, pero ellas lo llevan a escondidas. Hay uno que se llama El Negro del WhatsApp, tiene un coso gigante, casi hasta el suelo.

—Mira, lo que pasa es que a mí me gusta rasurarme, por eso no tengo pelos, y lo de El Negro del WhatsApp, eso no existe, es una imagen arreglada, pero sí hay hombres que lo tienen bastante grande, pero nunca como ese. Otro día seguimos con eso, ¿te parece? Y recuerda, es secreto. ¿Qué más has visto con tu amiga?

—Ya no quiero que le vuelvas a decir más que es un secreto, yo sé. Ella ha llevado fotos de dibujos como Tinkerbell, Frozen, de Los Simpson, Sonic, Mulan, Bob Esponja, y sobre todo de Lolicon.

— ¿Ella de dónde saca todo eso?

—Dice que un primo se las manda, y no te pudo decir más porque eso es un secreto.

—Tienes razón, preciosa, los secretos no se cuentan.

Rubén se cubrió de nuevo, se sentó y otra vez acomodó a Isabella, quería que siguiera sintiendo su bulto, él le sobaba los muslos y le rozaba la chichi. Hablando fuerte Pablo les anunció que estaba por llegar Angie, que se hallaba a tan solo dos cuadras. Niña y hombre se pusieron de pie, fueron hasta donde Pablo y ayudaron a organizar todo.

—Rubén, mándame el video ya mismo —le pidió Pablo sin que Isabella escuchara.

Rubén sacó el celular y se lo hizo llegar inmediatamente por WhatsApp, al momento llegó la mamá.

—Mami —le dijo la niña mientras la saludaba—, mira lo que me regaló Rubén, es Corinne, mi nueva muñeca.

Angie le sonrió a Rubén y le agradeció el detalle para con la niña, él abrió su morral y sacó una caja de chocolates.

—Y esto es para la mamá de Isabella —le dijo entregándole la caja.

—Qué pena, que se ponga en esas cosas, muchas gracias.

—No es molestia, se lo merecen —respondió Rubén con una sonrisa.

—Mami, regálame un chocolate, porfis, uno no más.

Angie estuvo bromeando con la hija y finalmente abrió y repartió para los cuatro. Después sirvieron las onces. Pablo le pidió a Rubén que al día siguiente lo acompañara a hacer una vuelta en la mañana, Angie se mostró complacida por el hecho de que el papá por fin tuviera a alguien que le sirviera de compañía pues siempre lo veía muy solo.

—Me alegro que hayamos hecho una buena amistad, especialmente por mi papá —comentó Angie—, él no tiene amigos.

—Y por mí también —respondió Rubén—, tampoco tengo amigos y con ustedes me siento como en familia.

 

Continúa…

 

Contacto: [email protected]

12 Lecturas/28 julio, 2026/0 Comentarios/por Rubenrosero
Etiquetas: amiga, amigos, baño, colegio, culo, hija, recuerdos, vagina
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