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Incestos en Familia

RUBÉN 5

Historia real, empieza en año 2023, Bogotá, la he escrito en base a anotaciones y recuerdos…

Parte 5

—Estuve mirando el video —le dijo Pablo—, he quedado sorprendido por la forma en que lograste llegarle a Isabella, me excitó de sobremanera lo que le hiciste. La niña se ve hermosa, verla tener un orgasmo me llevó a hacerme una paja como hacía rato no me la hacía.

—Bueno, ese ya fue el segundo, en la sala había tenido el primero, y ayer me pidió que le enseñara mi verga, se la mostré y la tuvo en sus manitas. Fue algo inesperado y no pude grabar nada. Me dijo que te había visto desnudo mientras te vestías, y en el colegio ya ha le han enseñado varias fotos y dibujos que le muestra la amiga, hasta conoce al Negro del WhatsApp.

—No sabía que me hubiera visto. Estos niños de ahora saben más que uno. A esa edad ni se me ocurría pensar de dónde venías los niños, nunca, creo que ni pensaba. Por eso es que me parece bien que ella aprenda.

Los dos hombres rieron por la ocurrencia de Pablo.

—Debías dejarte ver sin que ella note que es intencional, con seguridad que de aquí en adelante estará atenta a cualquier situación.

—Tienes razón, ya se le despertó la curiosidad.

—A lo mejor ella misma te enfrenta, y algo podrías obtener.

Ahora eran dos mentes maquiavélicas pensando en aprovecharse de una niña de siete años.

—A veces pienso que Angie bien calenturienta, gusta de gozar, en el buen sentido de la palabra, le saca provecho a su personalidad y a su figura. A los 20 tuve que pedirle que se fuera de la casa porque era desesperante y muy desgastante su comportamiento, los fines de semana llegaba muy tarde, generalmente tomada, no borracha, pero si con algunos tragos encima, vestía de manera muy atrevida, y a veces ni llegaba. La mamá y yo nos pasábamos noches en vela esperando que apareciera. Entonces le dije que esa no era vida para nosotros, que lo mejor era que se fuera, así, al no verla, no sufriríamos. Eso llevo meses hasta que tomó la decisión, se fue a un apartamento cercano a la universidad, en compañía de una amiga. Nosotros le dábamos una mensualidad. Fue muy juiciosa para con el estudio y terminó la carrera. Andaba con buen dinero, muy bien vestida. Siempre contestaba que era un amigo el que la compraba todo, amigo al que nunca conocimos, yo creo que eran varios. Cuando terminó la carrera nos pidió regresar, aceptamos, nos hacía falta; además, son cosas de juventud, de quien está madurando, todos hacemos locuras.

Ahora te cuento las cosas como fueron en realidad: Cuando la violaron aquellos dos amigos de los que te hablé, ella no estaba en una fiesta, llevaba perdida tres días, se había ido con un grupo a pasear a una finca. No estuvo solamente con ellos sino con varios, el problema fue que a ellos dos no les exigió preservativo, estaban drogados, creo que con éxtasis. Ya otras veces lo había hecho, le gustaba culear, desde que estaba en el colegio andaba emparrandada muy seguido y cada semana era un nuevo novio, a veces dos al tiempo; de hecho, con apenas 17 años tuvo un aborto, desde ahí empezó a cuidarse con pastillas y condones. La mamá y yo sufrimos mucho con eso. Cuando quedó embarazada nosotros le pedimos que tuviera al bebé, que le ayudaríamos a cuidarlo, por eso existe Isabella. Ahora es más juiciosa. Como es tan bonita le llueven los pretendientes y ella es fácil pero les exige, no le pone problema a echarse un polvito. Tú la vez muy seria, pero en su intimidad es muy fogosa. ¿Qué cómo sé esas cosas? Porque tuve que hablar con muchas de sus amistades y así me fui enterando. Y fíjate la forma como se viste, es muy provocativa, sensual, ya sea falda o pantalón, siempre llama la atención, ¡es hermosa mi hija!

Con frecuencia la escucho masturbarse, mi habitación queda junto a la de ella y cuando le da la vuelta a la cama, la cabecera queda pegada a la mía, apenas separada por la pared. Una vez sentí un ruido extraño, al día siguiente esperé a que se fuera y me puse a esculcarle, después de mucho buscar encontré en un rincón del closet, entre un par de botas altas que poco usa, dos vibradores, un consolador grande y otro de los anales. La verdad a mí no me importa eso, ni sé para qué los esconde tanto, me parece algo normal que tenga esos juguetes, que disfrute. Me gustaría poder verla, creo que hasta sería capaz de incestar con ella. Es una buena persona, alegre, ha sido buena madre, aunque no es mucho el cuidado que le pone a la niña, seguido sale de fiestas y ni permiso pide, me la deja y ya, es honrada, buena hija, vive pendiente de mí, con la mamá era excelente persona. No ha querido unirse a nadie, no le interesa, parece que no nació para eso.

—La historia que me cuentas es muy íntima, lo que te agradezco, y a la vez excitante, desde que la vi me pareció hermosa, es el tipo de mujer que más me gusta.

—A muchos los trae loquitos. Ya estoy acostumbrado a quedarme con la niña los fines de semana, ella seguido se va. La mamá no hacía sino rezar “para que esa niña coja juicio”, pero no le sirvió de nada, jajaja.

—Te ofrezco mi cámara espía, a lo mejor con ella puedes grabarla, a mí también me encantaría verla en su intimidad.

—La idea no está mala, me la enseñas a manejar y lo intento. Como ves, yo me la paso con la niña, casi que soy papá y mamá, me levanto temprano a que se bañe, se arregle, a alistarle uniforme, darle desayuno, peinarla, llevarla al colegio. Ahora le ha dado porque le aliste dos loncheras bien llenas, una con frutas y quesos, otra con comidas de sal como sándwiches, pizza, le preparo muchas cosas, no sé dónde la cabe tanta comida porque es pequeña, delgadita, en fin, lo que pida se lo doy. Casi siempre la recojo por las tardes, a veces la mamá llega, pero no es lo usual. La llevo al parque, le doy el almuerzo.

Los dos hombres tuvieron mucho tiempo para hablar, se dieron a conocer en muchos aspectos, la amistad se iba afianzando había mucha intimidad entre ellos.

— ¿Pablo, cómo es que estás pensionado tan joven?

—Bueno, tuve la suerte de empezar a trabajar a temprana edad en una empresa de telecomunicaciones que tenía, ya acabaron con eso, un plan de pensión con 20 años de servicio y cincuenta años de edad, ahí fue cuando yo lo logré, y gano bien.

Decidieron almorzar en el barrio para después ir a recoger a la niña. Isabella no quiso ir al parque, así que se fueron de una vez para la casa.

— ¿Me trajiste algo hoy? —preguntó la niña a Rubén.

— ¿Qué quieres? Hoy no traje nada, pero dime que deseas.

—No señor, está bien así, sólo preguntaba, aunque sí me gustaría un helado.

—Bueno, entonces vamos.

Con permiso del abuelo los dos se fueron a la heladería, Rubén no quería tardarse mucho para poder estar a solas con la niña. Recordó la recomendación del manual, debía conseguir Kéfir, decidió comprarlo al día siguiente cuando estuviera de regreso.

El abuelo la mandó a que se cambiara el uniforme y autorizó que Rubén la acompañara. Isabella tomó su muñeca nueva y se puso a jugar, le pidió a Rubén que le escogiera ropa. La idea de él era que ella le permitiera besarle la rajita, de pronto poder arrancarle un orgasmo a punta de lengua.

— ¿Quieres que yo te ayude a cambiarte?

—Sí señor, como ayer.

Rubén se dio mañas para ocultar el celular, la cámara espía estaba sin batería. Mientras ella jugaba la fue desnudando, la niña se dejaba hacer. Hoy, especialmente, estaba muy excitado, sentía cómo su pene botaba líquido pre seminal. Se colocó papel para evitar accidentes, se sentó en la cama, la alzó y la acomodó sobre su pene.

— ¿Te va a crecer otra vez?

—Es muy probable, muñequita, tú eres demasiado hermosa y me excitas.

— ¿Y te lo puedo ver de nuevo?

— ¡Claro que sí! Ya sabes que puedes hacer lo que desees.

Mientras conversaban ya la niña estaba siendo acariciada, poco a poco su actitud iba cambiando.

—Bella, hay otras formas de que sientas cositas ricas, mejores que las que has experimentado hasta ahora. ¿Me permitirías enseñarte?

Isabella sólo movió la cabeza en señal de aprobación, estaba con los ojos cerrados y la cabeza recostada sobre el pecho de Rubén y movía la colita sobre la verga. Él le dio varios besos hasta que llegó a los labios, la alzó, la acostó en la cama quedando frente a ella. Empezó a acariciarle los pies y a besarlos, un poco de cosquillas la hicieron reír. Él sabía que el manual no indicaba las cosas en ese orden, pero le pareció que era el momento, de todas formas, las cosas no se habían dado como estaba escrito.

Las atenciones al cuerpo de la pequeña fueron subiendo, piernas, rodillas, muslos adentro y afuera, sintió el olor de la vagina, tuvo miedo de eyacular, no quería y no debía suceder, el manual era claro en eso, usar preservativo pero a él eso le aburría, podía ser que la niña se llevara una mala impresión al verlo con una mancha en el pantalón, no lo entendería y podía dañarse todo. Lo mejor era no pensar en eso, concentrarse solo en ella.

Las piernitas estaban ligeramente separadas, con mucha delicadeza las abrió, ella reaccionó poniéndose las manos sobre su sexo, él sintió algo de frustración.

—Preciosa, ya sabes que si no quieres algo yo no te voy a obligar, pero me gustaría que me permitieras seguir, estoy seguro que te va a gustar, la decisión es tuya.

—Me da pena que me veas así.

—No te afanes, eres muy linda y yo no te voy a hacer daño, no debes avergonzarte de que te vea. Hagamos un trato, me dejas seguir, si pasado un momento no te sientes cómoda, pues me detengo y seguimos como las veces anteriores, sólo quiero darle un beso a tu gatico.

— ¿Gatico?

—Sí, mi bebé, suena bonito. ¿Le puedo decir así a tu cosita? Es entre tú y yo, en realidad se llama vagina.

Isabella dudó, abrió los ojos y lo miró, él estaba con una gran sonrisa, ella también le sonrió y retiró las manitas, fue un gran momento para él, estaba casi seguro de que no se darían las cosas. Él le dio las gracias, la alzó y la recostó en la cama y se arrodilló frente a ella, se fue acercando aplicándole besos. Cuando llegó a los labios vaginales ella trató de cerrar las piernas, pero él ejerció una suave presión y ella cedió.

Rubén le alzó las piernas, empezó a besar por todos lados diciéndole lo linda que era, abrió suavemente la vagina, pudo ver su himen intacto, con la lengua buscó el clítoris, Isabella se estremeció al primer contacto y soltó una risita, Rubén le acariciaba las nalgas y movía su lengua a mayor velocidad, los gemidos de la niña no se hicieron esperar e, inconscientemente, le tomó la cabeza con sus manos haciéndole presión.

Rubén habría querido chuparle el ano, pero no se veía muy limpio, lo que sí hizo fue ensalivarse el meñique de la mano izquierda y, mientras la tenía cerca del orgasmo, introdujo medio dedo en el culito apretadito, virgen, pensó que había que trabajarlo bastante para algún día clavarlo. Isabella sintió y alzó las nalgas, él aceleró la chupada de la pepita y las caricias hasta que ella empezó a gemir, se sacudió mientras él devoraba con verdadera ansiedad los líquidos que brotaban, para él era como un elixir, en ese momento sintió cómo su cuerpo lo traicionaba, la eyaculación no se hizo esperar más.

Todo lo demás que había pensado se acababa de dañar, no podía dejarse ver de la niña, quería expresar su rabia, pero se contuvo, por algo el manual sugería ponerse un condón, pero a él le pareció que eso se podía obviar. Se arrastró hasta quedar frente a ella, la miró con toda la ternura que le inspiraba, la besó en la frente y la abrazó hasta que ella estuvo tranquila.

Le preguntó si se sentía bien, ella sonrió y asintió con la cabeza, no quería hablar, pero la expresión de la carita indicaba que estaba muy bien. Le anunció que la iba a vestir, todo el tiempo él estuvo de rodillas para que  ella no se diera cuenta de su accidente. Le puso la ropa, le pidió que fuera a donde el abuelo y pasó al baño. La mancha no era muy grande, el papel había ayudado, pero sí notoria, se limpió tanto él como la ropa, buscó un secador de pelo, afortunadamente lo encontró, sabía que haría ruido, pero no tenía más opción. Secó su pantalón y se dejó la camiseta por fuera y salió.

Estaba furioso consigo mismo, no había sido su culpa, la excitación había sido demasiada, pero aun así le había tocado dejar a la niña, ahora habría que arreglarlo. Fue por el celular, casi una hora de grabación, de una vez se lo envió a Pablo fue a buscarlos.

Estaban en la sala, Bella con sus muñecas jugaba con el abuelo. Rubén le hizo una seña a Pablo de que todo había salido bien.

— ¿Y Angie? —pregunto Rubén a Pablo.

—Aún tarda un poco, voy a preparar algo de onces, Isabella debe estar hambrienta.

Rubén sabía que Pablo quería ver el video, era lo lógico. Se puso a jugar con la niña, al rato ella misma buscó sentarse sobre él.

— ¿Me acaricias el gatico un poco? —le pidió la niña tocándose la vagina y sonriendo.

Rubén la puso de pie, le retiro el panti sin ninguna oposición por parte de ella, lo metió debajo de un cojín y empezó a acariciarle los muslos, lo hizo con extrema suavidad hasta llegar a esa hermosa zona que permanecía muy húmeda. Decidió acelerar un poco las cosas.

—Bella, tengo unas películas de niñas jugando con niños, niñas y adultos, así como tú y yo, ¿te gustaría verlas?

—Sí quiero, ¿dónde las vemos?

—Podría ser en tu televisor, voy a averiguarle a tu abuelo cuánto se demora tu mamá.

Rubén se fue hasta la cocina, encontró a Pablo mirando el video y masturbándose.

—Rubén, me asustaste, podría haber sido Isabella.

—Pues no estaría mal que ella te encontrara, ¿te gustó lo que viste?

—Se me hace la boca agua, quisiera ser yo chupando esa rajita, es largo, ya buscaré la ocasión de verlo todo.

—Ya te llegará el momento. ¿Angie se demora?

—Un par de horas, creo, ¿por qué?

—Voy con la niña a mostrarle unas películas de las que tengo.

—Bueno, yo seguiré en mi oficio —dijo descaradamente y riendo.

—Espera, tengo una idea que te va a excitar mucho —le dijo Rubén.

Abrió la nevera, sacó la caja de leche, sirvió un poco en un vaso pequeño, así iría adelantando lo que el manual decía que se debía hacer con el Kéfir, y a la vez involucraba a Pablo en el juego.

—Hazte la paja y echa el semen en el vaso y lo mezclas, me llamas apenas lo hagas, hay algo que debo contarte.

Pablo quedó extrañado, pero estaba muy caliente, así que no tardó mucho, se derramó en el vaso, escurriendo hasta la última gota, se subió la ropa y llamó a Rubén.

—Vamos muñeca, el abuelo quiere que tomes algo y ahí sí vamos a ver la peli.

Llegaron de la mano a la cocina, Rubén tomó el vaso, sirvió una pequeña cantidad de leche, vio que el semen del abuelo estaba flotando y había unas gotas en el borde, lo revolvió y se lo pasó a la niña.

Pablo, algo sorprendido, vio cómo Isabella se bebió todo de un sorbo, ambos la miraban esperando alguna reacción de ella.

— ¿Te supo bien? —le preguntó Rubén—, el abuelo le puso unas vitaminas.

—Sí, tiene un sabor un poco raro, pero está bien. ¿Vamos a jugar?

Entre los dos hubo una maliciosa y cómplice sonrisa. Rubén escogió una película de casi siete minutos, empiezan unas niñas bailando reguetón con la canción “Siente” de Jamsha, es fuerte, completa dura casi 10 minutos, aquí solo hay partes y muchas palabras no se entienden, a Rubén le encanta porque se calienta mucho, a pesar de no ser amante de ese género.

De nuevo puso el teléfono en un sitio en el que tuviera una buena visión de lo que sucedía. La niña miraba y no lo creía, se había acomodado bocabajo en la cama.

— ¿Rubén, me acaricias las nalgas mientras miro?

Él quería acariciarle el “gatico”, pero empezó con las nalguitas hermosas, las abría y aparecía ese ojete hermoso, pequeño, Isabella miraba embelesada y movía la cola al ritmo de la música, a pesar de haber eyaculado, Rubén sentía cómo se le empezaba a parar su miembro. Después aparecían unas niñas bailando, pero ya desnudas y mostrando el culo, todo esto al mismo tiempo que aparecían letreros que incentivan a cogerse a las niñas.

Isabella trataba de leer y a la ves mirar, no alcanzaba, sabía leer, pero no tan rápido. La siguiente escena ya era más explícita, un hombre trataba de penetrar a una niña que tenía cara de estarlo disfrutando, a continuación, ya había penetraciones, muchas. Rubén trato de ir hacia el culito.

—No, sigue con las nalgas un rato, mi abue me consentía así cuando yo estaba más pequeña pero dejó de hacerlo.

Rubén siguió con lo que ella pedía, tenía que decirle a Pablo que Bella sí se acordaba lo que él le hacía, que no lo había olvidado.

— ¿Qué es puta? —le preguntó la niña con total inocencia.

Rubén sabía que le haría esa pregunta pues se escucha muchas veces en la canción. Le dijo que era una forma en la que se les decía a las niñas que gustaban de hacer lo que estaba viendo.

— ¿Por qué le meten el pipí?

—Porque es muy agradable tanto para las niñas como para los hombres, más adelante lo intentaremos tú y yo, si lo deseas, verás lo bien que vas a sentir. Me gustaría verte bailar un poco, ¿quieres hacerlo?

Isabella se bajó se paró frente al televisor y empezó a moverse siguiendo el ritmo, él la desnudó por completo, ella seguía bailando, su trasero se meneaba al compás de la melodía. Cuando apareció una pequeña chupando verga ella se quedó quieta mirando absorta, al momento empezaron a eyacular y ella miraba cómo les caía en la cara y en la boca.

— ¿Qué es eso que les sale?

—Eso es como leche, se llama semen, y es lo que nos sale a los hombres, a ti te salen juguitos.

La película finalizó con una escena donde se cogían a una niña.

—Oye Rubén, ¿me dejas ver tu…  eso?

Él no lo pensó dos veces, se puso de pie, se desnudó y se quedó quieto en espera de la reacción de Isabella. Ella tocó con su mano el miembro erecto, la punta estaba mojada. El manual decía que antes de ese momento debía estar muy aseado para evitar algo que pudiera producirle rechazo a la niña, pero estaba visto que las cosas no se daban tal y como recomendaban.

Isabella lo miraba, Rubén esperaba que ella decidiera chuparlo, pero no quería ni siquiera insinuarlo, debía ser una decisión total de ella. Con la punta de un dedo recogió la gota que estaba a punto de caer, la olió y se la puso en la lengua tomándole el gusto.

—No sabe feo.

La niña empezó a mover su manita, el miembro de Rubén no era muy grande, alguna vez se lo había medido y tenía 16 centímetros de largo y 14 de grosor, nada que ver con los de los filmes porno, pero tampoco estaba mal, bastante se había divertido con lo que tenía. Si no hubiera eyaculado hacía un rato, con seguridad que en ese momento le saldría la leche. Esperaba que se le ocurriera darle un beso, sería el inicio de una mamada, pero no quería presionarla, debería ser por su propia voluntad; además, dudaba de la pulcritud en aquel instante, aunque en el baño se lo había limpiado.

Decidió quitárselo de la mano, no era el momento propicio para algo tan delicado. Con suavidad lo hizo y se sentó en la cama y la puso a ella directo sobre su miembro.

— ¿Alguna vez te has tocado tu solita el gatico?

—No señor.

—Mira, tú misma puedes darte placer, te voy a enseñar cómo hacerlo, pero debes tener cuidado de que no te vean, algunas personas piensan que no está bien en niñas pequeñas, pero eso no es verdad.

Le separó las piernas, le tomó el dedo del corazón de la mano derecha y empezó a guiarla, la hacía que se acariciara, buscó la pepita indicándole que era la parte más sabrosa para tocarse. Cuando vio que ya lo hacía ella misma la soltó y la observó, la giró un poco para que quedara grabada esa primera masturbación. Isabella lo hacía a su ritmo, estaba gozando, ella misma se hacía con tres dedos.

— ¿Me dejas ver de nuevo la peli?

Rubén la acomodó recostada, le puso un cojín, quedó frente al televisor, colocó de nuevo la peli. Isabella miraba y se tocaba. Poniéndose al lado de ella le subió las piernas dejando expuesto su culito, le habría encantado besarlo, pero desconfiaba de la limpieza, se mojó el dedo meñique y se lo fue introduciendo, llegó a la mitad, como la vez anterior, y dejó así, era suficiente.

—Se acabó la peli, ¿me la dejas otra vez?

Por tercera vez la estaba mirando, eso era buen indicio. De nuevo le introdujo el medio, se le acercó, le besó la frente mientras ella se seguía acariciando. Estaba muy agitada, la boca medio abierta, la carita sonrojada y los ojos fijos en la pantalla.

—Dime que eres una putita —le pidió Rubén.

—Soy una putita, soy una putita, soy bien puta, soy bien prosti, aguanto más que una yegua, se la entierra, se viene, se caga y se mea.

Isabella sonrió con satisfacción de saberse una parte, estaba repitiendo frases de la canción, habría que recomendarle que no la cantara frente a nadie. Las palabras de la niña lo excitaron, estaban llenas de inocencia, no sabía lo que decía, pero se le escuchaba hermoso

—Ven mi putita, déjame te ayudo con mi boca.

Isabella le dio espacio, Rubén, nuevamente, tuvo la dicha de hacerla gozar y beber aquellos sublimes fluidos, el segundo orgasmo del día llegó mientras él luchaba para que su pene, desnudo en ese momento, no le jugara una mala pasada, por fortuna no ocurrió nada.

La puso de medio lado para que descansara un poco, su verga quedó entre la raja de la cola, ella pasó su mano y la tocó. Él se olió el dedo meñique, era innegable el sitio donde había estado.

—Vamos bebé, tu abuelo nos debe de estar esperando.

—Quiero ver la peli otra vez.

—No muñeca, después, ya la viste tres veces.

—Una vez más, mientras nos alistamos, mi mamá no ha llegado. Y quiero probar tu coso, así como las niñas de la peli. ¿Qué es eso que les sale?

—Se llama semen, también se le dice leche, ya te lo había dicho. Sale cuando los hombres estamos muy contentos con la niña o con la mujer, así como a ti te salen juguitos, y el coso, como le dices, se llama pene, pero tú dile como quieras.

Rubén puso de nuevo la peli, estaba incómodo por el dedo untado de caca, quería lavarse, no sentía asco, pero era muy cuidadoso con el aseo y no quería alguna infección para la niña, además el olor le fastidiaba. Se vistió a medias y fue al baño a asearse. Cuando regresó Isabella bailaba sacudiendo la cola y cantando, ya se sabía casi toda la letra.

—Vamos al baño y te aseo, le dijo Rubén.

— ¿Por qué no me dejar besar tu coso?

—Yo te voy a dejar, no te preocupes, hemos hecho muchas cosas en poco tiempo, no seas tan afanada. Te voy a pedir el favor de que esa canción que escuchaste en el video, nunca la cantes delante de nadie, excepto de mí. La letra es muy pesada para que una niña de apenas siete años la esté cantando. Usan palabras que no se oyen bien ni a personas grandes, ¿de acuerdo?

—Aún tengo 7, le respondió, pero ya casi cumplo 8. O sea que esa canción es como un secreto, ¿no puedo decir que soy bien puta ni nada más?

—No bebé, eso es para cuando estés en la intimidad conmigo. Si te escuchan te van a preguntar que dónde aprendiste eso.

—Puedo decir que en la tele.

—No bebé, eso no lo pasan en la tele, precisamente porque usan un lenguaje que no es apropiado. Simplemente no cantes delante de nadie, sólo delante de mí, y tal vez de tu abuelo, delante de tu mamá nunca.

—Bueno, ya entendí. ¿Cuándo me vas a mostrar otras pelis?

—Cuando volvamos a estar en la intimidad, solos los dos. Tampoco debes dejarte ver cuando te acaricies tu gatico, lo haces solita en tu habitación o en el baño, o donde sea pero que estés solita, sólo puedo estar yo porque nunca te voy a molestar ni a decir que no está bien, lo único que me importa es que estés contenta. Y ya vamos, tu abuelo debe de estar extrañado.

Rubén la acabó de vestir.

—Casi no regresan, —les dijo Pablo, ¿qué tal la película?

—Me gustó mucho abue, me la vi cuatro veces.

—Entonces debe ser excelente, creo que me dieron ganas de verla.

Isabella miró a Rubén, no sabía qué decirle al abuelo.

—No Pablo, —le dijo Rubén—, es para niñas, a ella le gustó, pero tú te aburrirías, no te la recomiendo.

—Bueno, entonces no la miraré, si me he de cansar pues no vale la pena, lo que importa es que a la niña le haya gustado.

—Y Rubén dice que tiene otras que también me van a gustar, pero tampoco son para ti.

—En ese caso yo no las veré, me pondré a hacer otras cosas.

—Abuelo, ¿cuándo me das más vitaminas?

—Yo creo que mañana, ¿te gustaron?

—No saben mal, pero lo importante es que me hacer crecer sana, eso dijeron en el colegio.

—Señorita —le dijo el abuelo—, es hora de que hagas tus tareas.

—Yo le colaboro —interrumpió Rubén—, así salimos rápido de eso, se nos fue tiempo viendo la película.

Se acomodaron en la mesa y en poco tiempo finalizaron los trabajos que le habían puesto. Cuando la mamá llegó ya la niña estaba lista para irse a dormir, Rubén ya se había ido. De nuevo Pablo le había pedido que fuera a acompañarlo temprano.

 

Continuará…

7 Lecturas/11 agosto, 2026/0 Comentarios/por Rubenrosero
Etiquetas: amiga, amigos, colegio, hija, madre, mayor, recuerdos, sexo
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