RUBÉN 6
Historia real, empieza en año 2023, Bogotá, la he escrito en base a anotaciones y recuerdos..
—Ay, Rubén, no te imaginas la excitación tan grande que sentí al verla tomarse mi semen, nunca se me habría ocurrido algo así, es endemoniadamente perverso. Y después verla tan entusiasmada, dejándose hacer de todo, bailando y cantando, ¡ay Rubén!, estos días han sido increíbles. Me pongo a hablar con ella y es como una bebé, pero contigo es otra. Anoche me levanté hacia las dos de la mañana, fui hasta su habitación, estaba profunda, la destapé, la bata de dormir estaba subida, contemplé su culito, todo su cuerpo, con cuidado logré verle la puchita, me daba miedo que se llegara a despertar. Tú ya la has chupado, espero que me llegue el día, has sido muy hábil con ella.
—Nada se esto habría pasado sin tu colaboración, nunca esperé encontrarme con alguien como tú, eso es casi que imposible. Tú has facilitado todo, mira todo lo que se ha avanzado, ya tendrás tu recompensa Pablo, te lo aseguro. Y hoy será igual con lo del semen, vamos a darle la leche de los dos, para eso compraremos Kéfir natural, se parece en la textura, hay que irla preparando para cuando llegue el momento. Y te cuento que Bella se acuerda de cuando tú la tocabas, no lo ha olvidado, en el video lo podrás escuchar. Yo sigo pensando en Paula y en Sara, ¿crees que se pueda hacer algo?
—Hay que intentarlo con Sarita, es de tiempo —dijo Pablo—, tal vez un paseo, o una reunión, ya lo planearemos. Con Paulita es más fácil porque viene seguido. Sarita no te tiene confianza. Y eso de que ella recuerda lo que yo le hacía me hace pensar en que no me será tan difícil llegarle.
Cuando regresaron, almorzaron, compraron el Kéfir y se fueron a la casa. Pasaron a recoger a la niña. Ella no quiso parque pues Rubén le habló de las películas. En cuanto llegaron, y mientras la niña fue al baño, el abuelo sirvió medio vaso de la bebida y, sin ningún escrúpulo, se sacaron sus vergas y se masturbaron depositando la escasa leche que les salió, Pablo le ofreció las vitaminas, Isabella probó, Rubén le dijo que era una bebida especial, como un yogur, no solo leche como el día anterior.
—Rápido, Bella, tómate eso y te vas con Rubén para que tengan más tiempo, tu mamá llega más temprano y debes hacer tareas.
—Rubén me ayuda como ayer, así las hago rápido.
Con gran satisfacción, vieron cómo la niña se tragó el esperma de los dos sin hacer cara de desagrado. Allí siguió la rutina, colocó el teléfono, nada que ponía a cargar la cámara, puso la peli, era de una niña de más o menos diez años junto con un hombre gordo de por lo menos cincuenta, ambos con máscara que impedía verles el rostro, entre tanto él tomó a Isabella y la fue desnudando sin ningún reparo por parte de ella.
— ¿Por qué tienen máscara?
—Debe ser que están en alguna celebración de Halloween, pero lo importante es que lo que hacen, fíjate bien, la niña es tan solo un poco mayor que tú, aunque no tan hermosa.
La iba besando en la nuca, los hombros, la espalda, sus manos se iban desplazando por cada sitio del menudo cuerpo, estómago, pubis, muslos, sus piernitas abiertas recibieron los expertos dedos en la vulva, en el clítoris.
—Bebé, vete ayudando con tus deditos, ¿anoche te consentiste tu gatico?
—No señor.
Rubén le tomó la manita y la fue guiando hasta que vio que ella solita lo estaba haciendo.
—Para un momento, vamos al baño y te hago un pequeño aseo, te va a gustar lo que te voy a hacer después.
En el baño él la puso a que orinara, verla haciendo eso le pareció fantástico, muy excitante, el olor de esa orina era como un perfume, después tomó la ducha de mano y le lavó sus partecitas, ella se dejó limpiar el culito metiendo una parte del dedo, cuando la niña trató de retirase al sentir el intruso, él le dijo que aflojara, que era la forma correcta de limpiarse allí, ella accedió. Posteriormente la secó y regresaron.
Una vez que el video finalizó Rubén escogió una en la que aparecen varias niñas entre los 7 y 8 hasta los 14 o 15, es una de las favoritas de él. La pequeña se deja meter bolas en el ano, usan consolador, la lamen, y lo más importante es que todas muestran mucha alegría en lo que hacen, hasta una botella se introduce la más grandecita, a la vez que fuma.
Isabella no hizo preguntas, cuando Rubén consideró que era el momento la recostó igual que el día anterior, le subió las piernas y se dedicó a explorar con la lengua sus orificios, cuando le metió la lengua en la cola ella arqueó su cuerpo y lo agarró por la cabeza como pidiéndole que no parara. Él no dejó de sobar la pepita hasta que consiguió que ella tuviera un orgasmo intenso, más fuerte que los anteriores. Su frágil y hermoso cuerpo quedó tendido, cerró los ojos, sonrió y se echó de medio lado, la peli no había terminado, ella entreabría los ojos y miraba.
—Acaríciame las nalgas y las piernas.
Rubén se sentía satisfecho, tantos años soñando con esto, imaginando algo con su nieta y con algunas sobrinas, pero sin atreverse a intentarlo. Esta vez no hubo muchas palabras entre ellos, de pronto escucharon la voz del abuelo anunciando que la mamá no tardaba.
Rubén la puso de pie y la fue vistiendo, él no se había quitado ninguna prenda. Tomó el celular, apagó y retiró la USB del televisor, cogió la maleta de la niña y salieron hacia el comedor.
Rubén la notaba diferente, alegre pero callada, decidió no insistirle en nada, excepto con las tareas, por fortuna era tan solo una muy sencilla, antes de que Angie llegara ya la habían finalizado. Tomaron onces y Rubén se fue, cuando iba saliendo Pablo de nuevo le pidió que fuera al día siguiente temprano, Rubén no se pudo negar. Había pensado dejar de ir unos días, eso de permanecer tanto tiempo no le parecía, se sentía muy cómodo allí, lo trataban bien y las cosas con Isabella estaban saliendo como no se lo esperaba, aún Angie se alegraba de que acompañara al papá, pero pensaba en no volverse molesto.
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Tuvo que madrugar bastante, dejaron a la niña en el colegio y se fueron pues Pablo debía salir a un pueblo y alcanzar a regresar para recoger a Isabella, aunque Angie le había dicho que si veía que no alcanzaba la llamara y ella lo haría. Fueron como cinco horas de ida y vuelta en el carro de Pablo, regresaron después del mediodía. Durante ese viaje fue mucho lo que supieron uno del otro, de sus largas vidas, hablaron sin tapujos.
—Mi aventura sexual empieza a los siete —empezó su relato Pablo—, a lo mejor antes, aunque no recuerdo. A esa edad entré a hacer segundo primaria, era un colegio de barrio de propiedad de dos hermanos de apellido Guzmán. A los pocos días el rector, uno de los ellos, me llevaba para todo lado, me tomaba de la mano como si fuera su hijo, me encariñé mucho con él, me daba onces especiales, me sentaba en sus piernas y me acariciaba, aun estando con el hermano. Un día me llevó a su oficina, cerró la puerta, se sentó en un sofá, me alzó sobre su canto y me acariciaba, pero más que de costumbre. Los niños usábamos pantalones cortos y anchos, así que le fue fácil llegar a mis nalgas, yo sentía cómo me hurgaba mi culito y me metía un dedo mientras con mi cuerpo se masturbaba, respiraba agitadamente. Debimos haber estado así un buen rato, él seguido sacaba la mano, se echaba saliva y volvía a meterla, estoy seguro que ese día me metió todo el dedo porque me dolió, pero al rato me pasó, me dio una colombina de chocolate y me llevó a clase.
Varios días hizo lo mismo, ya no me incomodaba y siempre salía con mi chupete, llegó a meterme dos dedos completos, lo supe porque un día le salieron untados de caca, entonces me desnudó, me llevó al baño, allí hice popó, me limpió bien y aprovechó para clavarme los dedos de nuevo, me pidió que no le contara a nadie o él decía que yo me había cagado, eso me pareció vergonzoso, le aseguré que no contaría nada a nadie.
Otro día me llevó de nuevo, me quitó el pantalón y el interior, me acostó, me alzó las piernas, me estuvo chupando mi pequeño miembro mientras me metía los dedos, al rato sentí ardor, su pene, yo no lo sabía, estaba entrando en mi culito, imagino que solo la cabeza, me pidió que aflojara, el ardor me fue pasando. Así siguió ocurriendo, casi a diario me lo hacía hasta que ya no me dolía nada, siempre me acostaba, me elevaba las piernas y me penetraba, después me sentaba en la taza y me hacía pujar, imagino que para que me saliera el semen.
Ya después me ponía en cuatro, yo nunca vi lo que le metía. A mitad de año mi mamá me dijo que el rector había abierto el colegio en otra parte, que ahora estaría interno, me llevaba los domingos en la tarde y me recogía los viernes. Éramos varios niños. En esa época los internados eran lo normal, aún para pequeños.
Allí él me acostaba en su cama, me hacía que le acariciara su miembro hasta que le salía algo, recuerdo sentir la mano untada. Otras veces me lo metía. Así era la rutina, muchas veces me lo hizo, al año siguiente seguí igual. Nunca dije nada a nadie, no le daba importancia, los niños, me imagino que las niñas, no contábamos nada al respecto, ahora es diferente.
Estando yo de ocho años el hermano también me lo hizo. Después algo pasó y cerraron el colegio ese año.
Sólo hasta los once volví a entrar a un internado, era un colegio muy grande, de curas, ocupaba una manzana entera, había cancha de fútbol, de baloncesto y de tenis. Allí pasé por las manos de varios de ellos, yo debía ser muy bonito porque me asediaban mucho, dos o tres veces a la semana me llevaban a la iglesia, me metían a un cuarto que quedaba atrás del altar, donde estaban los vestidos de dar misa, muchas velas, imágenes, cuadros, sillas, y allí hacían conmigo lo que querían.
Uno aceptaba porque ellos eran la autoridad y los enviados de dios, lo que decidieran estaba bien. A veces estaban en misa y adentro me estaban culeando. Solamente había uno que no me penetraba, decía que el culo era sucio, pero me enseñó a que se lo mamara, hacía que me tragara su leche. Yo era la puta de ellos, a cambio me trataban bien, me daban dinero, golosinas, siempre sacaba buenas notas.
Mi mamá decidió sacarme a mitad de año porque estaba corta de dinero y era muy costoso, el cura rector, que había sido el primero en culearme, le ofreció que me daban media beca, así pude terminar ese año, pero tuve que pagar atendiéndolos, nunca le dije a mi mamá de eso.
Te cuento Rubén, en el fondo no me molestaba, me sentía importante, el tener vergas en el culo no me disgustaba, era una sensación agradable, no me maltrataban, seguido me lo chupaban y eso era muy sabroso. No sentía que fuera gay, marica decían en esa época, no me agradaban los hombres, alguna vez hubo un cura que sí me llamaba la atención, me complacía estar con él, me trataba muy bonito, me acariciaba todo, me besaba, me regalaba vino mientras estábamos los dos, yo salía mareado, me llevaba cajas de chocolates, estuve con él muchas veces. La posición que más le apetecía era él sentado en una silla y yo, algunas veces de frente y otras de espalda, me lo metía. Estaba pendiente de lubricarme bien, me gustaba sentir que eyaculara adentro. Él debía ser gay, había otro cura con el que se saludaban de beso delante de mí.
Allí fue que empecé a fumar, aunque ya sabía, un grupo de tres nos metíamos entre unos pinos y a escondidas lo hacíamos. Algunos me decían marica, me molestaban por eso, de alguna forma sabían lo que me hacían, pero yo no era el único del que abusaban. Pero las burlas me molestaban, los grandes me cogían las nalgas. Hasta una cadena de oro me dieron una vez los curas, dijeron que era un premio por ser buen alumno.
Pero yo no era el único, éramos varios, la cadena de oro, con el tiempo lo entendí, era una marca, a otros les daban una virgen, un dije, así se sabía a qué sacerdote pertenecíamos, aunque cualquiera nos cogía. Una vez ya no estuve solo, estábamos tres, cada uno con su “dueño”, nos veíamos y hasta nos hacíamos señas. Los curas se turnaban, nos trataban bien, ya ninguno sentía molestias. Varias veces fue la reunión de grupo, se los mamábamos antes, a veces no aguantaban y nos tragábamos la leche, eso poco me gustaba, algunas no sabía bien. Ellos también nos chupaban el pene, nos masturbaban, les encantaba cuando eyaculábamos. Nos daban vino, a veces terminábamos medio borrachos, algunos sacerdotes tomaban wiski. Después se unieron dos profesores, había uno que lo tenía muy grande, al principio me dolía. Ninguno se rasuraba, creo que eso no se usaba como ahora. Seguido llegaba uno que creo que era Obispo, llegaba con una o dos monjas que estaban pendientes de él y de nosotros, nos aseaban ellas antes y después, todos los curas le corrían, nos reunían y lo atendíamos, andaba con una sotana grande y daba órdenes. Todos estábamos disponibles para él, nos llevaba de a uno al cuarto en la parte de atrás de la iglesia, nos ponía a chupárselo, nos besaba y acariciaba, nos daba por el culo, no faltaba que nos diera dinero que gastábamos en el mismo colegio, no podíamos aparecer con eso en la casa, pero comprábamos muchas cosas en la tienda del colegio, yo invitaba a mis compañeros en los descansos.
Un par de veces, de pronto más, el cura estaba dando misa, cuando empezaba el sermón pasaba otro y el primero se metía al cuarto, a alguno de los que estábamos allí nos pedía que se lo chupáramos y después nos clavaba, se corría rápido para salir de nuevo a seguir con la misa, aún le escurría el pene, jajaja, no llevaba ropa interior, se alzaba la sotana y ya, son descarados.
Le dije a “mi dueño” que estaba aburrido por las burlas de los grandes, me pidió que le dijera quienes eran, dejaron de molestarme, no sé cómo sucedió eso pero andaba más tranquilo. A mis compañeros les pasaba lo mismo, todos descansamos del acoso.
En la casa se lo chupaba a mis dos hermanos, me metía debajo de las cobijas, era algo que yo hacía por costumbre, después de todo por lo que había pasado eso era lo más normal para mí. Intentamos darnos por el culo pero las cosas no se dieron.
De allí salí, junto con mis hermanos, que eran menores, a un internado fuera de la ciudad, mi mamá nos recogía los viernes y nos regresaba los domingos. Yo ya me había acostumbrado a la verga, me metía lápices o lo que encontrara que se asemejara a un pene, ya sabía masturbarme, esa costumbre nunca se me ha quitado, aún hoy lo hago, hasta tengo un vibrador que utilizo de vez en cuando.
Los cachondeos con mis compañeros no se hicieron esperar. Nos penetrábamos en los baños, o en una escalera que había en un tercer piso, era la subida a la capilla, siempre estaba solo ese sitio. No sé qué energía había para que a los que nos gustaban esas prácticas nos fuéramos agrupando. Eran verguitas pequeñas las que teníamos, pero nos entreteníamos, nunca hubo besos o cosas así. Después conocí a uno más grande, dos años mayor, ese lo tenía grande, era mayor que todos aunque estaba en el mismo curso de nosotros, ese sí sabía hacerlo.
—Mono, me decía, camine que le tengo un regalito, y se reía. Nos íbamos a la entrada de la capilla, siempre estaba cerrada y sola, y allí él me lo metía hasta que me dejaba la leche adentro, después me ponía el culo, nos divertíamos y yo calmaba las ganas.
En los internados había mucho homosexualismo, los de último grado tenían habitaciones aparte y allí lo hacíamos.
El dormitorio era grande, muchas camas con cubrecamas blancos, todos iguales, pero los de último año tenían habitaciones individuales y privadas. Uno de ellos se enamoró de mí, así terminé complaciéndolo, era bastante vergón, eso lo recuerdo, jajaja. De eso se enteraron dos más, así que todas las noches alguno me clavaba. A veces me cansaba y me negaba, pero casi siempre me dejaba. Y para completar, el profesor de inglés, y que a la vez era el encargado de los dormitorios, también supo y se aprovechó la situación. Y ya con él a favor de los grandes, realmente no era mucho lo que yo podía hacer, porque él mismo se encargaba de tapar las cosas. Yo no era el único, supe de cuatro más a los que cogían también. Como yo sabía mamar muy bien me buscaban bastante, les hacía unos “rapiditos” en cualquier sitio.
Allí estudié dos años, me trataban bien, me daban onces, cigarrillos, a veces algo de dinero. Seguí “jugando” con mis compañeros, prácticamente el tiempo lo pasaba dedicado a pensar y a tener sexo, pues además de lo que le hacían, yo me masturbaba seguido. El profesor de inglés fue el que más me disfrutó en los dos años. Hicimos un grupo de los que poníamos culo y nos reuníamos a fumar y a tomar, el trago poco, pero sí fumaba, todos lo hacíamos.
Amigo Rubén, no tengo malos recuerdos, todo era parte de la vida y punto, no culpo a nadie ni lloro por eso. Los hombres nunca me gustaron, siempre las mujeres, pero tener algo metido atrás me da unas sensaciones increíbles, aún ahora, imagínate yo aquí solo todos los días.
De allí en adelante las cosas cambiaron, el internado se acabó así que regresé a estudiar acá a la ciudad. Mis prácticas personales no se quedaban atrás, en la privacidad de mi habitación me metía de todo, lápices, esferos, trapos, palos de escoba, lo que fuera, todo acompañado siempre de una buena paja. Las masturbaciones eran muchas.
Empecé a tener novias, si me daban alguna oportunidad yo les agarraba lo que fuera, algunas se molestaban. Eran épocas en que las niñas no eran tan fáciles como ahora, llegarles más allá de un beso era una lucha. Pero logré tocar y tener sexo con algunas pequeñas, Entré a trabajar al cumplir los 18, allí me asedió un vicepresidente de la empresa, me encerraba en su oficina y me agarraba el pirulo, me ofrecía llevarme a su casa a ver porno, nunca fui, pero me masturbaba y me mamaba hasta que yo eyaculaba y después me daba por el culo, varias veces sucedió. Nunca me pidió que lo penetrara. Y logré sacarle dinero, me daba sin problema.
Un compañero me prestó una revista porno, se llamaba “Las aventuras de Ana y Raquel” y allí empezó mi afición por eso, no era fácil de conseguir ese material, pero me las ingeniaba, me encantaba una revista, Pimienta, salían fotos y relatos y otras cosas. Asistía a todas las salas porno que había. A los 21 me casé, allí tuve oportunidad de tener sexo con una sobrina de mi esposa, la chiquilla tenía 7, creo que es de lo que más disfruté. A los 30 compré un betamax y alquilaba películas. Ginger Lynn, una rubia hermosa, Ilona Anna Staller, la Cicciolina, Amber Lynn, Misty Dawn, Linda Lovelace de Garganta profunda, son las que más recuerdo, pero fueron cientos de videos.
Así he seguido, toda una vida dedicada a eso. Ahora es en el computador. Angie se me antojó muchas veces, pero me frené, además andaba muy ocupado con el trabajo y el estudio, pero me encantaba verla.
Esa es mi historia, Rubén. No pienso que el sexo sea malo en una niña, yo estoy bien, he sido feliz, me habría gustado hacer más cosas. Cuando te conocí tuve la sensación de que eras un buen tipo, por eso te he abierto las puertas de mi casa y te he dejado a mi nieta. Pienso que los recuerdos y el gusto que ella pueda tener serán de acuerdo a como sean sus inicios, no te perdonaría que la trataras mal, por lo demás, si yo la veo contenta, no hay problema.
Ya he hablado mucho, nunca lo había hecho, eres la única persona que conoce mi historia, espero que correspondas con tu silencio.
—Pablo, he quedado sorprendido, de verdad, te agradezco la confianza, tus secretos están seguros, y yo te voy a colaborar para que disfrutes de tu nieta. Te voy a dar un consejo, es importante que te arregles, andas muy descuidado, no sucio, pero sí dejado. Arréglate el cabello, eso incluye cabeza, cejas, orejas y nariz, esos pelos largos te hacer ver más viejo, quítate el bigote, no es que esté mal, pero te necesito sin eso y, por último, rasúrate los pelos de abajo, que quedes como yo. Además vamos a ir a odontología, que te hagan una limpieza y los arreglos necesarios. Esas son unas recomendaciones, te sentirás y te verás mejor. Y vístete más informal, más juvenil, sin caer en el ridículo claro está. Si quieres vamos los dos y cambiamos ese ropero, la presentación y el aseo son importantes.
—Gracias por tus indicaciones, en verdad me he abandonado un poco, en todo tienes razón. Lo del bigote no lo entiendo, lo he tenido por muchos años, pero acataré tu insinuación, por algo lo dirás. Me gustaría conocer a tu esposa, si quieres yo voy con la niña hasta tu casa, ya me dirás cuándo hacerlo. Eres un verdadero amigo, y a la vez como un hermano. Soy de pocos amigos, así como me has contado que eres tú, coincidimos en eso también. Nunca encuentro alguien que compagine conmigo de esta manera. Y ahora con lo de la niña te he tomado un especial afecto. Ya llevamos tiempo de amistad, cuenta conmigo siempre, te lo digo de verdad.
Rubén se comprometió a contarle su historia, que, aunque no era tan amplia como la de Pablo, sí tenía cosas interesantes.
Fueron a almorzar, Rubén compró otro frasco de Kéfir y un pote de vaselina, recogieron a la niña, la pequeña se alegró de verlos, le pidió a Rubén que la alzara y así se fueron a la casa. Nuevamente se negó a ir al parque, les dijo a los dos que quería ir a ver pelis.
Pablo fue al baño y alistó las vitaminas de la niña, la pequeña se las tomaba sin hacer caras, además de estarse acostumbrando al sabor, el afán de irse con Rubén hacía que no le pusiera problema. Pablo le dijo a Rubén que ese día Angie se demoraría, que él iba a hacer una vuelta y en una hora regresaría.
Rubén bañó a la niña, de nuevo la vio hacer pis, era una escena hermosa, le pidió a Bella que lo dejara limpiarle el gatico con la lengua, a ella le causó gracia, pero se lo permitió, la paró sobre la taza del baño y allí pudo hacerlo, los residuos de orina le parecieron exquisitos, la niña reía mientras el chupaba aquella hermosa vagina. Durante el lavado del culito se atrevió a meter todo el meñique previa lubricación, Isabella lo aguanto sin problema, esto le llevó un buen rato a Rubén, lo hizo hasta que notó que ya no había resistencia, su dedo medio alcanzó a entrar un tercio, lo que lo llenó de satisfacción.
Isabella se desnudó sola y se acomodó bocabajo en la cama mirando hacia la tele en espera de la peli. Le pidió a Rubén que primero pusiera la de las niñas bailando mientras le acariciaba las nalgas y las piernas, después pidió que se la pusiera de nuevo, se paró y se movió al ritmo de la música, a la vez que cantaba. Rubén escogió la peli completa de las cinco niñas, anteriormente sólo eran apartes. Mientras la veían la recostó en su pecho y se dedicó a entrenar a la niña para que se masturbara, a que explorara su vagina buscando los puntos en los que sentía más placer y enseñándola a que se metiera el dedo, Isabella decía que sentía ardor, él le dijo que no se lo metiera tanto, apenas en la entrada. Que con el tiempo podría hacer lo que hacían en la peli. Y le hizo caer en cuenta que eso sólo dolía una vez, la primera, después nunca más.
—Si intentas llegar más adentro tu gatico se acostumbrará y así podremos hacer otros juegos —le dijo Rubén haciéndole una ligera presión.
Mientras la chiquilla se tocaba su gatico, cosa que disfrutaba, Rubén se untó el dedo del medio de vaselina, la recostó de medio lado, él detrás de ella, sintió cómo iba ganando terreno en el culito. A pesar de haber eyaculado hacía poco, su pene estaba erecto, hubiera querido en ese momento enterrarle la verga, pero sabía que era mejor tener paciencia, y tampoco quería causarle nunca algún daño.
Las niñas del video se divertían maravillosamente, se besaban, se introducían dedos, bolas, dildos, se chupaban sus huequitos, jugaban y reían y fumaban. Isabella estaba encantada, sus manitas se daban placer por delante mientras Rubén gozaba metiendo y sacando sus dedos llenos de lubricante, ya había logrado hacerlo con dos y ella no había mostrado molestia alguna. Los hundió profundo mientras le besaba el hombro, el pecho, la cabeza, además de no parar de decirle lo hermosa que era, entraron completos, la peli estaba por finalizar, Rubén empezó a bombear más rápido, la cara de Isabella cambió, estaba próxima a un orgasmo.
— ¿Preciosa, quieres que te ayude con mi boca?
La niña aprobó con la cabeza. Sin sacar los dedos Rubén se acomodó, se arrodilló frente a ella, admiró aquella humedad, disfrutó de su aroma, de su sabor, de su textura. Isabella explotó, gimió, lo agarró por la cabeza en un acto reflejo, subió la cadera y empujó su vagina contra la boca mientras respiraba agitadamente. Cuando Rubén considero se retiró, sacó sus dedos despacio y la dejó allí tendida, encogida, sudorosa. Contempló fascinado aquel pequeño y hermoso cuerpo, su ojete abierto y ligeramente enrojecido.
De nuevo la besó empezando por sus nalgas, la iba tocando, aprendiéndose de memoria aquella bella e inocente figura. Ella estuvo quieta unos minutos dejándose hacer.
—Eres lo más maravillosos que he visto —le dijo Rubén mirándola fijamente—, ¿me permites darte un pequeño beso en la boca?
Isabella sonrió y estiró los labios, Rubén tuvo un estremecimiento que le recorrió todo el cuerpo. Le hizo señas para que sacara la lengua, ella le mostró la punta, él la chupó con deleite por unos segundos, hubiera querido comérsela toda, meterle la suya, pero pensó que había sido suficiente.
“Buenas”, se escuchó, era Pablo que acababa de llegar. Isabella miró asustada a Rubén, pero él la calmó y salió. Sabía que el abuelo no iba a entrar sin avisar, pero la niña no. Pablo estaba parado en la sala, sonreía, se había mandado arreglar el cabello y todo lo que le dijo Rubén, hasta se había quitado el bigote.
—Amigo —dijo Rubén con cara de asombro—, realmente cambiaste, te quitaste como 10 años, hasta tú te debes sentir diferente, le dijo en voz baja.
—Jajaja, la verdad sí, me veo y me siento extraño, faltan los pelos de abajo, apenas tenga oportunidad los arreglo. ¿Cómo está la niña?
—Muy bien, pasamos un rato muy agradable. Y ya que te quitaste le mostacho, te voy a premiar. En 10 minutos párate al pie de la puerta de la habitación de Isabella y espera mi señal. Aséate bien las manos.
La niña se había puesto falda y blusa y estaba mirando la peli de las 5 pequeñas. Rubén se le sentó al lado y la abrazó.
—Rubén, yo quiero esas bolitas, ¿me las puedes conseguir?
—Claro que puedo, se llaman bolas chinas, así podemos hacer lo que hacen ellas, ¿te gusta todo lo que ves?
—Sí señor, y también juegan con un palito.
—Ese palito se llama vibrador, causa unas sensaciones en tu gatico y en tu colita que son muy ricas, más o menos como lo que te hago con la lengua y con los dedos, así como te he enseñado. Te propongo un juego: yo te voy a tapar los ojos y te voy a dar besitos allá abajo, tú solo vas a pensar en lo que están sintiendo.
— ¿Cómo el juego de la gallina ciega?
—Algo así, verás que te gustará, me puedes ir contando cómo te vas sintiendo, ¿de acuerdo?
Isabella se emocionó con el juego, él la desnudó, buscó y encontró una blusa roja, la dobló, se la puso en los ojos atándola atrás y comprobó que no veía. La acostó dejándole las piernas colgando y empezó a besarla desde los pies. Paró un momento, le dijo que se iba a poner más cómodo, sin hacer ruido abrió la puerta y le hizo señas a Pablo de que entrara en silencio.
Rubén de nuevo se acomodó y siguió con besos y caricias, Pablo estaba absorto, miraba a su niña allí, expuesta totalmente, los brazos doblados hacia arriba, las manos moviéndose, la cabeza girada hacia el lado derecho, la boca entreabierta y las piernas recogidas, Rubén ya le había metido un dedo en el trasero y le besaba la puchita. Isabella suspiraba, respiraba un poco más rápido de lo normal.
— ¿Cómo te sientes?
—Rico, chúpame más rápido.
Con señas Rubén le preguntó a Pablo si quería pasar él, como era de esperarse accedió, le hizo señas para que se untara vaselina en los dedos, retiró el suyo y Pablo empezó a meter el de él, Rubén le dio espacio y lo dejó para que disfrutara de aquella belleza.
El abuelo, de dedos ligeramente más gruesos, lo hundió profundo, apenas un movimiento de cadera fue la respuesta, abrió con su mano derecha los labios vaginales y contempló el himen intacto, metió su lengua hasta tocarlo, lo hizo durante un rato mientras el dedo en el ano entraba y salía, después su lengua buscó la pepita y allí empezó su trabajo, sabía lo que hacía pues Isabella no tardó en empezar a gemir.
—Cuéntame qué siente, muñeca —le pidió Rubén.
—Creo que me va a pasar otra vez, dijo con palabras muy suaves, casi inaudibles.
Rubén le alcanzó el pote de vaselina a Pablo y le indicó que metiera dos dedos, el abuelo así lo hizo mientras seguía pegado al pequeño clítoris. De nuevo la niña alzó las caderas al sentirse invadida en su ano, Pablo dejó los dedos quietos pero hundidos. El otrora pequeño ojete ahora estaba dilatado, Rubén pensó que en pocas sesiones estaría listo para depositar allí su verga y su semen, y ya que la niña lo había pedido, le compraría unos juguetes.
Bella empezó a gemir, tomó la cabeza del abuelo y se restregó, los gimoteos en medio de una respiración entrecortada y una ligera sacudida del pequeño cuerpo indicaron que había llegado al clímax. Pablo miró a Rubén, este le indicó que saliera. Pablo se retiró, Rubén le quitó la venda, ella abrió los ojos tan solo un poco, la luz la enceguecía, sonrió mirando a Rubén y se quedó relajada, suelta totalmente hasta que se quedó dormida.
Rubén la acomodó de medio lado con mucha suavidad, la cubrió y la dejó allí, se regocijó al ver aquella escena que lo enterneció mucho.
Encontró a Pablo en la cocina haciéndose la paja.
—Esto ha sido demasiado, necesito calmarme o me dará un infarto.
—Espera, no seas tan impulsivo, vamos a prepararle a la niña sus vitaminas, no creo que tarde demasiado.
Rubén sirvió un poco de Kéfir en un vaso, los dos se bajaron los pantalones y se empezaron a masturbar mientras sonreían. Sus vergas estaban totalmente erectas, la excitación era muy notoria, respiraban agitados mientras se sacudían sus miembros. El primero fue Pablo, dos chorros fuertes seguidos de un goteo, unos segundos fue Rubén, un poco más abundante. Los dos se rieron de su hazaña.
—Rubén, gracias, de verdad, qué momento tan hermoso el que acabo de pasar, no tengo cómo pagarte, me siento lleno de energía, de ilusiones. Ver esa rajita intacta, saborearla, ¡uf, qué maravilla! Y ese culito, ya está casi listo. Y ya entendía el por qué debía quitarme el bigote.
—Sí, señor, para eso era que quería que te quitaras el bozo, la pequeña no sintió la diferencia entre tú y yo.
Pasados unos diez minutos se apareció la niña, despeinada, medio vestida.
—Me quedé dormida, estaba muy cansada. De pronto su cara cambió. ¿Abuelo, qué te hiciste?
—Mira muñeca, decidí quitarme el bigote y arreglarme un poco.
—Te ves lindo, me gustas más así, y te arreglaste el cabello.
—Es para que me veas mejor. Toma tus vitaminas, te ayudarán que te recuperes.
Isabella se bebió el yogur, esta vez lo hizo más despacio, sacó unas galletas y acabó todo.
—Jajaja, abuelo, te ves raro, mi mamá se va a sorprender. ¿Se demora?
—Parece que sí, está con compañeros del trabajo. ¿Y ustedes dos qué hicieron mientras yo no estaba?
—Viendo pelis, pero no son para ti, y jugando con muñecas, respondió mientras le guiñaba el ojo a Rubén.
—No me parece justo que yo no las pueda ver, debías dejarme mirar y yo decido si me gustan o no. Vayan a jugar mientras yo preparo algo de comer, no tardo.
Rubén se recostó en la cama de la niña, notó que la pequeña no se había puesto pantis. Isabella se sentó sobre sus piernas y dejó ver toda su intimidad sin recato alguno, en realidad no le importaba.
—Rubén, ¿sabes qué? Me gustaría que mi amiga del cole viniera y mostrarle pelis, sé que le van a agradar, y así puedo conversar con ella, he tenido muchas ganas de contarle, pero sé que es un secreto entre los dos, pero si ella viene y yo se las enseño, ya no habría problema.
Rubén pensó en que eso sería un riesgo, pero a la vez una magnífica oportunidad, a lo mejor él podría aprovechar la situación, bastante pensaba en Paula, y también Pablo, y en cuanto al peligro, pues no parecía ser mucho, estaba visto que las dos sabían lo que era un secreto.
Isabella le contó que la amiga se llama Paula, tiene ocho años recién cumplidos, vive cerca, y a veces, especialmente los fines de semana, a alguna de las dos la llevan una tarde a la casa de la otra.
—Aunque la casa de ella no es bonita como la mía, son pobres, ella no tiene tele. La mamá le compró un celu porque a veces le tiene que enviar mensajes, pero es a la escondida porque en el cole no nos dejan a las pequeñas, pero muchas tienen.
Rubén accedió al pedido de la pequeña, pero le dijo que era algo para lo que él debía estar presente porque esas películas no podían caer en manos diferentes, permitiría que las dos niñas las vieran, pero ahí, en la habitación de Isabella, y debería ser un día en el que no estuviera Angie.
Isabella le recordó el compromiso de comprarle lo que usaban las niñas de la peli, él le dijo que no habría problema, que le cumpliría.
—Mira que siento un poquito de ardor en mi colita —le dijo Isabella agachándose y enseñando su ojete.
—En un rato ya no sentirás nada, es solo por el principio, después, cuando tu colita se acostumbre, sólo sentirás gusto. Igual pasará con tu gatico, de a pocos se adaptará como les sucedió a las niñas de las pelis que has visto, no les arde ni les duele, pero para eso falta tiempo.
—Anoche traté de meterme el dedo en mi cuquita, pero siento como una punzada, solo me puedo meter la mitad, no como las niñas que se meten cosas grandes.
—No te afanes, estás aprendiendo y adaptando tu cuerpo, hay mucho por aprender. Muestra cómo te haces en tu cosita.
Isabella abrió sus piernas y empezó a tocarse con ambas manos, su rostro mostraba gusto por lo que hacía, él disfrutaba verla cómo se abría con las dos manos.
—Siento que tu coso se agranda, le dijo mientras movía las nalgas sobre el endurecido pene de Rubén, a la vez que se masturbaba.
—Bebé, es gracias a ti, a tu belleza, a lo que haces, eso me excita, así como tú en este momento.
—Soy bien puta, soy bien prosti, aguanto más que una yegua, se la entierra, se viene, se caga y se mea.
Repitió ese estribillo mientras se sonreía mirando a Rubén y moviendo las nalgas como si estuviera bailando.
—Sigue así mi muñeca hermosa, sigue así, regálame un orgasmo.
Ayúdame tú, le dijo Isabella mientras acercaba su vagina a la boca de Rubén. Él la tomó por las nalgas, la acomodó y se dedicó a chuparla mientras sus manos jugaban con el resto de su menudo cuerpo, un dedo llegó hasta el ojete y lo penetró, no totalmente, apenas lo necesario para aumentarle el placer, unos minutos después recibía en su boca aquellos exquisitos jugos mientras Isabella gemía agarrada a la cabecera de la cama.
“Soy bien puta, soy bien prosti”, fueron sus palabras antes de caer de medio lado agitada y sudorosa. Rubén se agachó y le besó las nalgas, en ese momento se dio cuenta que habían sido espiados por Pablo pues notó un ligero movimiento de la puerta. La cubrió para dejarla descansando.
Cuando llegó a su casa se dedicó a buscar videos de niñas masturbándose para que Isabella mirara. Quería descansar el fin se semana, no salir. Ya le había dicho a Pablo que se verían el lunes; sin embargo, él lo llamó a decirle que le gustaría aprovechar el sábado para ir a conocer a su esposa y su casa, Rubén le dijo que los esperaba a tomar onces.
La esposa de Rubén accedió de mala gana a quedarse, Isabella, Angie y Pablo llegaron con un ramo de flores para la señora y una torta, eso ayudó a que ella fuera más amable con ellos.
Por fortuna no se demoraron mucho y el rato fue agradable para la visita, para Rubén no tanto. Una vez se fueron ella le empezó a hacer reclamos porque hacía rato que él se la pasaba con ellos y no con ella que se pasaba trabajando, que la casa andaba muy descuidada porque él ya no la atendía, lo cual el aceptó y se comprometió a darle solución. A lo de estarse con ella le dijo que ella no permanecía en la casa, salía temprano, atendía dos trabajos, se iba con las amigas, en especial los fines de semana y eso era desde hacía muchos años, que quien se la pasaba solo era él y ahora ella se molestaba porque había conseguido dónde pasar los días. Que ni siquiera un domingo porque madrugaba a misa y hasta por la tarde regresaba. Que si quería él se iba.
Cuando ella escuchó que el la amenazó con irse le bajó a la cantaleta, quedaron en que Rubén estaría más pendiente del aseo y arreglo de la casa, ahí terminó por ese día la discordia.
—De todas formas te informo que estoy planeando irme unos días para la finca, aún no tengo fecha.
—Me parece bien, le respondió ella, la compraste y no vas casi nunca, me avisas para yo saber, a mí no me gusta ir por allá.
La finca la había comprado hacía como 4 años, quedaba a dos horas de la capital, un clima agradable, sobre los 21°, una señora del pueblo iba a hacerle limpieza una vez a la semana, y lo que decía la esposa era verdad, muy poco iba, ahora quería ir a descansar unos días.
En la noche recibió una llamada del amigo Guillermo.
—Hola, Rubén, fue muy complicado tuve que hablar con los administradores de un par de almacenes, hay uno que tiene la muñeca, dice que desde hace años quedaron dos y tiene que buscarlas, pero que sí las tiene, fue que prohibieron la venta pero la fábrica nunca las recogió. Que me vende una o las dos, a 150 euros cada una o las dos en 250, pago en efectivo, sin factura ni garantía, que me hace el envío al hotel. ¿Qué opinas?
—Pues es bastante dinero, pero acepto, hazme el favor de comprarme las dos, ya mismo te hago llegar el dinero.
—De acuerdo, mañana ya regreso, ahora paso y le digo que me haga la vuelta. Y quiero que me cuentes cual es el misterio, de verdad que estoy intrigado.
Hablaron otro rato poniéndose al día, Rubén le dijo que el chisme se lo daría en persona.
Continúa
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