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Incestos en Familia

RUBÉN 8

Historia real, empieza en año 2023, Bogotá, la he escrito en base a anotaciones y recuerdos…Parte 8.

Parte 8

El domingo se fue a buscar un Sex Shop, no estaba acostumbrado a eso, la vendedora muy seria pero atenta le iba explicando, ¡como si él no supiera! Consiguió un Plug anal en silicona médica, con diámetro de 2.8 centímetros, por 7.5 de longitud, color rosado, talla S,  comparó con su dedo y le pareció indicado, se antojó de una cola con plug anal, pero era en acero y pesaba mucho para la pequeña, pidió un juego de bolas anales, diez en total unidas por un cordón, desde 0.5 a 2.5 centímetros de diámetro, desde una muy pequeña hasta una grande, pensó que era ideal para Bella, y un vibrador de dedo de apenas 7 cm de largo por 1.8 cm de ancho, le pareció estupendo para iniciar a la niña, y no faltó una buena provisión de lubricantes, quería más pero no le pareció prudente, debían ser cosas para usar cuando él estuviera presente, de resto se las debía llevar o dejarlas a guardad por Pablo.

Llegó a la casa, decidió no masturbarse, se aguantaría para poder darle más vitaminas a Isabella al siguiente día.

Pablo lo llamó en la noche, le pidió que lo acompañara desde temprano, así que madrugó bastante.

—Como te imaginarás —le dijo Pablo—, he estado muy pendiente de Isabella estos días, permanece mucho tiempo encerrada, después de que vi cómo se comporta contigo, pienso que no para de tocarse, de solo imaginarla permanezco con la cabeza llena de morbo. ¿No te has acordado de la cámara?

—Sí me he acordado, pero parece que no está cargando, nos tocará comprar una, no son caras. Deja leche para las vitaminas, no te la saques toda, yo le tengo una buena dosis para esta tarde.

—Isabella me dijo que tú te habías ofrecido a mostrarle películas a la amiga Paula, ¿es verdad? —preguntó con cara de extrañeza Pablo.

—Es cierto, pero porque ella me lo pidió, y a mí, la verdad, me entusiasma.

—Pues a ver cómo te programas, porque le va a decir que venga este fin de semana, espero que Angie tenga alguna salida, porque si va a estar en la casa, todo se complica. Y la verdad, me da miedo que terminen contando, a eso le temo.

—Sí, Pablo, tienes razón, debemos andar con cuidado, ya veremos cómo hacer con lo de Paula, ¿qué edad tiene ella?

—La misma, son del mismo grado.

Rubén le enseñó los juguetes que le había comprado a Isabella, los dos se excitaban de imaginarse a la niña con cosas.

—Pablo, no se los voy a dejar a ella, puede descuidarse y Angie podría encontrarlos, ¿te haces responsable de guardarlos cada día? O yo me los llevo, aunque no me gustaría.

—No, Rubén, yo me encargo de eso, aquí tengo muchos lugares donde puedo mantenerlos seguros.

—Otra cosa, Pablo, debes guardar los videos en una carpeta que tenga contraseña, si eso alguien lo encuentra nos fregamos, ¿entiendes? Yo aparezco todo el tiempo.

—Claro que sí, por eso me da temor lo de Paula. ¿Cómo guardo eso, me enseñas?

Rubén le enseñó paso a paso, hizo que el mismo Pablo lo hiciera varias veces, Rubén no quiso conocer la contraseña, solo Pablo, así había más seguridad.

Antes del mediodía ya estaban de regreso, era a reclamar unos medicamentos, Pablo ya no quería estar solo. Se tomaron unos tintos, se fumaron varios cigarrillos, almorzaron y se fueron a recoger a Isabella, iban para el parque pero la niña les dijo que prefería irse directo a la casa. Y como cosa rara a Bella le dio porque Rubén la llevara alzada, se le abrazó a la cintura con ambas piernas y al cuello con los brazos.

— ¿Oye Rubén, cómo es tu nombre completo?

—Me llamo Javier Rubén, pero siempre me han dicho Rubén porque así se llamaba mi abuelo paterno.

Bella se quedó pensando mientras seguía colgada a él.

—Te puedo decir Javi? Tío Javi?

—Jajaja, claro que sí, si tú así lo quieres, me parece bonito. ¿Y por qué lo de tío?

—Porque te quiero mucho.

—Listo, seré lo que tú quieras.

Rubén y Pablo rieron con ternura ante la ocurrencia de Bella.

—Javi, —le dijo Bella acercándose al oído y en voz muy baja—, le enseñé a Paula la canción de la puta—, y se sonrió.

Rubén, no supo qué decir, supuestamente Pablo no sabía, así que le dijo que más tarde hablaban de eso.

—Paula dice que le va a pedir a la mamá que la traiga el sábado para estarse conmigo y ver pelis, le dije que viniera a desayunar, ¿está bien, Abue?

—No hay problema, Bella, trataremos de que todo nos salga como lo esperamos, recuerda que  no puede estar nadie diferente para eso, es un gran secreto, si está tu mamá, o la de Paula, no podremos, lo tienes claro?

—Yo lo sé, tío Javi, sino se puede nos dedicaremos a jugar las dos.

Rubén sugirió que en caso de que Angie se quedara en casa, entonces podrían ir a un centro comercial, o a un parque, lo que fue aceptado por Bella y Pablo.

Llegaron a la casa, la pequeña se fue a su habitación tomando de la mano a Rubén.

—Te traje unos videos diferentes, vas a aprender mucho. Ponte cómoda, ya vengo.

Rubén le colocó una peli para que fuera mirando y bajó a la cocina, allí los dos alistaron el Kefir, se masturbaron como ya era la costumbre, dejaron bastante semen encima de la bebida, lo disolvieron con el mezclador.

—Pablo, nada que te rasuras.

—Sí, tengo que hacerlo, te prometo que ahora me pongo en esas.

—Pablo, Bella le enseñó a Paula la canción aquella que se aprendió viendo bailar reguetón, ¿recuerdas?

— Pero Paula ya sabe, a eso es que viene, Bella le debe haber contado muchas cosas, no te preocupes, le dijo Pablo.

La llamaron, bajó con solo una camiseta y los pantis, se deleitaron viendo a la niña tomarse sus vitaminas.

—Me supo un poco amargo al principio —les dijo mientras se apuraba el cuarto de vaso que le quedaba—, pero así voy a estar fuerte.

Las miradas de pervertidos se cruzaron y sonrieron.

— ¿Qué van a hacer ahora? —preguntó Pablo.

—Vamos a ver pelis, abuelito —respondió la niña—, no tengo muchas tareas.

Ya los dos habían acordado que Rubén dejaría la puerta entreabierta. Rubén se la llevó al baño, Isabella no ponía resistencia alguna a lo que Rubén le decía. Se dejó desnudar, Rubén la puso en cuclillas sobre la taza para que orinara, no pudo abstenerse y metió la mano cuando empezó a salir el chorrito amarillo acompañado de un par de gases, ante lo cual ambos rieron, él quería sentir el calor y el olor. Algún día esperaba recibir ese chorro directamente en su cuerpo y en su cara. Después le bañó el culito como ya era costumbre, la secó y la llevó alzada desnuda.

Ya la peli se había acabado, Isabella pidió verla de nuevo, había visto muy poco. Mientras se iba reproduciendo Rubén sacó los juguetes y empezó a mostrárselos.

—Te compré estos juguetes que me pediste —le dijo Rubén mientras se los describía.

Isabella estaba extasiada, los miraba y sonreía, lo tomaba en la mano y los observaba, se había llevado una sorpresa.

— ¿Me lo metes? —le dijo con total inocencia mostrándole el de las bolas, como lo más normal, a la vez que le ofrecía el ojete.

—Espera, niña, primero debemos asearlos, eso siempre se debe hacer antes de usarlos, recuérdalo —y tomándolos se dirigieron al baño, Isabella se había olvidado de la película.

Rubén le enseñó a lavarlos con agua y jabón antibacterial, tuvo cuidado de que la niña lo hiciera sola de manera correcta por si en algún momento se presentaba la situación. Ya con todo listo se dirigieron a la habitación, sin que ella lo notara dejó la puerta entreabierta.

Isabella quería probarlos, Rubén le insinuó que primero fuera uno de los más pequeños, le puso lubricante, la colocó en cuatro patas de forma que fuera totalmente visible desde la puerta, notó que Pablo ya estaba allí. Lo primero era aprovechar la posición y la limpieza para chupar aquel hoyito, su lengua lo ensalivaba a la vez que lo penetraba, con su mano derecha acariciaba la vagina.

— ¿Sientes bien?

—Sí, me gusta, es muy rico, méteme más la lengua —respondió la niña con voz suave mientras estiró la mano tratando de abrirse las nalgas, como intentando que Rubén pudiera llegar más adentro.

Rubén chupaba con deleite aquél hermoso anito, trataba de meter la lengua lo más que podía, era un verdadero gusto, bajaba hasta la vagina donde se quedaba otro rato, le mostraba a Pablo todo. Luego alcanzó el juego de bolas, le puso lubricante, aunque no habría sido necesario, introdujo la primera, la niña solo lanzó un pequeño gemido al tiempo que empinaba el culito, él acarició sus nalgas mientras empezaba un movimiento en el que sacaba un poco lo que le había metido e introducía de nuevo ganando terreno de a pocos.

— ¿Cómo te sientes, bebé? —le preguntó Rubén.

—Bien, me gusta, mételo otro poco.

Rubén no quería meterlo todo aún, hasta la tercera o cuarta bola sería suficiente, quería hacerlo de a pocos, esperaba que hubiere más dilatación, ya habría otra oportunidad. Puso un poco más de lubricante y empujó hasta la mitad de la segunda parte, le pareció que ya era suficiente. Isabella de nuevo gimió, él le acarició el clítoris y le pidió que aflojara el culito, cuando notó que había relajado empezó a meter y sacar. El ano de la pequeña se cerró atrapando el juguete en su interior, ya estaba hecho.

— ¡Ya entró! —exclamó la niña echando su mano hacia atrás y tocándose—. ¿Soy una puta, cierto? Soy bien puta, soy bien prosti, aguanto más que una yegua, pero aún queda por fuera—, replicó ella al tocarse.

—Es de a pocos, no seas afanada, debes irte acostumbrando. Eres hermosa, tu culito se ve lindo, ¿quieres verte?

—Sí, muéstrame cómo me veo.

Rubén la acomodó, la cola se reflejaba en el espejo del tocador, le alcanzó un espejo de mano y se lo dio para que mirara el reflejo del espejo grande, Isabella se miraba y se reía.

—Ya soy puta, Javi—, le dijo—, mételo otro poco.

Rubén aplicó lubricante y le hundió la siguiente bola, Bella gimió y se sonrió.

—Saca y mete, le pidió la niña sin quitar la mirada del espejo.

Rubén lo hacía suave, admiraba esa belleza que tenía el gusto de contemplar, su pene ya estaba muy grande.

—Siento muy rico, es como hacer caca pero hacia adentro, —decía Bella que había dejado el espejo sobre la cama y seguía en cuatro patas con los ojos cerrados y sonriendo, su carita estaba ligeramente sonrojada, la boca entreabierta.

Rubén notó que Pablo no perdía detalle. Bella se giró quedando acostada, alzó las piernas quedando totalmente expuesta.

— ¿Javi, me tocas y me besas mi cosita? —pidió la niña mientras que con su manita se masturbaba.

Rubén se arrodilló, trató de sacar el juguete pero la niña le dijo que no.

— ¿Quieres que te tape los ojitos como en la gallina ciega? Así vas a sentir muy rico.

—Bueno, tápame los ojos.

Rubén tomó la camiseta de ella, la enrolló, se la ató atrás de la cabeza y le hizo señas a Pablo quien entró con mucho sigilo, se puso de rodillas, tomó el juguete y lo continuó moviendo, se acercó y empezó a chuparle la vaginita con mucha suavidad, después aumentó la velocidad sobre el clítoris mientras seguía con el mete y saca de las bolas.

—Javi, más rápido, chúpame, méteme el dedo.

Pablo sacó el juguete, se lubricó el dedo del centro y se lo empezó a introducir, ella gemía y movía la cadera. Pablo lo metió hasta el fondo y después empezó un metisaca mientras le daba lengua.

—Javi, ¡me orino, me orino, soy puta, soy puta!

Un suave temblor y quejidos fueron la indicación de que se había logrado. Pablo chupó lo que salió y se paró dejándole el campo a Rubén.

Rubén la acomodó, la cubrió y la dejó quieta. Tomó el juguete y se fue a asearlo.

—Descansa y disfruta, preciosa, en un rato regreso.

Con cuidado retiró el celular y se fue a buscar a Pablo, lo encontró en su dormitorio recostado mirando uno de los videos de Bella.

—Hola, Rubén, qué felicidad la que me has dado, esos juguitos son un elixir, saben a gloria, es como un sueño, estaré en deuda contigo por siempre.

—No, ¡qué va!, lo mismo puedo decir yo, digamos que estamos a mano.

—Oye, Rubén, quiero que me pases el manual del que hablas, realmente lo deseo.

Rubén tomó en celular, lo buscó y se lo envió a Pablo por WhatsApp.

—Ahí lo tienes, está en formato PDF, recuerda que lo primero es guardarlo en la carpeta oculta.

—Rubén, ya pronto es el cumpleaños de la niña, ¿qué has pensado?

—Ya le tengo un regalo bastante especial, pasado mañana me lo entregan.

— ¿Qué es?

—Una muñeca muy especial, espero que no tener problemas con eso, no te la describo, tienes que verla.

Apareció Bella pidiendo a Rubén que le pusiera película. Rubén la tomó de la mano y se fue con ella.

— ¿Bella, por qué no le pides a tu abuelo que te consienta como cuando estabas más pequeña? Creo que a él no le molestaría para nada. ¿No te gustaría?

—No sé, Javi, me da pena hacerlo, sí me gustaría. De pronto un día no lo volvió a hacer, yo nunca se lo pedía, él solo lo hacía, en especial cuando me estaba bañando, a lo mejor dejó de hacerlo porque yo aprendí a bañarme solita.

—Inténtalo, él te quiere demasiado, te dará alguna razón. Y con el abuelo no debes sentir ninguna pena. Además, sería bueno que él supiera lo que hacemos, ¿no crees?

—Bueno, Javi, cuando tú te vayas voy a intentarlo, te lo prometo, por ahora quiero ver pelis.

—Tu mamá ya no debe demorar, no me gustaría que me encontrara aquí. Mejor te vistes y haces tareas.

—Entonces vísteme tú, tío Javi, porfis.

Rubén sacó pantis, un pantalón, camiseta, la fue vistiendo, la peinó, arregló la habitación, retiró la USB del televisor y se fueron para el comedor a hacer las tareas, en tanto Pablo alistó algo de comer para los tres. Sin que Bella se diera cuenta Rubén aseó los juguetes y se los dio a Pablo. Una media hora después, sin avisar, como hacía algunas veces, llegó Angie, encontró todo normal, como siempre, nunca nada sospechoso. Pero como dice el refrán, “El que la debe, la teme”.

Los cuatro comieron, hablaron haciendo bromas, incluida Bella, que mostraba cansancio y sueño. La mamá se dio cuenta, le pidió que se despidiera y la subió a acostar.

—Espera un momento, Rubén, voy a revisar que todo esté bien con la niña, ya vengo.

Pablo subió a revisar que no fuera a haber algún problema, quería cerciorarse, mientras Angie ayudaba a la niña a asearse Pablo arregló la cama, se despidieron de la niña.

—Hasta mañana, tío Javi, grito desde la habitación Bella.

—Que descanses preciosa—, le respondió.

Una vez la dejaron acostada se reunieron de nuevo los tres.

— ¿Cómo es eso de “tío Javi”?, preguntó Angie.

Rubén le contó cómo habían sido las cosas y le dijo que si le molestaba pues él le pedía a Bella que lo siguiera llamando como Rubén.

—No hay problema, solo que me pareció curioso, y comprendo la actitud de Isabella porque ya llevas mucho tiempo con nosotros, prácticamente eres de la familia, estás con mi papá siempre, se acompañan a hacer sus cosas, eso me da tranquilidad. Además de que estoy asombrada del cambio, ha rejuvenecido, anda arreglado, hasta cambió de ropa, se quitó el bigote, y ya me acostumbre a verlo así, se ve mucho mejor.  Y además me puedo despreocupar porque tú estás pendiente del él, y viceversa, porque saberlo solo todo el día, pendiente de la casa, de la niña, del colegio, de hacer sus vueltas, etc., me mantenía intranquila. Hasta ha cambiado de actitud, de pronto hasta aparece con novia.

Los tres rieron de la ocurrencia de Angie.

—La otra semana es el cumpleaños de la niña, ¿qué le vamos a hacer? — preguntó Pablo.

— ¿Qué querrá ella? —contestó Angie.

—El sábado va a venir Paula a estarse con ella todo el día, seguramente querrá que para su cumpleaños esté ella y otras compañeritas.

—Papá, deberíamos pensar en algo diferente a una fiesta aquí, salir a algún lado.

—Pues pongo mi finca a disposición, podríamos irnos un fin de semana completo, invitar a una o dos amiguitas con sus mamás, no sé qué tan fácil podría ser. Ahí estás los tres carros, allá en el pueblo compraríamos lo necesario, estamos a alrededor de dos horas y media de distancia, ustedes pueden cuadrar para cuando, yo aviso para que la tengan lista.

— ¡Genial la idea!, —exclamó Angie, yo puedo faltar uno o dos días al trabajo, ¿qué opinas, papá?

—Yo encantado, gracias a Rubén por la oferta, yo puedo cualquier día, ya mismo si es el caso, jajaja.

Rubén pensó inmediatamente en Sara, una salida así ayudaría a que la niña le fuera tomando confianza con la ayuda de Bella.

—Yo le tengo una “pinta” completa, de la cabeza a los pies, —dijo la mamá—, juguetes tiene suficientes.

—Yo encargué a un amigo, que fue a España, una muñeca, le dije que algo especial, no sé con qué llegará pero me dijo que ya la tenía, —comentó Rubén para poder tener una disculpa si se presentaba algún problema, en especial con la mamá.

—Había pensado en correr con los gastos de la fiesta, mandarle a hacer una torta especial, y los demás, ahora con la posibilidad de irnos para la finca de Rubén, no sé, estoy pensando que llevar desde acá esas cosas no sería algo práctico.

—No te afanes, Pablo, allá se consigue de todo.

Terminaron de conversar, Rubén se despidió y se fue, como era costumbre ya, Pablo le recomendó que fuera temprano.

Ya estaba oscuro cuando Guillermo lo llamó.

—Rubencho, amigo, ¿cómo estás?

—Hola, Guillo, gusto escucharte, aquí todo bien, ¿dónde andas?

—Estoy cerca a tu casa, voy a pasar a llevarte el encargo.

—No, no vengas, yo salgo, dime dónde estás.

Acordaron verse en media hora en un centro comercial.

—Bueno, aquí tienes tus muñecas, ahora cuéntame el chisme, ¿para quién son? ¿Cómo es eso de que las prohibieron?

Rubén se sintió comprometido pero no sabía qué responder, y no había pensado cómo salir del apuro, la llegada de Guillermo lo tomó de sorpresa.

—Mira, Guillo, no es nada raro, conocí a un señor que tiene una nieta que es una adoración, hemos hecho buena amistad, incluida la mamá, me quieren bastante, hasta “tío Javi” me dice la niña, y está próximamente de cumpleaños, algo leí sobre la muñeca y me llamó la atención porque se ve que es especial, eso es todo.

Guillermo, con quien trabajó hasta hace poco, es, igual que Rubén, ingeniero de sistemas, fundaron los dos un “contact center” en pandemia y ahora le compró a Rubén su parte. Tiene 57 años, separado, una pareja de hijos, la niña de 11 y el chico de 13, viven con la mamá.

—Rubencho, hay algo que no quieres contar, y siento que es con la pequeña, pero no te afanes, otro día me cuentas. Alguna vez me confesaste un secreto, que te gustaban las niñas, yo lo recuerdo, y fue un secreto que no he ni voy a traicionar. Yo te conté que a mí también me atraían, ¿no recuerdas esa conversación?

—Sí, Guillo, y tienes razón, todo tiene qué ver con la niña, pero no es algo que uno vaya contando, una cosa es que alguna vez nos confesamos, otra es decirte que esa pequeña me tiene loco, que ya la he tocado y ella ha respondido. No tengo expectativas, simplemente voy dejando que las cosas se den, solo quiero verla contenta, voy al paso de ella, jamás ha habido ni habrá un maltrato, o forzarla a algo.

Sin entrar en pequeños detalles Rubén le confesó cómo estaban las cosas, todo lo de la muñeca y le pasó el link en donde la muestran. Tampoco le comentó que todo ha sido gracias al abuelo, no le pareció prudente.

—Pásame pelis, me entusiasma pensar en verlas, y me gustaría conocer a esa pequeña y su familia, cuando veas la oportunidad de presentarme pues me avisas.

Día siguiente

Rubén llegó hacia la 10 de la mañana con las muñecas empacadas, Pablo ya estaba arreglado. Se desnudó delante de Rubén y le enseñó cómo había quedado.

—Pablo, te ves genial, muy aseado, pareces un adolescente, y lo tienes parado, jajaja.

—Lo hice siguiendo las instrucciones que me diste, primero con una tijeras teniendo cuidado de no hacerme daño, lo hice muy despacio, después la rasuradora varias veces hasta que ya no se veía nada. Déjame verte, Rubén, me parece que estás excitado, igual que yo.

Rubén se desnudó sin ninguna pena, efectivamente, tenía un erección producto de la situación.

—Rubén, ¿me dejas que te la chupe? Sé hacerlo bien, aunque ya hace mucho de eso.

—Jajaja, este marica, —río Rubén mientras se masturbaba—, pues hazlo, nada por perder, mucho por ganar, pensaré que es mi esposa.

Se acomodaron, Rubén se sentó y Pablo se arrodilló, sin mucho pensarlo empezó una felación lenta, se ayudaba con la mano mientras se lo metía hasta el fondo, Rubén cerró los ojos, se olvidó de que fuera un hombre, no venía al caso, disfrutó de aquélla mamada que no estaba nada mal, realmente Pablo sabía hacerlo, le chupaba la cabeza mientras lo masturbaba, de pronto se lo hundía hasta el fondo, lo sacaba y seguía. Tal vez pasados unos diez minutos Rubén sintió que se iba a correr.

—Pablo, me lo vas a sacar, —la dijo Rubén jadeando.

Pablo aceleró los movimientos con la mano mientras chupaba la cabeza, de pronto sintió que su boca se llenaba de semen, tragó y siguió succionando hasta que obtuvo la última gota. Miró a Rubén que no salía de su asombro mientras sonreía.

—Si la niña se lo toma a diario, ¿por qué yo no? —le dijo Pablo mientras tomaba un vaso que había puesto en la mesa de centro, se empezó a masturbar con velocidad y depositó toda su leche allí, era para Bella. Gracias, Rubén, lo disfruté mucho, y en verdad que sin pelos es agradable. La próxima vez te lo haré mejor.

—Pues Pablo, no te negaré que me gusto, lo haces de maravilla, con razón los curas te querían tanto, y vi que en verdad lo disfrutaste.

Ambos rieron del apunte.

—Y ahí tienes disponible mi culo para cuando quieras, me encantaría volver a sentir una verga adentro, han pasado muchos años desde la última vez, y tú cierras los ojos y piensas que es el de tu mujer—le dijo Pablo soltando una carcajada.

Pablo tapó el vaso y lo dejó en la nevera en el congelador, fue a asearse la boca, y lavarse, Rubén entró a otro baño, y se limpió los restos que le habían quedado y se bañó en pene.

—Mira, Pablo, vamos a ver las muñecas, no las he abierto, es la misma pero quedaban dos, entonces las compré.

Las destaparon, se veían nuevas, bonitas, por lo visto estaban bien almacenadas, Rubén le tocó la barriguita y la muñeca emitió sonido de risa, con la otra sucedió igual, Rubén había comprado baterías por si no funcionaba, pero todo resultó de maravillas.

—Fíjate, Pablo, aquí es lo interesante, si la sientas ella ríe y emite sonidos de sorpresa, el botón que se activa está aquí, le dijo señalando, entre las piernas.

Efectivamente, en la parte de la vagina había se sentía el interruptor, lo tocó y emitió sonidos.

—Y la prohibieron porque si se toca en la parte de la vagina, ella hace sonidos de sorpresa, gusto y alegría, eso lo consideraron inmoral y no sé qué más cosas, porque las niñas van a pensar que deben tocarse allí para sentir agradable, lo cual es cierto, pero no se debe ser explícito, y menos a los 4 años que es la edad recomendada para este juguete.

—Entiendo lo que me dices, en cierta forma puedo encontrar razón hayan frenado la venta, pero es un puritanismo tonto, son santurrones, mojigatos, gente que a todo le busca lo negativo, hasta rezanderos serán, vaya uno a saber si son los que abusan de las niñas y niños y quieren posar como santos. Y las niñas que se dan cuenta de ese detalle son las que ya saben algo. Yo soy una prueba de eso. No veo que pueda haber problema, pero al final Angie es la que decide, esperemos. Tú la regalas y esperamos a ver qué pasa, la idea es que si se le toca la barriguita o se sienta, emite sonidos, eso es todo, no vayamos más allá. ¿Y por qué compraste dos?

—Estaban disponibles, las únicas, pensé que para reparar o reemplazar una si la otra se daña o para regalarla a alguna niña, como Paula, por ejemplo, o alguna otra que se nos ocurra.

—Bien pensado, Rubén, yo las guardo y empaco la de Bella, tengo espacio de sobra. Vamos por Bella, ya es hora. Y te cuento que ya me leí anoche el manual, muy interesante, tú has llevado las cosas de muy buena manera. Lo leeré de nuevo. Le pedí a la niña que me consiguiera el número del teléfono de la mamá de Paula para pedirle que la traiga temprano, en la tarde la llamo.

—Vamos a almorzar a algún lado y después recogemos a Bella, ¿te parece? Hoy no he hecho nada, he estado muy ocupado, —dijo Pablo riéndose.

—Claro que sí, yo invito, he visto un restaurante por allí cerca. Oye, Pablo, estoy necesitando alguien de absoluta confianza que vaya una o dos veces por semana a hacer aseo, ¿me puedes ayudar con eso?

—Hay una muchacha a la que yo llamo de vez en cuando para eso, es de confianza y trabaja bien, lo que pasa es que yo hago todo, pero a veces necesito una ayudita. Y ella tiene una hermana que también se ofrece. Ahora llamo y le preguntamos si puede, o te la paso y hablan los dos.

—Es que mi mujer me hizo el reclamo porque tengo descuidado todo, y es verdad, ella sale temprano, regresa tarde y yo ahora me la paso más aquí que allá, entonces prefiero pagarle a alguien que me haga las cosas. Quiero que lleguemos temprano por Bella, deseo ver a Paula y de pronto hasta puedes de una vez hablar con la mamá, ¿te parece?

En cuanto finalizaron de almorzar salieron por la niña, aún no habían dado la orden de salida. Pablo estaba muy pendiente de ver a Paula, de pronto la vio salir de la mano de un señor, no sabía quién era, no lo conocía, era un tipo grande, trigueño, se dirigieron a buscar a Bella, la niña saludo al abuelo y a Javi y con toda confianza se le colgó a Rubén.

—Bella, —le dijo el abuelo, — ¿quién es el señor que recoge a Paula?

—No le sé el nombre, Paula dice que es el novio de la mamá, a veces ella no viene y entonces lo manda a él.

— ¿Conseguiste el número de la mamá?

—Sí, abue, lo tengo anotado, Paula dice que va a llegar temprano a desayunar.

— ¿Vamos un rato al parque?, le preguntó Rubén—hace rato que no te apareces por allá.

—No, tío Javi, quiero ir a la casa, ver pelis, —y acercándose al oído de Rubén le dijo muy suavemente —y que tú me consientas un rato.

Una vez en la casa Bella le dijo que más tarde se tomaba las vitaminas, subió con Rubén, cerró la puerta, le pidió que le quitara el uniforme, se recostó bocabajo con las piernas separadas y le rogó que le consintiera las nalgas y las piernas. Rubén atendió a la niña, con suavidad, desde los pies hasta la espalda pasaba sus manos, se detenía en cada parte masajeándole casi que por centímetros esa hermosa, suave y joven piel, le abría las nalgas para disfrutar de ver el culito. Así estuvieron como una media hora, en silencio, era un momento que nunca habían tenido, Bella se quedó dormida. Rubén la cubrió con una manta y muy despacio salió para donde Pablo.

—Me puso a mimarla y le cogió el sueño, debía estar cansada, quería ver pelis, a lo mejor ahora que se despierte.

—Ya hablé con Magda para lo del aseo, dice que mañana mismo puede hacerlo, tú me dirás.

—Gracias, Pablo, dale mi dirección y que preferiría que fuera  temprano el lunes, hay mucho por hacer, la estaré esperando.

Pablo le marcó y le pasó el teléfono a Rubén, estuvieron hablando y acordaron que llegaría a las siete del lunes. Al rato bajó Bella, solo tenía puesta una batica corta, nada debajo, se le veían las nalgas cuando abrazó a Rubén y se le enganchó a la cintura, Pablo se sonrió por el hecho de hacerlo sin ningún pudor delante de él. Pidió sus vitaminas que el abuelo le preparó inmediatamente, se tomó el kéfir sentada en los brazos de Rubén mientras él le acariciaba las pompis sin ningún recato, Bella miraba al abuelo y se sonreía, estaba disfrutando que el abuelo la mirara, era una actitud bien extraña, no podían saber qué pretendía. Una vez que desocupó el vaso y el abuelo se lo recibió le estiró los brazos para que la aupara como lo estaba haciendo Rubén, le pasó las piernas por la cintura, los brazos al cuello y se quedó quieta.

—Abue, acaríciame como lo hacías cuando yo era más pequeña.

Pablo quedó sin palabras, miró a Rubén, ambos sonrieron, metió una mano debajo del vestido, la despacio por la espalda haciendo giros suavemente, fue bajando, le agarró las nalgas dándole apretones y deleitándose con aquella suavidad.

—Bella, te amo, eres lo más importante en mi vida, —le dijo el abuelo mientras se dirigía con ella al sofá, donde siguió complaciéndola y tanteando hasta dónde lo dejaba llegar. Pasó un dedo por el ojete, allí se quedó unos segundos. La sentó sobre su pene que ya estaba crecido.

— ¿Abue, se te creció el coso porque te parezco linda?, —le dijo mientras hacía círculos, pegando su vagina al pene del abuelo y después hacia adelante y hacia atrás. Yo también te quiero mucho, me voy con Javi a ver pelis, — le dio un beso rápido en la boca, le estiró los brazos a Rubén, quien la alzó, le hizo un guiño a Pablo y se fue con ella.

Pablo quedó sentado, sonrojado, procesaba lo que había sucedido, no lo entendía pero sentía una desbordante alegría, percibió humedad en su interior, se paró a asearse, la niña le había manchado el pantalón por la falta de pantis.

Bella le dijo a Rubén que quería los juguetes, él no sabía dónde estaban, Pablo los había guardado así que le mintió diciéndole que los había olvidado.

— ¿Isabella, por qué te mostraste así a tu abuelo?

—Javi, tú me dijiste que le dijera que me volviera a consentir como antes, eso fue lo que hice, pero me pareció más bonito hacerlo así, se me ocurrió estando en el cole mientras hablaba con Pao. Además tú no estás todo el tiempo, a veces me gustaría que me apapacharas pero ya te has ido, ahora tengo a mi abue a cualquier hora.

—Tienes razón en todo, Bella, ahora los tres sabemos y compartimos el mismo secreto, podemos actuar sin temor. ¿Entonces todo se lo cuentas a tu amiga?

—Te dije que somos amigas y nos contamos todo. Javi, además que la última vez que jugamos a la gallina ciega, sé que mi abue estuvo atrás chupándome, lo hace diferente a ti, sus manos son menos delicadas y el dedo lo sentí más grueso, yo me hice la que no sabía pero sí me di cuenta, ¿cierto?

—Cierto, preciosa, él estuvo disfrutando de tus hoyitos, bebiendo tus deliciosos juguitos y dándote besos.

— ¡Yupi!, —gritó Bella dando saltos, ya no hay secretos y tengo a dos personitas que me quieren mucho para que me apapachen. Salió corriendo desnuda para donde Pablo, saltó y se le enganchó a la cintura, le dio un beso en la boca diciéndole que lo quería, se bajó y se fue para donde Rubén e hizo lo mismo. Abue, —le gritó a Pablo, ¿puedes venir a ver pelis con nosotros?

—Ahora subo, —respondió Pablo.

Bella le pidió que le pusiera la peli de las niñas que se besan, y que al día siguiente quería que Paula la viera. Se recostó bocabajo y Rubén se dedicó a mimarle la espalda, nalgas y piernas, así estuvieron un buen rato, la peli duraba 30 minutos, tiempo en el que Rubén estuvo con toda la paciencia.

De pronto apareció Pablo, que Angie estaba cerca, que rápido se arreglaran. Bella se paró inmediatamente apurada, entre los dos la vistieron, arreglaron la cama, dejaron ordenada la habitación, quitaron la USB, peinaron a la niña, Rubén se fue para la sala. Cuando Angie llegó Rubén estaba sentado mirando el celular, al momento aparecieron la niña y el abuelo como si nada hubiera pasado.

Conversaron un rato, Pablo le pidió a Angie que llamara a Sofía para que llevara a Paula temprano, así que Isabella estaría acompañada todo el día. Angie hizo la llamada, para alegría de los tres, les dijo que ella saldría antes del mediodía y volvería en la noche y que el domingo estaban invitados a almorzar y a hacer lo que quisieran. Sofía es madre soltera, empleada, vive muy justa de dinero, la pequeña es su motivo para todo. Es bonita, sin la coquetería de Angie, más sencilla en su arreglo, tiene una angelical sonrisa, muy amable, debe estar, al igual que Angie, sobre los 28 años. A las nueve y media llegaron Sofía y la niña, Pablo, Angie y Bella ya estaban esperándolas, una vez que Rubén llegó sirvieron el desayuno, Bella lo presentó a Sofía y a Paula como “el tío Javi”, no hubo necesidad de alguna aclaración. Antes del mediodía Angie dijo que debía salir, que volvería tarde y les recordó que para el domingo tenían invitación, incluida Paula, quien le pidió a la mamá que la dejara hasta el siguiente y que la recogiera en la noche, Sofía acepto con algo de vergüenza pero los ruegos de Paula pudieron más.

Las dos mamás se fueron, quedaron las dos niñas gritando de contento.

—Tío Javi, Paula quiere ver las pelis, ¿las pones?

—Claro, es lo que tú habías pedido y se lo habías ofrecido a Paula, así que vamos.

—Tío, —dijo Paula dirigiéndose a Rubén, lo cual gustó a todos—, quiero ver la peli de la canción de la puta que me enseñó Isa.

La forma de hablar de Paula da a entender que Bella la ha tenido al tanto de todo lo que hace con Rubén, sin filtros, les habla con mucha confianza, se siente segura y querida.

Los cuatro se dirigieron a la habitación, Rubén, sin que se dieran cuenta, colocó los dos celulares grabando, uno desde la ventana hacia la puerta y el otro desde el televisor. Bella se desnudó sin ningún recato, Paula la miraba riendo, miraba a los hombres, no sabía qué hacer.

—Anda, Pao, es más rico ver pelis sin ropa.

—Me da pena con el tío y el Abu.

Pablo y Rubén no decían nada pero ambos esperaban que las dos niñas quedaran desnudas, se veía que Paula, ligeramente más alta que Bella, debía verse hermosa sin nada encima.

—No tengas pena, ellos me conocen, —lo decía mientras se abría las nalgas y le enseñaba el culito y se reía—, o al menos déjate en panti, ¿te parece?

Paula accedió, solo se dejó el cuquito, de resto quedó igual que Bella aunque con algo de pena.

Las niñas se acostaron bocabajo pegadas la una a la otra mirando hacia la tele. Rubén tomó el control, seleccionó la peli solicitada. Las niñas observaban con atención, sin perder detalle, Bella empezó a cantar la canción en cuanto la escuchó, Paula se reía y movía las nalgas al ritmo pero no se atrevía a cantar, volteaba a ver con nerviosismo a los dos hombres que se habían recostado en la cabecera quedando casi sentados y mirando a las nenas. Se les notaba excitados, sus miembros ya mostraban la erección.

—Niñas, ¿quieren vitaminas? —preguntó Rubén mientras le sonreía a Pablo.

—Yo sí quiero, —contestó Bella—tráele a Pao también, —pidió la niña.

Rubén le hizo señas a Pablo, salieron hacia la cocina. Alistaron dos vasos, pusieron el Kefir, se masturbaron hasta eyacular sobre las bebidas, se limpiaron, batieron bien y les llevaron. Cuando entraron vieron a las niñas bailando, Paula aun con su ropa interior. Bella tomó el vaso y se lo bebió sin pensar, Paula, con algo de desconfianza lo probaba.

—Sabe raro, ¿qué es?

—Ya Pao, tómate eso, te he dicho que son vitaminas para que estemos sanas y fuertes, ya te acostumbrarás al sabor, yo tomo todos los días.

Paula se lo fue tomando lento, pero finalmente acabó con todo. Y siguieron bailando, ya estaba un poco más desinhibida se tocaba los pechos, ambas agitadas por el movimiento. Pablo y Rubén las miraban encantados, se acomodaban los penes para que no fueran tan evidentes.

—Tío Javi, ¿qué quiere decir que ponchea huevo de desayuno, almuerzo y de cena? —preguntó Bella.

—Bella, es algo fuerte que les explico más adelante, por ahora sigan con lo que están, aprovechen para divertirse. Voy a ponerles otra peli para que descansen de tanto baile. Rubén escogió una de casi 40 minutos donde dos niñas ya crecidas, como de 10 u 11 años utilizan muchos juguetes que se introducen por todo lado, se chupan, se besan, gimen, hasta un arnés utilizan, terminan en unos prolongados y apasionados besos.  Nuevamente ellas se acostaron bocabajo, frente al tele, muy pegaditas la una a la otra, aún jadeaban y se reían.

Miraban embelesadas todo lo que iba ocurriendo.

—Abu, —habló Bella—, me acaricias las nalgas y Javi acaricia a Pao?

Los dos se miraron y sonrieron, era una orden que ellos acatarían, ellas había dado el primer paso y no iban a perder la oportunidad. Pablo se le acercó a Bella y empezó con lo solicitado, suavemente pasaba sus manos por esos hermosos glúteos que le quitaban la tranquilidad. Rubén se colocó al lado de Paula, con delicadeza, sin decir nada y a la espera de que la niña de pronto se negara, le fue bajando el panty, ella miraba la peli y solo apartó las piernas para facilitar la labor, ni siquiera volteó a mirar, Rubén la desnudó con delicadeza, ella era consiente porque alzó los pies para que Rubén finalizara.

Pasados unos minutos de durante los cuales acariciaron las nalgas, las piernas, la espalda, etc, Bella lanzó otra orden.

—Abue, ¿me metes el dedo? Soy bien prosti, soy bien puta, aguanto más que una yegua. Pao, dile al tío que te meta el dedo, tú también eres bien puta.

Paula no pudo dejar de reír con la ocurrencia y respondió abriéndose las nalgas y dejando ver todo el ojete a Rubén. Pablo se paró y salió, Bella metió la mano por debajo de su estómago y empezó a tocarse la puchita, se le acercó a Paula y le dio un beso en la boca, después sacó la lengua y se la ofreció, Paula la siguió, de manera un poco inexperta empezaron a darse besos de lengua como acababan de ver. Paula tomo a Bella por la cabeza y se unieron en un profundo beso. Por fin llegó Pablo, venía con un pote de vaselina, le ofreció a Rubén quien sacó una buena porción, Pablo se hizo detrás de Bella, se untó el meñique de la mano izquierda y lo pasó a lo largo del culito de la niña que respondió subiendo las nalgas, después tomó más y empezó a lubricar adentro, depende como la sintiera cambiaría de dedo.

Por su parte Rubén actuaba igual, Paula se dejaba, él iba ganando espacio muy lentamente, sin afán, no quería que Paula sintiera molestia. La niña apretaba hoyito, él le pidió que aflojara, ella accedió mientras seguía el morreo con Bella quien no dejaba de masturbarse. Rubén pensó que tal vez Paula no sabía hacerlo, le tomó la mano derecha, se la fue llevando hasta la entrepierna y le mostraba cómo debía hacerlo, se sentía que estaba húmeda.

De pronto Bella se giró, subió las piernas sobre los hombros de Pablo, le pidió que le metiera otro dedo más grueso y que le ayudara con la boca porque se iba a orinar. Respiraba agitadamente, murmuraba las palabras que tanto le gustaba, “soy prosti, soy puta” mientras se masturbaba. Pablo se acomodó, aunque era una posición algo complicada, lo solucionó acostando a la niña al borde de la cama, él se arrodilló, se lubricó el dedo índice y mientras le comía el coñito se lo fue hundiendo, Bella le tomó el brazo y trataba de que le llegara más al fondo.

Rubén actuó igual, la acostó al borde de la cama del otro lado, mientras ya le tenía el dedo adentro la iba enseñando a masturbarse, a girar sus dedos sobre el clítoris, a frotarse, Paula permanecía con los ojos cerrados, la boca entreabierta, “también soy puta” repetía suavemente mientras movía con más velocidad sus dedos.

Bella no aguantó más, su agitada respiración junto con jadeos indicaron que estaba llegando. Cogió por la cabeza al abuelo y se lo apretó contra su conejito mientras un suave temblor le sacudió el cuerpito. Pablo bebía como loco todo lo que de allí emanaba. Bella lo soltó de improviso, se giró quedando de medio lado y recogió las piernas, quedándose quieta.

Paula empezó a recibir lengua de Rubén, su respiración agitada, la boca entreabierta, ojos cerrados por momentos,  por instantes los abría y quedaba con la mirada perdida, con lágrimas, se notaba la excitación y lo sorprendida que estaba. Rubén siguió con su trabajo, la dedeaba y le chupaba el conejito.

—Javi, me orino, —gritó de un momento a otro—, no aguanto más.

—No te preocupes, Pao, deja salir lo que sea, sin temor, disfruta tu primer orgasmo.

Paula empezó a botar sus líquidos, Rubén no perdía una gota, también salió orina que él bebió aunque un poco se escurrió sobre la cama. Paula empezó a llorar, no sabía que le estaba pasando. Isabella se le acercó y la empezó a besar y decirle lo hermosa que se veía. Paula se puso de medio lado contra Bella, se abrazaron, Paula no paraba de llorar, parecía una bebé buscando consuelo en Bella, las dos se abrazaban. Pablo tomó una manta y las cubrió para que descansaran.

—Isa, siento que te quiero mucho, quiero que seas mi hermana, no mi amiga, quiero ser tu hermana.

Eran dos niñas jurándose amor, Paula buscaba refugio en Bella, como si fuera alguien mayor. Y era comprensible, Pablo y Rubén eran extraños, y a pesar de que estaban con ellas era Bella la persona más cercana afectivamente.

Pasados unos minutos, cuando ya Paula se tranquilizó, ellos se retiraron y las dejaron acostadas, no sin antes apagar la tele y retirar los celulares que habían estado grabando. Caminaron hasta la habitación de Pablo, estaban visiblemente excitados y contentos, había sido un verdadero acontecimiento lo ocurrido, no existían palabras para describirlo. Se asearon las manos.

Rubén se desnudó y empezó a masturbarse, le dijo a Pablo que había hecho un gran esfuerzo para no eyacular. Pablo le dijo que le había sucedido igual, que tal vez por el momento en el que la atención era más para ellas fue que se controlaron, habría sido una situación incómoda porque primero estaba atenderlas a ellas.

—Ven Rubén, déjame que te lo mame, ya sabes que lo hago bien, y hasta limpio te lo dejo.

Pablo se sentó en la taza, tomó a Rubén y se lo acercó hasta que empezó a mamarlo. Rubén se dejó, era agradable, Pablo era un experto, era mucho mejor que hacerse la paja, lo tomó de la cabeza y le fue llevando el ritmo. Pablo lo tomaba por las nalgas y se las iba acariciando mientras parecía un borrego chupando leche. Unos 10 minutos después Rubén le avisó que estaba por llegar, Pablo le pidió que la soltara en la boca, y así fue. No era mucho, hacía poco se había sacado la leche para las vitaminas de las niñas, pero fue suficiente para Pablo que la degustó y la tragó.

—Pablo, en verdad que lo haces muy bien, gracias. ¿Y qué hacemos contigo? Yo nunca he hecho algo así.

—No te afanes, yo lo hago porque lo disfruto, eso me enseñaron, eso aprendí, y ahora me das el gusto de recordar, para mí no es compromiso, no soy gay, ya lo sabes, pero te vuelvo a ofrecer mi culo, ahora hasta rasurado lo tengo.

Rubén se soltó a reír por la ocurrencia.

—Por ahora déjame aprender a hacerte una paja, lo demás lo vamos viendo con el tiempo.

Rubén se hizo detrás de Pablo, le tomó el pene y empezó a hacerlo, se imaginó que era él mismo y así no tardó en escuchar a Pablo avisar que estaba cerca. Rubén se arrodilló, se le hizo al frente, abrió la boca y espero el lechazo. Lo recibió todo, que no era mucho, lo saboreó, hizo un gesto al sentir la textura que no le era extraña pues él mismo se tomaba la de él en algunas ocasiones, lo tragó, sacó la lengua y lo limpio.

—Pues como dices, si las niñas se lo toman, ¿por qué nosotros no? Es bueno saber lo que les damos.

—Gracias, Rubén, no pensé que lo harías algún día, me agradó mucho verte. Y todo lo ocurrido no hace más que estrechar esta amistad que tanto bien me ha traído.

Escucharon a Bella llamarlos, se vistieron rápido y fueron a buscarlas. Aún estaban acostadas.

—Tío Javi, tenemos hambre —, dijo Paula—, y queremos ver más pelis.

—De acuerdo, debemos comer algo, pero primero vamos a arreglar el desorden, ustedes deben asearse antes, así que vayan al baño, disfrutan aseándose bien, ya saben cómo hacerlo. Después, si quieren, hablamos de lo que ocurrido.

Las niñas salieron a cumplir con lo ordenado, ellos quitaron el cubrecama que estaba un poco húmedo por la orina de Paula, por fortuna solo era por encima y no se había pasado, pusieron otro limpio, organizaron la ropa de las niñas, acomodaron todo.

—Rubén, creo que deberíamos salir a comer algo, tengo pereza de cocinar, y de paso llevamos esta ropa a la lavandería, no quiero que Angie la vea, aunque ella no fisgonea nada, pero mejor así, además lavar eso aquí es dispendioso.

Las niñas no estaban muy de acuerdo, querían seguir con sus juegos y las pelis, pero finalmente aceptaron con la condición de que no demorarían mucho. Paula se puso ropa de Bella, ambas insistieron en ponerse falda. Ellos las ayudaron con el peinado. El cabello de Paula era más rizado, Pablo se dio mañas para arreglarlo.

Pasaron por la lavandería, después fueron a una pizzería, todo el tiempo estaban juntas tomadas de la mano. Rubén quería conversar con ellas sobre lo ocurrido y las precauciones que debería tener. Durante el trayecto a comer las niñas se acomodaron atrás, iban en la camioneta de Rubén, cuchicheaban y se reían. En un semáforo las dos los llamaron, ellos voltearon a ver, se habían alzado las faldas y estaban sin pantys, abrieron las piernas y se mostraron mientras reían a la vez que la una iba tocando a la otra.

Los dos también se rieron por la gracia, además de ser bastante excitante lo que veían.

— ¡Qué lindo verlas tan juguetonas! —, fue lo que dijo Pablo.

— ¿Ves que sí somos putas? —dijo Bella —, putas y prostis pero no pendejas.

Se abrazaron y se dieron besos bastante explícitos. Rubén las veía por el espejo, Pablo se había girado para contemplarlas mejor. Cuando llegaron a la pizzería Rubén sacó dos cojines que mantenía como espaldares en el carro. Buscaron una mesa en el segundo piso, había muy poca gente allí, buscaron una mesa al fondo. Rubén les puso los cojines y les pidió que se sentaran allí.

—Niñas —, les habló Rubén —, que salgan sin ropa interior tiene algo de arriesgado. No lo hagan sino cuando estén con nosotros, y no se sienten en cualquier parte, pueden conseguir alguna infección, virus, hongos, bacterias, sus partecitas son delicadas y deben cuidarlas mucho de eso, ¿entienden? Con nosotros pueden contar para cualquier locura que se les ocurra, las sabremos entender y dirigir, no teman nada, así como lo están haciendo, sin vergüenzas, sin penas. Pregunten cualquier cosa, nosotros estamos para consentirlas, quererlas, apoyarlas y guiarlas.

Las pequeñas escuchaban con atención a Rubén, Pablo asentía a todo. Todos pidieron pizzas personales, cada uno a su gusto. Pablo preguntó dónde estaban los baños y les pidió que se fueran a asear las manos, él las acompañó, no podía dejarlas solitas, habían ojos que las seguían, niñas medio locas, falditas cortas, llamaban mucho la atención, y como salieron corriendo Pablo pudo ver que se les veían las nalgas, miró rápidamente y notó que dos hombres las seguían con la mirada, eso lo incomodó pues los podía poner en evidencia, las alcanzó y las cubrió con su cuerpo mientras se bañaban. Regresó con ellas sin voltear a mirarlos. Le comentó a Rubén lo sucedido.

—Niñas, les habló Rubén —, vamos a dejar en claro algunas cositas. Ustedes no pueden andar exponiéndose, son muy pequeñas, demasiado hermosas, llaman la atención, la próxima vez que salgan sin ropa interior vamos a cargar unos pantis, por ejemplo, en este momento se los podían haber puesto y todos estaríamos más tranquilos, que anden sin ropa en lugares seguros, como la casa o dentro de algún carro. Lo que Pablo y yo hacemos no está bien visto por la gente, si alguien se entera nos vamos a meter en problemas muy grandes, hasta a la cárcel podemos ir a parar, ¿entienden lo grave que eso sería? Nunca más nos veríamos. Nosotros pensamos que enseñarles sobre sexo a ustedes no es malo, lo hacemos con cariño y respeto, pero necesitamos que sean discretas, reservadas, a nadie deben hablarle de esto, sus palabras pueden delatarlas y ahí caemos nosotros. Por favor, repitan lo que les hemos dicho para estar seguros de que se les grabó en la cabecita y de que lo entendieron.

Cada una por separado repitió lo dicho por Rubén, se comprometieron a tener cuidado en el colegio, en la casa si hay más personas y en cualquier sitio diferente.

—Pao, —siguió Rubén —, ¿alguien alguna vez te ha tocado como lo hacemos nosotros?

—Alejandro, el novio de mi mamá, cuando me recoge en el cole me hace sentar adelante, mientras va manejando me pone la mano en el muslo, si llevo falda me acaricia hasta bien arriba, al principio me asustaba pero no me molestaba que me acariciara. Varias veces me dijo que me enseñaría a manejar, paraba el carro en lugares solos, me sentaba en sus piernas y empezaba a moverse, yo sentía su bulto que se ponía grande, su coso me quedaba en las nalgas, era una sensación bonita, me acariciaba mi cosita mientras yo jugaba a mover el timón, una vez sentí que me orinaba, nunca se lo dije. Una vez se lo sacó y me pidió que se lo tocara, yo lo intenté por curiosidad, me pidió que le hiciera una paja, yo no entendí bien, me tomó de la mano y se empezó a sobar el coso, me dijo que después me enseñaba bien. Las últimas dos veces me apretó muy fuerte en la pierna y sentí feo, ya me da algo de miedo porque le dije que me lastimaba, se enojó y me gritó que las mujeres nos quejábamos mucho.

Rubén no pudo dejar de pensar en la coincidencia con el famoso relato que tantas veces había leído, “Las nalgotas de Paula”, posiblemente Alejandro también lo conocía y de ahí la idea.

— ¿Y tu papá?

—No tengo, mi mamá me contó hace poco que mis dos apellidos son los de ella porque él nunca apareció desde ella quedó embarazada, igual que Isa.

En ese momento le sonó el teléfono a Pablo, se puso de pie y se alejó un poco para atender la llamada, no tardó mucho.

—Era Angie, —comentó —, que estaba en la casa y quería saber dónde estábamos, le conté que con las niñas comiendo. Quería saber si podía quedarme con la niña esta noche para poder ir a una reunión con compañeros del trabajo, le dije que no había problema, que Paula seguía con nosotros, que se fuera tranquila. Dijo que se iba a arreglar, bañarse, cambiarse de ropa y salía, que no llevaba el carro, que pediría un Uber. Le pedí que estuviera avisando para saber que estaba bien. Niñas, creo que ya no habrá salida mañana.

— ¡Yupi!, —gritó Bella alzando los brazos y abrazando a Paula, podemos estarnos los cuatro toda la noche. Los hombres intercambiaron miradas, era muy agradable el poderse quedar todos, pero el hecho de que Angie incumpliera no les parecía, pero no había nada que hacer, disfrutar la oportunidad.

—Oye, Pablo, tú podrías ofrecerte a recoger a Paula, por las noches Sofía se la llevaría, así ellas estarían acompañándose.

—Buena idea, hablaré con Sofía si a Paulita le parece, pero no le diré nada de lo que Paula nos comentó, creo que no estaría bien, además, haríamos quedar mal a la niña.

Paula aceptó, estar todo el día con la “hermana” la entusiasmó.

— Niñas —, siguió Rubén —, ustedes deben tener claro, y lo digo sobre todo por lo que comentó Paula del novio de la mamá, no están obligadas a estar con nadie que no quieran, que les incomode, deben tenerlo claro, ni siquiera nosotros, si algo les molesta deben decirlo sin miedo. Lo que ha sucedido es porque lo han querido, les ha gustado. Y estas experiencias deben hacerlas madurar, tienen siete y ocho años, pero ya saben más que cualquiera de sus compañeras, aún de las más grandes, es algo que deben manejar con responsabilidad. A nadie deben comentarle nada, diferente si alguna niña se les acerca y les comenta algo al respecto y ustedes notan que están curiosas por saber de lo que ustedes ya conocen. No deben usar esas palabras que han aprendido, son entre nosotros, nada más, lo que hacen no es malo, pero mucha gente considera que están muy bebés para eso. Y les pregunto, ¿cómo se sintieron hoy?

—Javi —, habló Bella—, ¿viste que ya me aguanté otro dedo de mi abuelo? Me lo metió y no me molestó, sentí muy rico bien adentro, quiero hacerlo de nuevo.

—Yo la pasé muy rico —, comentó Paula—, me acariciaste como me había dicho Pao, me sentí muy extraña, lloré pero no de dolor, fue algo muy raro porque no podía controlarlo, me dieron ganas de orinar pero me tranquilicé cuando me dijiste que dejara salir todo. Algo por dentro me temblaba, también las piernas, se me fue el aire por un momento y después algo me sacudió, ahí fue cuando me hice chichí. Y tu dedo atrás lo sentía raro al inicio, un pequeño ardor, pero después fueron cosas raras y bonitas, me gustó todo.

—Eso que sentiste se llama orgasmo, es el momento de mucho placer, ya te acostumbraras a manejarlo y disfrutarlo cada vez más, Bella ya ha tenido bastantes. Y las niñas pueden tener varios seguidos, algunos más fuertes que el anterior. Y vas a aprender a hacértelo tu solita, en tu habitación, cuando te estés bañando, en cualquier momento, hasta aquí mismo si lo quisieras. Eso es con tus deditos, aunque también hay juguetes para eso.

—Yo ya quiero que regresemos a seguir jugando, además siento raro aquí abajo —, dijo Paula señalando su vagina —, lo que fue apoyado por Bella.

—En casa tenemos algunos juguetes —, comentó Pablo—, ahora los usamos.

Una vez terminaron de comer, ellas estaban apuradas por irse a la casa, salieron del restaurante. Los hombres de los que habló Pablo ya se habían ido.

Las niñas se acomodaron atrás y lo primero fue darse un beso.

—Mira abue —, dijo Bella poniéndole los dedos en la boca a Pablo —, estamos mojadas en el gatico. Pablo los olió y los chupó, Paula hizo lo mismo y se los puso a Rubén que hizo lo mismo. Las dos reían mientras se seguía tocando y pasándose las manos la una a la otra.

—Están excitadas por la conversación que tuvimos, por lo que estuvieron recordando, eso es normal, por eso los pantys son necesarios para que no mojen donde se sienten y se cuiden de lo que les comentó Rubén —les aclaró Pablo. Y con referencia a que no deben permitir nada que ustedes no quieran, a que alguien las obligue, les voy a enseñar algo para cuando esté en riesgo, que esperamos que nunca suceda. Por ejemplo, si alguien las lleva a la fuerza a algún lado, o en cualquier otra situación, va a hacer la siguiente señal sin que la persona con la que están se dé cuenta, por ejemplo poniendo la manita en la espalda: cierran el dedo pulgar y después los otros cuatro, lo hacen varias veces hasta que se cercioren que han sido vistas por alguien, esa es una señal internacional para pedir ayuda, ¿de acuerdo? Vamos a practicar, aunque es algo muy sencillo.

Practicaron varias veces la señal, Pablo les recomendó que se la enseñaran a otras niñas para que también se puedan proteger.

Ya estaban por llegar cuando le entro llamada a Rubén, la tomó, era la esposa que quería saber a qué hora llegaba. Él le dijo que se tardaba, ella le preguntó que si estaba cerca, como a 10 minutos, le respondió. Ella le pido que fuera, que necesitaba de manera urgente hablar con él, que al día siguiente ella salía temprano y entre semana se les complicaba. Rubén se comprometió a ir. Dejó a las niñas y a Pablo y se fue. La esposa lo estaba esperando. Después de un frío saludo y se servirse un café que los dos acompañaron de un cigarrillo, ella le empezó a hablar.

—Voy directo, sin rodeos, he decidido que lo mejor es que nos divorciemos, desde hace alrededor de seis meses tengo a otra persona con la que me siento muy bien, entre nosotros ya no hay nada, hace casi un año que no permaneces en la casa, tienes amistades y ocupaciones que te las respeto, pero yo aún me siento joven, merezco otra vida y la persona con la que estoy me hace sentir muy bien a su lado.

No quiero nada especial, simplemente ser justa, tú te quedas con la finca, yo ni quería que la compraras; es más, cuando me dijiste que iba a quedar a nombre de los dos yo me negué porque me aburren esos papeleos, así que está a tu nombre únicamente, te quedas con tu camioneta, bastante te costó adquirirla por lo costosa, a mí me parecía un lujo innecesario, tus ahorros son solo tuyos, no quiero ni un peso, ha sido tu esfuerzo.

Yo con este apartamento, mi carro y mis ahorros, no me interesa cuánto tengas, te vas con lo tuyo y yo con lo mío. De acá puedes llevarte todo, me dejas una cama, no necesito más, aquí no voy a durar mucho. Es así de simple, estos son los papeles que debes firmar, contraté un abogado que me recomendó mi novio, si quieres puedes buscarte uno, aunque no veo necesidad, no estoy peleando por nada. Ya le pagué la mitad, del resto te encargas tú.

Quiero que desocupes cuanto antes, mejor si puedes en la semana que entra. Me dijiste que el lunes venía alguien a hacer aseo, dile que no es necesario. No te estoy echando, solo que ya estoy ofreciendo este apartamento, en cualquier momento me aparece un cliente. Ya los muchachos saben, te iban a llamar pero les pedí que me dejaran primero conversar contigo, Por favor lee y firma los papeles, si estás de acuerdo, y gracias por todo. Fuiste una gran persona, inmejorable compañero, nunca me faltaste al respeto, tampoco yo lo hice, no quisimos mucho pero se acabó. Te deseo toda la suerte del mundo, si tienes pareja, pues que vivan felices, te lo digo de corazón. Eso era lo que te quería decir, no tengo más qué hablar.

Rubén no se lo esperaba, lo había tomado por sorpresa, pero le parecía bien, ahí ya no había nada y, en el fondo, admiraba la determinación de ella, él simplemente seguía aunque no estaba a gusto, ella había dado el paso que él no fue capaz y así se lo hizo saber.

—Amanda, te agradezco la sinceridad, no hay problema ninguno, excepto por desocupar, no me es fácil hacerlo tan rápido, pero lo intentaré. Fuimos muy felices hasta que caímos en la rutina y nos fuimos alejando. No tengo pareja y nunca te fui infiel, y no estoy interesado, pero tienes razón, aún estás joven y mereces una vida mejor. Pienso que no es culpa tuya, tampoco mía, así se dieron las cosas y hay que aceptarlas, separarnos en paz, continuar con una amistad es lo correcto. Puedes contar conmigo para lo que sea. Ahí quedan todos los papeles firmados, no tengo necesidad de leerlos, te conozco y sé que no hay nada por aclarar, ya me dijiste todo.

Rubén se le acercó, la abrazó y le dio un beso en la frente, ambos dejaron escurrir unas lágrimas, muchos años de convivencia, muchos recuerdos se estaban apagando.

—Rubén, el abogado tiene tu número para que se comunique contigo directamente, aquí está la tarjeta de él por si lo necesitas.

Ella se retiró hacia la habitación, estaba en un momento difícil y no quería pasarlo delante de él. Rubén se quedó sentado un rato mientras se fumaba otro cigarrillo, se alegraba de lo sucedido pero no dejaba de ser un paso inesperado.

Lo que ella dijo de la finca era cierto, fue una locura, algo de romanticismo, se imaginaba viajando con toda la familia, y la camioneta él la quería mucho, se había esforzado en tener lo mejor, era una  Toyota Land Crusier 2016 que compró nueva, nunca le había fallado, solo le hacía mantenimiento en concesionario, la mantenía pulcra por dentro y por fuera, no reemplazaba nada por algo que no fuera original, todo le ajustaba perfecto.

Pablo y las niñas lo estaban esperando así que se fue para allá, no tenía a dónde más ir. Desde el carro llamó a Magda para decirle que no se presentara el lunes a lo del aseo, que ya no era necesario.

Las niñas estaban solas viendo pelis. Rubén las saludo, estaban desnudas, como se les había vuelto costumbre, Pablo les había instalado un calentador de ambiente pues estaba haciendo frío, querían los juguetes, Rubén les dijo que en un rato se dedicaban a eso, que siguieran viendo pelis que él tenía algo para conversar con el abuelo.

Rubén le contó todo a Pablo, quien supo entender el momento, no era fácil.

—Mira, uno de los apartamentos lo desocupan en dos meses, están esperando que se venza el contrato, ya me dijeron que se iban, ese podría ser para ti. Les voy a comentar que si les es posible lo entreguen de una vez, que no habrá multa; es más, acompáñame y de una vez lo hago.

Rubén le agradeció, les avisaron a las niñas que salían, que aseguraran la puerta por dentro mientras regresaban. Encontraron al inquilino, Pablo le habló, el hombre le comentó que aceptaba la propuesta, que él y la familia se iban para un apartamento que habían comprado, que trataba de desocupar en unos quince días. Amanda le había pedido que se fuera en una semana. Pablo le ofreció que se quedara con ellos el tiempo que fuera necesario, Rubén aceptó, tendría que dormir en la sala mientras tanto. Decidió que lo único sería conseguir una bodega dónde guardar los muebles y demás, o un garaje. También podría buscar un apartamento en la zona pero ya no sería por unos días. Realmente la situación era complicada por lo apremiante. Se fumaron un par de cigarrillos, no podían demorarse tanto, entre los dos irían pensando. También estaba lo del cumpleaños de Bella que ya era en una semana y está el compromiso de ir a la finca, ya había solicitado que la arreglaran.

—Rubén, hay gente que ha sentido curiosidad por verte a diario por aquí, y aunque no preguntar directamente sí indagan con disimulo, lo otro es que se han extrañado que Bella no haya vuelto al parque, sabían que casi a diario la llevaba. Sobre tu presencia decidí inventarme que somos primos en segundo grado, que no se veíamos desde pequeños, estábamos perdidos pero que un familiar nos puso en contacto y ahora nos reencontramos, ¿qué te parece?

—Me gusta la idea, y pues ya decidiste, así que te seguiré la cuerda, calmamos a los vecinos chismosos, justifica mi presencia seguida en tu casa y cubrimos nuestras actividades poco santas. Ahora toca inventar algo para lo del parque, ya pensaremos, volvamos que ya llevan mucho rato solitas.

 

Continúa

Contacto: [email protected]

 

1 Lecturas/3 septiembre, 2026/0 Comentarios/por Rubenrosero
Etiquetas: colegio, cumpleaños, gay, hermana, mayor, primos, recuerdos, sexo
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