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Incestos en Familia

RUBÉN 9

Historia real, empieza en año 2023, Bogotá, la he escrito en base a anotaciones y recuerdos….
Las risas no se hicieron esperar, Pao también se alzó en vestido mostrando su humedad. Los hombres se pusieron de pie, se bajaron la ropa y les enseñaron sus miembros húmedos, con líquido pre seminal. Ellas se acercaron y lamieron mientras sonreían. Después empezaron a chuparlos los miembros, flácidos pero ya empezando a crecer. Bella empezó a pasarle la lengua por los testículos a Rubén y volvía a lamer el pene, Paula hico lo mismo con Pablo. Poco a poco empezaron a tomar forma, ya medio erectos ellas se los metían hasta el fondo y con sus manitas los ayudaban. Decidieron apostar cuál sacaba primero la leche, chupaban la cabeza, se lo metían hasta el fondo, acariciaban los testículos, cada vez con más técnica. En esas estaban cuando golpearon, ellas se pusieron alerta, dejaron de hacerlo y corrieron a la habitación, ellos rápidamente se acomodaron la ropa, Rubén se sentó en la sala y Pablo abrió, era Sofía con una gran sonrisa, un gran ramo de flores y una caja.

RUBÉN 9

—Bienvenida a tu nueva casa, estás en total confianza—, le dijo Pablo mientras la abrazaba.

Rubén hizo lo mismo dándole un caluroso recibimiento, en verdad que le tenía cariño. Sofía sonreía, aún se le sentía incómoda.

—Niñas —, las llamó Pablo—, llegó Sofía, vengan a saludarla—, y le recibió la caja y las flores.

Las dos llegaron, Pao se le colgó del cuello y le dio besos, Bella la ciñó por la cintura. Fue un recibimiento efusivo.

—Voy a cambiarme y ponerme cómoda, en un momento vengo. Traje una torta de chocolate para que la compartamos, ¿ya llegó Angie?

—No creo que tarde, debe estar loca por verte—, aclaró Rubén.

Sofía notó la vestimenta tan sencilla de las pequeñas, descalzas y apenas con una corta bata y pantis, no dijo nada pero se quedó mirándolas por un momento y se marchó haciendo una mueca como de sorpresa. Las niñas se fueron a la habitación haciéndoles muecas de que quedaba pendiente la chupada.

Pablo se fue a alistar algo para acompañar la torta, Rubén en el celular. Sorpresa la que se llevó cuando, pasados alrededor de quince minutos, apareció Sofía con un short en tela y una blusa corta, las dos prendas negras, se veían unas hermosas piernas, cintura pequeña y unas nalgas que lo hicieron pasar saliva. No sabía qué decirle, alcanzó a pensar en el parecido con Paula, su cara de admiración tuvo que delatarlo porque ella se quedó mirándolo mientras le modelaba alzando los brazos y dando dos vueltas. Él no sabía si decirle algo, tal vez fuera muy atrevido, pero la expresión lo delataba. Ella sonreía. En ese momento apareció Pablo a comentar algo, cuando le vio se quedó sin palabras por la impresión.

—Aquí para estar a tono con las nenas que andan muy relajas por la casa, ni calzado me puse. Y ustedes dejen de hacer esas caras que me va a hacer sentir mal.

—Yo no me puedo quedar callado—, dijo Pablo—, te ves hermosa, Sofía, pareces otra, y no solo por tu figura sino por tu actitud, ese desparpajo que muestras está lejos de ayer.

—Concuerdo con Pablo —, dijo Rubén—, el cambio ha sido muy grande. Y de verdad, eres hermosa.

—La confianza y seguridad que ustedes me han dado, me siento en familia, sin miedos, mi niña está bien, la veo feliz como nunca, eso no tiene precio. Apenas dos días y no sé qué se hizo la otra Sofía, esta es otra.

Se acercó a cada uno de ellos, los abrazó y les dio un beso en la mejilla dejando rodar algunas lágrimas.

La llegada de Angie y la cara de sorpresa al verla puso otro grano para el momento.

—Chica, eres otra, te ves hermosa, ¡qué alegría! —, fue la reacción de Angie junto con un fuerte apretón.

—Bella—, llamó Pablo—, llegó la mamá, bajen, niñas.

Fue Paula quien dio un grito de alegría cuando la vio, corrió y se le colgó al cuello.

—Mamita, estás hermosa, alguna vez te vi así pero de eso hace mucho tiempo, yo estaba muy pequeña, ¿qué te hiciste?

—No me hice nada, es el ambiente, son todos ustedes lo que me tiene así, estoy muy feliz.

—Y hasta el culo te creció—, se atrevió a decir Bella a la vez que le daba una nalgada.

La risotada de todos no se hizo esperar, Sofía se volteó, la atrapó y también la nalgueó dejando verla en pantis por unos segundos.

—Traje una tortica, quiero que nos acompañen a Pao y a mí a celebrar, realmente somos afortunada en haberlo conocido a ustedes, y unas flores.

El festejo fue muy agradable, mucho humor, anécdotas, comentarios, se sentía una verdadera familia. Planearon la salida a la finca para el viernes en la tarde, una vez que las pequeñas salieran del colegio. Hablaron con Estela para que llegara a la casa con Sara y Mateo, y de ahí salir todos.

Rubén seguía pensando en Guillermo para lo del paseo, al final desistió, no era el momento, era un desconocido para todos y se perdería el ambiente de confianza. También quería que Sofía fuera a conocer los muebles, pero también desistió, a lo mejor Alejandro estaba rondando y un encuentro echaría todo por la borda, esperaría a que Guillo le confirmara que ya le habían hecho la vuelta.

Decidieron que dos carros serían suficientes, en total eran nueve personas, cinco en la camioneta de Rubén y cuatro en el carro de Angie. Angie le dijo a Sofía que no se preocupara por ropa, igual que hacen las niñas ella podía usar la de ella, eran prácticamente de la misma talla y ella tenía bastante que ni usaba, propuesta que fue bien recibida pues se evitaría un gasto para el cual no tenía presupuesto. Ya entrada la noche se fueron a descansar, había qué madrugar bastante.

A la mañana siguiente Rubén despertó muy temprano, colaboró en todo, desayunos, loncheras, arreglar a las niñas, quería sentirse parte de la familia, no era justo para Pablo que él solo se encargara de todo, alcanzaron a sentarse a desayunar todos. Pablo le comentó que ya entendía la razón para que Bella llevara tanta comida, era para compartir con Pao.

Angie y Sofía salieron al tiempo, iban muy bonitas, Angie como siempre, Sofía como si acabara de empezar otra vida, nada qué ver con lo que se ponía y cómo se arreglaba apenas dos días antes. Pablo se fue a llevar a las pequeñas, en el camino Paula le dijo que en la tarde terminaban lo que había quedado pendiente.

Ya Rubén se había bañado y arreglado cuando regresó Pablo, mientras terminaban lo de la casa se dedicaron a conversar.

—Rubén, me dejó sorprendido ver a Sofía, el cambio fue muy grande.

—Igual me pasó, es un mano a mano entre tu hija y ella, bellísimas las dos, y son como de la misma edad. Espero que se ponga el hilo dental que Angie le ofreció.

—Sí, nos vamos a dar un banquete viendo a las cuatro, ya quiero que salgamos de viaje. Y alistarnos para los “rapiditos” de esta tarde. Quiero pasar ahora a la barbería a que me arreglen el cabello, ¿me acompañas?

—Claro que sí, aprovecho yo también, no es mucho pero es mejor estar siempre bien arreglado, ya hasta me rasuré. Quiero contarte que le pedí a Guillermo, un amigo, que por intermedio del hermano que trabaja en la policía le dé un escarmiento a Alejandro, no voy a soportar que se le vuelva a arrimar a Sofía ni a la niña.

— ¿En serio hiciste eso? Pues me alegro, a esa clase de personas hay que alejarlas. ¿Cuándo va a ser eso?

—En estos días, estoy a la espera de que me confirme, no quiero que Sofía vaya a su apartamento hasta tanto no se solucione, es posible que ande merodeando después del mensaje que ella le envío, debe estar dolido de que ella se haya atrevido a terminarle y pensará en golpearla.

—Ahora vemos a ver si trata de acercarse a la niña, hay que protegerlas. Me tienes al tanto, me avisas en cuanto sepas algo. Voy a bañarme, me arreglo y salimos.

En la tarde fueron por las pequeñas, revisaron los alrededores pro no vieron a Alejandro.

—Tío Javi—, habló Paula—, nos comprometimos a llevar mañana pelis de niñas, nos tienes que ayudar a ponerlas en mi celu, creen que estamos mintiendo.

—Sí, Javi, dicen que hablamos mucho pero no cumplimos.

—Bueno, tranquilas, ahora lo hacemos, me dicen cuales quieren, no las vamos a hacer quedar mal, prometido, ¿Verdad, Pablo?

—De acuerdo, el problema no es bajarlas sino que es algo de lo que nadie puede enterarse, estaríamos en graves problemas, deben entenderlo, no es chiste.

Las niñas aseguraron que iban a ser muy cuidadosas.

En cuanto llegaron, las pequeñas se fueron a bañar, Rubén partió un Viagra y cada uno se tomó media mientras alistaban el Kéfir, no estaba de más seguir dándoles, era algo saludable. Al rato llegaron las niñas, totalmente desnudas y algo húmedas, no se había secado bien. Se bebieron el Kéfir y sin más preámbulos los llevaron de la mano a la sala, los hicieron acomodarse en el sofá, les quitaron la ropa de la cintura hacia abajo, Bella se arrodilló frente a Rubén y Pao a Pablo y empezaron su labor muy concentradas aplicando todos sus conocimientos que ya no eran pocos. Los penes no demoraron en estar totalmente erectos, ellos disfrutaban con los ojos cerrados, tomaban las cabezas de ellas, exclamaban frases de excitación.

—Digan que somos putas—, pidió Bella.

— ¡Son putas, son prostis, son putas, son prostis, maman verga delicioso, saquen la leche, yeguas!—, les dijo Pablo acelerando sus movimientos de cadera.

— ¡Mamen, putillas, son dos perritas traga semen, somos sus machos, aquí va la leche! —exclamó Rubén entregándole a Bella directo en la boca todos los chorros.

Bella trató de toser por lo repentino pero Rubén no la dejó y le hundió su miembro mientras ella tragaba un poco atorada, por las comisuras dejaba escurrir gotas pero logró superar el momento mientras tosía sin sacarse el pene. Por su parte Pablo le anunció a Pao y ella tuvo tiempo de preparase, recibió todo, lo embuchó, les mostró la boca llena y después se lo pasó. Bella se le acercó y se trenzaron en un beso de lengua muy apasionado aprovechando para lamerse los residuos de semen que tenían.

Ellos se sonreían, habían quedado satisfechos y verlas en aquel hermoso cuadro lésbico los llenaba de alegría. Sus penes no desfallecieron, apenas bajaron un poco pero seguían erectos. Después se tiraron de medio lado sobre la alfombra y se trenzaron en un 69, no dejaban un solo orificio sin lamer ni explorar, en verdad se veía que lo disfrutaban y que las noches solas en la habitación las habían ayudado a conseguir una maestría en el tema.

Pablo miró el reloj, pensaba que se estaban arriesgando, ya no tardarían las mamás, por lo menos Sofía y se lo hizo saber a las niñas y a Rubén. Ellas muy obedientes y conscientes del riesgo se subieron para la habitación, ellos se vistieron, arreglaron el poco desorden que había quedado. Pablo les pidió a las niñas que dejaran de jugar, se vistieran y se pusieran a hacer los deberes del colegio. Rubén le pidió a Pao el celular para descargar las pelis, lo que se fue a hacer en su computador mientras Rubén alistaba algo de comer.

—No había sido necesaria el Viagra—, comentó Pablo soltando una carcajada—, ahora estoy que me hago una paja.

—Estoy igual, pensé que les íbamos a pegar una culeadita y nos quedamos calientes. Y ahora sin saber si alguna de ellas está por llegar. ¿Miramos a ver si se puede hacer algo?

Subieron donde las niñas, estaban sobre la cama haciendo tareas, vestidas con apenas la bata corta y pantis.

—Nos gustaría un rapidito—, les dijo Rubén—, ¿lo intentamos? Primero una y después la otra, turnados, si algo pasa pues paramos.

—Ven, tío Javi—, le dijo Bella retirándose la ropa interior y poniéndose en cuatro—, sabes cuánto nos gusta, después sigue el Abu con Pao.

Pablo y Pao tomaron libros y cuadernos y bajaron al comedor. Rubén tomó la vaselina, lubricó a Bella y también a él, colocó a la niña bocarriba, le alzó las extremidades hasta tener en toda su plenitud aquel ojete donde su pene erecto se hundió sin necesidad de hacerle mucha fuerza, Bella soltó un quejido fuerte cuando lo sintió hasta el fondo. Rubén empezó a bombear con rapidez, necesitaba que el rapidito fuera así, corto, apenas para calmarse.

—Dale Javi, soy tu puta, ya me tragué tu leche, lléname el culo ahora—, le decía la pequeña sin gritar, no queriendo que la escucharan.

Rubén le daba como loco, las palabras de Bella lo enardecían, la pastilla cumplía con su objetivo, sentía su miembro duro, apunto de explotar, Bella se masturbaba buscando el orgasmo, ella, caliente como estaba empezó a jadear, su respiración se entrecortó, la nariz esponjada, los ojos cerrados indicaron que había llegado, él aceleró, si era posible, hundió su miembro y soltó lo que le quedaba mientras resollaba y se sonreía.

—Gracias, Bella, me dejaste seco, ¡qué gusto tan hermoso!

Tomó varias toallas de papel que había llevado, limpió el enrojecido y abierto ano.

Ve al baño y pujas un poco y te aseas—, le pidió él mientras se limpiaba.

No tardaron en bajar, Rubén con la niña en brazos. Pablo y Pao dejaron lo que estaban haciendo y se fueron a la habitación. Se escuchaban las risas, los murmullos, los jadeos. Rubén calculó que había tardado unos doce minutos, en total unos quince, le pareció que había sido un buen tiempo.

—Me quedó ardiendo mi culito—, comentó Bella—, pero me gustó, me lo metiste todo, lo sentía casi que en la barriga, y a toda velocidad, sentir cuando sale la leche por allá es muy agradable, te palpita el coso, soy buena puta, ¿verdad?

—Eres muy hermosa, yo también gocé, lo haces muy bien, eres toda una experta.

En vista de que ninguna de las mamás llegaba se sentaron a comer los cuatro, terminaron las tareas. Rubén les entregó el celular, les mostró las pelis que había bajado, eran como 25, ellas quedaron encantadas, eran de las que más les gustaban. Rubén les enseño a guardar en la carpeta oculta, pusieron un PIN, ensayaron varias veces hasta que quedaron conformes con la seguridad. Les recomendó una de nombre “Project-MK_ultr@-part-5_Reactions-2-CP-Vol-3_KinGoftheKonG”, de niñas mayores reaccionando a pelis de pequeñas, es simpática.

Las niñas hablaron de que querían tener los juguetes en la habitación, Pablo les dijo que era un riesgo, Angie podría encontrarlos, aunque muy rara vez ella revisa. Rubén les ofreció comprara cepillos para el cabello con un magos que tiene forma de juguetes, así pasan desapercibidos, la idea les gustó, Rubén les dijo que al día siguiente iban a comprarlos.

La puerta sonó, llegaron las mamás, tenían una expresión muy diferente a la que tenían cuando salieron, algo había sucedido.

Después de un saludo muy apático, Sofía les dijo que tenía algo para contarles pero que no sabía si fuese apropiado que las niñas escucharan. Ambas dijeron que querían saber, que ya eran grandes, que nunca habían sido excluidas de conversaciones. Ante este razonamiento las dos mamás se miraron y decidieron hablar frente a ellas, aclarando que escucharían palabras feas.

—Bueno—, habló Sofía—, aclaro que es fuerte. Hacia el mediodía recibí una llamada de Alejandro, yo estaba trabajando así que no le contesté. Después, a la hora del almuerzo fui a mirar, había un correo de voz, este es el mensaje:

“Perra hijueputa, no crea que se va a librar de mí tan fácilmente. La estaré esperando a la salida de su trabajo esta tarde, me está debiendo lo de este mes, me lo trae de una vez. Y si usted se pone muy difícil, su pequeña puta y la amiguita con la que anda van a pagar las consecuencias, me las voy a culiar y a tirarlas en alguna carretera, y después sigue usted. La estaré esperando.”

Hubo un silencio total, nadie se atrevía a decir nada, las niñas abrían los ojitos aterradas y miraban a los adultos.

—Le comenté a mi jefa que debía salir de inmediato, quería hacerlo antes de la hora a la que él me estaría esperando, mi jefe comprendió la premura cuando le enseñé el mensaje. Me dijo que me tomara el resto de la semana que después veíamos cómo justificarlos. Me fui de una vez para donde Angie, no tenía a quien más recurrir y no me atrevía a llegar aquí, estaba muy alterada.

Pao se le acercó, se le sentó en las piernas y la abrazó mientras lloraba, fue un momento de mucha aflicción para los cuatro, Bella también lloró y se le abrazó a la mamá.

—Hay algo que no quería contarles, por lo menos por ahora, pero los pondré al tanto, habló Rubén.

Fue así como les contó lo que estaba haciendo y que debía ocurrir en esos días. Durante todo el relato que hizo Sofía lo miraba asombrada escuchándolo y a la vez mostrando cara de alegría mientras lágrimas le escurrían.

—Rubén, jamás imaginé que tú te pusieras en algo así, nadie ha hecho nada por mí nunca y ahora apareces tú que me ayudas así por propia iniciativa, me regalas tus muebles, le haces regalos a la niña, eres como un ángel.

—Es lo menos que puedo hacer, tengo los medios y la voluntad, me duele mucho que te haya maltratado, que te robe tu sueldo, son cosas sucias, hay que darle su merecido. Por favor, no regreses a tu apartamento, no tienes nada que hacer allá, y estaremos pendientes de manera especial de las pequeñas mientras esto se arregla.

Lo que había empezado mal terminó en alegría, las noticias de Rubén les dieron tranquilidad a todos, ahora era cuestión de paciencia, de esperar a tener buenas noticias.

—Señoritas—, comentó Angie sonriendo—, ustedes andas con la cuca y el culo al aire, ¿no les da penita?

—Pero mami—, respondió Bella—, estamos en casa, con gente de confianza, no hay extraños, y es que andar así es muy rico. Tú una vez dijiste que te gustaría andar desnuda, ¿lo recuerdas?

—Sí, sé que lo dije, y lo sigo pensando, eso fue hacer rato, pero estaba haciendo mucho calor y fue un comentario, no porque lo fuera a hacer.

—Mami, tú sabes que es rico andar así, nosotras no sufrimos de frio, y no estamos con la cuca y el culo destapados, mira, tenemos pantis—, y mostró los de ella y le alzó el vestido a Pao.

—Buenos, ya, dejemos eso así, era una broma, ya sé que andan así, anden como quieran, hay otras cosas más importantes para pensar. Yo me iré a descansar, leeré un rato y dormir, mañana a madrugar de nuevo.

Todos se fueron a descansar, para Sofía había sido un día muy estresante.

Día siguiente

Sofía habló de que mejor las niñas no fueran al colegio, ambas dijeron que querían ir, el motivo eran las pelis que deseaban enseñar a las amigas y que ellas ya se habían comprometido a llevar; ante su insistencia accedieron.  Pensando en que Alejandro podría estar oculto acechando, toda vez que Sofía no había asistido a la cita, Rubén armó un plan: ir en la camioneta de él a dejar a Paula y en el carro de Pablo a dejar a Bella,  parquear lo más cerca posible a la entrada, que Sofía no se dejara ver, que Pablo entregara a Bella llevándola hasta adentro, Rubén lo haría con Paula, y que fueran con algún sombrero o gorra que no permitiera identificarlas fácilmente, el ingreso debía ser muy rápido.

Las cosas salieron bien, se hicieron como habían sido pensadas, desde el carro Sofía lo vio, estaba como a una cuadra de la entrada del colegio, llevaba una gorra, ella sintió nervios pero pudo darse cuenta de que no notó el ingreso de las niñas. Luego salieron por aparte, cada uno a su carro.

Ya en la casa conversaron al respecto, el tipo era de cuidado, estaba visto. Rubén llamó a Guillermo, él le dijo que el hermano le había dicho que se había frustrado el día anterior porque el hombre cambió la rutina, pero que para la noche ya lo tenían planeado, tres policías iban a cumplir con el encargo, que estuviera pendiente.

No dejaba de ser estresante, pero lo que comentó Rubén tranquilizó a Sofía. Pablo comentó que la profesora de disciplina le había dicho que quería hablar con la mamá de Paula, pero que ante la imposibilidad de que fuera, según le comentó Pablo, le dijo que estaba preocupada porque las dos niñas preferían estarse con mayores antes que con sus compañeras, que armaban un grupito desde hacía tiempo en el que siempre estaban ellas y que le parecía que no compaginaban las edades. Le pidió a Pablo hablar con Sofía para advertirla.

Sofía dijo que en la tarde hablaría con Paula y, si le permitían, también con Isa.

—No te preocupes tanto—, le dijo Pablo—, simplemente es que ellas son más maduras y no se sienten cómodas con las del curso de ellas, no es más, yo lo sé porque desde el año pasado andan en eso, Bella me lo ha contado, y es muy difícil, imposible diría yo, que a la fuerza las vayamos a obligar a estar con quien no se sienten cómodas. Piénsalo, Sofía, es mi punto de vista. La profesora es nueva, no lleva mucho tiempo y no las conoce bien. Si se les prohíbe, sin razón, que se reúnan con las otras niñas, les tocaría quedarse solas en los descansos y que las estén vigilando; de todas formas, le comentamos a Angie a ver ella qué opina. En ese colegio estudiaron mis hijos, a mi esposa la querían mucho, conmigo también son muy especiales.

Sofía atendió las recomendaciones de Pablo, igual, no tenía cabeza para tantas cosas, esperaba que se solucionara lo de Alejandro.

El medio día llegó muy rápido, se dedicaron a arreglar todo, con la mano de Sofía todo iba quedando mejor. Decidieron ir los tres a recogerlas a pie, por la hora no temieron nada. Las niñas ya estaban listas esperando que fueran por ellas. Pidieron que las llevaran a comer afuera, así que se cambiaron el uniforme, se arreglaron y salieron los cinco, Rubén tenía la esperanza de que Sofía no quisiera ir para comprarles los cepillos, pero, por el contrario, estaba muy entusiasmada. Las pequeñas se sentían libres, a esa hora deberían estar en el cole y no era así. Eran muy mostronas, les encanta salir en falda alta y apenas una blusa, por lo menos esta vez sí se habían puesto pantys. Sofía se sonreía de verlas así, le parecían muy hermosas, juguetonas, se abrazaban, caminaban tomadas de la mano, aunque la vestimenta le parecía algo atrevida, no vulgar, pensaba que al fin y al cabo eran pequeñas, eran felices, se alegraba sobre todo por Paula que nunca había tenido amigas y le había tocado un ambiente de escasez y soledad, ahora la podía ver tan extrovertida, risueña, bromista, seguía pensando en la suerte que había tenido al conocerlos, eran personas especiales, y se juraba serles fiel, ayudar en lo que pudiera y no ser una carga. Todo esto se lo comentaba a los caballeros mientras caminaban por el centro comercial, ella en la mitad sintiéndose protegida.

Las pequeñas tomaron posiciones en un rincón, juntas como siempre, pegadas, hasta fastidiosas podían parecer, cuchicheaban, murmuraban y se secreteaban, se reían, se arreglaban la una a la otra, se daban pequeños besos, ellos disfrutaban verlas así.

Sofía se cambió de puesto, se hizo entre ellos y les empezó a hablar muy bajo para que ellas no escucharan, les pidió que siguieran así y se sonrieran, todo sin determinarlas. Las niñas por un rato no pusieron cuidado, pero a los minutos de verlos en esas, se empezaron a incomodar.

—Mami, ¿de qué hablan?

—Nada especial, son cosas de mayores.

Ya dejaron de sonreír, de sisear, se miraban ellas sin comprender.

—Mami, estamos todos, no puedes ignorarnos.

—Es lo mismo que han hecho ustedes desde que llegamos. Hay un refrán que dice “secretos en reunión son de mala educación”, y es lo que ustedes hacen. Lo que quería es que cayeran en cuenta y no lo vuelvan a hacer, ¿de acuerdo?

—Sí, Mami, ya entendimos, lo hicimos sin saber, discúlpanos, vuelve a tu sitio.

También Bella se disculpó, habían comprendido que eso no estaba bien. Fue una gran lección de parte de Sofía, sin regaños, sin palabras fuertes les dio un lección.

—Quiero, sin querer pasar por encima de lo que ha dicho Sofía, y en lo que tiene toda la razón, que estas dos chiquillas siempre han vivido solas, sin nadie de su edad, siempre con adultos, eso no les ha dado oportunidad de caer en cuenta de algunas situaciones que solo se presentan cuando ya hay varias con quienes se comparten experiencias y momentos especiales.

La comida transcurrió dentro de una atmósfera muy agradable. Angie llamó al papá para saber dónde estaban, como era cerca de la casa decidió que ya iba para allá y de una vez encargó su menú.

Rubén quería saber cómo les había ido con lo de las pelis, estaba muy curioso, y también veía que la compra de los cepillos se estaba complicando.

Ya dentro de la comida, estando los seis, Pablo propuso que él, Sofía y Rubén se fueran al día siguiente para la finca, Angie se iría el viernes en la noche con Sandra y los niños, así las nenas tendrían más tiempo para divertirse y ellos irían alistando lo del cumpleaños. Las niñas se emocionaron, dos días sin ir al cole y pasarlos en la finca era una fantasía hecha realidad, aplausos y “yupis” acompañaron la propuesta del Abue.

Angie llamó a Sandra para recordarle lo del fin de semana. Ella le dijo que no podía ir pero que Sarita y Mateo sí, que ella los tendría listos, que por favor pasaran a recogerlos. Angie le dijo que estaría pasando por ellos hacia las 5 de la tarde, no quería que se le hiciera tarde por carretera. Sofía dijo que esperaba a Angie para irse con ella, que no la dejaba sola.

Para los señores fue una gran noticia, poder estar a solas con las chiquillas era un sueño. Ya estaba cayendo la noche, se fueron a alistar maletas, las madres ayudaron a las hijas en esa labor, eran equipajes tan pequeños que decidieron hacer uno solo, lo más pesado eran los zapatos. Rubén alistó el colchón de aire, mantas y cojines pensando en que las chiquillas fueran cómodas en la camioneta y para cualquier emergencia en la finca. Pablo no lo dejó dormir en el piso, se acomodaron en la cama de él cubiertos cada uno por su propia cobija.

11:40 de la noche, un mensaje despertó a Rubén, era de Guillermo. “Rubencho, trabajo realizado, quiero entregarte las pruebas, estoy cerca de donde vives, ¿nos podemos ver?”

Él no lo pensó dos veces, le dijo que sí, acordaron un punto de encuentro, Pablo también se alistó y salieron a la cita. Rubén los presentó, le dijo que era quien le había dado la mano en estos últimos días, en pocas palabras le resumió la relación que se había consolidado entre ellos.

—Mira—, habló Guillermo—, te comento lo que me dijo mi hermano. Al tipo lo estuvieron siguiendo desde hace como 3 días, en cuento él les dijo, esto para saber dónde vivía, ahí tienes la dirección. Antenoche notó algo extraño y se les perdió, anoche hacia las 8 de la noche, lo rodearon dos policías, le pidieron que no hiciera escándalo porque sería peor, le dijeron de parte de quienes iban, dijo que era un error, que no las conocía, que era un abuso de autoridad y se puso a llorar y un poco agresivo, pero se dejó llevar, desde el inicio con los ojos vendados para causarle más pánico. Lo montaron a una patrulla encerrada, de migración, uno conducía y dos adentro le dieron su merecido, ahí te mando unas fotos, realmente quedó en mal estado, terminó golpeándose en la cabeza contra la patrulla por esquivar los golpes, le rompieron una rodilla con la cachiporra, me dijeron que por ponerse a tirarles patadas, y la cara ni hablar, mucho puñete el que recibió, hasta uno o dos dientes perdió. Después lo llevaron por la carretera a occidente, por una desviación, lo tiraron en una hondonada. No dejaron de recordarle que era de parte de Sofía y Paula, que jamás se les volviera a acercar porque ya sabían dónde vivía y dónde trabajaba y si ellas avisaban haberlo visto, ellos regresarían, además de que avisarían a todos sus contactos. Se le despojó de los papeles, del dinero que portaba, llaves, de todo. Este es el celular, la clave es 6710, ellos la ensayaron y lo apagaron.

Rubén y Pablo veían las fotos, realmente se veía muy mal, una herida en la ceja muy abierta, sangre escurriendo desde la cabeza que se acumulaba en la tela con la que tenía vendados los ojos, sangre de la nariz y la boca, un diente se le había caído, otro parecía flojo.

—Se lo merecía—, exclamó Rubén—, no creo que ellas han sido las primeras en maltratar ni robar. Gracias, Guillo, excelente trabajo, ¿cuánto se les debe?

—Mi hermano dice que mandarles de a medio millón a cada uno.

Rubén tomó su celular para hacer la transferencia, Pablo le dijo que lo dividieran, cada uno ponía 350.000, para cada uno de los colaboradores, Rubén accedió, se realizó transferencia por 2.100.000.

—Dile a tu hermano que de verdad se lo agradezco, y de parte de Pablo también, y a ti no tengo palabras, aunque sé que siempre puedo contar contigo, así como tú conmigo.

Se encendieron un cigarrillo mientras terminaban de despedirse y ya se encaminaron hacia las casas, había pasado algo más de una hora desde la llamada de Guillermo.

Cuando regresaron estaban Angie y Sofía esperándolos en la sala, no sabían nada. Ellos les relataron todo, les mostraron las fotos, Angie se alegraba, Sofía hacía cara de aterrada.

—Ya con esto nos quitamos el problema, que sepa que no estás sola—, comentó Rubén—.

—Yo quisiera sugerir—, acotó Pablo—, que sería conveniente que buscaras otro empleo, de todas formas ya sabe dónde trabajas y una vez que se recupere no podemos desechar la idea de que intente algo, en verdad quedó muy golpeado.

—Tienen razón—, respondió Sofía—, la otra semana hablo con mi jefa a ver si me puede trasladar o me pongo a pasar hojas de vida hasta conseguir otro trabajo.

—Qué tal estas señoritas —, habló Angie refiriéndose a las niñas—, voy a mirarlas cuando ustedes salieron y me las encuentro totalmente desnudas, en cucharita, Bella abrazando a Paula, en verdad que se quieren. Las cubrí sin moverlas. ¿Por qué desnudas? Deben ser cosas de niñas, juegos, qué se yo.

—Yo las veo abrazadas todo el tiempo que están juntas, hasta besos se dan—, comentó Sofía—. Dicen que son hermanas. He pensado en que cuando nos vayamos, va a ser un verdadero lío separarlas.

—No sé qué pensar, creo que es un problema menor, ya salimos del grande que era el delicado, vamos a dormir que hay que madrugar, o al menos yo, jajaja.

—Pablo—, dijo Sofía—, no madrugues, yo despacho a Angie, no hay problema

Sofía abrazó a Rubén y le dio un beso en la mejilla, él también la abrazó y le correspondió el beso, igual sucedió con Pablo. Ella lo hizo por gratitud, ellos, en cierta forma, estaban enamorados de ella y Rubén también de Angie, no podían verlas como hijas, o amigas, eran mujeres que respetaban pero por las que sentían atracción.

Lo primero que quería hacer Rubén era borrar el contacto de Sofía del teléfono y de todas las redes pero empezó por tomar capturas del WhatsApp con Sofía, así lo hizo, y después procedió a eliminarla de todos los contactos, era importante aprovechando que la SIM estaba activa, ya después quería revisar otras cosas.

A las nueve de la mañana Rubén se levantó, Pablo seguía dormido. Cuando Sofía lo sintió se levantó a alistar desayuno para los cinco, despertó a las niñas a las que encontró destapadas, desnudas, ya no en cucharita pero sí se habían dado la vuelta, Paula detrás de Bella, pegadas. Las despertó sin decirles nada por el estado en el que estaban, solo les dijo que se encontraba alistando desayunos, que se bañaran rápido para pasar a la mesa porque se iban de viaje. Esa recordación las hizo pararse de inmediato. Pablo también se puso en pie con el alboroto que las pequeñas armaron.

Ya todos bañados y vestidos pasaron a la mesa, conversaron muy animadamente. Sofía con un pantaloncito muy corto de pijama alteraba a los señores, en verdad que se veía muy hermosa, deseable. Las chiquillas con cortos nuevos y pequeñas blusas, cabellos húmedos, todo eso los tenía calientes. Ellos también con ropa de paseo, muy ligera. A las diez y media salieron.

Rubén, sabiendo lo que se esperaba, colocó una manta en la silla de atrás y cuatro cojines para que las chiquillas se acomodaran como quisieran. Botellas de agua, música que ellas escogieron. En el portaequipaje puso las muñecas de regalo. Le pasó a Pablo un sobre de Viagra, le dijo, disimuladamente, que debían estar preparados para atender a sus niñas, Pablo le enseñó que también había comprado para los dos, lo que les causo risa.

Antes de partir para la finca Rubén quería pasar a conocer el lugar de vivienda de Alejandro, le interesaba, así que arrancaron para allá, casi sobre la vía hacia el occidente, razón por la que los policías tomaron esa ruta. Buscaron la dirección, una casa antigua de dos pisos, algo descuidada, se notaba movimiento adentro pero no se distinguían personas, no podían estarse allí sin llamar la atención así que arrancaron, después seguirían chequeando.

Atrás las cosas estaba calientes, las niñas estaban desnudas tocándose.

—Abue—, dijo Bella—, pásate para acá que te vamos a hacer un rapidito.

Ambos se rieron pero no los tomó por sorpresa, Rubén se hizo a un lado de la vía para que Pablo cambiara de asiento. Pablo se sentó quedando en el centro, ya las sillas las habían entre ambas lo desnudaron, sabían que la visibilidad de afuera hacia adentro era casi que nula. Bella le pidió a Rubén que reclinara las sillas, lo que hizo desde el control delantero. Así, se dieron a la tarea de masturbarlo, mamarlo, chupar, acariciar, besar, Pablo disfrutaba con los ojos cerrados, Rubén veía por el retrovisor y se sonreía, sabía en que un rato a él le tocaría. Cuando ellas vieron que podía estar cerca de eyacular, le exigieron que primero les dedicara tiempo para ellas llegar primero. Con mucho gusto Pablo se dedicó a chuparlas, se turnaba, con una y con otra, mientras las masturbada, no dejaba orificio sin degustar, se bebía todo lo que ellas le entregaban. Las niñas también se ayudaban con besos y caricias. Trataba de no pensar en él, la excitación era muy grande y en cualquier momento podía sucederle algo desagradable.

Paula fue la primera, jadeos y groserías que no podían faltar pusieron en evidencia el orgasmo: “No pares, papi, soy tu puta, dale, dale”. Con dos dedos en el culo y su lengua vibrando sobre el clítoris recibió aquél néctar que bebió hasta no dejar nada. Después siguió con la nieta a quien ya poco le faltaba y utilizando el mismo procedimiento logró que llegara al clímax: “Tu nieta es puta, cómeme la chocha, anda, chupa, los dedos al fondo, Abue, por favor”, y ahí le entregó su delicioso jugo que del que él no dejó escapar ni una gota. Mientras Bella se recuperaba, Paula se dedicó de nuevo a él, mamaba con deleite, se lo metía todo mientras le acariciaba los testículos. Bella ya se levantó y lo agarró a besos de lengua, lo escupía, le pasaba su saliva, en verdad que era una locura, los vidrios estaban empañados, Rubén tuvo que poner el aire.

Pablo se sacudió tensó y se arqueó, tomó por la cabeza a Paula y empezó a eyacular. Ella se quedó quieta recibiendo en su boca toda la leche, cuando se sintió llena le entregó el pene a Bella quien terminó de sacar lo poco que quedaba. Después ellas se besaron y se pasaban la leche de una a otra mientras se reían, se la engulleron toda. Descansaron un poco, estaban agitadas aún.

— ¿Te gustó, Abue? —, le preguntó Paula—, ¿estamos mejorando? Y tú, Tío Javi, ¿cómo nos viste desde allá?

—Javi, ¿tienes la polla en candela y quieres comerme el culo? —, le preguntó Bella riendo—, ven y me lo chupas, ya sabes que soy bien puta.

Los dos reían de escuchar, ninguno respondía. Cuando Rubén vio listo a Pablo buscó un sitio para detenerse e hicieron el cambio. Ellas le quitaron la ropa se dedicaron a lo que iban. Bella le puso el ojete para que se lo chupara y después se movía alternando la vagina y el ano mientras su amiga se dedicada a manipular el pene que parecía de acero. Después cambiaron, Paula se dejó mamar sus orificios y le pedía que le metiera la lengua bien profundo, él accedió las peticiones de las niñas con algo de recelo porque no fue él quien aseó los ojetes, pero hizo lo posible por disfrutarlo.

Sabía que ellas esperaban que él las hiciera llegar tal y como Pablo, puso toda su voluntad y habilidades, eran dos sedientas de sexo descontroladas. Ya un poco cansado de no lograrlo las puso en un 69 que bastante les gustaba, así podía descansar un poco, él colaboraba hurgándoles el culito, acariciando nalgas, téticas, diciendo palabras excitantes, todo ellos sirvió para que por fin el clímax llegara casi que de manera simultánea. Bella se detuvo, sus ojos cerrados, boca entreabierta y jadeante indicó su llegada, Paula se empezó a masturbar, arqueó el cuerpo, jadeó y entregaron a quien quisiera sus néctares que Rubén intentó aprovechar al máximo.

Los tres se quedaron quietos, ellas recuperándose y él pendiente de que lo atendieran. Paula, aun resollando, tomó el miembro en sus manos, lo acarició y empezó a chuparlo con entusiasmo buscando llevarlo pronto hasta el final, lo engullía, lo sacaba, le lamía la cabeza, chupaba y empezaba de nuevo. Bella se acercó y se lo empezaron a turnar. Paula se puso a besarlo en la boca con lengua, él respondía encantado.

—Queremos tu leche, Javi, mira a tus putitas sedientas, trágate mi culo y suelta tu semen—, le decía mientras se agachaba y reemplazaba a Bella. Estando Paula sintió que ya llegaba el momento, se lo pasó a Bella y ella empezó a recibir el ansiado líquido, después Paula finalizó y empezaron a tragárselo entre besos y risas.

Rubén quedó recostado, recuperándose.

— Nos merecemos cigarrillo y cerveza—, exigió Bella—, nos lo hemos ganado.

—Nada en lo que no tengan razón, pequeñas, ha sido un hermoso momento, no tan rapidito, pero es que el trabajo fue grande, son maravillosas—, exclamó Pablo mientras conducía—, ya mismo vamos a complacerlas.

Buscó un sitio dónde hacer compras, un local, un par de kilómetros adelante vio un negocio, parqueó y se bajó. Entre tanto las pequeñas y Rubén se vistieron, se arreglaron y ordenaron la camioneta atrás, no era mucho el desorden. Se encontraban a mitad de camino, tal vez algo menos, el día soleado. Pablo llegó con el encargo, ahora el asunto estaba en conseguir sitio donde nadie reparara en ver a dos chiquillas fumando y tomando, lo de la cerveza es fácil disimularlo, pero lo del cigarrillo no tanto. Pablo se sentó al lado derecho para que Rubén tomara de nuevo la conducción.

—Niñas—, les habló Rubén con tono un poco fuerte—, ya no tardamos en llegar, ¿por qué no se esperan? No es fácil encontrar un sitio donde estemos seguros; además, por seguridad no me gusta detenerme en carretera y ustedes son la prioridad, no debe sucederles nada de lamentar.

Ellas se miraron y aceptaron, solo pidieron la cerveza, decisión que tranquilizó a los señores, las niñas llamaban mucho la atención y también la camioneta.

Pablo no consiguió cerveza sin alcohol, así que ellas empezaron a alegrarse al momento, permanecían desnudas cantando las canciones que se sabían, era solo reguetón, la emisora que tanto les gusta.

— ¿Cómo les fue con las pelis en el colegio? —, les habló Pablo.

—Abue, alcanzamos a ver como diez, hay muchas. Nos metimos en un escondite del polideportivo las siete, estaban asombradas, solo Andrea no hacía tanta bulla que porque ella ya conoce.

—Les daba risa verlas tan pequeñas mamando, tragando leche, cómo las enculan, a las que bailan y se masturban, de verdad que les gustaron mucho. Habíamos quedado en mañana seguir viendo, ya será la otra semana.

—Y ahora somos las reinas del grupo, las más putas, quieren que se las pasemos, les dijimos que tal vez después.

— ¿Qué contestan cuando preguntas que de donde las sacan?

—Que un primo mío, eso ya lo saben, ellas dicen lo mismo de todo lo que nos muestran, siempre son los primos, jajaja—rieron las pequeñas

—Javi, nos estás debiendo los cepillos, no tenemos juguetes—, reclamó Paula.

—Nos compraron unos que no nos los dejan, sacaron otros grandotes y ahora no aparecen, y lo de los cepillos tampoco—dijo Bella.

Cuchichearon unos momentos, se rieron y en coro al 1, 2 y 3 gritaron: “Sin juguetes no les damos culo”.

—No sean injustas, —contestó Rubén—, no hubo forma de poder comprarlos ayer, estaban sus mamás todo el tiempo, ya saben que nada se les niega.

Ellos se secretearon y al tiempo gritaron: “Si no dan los culitos no hay cepillos”

—Aún hay tiempo, antes de ir a la finca pasamos a comprarlos, nosotras necesitamos con qué entretenernos y mantener los hoyitos listos para ustedes, —opinó Paula y cantaron:

«Que tengo la polla en candela
y quiero comerte ese culo

Ando loco por su culo
bien bellaco con su culo

hasta abajo con su culo
me vuelvo loco con su culo”

—Las niñas del grupo dicen que lo que más les agrada a ustedes es el culo de nosotras. Andrea dice que le gusta salir con pantalón ajustado porque siempre le están viendo el trasero a pesar de ser una niña.

—No es solo la colita, aunque es verdad que hace mucho a favor, pero el conjunto ayuda, el cuerpo, la cara y la forma de ser. Ustedes tienen todo, no hay nada que no tengan hermoso, desde la carita hasta los pies, es algo que siempre deben tener en cuenta porque muchas no son tan afortunadas como ustedes —, les habló Rubén.

Ellas coreaban:

Y eso es

Hágale, papito, dele sin parar
Dele como perro que mi esposo va a llegar
Así que
Hágale, papito, dele sin parar
Dele como perro que mi esposo va a llegar

Dé, dele, dele, dele, dele, papi, dele
Dele, dele, papi, dele, dele, dele, dele, papi, dele
Dele, dele, ah

Mételo, papi mételo
Mételo, papi
Ah, ah

Mételo, papi, mételo

Atrás estaban las pequeñas cogiéndose a besos y tocándose, ya habían acabado las cervezas, se notaban mareaditas y risueñas.

—Llegamos, señoritas, por favor se visten, vamos a buscar dónde hacer compras. Vengan les organizamos el cabello.

Con las manos y un peine les arreglaron el enmarañado cabello.

—Si tuviéramos los cepillos sería más fácil—, comentó Bella sonriendo.

—Vamos a conseguirlos, claro que en la ciudad nos habría sido más fácil, allá hay mucho para escoger.

Pablo le avisó a Angie que ya habían llegado y le pidió que le avisara a Sofía. Rubén se comunicó con María, la señora que arregla la finca, le dijo que ya estaban en el pueblo, ella le dijo que lo esperaba.

Las niñas adelante, tomadas de la mano, coquetas con sus blusas de tirillas que de lo cortas más parecían acostumbradores, shorts cortos y zapatillas, ellos atrás, cuidándolas. Se veía bastante movimiento de gente, mucho turista. La compra de los “juguetes” no era sencilla, ellas buscaban que tuvieran forma de vibradores, que fueran grandes, buscaban algo similar a los de Angie, cosa que ellas no sabían. No fue fácil, terminaron, después de recorrer varios locales, comprando uno para cabello rizado y otro para cabello ondulado, eso decía la vendedora, con eso se conformaron, eran grandes, lisos y con buen grosor. Pablo compró lubricante grande base agua que servía para todos, a esa compra fue él solo.

Entraron a almorzar, después Bella escogió una torta helada para su cumpleaños, en el local se comprometieron a llevarla el sábado en la tarde. Hicieron un pequeño mercado de lo básico y enlatados, quesos, lácteos, galletas, tortas, que ellas iban pidiendo, la idea era no volver a salir de la casa, también algo para los mosquitos y zancudos.  Paula llegó con dos Sixpack de cervezas, ellos miraron pero no había sin alcohol, echaron cuatro más, cigarrillos mentolados y corrientes, querían que ellas probaran de los dos. Hacia la media tarde llegaron, todo estaba ordenado, muy arreglado.

María los recibió muy cordialmente, mostró cómo estaba todo, se veía limpio y organizado. Estaba con Tatiana, la hija de siete años, una pequeña trigueña con ojos claros, se veía hermosa, sonriente, pegada a la mamá.

Bella la invitó a que fuera con ellas a jugar, María accedió. Rubén le comentó que la finca estaba en venta, que tal vez esa era la última vez que se verían. Se puso al día con ella con el dinero pendiente y le dio un extra por gratitud.

La casa era sencilla, techo muy alto para aireación, tres habitaciones sin mucho mobiliario, colchones grandes pero en el piso, dos baños, sala comedor, cocina y el balcón. En la parte de afuera atrás estaba la zona de ropas. Rubén le había mandado poner, recién que la compró, malla protectora contra insectos a todas las ventanas y entradas de aire, un trabajo grande pero que daba comodidad y tranquilidad.

—María, si algo de lo que hay aquí te sirve, puedes llevártelo, yo no me voy a llevar nada, tal vez el televisor, quien la compre ya la amoblará a su gusto. Estaremos aquí el fin de semana y ya después haces lo que quieras con todo. De pronto te molestaré para que vengas y la muestres a quien esté interesado.

—Don Rubén, muchas gracias, y sí, hay cosas que me pueden servir, otras para mi mamá.

Rubén le comentó que la vendía porque no la necesitaba, que el uso era muy ocasional y el mantenimiento mensual era alto y nunca faltaban cuotas extraordinarias, lo que para él era un gasto inútil.

Las niñas estaban muy silenciosas desde hacía rato, Pablo se fue cautelosamente a mirarlas, para su sorpresa tenían a María acostada, sin ropa interior, las piernas levantadas, Bella le chupaba la cuquita y Pao le daba besos. Se quedó un momento mirando, la curiosidad y el morbo le ganaron, era excitante el cuadro, Bella se escupió la mano y le empezó a meter el dedo índice por el ano mientras seguía chupándola, se retiró cuando las niñas cambiaron de posición y se fue para la sala, dejó que María y Rubén terminaran de conversar y cuando ella avisó que ya se iban Pablo desde la sala las llamó. Tardaron un poco en salir, las tres muy risueñas, Tatiana con la carita colorada y algo agitada.

Bajaron de la camioneta todo entre los tres adultos, las niñas cuchicheaban, se despidieron de María y la hija.

—Javi—, habló Pao—, ¿Tatis puede venir a la fiesta?

Rubén miró a María interrogándola, ella era la que decidía.

—Me da pena—, respondió María—, pero si no hay problema yo la traigo, no vivimos lejos, ¿tú quieres venir?

Tatis asintió con la cabeza mientras miraba a las niñas muy sonriendo.

Acordaron que la traería el sábado en la mañana. Entraron a la casa. Ellas se metieron a bañar, estaba haciendo calor, ellos las siguieron y el baño fue en grupo. Desnudos todos terminaron de acomodar, ellas la habían elegido habitación, la única con puerta.

—Cervezas y cigarrillos, ya no esperamos más—, exigieron las chiquillas.

Salieron al balcón, la vista estaba protegida por árboles y una cerca, podían estar a salvo de miradas indiscretas.

Les dieron a probar los mentolados, a ambas les gustaron, cada una con su cerveza y su cigarrillo era un cuadro extraño, a ellos les gustaba verlas, eran sus amores, los excitaban con sus risas y gestos, pícaras, morbosas, groseras. Aún no era unas expertas fumando, eran niñas, a ratos tosían, aspiraban el humo pero con dificultad, fumaban y botaban, pero cada vez se veían mejor. Rubén tenía varias pelis de niñas así, pero que lo hicieran bien eran pocas.

Ellas alistaron su música, sonaban canciones pesadas, lenguaje fuerte, algunas se las sabían, otras no se entendían por la pronunciación, pero aun así seguían el ritmo. Se pusieron a bailar mostrando todo, sin tapujos, sin vergüenza, después se arrodillaron y empezaron a mamarles el pene, a darles besos.

Sonó la canción “Mayores” y ahí se animaron a cantar las dos:

A mí me gusta
Que me traten como dama
Aunque a veces se me olvide
Cuando estamos en la cama

A mí me gusta
Que me digan poesía
Al oído, por la noche
Cuando hacemos groserías

Me gusta un caballero
Que sea interesante
Que sea un buen amigo
Pero más un buen amante
¿Qué importan unos años de más?

A mí me gustan mayores
De esos que llaman señores
De los que te abren la puerta
Y te mandan flores

A mí me gustan más grandes
Que no me quepa en la boca
Los besos que quiera darme
Y que me vuelva loca

— Quiero que hagamos groserías—, le dijo Bella a Rubén mientras se lo chupaba—, ¿cuándo me vas a dar por la popola?

—Y tú, abue, ¿cuándo me vas a dar por la crica? Somos putas, aguantamos más que una yegua, quiero tu verga en mi cuca, Andrea nos dijo mientras veíamos las pelis que eso no duele tanto—, le decía Paula a Pablo.

Ellos se miraban y sonreían, no quería comprometerse con ellas, aún eran pequeñas.

Las mamadas se aceleraban, ellas encendían cigarrillo tras otro y ya iban por la segunda cerveza. Los penes se levantaron rápido, además del momento, estaba el viagra haciendo efecto. Bella se acuclilló sobre Rubén y se sobaba la vagina con el pene, como si quisiera metérselo, encontraba la entrada y hacía fuerza hacia abajo. Se escupía la mano, se la pasaba y de nuevo lo intentaba. Rubén supo de las intenciones, quería detenerla pero a la vez dejarla. Volteó a ver a la otra pareja, la situación era parecida, Paula luchaba por introducirse el miembro.

—Niñas, hagámoslo por el culito, no sean tan obstinadas, sus mamás las van a encontrar adoloridas, tal vez manchando, para ninguno sería una situación agradable, todo se acabaría, sean razonables—, eran las palabras de Pablo.

—Además—, señaló Pablo dirigiéndose a Pao—, le escuché decir a Sofía que tenías pendiente una revisión médica, no sería nada bueno que se dieran cuenta.

—De las pelis que bajaste hay una que se llama “Compilación”, y a niñas pequeñitas les meten unos penes grandes—, habló Paula—, a nuestras amigas les gustó aunque por lo largo lo vimos a la carrera, después lo queremos ver de nuevo.

—No es que no se pueda, pero la primera vez puede complicarse, se nos daña la celebración del cumpleaños, si las mamás se dan cuenta la vida de todos sería muy difícil, no nos volveríamos a ver, la bonita familia que estamos construyendo se acabaría, así ustedes digan que lo querían y que no las obligamos, nadie lo va a tener en cuenta porque son menores de edad, posiblemente terminaríamos en una cárcel, sean razonables, mis amores, ya con el tiempo lo vamos planeando para que todo salga bien.

Las palabras de ellos las hicieron entrar en razón, dejaron de intentar la penetración vaginal, pidieron que les lubricaran los culitos, ellos se acostaron sobre una estera que había en el piso, no muy grande lo que los obligaba a estar pegados, y así se dieron a la tarea de penetrarse. Paula se giró, quedó dándole la espalda a Pablo y en cuclillas subía y bajaba buscando penetrase lo más posible. Bella gustaba de darse besos con Rubén y era él que la sostenía de las caderas y se movía bombeando con buena velocidad.

Bella le insinuó a Pao que cambiaran, no hubo problema, fácilmente intercambiaron pareja. Pao le pidió a Rubén que la chupara, para le puso su cuquita sobre la boca, Rubén dedicó su esfuerzo a complacerla, dos dedos mantenían ocupado el abierto ojete. Bella se antojó e hizo lo mismo, ambas buscaban un orgasmo antes del de ellos.

Unos quince minutos tardaron en conseguirlo, primero Bella y después Pao, casi en simultánea, y así, aún jadeantes se penetraron nuevamente hasta lograr que ellos también llegaran al clímax, primero fue Rubén y unos minutos después Pablo.

Se acomodaron, cigarrillos y cervezas y siguieron conversando mientras sus cuerpos se recuperaban, en verdad que la habían pasado bien, fue más de media hora de disfrute, y si se tiene en cuenta todo lo ocurrido en la camioneta, había sido un buen inicio de cumpleaños, y todo por un comentario de Bella.

—Llego a mis ocho años celebrando como una puta, decía mientras fumaba y tomaba, ¿quién más festeja así esta edad? Creo que soy afortunada, debería estar jugando con muñecas y estoy es puteando, y con tres personitas que sé que me aman, la otra es mi mamá pero no creo que esté interesada en darme un regalo así.

Como era de esperarse todos rieron.

— ¿Te gustaría putear con tu mama? —preguntó Pao.

—Mi mamá es joven y linda, a veces me parece más una hermana, sería rico hacernos cositas las tres, y hasta con Sofía, también es hermosa, ¿qué tal los seis?­ Seríamos la familia más feliz del mundo, ¿cierto, Abue?

Pablo rio, al igual que todos, la ocurrencia era bastante loca.

—La idea es perturbadora, la imaginación vuela, y la de ustedes va llegando muy lejos. Creo que otra ronda nos viene bien.

—Pao, bésame—, le pidió Bella estirando los brazos.

Fue un beso muy largo y profundo, con los ojos cerrados, con lágrimas y un mutuo juramento de amor eterno, y los caballeros, testigos silenciosos de un apego de las dos niñas, y no se puede decir que haya sido por las cervezas, siempre son así, solo que ahora más expresivas.

Otro cigarrillo y otra cerveza para todos mientras conversaban.

—Chiquitas—, habló Rubén—, les voy a enseñar posiciones lesbis para que puedan cambiar, probar nuevas poses que, de pronto, van a ayudarlas a pasarla mejor. No ahora, un descanso nos viene bien, pero después lo hago, ¿de acuerdo?

Las dos aplaudieron de pensarlo, todo lo que fueran nuevas experiencias les atraía.

—Quiero ensayar los cepillos—, dijo Pao—, ya los lavaste, Abue?

—Más tarde lo hago, quiero que queden bien desinfectados, no podemos arriesgarnos a algo con ustedes, en la noche los probamos, prometido.

Las chiquillas se fueron a su cama, se cubrieron con una sábana y casi que de inmediato quedaron profundas, las cervezas y el cansancio habían cumplido.

—Pablo, ando intrigado, ¿cómo hacen este par de locas para saberse tantas canciones? ¿O es que con escucharlas una vez se les quedan?

—También lo he pensado, y cada vez son más groseras, ¿será con el grupo de compañeras que tanto aprenden? ¿O ellas son más bien las maestras? Claro que muchas de las cosas que dicen no saben bien el significado, ellas son lindas, son niñas decentes, bien criadas, algo locas. Y hay algo que debo contarte, ¿sabes cuáles fueron los juegos de estas pequeñas y Tatis?

Y ahí pasó a relatarle lo que vio con todo detalle.

—Con razón lo calladitas, y sí noté a Tatis algo alterada y se secreteaban. Estas niñas cada vez nos dan más sorpresas. ¿Será que intentan algo con Sarita?

—Va a haber más gente, las mamás, pero si les damos oportunidad de pronto por ahí podríamos encontrar cómo acercarnos a ella, que bastantes ganas le tienes.

—Es verdad—, Pablo—, Sarita me encanta, pero ya no tanto como Pao e Isa, a estas dos las amo.

Los dos rieron. El amor que les sentían era muy grande.

Recogieron el desorden, se metieron a bañar. Se alistaron. Rubén y Pablo se pusieron a examinar el celular de Alejandro, la SIM no había sido bloqueada. Encontraron un blog de notas con unas cuentas, estaba el nombre de Sofía con valores y fecha de lo que ella le tenía que dar, al final estaba la anotación “pendiente este mes”. Aparecían similares de tres mujeres más, dos estaba al día, otra debía dos meses. Había una que le daba menos que Sofía, no mucha diferencia, las otras dos le aportaban una buena cantidad mensual.

En fotos encontraron que es casado, tiene dos hijos varones de aproximadamente 5 y 7, viven allá donde estuvieron en la mañana, no aparece ninguna donde esté con otras mujeres. Tomaron pantallazos de todos los contactos.

Pablo le insinuó enviarles las fotos donde está golpeado a las chicas que aparecen en las cuentas, y aún a la esposa. Rubén no lo dudó, buscó los contactos y por WhastApp las despachó como si fuera el mismo Alejandro y con el comentario “Esto me lo hicieron por ser una basura de persona, por explotar y golpear mujeres”. Rieron por la ocurrencia y se fueron los mensajes. Pero después decidieron enviarlo a todos los contactos de WhastApp, y así lo hicieron.

Sofía llamó a Rubén a preguntarle por las niñas, le dijo que estaban bien, durmiendo porque estaban cansadas y le envió una foto donde se veían medio cubiertas por una sábana que él, intencionalmente, levantó para que se les notaran las nalgas y viera que estaban desnudas. Pensó que era bueno que se acostumbrara a que esa es la forma como a ellas gustan permanecer en los lugares cerrados, algo de erotismo puede ayudar a hacer más fáciles las cosas para ellos.

—Rubén—, le dijo Sofía—, cúbrelas, por favor.

—Ya los hemos hecho tanto Pablo como yo, pero ellas dormidas se destapan, tal vez el calor las obliga, nosotros estamos con solo un corto. Cuando vengas te darás cuenta que está calentando, de todas formas ya lo hago de nuevo.

Sofía no insistió más, le dio las gracias por cuidarlas.

— ¿Sabes algo de Alejandro?

—No, pero cuando llegues te contaremos cositas de las que nos hemos enterado husmeándole el celular. Fin de la conversación.

Ellos se recostaron a descansar, también les hacía falta. Cuando había caído la noche se despertaron, las niñas los llamaban, estaban con dolor de cabeza así que les dieron una pastilla que no tardó en hacerles efecto mientras iban al baño y se aseaban. Comieron algo rápido preparado ahí mismo, no querían ponerse ropa. Una vez terminaron se bañaron cuerpo, boca y pidieron los cepillos para ponerse a jugar.

Querían que les chuparan la popola y el culito, a lo que accedieron, ninguno de los cuatro quería desaprovechar el tiempo, esas oportunidades no se dan fácilmente.

Rubén amenizó el rato poniendo pelis, buscó “Hermosa Bunny Bedroom”, niña se mete cepillos para el cabello por ambos lados al tiempo y “W-1-81-1-E11-1”, niña se mete cepillo por delante, además de otras, ellas pidieron cervezas y cigarrillos, Rubén les pidió que fumaran todos pero en el balcón, no quería que la casa se llenara de olor

Pero antes Pablo preparó algo sencillo de sal: huevos con cebolla y tomate, queso y pan, eso les calmaría el hambre e impediría que el alcohol les hiciera efecto tan rápido. Pao puso música en su celular.

Y entonces a ellas se les ocurrió comer sentadas sobre ellos y enculadas, propuesta algo extraña pero que ellos atendieron. Primero una mamadita por parte de las niñas para dejarlos listos, con la práctica que ya tenían no tardaron en ponerlos erectos, Bella llevó el lubricante, se lo puso a los señores, le llenó el culito a Pao con bastante aceite y cambiaron. Con algo de dificultad por la posición, pero con la ayuda de ellos, lograron ensartarse, ellos les daban de comer mientras ellas subían y bajaban, estaban bien calientes, jadeaban, se masturbaban, recibían los bocados pero demoraban en tragar.

— ¡Ay, qué rico, papi, hasta el fondo, papi, rómpeme el culo! —, decía gimiendo Bella.

— ¡Dame duro, por favor, muévete, Javi, soy tu puta, lo quiero muy dentro, por favor! —, hablaba Pao mientras se acariciaba el clítoris.

Los señores trataban de alimentarlas pero era difícil por la movedera, las ayudaban subiéndolas y bajándolas porque el apoyo no era fácil, hablaban y gemían todos al tiempo, ellos también estaba muy calientes, la situación era excitante para todos.

Rubén fue el primero en anunciar su llegada con una larga exclamación y apretando contra sí a Pao, queriendo llegarle al propio corazón. Fue Bella quien gimió y se lanzó hacia atrás anunciando su orgasmo, lo que aceleró el del Abue. Pao le pidió a Rubén que la ayudara a girar sin sacarse el miembro, cosa que él coopero teniendo cuidado pues ya no tenía la rigidez óptima; sin embargo lo logró, Pao buscó así poder moverse por sí misma y a la vez besarse de manera salvaje, lo que dio frutos, su orgasmo se vino en unos momentos, lo abrazó muy fuerte mientras resollaba.

Pao le pidió que así como estaban fueran al baño y le hizo señas a Bella para que la siguiera junto con Pablo.

— ¿Quieres mi pis sobre ti? —, le preguntó Pao a Rubén.

Ante el entusiasmado sí de él, Pao le pidió a Pablo que grabara un video de lo que iba a hacer, Pablo lo pensó, no quería que quedaran expuestos de esa manera, Pao le dijo que era un recuerdo y que de Bella también. Como por varias ellos no pudieron negarse.

Pao le pidió que se acostara en el piso de la ducha, se puso sobre él en cuclillas y sobre la cara depositó su orina, Rubén recibía con gusto aquel tibio líquido, tomaba algo pero la gran mayoría la dejaba escurrir y con sus manos se la pasaba por el cuerpo. Una vez la niña terminó le sentó sobre su boca y se encargó de dejarla aseada, finalizó se besaron mientras sonreían. Pablo imitó a su amigo y Bella a su amiga, él se restregaba la cara y el cuerpo y al final la limpió con la boca bebiendo con placer lo poco que iba quedando y aprovechando para extraer con su lengua las gotas finales y después un beso. Los videos solicitados fueron guardados en la carpeta segura.

Se asearon los cuatro dejándose impecables, listos para lo que fuera. Se secaron y pasaron a terminar la comida, ellas en las piernas de ellos pero dedicados a finalizar, sobre todo porque ellas querían fumar y tomar. Disimuladamente los caballeros se tomaron su media Viagra, sabían que la necesitarían.

Entró video llamada de Angie, tomó a todos por sorpresa. Pablo decidió no contestar, todos corrieron a ponerse algo encima. Le entró la llamada a Rubén, ya listo respondió.

—Angie, gusto verte, buenas tardes, ¿cómo estás?

—Bien, Rubén, le marqué a mi papá, ¿está por ahí?

—Espera, debe estar en la cocina. Pablo—, dijo alzando la voz—, te llama tu hija.

—Angie, disculpa, no escuché el teléfono, ¿cómo estás?

—Bien, papá, ya alistando equipaje, ¿cómo anda todo? Dile a las niñas que le bajen a la música no te escucho bien.

Pablo mismo lo hizo.

—Sin novedades, disfrutando de este clima—, ya todos se había puesto algo de ropa.

Bella pidió el teléfono, con una gran sonrisa se puso a hablar con la mamá, también llamó a Paula, abrazadas estuvieron un buen rato, ellas le mostraban la casa, le decían que la habían pasado bien, que jugaban a las escondidas los cuatro, que veían televisión, que jugaban con las muñecas, que eran hermanas para siempre, momento es que con toda naturalidad de dieron un beso largo en la boca; en fin, le inventaban cada cosa que no dejaba dudas de lo sanas que eran, jajaja, ellos se reían de las locuras que ocultaban. Después pasó Sofía con quien también estuvieron conversando, la imaginación que tenían era muy grande.

Mientras tanto Rubén le contó a Pablo que lo había sorprendido que quisieran orinarse encima de ellos y que había caído en cuenta que en una de las pelis una niña lo hacía tal cual ellas lo hicieron, de ahí había salido la ocurrencia.

—Excelente tu deducción—, habló Pablo—, también se me hizo extraño ese comportamiento, claro que con ellas nunca se sabe. Y en verdad que lo disfruté.

————–

Una visión general de ellos frente a ellas

Ellos ya no eran nada al pie de ellas, con trabajo y dando buenas razones lograron convencerlas, de momento, de no tener aún sexo vaginal, pero son las que mandan, ellos solo se dedican a hacerles caso, frente a las pequeñas su voluntad se pierde, exceso de amor, de gratitud, de deseo, tal vez miedo, seguramente el no querer lo perder lo que reciben de ellas. Y ellas lo saben, lo viven, ya están conociendo el poder del sexo, que pueden no solo disfrutarlo sino usarlo para manipular, para conseguir sus deseos, y así con su edad pareciera que el dominio es mayor, pero también saben que son vulnerables, Alejandro es un ejemplo. El pesado vocabulario que cada vez más utilizan se ha dado cuenta que para ellos es una gracia, y entre más malas palabras utilicen ellas, más divertidas y liberales las encuentran. Por eso tratan de memorizar cuanta vulgaridad escuchan en la música que oyen. También son conscientes de que los juegos lésbicos son muy agradables, que entre niñas se entienden muy bien para satisfacerse y, sobre todo eso, que ellos adoran verlas así, cuando se toman de la mano, cuando se besan.

Continúa

 

Contacto: [email protected]

6 Lecturas/19 septiembre, 2026/0 Comentarios/por Rubenrosero
Etiquetas: colegio, cumpleaños, hermana, mayor, mayores, primos, recuerdos, sexo
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