RUBÉN 9
Historia real, empieza en año 2023, Bogotá, la he escrito en base a anotaciones y recuerdos, empieza así:.
Regresaron, Rubén decidió calmarse, olvidarse de todo, pasar un rato agradable con Pablo y las niñas, ya vería la manera de cumplir con todo.
Ellas estaban bien, habían visto varias de las pelis que Rubén les había dejado. Pablo fue por los juguetes y se le apareció a Rubén con los dos vibradores, el consolador grande y otro anal, se los había sacado a Angie.
—Rubén, ¿qué te parece que las niñas jueguen con estos también? Son los de mi hija, ya los lavé bien, aunque debían estar aseados.
—Jajaja, magnífica idea, aunque son muy grandes para ellas, pero de a pocos los pueden utilizar, el vibrador debe ponerlas a volar, ya me las imagino.
Finalmente entraron, el espectáculo era una locura: Bella acostada bocarriba con las con las piernas detrás de los brazos, completamente abiertas, las rodillas casi que en las orejas, los ojos cerrados, la boca entreabierta, Paula le tenía metidos dos deditos en el culito y le chupaba la cosita, pasaba la lengua desde el ojete hasta arriba y bajaba de nuevo. Paula volteó a mirarlos pero Bella le bajó la cabeza para que siguiera.
—Niñas —, dijo Rubén—, realmente están aprendiendo a divertirse, ¿quieren que les ayudemos?
—Yo sí — respondió Paula—, tengo cansado el cuello y nada que se orina, y también quiero.
Rubén le hizo señas a Pablo para que continuara con la nieta a lo que el abuelo accedió de inmediato y reemplazó a la niña que fue alzada por Rubén quien la acomodó al borde de la cama, la niña se posicionó como estaba Bella, dejando todo su cuerpito a disposición de Rubén, él se arrodilló y empezó a degustar aquel hermoso coñito que estaba empapado. Se ensalivó el dedo del medio y comenzó a meterlo despacio mientras le chupaba el clítoris que ya estaba crecido. Al ver que Paula mostró algo de incomodidad en el ano, tomó la vaselina y la aplicó en el dedo y en el ojete y ahí sí empezó a meterlo con menos dificultad, unos segundos después ya lo había metido todo sin darle tiempo a la pequeña. Cuando la notó más relajada alcanzó el plug anal, le puso vaselina y empezó a metérselo, la primera parte ingresó fácil, aumentó la chupada del coñito mientras presionaba para que el plug se ajustara, cuando notó que estaba muy agitada y que ya era inminente el orgasmo lo empujó fuerte y logró ubicarlo todo adentro, Paula se arqueó por la invasión pero a la vez empezó a gemir y a sacudirse suavemente, Rubén succionaba como ternero aquellos fluidos que emanaban, la niña y él estaban sumergidos en aquel momento. Todo el plug quedó adentro, Paula se giró quedando de medio lado con las piernas recogidas, le rodaron lágrimas. Rubén la empezó a acariciar las nalgas.
—Disfruta, preciosa, te ves maravillosa—, le decía mientras le besaba los pies, las piernas, después la cabeza y por último la mejilla. Esto hizo que Paula sonriera, estiró la mano y se tocó, quería saber qué era lo que sentía en la colita.
—Tienes tu culito lleno, el juguete te entró todo, ¿cómo lo sientes?
—Me arde un poquito pero siento rico, raro pero rico, ¿cuánto me lo debo dejar?
—Solo lo que tú quieras, pero entre más te lo dejes más te vas a acostumbrar, después todo va a ser más fácil, te va a gustar tanto que ya no vas a querer sacártelo. Y te felicito, hoy lo hiciste muy bien, cada vez será mejor.
Paula se sonrió, cerró los ojitos y se quedó quieta. Bella ya había tenido su orgasmo, se había puesto de pie y miraba la colita de Paula.
—Pao, se te ve bonito, te entró todo, yo me aguanté los dedos de mi abuelo, alcanzó a meterme dos, cuando te lo saques quiero probarlo, se te ve lindo.
Ya el abuelo había alcanzado un espejo para que Paula se viera cómo estaba, ella miró y sonrió satisfecha.
—Isa, somos bien putas, bien prostis, te amo hermanita—, y se abrazaron dándose un hermoso beso con lengua.
—Pao—, le dijo Pablo—, ponte de pie y camina a ver cómo te sientes. Ese juguete es un acostumbrador anal, es para eso, para que te habitúes y tu culito esté siempre listo, ya no son ardores, solo placer cada vez que uses tu colita.
Con la ayuda de Bella y Rubén la niña se incorporó y empezó a caminar, se reía, se miraba.
—No siento casi molestia, tan solo un poco. Me lo voy a dejar otro rato.
— ¿Ahora qué quiere hacer? —les preguntó Rubén.
—Queremos que nos dejen ver sus cosos —, les dijo Bella—, tocarlos así como la niña de la peli que vimos hace un rato.
Los dos hombres se miraron, no se lo esperaban pero no podían negarse, tampoco querían, era algo prematuro para lo que ellos habían considerado, pero había que darles gusto, llegarían hasta donde ellas quisieran.
— ¿Cómo quieren que nos pongamos y en dónde? ¿Será que mejor vamos a la sala y nos acomodamos en el sofá? —dijo Pablo.
—Sí, en el sofá como en la peli —, comentó Paula, así que los cuatro se fueron, ellos se desnudaron y se sentaron, uno al lado del otro, sus penes estaban flácidos, mostraban humedad en la punta. Las niñas buscaron en el celular de Paula una emisora de La Florida donde ponen reguetón, allí solo ponen del pesado, del que llaman “sucio”. Cuando estuvieron a gusto con lo que sonaba se fueron hacia donde los hombres, reían, estaban nerviosas. Paula se agachó frente a Pablo, Bella frente a Rubén, se miraban y seguían riendo.
— ¿De qué se ríen? —, les preguntó Rubén.
—Es que los cosos están como aguados —, dijo Paula que seguía riendo.
—Pues porque ustedes no los han mimado, necesitan cariños, besos, es como si a ustedes no las consintiéramos, les tocaría solitas —les dijo Rubén.
Bella le pasó el dedo por la punta al pene de Rubén, le retiró el líquido preseminal y se lo puso en la boca y le hizo señas a Paula para que hiciera lo mismo, con risita lo hizo, saboreó, no le supo a nada. Bella lo agarró con la mano y empezó a subirla y bajarla, Rubén echó la cabeza hacía atrás y se dejó, Paula iba haciendo lo mismo, en un momento ya ambas estaban masturbándolos, de a pocos lo iban haciendo mejor, los penes empezaron a responder a las caricias, lentamente se iban poniendo rígidos y eso las animaba, ambas eran novatas, hacían lo que habían visto en las pelis hacía un rato, era lo único, Paula vio que botaba cada vez más agüita, tomó la iniciativa y le pasó la lengua, Bella también lo hizo.
Los dos hombres se miraban y sonreían, era lo soñado, lo que tanto habían anhelado y pensaban que nunca se les daría, esto ya era bastante.
Las niñas estaban entusiasmadas, los miembros ya estaba firmes, ellas seguían pasándoles la lengua, ellos esperaban que se animaran a metérselos a la boca, y fue Paula quien primero lo hizo, era hora de darles algunas instrucciones, pensó Rubén, aunque Bella aún no lo había hecho, pero era una manera de incentivarla.
—Niñas—, les dijo—, tengan cuidado con los dientes, háganlo despacio, poco a poco lo pueden ir chupando, traten de que cada vez les entre más, y como habrán visto en las pelis, saldrá una leche, se llama semen, pueden tragarlo si lo desean, les avisaremos cuando eso esté por suceder.
Con eso ya empezaron a hacerlo las dos, chupaban cada vez más profundo y rápido mientras seguían haciéndoles una paja, cada una miraba cómo lo hacía la otra y se iban imitando. La escena era muy excitante para los cuatro.
— ¿Me lo puedo meter en la cola?—, preguntó Paula—, la siento muy grande.
Era una pregunta que no se esperaban, Pablo miró a Rubén y se animó la responderle a la niña.
—Lo podemos intentar, pero de pronto vas a sentir molestia, aún no debes tener el culito tan dilatado.
—En la peli a la niña se lo meten—, respondió.
—Paulita, podemos intentarlo, si lo deseas.
—Sí quiero.
Pablo se puso de pie, fue a buscar lubricante, bajó, tomó a Paula en sus brazos, la acostó bocarriba en el sofá dejándole el culito por fuera, le subió las piernas, con cuidado extrajo el plug, el ojete estaba bien abierto, tal vez no del tamaño esperado, pero lo intentaría, ella lo pedía y él lo quería. Se arrodilló poniendo un cojín alto para lograr la altura deseada, aplicó bastante lubricante en la colita y en su miembro, al lado Bella chupaba con deleite el pito de Rubén, ya se lo metía casi todo. Pablo le tomó la manita a la niña y le indicó que se masturbara mientras él empezaba su labor. Puso la cabeza a la entrada, la iba resbalando y haciendo fuerza, la jaló un poco más de las piernas, hizo fuerza y vio cómo lograba que el miembro se fuera internando, no era muy cabezón así que una vez metida la punta el resto empezó a entrar, Paula se quejó, movía su mano por la pepita, Pablo le preguntó si seguía, ella asintió aunque seguía mostrando molestia. Pablo empezó a sacar y meter, no lo hundía, iba aumentando el movimiento y cada vez alcanzaba más profundidad. Rubén le avisó a Bella que estaba por llegar, la niña siguió chupando, de pronto se quedó quieta, la leche de Rubén le estaba llenando la boca, con trabajo tragó, solo un poco se le escurrió por las comisuras pero no soltó, tragó de nuevo y ahí sí se lo sacó, se sonreía y mostraba la boca sin nada adentro. Entonces se hizo al lado del Paula, le daba ánimos para que aguantara, Pablo ya había logrado meterlo todo y estaba en el mete y saca.
—Ya Paulita, está todo adentro, te voy a dejar la leche en el fondo de ese hermoso culito, ahí va.
Bella le ayudó dándole lengua en el clítoris mientras le acariciaba el pecho, le daba besos en la boca y bajaba de nuevo. Pao cambiaba el semblante, sonreía ligeramente, su naricita estaba dilatada, emitía quejidos. De pie, Rubén había alcanzado una toalla y estaba grabando la caliente escena que brindaba quien menos esperaba, no perdía detalle, Pablo seguía bombeando.
—Soy reputa, soy puta, soy bien prosti—, gritaba Pao mientras llegaba al orgasmo con la cabeza de su amiga agarrada contra su coñito chupando todos los jugos que estaban saliendo. Pablo la tomó por la cintura se pegó las nalgas y empezó a eyacular en medio de quejidos.
Rubén le alcanzó la toalla para que no fuera a caer semen al sofá o al piso. Pablo lo sacó todo, puso el paño bajo las nalgas y limpió lo que estaba saliendo. Mientras Paula estaba tendida, con lágrimas, Bella se acercó a ver cómo el culito expulsaba por sí solo la leche recibida, lo miraba y sonreía, estaba maravillada con el tremendo hueco que se veía, no se pudo contener y empezó a meter su manita izquierda, haciendo fuerza, con algunos quejidos de Paula, le metió hasta la muñeca, la sacó y le metió de nuevo, todos reían, hasta Paula que no dejaba de decir que le ardía pero se quedaba esperando que su amiga siguiera.
—Quiero tener el ano como el tuyo, me encanta verte, mi Abue te lo hizo rico, quisiera que ya mismo Rubén me lo hiciera, también soy puta, perra, prosti.
—Pero es que yo había tenido el juguete por bastante tiempo, por eso me arriesgué y aun así sentí molestia.
—Pues Bella, empecemos a entrenarlo para que hagas con esa colita lo que quieras, le dijo Pablo mostrándole el plug ya limpio.
Bella no se hizo rogar, ser puso en cuatro al lado de Pao, se abrió las nalgas y pidió al Abue que se lo pusiera, lubricante en ambos lados y Pablo se lo puso, después la colocó bocarriba y a manera de sorpresa la empezó a masturbar con el vibrador de la mamá. La sorpresa de Bella fue grande, un sacudón la tomó por sorpresa, volteó a mirar, Pablo le chupaba el clítoris y le pasaba el aparatico, después lo dejaba en la entrada del coñito, apenas entrando la punta, lo sacaba y lo llevaba de nuevo hasta la pepita. Tremenda manipulación empezó a dar frutos, Bellas estaba bastante excitada.
Rubén no se quedó atrás, aprovechando que el culito de Pao seguía abierto le alzó las piernas y, sin resistencia de ella, le introdujo el otro vibrador de Angie con bastante lubricante, y lo encendió a velocidad media mientras se dedicaba a comerle la conchita.
El ambiente se fue calentando rápidamente, las niñas se daban mañas para darse besos como dos expertas lesbis mientras los hombres gozaban de tanta calentura a las que las tenían, aunque ellos no se quedaban atrás, sus miembro se iban recuperando con el paso de los minutos.
—Abue, entiérrame ese juguete en mi cuquita—, pidió Bella.
—No se puede aún, eres muy pequeña, solo el trasero por ahora, hay que esperar un tiempo.
—Abue, sácame el juguete y méteme tu coso, lo quiero ya, como a Pao, así como le hiciste a ella—, exigió Isabella al abuelo.
Él no tuvo más remedio que intentarlo, advirtiéndole que podría dolerle porque aún no estaba bien abierto, que ella debía colaborar alojando bastante. Y así empezó de nuevo el proceso, por fortuna ya se había aseado. Extrajo el plug, acomodó a la niña y se acomodó él, mucho lubricante y se dispuso a empezar con la inserción de su pene con igual procedimiento que con Pao. Rubén tomó el vibrador y se lo empezó a pasar a Bella mientras Pablo se esforzaba en introducir su glande, con calma pero sin parar, sin prisa pero sin detenerse ni un momento, le pedía a la niña que se relajara, que aflojara, y así lo fue logrando.
—Aguanta más que una yegua, le decía Pao mientras se besaban.
—Sí, yo aguanto, también soy puta, soy prosti, soy Bella Bellaca, dale abue, más adentro, me arde pero sigue, sigue, soy puta, soy yegua, aguanto, aguanto.
Unos minutos después ya Pablo la tenía completamente empalada y empezaba el mete saque.
—Tío Javi, házmelo a mí también, como me lo hizo el Abue—, le dijo Pao ofreciendo todo su culito con el vibrador adentro mientras ella mismo lo sacaba y lo metía.
Rubén, se acomodó, también uso con cojín, algo de lubricante y sin ningún trabajo la fue penetrando, para él era el momento soñado, lo esperado por tantos años, lo que nunca imaginaba que llegaría, el paraíso, la gloria. Con los ojos cerrados disfrutaba cada movimiento, sentía una inmensa felicidad, el cuerpo se le agitaba, el corazón se le aceleraba, sudaba, sonreía, gozaba, quería quedarse allí eternamente, entraba y salía despacio, profundo, una y otra vez. Por fin volvió en sí, vio a Pablo haciendo su trabajo, con seguridad se sentía igual que él, las niñas se masturbaban mutuamente, ambas con los ojos cerrados, caritas sonrojadas, las bocas abiertas, húmedas, se quejaban pero no de dolor, estaban gozando, se les notaba pues giraban las nalgas buscando que los miembros se les hundieran más, se agarraban de las piernas de sus hombres buscando más placer.
¿Cómo se puede decir que las niñas no disfrutan, decir que eso es malo, que el sexo con menores es algo grave? Eso se preguntaba Rubén, si las cosas se hacen con cariño, sin querer causar daño, con respeto, es maravilloso, las pequeñas gozan, conocen un mundo hermoso. Este momento era algo que Rubén no podría olvidar, sería único por ser el primero, otros podrías ser más interesante, pero este era el principal, como el primer amor, pueden pasar muchos pero ese no se olvida. De pronto su cuerpo se estremeció, él lo sintió como el aviso de que por ahora eso terminaría, estaba por llegar. Empezó a bombear rápidamente, tomó a Pao, por la pequeña cintura y se la pegó, su respiración estaba descontrolada, intermitente, sudaba, adentro y afuera, adentro y afuera, hasta que explotó, sintió que la vida se le iba, dejó de respirar mientras le entregó hasta la última gota. Cuando ya se calmó, cuando ya no quedaba nada abrió los ojos, tomó aire, se sonrió, una “gracias Pao, gracias” le salió del corazón. La niña lo miraba mientras tenía su orgasmo sin quitarle la mirada, varios sacudones avisaron del clímax.
Para Pablo el asunto no era fácil, ya le había entregado a Paula su leche, penetraba a Bella pero no con el mismo ímpetu, su pene no respondía a plenitud, aunque Bella no lo notaba, ella estaba concentrada en su placer y era el primero que tenía adentro, tal vez era hasta mejor, así no se le hacía tanto daño.
Rubén espero unos momentos, esperó a que su leche saliera del pompis, limpió, tomó con la boca lo que quedaba de la acabada de Pao, la puso de medio lado y se le acercó a Bella que en ese momento se masturbaba rápidamente, le retiró la manita y se puso a darle lengua, le pareció hasta curioso que a un centímetro veía la verga de Pablo entrando y saliendo. Paula también apareció empezando así una escena de lesbianismo que iba subiendo la temperatura.
— ¿Cómo te sientes, Isa? —le preguntó Pao.
—Como una prosti, mi culito siente muy rico, mi gatico está por estallar, bésame Pao, quiero tu lengua, soy una yegua. Hágale, papito, deme sin parar.
La niña no dio espera, quejidos y sacudidas acompañaron su orgasmo que Rubén bebió en buena cantidad. Pablo seguía en lo suyo, sudaba copiosamente, Rubén se masturbaba esperando que su pito respondiera nuevamente, el momento ayudó y sintió con gran alegría que estaba firme. Le ofreció a Pablo reemplazarlo, lo que él aceptó mostrando cara de cansancio.
Rubén se acomodó en el sitio de Pablo, un poco de lubricante y sin consideración insertó su miembro en aquel culito que desde el inició soñaba en poseer. La niña sintió la diferencia dejando escapar un lamento cuando le llegó al fondo, Rubén entregaba toda su energía en cada movimiento, Bella recibió con entusiasmo al nuevo visitante y correspondió agarrándose de las piernas de Rubén buscando sentir lo más adentro posible. Pao la masturbaba, chupaba y la animaba con las palabras ya conocidas por ellas, “aguantas como yegua”, “prosti”, “Bella bellaca” y “Puta”, por el momento no sabían muchas, pero iban aprendiendo a medida que escuchaban, y otras de las que aún no conocían su significado.
— Hágale, papito, deme sin parar—, nueva expresión que Bella acababa de usar y un momento antes Isa, había sonada en la emisora, — hágale, papito, deme sin parar.
Rubén ponía lo que le quedaba de energía para atender a Bella, que estaba pidiendo más, sus testículos rebotaban contra las nalgas de Bella, se sentía agotado pero quería llegar hasta el final. Tomó a la niña, la puso en cuatro y de nuevo la penetró tomándola por las caderas y buscando llegar hasta lo más profundo. La niña empinó el culo, pasó sus manos hacia atrás tomó las piernas de Rubén.
—Dame duro, papi, duro, soy una yegua, soy una puta.
Las niñas se besaban, Isa la masturbaba mientras tanto. Segundos apenas pasaron para que Bella lanzara un fuerte quejido, abrió los ojos, estaba enrojecida, esto le dio a Rubén el impulso que le faltaba, un escalofrió le recorrió la columna, se quedó quieto sintiendo cómo le brotaba semen, sabía que no era mucho pero lo había logrado. Varios pistonazos más y terminó casi acostado sobre Bella, muy agitado, había sido un gran esfuerzo que se había visto recompensado.
—Bella, mil gracias, mil gracias, me han hecho muy feliz ustedes, no tengo cómo pagarles, gracias.
Pablo le alcanzó la toalla, de por sí ya bien mojada, Rubén se puso de pie, aún temblaba, sacó su flácido miembro y limpió a la niña. Ellas dos se recostaron, sonreían.
—Lo logramos—, dijo Bella—, somos yeguas, somos prostis.
Pablo y Rubén buscaron cervezas y se hicieron en la cocina, comentaban sobre los maravillosos momentos que acababan de tener.
—Fíjate Pablo, esto no se habría logrado solamente Bella con nosotros, fue las unión de ellas dos, cada una incentiva a la otra, la locura de una la secunda la otra, el hecho de que Bella hubiera hablado en el colegio con Paula hizo todo esto posible. Creo que algo similar hay que intentar con Sarita, ya casi vamos a estar con ella y estas dos hermosuras pueden, sin que ellas lo sepan, abrirnos las puertas hacia esa otra belleza, ¿qué opinas?
—Tienes todas la razón, cada una trata de hacer más que la otra, como en competencia, vamos a planearlo bien con Sarita, tenemos la semana para pensar.
Estaban totalmente desnudos, de pie, cada uno con su cerveza cuando llegaron las pequeñas, también desnudas, se quejaban de que les dolía la cola, que sentían molestia, pero se reían, la que más se quejaba era Bella, y pedían algo de tomar y de comer, sobre todo estaban sedientas. Como chiquillas estiraron los brazos, Pablo alzó a Paula y Rubén a Bella que sin dar tiempo le arrebató la cerveza y se mandó un sorbo, hizo gestos por lo amarga pero se la pasó y tomó otro. Como era de esperarse Paula hizo lo mismo con Pablo, un largo sorbo, gestos, risas y, como dijo Rubén, la una incentivaba a la otra, el asunto fue que ellos miraban, trataban de atajarlas, pero de trago en trago se acabaron las cervezas y empezaron a pedir más.
—A ver, hermosas niñas, les habló Rubén, ustedes no deben estar tomando, eso es para personitas más grandes.
—Pero si somos prostis, ¿por qué no podemos tomar? Tú dices que lo que hacemos no lo hacen otras niñas de nuestra edad, entonces sí podemos tomar cerveza, y hasta fumar como ustedes—, fueron las palabras con las que Paula los dejó callados.
—Y pues no lo vamos a estar haciendo con nadie más que con ustedes, y nos han dicho que entre los cuatro no hay secretos, y a nadie le vamos a hablar de nuestras cosas—, concluyó Bella.
—Pequeñas, si se ponen a tomar se van a emborrachar, van a sentirse mareadas, se les va a dañar el rato. Y en cuanto a que sean prostis tenemos que hablar claro sobre eso. Vamos a destapar otra cerveza para entra las dos, se la toman despacio, nosotros nos tomaremos cada uno una, después vamos a asearnos, nos alistamos, salimos a comer porque ya es tarde y nosotros también estamos hambreados.
Se sentaron a la mesa, las niñas siguieron aferradas a ellos, sin recato enseñaban sus anitos aún rojos, ellos los examinaron, no había indicios de desgarre, era solo maltrato. Pablo fue por una crema suavizante y les aplicó.
— ¿Para la noche vamos a estar bien? — preguntó Paula.
—Es posible, ya con la cremita les va a calmar.
— ¿Y podemos hacerlo otra vez? — preguntó Bella —, queremos jugar otra vez.
—Esta noche miramos, pero con seguridad que algo podremos hacer—, respondió Pablo. Y la que acabaron vamos a asearnos y arreglarnos, ¿sienten mareo?
Las dos se rieron, estaba visto que algo sentían, y era lógico, cada una había consumido casi una cerveza que, por fortuna, era de bajo nivel de alcohol. Con disimulo acordaron comprar cervezas con cero alcohol para ellas. Los hombres las llevaron, las bañaron con agua tibia, las consintieron, aunque no lo decían, se sentían en deuda con ellas por los placeres recibidos. Nuevamente les aplicaron crema suavizante, después del baño ya se veían bastante bien. Ellas pidieron ser vestidas con vestido enterizo, dijeron que querían estar cómodas en sus colitas.
Una llamada de Sofía a averiguar por Paula los sacó del momento. La niña habló con la mamá, le demostró lo contenta que estaba, le dijo que quería que Bella fuera su hermana, Pablo su abuelo y Rubén su tío, que Pablo estaba por hablar con ella para sugerirle que él y podía recogerla en el colegio junto con Bella. Aunque no hablaba con dificultad sí se le notaba el efecto de la cerveza, pero la mamá estuvo bastante hablando con ella y no le hizo comentario alguno. Después de la conversación Paula le pasó el teléfono a Pablo y los dos siguieron hablando. Pablo se comprometió a llevarla al día siguiente a la casa y le ofreció a Sofía lo que le había comentado Paula. Pablo le habló de las ventajas de que estuvieran juntas para hacerse compañía, para hacer tareas y jugar; además, ella no tendría afán por recogerla, podía dejarla con Bella todo lo que quisiera.
Pablo le comentó que iban a salir a comer, que la invitaba y así podían hablar con más tranquilidad, ella accedió, lo que no se esperaban, Pablo quedó en recogerla en media hora. Les dieron a las niñas un café para que se les pasara lo mareadas que pudieran estar, ellas se dejan vestir más “seriecitas” para estar con Paula.
Rubén y Pablo tomaron actitud cuidadosa, que no se notara el apego que había entre los cuatro, y ellas lo supieron entender, Paula se estuvo con la mamá y Bella con el abuelo, Rubén en la punta de la mesa. Sofía accedió a lo propuesto por Pablo, difícil negarse ante las rogativas de Pao y la amabilidad de todos.
Se aprovechó para hablar del cumpleaños de Isabella, al cual estaban invitadas, sería en la finca de Rubén todo el fin de semana, Sofía dijo que no estaba segura de poder ir pero que podías contar con Paula.
Llamada de Angie a averiguar por ellos, Pablo le contó dónde y con quien estaban, Angie conversó unos minutos con Bella, y le dijo que estaba con unos amigos en una reunión, que llegaría hasta el día siguiente, para las niñas fue excelente noticia.
Sofía vio que era un poco tarde para ella, se despidió de Paula y de los demás, les agradeció por ser tan especiales con la niña y se marchó. Pablo quedó en llevarla a casa al día siguiente en la tarde.
Una vez que se quedaron los cuatro empezaron a hablar de lo sucedido, pero antes las chicas cambiaron de sitios para quedar juntas, Rubén se acomodó donde pusiera estar pendiente de todo.
¿Cómo se sienten? ¿Están adoloridas? ¿Les gustó? ¿Qué más quisieran probar? Esas eran las preguntas de Pablo y Rubén.
—A mí me duele un poquito, pero no es mucho, sí me gustó, me siento como una prosti, una reputa, aguanto más que una yegua. Quiero volverlo a hacer y me gustaría también por mi gatico—fueron los comentarios de Bella.
—Yo la pasé muy rico, me gustó chupar el coso, hace un rato sentía un ardor pero ya no, me dio mucho agrado ver el culo de Bella, rojo y abierto, no pensé que ese huequito pudiera agrandarse tanto, y así debía estar el mío. Sentir los dos pitos adentro me hizo sentir la más perra de las perras, ¡dos casi que al tiempo!, tienes que probarlo, Isa. Quiero repetir y quiero que mi cosita también pruebe, y sentir la leche adentro fue genial —, comentó Pao.
—Y yo quiero más cerveza, se siente rico, un poco de mareo pero me gustó.
—Sí —, dijo Pao, —la cerveza me gustó, y quisiera fumar, en las canciones lo dicen mucho y ustedes lo hacen. Queremos cerveza.
—Y queremos juguetes todo el tiempo—, aclaró Bella.
Los hombres escuchaban bastante sorprendidos, no podrían haber imaginado todo lo que acababan de escuchar. Rubén tomó la palabra después de que les llevaron a la mesa cervezas, las niñas tomaban en vasos, media para cada una, para que la gente no notara lo que en realidad bebían, esperaban que como habían comido no se les subieran a la cabeza.
—Niñas, esas palabras que ustedes usan cuando están calientes vamos a aclararlas para que sepan a qué se refieren: (Rubén tomó su celular donde tenía algunas anotaciones) Puta- Es una mujer que presta servicios sexuales, al igual que Prosti que es una forma menos fea de decirle a las prostitutas; es decir, tienen relaciones con hombres a cambio de dinero o de regalos, puede ser desde un beso hasta lo que hicimos estar tarde. Pero con el tiempo ya no es solo a quien venda su cuerpo, sus favores sexuales, es una mujer que gusta mucho del sexo. Yegua también como se le dice a una mujer que piensa mucho en el sexo y que lo practica, ya no es solo por negocio sino por gusto. Popola, es una forma de decirle a la vagina, son palabras de Puerto Rico y de República Dominicana, aquí se usan otras, pero valen igual. Crica también es forma de decirla a la vagina o vulva, Bellaca tiene varios significados, puede ser verraca, o puede ser alguien que actúa con maldad o poca honradez. Echarse un polvo, es tener sexo con orgasmo. Venirse es cuando se va a tener un orgasmo, aplica para mujeres y hombres, cuando ya se está a punto se dice “me voy a venir” o “me vengo”. Culeo es tener sexo, aunque viene de culo, no solo se refiere a que sea por la cola, como hicimos en la tarde. Esas son algunas palabras que he escuchado que dicen en las canciones, algunas las usan ustedes, entonces es para que sepan. Muchas otras son palabras conocidas pero que en países como Puerto Rico las pronuncias de manera incompleta, o que viene del inglés, por eso algunas ni se entiende. Perra, una manera vulgar de decirle a la mujer que gusta bastante del sexo, es porque las perritas no se le niegan a ningún perro, por eso se les dice así. Semen es lo que nos sale a los hombres al momento del orgasmo, también leche o esperma. Lesbis, son mujeres teniendo sexo entre ellas, es la palabra “lesbianas” acortada, lo que hacen entre ustedes es lesbianismo.
Las niñas prestaban atención mientras se tomaban sus cervezas, al mismo tiempo se sonreían con picardía.
Rubén le cedió la palabra a Pablo.
—Ahora, mis hermosas señoritas, no las usen con cualquiera ni en cualquier momento, que sea entre ustedes y nosotros, ya de eso hemos hablado. Pregunten sobre cualquier otra expresión nosotros no las sabemos todas pero así aprendemos. Yo quisiera saber, y es por curiosidad, ahora que ya nos conocemos y no hay secretos, ¿dónde han aprendido tanto? Porque no todo ha sido en estos días con nosotros. ¿Alguien más les habla de sexo?
—En el cole hay niños y niñas que nos muestran, nosotras nos acercamos a algún grupo y casi siempre siguen hablando de sus cosas, una niña de noveno nos llamó un día a Isa y a mí para mostrarnos pelis, que para que aprendiéramos y no fuéramos tontas. A veces nos muestran dibujos o fotos, o cosas que ellas hablan. A nosotras dos nos dejan acercarnos porque no somos sapas, a otras las sacan si se arriman, por eso sabemos. Las niñas de esos cursos ya tiene experiencia, nosotras les preguntamos y ellas nos responden. Hay dos que cuentan que los papás les hacen cosas, o tíos, o hermanos. Una dice que ya no es virgen, tiene como diez.
—Esos eran los secretos que yo les decía que tenía con mi amiga, ahora ya los saben—, aclaró Bella.
—Y eso está bien, mi niña, los secretos se respetan.
—Una de ellas fue quien nos enseñó a buscar reguetón con el celu, ahí aprendimos, y como yo sí tengo teléfono, un primo que tiene doce años me pasa cosas, es muy poco lo que nos vemos pero una vez hablamos por WhatsApp y yo le pedí que me pasara todo lo que él viera, eso se lo comparto a Isa, todo lo que me llega, hasta historias.
Rubén y Pablo ahora sí entendían por qué sabían cosas, ahí estaba la explicación.
Las pequeñas pidieron más cerveza y algo de comer, lo que fue atendido por los caballeros.
—En cuanto a lo de fumar —, habló Rubén—, ustedes no tienen edad para eso, tienen que entenderlo.
—Pero en una peli que me mostraste dos niñas se fumaron como cinco cada una, y se veía bonito cuando echaban el humo —, le dijo Bella—, y se daban besos y se tocaban. Además solo sería entre nosotros, nunca afuera, como otro secreto.
Era muy complicado hablar con ellas, siempre tenían argumentos para todo.
—No ser les puede negar nada, vamos a intentarlo, pero al principio no es fácil, da tos, lloriqueo, y no sabe rico, eso es después que se le toma el gusto.
—No importa —, le respondió Pao a Pablo—, queremos intentarlo, y queremos culiar otra vez.
Los cuatro soltaron la carcajada por la ocurrencia, algunas personas voltearon a mirarlos.
Terminaron de comer, en realidad había sido más un pasabocas que una comida, esto último era como para que no se sintieran mareadas. Pidieron la cuenta y se marcharon. Una vez en casa las nenas no tardaron en desnudarse y morrear, Paula fue a poner música pero su celular estaba descargado, Rubén le pasó el de él. Ellos también se desnudaron, encendieron el calentador de ambiente pues la temperatura estaba baja. Rubén, sin que las niñas se dieran cuenta, le pasó media pastilla de viagra a Pablo y él se tomó la otra media.
—Mira tío Javi—, dijo Paula—, somos putas y lesbis, nos consentimos las popolas.
—Y ahora queremos que nos enseñen a fumar—, dijo Isabella.
Ya había un compromiso, así que Pablo fue por cigarrillos, un cenicero, se acomodaron en el piso sentados en cojines.
— El primer cigarrillo que me fumé fue entre los siete y los ocho años, una empleada que tenían mis papás me había indujo, me mareé mucho, pero ya con el segundo fue menos. Ustedes tienen siete pero ya son mucho más personitas de lo que éramos nosotros, ahora la madurez y la conciencia llegan más temprano. Yo no les aconsejo que tomen este vicio, preferiría que no lo hicieran, pero a partir de este momento asumen su responsabilidad como yo lo hice en aquel entonces, nunca he culpado a nadie de nada de lo que me ha pasado y no quisiera que de aquí a un tiempo nos hicieran algún reclamo.
—Era muy normal fumar en todas partes—, aclaró Rubén—, y pequeños y grandes lo hacíamos. ¿Comprenden lo que les ha dicho el abuelo?
Las dos niñas se miraron y asintieron en señal de aprobación.
—Nosotras no vamos a culparlos de nada, lo juramos con meñique.
Acto seguido cruzaron los dedos pequeños con los de ellos, así quedó hecho el juramento. Los hombres eran conscientes de que eran menores de edad, muy pequeñas, y ellos eran los responsables de ellas, pero dada la situación en la que ya estaban, no había nada mejor por hacer, salvo que se negaran y ya las cosas no estaban para eso.
Ellos encendieron sus cigarrillos, la idea es que ellas vieran cómo lo hacían, les iban explicando paso a paso. Sacarlo de la cajetilla, siempre el filtro hacia la boca, tomarlo entre el índice y el dedo central, aunque puede ser con el pulgar y el índice, pero se ve mejor de la primera manera. Ponerlo en los labios, no muy adentro porque se puede mojar, tampoco muy afuera para que no se resbale, apenas lo necesario para que se sienta seguro. Deben saber que es caliente, que quema, les mostraron lo que puede hacer en un papel o en ropa. Les enseñaron a usar un encendedor y también fósforos, practicaron hasta que lo hicieron correctamente.
Hasta ahí la enseñanza estuvo bien, ahora venía la práctica inhalando; sin embargo les hicieron una última recomendación: el olor a cigarrillo se impregna muy fácil, en la ropa, en el pelo, en la boca, en lugares encerrados, siempre van a estar expuestas a los demás lo noten y no sería nada bueno para ustedes. Escojan estar solas, sitios abiertos con mucho aire, recogerse el cabello, una ropa ligera, y bañarse muy bien la boca y la cara después de hacerlo. Tener a la mano unos dulces de menta o de los otros más fuertes es una buena precaución, y si alguien nota algo, siempre nieguen, digan que estaban con alguien que fuma, pueden culparnos de estar cerca de nosotros, o que alguien pasó fumando por el lado.
Ahora vamos a lo que vamos: El cigarrillo en los labios, acercar la candela, tomar un poco de aire por la poca para que se encienda, coger de nuevo el cigarrillo con los dedos, y ahora sí acercarlo a los labios y chupar poco, apenas para empezar, entrará el humo, no lo respiren aún, déjenlo en la boca, sientan el sabor, abran la boca y suelten, háganlo varias veces sin respirar el humo. Ahora viene lo más complicado, aspirar el humo, se va a ir a los pulmones, es posible que dé tos y hasta mareo, tosan, sin miedo pero teniendo cuidado de no dejar caer el cigarrillo. Tomen aire en cuanto puedan y lo intentan de nuevo, chupando poco humo. Después de la primera las demás ya son más sencillas. Pueden inicialmente no pasar el humo, lo dejan en la boca y lo botan.
Cuando ya estuvo bien la explicación, cuando ellas los vieron fumar, decidieron que lo intentarían. Ambas querían ser la primera, así que Rubén se hizo cargo de Pao y Pablo de Isa.
El proceso fue sencillo, lo hicieron con calma, sin afanes, con sus instructores, ambas tosieron las dos primeras veces que inhalaron, ya a la tercera fue muy poca la molestia, estaban encantadas, sintieron mareo y hubo que parar, dejarlas descansar un poco, darles cerveza porque no querían otra cosa, pasaron unos diez minutos y se animaron de nuevo, esta vez no hubo tos, ellos solo les dejaron fumarse medio, en realidad uno completo era demasiado.
Estando los cuatro desnudos, las niñas aprendiendo a fumar sobre las piernas de ellos, el roce de los penes contras los culitos activo la calentura. Las niñas los manoseaban, se besaban con ellos, los hombres no dejaban de acariciar y toquetear todas sus partecitas.
Paula se arrodilló frente a Rubén y empezó a chuparle el pene, Isa hizo lo mismo con el Abue, en realidad habían mejorado mucho en la técnica, entre ellas se miraban y se iban copiando, la una de las ocurrencias de la otra, y ellos encantados.
—Queremos que nos pongan juguetes—, pidió Bella—, así vamos a estar listas para el culeo.
—Plug anal solo hay uno, el que ya usaron, vamos a ponérselo a Bella esta vez, y tú, Pao, vas a usar los otros, ¿de acuerdo?
Pablo se fue a buscarlos, él ya los había dejado aseados y guardados. Cuando llegó las dos niñas estaban dedicadas al pene de Rubén, lo lamían, se lo metían a la boca, lo masturbaban, estaban encantadas jugando y aprendiendo a hacerlo cada vez mejor. Intentaban que les llegara lo más profundo posible, no les era fácil, sus gargantas no estaba acostumbradas.
Pablo lubricó el plug y el trasero de Bella, lentamente lo fue introduciendo, ella ayudó aflojando las nalgas, en realidad no fue difícil, no tardó en ajustarse al anillo, después pasó a donde Paula, lubricó y le introdujo el consolador más grande de Angie, hubo algo de resistencia pero no lo suficiente, logró ponerlo hasta el fondo, lo encendió y los quejidos de Paula indicaron que había quedado bien. Le mostró cómo subir y bajar la velocidad y las dejó, él también estaba necesitado de que se lo mamaran. Una vez que se sentó, Isa se ocupó del abuelo aplicando toda la técnica posible. Paula, con la manita hacia atrás, se lo metía y se lo sacaba mientras jadeaba y chupaba.
—Javi, quiero que me lo metas pero también quiero tomarme tu leche, no sé qué me pasa, soy perra, mi culo está que arde, siento cosas muy adentro— dijo Pao.
—Primero que todo yo te voy a ayudar a tu primer orgasmo, es por eso que sientes cosas en la colita, es un vibrador y el movimiento de produce esas sensaciones.
Rubén la alzó, la acostó sobre el sofá con la cabeza apoyada sobre un almohadón, se arrodilló, le alzó las piernas y mientras con la mano derecha metía y sacaba el juguete, con la izquierda jugaba con su clítoris y después se lo chupaba. Cada vez que introducía el aparato hasta lo más profundo Paula aumentaba sus lamentos. Rubén no paraba de excitarla ya aumentaba la velocidad, el cuerpo de la niña se arqueaba, la carita sonrojada, sudando, la nariz esponjada, la boca abierta. Un llanto anunció lo que se venía, se aceleró la respiración, un gran lamento fue el final, por su vagina salían líquidos que Rubén aceptaba con gusto.
Bella se sacó el plug en cuanto terminó Paula y le pidió a Rubén que le metiera el vibrador hasta el fondo, él lo puso en velocidad media e hizo lo solicitado, el juguete entró hasta el fondo, y empezó un mete y saca, Bella pidió que vibrara más mientras mamaba la verga del abuelo, se la introducía hasta el fondo y chupaba queriendo sacarle la leche. Le pidió a Rubén que hiciera llegar el aparato más adentro, era imposible pero él lo intentó metiendo y sacando con mayor ligereza.
Mientras tanto Paula había quedado tendida, no abría los ojos, Rubén concluyó que era por las cervezas que se habían tomado, deberían estar mareadas y muy excitadas. Pasó su mano por debajo buscando el clítoris de Bella y comenzó a masturbarla para acelerar su orgasmo, pero fue Pablo el que no aguantó y empezó a botar la leche, Bella se la tragaba con verdadera voracidad mientras sentía que su clímax estaba cerca. Jadeos y temblores avisaron del final. Bella quedó acostada sobre las piernas de Pablo, seguía con el pene en la mano, sin moverse. Rubén le extrajo completamente el consolador, la alzó mientras ella seguía desmadejada, le pidió a Pablo que se pusiera de pie, la acostó allí, cubrió a las chiquillas con una manta y los dos se fueron a la cocina a tomarse una cerveza y fumar.
—Rubén, esta niña me exprimió, espero que la pastilla me permita seguir más tarde, sentí que la vida se me iba, es la mamada más espectacular que yo recuerde.
—Yo estuve a punto, por fortuna me controlé y me dediqué a Pao, eso estuvo mejor. La pastilla funciona, no fue sino media, estuve averiguando y como nosotros no tenemos problemas de erección con esa cantidad es más que suficiente para mantenernos firmes.
—Yo creo que las cervezas ayudaron a que quedaran así, estaban demasiado calientes, fuera de lo normal, y les encanta recibir por el culo.
—Sí, Pablo, se ve que les encanta, pero ellas no conocen el sexo vaginal, y si así son por atrás, ¿te imaginas por delante? Ninfómanas, lujuriosas, creo que hay que enseñarles a que se controlen, no con nosotros, jajaja, pero sí con quienes las rodeen, pueden convertirse en presas fáciles de cualquiera.
—Es cierto lo que dices, al fin y al cabo somos sus tutores, sus guías.
—Y hablando de todo un poco, ¿será que las niñas, sin que seamos directos, nos pueden ayudar con Sarita?
—Rubén, algo así he pensado, pero es que poco la vemos, tocaría que la empezaran a trabajar cuando la vean en la finca. Hay que buscar la forma de que ellas capten nuestra insinuación sin ser escuetos, explícitos con nuestros deseos, y que se puedan reunir seguido.
Pablo fue a la sala, tomó los juguetes que habían usado y se puso a asearlos.
—Tenerlos higienizados, que puedan usarlos en cualquier momento, ya se han acostumbrado a servirse de ellos, la vaina es que les quedaron pequeños, los rectos cedieron más rápido de lo esperado, salvo los grandes, los otros quedarán fuera de circulación muy pronto.
—No creas, Pablo, tienen las popolas, se pueden dar placer sin irse a penetrar, creo que a esos aparaticos les queda tiempo.
— ¿Me consientes? —, le dijo Paula a Rubén mientras le estiraba los brazos.
Detrás iba Bella que le estiró los brazos al abuelo. Los hombres las abrazaron y apretaron contra ellos demostrando con eso mucho amor y protección. Ellas les rodearon los cuellos y después hubo intercambio de besos.
— Abue, sabes a cerveza y cigarrillo, ¿nos regalan?
Ninguna quiso que las pusieran en el piso, querían estar alzadas. Ellos se las ingeniaron para complacerlas, se acomodaron en un par de sillas y ellas quedaron sobre las piernas. Los penes no tardaron en ponerse rígidos, aunque en ningún momento se habían bajado del todo.
Cada una pidió una cerveza y un cigarrillo, no querían medios de nada. Ellos les pidieron que lo hicieran despacio, que no había afán, que disfrutaran. Ellas accedieron, despacio fumaban, increíblemente no tosieron, eso sí, aspiraban poco humo. Pablo abrió las ventanas y encendió el extractor
— ¿Cómo se sienten? —, preguntó Pablo.
—Mi culito se siente grande, me escoce un poco, pero menos que en la tarde. Lo siento grande, como para que me lo metiera el negro del WhatsApp —, fue la ocurrencia de Bella a la que todos rieron.
—El mío también lo siento grande, pero no me arde, ya quiero seguir, ¿vamos a continuar?
—Ustedes son las que mandan—, dijo Rubén, nosotros trataremos de darles gusto, pero tenemos un límite, las niñas y las mujeres se recuperan muy rápido, los hombres tardamos más, así que tienen que ser pacientes. Por eso, lo ideal que ustedes tengan uno o dos orgasmos antes de nosotros.
— ¿O sea que la leche se les saca al final y no al principio? —, preguntó Bella.
—Es lo mejor, así todos disfrutamos por más tiempo. Para eso está la boca, los dedos, los juguetes, besos, caricias y ustedes mismas se ayudan aprovechando que están las dos.
— ¿Entonces Abue no puede ahorita?
—Sí voy a poder, ya ha pasado un buen tiempo.
Rubén, mientras tomaba su cerveza y fumaba su cigarrillo se puso a divagar, no dejaba de admirarlas, delgaditas, nalgoncitas, Paula un poco más, y con esos hermosos rizos, piel trigueña, ojos negros, Bella con su pelo ondulado, al hombro, negro, piel blanca, ojos color miel, vivo retrato de la mamá. Sus bocas sonreían a toda hora, alegres, bromistas, coincidían mucho en la forma de ser, una inocencia pícara las cubría. Con la gente extraña eran serias, a veces un poco bruscas en el trato, más Bella que Paula, mostraban inocencia pero tenían un brillo de niñas traviesas en la mirada. Ya Paula presentaba dos dientes flojos, Bella uno. Ambas le habían dado alegrías que jamás contempló, y en especial este día, todos los problemas de su próxima separación, del divorcio, de tener que desocupar el apartamento, todo eso se había disipado, ya el lunes empezarían las carreras, lo único importante eran ellas, y lo serían por mucho tiempo, primero las niñas, después lo demás.
Y Rubén sabía que para Pablo eran toda su vida, en especial su nieta, pero había aprendido a querer a Paula casi que con la misma intensidad, solo complacerlas era la finalidad de ambos. Y es que las dos eran muy especiales con ellos, sin distinciones, sin preferencias, los trataban igual, Bella era igual con Rubén que con el abuelo, como le pedía al uno le pedía al otro, y Paula lo había comprendido, Bella era su hermana, esa era su casa, su cama, su ropa, ellos sus abuelos, o tíos, cualquier denominación estaba bien.
De pronto una pregunta que le hizo Bella lo sacó de sus pensamientos.
—Oye, Javi, ¿qué es una loba que Shakira nombra tanto?
—Bueno, yo creo que ella quiere decir con eso que tiene muchos ímpetus, ganas de estar libre después de que Piqué la traicionó, y quiere divertirse. Loba es una mujer que seduce.
— ¿Y por qué dice que se porta mal para pasarla bien? ¿Y qué es seducir?
—Porque estar casada implica que no puede divertirse con otros hombres, pero como se separó, pues ahora sí puede. Y seducir es convencer para tener una aventura amorosa o sexual.
— ¿Y portarse mal es tener sexo con muchos? —, quiso averiguar Paula.
—Sí, sin que nadie la cuestione, pero también viajar, salir, bailar, ser libre.
Las niñas, un poco alteradas por las cervezas, se alejaron de ellos a cuchichear, soltaban carcajadas, se morreaban y se tocaban. Se acomodaron en una silla y empezaron un 69.
—Javi —, habló Pao —, préstame el juguete grande y vaselina, por favor, quiero encular a esta putilla.
—Y otro grande para mí —, pidió Isa—, este culo está que pide.
Mientras llegaban los encargos no dejaban de chuparse sus coñitos, y lo hacían bien a pesar de lo corto del tiempo que llevaban practicando. Ellos las colocaron de medio lado y les introdujeron los vibradores, les pareció que así quedaban más cómodas, y se retiraron, debían respetarles su momento.
Pasó como media hora, entre tanto ellos tomaban y fumaban. Rubén aprovecho para comentarle a Pablo de sus problemas, de cosas que se le había ocurrido.
—No pensaba hablar de mis cosas ahora, iba a dejarlas para el lunes, pero ya que estamos solos te comento: yo aún no tengo pensión, debo esperar un tiempo, mis ahorros son buenos pero ahora debo empezar a pagar arriendo, no me puedo ir a vivir a la finca, entonces estaré gastando sin que tenga entradas. Tú me ofreces el apartamento de aquí, pero es costoso para mí solo, en realidad lo que necesito es algo pequeño, habitación grande, baño y cocina, nada más. Creo que debo tratar de vender todos los muebles y quedarme con lo básico, tampoco necesito una camioneta, un carro pequeño me sería suficiente. ¿Qué opinas?
— ¿Y si te vienes para acá? Como te habrás dado cuenta al fondo hay un cuarto que no se usa, hay algunos chécheres que son cosas que no usamos, no es muy grande, pero sería solo para ti, hay tres baños completos y el social, podríamos compartir el mío, ayudas con los servicios y el mercado, todo equitativamente repartido, conseguimos un garaje o una bodega mientras se van vendiendo las cosas.
— Pues tu idea es buena, de antemano te agradezco tu oferta. ¿Qué dirá Angie? ¿Qué dirán los vecinos?
—No creo que mi hija ponga problema, pero hablamos con ella si eso te deja más tranquilo. En cuanto a los vecinos, no veo razón para preocuparnos, ni que nos dieran de comer, que piensen lo que les venga en gana. Para todos eres un pariente y punto.
—No quisiera incomodar, entiéndeme.
—A ver, para Isabella debe ser genial tenerte aquí, ella te quiere mucho, no necesito decirte cuánto, tú lo sientes en el trato que te da. Angie también te aprecia, y para mí la compañía es importante, estaba solo hasta que te apareciste. No te preocupes, así sea de manera temporal, todo lo solucionamos.
Un vistazo a las niñas los dejó sorprendidos, estaban echadas en el piso, sobre la alfombra, seguían con los juguetes, sus bocas chupaban las popolas, la una la de la otra, ya se les notaba la práctica a pesar de lo pequeñas, ambas jadeaban, estaban cansadas pero seguían entusiasmadas buscando los mutuos orgasmos. Se hundían los vibradores, el que Bella le metía a Paula ya no sonaba, debió quedarse sin pilas, pero eso no impedía que continuara el mete saca. Tocándose sus penes se quedaron mirándolas, decidieron acercarse a “ayudarlas” un poco, Pablo comprobó que, efectivamente, el de Paula estaba sin baterías, abrió un cajón, extrajo dos, las colocó y los hombres se hicieron cargo de los traseros mientras ellas se consentían con bocas y lenguas.
—Abue —dijo Paula—, ¿nos quieren culear?
Eso fue una orden, los culitos quedaron desocupados y fueron llenados por los erectos penes de los caballeros, las dos en cuatro patas se daban besos mientras ellos empezaban su labor, unos minutos bastaron para que Bella tuviera su orgasmo seguida tan solo un momento por Paula. Los hombres las ignoraron, querían dejar la leche en aquellos hermosos pompis, aumentaron sus movimientos, más rápido y más profundo, manoseaban los clítoris, gemían, acariciaban los pechos, Pablo fue el primero un rugir cuando sintió la cercanía, se apretó contra la nieta dejando allí toda esperma, seguido de Rubén. Se quedaron allí, sobre las niñas, jadeando, sudando, riendo.
—Gracias, hermosas, nos hacen muy felices, no me cansaré de decirlo—, les dijo Rubén mientras tomaba la toalla para ponerla debajo.
—Sí —, confirmó Pablo—, somos afortunados de tenerlas, las amamos sin límites.
Las niñas se dieron vuelta, quedaron bocarriba tendidas, sonreían, estaban cansadas. Ellos las limpiaron para que no quedaran residuos.
—Nos merecemos fumar y tomar —, dijo Bella.
—Y después les damos una mamadita, nuestros culos ya no aguantan más.
Las dos soltaron la risa, ellos no se quedaron atrás. Se dirigieron a la cocina, destaparon cervezas, encendieron cigarrillos, se sentaron en las piernas de ellos
— ¿Qué es ser virgen?—, preguntó Bella.
—Ser virgen es no haber tenido relaciones sexuales por la vagina, allí hay una telita que se llama himen, se rompe cuando un objeto entra allí, en ese momento dejan de ha perdido la virginidad—, contestó Pablo, ¿por qué lo preguntas?
—Por lo que nos dijo una niña de noveno, que ella ya no lo era.
—Cada una va a mirar a la otra, allá adentro, van a ver la vagina y se darán cuenta de qué es lo que se estira y en ocasiones se rompe.
Primero Paula estuvo viendo a Bella, ellos le mostraban cuál era el himen, después Bella observó la vagina de Paula, así cada una supo de qué les hablaba.
— ¿Y por qué es tan importante?
—En realidad no lo es, es algo que viene de hace miles de años, cuando el machismo imperaba en el mundo, si una mujer no sangraba en su primera relación la consideraban impura, hasta la castigan, podían llegar a matarla. Eso ya no existe, a nadie le importa la virginidad, cada uno es libre de hacer con su cuerpo lo que desea, los hombres no somos dueños de nadie ni ustedes son propiedad de nadie. Aún queda personas con pensamientos retrógrados, a esa gente hay que evitarla, son los que golpean a las mujeres, las humillan, denigran, ofenden, siempre eviten a esos hombres, pueden ser menores que hayan aprendido de padres machistas.
— ¿Y duele mucho? ¿Por qué sale sangre?
Sale sangre porque se rompe el músculo que impide que el pene, o el objeto ingrese. No siempre duele, a veces es flexible y solamente se estira, y el dolor no es mucho si la mujer está bien excitada y lubricada, pasa en segundos, es una vez nada más. La compañera de ustedes lo que quiere decir es que se jacta de que ya tuvo relaciones sexuales vaginales, ustedes ya las han tenido, pero anales.
—Y también bucales—, comentó Paula riendo.
— ¿Qué más han aprendido con las compañeras? —, preguntó Rubén.
—Hablan mucho, a nosotras dos nos gusta juntarnos con ellas en los descansos, tomamos nuestro refrigerio y las escuchamos. Seguido llevan una tableta, ahí se ve grande todo, miramos fotos, videos y dibujos, alguna siempre está campaneando, es decir, pendiente de que no vengan niñas sapas o algún profesor o profesora. Cuando estamos todas somos siete, nosotras dos las más pequeñas. Hemos visto pelis de parejas teniendo sexo, de lesbis, imágenes y pelis de Lolicón, casi todos los dibujos animados tienen de sexo. Hay una niña que se llama Andrea, a la que le gusta mostrarnos cuando el panti se le moja, ella es la que dice que ya no es virgen, a nosotras nos gusta todo eso. También nos han mostrado de gays. Todas han tenido alguna experiencia con tíos, hermanos, papás. Solamente nosotras dos no contamos nada, y no creo que lo vayamos a hacer, sería ponerlos a ustedes en riesgo porque somos muy chicas, pero sería rico contarles, ya sabemos más que ellas. Y les hemos aprendido muchas palabras: «Miren la culiada que le están pegando», «Qué mamadota tan rica», «Lo dejó bien exprimido», y así hay otras, son muchas las expresiones que escuchamos, no de todas sabíamos el significado, pero ahora sí con lo que ustedes nos han contado. Pero tampoco les íbamos a contar desde el principio pues eran nuestros secretos, ahora es diferente porque las dos estamos de acuerdo.
Bella les comentó que todo lo que había pasado con Rubén y con el abuelo se lo iba contando a Paula, que ella siempre había estado enterada de todo. A veces nos podíamos dar besitos o tocarnos, muy a la escondida y a la carrera.
Ellas nos quieren mucho porque les ponemos mucho cuidado y nos gusta, y no somos sapas, dicen que pequeñas es que hay que aprender para disfrutar. Que a los hombres les gusta que nos hagamos las inocentes y que se les puede sacar muchas cosas. Que cuando seamos más grandes es el momento, que ahorita no porque a los grandes les da miedo meterse con pequeñas, que a muchas les hacen daño, y que no está bien visto, lo que ustedes nos han dicho.
Una vez, a principios del año pasado, ellas estaban reunidas, alejadas, hablando, éramos más peques, estaban otras dos niñas que este año no volvieron. Pao y yo estábamos en el patio y escuchamos a dos profes hablando, decían que ese grupito de niñas debía estar haciendo cosas indebidas por las actitudes, y se pusieron de acuerdo en irse cada una por un lado, muy sigilosamente, y caerles de sorpresa. Nosotras no sabíamos lo que hacían, pero son compañeras y debemos ayudarnos, así que sin que las profes nos vieran, tampoco es que estuvieran pendientes de nosotras, llegamos hasta donde estaban y les avisamos disimuladamente y seguimos como si nada. Ellas escondieron todo y cuando las profes llegaron las encontraron conversando simplemente y no pudieron decirles nada, desde ahí nos hicimos amigas, nos unieron al grupo.
Una vez nos mostraron condones y se reían jugando con ellos, nosotras no sabíamos mucho del tema, claro que ahora tampoco, pero tenemos más idea. Nos gustaría poderles mostrar pelis de las que vemos aquí, con pequeñas no llevan, ahí sí nos ganaríamos toda la atención.
—De pronto lo intentamos, vamos a pensarlo bien con Pablo, porque sí sería un riesgo. Oye Bella, el próximo fin de semana vamos a celebrar tu cumpleaños, me gustaría saber qué deseas que te regale.
Isabella se quedó pensativa, la había tomado por sorpresa.
—Tío Javi, déjame yo pienso y te cuento después.
Ya estaba muy tarde, las niñas dijeron que estaban algo mareadas y con sueño, que iban a cumplir la promesa. Los hombres se asearon sus penes en el baño y se acomodaron en el sofá. Paula se arrodilló frente a Pablo, Bella con Rubén, se dedicaron a darles una buena mamadita, se esforzaron bastante, lograron que se pusieran tiesos, ya lograban metérselos totalmente, chupaban la cabeza mientras los masturbaban, fueron alrededor de 15 minutos de un dedicado trabajo, Rubén explotó y Bella tragó todo, hasta dejarlo limpio, unos minutos después Pablo también lo logró, Paula también dejó limpio todo, no quedó rastro de lo ocurrido.
Los cuatro se ducharon, se bañaron la boca y se fueron a dormir, las niñas en la cama de Bella, Pablo en su alcoba y Rubén en el sofá.
Pasado el mediodía Rubén se despertó, las niñas seguían profundas, Pablo abrió los ojos en cuanto escuchó a Rubén.
—Pablo, me voy, ya sabes que tengo mucho por hacer.
—Me gustaría acompañarte, si Angie no tarda te aviso y me voy a colaborarte, aunque podrías esperar a mañana, madrugamos a empacar y a ver dónde guardamos las cosas, yo puedo ir alistando tú habitación, claro que le comentaré a Angie antes, es mejor por la niña.
—Tienes razón ahora no es mucho lo que puedo hacer, más bien esperemos a que las chiquillas despierten, nos arreglamos y vamos a almorzar. Miremos mientras tanto lo del cuarto.
Pablo abrió ventanas, quería que el apartamento se aireara, que no quedaran olores malucos. Se pusieron a organizar sala, comedor, cocina, dejaron todo impecable. Las chiquillas se levantaron desnudas y risueñas, se veían descansadas. Rubén les pidió que se bañaran y acicalaran para salir a almorzar, ellas obedecieron sin problema, ellos también lo hicieron.
Inesperadamente se apareció Angie, tuvo que timbrar pues Pablo siempre asegura por dentro. Estaba de buen ánimo, las niñas ya estaban casi listas, Pablo le contó que iban a almorzar, que los acompañara, a lo cual ella accedió.
Estuvieron conversando del cumpleaños de Bella, del viaje a la finca de Rubén, de aprovechar que el lunes era festivo y podías viajar desde el viernes en la noche. De invitados, en realidad no eran muchos, Estela con Sandra, Sarita y Mateo, Sofía con Paula y ellos tres, tal vez el novio de Sofía. En la cabeza de Rubén daba vueltas la idea de invitar a Guillermo, pero a la vez quería evitar ponerse en evidencia con lo de las pequeñas.
Después de almorzar salieron a caminar por el centro comercial. Isabella le dijo a Rubén que de regalo quería que les comprara ropa para ir a la finca estrenando, Rubén accedió, si era lo que quería, pues complacerla. Aprovechando la oportunidad Pablo dijo que quería hablar con Angie, ellos dos dejaron a las niñas con Rubén, visitaron varias tiendas, las chiquillas escogieron ropa sexi, falditas que poco tapaban, cortos bien ajustados, camisetas en algodón, unos lindos sombreros, tenis, y trajes de baño, todo en tono rosado, fucsia y blanco. Rubén se daba gusto viéndolas, la alegría de ellas era la de él, se entretenía tomándoles fotos y ellas posando estaban dichosas. Casi todas las imágenes capturadas se las hacía llegar a Angie para que opinara, ella no rechazó nada, a todo le daba visto bueno, hacía comentarios y mandaba emoticones de sonrisas y corazones. Hasta sandalias planas y otras con una pequeña plataforma, y chanclas de baño. En realidad él no esperaba que fuera tanto, la cuenta se salió de lo pensado, pero con ellas no se iba a poner a frenarse en gastos.
Sofía llamó a Angie para averiguar por Paula, le comentó dónde estaban y Sofía le pidió que en cuanto terminaran las compras llevara a la niña, ya era tarde y debían madrugar, así acordaron hacerlo.
—Rubén, quiero agradecerte por lo especial que eres con Isabella, gracias por las compras, por los regalos, por todo. Y también por lo que haces por nosotros, mi papá es otra persona, Bella te quiere mucho, y veo que Paulita no se queda atrás. MI papá me ha contado de tu situación con tu esposa, cuenta con nosotros, por mí no hay problema de que vivas con nosotros, desde hace rato eres de la familia.
Rubén agradeció las palabras de Angie y se comprometió a corresponder a tanta amabilidad. No dejaba de sentir algo de culpa por lo que hacía con las pequeñas al escuchar las expresiones de gratitud de la mamá de la pequeña de quien abusaba.
Bien entrada la noche dejaron a Paula con la mamá. Rubén aprovechó para enterarse dónde cómo vivían, se ve que andan muy justas de dinero, pagan arriendo, Sofía trabaja todo el día y le toca estar corriendo para dejar y recoger a la niña. El hecho de que Pablo se haya ofrecido ha sido un alivio para ella. Quería saber del novio pero no se presentó la oportunidad de indagar. El apartamento es pequeño, queda a unas pocas cuadras del de Pablo y familia, a pie no toma más de 10 minutos el trayecto.
Hay lo básico, solo había una mesa de cuatro puestos, sin sala ni otros muebles. Rubén quería conocer, pidió el baño para lavarse las manos. Encontró una habitación con un colchón en el piso, era la de Sofía porque la otra, con una cama sencilla pero con muñecos, debía ser la de la niña, esa tenía un armario sin puertas, en la otra nada para organizar, solo una caja de cartón, no vio un televisor en ninguna parte. Todo se veía limpio, pero se notaba la carencia.
Pao llegó contenta a enseñarle a la mamá todo lo que le habían comprado y hasta a modelarle, Isa se le unió y mientras los adultos conversaban las niñas se fueron para la alcoba y salían a posarles. Rubén veía que el vestuario era un poco atrevido, sobre todo los trajes de baño, muy poca tela, mostraban las nalguitas y la parte superior era bien pequeña, aunque ellas aún no tenían téticas, apenas cubrían. Sofía miraba pero al ver que Angie no decía nada por los atrevidos modelos y, por el contario, elogiaba cómo se veían, tampoco opinó nada, pero Rubén si notaba que habría preferido que mostraran menos.
Sofía les ofreció un café mientras departían. Rubén notó que en el brazo izquierdo abajo del hombro Sofía tenía un hematoma, ella se lo tapaba con la manga de la blusa pero en un momento se le subió un poco y quedó expuesto, era grande, posiblemente causado hacía alrededor de 5 días, lo supo por el color, un amarillo verdoso.
De una vez acordaron salir el viernes a las seis de la tarde para la finca.
En el corto trayecto de regreso Pablo comentó sobre lo apretadas de dinero que se veían, todos estuvieron de acuerdo. Era algo notorio.
—Yo pedí ropa no por mí, tengo bastante, sino por Paula, no tenía ni vestido de baño ni nada para el paseo, y algunas cosas que dije que eran para mí en realidad son para ella. Y llevo dos loncheras al cole para compartir con Pao, antes no comía nada en todo el día.
Angie comentó lo del golpe, también lo había notado.
—Es el novio—, respondió Bella—, Pao me ha contado que él la grita y la maltrata y le dice malas palabras. Pao se puso muy feliz cuando Abue se ofreció a recogerla, no le gusta que él lo haga, y no hablo más porque son secretos.
Todos guardaron silencio, las palabras sobraban. Rubén los dejó y se fue, Pablo quedó en llegar temprano a ayudarle. Bella se le abrazó, le dio un beso en la mejilla y le agradeció por las compras, Rubén no pudo impedir que se le escaparan unas lágrimas por el sincero y efusivo gesto de gratitud.
Pablo llegó temprano, Rubén estaba listo y esperándolo.
—Hoy terminamos de organizar las cosas, mañana nos vamos para la finca, Pablo, he tomado unas decisiones y necesito que me acompañes, ¿puedes?
—Me preocupa lo de las niñas, ¿alcanzamos?
—Tenemos como ocho horas, tres de viaje de ida y regreso y el resto para hacer las diligencias, yo creo que alcanzamos, toca no perder tiempo. Estuve pensando anoche, voy a vender la finca, no la necesito, es un desperdicio, con eso puedo comprar uno o dos apartamentos cerca de donde tú vives. Quiero averiguar lo que puede valer y buscar una oficina que se encargue, eso es urgente.
—Rubén, quiero decirte algo ya que estamos solos.
—Dime, Pablo, ¿qué será?
—Rubén, te quiero pedir algo, en realidad me da algo de pena, pero la confianza entre los dos es muy grande, solo espero que no te niegues.
—Dime, Pablo, más que un amigo eres como un hermano.
—Voy al grano, quiero que me des por el culo, yo a cambio te lo chupo, ya sabes que lo sé hacer bien. Desde que veo a las pequeñas que tanto lo disfrutan me viene a la memoria lo que bien sabes de mí, el gusto por eso, y quiero vivirlo de nuevo, hace ya mucho de eso. Y lo quiero ya, estoy listo, recién aseado.
—Jajaja, lo que digo, eres marica.
Rubén se quedó pensando un momento, miró a Pablo, pensó que eran muchas las satisfacciones que gracias a él había tenido, a veces lo sentía más como un compañero sentimental, siempre pendiente de servirlo, de atenderlo. Quería hacer algo, en realidad a veces lo había pensado, le sentía mucho cariño. Lo tomó con las dos manos por la cara, cerró los ojos y suavemente lo besó en la frente, la mejilla y después en la boca. Pablo reaccionó con sorpresa pero le correspondió, se dieron un beso largo, sin asco.
El cuadro debía ser bien extraño para un tercero, pero eran solo ellos, nadie los veía y a nadie más le importaba y nadie más se enteraría. Sin decir palabras se fueron desnudando, ya se conocían físicamente, ahora sería de otra forma.
—No sé si esto sea amor, Rubén, pero desde que te conozco me siento seguro, mi vida tiene sentido, y no es solo por las pequeñas, es por mí.
Se acomodaron en la cama en un 69 pero de medio lado, con mucha calma se empezaron a chupar, se acariciaban las nalgas, los muslos, sus erectos penes se perdían en las bocas, Pablo le acariciaba el culo mojándolo de saliva, Rubén hizo lo mismo, lo disfrutaban.
—Creo que ya te voy a penetrar, Pablo, quiero venirme dentro de ti.
Pablo se puso en cuatro, Rubén buscó toallas de papel y un pote de vaselina, le llenó el ojete, se acomodó detrás pero de rodillas, colocó su miembro y empezó a meter la cabeza, hubo algo de resistencia.
—No pares, Rubén, haz fuerza, ya casi entra, ¡qué rico!, ya siento la cabeza adentro, sigue.
Rubén metía y sacaba, de a pocos iba ganando terreno, Pablo aflojaba para ayudar mientras con una mano se abría las nalgas.
—Dame como a las niñas, sin compasión, déjalo un momento adentro, así, rico, saca y mete.
Rubén ya no paraba, lo hundía tomándolo de las caderas y lo sacaba.
—También me encanta, Pablo, pienso que es el culo de ellas, ¡me encanta, estás apretadito!, pajéate.
—No, me gustaría que me dejaras culearte también, ¿me dejas?
Como respuesta Rubén aceleró sus movimientos, ambos gemían.
—Soy tu puta, Rubén, dame tu lechita, quiero sentir tus chorros adentro, aguanto más que una yegua, dale, dale.
Con un quejido Rubén se quedó quieto y empezó a botar su esperma adentro. Pablo gemía.
—Listo mi putica, ahora tú, debes estar que te vienes.
Cambiaron de posición, el pene de Pablo escurría, tomó la vaselina, se untó una buena cantidad, Rubén reaccionó en cuanto sintió el primer dedo que lo penetraba y que se fue hasta el fondo, Pablo lo sacaba y lo metía rápido, con esfuerzo intentó meter dos.
— ¡Marica, me vas a abrir en dos!
—Eres mi puta ahora, deja de quejarte—. Le respondió Pablo
Pablo se esforzaba en dilatar, le pedía a Rubén que aflojara, que se relajara, él ayudaba, ponía de su parte.
—Sigue, ya me duele menos, mételos otro poco, saca y mete, otro poco, sigue, estoy muy estrecho, más lubricante, húndelos y déjalos quietos, mete otro poco, ya es menos, sigue, haz rápido un metisaca, eso, rápido, ¡ya siento mejor!, clávame, Pablo, ya, culéame, me duele, esto está complicado, más vaselina, estoy flojo, mételo. Las niñas son muy valientes, ahora las admiraré más, no recuerdo que de niño doliera tanto, mientras no me desgarre, ya, al fondo, eso, así, rico, soy tu puta, Pablo, rico, dale, dale, déjame tu leche, hay que hacerlo más seguido, que no se vuelva a cerrar.
Pablo aceleró, los dos jadeaban, estaban cansados.
—Espera cambio de posición.
Rubén se puso bocarriba, subió las piernas y ofreció en pleno su intimidad, Pablo lo penetró manteniéndole las piernas alzadas.
—Escupe el culo, bota saliva.
Pablo se acostó sobre Rubén, movía las caderas buscando llegar en cada pistoneada más profundo. Bramó y se quedó quieto entregando su esperma, se agachó y se besaron hasta desocuparse.
Respiración fuerte, jadeos, sudor.
—Te quiero, Rubén, ya tengo otra putica, fea pero me sirve.
Pablo tomó toallas, se retiró y se las puso en el ano y él se limpió con otras.
Con cuidado de no hacer reguero se dirigieron al baño, se abrazaron, una ducha los reconfortó.
—Me arde el culo, pero no vi sangre en la toalla, eso está bien-, comentó Rubén.
—También siento molestia, toca hacerlo más seguido como dicen las niñas.
—Pablo, no me siento gay, pero me gustó lo que hicimos, gracias por haberlo propuesto, desde hace tiempo me siento muy unido a ti, es mucho lo que nos entendemos, eres como un alma gemela.
—Sí, fue muy agradable, desde hace rato lo deseaba y vi que esta era una oportunidad.
Un beso más, un cigarrillo, se arreglaron, organizaron las cosas grandes que quedaban y en los carros llevaron las pequeñas.
—–
Pablo, eres muy especial, tienes ternura, nunca te enfadas, tratas como una madre a tu hija y a tu nieta, estás pendiente de la casa, de que nada les falte, no te enojas, tienes alma de mujer, tu esposa debió ser muy feliz, estoy seguro que nunca le fuiste infiel.
—Nunca, Rubén, ella fue mi vida, y ella igual, estoy seguro. ¿Y tú?
—Yo sí, tres veces, la última me pegó duro porque me enamoré como adolescente, eso fue hace como tres años, Amanda lo sospechó pero nunca me habló de eso, me dejaba tranquilo, una chica parecida a Sofía, linda, la conocí en una reunión de trabajo, nos veíamos seguido, yo me sentía pleno con ella, yo parecía el papá, hasta que comprendí que solo quería dinero, sí me quería, la pasábamos bien, me rejuveneció pero me costó buen dinerito, hasta que fue sincera y me contó que tenía novio y estaba enamorada y que pensaba casarse. Lo acepté pero me dolió, estuve un tiempo triste pero me pasó. Fue una locura, una experiencia. Amanda me miraba con tristeza, sin reclamos.
—Son cosas de la vida, experiencias.
————–
Al día siguiente dejaron a las pequeñas en el colegio y arrancaron a hacer la vuelta de la finca.
Lo primero que hicieron fue buscar fincas similares que estuvieran vendiendo, encontraron dos, una de ellas muy cerca de la Rubén, fueron a mirarlas, estaban en regular estado, la de Rubén estaba mucho mejor, averiguaron, pedían bastante por ellas por el sitio, eso fue suficiente. Fueron hasta finca, encontraron a la señora que la cuida, estaba limpiando y alistando todo para el viernes. Muy cerca, como a treinta metros quedaba la piscina, Rubén quería que Pablo la conociera.
Se fueron al centro, consiguieron una inmobiliaria, Rubén comentó que la quería vender, le dijeron que eso podía tardar un poco, le ofrecieron ayudarle a tramitar una hipoteca por el 80% del valor según avalúo del municipio, pero había que tener en cuenta que el avalúo comercial siempre es más alto, ellos harían los trámites ante el banco, si el predio no tenía problemas en una semana lo harían, cobraban una comisión que no les pareció alta, así que Rubén acepto, entregó copia de la escritura para revisar y empezar la tramitación. Comieron algo a la carrera, y se regresaron, Rubén estaba muy optimista. Las cuentas para poder comprar dos apartamentos eran buenas, y hasta sobraba.
—Esa casa tuya está muy bonita, es una lástima que la vendas, pero tienes razón, tenerla ahí sin hacer nada no es negocio.
—Cuando la compré estaba muy ilusionado, pensé que el retiro de Amanda y yo lo podríamos pasar allí, me veía reunido con hijos, nietos, amigos, pero nada se dio. Solo Amanda y yo, y ahora la separación, no hay caso. Y cambiando de tema, eso del novio de Sofía, me ha afectado el saber que la trata tan mal.
—Es cierto, creo que a todos nos ha impresionado. Hay que ver cómo la ayudamos, ella es muy linda persona, me parece ver a mi hija, nunca se ha dejado de nadie, tú la ves menudita pero no permite que la vayan a tratar fuerte, con ella no hay segundas oportunidades.
—Y eso está bien, es ser muy cobarde, muy hijo de puta atreverse. Viven con mucha estrechez, Paula usa la única cama, la mamá se acomoda en un colchón. Voy a ofrecerle todos mis muebles, no los necesito, con una cama y mi computador tengo, viviendo con ustedes mis necesidades son pocas, y en vez de buscar dónde meter todo, o ponerme a vender, cosa para la que no soy bueno, allá quedan bien mis enseres, están perfectos, los compramos hace apenas como dos años y nadie los usa.
—Sí me di cuenta, todo lo que tienes se ve bien bonito, muy cuidado, prácticamente nuevo.
—Si algo te interesa me avisas, no porque lo necesites, por fortuna no es así, pero de pronto porque te guste.
—Lo que no le lleves a Sofía lo acomodamos en mi casa, y listo.
—Ahora quiero que hablemos con ella, no le tengo mucha confianza pero sé que le he caído bien. ¿Será que hoy en la noche Angie nos acompaña?
—De una vez la llamo y cuadramos eso.
—Listo, quiero en dos o tres días desocupar y pasarme a tu casa.
Mientras regresaban hablaron con ella, le contaron todo lo que pensaban. Angie se sintió entusiasmada con todo, y no podía dejar de pensar en lo del novio de Sofía, eso la tenía mal, había cavilado sobre el tema y estaba dispuesta a parecer entrometida pero hablar con ella, ofrecerle ayuda, aconsejarla y apoyarla en lo que fuera.
Angie habló con Sofía para comentarle que querían hablar con ella esa noche, que era urgente, Sofía quedó en que salía del trabajo y se iba a la casa de Angie.
Llegaron con media hora de anticipación, se tomaron un tinto con cigarrillo mientras salían las pequeñas, ambas se alegraron al verlos. Pablo les contó que Rubén se iba a vivir a la casa, las puso al tanto de todo lo que había sucedido. Eso las puso contentas, querían “jugar”, pero ellos les dijeron que estos días les tocaba solitas porque estarían muy ocupados.
— ¿Y nos pones pelis? — preguntó Paula.
—Lo que pasa es que tal vez Angie llegue temprano, es mejor no exponernos—, respondió Pablo quien se puso a alistar comida para los cuatro, mientras tanto Rubén se fue a organizar la habitación que sería para él. Ya Pablo había sacado gran parte de las cosas y las había dejado aparte para regalarlas, eran objetos fuera de uso.
Angie llegó temprano, quería estar lista para hablar con Sofía, encontró a los cuatro sentados a la mesa terminando de comer. Subió a la pieza de ella, estuvo allí un rato, bajó con cara de preocupación que el papá no dejó de notar.
— ¿Qué pasa, hija?
—Quiero hablar contigo, papá.
Se retiraron a conversar lejos de los demás.
—Papá, ¿sabes quién ha estado esculcando mi habitación?
— ¿Qué se te perdió? —, en ese momento Pablo cayó en cuenta de los vibradores, los tenía en su cuarto, había olvidado dejarlos en el sitio, tuvo que disimular.
—Un paquete que mantengo guardado, son cosas personales.
—Hija, la verdad que no tenemos nada a qué entrar, Rubén se la ha pasado con lo del arreglo para donde se va a pasar, Bella con Paula y yo haciendo cosas, cocinando y colaborándole a Rubén.
—Llevo varios días sin revisar, pudo haber sido en otro momento, en otro día.
— ¿Qué es? Si me dices lo que es me queda más fácil ayudarte a buscar.
—Son cosas personales, papá, prefiero no contarte. ¿Has visto si Bella o Paula han estado jugando con mis botas?
—No lo sé, de pronto estaban jugando a las mamás, o a disfrazarse, no puedo asegurarte si sí o si no, sabes lo traviesas que son.
Angie estaba intranquila, se fue de nuevo a buscar, Pablo no sabía cómo salir de ese problema, pero decidió que la única manera era culpar a Bella, ya él no podía asumir responsabilidad, y sería vergonzoso para Angie. Cuando ella salió después una nueva e infructuosa búsqueda Pablo se le acercó.
—Dime qué es, puedes confiar en mí, así te ayudo, ¿te parece?
—Es una bolsa rosada con cosas adentro, siempre mantengo eso escondido en mi armario entre las botas altas.
—No te afanes, yo te ayudo, en algún lado debe estar, más bien concéntrate en lo de Sofía, no creo que tarde.
—Tienes razón, papá. Me voy a encerrar con ella a conversar, no debe tardar.
Pablo le contó a Rubén lo sucedido, él reaccionó riendo.
—Te metiste en un lio, y creo que lo mejor es que hagas como que encontraste eso caído en la habitación, un sitio raro donde ella no haya buscado, se lo entregas a Angie y listo, no creo que ella le pregunte a Isabella, y si lo hace pues la chiquilla responderá la verdad, que no sabe de qué le hablan.
—Es verdad, algo así tengo pensado.
Sofía llegó, estuvieron un rato conversando todos, después se fue con Angie, estuvieron como dos horas platicando. Angie ya le había comentado que todos sabían de su situación económica y del trato que le daba el novio. Rubén le dijo que le iba a obsequiar sus muebles, que necesitaba que le dejara llave del apartamento para el trasteo al día siguiente, ella aceptó con bastante vergüenza.
Sofía relató algo de su vida, está sola, la poca familia es de una población caucana, llegó con Paula hace 4 años buscando para ella y la pequeña un futuro mejor, al papá de la niña lo mataron antes de que ella naciera pero eso no se lo ha dicho a la niña. Contó que hacía un tiempo estaba mejor de dinero, pero desde que se había ennoviado con Alejandro las cosas le habían cambiado, ella le tiene que pasar parte de lo que gana, él está pendiente de los días de pago y se queda con la mitad, que es porque tiene muchos gastos y que no le alcanza. Dice que tiene esposa y un hijo, que está en lo de la separación para organizarse con ella. Se volvió más agresivo desde que le dijo que no fuera más por la niña, en ese momento fue cuando le maltrató los brazos porque la apretó muy fuerte, mostró que en ambos tenía morados, pero ya otras veces lo había hecho, gritos y bofetadas ya le ha dado. Alejandro le dijo que Paula era como una hija y que no estaba bien que personas extrañas se hicieran cargo de la niña, pero nunca le ha dado nada a la pequeña, ni a ella. Ya le ha dicho que se vaya, que no lo quiere y entonces se enfurece y la grita, después le pide perdón. Va a hacer lo que Angie le aconsejó, que le envíe un mensaje diciéndole que ya no lo quiere ver más, y que acepta la propuesta de irse a vivir mientras tanto con ellos por un tiempo. Con dificultad tiene su pequeño carro, un Spark 2010, que poco lo mueve, es más que todo para recoger a la niña y hacer alguna salida.
Trabaja en un Call Center, antes tenía turno fijo desde las 6 de la mañana, una vecina llevaba a Pao y ella podía ir al colegio en las tardes, pero ahora tiene turnos que varían de horario cada semana y eso le ha complicado las cosas, cuando puede hace cambios o le toca decirle a Alejandro. Ya con la ayuda de que Pablo sea el encargado las cosas se le han suavizado.
Rubén tomaba atenta nota, con disimulo averiguaba nombre completo, dónde trabajaba, Sofía no sabía dónde vivía, él nunca le decía, se dio mañas para conseguir una foto.
Llamaron a las niñas, les contaron cómo iban a ser las cosas, ellas se pusieron muy felices de pensar en que vivirían juntas.
—Las dos podemos dormir en mi cama —, aclaró Bella—, ahí quedamos cómodas, y en el armario hay espacio para la ropa de ambas.
—Por mí no se preocupen—, dijo Rubén—, en la habitación que iba a ser para mí se queda Sofía, yo me acomodo en un colchón inflable que mañana traigo, en cualquier parte se puede poner.
Nadie dijo nada, pero la incomodidad para Rubén era algo con lo que no había contado Angie cuando ofreció que Paula y la niña se fueran a vivir allá.
Sofía, Angie y Rubén salieron por las pocas cosas del apartamento, no tardaron mucho. Pablo aprovechó el momento y dejó el paquete de la hija dentro de un bolsillo de un abrigo que poco usa, no se le ocurrió nada mejor para salir del lío de los vibradores.
Rubén se fue, desde el carro llamó a Guillermo, conversaron un rato, evadió la insinuación de que le hablara de Bella, le comentó todo lo de Sofía.
—Necesito que me ayudes con tu hermano, creo que él como teniente puede coger a ese desgraciado o enviar a alguien y darle su merecido, romperle la cara por hijo de puta y advertirle que si se les vuelve a acercar a ellas lo va a pasar peor. Quiero que le quiten el celular, papeles y dinero, todo, con el efectivo se pueden quedar, lo demás lo quiero yo., que primero verifiquen que el teléfono no esté bloqueado, y si sí, que les dé la clave y la verifiquen. Me avisas en cuánto me puede costar eso, que sea cuanto antes, ahí te envío la dirección del trabajo y la foto. Con esas personas en la única forma de proceder, a las buenas jamás. Y dile que le agradecería si me envía un video.
—Rubéncho, te siento muy alterado, ¿tanto se importan?
—Mucho, ella y la niña se han metido en mi corazón, y ya sabes que soy leal.
—Ya mismo lo localizo y le comento, no creo que le quede difícil, tiene un buen grado, muchos subordinados, seguro que se arregla, y más cuando sepa que es para ti, te aprecia bastante, no se le olvida que le ayudaste a conseguir empleo a los dos hijos, que, a propósito re cuento, les ha ido muy bien.
—Te agradezco, mantenme al tanto.
Amanda ya estaba, le comentó que al día siguiente empezaría a desocupar, ella no hizo opinó nada especial, solo que le deseaba suerte. Alistó lo que pudo, incluyendo el colchón, estuvo hasta tarde empacando sus cosas personales. Amanda ya había dejado todo sin sus cosas. Pablo lo llamó para comentarle que había conseguido una empresa de mudanzas y temprano llegó a colaborarle, a las 10 de la mañana ya estaba el camión con tres ayudantes. A la una de la tarde salieron para el apartamento de Sofía donde dejaron sala, comedor, enseres en general. Pablo fue por las niñas y se las llevó para que vieran cómo iba quedando todo. Paula estaba dichosa de saber que todo eso ahora era de ellas. Hacia las 6 de la tarde ya habían organizado las cosas. Sofía también llegó y ayudó a pesar de que se le había pedido que no lo hiciera. Al igual que la hija, estaba muy alegre de saber que podía disponer de todo. Pidieron pizzas por solicitud de las niñas.
Ya entrada la noche llegaron, entre todos acomodaron lo de Rubén, él decidió que esa noche se quedaría en el sofá, Pablo y él estaban rendidos. Angie pensaba en cómo acomodarse para que Rubén quedara cómodo, no se sabía cuánto tiempo pasaría y debían adaptarse de la mejor manera. Pero como estaban las cosas no le gustaba, ya pensaría.
Rubén se despertó por el alboroto que hacían todos los demás alistándose para ir a trabajar y las pequeñas al colegio, le dio pena pero el sueño lo había vencido. Cooperó en lo que le fue posible, Pablo llevó a las niñas, Angie y Sofía salieron presurosas a sus trabajos.
Se alistó, tomó un café y salió para el apartamento a revisar lo que había quedado. Algunas cosas personales en uno de los armarios, sus dos computadores, álbumes que quería conservar y otros recuerdos familiares. Pablo llegó y entre los dos finalizaron. Pasado el mediodía Rubén recibió una llamada, era de la inmobiliaria, le informaron que ya habían hablado con el banco, que se le podía facilitar el 70% del valor catastral de la finca, era un trámite demorado por el papeleo. La otra opción es que hay una persona interesada pero no ofrece el valor comercial sino un 15% por encima del catastral, sería una buena opción toda vez que hay fincas que están en venta desde hace años. Rubén accedió, no era el momento de pensar tanto, pidió que aceleraran el trámite.
Compraron Kefir, hacía días que las niñas no tomaban vitaminas y unas cervezas sin alcohol, aunque como estaban las cosas, con Angie y Sofía en la casa sería difícil tener tiempo a solas con las niñas. Dejaron todo en el apartamento, se fueron a almorzar, pasaron al colegio a recogerlas. Como siempre ya los estaban esperando. Les insistieron en que fueran al parque un rato, pero no accedieron, No se separaban, todo el tiempo permanecían juntas, se abrazaban, se tomaban de las manos, cuchicheaban y se reían. En cuanto llegaron corrieron al baño, se escuchó la ducha, no tardaron, el cabello lo tenían seco, se había bañado el resto. Pidieron películas, sabían que era un riesgo porque Sofía llegaría en cualquier momento, pero advirtiéndoles del peligro accedieron, era muy difícil decirles que no. Desnudas como estaban se echaron en la cama.
— Javi —, habló Paula—, ¿nos prestan los juguetes? Prometemos tener cuidado.
Pablo les entregó lo que pedían. Pidieron los grandes. Les dijeron que por ahora tocaba con esos únicamente, no podían decirles que eran de Angie. A regañadientes aceptaron sin pedir explicaciones. Las dejaron solas mientras fueron a preparar las vitaminas. Pensaron en masturbarse pero desistieron, ya las niñas tragaban sus leches sin problema. Las encontraron en un 69, se lamían los coñitos mientras los culitos los llenaban con los juguetes. Ambos se sonrieron, sus penes empezaron a crecer con el espectáculo.
—Nuestros huecos se han cerrado—, dijo Paula—, no entra tan fácil el plug.
—Es normal—, les dijo Pablo—, si no se usan seguido se cierran, pero se dilatan fácil. Deben turnarse el plug anal, dejarlo por ratos metido, así van a permanecer abiertos para cuando podamos estar nuevamente con ustedes, ya buscaremos cómo remediar el asunto. Vengan a tomarse sus vitaminas y siguen jugando.
De rodillas sobre la cama bebieron de afán. Sus caritas mostraban la excitación por los juegos.
—Mira, Pao, sus cosos están creciendo—, dijo Bella señalando los paquetes de ellos.
Las dos aplaudieron al verlos, los hicieron sentar al borde de la cama, sin preguntar Pao se hizo frente a Rubén y Bella a su abuelo quien notó las intenciones de las niñas, se paró, salió a revisar que estuviera puesto el seguro de adentro en la puerta de entrada del apartamento, regresó y tomó su posición inicial. Los hombres se dejaban, las pequeñas les bajaron pantalones y ropa interior y empezaron a chupar los miembros ya erectos, en verdad que lo hacían muy bien. Paula les pidió que se lubricaran los penes, ellos lo hicieron, se sentaron sobre los erectos miembros y se los fueron introduciendo ellas mismas, a los pocos minutos ya cabalgan hundiéndoselos hasta el fondo. Los cuatro jadeaban, ellos ayudaban moviéndose y tomándolas de las caderas para el sube y baja. Las niñas les daban besos, metían su lengua en la boca de ellos y esperaban que hicieran lo mismo. “Somos putas”, “aguantamos como yeguas”, “somos prostis” “culiar, culiar”, “no pares papi”, “dame duro”. Con expresiones como estas se movían, Paula se dio la vuelta, quedó mirando hacia la puerta, se puso en cuclillas y aceleró los movimientos.
—Tío Javi, avísame cuando te vaya a salir la leche.
Rubén ya estaba cerca, la excitación, el ritmo y el temor de que Sofía llegara lo tenían al borde, así que le dijo que ya. Paula se lo clavó hasta el fondo y se quedó muy quieta con los ojos cerrados y jadeando. Rubén la tomó de la cintura, la apretó hacia abajo para enterrarle el pene lo que más podía y empezó a soltar la leche. Paula echó la cabeza hacia atrás, sonreía disfrutando el momento, sintiendo la verga eyaculando varias veces, hinchada, palpitante. Cuando Rubén terminó ella se acostó sobre él sin sacarse el miembro y empezó a masturbarse con verdadera desesperación, segundos después empezó a gritar de nuevo, “soy puta”, “rica la verga”.
Entre tanto Bella seguía montada sobre el abuelo, este movía las caderas buscando llegar cuanto antes, estaba nervioso, había sido repentino, sin preparativos y con el riesgo de que se vieran sorprendidos. Bella no pensaba en eso, concentrada gritaba igual que Pao y se masturbaba. Cuando Pablo vio que Rubén ya había acabado se zafó de Bella, la acostó bocarriba, la tomó por las piernas poniéndolas bien atrás de forma que el ojete quedó totalmente expuesto, le dedico unos minutos a chuparle la vagina degustando sus jugos, después se acomodó y de un tirón le hundió el erecto miembro, Bella soltó un quejido por la rápida clavada, aceleró los movimientos buscando la mayor profundidad posible. “Así, abue, dame duro, no pares”, le gritó Bella. Pablo escupió para lubricar, unos minutos después le avisó que ya estaba por llegar, lo enterró hasta el fondo y depositó su semen con varios lechazos. Mientras terminaba buscó la boca y la besó con desesperación, ella le correspondió agitándose y llegando a su orgasmo.
— ¡Qué putas que somos! —, exclamó mientras jadeaban.
Pablo se levantó, con cuidado sacó su miembro ya flácido, tomó una toalla y la puso debajo para que fuera cayendo su esperma y a la vez irla limpiando. Paola se desensartó, el semen escurrió sobre Rubén, Pablo le pasó la toalla.
—Rubén, aún falto yo—, le dijo Paula, se sentó sobre la boca de él y lo puso a que le succionara su conchita mientras se masturbaba. Rubén, algo incómodo chupó esa hermosa vagina hasta que ella empezó a sollozar, a sacudirse y le entregó directo en la boca sus deliciosos fluidos que él bebió con verdadero gusto.
Las dos pequeñas se quedaron recostadas mientras se besaban y se sonreían. Las películas seguían pasando sin que les pusieran cuidado.
Pablo se fue para el baño a asearse y les pidió a ellas que se vistieran. Rubén recogió las toallas, abrió la ventana, apagó el televisor, retiro la USB y salió a asearse.
Los cuatro se encontraron en la sala. Pablo y Rubén acicalaron a las niñas que tenían el cabello desordenado. Se había puesto batas cortas y pantis y descalzas.
— ¿Abu, esto es lo que llaman un rapidito? —, preguntó Bella.
—Jajaja, qué ocurrencias, ¿dónde escuchaste eso? En cierta forma sí, hacerlo con afán pero disfrutando como lo hicimos. Claro que este rapidito estuvo largo, la idea es que sea más corto, de afán, como nos tocará por ahora.
—Hace rato lo escuchamos, una de nuestras amigas, Andrea, la que ya no es virgen, lo dice seguido. Así es como debemos hacerlo ahora que nuestras mamás están por llegar. No queremos que nuestros culitos se cierren por falta de uso. Pao y yo hemos conversado y ya no queremos ser vírgenes, ella dice que por delante es más rico.
—Niñas, habló Rubén—, eso de los rapiditos me parece buena solución, así todos podemos seguir con nuestras aventuras, yo pensé que esto que hicimos hoy iba a suceder en mucho tiempo, me alegra la solución que ustedes han dado, pero eso no quiere decir que dejemos de ser cuidadosos. Y lo de la virginidad, tomemos un tiempo, gocen lo que hay, más adelante lo hacemos, sin afanes, con cuidado, que sea para ustedes un experiencia agradable.
—Nosotras podemos chuparles el coso cuando lleguemos del cole, ustedes pueden culiarnos de carrerita, nosotras solitas podemos jugar en la habitación por las noches—, comentó Paula.
—Yo sí estoy de acuerdo con Pao, podemos ser discretos y seguir divirtiéndonos. Pero una noche con cigarrillos, pelis y cerveza la queremos repetir, y de solo pensar ya estoy mojada—, comentó Bella mientras mostraba los pantys húmedos.
Las risas no se hicieron esperar, Pao también se alzó en vestido mostrando su humedad. Los hombres se pusieron de pie, se bajaron la ropa y les enseñaron sus miembros húmedos, con líquido pre seminal. Ellas se acercaron y lamieron mientras sonreían. Después empezaron a chuparlos los miembros, flácidos pero ya empezando a crecer. Bella empezó a pasarle la lengua por los testículos a Rubén y volvía a lamer el pene, Paula hico lo mismo con Pablo. Poco a poco empezaron a tomar forma, ya medio erectos ellas se los metían hasta el fondo y con sus manitas los ayudaban. Decidieron apostar cuál sacaba primero la leche, chupaban la cabeza, se lo metían hasta el fondo, acariciaban los testículos, cada vez con más técnica. En esas estaban cuando golpearon, ellas se pusieron alerta, dejaron de hacerlo y corrieron a la habitación, ellos rápidamente se acomodaron la ropa, Rubén se sentó en la sala y Pablo abrió, era Sofía con una gran sonrisa, un gran ramo de flores y una caja.
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