Situación inesperada
A veces en la vida, te surgen situaciones que no esperas, pero que te cambiara la vida, como sucedió en este caso que os cuento..
Una de esas historias que me han contado…..
“Soy un padre separado con una hija pequeña, que como tantos otros, tenemos unos días predeterminados para estar con nuestros hijos, y que intentamos aprovechar lo mejor posible, para que ellos no pierdan ese contacto y cariño hacia nosotros.
A mi hija le gustaba mucho que la llevara a comer a una de esas hamburgueserías famosas que hay en los Centros comerciales, y aunque a mí no me parecía bien que abusara de esa comida basura, los padres, en nuestra situación tendemos a malcriar a los niños, dándoles todos los caprichos, así que allí íbamos siempre.
El caso es que los fines de semana solía ver a muchos padres como yo, separados que iban allí con sus hijos pequeños, pero en una ocasión me llamó la atención uno de ellos, que estaba con una niña algo mayor que la mía. La cría era más bien gordita, no sé si porque era así su genética o por el efecto de esa dieta, pero eso le hacía estar más desarrollada, incluso con pechos ya, a pesar de su edad.
La causa de que me fijara en ellos, fue, que a veces la niña se levantaba para ponerse al lado de su padre, y él aprovechaba para poner su brazo por detrás y acariciarla el culo, llegando a meter su mano por debajo del vestido, para manosear sus mulsos y sus nalgas de una forma que me pareció bastante descarada, mientras su hija se mostraba muy cariñosa con él, hablando de sus cosas.
Aunque ella a veces quería apartarse para que su padre no hiciera eso, al final seguía a su lado, dejando que él siguiera tocándola y le diera alguna nalgada en el culo. Todo eso me tenía ya excitado y con la polla dura, porque ya no era el típico caso de un padre cariñoso con su hija, que a veces la toquetea demasiado, sino que él parecía también realmente excitado con lo que estaba haciendo, y me dio la sensación de que ese era un comportamiento habitual entre ellos.
La semana siguiente volvimos a coincidir y vi que se habían sentando en una de las mesas que estaban al final del comedor, que parecía más discreta y alejada de la vista de los demás, y yo intenté buscar sitio cerca de ellos para ver si volvía a repetirse lo de la vez anterior.
Y así fue, cuando la niña terminó su hamburguesa, se puso junto a su padre, y esta vez, él la sentó sobre sus piernas, repitiendo de nuevo esas caricias y toqueteos con su hija, e incluso, algún beso que otro, de una forma que quizás a otros no llamara la atención, pero a mí me hacía sospechar de una relación bastante íntima entre ellas, lo que me llenó de morbo, imaginando lo que habría detrás de ese comportamiento.
No sé si los demás se estarían fijando también en lo que estaba pasando, o era yo, unicamente, a causa de mi mente perversa, quién veía algo que yo solamente me imaginaba en mi cabeza, pero la realidad iba a confirmar lo que mi intuición me estaba diciendo..
En la tercera ocasión que los vimos, nos pusimos en la mesa de al lado, por lo que incluso, podía escuchar lo que hablaban entre ellos con tanta complicidad, y cuando la niña se puso al lado de su padre, él la preguntó:
—¿Te gustó lo que hicimos anoche?
La niña sonrió con timidez y le contestó:
—Sí.
—Pero ya sabes que a mamá no le puedes decir nada, ¡eh?
—Ya lo sé —le dijo, ruborizada.
Yo no quería ni imaginarme lo que sería eso que les había gustado tanto, pero después de llevar un tiempo viendo su comportamiento, lo sospechaba, y eso me calentaba más todavía, porque aunque siempre se escuchan cosas sobre lo que podrían hacer algunos padres separados con sus hijas, esta vez parecía que tenía un caso de esos delante de mí, porque veía como ese hombre manoseaba descaradamente a su hija y yo ya tenía miedo de que alguien les viera y les llamara la atención, estropeándome la fiesta, al estar totalmente excitado con ese espectáculo, lo que hizo que yo también me pusiera un poco cariñoso con mi hija, acariciándola mientras les miraba, imaginándome como sería esa situación con una mayor intimidad.
La siguiente vez que volví a verlos, a causa de una situación que se dio en el Restaurante, hizo que intercambiáramos algunas palabras entre nosotros, y él, como ya nos conocería de vista, me dijo:
—Parece que todas las semanas coincidimos aquí.
Y yo, un poco nervioso, porque él se hubiera fijado en que siempre me ponía a su lado, y que eso pudiera extrañarle, le comenté:
—Bueno, ya sabes, a las niñas les gusta venir a este lugar.
—Sí, como a la mía, le encantan las hamburguesas de aquí y siempre quiere venir. Ya ves como se ha puesto de comer tantas hamburguesas, jaja —me dijo, bromeando sobre el sobrepeso de su hija.
Y yo, para hacerle el cumplido, le contesté:
—Da igual que ahora tenga algún kilo de más. Está muy guapa la niña, y de mayor ya verás como quiere adelgazar.
—A mí me gusta así, tiene unas buenas carnes —me decía, mientras le daba una nalgada en el culo, por lo que su hija se quejó:
—¡Papáaa!, para….
Y seguidamente, me dijo:
—La tuya también está muy guapa. Supongo que ya te darás cuenta de como la miran.
Ese comentario me incomodó un poco, porque no sabía a lo que se refería, a si la miraban otros niños de su edad, o lo hacían los hombres mayores, que era más bien lo que yo creía que me insinuaba, pero intenté disimular haciéndome el desentendido:
—No sé, la verdad, no me fijo en esas cosas…..
Él se río, como no creyendo mis palabras, y continuó:
—Vamos, hombre, que no pasa nada; a todos nos gusta mirar a las niñas guapas. Ya me he fijado en las miradas que le echas a mi hija.
En ese momento se me cayó el mundo encima, al verme descubierto, pero me tranquilicé al ver que no se lo había tomado a mal, aunque en realidad no supiera el motivo de mis miradas, por lo que le dije:
—Es cierto que tu hija me parece muy guapa, pero lo que me llamó la atención fue la complicidad que tenéis entre vosotros, y lo bien que os lleváis.
—Eso es verdad. Sofía —que era como se llamaba su hija— es muy cariñosa, y siempre está encima de mí, y yo intento devolverle todo ese cariño.
—Normal, como hago yo con la mía —le dije.
Él volvió a reírse, como si estuviera buscando siempre darle el doble sentido a las palabras, y de pronto, me dijo:
—Seguro que ya te la pone dura alguna vez.
Yo no sabía ni que contestarle, pero estaba visto que le gustaba hablar las cosas claras, y como en realidad si me había sucedido eso, tuve que decirle:
—Bueno, ya sabes, a veces es inevitable. Somos hombres…. —aunque me pareciera inapropiado hablar así de nuestras hijas.
Él seguía sonriendo, al ver que me estaba llevando por el camino que quería, y siguió insistiendo, cada vez de una forma más directa, dispuesto a provocarme totalmente:
—¿Ya te ha sacado la leche la tuya?
Me quedé muy sorprendido por su pregunta, porque no podía creerme que me dijera eso, y en medio de ese shock, para poder asimilarlo, le contesté:
—¿Cómo? ¿Qué quieres decir?
Y acercándose a mi oído, me dijo en voz baja:
—Hombre, que si te has hecho alguna paja con ella. Los separados estamos muy necesitados.
Yo no sabía ya si seguir esa conversación, viendo que había llegado demasiado lejos, y casi me arrepentía de haber empezado a hablar con él, por si todo eso me iba a provocar algún problema, pero el morbo, una vez más, me ganó, e intenté que me contara él:
—¿Es que tú te las haces?, con la niña, quiero decir…..
Él me miró con cara condescendiente, y siguió hablándome en voz baja:
—Cuando la tengo en casa, dormimos juntos, y ya puedes suponer…..
Esa conversación me tenía el corazón totalmente acelerado, y con una erección que no podía disimular, y él continuó, para preguntarme:
—¿A tú hija también la metes en la cama?
Aunque ya sabía con que intención me preguntaba eso, intenté nuevamente desviar mi respuesta:
—Sí, pero es porque desde que me separé, vivo en una habitación alquilada, y ahí solo tengo una cama, así que no tengo más remedio.
—Bueno, no hace falta que te justifiques conmigo, hombre, todos estamos igual. Yo si tengo una cama para ella, pero prefiere venirse conmigo.
—Eso será porque se lo pasa bien —le dije, entrando ya directamente en su juego.
—Demasiado bien, jaja. ¿Tú sabes lo que es tenerla en la cama desnuda toda la noche? La puedo manosear todo lo que quiero, ella se pone caliente y empieza a hacerme la paja hasta que me corro.
—¡Uuufff! Debe de ser una gozada tenerla desnuda contigo y que te haga eso.
—No me digas que tú con la tuya nada….. —me infirió directamente.
—¿Hombre! Algo si. Así, entre nosotros, si que la he toqueteado alguna vez —le confesé en voz baja.
—¿Sí? ¿Y se deja? ¿Le gusta a la cría? —me preguntó, con morbo.
—Sí, claro, pero tengo que ir con cuidado.
—Normal, le tienes que ir metiendo el vicio todavía. ¿Te la ha mamado ya?
—No, eso no —le contesté, aparentando una naturalidad que obvimanete no había por mi parte..
—La mía lo hace de maravilla —me dijo, dejándome con la boca abierta.
—¡Madre mía!, me lo estoy imaginando y ¡uufff!, como me estás poniendo…..
—Tú si quisieras…., también te lo haría. Así, entre juegos, acaban con la polla en la boca y les encanta cuando empiezan a chupar. Es algo instintivo, ven una polla y les dan ganas de metérsela en la boca, a cualquier edad, jaja.
Mientras me estaba diciendo eso, seguía acariciando los muslos de su hija, que había empezado a hablar con la mía, ajenas a esa conversación que me tenía tan excitado, y seguí preguntándole:
—¿Pero ya empezaste desde pequeña con ella?
—Sí, desde que me separé, ya empezamos a hacer cosas….
—¿Y ella nunca dijo nada?
—No, la tengo muy advertida, y como se lo pasa bien, no le interesa contar nada a su madre, porque entonces, no la dejaría venir conmigo.
—¡Ah, ya! Tienes suerte….
—Hay que darse algún gusto en la vida. Bueno, amigo, tenemos que marcharnos. Yo me llamo Jorge, ya nos veremos otro día por aquí —me dijo, para despedirse.
La conversación que había tenido con este hombre, me tenía la mente perturbada. Yo nunca hubiera imaginado el poder hablar de estos temas abiertamente con otra persona y no podía quitarme de la cabeza las cosas que me había dicho, por lo que en los siguientes días que tuve a mi hija conmigo, intenté avanzar más con ella, provocado por el morbo que me había causado todo eso.
Así que aprovechando que esos días estaba haciendo bastante calor, la propuse dormir desnudos, a lo que ella no puso objeción, ya que no tenía ninguna vergüenza de mostrarse desnuda ante mí.
Al estar en la cama, con el contacto de nuestros cuerpos, yo me empalmé enseguida y a causa de la excitación, me pegué a ella para que sintiera mi polla dura; y casi sin querer, la rozó con su mano, por lo que intentó apartarla, pero luego, tímidamente, volvió a buscar ese contacto con el torso de su mano, rozándola levemente, como si no se atreviera todavía a tocarla directamente.
No sé por qué estaba haciendo esas cosas con ella, pero me imaginaba estar con mi hija como me había contado mi nuevo amigo con la suya, así que yo también me puse a acariciarla, por la cintura, su culo y su barriga, hasta bajar mis dedos a su vagina, lo que la hizo estremecer, a la vez que agarraba, ahora ya, con firmeza, mi polla, apretándola en su mano, mientras yo sentía como respiraba cada vez más fuerte, en un claro síntoma de que se estaba encendiendo, y eso me iba a permitir llegar más allá.
Mis dedos jugaban con su rajita, que masajeaba ligeramente hasta sentir como se abría totalmente mojada. Yo no podía creer que una niña de su edad pudiera excitarse de esa forma, pero estaba reaccionando a mis caricias como una auténtica mujer, lo que elevaba el nivel de mi excitación cada vez más, por lo que bastó una ligera masturbación de mi hija, de forma instintiva, para que me corriera en su mano, y ella me preguntó:
—¿Que pasó, papá? Me mojaste.
—Perdona, cariño, es que me diste mucho gusto y me pasó eso. Esto es lo que sale a los hombres cuando están con una mujer.
Ella puso cara como de no entender mucho de lo que le decía, pero en su interior se sintió orgullosa de haberme dado tanto gusto como para que me corriera, y se rió, divertida:
—Jaja, esta pegajoso y huele raro.
—Bueno, ya te acostumbrarás cuando seas mayor.
Al decirle eso, se quedó pensativa y un poco triste, por lo que yo supuse que ella pensó que debería esperar a ser mayor para volver a repetir eso, así que le dije:
—No te preocupes, si te ha gustado, cuando quieras lo volvemos a hacer, porque tú también sentiste gustito cuando te acaricié, ¿no?
—Si, me sentía rara, pero me dio gusto.
Y después de quedarse mirándome, volvió a decir:
—Vale. Quiero hacerlo otra vez.
—¿Ahora?
—Sí, es divertido.
No me lo podía creer. Mi hija me estaba abriendo la puerta a disfrutar con ella a lo grande, por lo que ya nos pusimos, sin más remilgos, a gozar de ese sexo prohibido entre padre e hija, y ahora era ella quién se recreaba en mi polla, mirándola con curiosidad y tocándola a su antojo, como si hubiera descubierto un nuevo juguete lleno de interés, y entonces, le dije:
—A las mujeres les gusta chuparla, también.
Ella volvió a mirarme con cara extrañada, porque cada cosa que iba descubriendo le parecía más raro todavía, pero no hay nada como decirle a una cría que eso lo hacen las mayores, como para que quiera hacerlo ella también.
Así que después de acercar su boca a mi glande, lo empezó a lamer con la lengua y debió de gustarle, porque lo puso entre sus labios y empezó a mamar de una forma torpe, pero para mí era exquisita y tenía miedo de que volviera a correrme en su boca, así que le propuse chuparle la vagina yo también a ella, lo que volvió a aceptar extrañada de que yo quisiera chupar la zona por donde ella meaba, pero para mí era como un sueño poder meter mi lengua en su vagina.
Así estuvimos disfrutando los dos un rato, lamiéndonos mutuamente. Ella con su coñito totalmente empapado y un poco enrojecido por mis pequeños mordiscos a su vulva tan tierna, y yo a punto de explotar en su cálida boca, hasta que no pude más y el semen salió disparado hacia su cara cuando se la sacó al sentir la primera descarga.
Esa primera vez no le gustó mucho esa sensación de tener el semen en su boca y en su piel, y se levantó para lavarse. Luego, volvió a la cama muy contenta y satisfecha por haberme dado tanto placer, a la vez que para ella también había sido una experiencia placentera.
Después de eso, dormimos toda la noche abrazados como dos enamorados, con la sensación de que una nueva vida había empezado para mí, aunque todavía tenía que depararme nuevas sorpresas.
Después de esa noche, hubo alguna más, en realidad, todas en las que pude tenerla conmigo, gracias a la buena relación con mi ex-mujer, que me lo permitía, supongo que sin sospechar lo que estaba pasando entre nosotros.
Durante esas sesiones de sexo tan únicas y especiales para mí, alguna vez tuve la tentación de penetrarla y disfrutar de ella enteramente como una mujer, pero me contuve, porque cuando lo intentaba, ella se quejaba y me decía que le hacía daño, así que acababa corriéndome encima de su coño medio abierto ya por esos frotamientos.
Días después, cuando volvimos a coincidir en el Centro comercial con Jorge y su hija, ya nos sentamos juntos para comer las hamburguesas y poder hablar más tranquilamente de nuestras experiencias, por lo que él, enseguida me preguntó:
—¿Ya has hecho avances con la cría?
—Sí, hemos tenido unas noches tremendas. Hemos hecho de todo, bueno, menos follarla, que todavía….
—Eso está genial, amigo. Yo ya he empezado a metérsela un poco, porque aquí donde la ves, entre esas piernotas ya tiene una buena cuca.
—Que maravilla debe ser eso… La mía es más delgadita y no quiero hacerle daño. No creo que le entre todavía, porque tengo la polla grande, y tendré que esperar.
—Paciencia, todo llegará. Si seguís así, ella misma te lo pedirá.
—Me sorprende la naturalidad con la que hablas de estas cosas. Es como si todo esto fuera lo más normal del mundo para ti —le dije, todavía sorprendido de que estuviéramos hablando de esa forma tan abierta..
Yo ya me había dado cuenta de que ellos eran latinos, aunque no sabía de que país en concreto, pero Jorge me lo aclaró.
—Nosotros venimos de Venezuela, y allá muchos cogen a las hijas, sobrinas o las hijas de las vecinas que se pongan al alcance. No se vé tan extraño como acá.
—¿Es que la familia lo permite también?
—Hay de todo, pero alguna mamá se pone bien arrecha cuando se enteran y te montan una buena vaina.
—Entiendo. Yo, cuando me separé empecé a ir con putas, para desahogarme, ya sabes, pero creo que a partir de ahora podré ahorrarme un buen dinero —le dije.
—Jaja, ya veo que vas bien encaminado…, aunque la variedad siempre es más estimulante.
—Desde luego. Ya que pagaba, me elegía a las más jovencitas. Para viejas ya tenía a mi mujer.
Nuestra conversación era así de distendida, y cada vez que hablaba, él asentía mis palabras, mostrando esa complicidad entre nosotros, hasta que me dijo:
—Parece que las nenas se están haciendo muy amigas. ¿Qué te parece si vamos a mi casa y nos tomamos algo allí?
Cuando nuestras hijas lo escucharon, dijeron que si, muy contentas, porque así podían seguir juntas un rato más, y cuando llegamos allí, la sensación era un poco rara, porque estábamos los cuatro alrededor de una cama, y con otra pequeña cama junto a una esquina, que era donde supuestamente dormía Sofía, aunque no la usara, y allí fue donde se pusieron ellas de momento.
Después de beber unas cervezas, la conversación siguió más animada, y ya sin las prevenciones de poder ser observados, Jorge llamó a su hija para que le diera un beso. Sofía se acercó a su padre, y él la sentó sobre sus piernas par empezar a besarla en la boca, mientras sus manos recorrían su cuerpo hasta que acabaron quitándole el vestido que llevaba, permitiéndome a mi verla por primera vez desnuda.
Mi hija los miraba un poco desconcertada, sin saber que hacer, y luego de mirarme a mí, se sentó sobre mis piernas igualmente para darme un beso, y allí, sentados en la cama, estábamos los dos padres besando a nuestras hijas de una forma lujuriosa, en una situación inédita e inesperada, que impregnó esa habitación de una atmósfera irreal.
La sensación que me producía el estar los dos padres disfrutando de nuestras hijas, dejándonos llevar por nuestros deseos; al menos a mí, me había transportado a un mundo que ni imaginaba unos meses antes, y ya no había ninguna barrera ni límite que nos impidiera seguir avanzando en esa búsqueda del placer más prohibido que pudiera existir.
Recostados sobre la cama, ya teníamos a las dos niñas desnudas sobre nosotros, con nuestras pollas erguidas buscando una satisfacción inmediata entre sus piernas, pero Jorge, más experto que yo, en estas situaciones, no quiso precipitar ese placer final, y ante las miradas que yo echaba a su hija, me preguntó:
—¿Te gusta Sofía?
—Está tremenda, —le contesté, mientras me recreaba en la voluptuosidad de ese cuerpo infantil, que ya llevaba tiempo disfrutando su padre.
—¿Nos las cambiamos? —me preguntó.
Esa proposición me pilló un poco por sorpresa, aunque en esas circunstancias ya no debería extrañarme nada, así que después de asimilarlo mentalmente, le dije:
—De acuerdo, si las niñas quieren…..
Jorge le preguntó a su hija:
—¿Quieres ponerte con nuestro amigo?
Ella asintió con la cabeza sin verbalizarlo, por lo que yo también le pregunté a mi hija:
—¿Tú también quieres cambiarte?
Después de pensárselo un poco, con más timidez, y supongo que por no quedar mal en ese momento, más que por el morbo que pudiera sentir una niña de su edad, me dijo:
—Vale.
Las dos niñas se levantaron, y mi hija se puso sobre Jorge, a la vez que Sofía se sentó encima de mí. Al momento vi como Jorge empezaba a acariciar el cuerpo desnudo de mi hija, con evidente excitación, mientras me decía:
—¡Qué rica está!
Mis manos también empezaron a palpar los muslos y el culo de Sofía, que era un espectáculo, a la vez que con mi boca besaba y lamía sus duros pechos, jugando mi lengua con sus sobresalientes pezones.
Pero lo que más me atraía de ella eran sus nalgas esplendorosas y le dí la vuelta para manoseárselas bien, mientras le daba unas palmadas que acabaron enrojeciéndoselas. Al abrírselas con las manos y ver su ano y su coño tan jugoso, puse mi polla allí para rozarla hasta sentir que casi me iba a correr ya, así que la cambié de nuevo de posición para volver a ponerla frente a mí.
Si mi excitación podía subir un nivel más, en esos momentos estaba sintiendo algo que no había sentido en toda mi vida. Sentía mi corazón latir de una forma cada vez más acelerada, y cuando ella puso su mojado coño en contacto con mi polla, nuevamente parecía que no iba a poder aguantar mi eyaculación. Su abierta vagina era toda una invitación para penetrarla, pero era algo que no iba a hacer sin el permiso de su padre, que me dijo:
—Fíjate que chocha tiene. ¿Quieres joderla?
Yo le miré, como preguntándole si estaba seguro de lo que me decía, pero él continuó:
—Anímate, hombre. Métesela, que lo está deseando…
Yo, quizás, hubiera preferido disfrutar más de su cuerpo antes de follarla, pero ya que me daba esa oportunidad, no podía desaprovecharla, así que coloqué el glande en la entrada de su vagina y empuje suavemente hasta que quedó completamente dentro de ella, con una facilidad que me sorprendió, pero su complexión física y las veces que su padre ya la habría penetrado, facilitaron que pudiera empezar a follarla de forma satisfactoria para los dos desde le primer momento, en el que me dí cuenta de la jugosidad de ese coño que empapaba mi polla de sus jugos.
Sofía también sabía moverse sobre mí, buscando su propio placer y nuestras corridas casi llegaron al tiempo, porque ya estaba al límite y no podía aguantar mucho tiempo en el coño de esa niña sin correrme, mientras ella iba teniendo pequeños orgasmos de una forma sucesiva, que la mantenía muy caliente y excitada.
Mi hija me había estado mirando muy sorprendida mientras follaba a su amiga, pero también excitada por las caricias y estimulaciones de Jorge, que le daba pequeños besos sobre su piel, lamiendo sus partes más sensibles, lo que la mantenía encendida.
Cuando yo terminé con su hija, de momento; él se centró más en la mía, tumbándola sobre la cama para comerle el coño, lo que estuvo disfrutando durante un rato, hasta que se colocó entre sus piernas con la intención de penetrarla. En ese momento, aunque no me gustaba que lo hiciera, sentí que no podría oponerme después de haber permitido él que follara a su hija.
Me tranquilizó un poco el ver que su polla era más pequeña que la mía y quizás tendría menos dificultad para metérsela y con menos dolor para mi hija, que en medio de su excitación, también, no se opuso a que ese hombre la desvirgara, así que cuando se la metió dentro, solo tuvo un leve respingo ante esa novedosa sensación, y según Jorge iba follándola, ella se relajaba, dedicándose a disfrutar solamente de todo ese placer que le propiciaba ese hombre adulto.
Aunque lógicamente, me hubiera gustado ser yo el primer hombre para mi hija, después de todo lo vivido, lo dí por bien empleado, ya que de alguna forma, tenía que agradecerle que me hubiera abierto el camino a algo que por mi solo difícilmente hubiera conseguido.
Después de eso, volvimos a cambiarnos a nuestras hijas, y mientras él volvía a follar a la suya, yo me dispuse a hacerlo por primera vez con la mía, así que después de que Jorge hubiera abierto ese camino en su coño, mi polla se deslizó dentro de ella con facilidad, sin importarme que su coño estuviera lleno del semen de mi amigo, porque eso facilitó esa primera y placentera follada.
Al terminar esa intensa sesión de sexo, pudimos relajarnos un poco en la compañía de nuestras hijas, acariciando su suave piel, recostadas sobre nosotros y con esos restos de semen sobre sus cuerpos, lo que colmaba toda esa perversidad vivida en aquella habitación.
Jorge me comentó, que en las demás habitaciones vivían más padres separados, y que había visto a alguno con niñas también, que suponía que estarían en la misma situación que nosotros, y que alguna noche, había escuchado algún gemido salir de esas habitaciones, pero aunque no había intimado con ninguno de esos hombres como para saber lo que hacían o no, estaba seguro de que alguno de ellos, se estaba follando a aquellas niñas, también.
A mí me sorprendía todo eso, porque no creía que fuera algo tan habitual, pero estaba visto que sí, y que todavía me faltaban muchas cosas por descubrir.
Casi siempre que tenía a mi hija conmigo, quedaba con mi nuevo amigo Jorge, para ir a su casa, que en realidad era solo una habitación entre tantas otras en las que estaba dividido ese edificio, ocupadas por personas solas, que por circunstancias económicas o de otro tipo, preferían vivir así, o no tenían otra remedio, y allí nos encontrábamos para disfrutar conjuntamente un rato con nuestras hijas.
Eso me permitió observar el tipo de personas que vivían allí, desde estudiantes a personas mayores, y algunos de ellos, en las mismas circunstancias que Jorge y yo. Entre esas personas, me llamó la atención un hombre de nuestra edad, al que solía ver con una chica adolescente, mayor que las nuestras, y la que suponía sería su hija, porque solía quedarse los fines de semana durmiendo allí.
Él también se había fijado en mí, por mis visitas frecuentes a ese lugar, aunque no estuviera viviendo allí, y un día, al verme, coincidiendo en el ascensor, me comentó:
—Te veo bastante por aquí, vienes a visitar a algún amigo, supongo.
Era una pregunta un poco indiscreta para una conversación retórica de ascensor, pero le contesté:
—Sí, tengo un amigo viviendo en una de estas habitaciones y como tiene una hija de edad parecida a la mía, venimos a verlos de vez en cuando.
Él se quedó mirando a mi hija, quizás recreándose demasiado en ella, y me dijo:
—Sí, creo que los conozco. La niña está un poco gordita, ¿no?
—Pues sí, son de fuera, él se llama Jorge.
—Ya, ya…. —se quedó pensando, como queriéndome decir algo, pero sin atreverse— Pero ¿estáis todo el tiempo en la habitación? ¿No vais juntos con las crías a algún lado? —me pregunto, interesado.
—Bueno, a veces nos quedamos en su habitación y otras veces nos encontramos en el Centro comercial.
—Claro, genial. A la mía también le gustaba mucho ir ahí cuando era más pequeña.
En ese momento, su hija no iba con él, por lo que le pregunté por ella, como si no la hubiera visto más veces:
—¿Es muy mayor ya?
—No, va a hacer 18 dentro de poco, una mujercita preciosa, que muchos fines de semana se viene conmigo.
—¡Ah!, ya, ¿estás separado también?
—Desde hace años, Alicia era una niña todavía y lo pasó mal.
—Me imagino, como yo con ésta, pero lo vamos llevando —le dije, buscando su complicidad.
—Hay que intentar no perderse estos años con ellos, porque son los mejores, te lo digo yo. Echo de menos cuando la mía tenia la edad de la tuya. Ahora es más independiente, ya sabes….
—Claro, lo entiendo, pero ella sigue viniendo a pasar la noche contigo.
—Sí, tengo suerte de que todavía quiera. Supongo que lo echará de menos también. Ya empezó a dormir conmigo cuando todavía estaba casado con su madre.
—¿Y a tú mujer le parecía bien eso?
—No, claro que no. Se ponía loca de celos. Mira tú que tontería, tener celos de una niña, que además era su hija.
Me quedé mirándole, porque de pronto se había arrancado a hablar, como si necesitara contárselo a alguien, y continuó:
—Pero ¿sabes…? El caso es que tenía razón, jaja. Me daba más placer la niña que ella.
Yo seguía asombrado de que estuviera hablándome de esa forma, prácticamente sin conocerme, pero supongo que él sabía mucho más de mí de lo que yo imaginaba, como comprobé seguidamente:
—Bueno, que te voy a decir a ti. Tú lo sabrás bien. Ya me contó Jorge….
—¡Ah! ¿Sí? ¿Que te contó Jorge?
—Que os lo pasáis genial con las niñas…. Pero no te preocupes ¡eh! Aquí nos conocemos todos. Jorge y yo somos muy amigos y alguna noche hemos compartido habitación, porque a los dos nos gusta el rabo también y le damos a todo.
—Ya, bueno, Jorge no me contó nada… Perdona, quiero decir que no tenía por qué contarme nada. Es su vida.
—Tranquilo, hombre. ¿No intentó nada contigo? A lo mejor es que todavía no tiene confianza para eso, a pesar de que os estéis follando a las nenas.
—La verdad es que sí, alguna vez, estando con las niñas, me la agarró, pero no le dí importancia, porque no tengo mucha experiencia en esto —le dije, reconociendole lo que me había pasado.
—Cuando se prueba lo prohibido, nos volvemos muy viciosos. Si a ti te gusta también, aprovecha, hombre. Déjale que te la coma, ya verás que buenas mamadas hace.
Todo eso me estaba dejando bastante sorprendido, porque ya no sabía que nuevas sorpresas podría depararme esta situación en la que me había metido, y continuó:
—Ahora que ya nos conocemos, algún día podemos estar los tres juntos con las niñas y montar una buena, jaja. Yo me llamo Enrique, encantado de haberte conocido y a tu preciosa hija. Espero que pronto nos veamos de nuevo y te presento a mi hija.
—Genial. Ha sido muy interesante todo lo que me has contado.
Él se quedó sonriendo, al ver el efecto que habían causado en mí sus palabras, pero esa conversación me dejó con la curiosidad y la intriga de saber lo que podría pasar en el futuro, y estuve pensando en la próxima vez que me juntaría con Jorge y su hija, y quién sabe si también con Enrique y la suya, en como iba a reaccionar. Quizás tuviera razón en que llegados a un punto, el vicio nos hace no tener todos esos límites morales que nos atenazaban antes de cruzar esa línea mental invisible.
Unos días después, Jorge me llamó para decirme que Enrique nos había invitado a una casa que tenía su hermana y que ahora estaba vacía, así que con todas las expectativas de lo que podría pasar en ese encuentro, allí quedamos citados.
Jorge también me dijo que íbamos a organizar una especie de fiesta entre nosotros y que llevara a mi hija muy guapa vestida, muy sexy, me recalcó; algo que le encantó a ella, porque tuvimos que ir a comprarle un vestido para la ocasión, que ella misma eligió.
Fuimos al Centro Comercial, y la cría se estuvo probando varios vestidos de todo tipo, aunque se decantaba por los más atrevidos, que en una niña como ella resultaban de lo más perturbadores, tanto que despertó la curiosidad y las miradas de otro hombre que también estaba allí con su hija, en este caso, ya una adolescente rubia, con la piel muy blanca, con ese tipo de tono que se le notaban las venas, lo que le daba un toque más morboso todavía.
Mientras esperábamos a que las niñas se fueran probando la ropa, allí estábamos los dos, un poco incómodos, creo yo, por la situación, porque él parecía fijarse más en mi hija, cuando salía a enseñarme lo que se había puesto, y yo en la suya, cuando se ponía uno de esos vestidos ajustados y cortos, que resaltaban más su espectacular cuerpo, hasta que él me comentó:
—¡Que niñas estas!, como les gusta presumir….
—Desde luego, la verdad es que la tuya ya está en la edad de ello, pero la mía, ya la ves, una cría de nada y mira que coqueta se pone le dije, para intentar justificarme por mis deseos hacia ella.
—Bueno, supongo que será normal. La mía a su edad era así también. La encantaba venir a probarse ropa, y se ponía cada cosa…., que era imposible no fijarse en ella.
—Claro, mi hija, aunque sea tan pequeña, con esta mini tan cortita y eso que lleva por arriba todo abierto, que no sé como se llama, ya no parece tan niña y puedes pensar cualquier cosa….
—Jaja, es una blusa, que le queda perfecta. Además, insinúa hasta lo que no tiene, y enseñando esas preciosas piernas, parece de mayor edad. Perdona que te lo diga, pero cualquiera podría mirarla de forma lasciva —me dijo, con miedo de ofenderme.
—No te preocupes, lo entiendo. Es que nos invitaron a una fiesta y ella quiere ir muy guapa.
—¡Mmmmm! Que tipo de fiesta será esa…. Si todas van así, me la imagino, pero no es asunto mío, jaja.
—Sí, es un poco especial, pero no puedo comentar más.
—Qué suerte tienes, amigo. Ya me gustaría a mí ir a fiestas así.
Mientras hablábamos, yo seguía mirando a su hija cuando salía del probador con esos vestidos tan llamativos, que resaltaban sus espléndidas tetas, y que tuve ocasión de ver cuando se desnudaba al no estar cerrada del todo la cortina, lo que me hizo empalmar al momento, porque igualmente se veían duras y venosas. Estuve a punto de decirle que en ese lugar estarían encantados de recibirles, si llevaba a su hija, pero preferí no meterme en más líos, aunque él siguiera morboseando con la mía y siguiera contándome:
—Mi mujer trabaja mucho y no tiene tiempo para venir con su hija de compras, pero a mi me encanta traerla, porque se ven muchas cositas interesantes….
—Ya, jaja, te entiendo. Yo estoy separado, pero a mi hija le gusta traerme aquí, porque sabe que siempre le compro algo —le dije, con resignación.
—Seguro. Los padres separados consienten mucho a las nenas, pero también recibirás el cariño de tu hija a cambio ¿no? —me dijo con picardía.
—Sí, ella sabe compensarme bien —le contesté, despertando un poco su envidia.
—¡Uuyyy! Eso ha sonado un poco….., pero es cosa vuestra, ¡eh! Si estás separado, tienes más libertad con ella. Yo tengo siempre a mi mujer pendiente, y no me deja ponerle la mano encima.
—Bueno, seguro que en algún momento aprovechas también.
—Es verdad, cuando puedo, le pego unos buenos magreos. Además, cuando quiere sacarme algo, siempre se deja.
Al final, parece que mi hija se decidió por un vestido negro como de seda brillante, con escote hasta la cintura y aberturas a los lados, que al andar dejaban ver hasta su culo, y al verla el padre de la otra niña, le dijo:
—Te queda de maravilla. Estás preciosa.
Entonces mi hija se acercó a mi oído para decirme:
—Este vestido se lleva sin bragas o con un tanga muy pequeño.
—¿Qué dices? ¿Cómo vas a ir así? ¿Quién te dijo eso? —le dije, alarmado.
El hombre, que la había escuchado, se rió a carcajadas, y dijo:
—Estas niñas saben latín ya, jaja. Quieren matar a alguien de un infarto.
Y mi hija volvió a decirme al oído:
—Es que así pueden tocarme mejor….
A nuestro acompañante le cambió la cara, porque había dejado de imaginarse para confirmar esas sospechas, y me dijo:
—¡Oye! ¿Sería posible que yo asistiera a esa fiesta también? Iría con mi hija, por supuesto —me decía, a la vez que la señalaba para que yo aceptara.
Después de pensarlo unos segundos, recrearme, y casi relamerme con la figura de su hija, le dije:
—Bueno, tengo que hablar con alguien primero y te digo.
Yo llamé a Jorge y después de comentarle el caso, me preguntó que si era alguien en quién podría confiar, y como yo no podía asegurárselo, me dijo que primero tuviera un encuentro entre nosotros con nuestras hijas y que con el resultado de eso, decidiría, por lo que se lo trasladé a Rodrigo, que previamente me había dicho su nombre, así como el de su hija Vanesa:
—Verás, es un poco delicado el tema. Creo que ya te imaginas que tipo de reunión y de fiesta que vamos a organizar, por lo que tenemos que asegurarnos mucho sobre la gente que invitamos. A ti te acabo de conocer y comprenderás que hace falta algo más para que tengan esa confianza para invitarte.
—Claro, lo entiendo. Ya me gustaría daros esa confianza, ¿que podría hacer?
—Pues me han dicho que primero tengamos un encuentro entre nosotros, con nuestras hijas y según como vaya, decidirán. No sé si vosotros tenéis algún tipo de experiencia en esto.
—Experiencia no, pero, ya sabes, estamos abiertos a todo…..
—¿Tú hija estaría dispuesta? —le pregunté, sin que ella escuchara.
—Sí, sin problema. Ella ya no es virgen. Ahora puedo confesártelo ya. Me la estoy follando desde hace un tiempo, y también lo ha hecho con varios chicos y con el padre de una amiga, me contó.
—¡Qué rico! Así que ya está hecha una buena zorrita.
—Bueno, ahora ya sabes, están muy espabiladas, ya lo verás tú con la tuya, también. Con esos años…., y ¡uuffff!, que delicia debe ser.
—Así es, tú mismo podrás comprobarlo. Yo también estoy deseando follarme a la tuya —le dije.
—Genial, entonces, tendremos que buscar un lugar discreto. En mi casa no podrá ser.
—Podemos ir a donde vivo yo ahora, que es una habitación de un edificio, en el que no hay problema, porque somos varios así —le propuse.
—No me digas, más papás con sus niñas….. Ni me lo imaginaba, ¡bufff!, como están las cosas ahora…..
—Cuando llegamos, nadie se fijó en nosotros. Tan solo Jorge nos observó en la distancia, porque le avisé que íbamos a ir, pero no nos dijimos nada, aunque supongo que se quedaría gratamente sorprendido con Vanesa, al verla.
Al entrar en la habitación, Rodrigo no sabía muy bien como actuar. Tan solo miraba a mi hija, como pidiéndome permiso para empezar, y al ver que yo abrazaba a su hija Vanesa para empezar a sobarla, él hizo lo mismo con la mía, aunque seguía pendiente de como reacionaba su hija conmigo, y al comprobar como ella se iba excitando y se dejaba desnudar sin ningún problema, ya se centró en disfrutar plenamente de la mía, que a pesar de su experiencia, seguía mostrando esa timidez típica de su edad, cuando Rodrigo le quitó las braguitas y se dispuso a admirar lo que tenía entre sus piernas, que se las abrió, para empezar a lamer entusiasmado.
Yo hice lo propio con la suya, disfrutando de toda la turgencia y esplendor de ese cuerpo adolescente que parecía hecho para el gozo más sublime, sin el cuidado y delicadeza que debes de tener con una niña y sin las exigencias de una mujer adulta que ya sabe buscar lo que quiere.
Me llamó la atención el contraste de su blanca piel con su sonrosada vagina, que se volvía más rojiza hacia su interior. No sé si eso es algo habitual en las rubias con piel muy blanca, porque también me imaginaba que era producto de unas constantes masturbaciones o frotamientos en ella que le había dejado ese tono rosado, con apenas unos pelitos rubios en su pubis, que apenas se notaban.
A la vez que me recreaba en ella, yo percibía a Rodrigo especialmente entusiasmado con mi hija, ya que aparte de Vanesa, no había estado con nadie más, y sobre todo, de menor edad, y por esa actitud que mostraba la niña ante sus requerimientos, que le tenía constantemente diciéndome:
—¡Qué maravilla! Que afortunado eres de tener a tu disposición esta ricura….. Te agradeceré eternamente tu generosidad —me decía, casi sin tener en cuenta que él estaba haciendo lo mismo con mi hija que yo con la suya, por lo que el agradecimiento sería mutuo, en todo caso, aunque supongo que se refería más a lo que le esperaba en esa fiesta a la que tanto deseaba asistir, gracias a mi mediación.
Llegado el momento, después de besarse y lamerse mutuamente, con esa atención especial al disfrutar viendo como mi hija le comía la polla como una experta, me preguntó si podía follarla, quizás porque no se lo creería todavía el que lo pudiera hacer, y al recibir mi permiso, colocó su polla en la entrada vaginal, ya completamente abierta, de mi hija, y la deslizó suavemente en su interior, lo que le hizo sentir ese gozo indescriptible de follarse a una cría de esa edad, que gemía con cada acometida que le daba.
Después de haberme follado a Vanesa y correrme en su interior, ella misma se dio la vuelta y me ofreció su culo, como si fuera un hábito habitual en las folladas con su padre, algo que yo no rechacé, y nuevamente le calvé la polla, buscando una nueva eyaculación que me llevara al máximo placer con ella.
Una vez que Rodrigo se corrió en el coño de mi hija, volvió a pedirme permiso para hacerlo por su culo, algo que era una de sus debilidades, tras haberme confesado que así empezó con Vanesa, porque no quería desvirgarla, hasta que lógicamente, empezó a usar sus dos agujeros, una vez superado ese temor.
Mi hija no estaba tan acostumbrada a las penetraciones anales, porque yo no solía hacérselas, pero estaba claro que en nuestros encuentros con otros padres, era algo que le iban a pedir, y le dije que probara con ella.
Al principio se quejó un poco, pero pronto empezó a disfrutar de esa penetración anal, mientras ella misma se frotaba el clítoris para llegar a correrse a la vez que él la llenaba el culo de semen.
Cuando dimos por terminado el encuentro, estaba claro que los dos habían superado la prueba, y sí se lo comuniqué a Jorge, que me dio vía libre para invitarles a esa fiesta clandestina, por lo cual Rodrigo volvió a darme las gracias.
La que en principio, iba a ser una reunión de cuatro padres con sus hijas, al llegar allí comprobé que se había doblado ese número y que me iba a encontrar con alguna sorpresa más.
El anfitrión, Enrique, nos fue presentando a los que no nos conocíamos entre nosotros, y entre ellos me llamó la atención ver a una nena que era bastante más pequeña que nuestras hijas, pero entre él y su padre me aclararon que como tenía mucho interés en venir, había pedido que le aceptaran junto a su hija, aunque con unas limitaciones obvias, como el no poder follarla, pero si podría participar en los demás juegos y disfrutar todos con ella con esas condiciones, que quedaban un poco minimizadas por el morbo que despertaba su presencia allí.
La niña se llamaba Susana y el padre Alex, que nos decía que su hija era atrevida y decidida, y que ya estaba acostumbrada a todo tipo de prácticas, lo que nos sorprendió, pero creo que todos tenían ganas de comprobarlo.
El ambiente allí era un poco extraño, todo lleno de hombres y de chicas jovencitas, que además eran nuestras hijas. A causa de mi inexperiencia en este tipo de encuentros, opte por la prudencia y en principio, me dediqué a observar a los demás, en como empezaban las conversaciones entre unos y otros y las niñas iban pasando de mano en mano, entre caricias, besos y una especie de calentamiento previo antes de pasar a más, en lo que algunos se fueron adelantando y ante la vista de los demás, empezaban a disfrutar de alguna de las hijas de los otros, que también empezaban a hacer lo mismo.
A Rodrigo se le fueron acercando los primeros interesados en intimar con su hija, y como yo estaba cerca de ellos, pude escuchar esas conversaciones, en las que le decían:
—A tu hija se la ve muy despierta a su edad y no parece estar nada cohibida en este ambiente. Supongo que la tienes bien entrenada.
Y él les contestaba:
—Bueno, en realidad, no es mi hija biológica, pero como si lo fuera. Me junté con su madre cuando todavía estaba embarazada de un novio que la dejó, y la he criado yo, con todo mi amor.
—Sí, se nota, jaja, y si la mamá lo permitía…..
—La verdad es que su madre es bastante permisiva, sobre todo porque ve todo lo que la quiero y que nunca la haría daño. Por eso, al venir aquí, he querido poner unos límites con ella.
—Se entiende, claro, aunque a todos nos gustaría metérsela bien rico. Pero respetaremos las normas. ¿Hasta donde podemos llegar con ella? —le preguntaban a su padre.
—Pues a todo menos eso. Ya sabe dar unos besos muy ricos. Le encanta chupar y lo hace muy bien. Y a ella se lo podéis comer todo, sin problema, aunque os va a echar unos buenos chorros cuando se corra.
—!Buufff! Ya me estoy empalmando solo de pensarlo —decía uno, mientras tenía a la niña encima de él y la estaba sobando sin ningún reparo ante su padre, que mostraba total predisposición a que su hija fuera tocada íntimamente, buscando un nuevo morbo que no había experimentado todavía, pero como paso previo, también, a que él pudiera acceder a las hijas de los demás.
De hecho, ese hombre ya se había sacado la polla empalmada, para que la niña la tocara y apretara con esos pequeños dedos que no abarcaban su grosor, pero bajaban su piel para dejar el glande, todo baboso, al descubierto, que pareció despertar en la niña las ganas de lamer esa bellota hinchada.
Y sin que la dijeran nada, se puso a ello, provocando las exclamaciones de placer de ese afortunado hombre
Todo discurría en armonía y las niñas colaboraban a que ese ambiente se fuera encendiendo por momentos, cada vez más, mientras yo me iba fijando en las que más me atraían, esperando el momento de poder estar con ellas.
Entre ellas, la primera a la que pude acceder fue Rosita, como me dijo que se llamaba, una morenita menuda, pero con unas tetas y culo, que la convertían en una delicia digna de degustar con la calma necesaria. Por su tamaño y su desarrollo, era difícil averiguar su edad, pero toda ella era un conjunto tremendamente morboso, que parecía haber sido hecho para disfrutar sin fin, lo que fui haciendo, muy excitado, sobre todo, cuando metí mis dedos en su encharcado coño, que palpitaba como anhelando alguna polla dentro de él.
Pero como había otros esperando su turno, no pude detenerme con ella todo lo que me hubiera gustado y tras unos besos y lamidas mutuas, puse mi polla entre sus muslos y se la metí de un solo empujón, quedando mi polla al instante atrapada entre sus labios vaginales que trabajaban para exprimirme todo lo que tuviera dentro.
Cuando se prueba algo así, es difícil compararlo con otra sensación o experiencia y el semen sale disparado sin remisión, llenado todo su coño y rezumando el sobrante por afuera, así que en cuanto le saqué la polla, otras manos me la arrebataron para volver a follarla sin muchos preámbulos, por lo que yo tuve que fijar un nuevo objetivo.
Aproveché ese momento para ver donde estaba mi hija y como las demás iban pasando de uno a otro. Precisamente, la mía estaba con un hombre gordo y velludo, que cuando se puso sobre ella para follarla, hacía parecer todavía más pequeño el cuerpo de mi hija, que temía que fuera aplastada, pero tras unos fuertes empujones y gemidos, ese hombre acabó corriéndose sin dejar que ella se saliera de él.
La pequeña Susana estaba con otro, que pasaba su polla por su pequeña rajita, pero sin llegar a metérsela, porque su padre estaba al lado vigilando la situación, mientras disfrutaba de la hija de Jorge, quien a su vez, estaba con otras dos, una a cada lado y con sus manos ocupadas en ellas.
Yo, como quería probar a todas las posibles,s acabé follando con 6 y hasta pude jugar un rato con Susana, que consiguió sacarme la última gota de semen que yo creía que ni tenía ya, pero en una situación como esa, el cuerpo debe de ponerse a fabricar semen de forma acelerada para dar satisfacción a tantos deseos que buscamos cumplir.
Y así, mientras unos y otras se iban intercambiando mutuamente, pasamos la tarde, una tarde increíble, que creo que nunca olvidarán sus participantes.”


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