ABELARDO ENFERMÓ
Cubiertos.
ABELARDO ENFERMO.
Familias conocidas de toda la vida y vecinos contiguos; Abelardo andaba pisando los 67 cuando sufrió un ACV y dado que era el padre de la amiga de mi madre y un abuelo para mí, nos pedía que cuando pudiéramos nos diéramos una vuelta por la casa para ver como andaba todo aunque las consecuencias del ataque si bien tenia secuelas, no eran de extremo riesgo. Yo era de esas morochas voluptuosas, pelo negro, tez trigueña y unas medidas de 90-60-100 con una cola que me daba vergüenza en mi infancia y se llevo miradas de ambos sexos. Con mi novio habíamos iniciado proyectos de casamiento y en eso dividíamos nuestros tiempos y convivencias. Era la que mas iba ya que mis padres tenían un horario de trabajo poco funcional a la situación; a veces don Abelardo tenia esa negación de niño empacado y entonces me ponía dulce y a hablarle con cariño para que aflojara en sus caprichos. Fue en una oportunidad que a traves de un vidrio ventanal note como miraba mi cola y me cayeron un montón de recuerdos. Era obvio, pese a sus reducidos movimientos y dificultades en el habla no deja de ser macho. No demore en una visita en aparecer con unas calzas bien ajustadas ya que la perra perversa se había despertado en mí; al llegar a él me quite la campera que cubría mi cintura y lo salude con un «hola, amor». Fue cuando dando vueltas y revoleando mis caderas decidí sacarlo de eje ofreciéndome como provocadora barata. Puse mis manos en sus rodillas y él lanzo una mirada de piedad. Mientras sobaba sus muslos le recordé cuando en la infancia jugábamos al hico hico caballito, pero no me ponía en sus piernas, pero sí en su cintura y sentía como le crecía algo; jamás dije nada porque me gustaba ese juego…Su mirada se hizo de reproche y de momentos de una infinita pena, «mala, mala» trataba de decir y balbuceaba desesperado no sé qué. Me incorporé con una sonrisa maliciosa y haciendo un pequeño baile empecé a bajar mis calzas de frente hasta casi la mitad de mis muslos, mi tanga roja resaltaba mis carnes morenas y le pregunté si quería tocarme. Salían mugidos de su boca y vi como quería adelantar el brazo; yo mismo tomé su mano y la pasé por mi concha, cuando la retiré la llevó a su boca, me dieron ganas de insultarlo, pero sentí orgullo de que parecía entre desesperado y vivo. Fui más allá levantando mi remera dejando mis tetas al aire las cuales pasé por su cara y con una precision de envidia me empezó a lamer…pese a su condición lo hacía muy bien. Me babeo todo el pecho y note una erección pequeña, pero erección al fin. Me calenté con la idea de calentar y hacer acabar un viejo así. Le pedí abriera la boca y sacara la lengua, cuando lo hizo le metí la lengua hasta la garganta y empezamos un chupeteo de lenguas tremendo, empecé a calentarme y me dí cuenta de que ese viejo semi lisiado había despertado lo bizarro en mí; estaba hasta ese día mal cogida. Estábamos en plena besuqueada cuando puso un dedo en mi culo, le ayudé a meterlo y cuando lo sacó de entre mis nalgas se lo chupo, «caca como caca» era la expresión de un sexo que me hacía soportar el asco, pero no me asqueaba, solo me faltaba experiencia. No me di cuenta de cuanto tiempo había pasado y para poner fin a ese día, me quité las calzas y le puse el culo en la cara, se lo refregué a full haciéndome mojar quedándole su cara llena de olor a nalgas. A la noche me masturbe 2 veces y dormí totalmente desnuda soñando el día de mañana; cuando mi novio me hablaba de los proyectos casi no le seguía la conversación, sólo pensaba en volver a encontrarme con mi viejo vecino.

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